HAMBRE: ¿POR QUÉ? ¿DE
QUÉ?
"Unos 840
millones de personas en el mundo padecen hambre y 800 millones de ellas viven en
el mundo en desarrollo", dijo Jacques Diouf, Director General de
la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación
durante la Jornada Mundial de la Alimentación que organiza anualmente
la FAO (1).
¿El mundo está
superpoblado? ¿Faltan alimentos? ¿Se han acabado las tierras para sembrar y
producir alimentos? No parece. De acuerdo con el prestigioso profesor Bjorn
Lomborg -autor de "El ecologista escéptico"- "el 18 por ciento de la
población de los países en desarrollo está mal nutrida, es un problema
ciertamente grave, pero menos grave que en 1970, cuando la proporción era del 35
por ciento". Por otra parte, "en 1970, el
acceso al agua era del 30 por ciento en las naciones en desarrollo, hoy es el 80
por ciento" (2) No es
necesario, por tanto, controlar la población de los países pobres, ni promover
el aborto, ni las esterilizaciones forzadas, ni la anticoncepción, ni los
abortivos de emergencia. Menos aún en países subpoblados,
envejecidos, con baja tasa de natalidad y afectados por una muy fuerte
corriente emigratoria (caso
de Uruguay).
La producción de
alimentos supera en términos globales, las necesidades de la población. Y
los transgénicos -aunque no sean una maravilla, según algunos- pueden contribuir
a abaratar aún más los costos de alimentación en el mundo (con lo cual deberían
incrementarse aún más los subsidios para mantener a los agricultores europeos;
de ahí que los critiquen tanto). De todos modos, es válido el principio en que se sustenta la apuesta
que le hizo Julian Simon a Paul Erlich: si
los recursos son escasos, los precios tendrían que subir rápidamente
(3). Y ello no ha ocurrido. Si a
alguien le quedan dudas, que pregunte a los ganaderos y agricultores de los
países que no subsidian su producción, a ver si los precios han subido, se
mantienen o han bajado en términos reales...
¿Por
qué?
Entonces, ¿qué pasa?
¿Por qué el 15% de la población mundial pasa hambre? ¿Por qué la
obesidad es un grave problema en los países desarrollados, y el hambre un cáncer
en los países en desarrollo? Más allá de los problemas genéticos y de
metabolismo que a veces causan obesidad, lo que parece claro es que hay
personas en el mundo a las que les sobra comida, y otras a carecen de
ella.
Si el problema no es
de producción, ha de ser de distribución. Si de los 840 millones
de personas que padecen hambre el 95% vive en los países en desarrollo, parece
claro que los habitantes de algunos países en particular, se alimentan mejor que
los ciudadanos del resto del mundo. Quienes residen en países industrializados,
padecerán más smog, pero padecen mucho menos hambre.
Pero... ¿no será tal
vez un problema de inteligencia? Es bastante claro que cuando las
personas están mal nutridas, tienen problemas de desarrollo físico e
intelectual. Sin embargo, cuando esas mismas personas pueden desarrollarse en
condiciones adecuadas, su capacidad intelectual no tiene nada que envidiar a las
de los gorditos que nacieron en los países desarrollados. Y no es raro
que con frecuencia los aventajen. Es bastante obvio que en los países
pobres también hay gente rica, y a veces mucho más rica y opulenta que la
media de los países ricos...
¿No será entonces un
problema de estructuras? Es posible. Pero se ha visto que estructuras
pensadas -en teoría- para favorcer al proletariado, jamás no han logrados sus
objetivos de erradicar la pobreza, y menos aún la infelicidad. Por otra parte,
las estructuras son hechas por hombres y manejadas por hombres.
Entonces... ¿no será
en el hombre donde debemos buscar el problema? Desde nuestro punto de
vista, el problema del hambre -el por qué del hambre- se puede explicar
analizando la actitud que tienen, en general, las personas que viven en los
países desarrollados frente a sus propios compatriotas.
El concepto inglés de "privacy" -que en rioplatense
significa "no te metás", así, con tilde en la "a"- parece dominar las relaciones
sociales en los países desarrollados. El
individualismo, alentado por el liberalismo, parece haberse desbocado
al punto de terminar en un materialismo rampante. Y del materialismo al consumismo, sólo hay un paso. En palabras de un rico de país pobre venido a
menos: "el status me está matando". Lo grave
del caso, es que el status de los ricos parece estar matando a los
pobres. Vivan donde vivan, en países ricos o países
pobres.
¿De
qué?
¿Y entonces? ¿Qué hacemos?
¿Otra revolución del proletariado? No
parecen haber sido positivos los resultados de este tipo de soluciones. Desde
nuestro punto de vista, más que preguntarnos por qué padecen hambre los
pobres, debemos preguntarnos de qué tienen hambre los
ricos.
No. No estamos locos. Quien lo
tiene todo, quien no se sacia con nada aunque acumule bienes y más bienes,
tiene hambre. Y su problema, es pensar que con bienes
materiales se sacia el hambre de trascendencia, el hambre de
dar sentido a su vida, el hambre de felicidad: el hambre de amor. Si quienes tienen muchos
bienes materiales encontraran el amor y la felicidad donde realmente
está, si sus vidas tuvieran sentido, si comprendieran que están
llamados a trascender su vida terrena, comprenderían que "el que tiene
más, necesita menos", y en poco tiempo, se acabaría el hambre en el
mundo. El problema de los ricos, parece ser que en lugar de buscar la felicidad
en el abrazo tierno del hijo, en el beso enamorado de la esposa, en la
belleza de un nuevo amanecer o en la oración confiada a un Dios que es Padre, la
buscan en mil sucedáneos que nunca llegan a saciar su hambre. Se cuenta que una
vez alguien le dijo a la Beata Madre Teresa de Calcuta, que no sería capaz
de hacer lo que ella hacía por los pobres de la India "ni por un millón
de dólares". La Madre Teresa contestó: "Yo
tampoco".
¡Cuántos chirimbolos
innecesarios tenemos en casa! ¡Con cuanto menos nos arreglaríamos! Hace
poco en un programa de televisión nos mostraban los cambios en los hábitos de consumo de los uruguayos tras la
crisis provocada por la quiebra del sistema financiero. Muchos se dieron
cuenta que podían vivir con menos, y cambiaron marca por precio. En
nuestro caso, el cambio fue obligado. Pero ¿acaso no podrían los poderosos del
mundo seguir viviendo cómodamente sin tener el último modelo de auto, con unos
metros menos de casa, de parque y que piscina, con dos pares menos de
zapatos, de elegantes trajes y de caros vestidos, con unos dólares menos en la
cuenta bancaria? Que no por más tener, se posee más ser.
Hambre de pan y hambre
de amor
Austeridad,
generosidad, caridad, solidaridad, desprendimiento. Esos son los
secretos para derrotar el hambre en el mundo. Por supuesto que también se
necesitan personas que se las ingenien para producir alimentos cada vez más
baratos para la población y más rendidores para los agricultores, que si no son
ellos los que se nos mueren de hambre. El Prof. Julian Simon afirmaba
-palabras más, palabras menos- que si bien el hombre nace con una boca
para comer, también viene al mundo con un cerebro para pensar y dos manos para
trabajar. Nosotros pensanos que los poderosos de la tierra nacen
también con un corazón para amar a sus hermanos más débiles, y
para compartir con ellos sus abundantes bienes. Tal vez el problema es que hasta
ahora, muchos de los que les han recordado su deber lo han hecho a
los tiros, con insultos y amenazas, con el puño cerrado.
Pero "con violencia no se vence ni se convence".
Quizá sólo con cariño, con ese amor
del que tanta hambre tienen los pobres ricos del planeta, podamos conquistar sus
corazones y ayudarlos a comprometerse con la noble causa de dar pan
material y espiritual a los olvidados de los hombres. El
hambre de comer de unos, se mata matando el hambre de tener de
otros y fomentando su hambre de dar.
Esto parece una quimera en un mundo dominado
por imperios que no vacilan en utilizar su enorme poder para
sojuzgar la tierra. Pero la situación no es muy distinta de la que
se vivía hace 2000 años, cuando un puñadito de apenas doce
hombres salió a predicar el amor por los senderos de Palestina. De a
pie, sin armas, sin alforja y sin dinero, fueron a llevar por
todos los caminos de la tierra, el mensaje de Aquel que resucitó después de
morir "clavado en una cruz y escarnecido". Hoy como ayer,
el representante terreno de aquel Hombre, el "Vice-Cristo",
está físicamente hecho pedazos, casi postrado en una silla de ruedas,
después de 25 años del más generoso y desinteresado servicio a la
Iglesia y a la Humanidad toda. Y a pesar de ese amor incondicional
hacia todos los hombres, algunos aguardan expectantes -vergonzosamente
expectantes-, su muerte. Quizá sea hora de que los cristianos, guiados por el
ejemplo arrollador del Papa, renovemos una vez más nuestro compromiso de
extender la sana doctrina del amor por todo el orbe.
Perdonando de verdad y queriendo de verdad. Sólo
así podremos saciar el hambre de amor y felicidad verdadera de los
ricos, y el hambre de pan, amor y felicidad verdadera de los
pobres. Sólo así podremos lograr en paz, el bien de la
humanidad. Empezando claro está, por tratar bien a los que
viven en casa y siguiendo por el vecino de al lado.
Tú, ¿aceptas el
desafío?
ASOCIACIÓN VIVIR EN FAMILIA
(2) La Nación, 30 de Mayo de 2002. José Joaquín Chaverri. EL FIN DEL
MITO.
(3) Julian
Simon, Premio Nobel de Economía, defendía la tesis de que los recursos no
eran escasos, y Paul Erlich, la contraria. Simon le apostó a Erlich que
si los recursos eran escasos, los precios necesariamente tendrían que bajar
durante los 10 años de plazo que acordaron mutuamente para la apuesta. Y
esto no sucedió. Los precios bajaron y Julian Simon ganó la apuesta
holgadamente.
MATRIMONIO Y
FAMILIA
Montevideo, 12 de octubre de 2003.
II CONGRESO NACIONAL DE LA FAMILIA
MENSAJE FINAL
1. Una buena noticia sobre la
familia.
Las familias católicas del Uruguay, congregadas junto a nuestros
Pastores, nos dirigimos a todos nuestros conciudadanos a fin
de:
-
anunciarles la buena noticia sobre la familia revelada por
Jesucristo, el Señor Resucitado;
-
invitarlos a colaborar en la defensa y la promoción de
la familia, "base de nuestra sociedad" (Artículo 40 de la
Constitución de la República), a fin de que la familia sea el corazón de una
cultura del amor;
-
transmitirles
algunas conclusiones extraídas de las múltiples reflexiones y experiencias
compartidas durante el Congreso.
2. Los derechos y deberes de las
familias.
"Por el hecho de haber dado la vida a sus hijos, los padres
tienen el derecho originario, primario e inalienable de educarlos; por esta
razón ellos deben ser reconocidos como los primeros y principales educadores de
sus hijos."
La libertad de elegir la clase de educación que queremos para
nuestros hijos es un derecho humano fundamental. La organización del sistema
educativo uruguayo no respeta este derecho básico, contrariando lo garantizado
por el Artículo 68 de la Constitución y discriminando injustamente a quienes no
están de acuerdo con el tipo de educación brindado en los establecimientos de
enseñanza del Estado. Nos comprometemos a trabajar para cambiar esta situación
inconstitucional y antidemocrática, a fin de que el Estado asuma
plenamente su deber de ayudar a los padres a ejercer su derecho de educar a sus
hijos conforme a sus propias
convicciones.
"Las familias tienen el derecho de poder contar con una
adecuada política familiar por parte de las autoridades públicas en el terreno
jurídico, económico, social y fiscal, sin discriminación
alguna".
La crisis de la familia no es sólo una consecuencia sino también
una causa de la pobreza. El fortalecimiento de la familia debe ser un
objetivo central de verdaderas políticas de Estado, en esencia
independientes de los vaivenes electorales. La familia debe ser asumida como
sujeto y objeto político y no como la destinataria de una mera sumatoria de
políticas que no la consideran en su unidad. Se debe prestar particular atención
a las políticas de empleo.
"La vida humana debe ser respetada y protegida absolutamente
desde el momento de la concepción."
El Uruguay vive un momento crítico de su historia en lo que
respecta al primero de los derechos humanos, el derecho a la vida. Exhortamos a
todos los uruguayos a unir sus fuerzas para:
-
Rechazar la legalización del aborto
voluntario.
-
Brindar alternativas válidas a las madres que esperan hijos no
deseados.
-
Modificar la normativa vigente en materia de adopciones, a fin
de facilitarlas.
-
Prohibir la clonación humana y toda forma de reproducción humana
asistida que no respete la dignidad esencial del ser
humano.
Nos comprometemos a ser, en estos asuntos fundamentales, la voz y
el voto de aquellos que no tienen ni voz no voto.
3. La familia es un capital
social.
La familia es la expresión fundamental de la naturaleza social del
ser humano. Es una comunidad de personas basada en la alianza conyugal, por la
cual un hombre y una mujer se entregan y aceptan mutuamente,
estableciendo entre sí una comunión íntima de vida y de amor ordenada al bien de
ambos y a la procreación y la educación de los hijos. El matrimonio es una
institución natural dotada por el Creador de una muy alta dignidad, que debe ser
amparada por la ley civil. No corresponde equiparar el matrimonio con ninguna
forma de "unión de hecho".
El desarrollo económico de un país depende crucialmente de su
"capital humano". La familia tiene un rol fundamental en la
formación de este capital, por lo que una estructura familiar débil atenta
gravemente contra la economía de una sociedad. La familia educa en virtudes
fundamentales para la economía tales como honestidad, responsabilidad,
laboriosidad, austeridad y solidaridad.
Nuestra civilización, afectada por ideologías materialistas,
secularistas, racionalistas, relativistas y utilitaristas, vive una época de
crisis moral y espiritual. A menudo los medios de comunicación
social transmiten estas ideologías negativas hacia las familias. En este
contexto no es fácil para las familias cumplir su misión de ser transmisoras de
los valores humanos y cristianos. Las comunidades cristianas (parroquias,
colegios, movimientos etc.) deben apoyar a las familias en esta difícil tarea.
4. La familia
es el primer camino de la Iglesia.
La familia es una prioridad pastoral para toda la Iglesia. Dado
que la familia forma parte del ser del hombre, toda acción pastoral de la
Iglesia incide también sobre la familia. Las distintas ramas de la pastoral de
conjunto deben ser coordinadas con la pastoral familiar. Por ejemplo, es
imprescindible un trabajo conjunto entre la pastoral juvenil y la pastoral
familiar en el área del noviazgo. La pastoral familiar debe llegar a todos los
integrantes de la familia y tener en cuenta las situaciones de todas las
familias (por ejemplo, los problemas propios de las familias rurales, el
drama de la emigración que sufren tantas familias uruguayas,
etc.).
La crisis de fe que afecta a muchas familias dificulta los
procesos de iniciación cristiana realizados en parroquias o colegios. La
catequesis familiar es una nueva metodología catequética que apunta a
apoyar a la familia cristiana para que pueda cumplir eficazmente su misión de
educar en la fe. Alentamos a los catequistas del Uruguay a conocer, experimentar
y evaluar esta metodología.
La Iglesia comparte las alegrías y tristezas de las familias de
nuestro país y quiere estar a su lado, ayudarlas a resolver sus problemas en
distintos órdenes de la vida y transmitirles el misterio de la fe en el Dios
revelado por Cristo. A la miríada de obras sociales eclesiásticas o civiles de
inspiración católica de nuestro país se podrían sumar con fruto centros
especializados en los problemas de la familia (consultorios
familiares, centros de escucha y acogida, pastoral de acompañamiento, etc.)
5. La familia cristiana, iglesia
doméstica.
La familia cristiana está fundada sobre el sacramento del
matrimonio, que hace a los esposos partícipes del misterio de la alianza
de amor entre Cristo y la Iglesia. Como Cristo amó a la Iglesia hasta
el extremo y entregó su vida por ella, así los esposos deben amarse y entregarse
recíprocamente.
Hay una vocación cristiana a la santidad en la vida
matrimonial. Es preciso reconocer su altísima dignidad e impulsar a los
novios y esposos a cumplir siempre la voluntad de Dios, viviendo lo ordinario de
manera extraordinaria. Los padres, fortalecidos por la gracia del sacramento del
matrimonio, son los pastores de la familia, iglesia doméstica. Han de ayudar a
sus hijos a crecer en santidad y a descubrir y vivir su propia vocación
particular, siguiendo a Cristo como María.
La familia cristiana participa de la misión de todo el Pueblo de
Dios. Debe anunciar el Evangelio de Jesucristo con palabras y
obras, sobre todo con el testimonio de una vida familiar ejemplar,
yendo al encuentro de los otros y acogiéndolos con calidez, especialmente a las
familias en situaciones difíciles o irregulares.
Al concluir este mensaje nos dirigimos especialmente a
todos los matrimonios del Uruguay, llamando a cada esposo y
esposa a renovar la entrega sincera de sí mismo, a construir entre ambos un amor
fiel, fecundo, paciente, solidario y misericordioso y a vivir la paternidad
responsable con generosidad.
Por la intercesión de la Bienaventurada Virgen María, Madre de
Dios y Madre de la Iglesia, ama de casa y sede de la Sabiduría, rogamos a
nuestro Padre Dios que bendiga a todas las familias del Uruguay y las colme de
su gracia, por medio de su Hijo Jesucristo, nuestro único Salvador, en el
Espíritu Santo. Amén.