Publicación Nº 18/01
EDITORIAL
¿ES IMPOSIBLE
ESPERAR?
Por encima de las
ideologías, hay algunas cosas en las que todos estamos de acuerdo, al menos en
teoría. Una de ellas, es que todos debemos asumir la responsabilidad por
nuestros actos, principalmente cuando actuamos mal. Esta
verdad es tan sencilla y evidente, que nadie se atrevería a negarla ante
las cámaras de televisión. Y sin embargo, es persistentemente negada en los
hechos por ciertos sectores de la sociedad. Ahora bien, la pregunta que sigue,
es: ¿qué es lo bueno y qué es lo malo? ¿Es cierto que a veces actuamos
objetivmente mal, o "todo depende del cristal con que se mire"?
En todas las sociedades
del mundo, quien mata a una persona
o quien roba, va preso, por la sencilla razón de que debe hacerse cargo de sus
actos. Sin embargo, quienes conciben un hijo "no deseado" o quienes
transmiten a otros el virus del SIDA, no parecen ser responsable de
culpa alguna. Y justamente, para que no deban asumir las consecuencias, para que
no deban responsabilizarse por sus actos, se promueve por todo lo alto
el uso del preservativo y demás metodos contraceptivos, incluyendo diversos
abortivos químicos. Si estos fallan, a los irresponsables siempre les queda el
aborto quirúrico para "extirpar" el "producto" del embarazo. Claro que no es lo
mismo con el SIDA, donde no hay operación que valga...
Es muy
grave la falta de responsabilidad que tienen algunos, a la hora de
realizar ciertos actos que pueden afectar profundamente la vida de
otros, la convivencia familiar y la vida social. Y es alarmante
la pasividad de la sociedad que no hace nada para cambiar este estado
de cosas. ¿Acaso a nadie se le ocurrió penalizar el contagio de un portador de
VIH consciente de su enfermedad, a un individuo sano? El contagiado, no debería
tener que pagar con su vida la irresponsabilidad del enfermo.
Esta falta de
responsabilidad individual y social, está motivada por diversos factores. Uno de
ellos, es la escasa personalidad de quienes siguen la corriente por miedo
al que dirán. Y otro, es la fuerte propaganda que a través de
diversos medios de comunicación, hacen los promotores de conductas
"políticamente correctas".
Son muchos los medios
por los cuales se promueve el sexo desenfrenado, sin que se
vea siquiera el recurso al preservativo. Es tragicómico que los
actores de cine, cuando encarnan a sus personajes, nunca usan
preservativos; mientras que cuando aparecen en las festicholas
hollywoodenses, ninguno -excepto Clint Eastwood- olvida el lacito del
SIDA, y casi todos apoyan -en su ignorancia-, diversas campañas de sexo
supuestamente "seguro".
Ciertamente, la presión
del ambiente es muy fuerte. En todos los medios parece haber consenso en
cuanto a que el fin principal -sino el único- del sexo, es el placer; pero,
eso si, hay que evitar a toda costa sus consecuencias. En este
contexto, ¿es posible que los jóvenes de hoy se abstengan de mantener
relaciones sexuales hasta la noche de bodas? Sabemos por experiencia
que muchas personas -muy bien intencionadas, por
cierto- nos contestarán negativamente a estas
preguntas. Estas buenas personas nos dirán que no conocemos la
realidad, que el mundo actual es muy duro, que hay mucha
ignorancia, mucha influencia negativa. Pero nunca admitirán que en el
fondo, les da pánico quedar ante los demás como unos cavernícolas. Algunos dirán incluso, que comparten
nuestro punto de vista en la teoría; pero en la práctica, cuando sus hijos
salen con sus amigos los fines de semana, prefieren que lleven consigo
el preservativo que les da papá. Porque hay que ser realistas, ¡no podemos
ser tan ingenuos!
Bueno, pues seamos
realistas: ¿qué pasa si el chico vuelve y le dice a su papá que el
preservativo que él le dio se rompió?; ¿qué pasa si la chica con la que estuvo
queda embarazada?; ¿y qué pasa si la joven tenía SIDA? ¿De quien fue a
culpa, del padre que no confió en la capacidad de su hijo para controlar
sus pasiones, o del hijo, que al recibir un preservativo pensó: "¡mi papá me
apoya!" y siguió la corriente?
No es raro escuchar que
cuando se proponen estos métodos de prevención, muchos digan: "ustedes están
locos", "están fuera de la realidad", "eso es imposible". No nos cabe duda de que es difícil. Ciertamente,
tenemos muchas cosas en contra. El ambiente, como vimos, no acompaña. Pero al
menos, todas las cifras y estudios científicos nos confirman en nuestras
convicciones. Por otra parte, si es posible vivir contracorriente, también es
posible educar contracorriente. Esta educación, sin duda requiere de verdaderos
maestros, y en su momento, los padres deberán consultar a los
especialistas. Nosotros simplemente exponemos algunas ideas que estimamos
necesario considerar a la hora de encarar estos temas:
1) El hombre
es libre por naturaleza. Por tanto, tiene capacidad
de decir que sí, y capacidad de decir que no. Un animal no
puede rechazar el impulso sexual o el olor a comida cuando tiene
hambre; pero el hombre es libre y es capaz de decidir con la razón. No está
determinado a priori por el ambiente, ni por las costumbres, ni por un
destino inexorable. Todo lo que viene de afuera, influye y condiciona, sin duda;
pero no determina. Por tanto, aunque difícil en un ambiente hostil, es
posible ir contracorriente.
2) Es
posible educar la personalidad. Así como es posible influenciar
personalidades débiles, también es posible forjar personalidades fuertes. Es
posible convencer las cabezas con argumentos racionales, y es
posible conquistar los corazones con testimonios de vida. No
decimos que esto sea fácil; sólo decimos que no es imposible.
3) Es necesario
confiar en el sentido común de las personas. Si a un chico se le
dice que para prevenir el SIDA lo mejor es el preservativo, por sentido
común, el chico sacará dos conclusiones: la primera, que puede tener relaciones
sexuales con quien quiera sin riesgo alguno; la segunda, que cuando las tenga,
usará un preservativo para prevenir el contagio. Pero si se le dice que los
preservativos no son cien por ciento seguros, que pueden fallar, que basta
un error para que se contagie, y que la única forma de no contagiarse de
SIDA -o de no dejar embarazada a una chica- es la abstinencia, por sentido
común, al menos lo pensará dos veces antes de ir a la cama con una amiga. Y en
muchos casos, evitará el contacto sexual hasta el matrimonio. No hablar del
tema o seguir la corriente por miedo a que el chico piense que sus padres son
unos cavernícolas, no parece ser la mejor alternativa. Implica
sacrificio y humildad, pero es posible. Al menos, es posible
intentarlo.
4) Es necesario
confiar en la capacidad de control de las personas. Si el mensaje
que unos padres transmiten a su hijo es de desconfianza en su capacidad de
control, el hijo no tiene muchos incentivos para controlarse: si sus padres
están convencido de que él no puede controlar sus impulsos, ¿qué estímulo tiene
para rechazar la posibilidad de obtener un placer inmediato? Por otra
parte, si se confía en su capacidad de control, hay buenas probabilidades
de que el hijo llegue a dominar sus pasiones, de que llegue a actuar como
un ser racional y libre aún en medio de un ambiente poco favorable. No es
imposible que un joven se controle si se le dan los argumentos, el ejemplo y el
apoyo adecuados.
5) Es necesario
educar para la responsabilidad. Cuando a un joven se le da un
preservativo, se le está alentando entre otras cosas, a que se libere
de la responsabilidad, de las consecuencias que puede traer el acto
sexual. Es muy fácil quejarse de que "la juventud" está fuera de control,
de que son irresponsables y revoltosos. Pero es lógico que actúen así si los
mayores organizan campañas que les inducen a liberarse de toda responsabilidad.
Es posible y necesario educar a los hijos para que sean responsables de sus
actos, para que no metan la cabeza en un hoyo como el avestruz cuando vienen los
problemas.
Como dijimos, habrá que
consultar a los expertos sobre la mejor forma de educar a los hijos en estos
asuntos. Estas son sólo unas ideas -nacidas del sentido común-, que sólo
pretenden responder a la pregunta del título: aunque no es fácil,
es posible esperar.
¿Dónde y cómo
estaríamos ahora si Colón e Isabel La Católica hubieran creído
que era imposible encontrar una nueva ruta para las Indias? ¿Dónde estaría la
humanidad si alguien no hubiera creído en la posibilidad de descubrir
una cura contra las enfermedades infecciosas? ¿Por qué seguir esforzándonos por
la paz si es "imposible" eliminar de un saque todas las guerras? ¿Dónde
terminarían nuestros hijos, si al primer fracaso, decidiéramos que no pueden
aprender y bajáramos los brazos?
Recordemos que no
hay peor fracaso, que el de quien se siente vencido antes de empezar a luchar.
Siempre es posible lograr lo mejor. Cuando menos, es posible dejar el alma en la
cancha para lograrlo.
AVE
FAMILIA