HABLEMOS DE HIPOCRESÍA
En todos los países del mundo -Uruguay no es la excepción-
quienes promueven la legalización del aborto tildan con frecuencia de
hipócritas a quienes se oponen a ella. ¿Quieren hablar de hipocresía? Pues hablemos
(1)...
¿Acaso no es hipocresía...
-
que una organización se
autodenomine "Católicas" por el Derecho a Dedicir, y que predique al
mismo tiempo opiniones contrarias a las verdades que enseña
la Iglesia Católica sobre el aborto?
-
que su
Presidenta, la Sra. Frances Kissling diga en el Parlamento uruguayo
que es inapropiado que nos vengan a decir que hacer con nuestras propias
leyes, y que más tarde afirme ante los legisladores que las mujeres
del mundo están esperando que su resolución sea "a favor del
aborto"?
-
que Kissling pretenda respetar nuestra
soberanía y al mismo tiempo instigue a sus colegas uruguayas a
castigar a los legisladores que decidan votar contra la
legalización del aborto (ver Vivir en Familia N° 12/03)?
-
que la Senadora Mónica Xavier diga que "no
hay nadie que esté a favor del aborto" en la misma sesión que la Sra.
Kissling expresó que espera una decisión del Parlamento uruguayo
"a favor del aborto"? ¿Están o no están a favor del
aborto?
-
que una Senadora del Partido
Socialista uruguayo salude efusivamente la visita de
la presidenta de las Católicas por el Derecho a Decidir, cuyo
grupo ha sido o es financiado entre otras muchas fundaciones, por la
Fundación Ford, la Fundación
Rockefeller, la
Fundación Turner (CNN) y la
Fundación Playboy -a la cual no parece importarle demasiado
la defensa de la dignidad de la mujer- (2)?
-
decir -como la Senadora Xavier-, que
"la muerte injusta de mujeres pobres nos tiene que sensibilizar", y
ser insensible ante la muerte de las mujeres en
gestación abortadas por las mujeres pobres?
-
que las fundaciones arriba mencionadas financien
abortos en lugar de financiar desarrollo para terminar con la pobreza y con la
muerte de hombres, mujeres y niños en todo el mundo?
-
afirmar que con el aborto se pretende combatir la
pobreza, cuando lo que realmente se hace es incrementar la riqueza de los
aborteros y fomentar el comercio de órganos de niños abortados?
-
decir que quienes nos oponemos al aborto
no vemos "la realidad", que queremos "tapar el sol con el dedo", y al mismo
tiempo afirmar -como hizo la Sra. Kissling- que hay que "exagerar
las cifras" cuando la realidad es contraria a sus
intereses?
-
calcular mal los porcentajes de muertes
maternas por aborto provocado en condiciones de riesgo para que parezcan
alarmantes, cuando en términos absolutos y relativos la mortalidad -bien
calculada- por dicha causa es extremadamente baja?
-
fundar toda la argumentación pro-aborto en
la lamentable muerte de 7 mujeres en seis años y olvidar al mismo tiempo
la muerte de unos 80.000 a 100.000 niños y niñas abortadas en el
mismo período?
-
que ciertos parlametarios y
parlamentarias digan estar a favor de la vida y en contra del
aborto, y que al mismo tiempo voten afirmativamente un
proyecto de ley contrario a la vida que legaliza el
aborto?
-
afirmar con la OMS que la vida comienza con la
implantación del embrión en el útero materno, cuando los especialistas en
fecundación asistida han demostrado como nadie que la vida comienza con
la concepción?
-
-¿o deberíamos decir esquizofrenia?- que
los Senadores aprueben una ley que penaliza los ataques a la vida
de los embriones humanos producidos por fecundación asistida, y que poco
tiempo después, algunos de ellos se apresten a aprobar otra ley
que permite matar fetos humanos a las 12 semanas de
vida?
-
penalizar con el retiro del título
habilitante a quienes pongan en riesgo o agredan a los embriones
producidos por fecundación in vitro y declarar que el aborto es un "acto
médico"?
-
que
ciertos médicos adpoten posiciones ambiguas -políticamente
correctas- para no quedar mal ante la sociedad y avalen en los hechos la
práctica del aborto y su legalizacíón?
-
que ciertos especialistas en derecho nacional e
internacional -en claro conocimiento de los mandatos de
la Constitución de la República y del Pacto de San José de Costa Rica-,
adopten posiciones ambiguas, vacilantes y por qué no decirlo,
francamente cobardes en torno a esta ley?
-
que ciertos políticos presuman de
defender a los más pobres y débiles de la sociedad, mientras se disponen
a votar un proyecto de ley que permitirá -legítimamente- quitar
la vida a los más pobres entre los pobres y a los más débiles
entre los débiles?
-
pretender la legalización
del aborto para preservar la salud de la mujer, cuando está
comprobado científicamente que del aborto
se siguen múltiples secuelas físicas, psicológicas y
afectivas que afectan negativamente la salud de la
mujer?
-
decir que los abortivos
son "anticonceptivos de emergencia"?
-
constatar el fracaso del preservativo y de
los programas de educación sexual en la lucha contra el SIDA, y
continuar promoviendo unos patrones de conducta que tienen como
resultado un incremento en el número de embarazos adolescentes
y -consecuentemente- de abortos?
-
que el Dr. Guillot haya dicho -cuando
era Presidente de la Suprema Corte de Justicia- saber donde están las
clínicas abortivas, pero que no las denunciaría porque no era
su trabajo?
-
decir que se quiere terminar con
las clínicas clandestinas y reducir el número de abortos, cuando
estudios serios muestran que en Estados Unidos en los
últimos 30 años se cuadruplicó el número de abortos y que
las clínicas clandestinas siguen floreciendo?
-
afirmar que -como hizo el Dr. Casinelli
Muñoz en la Comisión de Salud del Senado que esta ley "resulta favorable para la institución familiar", cuando
el padre no es tenido en cuenta en absoluto? ¿Acaso no
tuvo que ver en la procreación de su hijo? ¿Por qué sólo la
mujer puede decidir? ¿Qué pensarían los proabortistas si se promulgara una ley
en la que sólo el padre decidiera si su hijo debe vivir o
no?
¿Por qué entonces los partidarios del aborto acusan de
hipocresía a los provida? ¿Por qué dicen incluso que vivimos en una
"sociedad hipócrita" extendiendo gratuitamente a todos
el defecto de unos pocos? ¿Tal vez por aquello de que
"cree el ladrón que todos son de su
condición"? No es posible afirmarlo con certeza. Lo que si
sabemos, es que la hipocresía abunda en las trincheras proaborto.
En consecuencia, para terminar con la
hipocresía -que, al decir de La Rochefoucault, no es otra cosa que
"el homenaje que el vicio rinde a la virtud"-,
"aquí lo que hay que abortar,
es el proyecto de ley de aborto..." (3).
ASOCIACIÓN VIVIR EN FAMILIA
(1) No es nuestro ánimo etiquetar a
nadie con el mote de "hipócrita": nadie es totalmente bueno ni totalmente
malo, totalmente recto o totalmente hipócrita. Pero no podemos callar la
existencia de actitudes que denotan una gran hipocresía,
principalmente cuando provienen desde personas
que califican de hipócritas a quienes defienden la
verdad.
(2) Entre 1979 y 2000 las
Católicas por el Derecho a Decidir recibieron de distintas fundaciones la
friolera de 25 millones de dólares para promover la legalización del aborto en
todo el mundo.
(3) Expresiones del Dr.
Miguel Nauar, Presidente de la Asociación de Médicos Católicos, en la Comisión
de Bioética Médica del Círculo Católico de Obreros del
Uruguay.
MATRIMONIO Y
FAMILIA
DESCUBREN QUE CAMBIO DE DIETA INCREMENTARÍA FECUNDIDAD
FEMENINA
BUENOS AIRES, 10 Ago. 03 (ACI).- En lo que constituye una novedosa alternativa
pro-vida a la fecundización in vitro,
la científica argentina Adriana Baretta ha descubierto que existe una
relación estrecha entre la dieta y la capacidad de fertilidad de las
mujeres, abriéndose así una posibilidad “sumamente ética, no
invasiva, y de hecho, de mucho menor costo que técnicas artificiales”.
Adelantando
algunas de las conclusiones que dará a conocer en el I Congreso Internacional
Pro-vida a realizarse en noviembre en Madrid, la Dra. Baretta señaló que “existe
una relación entre la alimentación y la fertilidad, de tal modo que podemos
comenzar a hablar de un ‘hábitat fértil’ y un ‘hábitat infértil’, provocados por
el contenido mineral de la dieta habitual femenina y medidos por un coeficiente
adecuado”.
Las
investigaciones, que demostrarían que una dieta de alto índice en calcio
-mineral contenido en la medicación para la osteoporosis- podría ser una causa
de la esterilidad femenina, arrojaron de esta manera resultados que significan
“un gran aliento y un desafío a seguir adelante con entusiasmo”
declaró la científica.
La ABIF
brindará asesoría a las parejas con Esterilidad sin causa aparente (ESCA) a
efectos de realizar su diagnóstico y encarar, de ser necesario, la reversión de
su alimentación. Los interesados pueden dirigirse a abif@arnet.com.ar
¡QUIERO SER
FELIZ!
Florencia Beltrán
Éste es el grito de muchos
adolescentes, pero frente a éste deseo tan noble se encuentran en no pocas
ocasiones, con alternativas que le ofrece la sociedad que no les conducen al
mismo. Los mass media a modo de ejemplo, le ofrecen caminos fáciles, que no le
demandan demasiado esfuerzo, como por ejemplo, le incitan a tener una vida
sexual precoz, banalizando de esta manera la sexualidad. A la larga, muchos
adolescentes que malgastaron varios años de su valiosa vida se dan cuanta que
éstos caminos no conducen a la felicidad, sino al hastío, depresión, soledad,
entre otras cosas.
La adolescencia, no es una etapa
negativa como muchos piensan, sino que por el contrario, una etapa de grandes
retos, y por tanto, es fundamental hacerla rendir al máximo y no dejarla pasar
de largo. El proceso típico y característico de la adolescencia es definir y
consolidar la identidad personal puesto que conduce a la madurez emocional y
éste es un gran indicador de que se llegó a la adultez. Este proceso se ve
favorecido, teniendo en cuenta el pensamiento abstracto, como también, el que
vaya interiorizando, y consolidando su propia escala de valores. En relación con el proceso de consolidar
la identidad personal, los padres juegan un papel fundamental al favorecer a que
elaboren un proyecto personal de vida que implique el compromiso y que esté
basado en una buena jerarquización de valores como en el conocimiento de sí
mismo y de la realidad, como indica Gerardo Castillo (2000). Ésto va a influir
en la decisión de los adolescentes de tener o no una vida sexual activa, y qué
actitud tomar si se llega a dar el embarazo.
Los adolescentes, tienen una madurez
sexual, es decir la capacidad para la reproducción, pero ello no significa hayan
madurado en lo que se refiera al uso positivo y responsable de la sexualidad, y
por ello, la educación debe integrar la sexualidad en el encuentro personal, es
decir un encuentro de persona a persona, y no un encuentro donde se cosifique al
otro. A dicha característica se suma que los adolescentes se caracterizan por
tener actitudes de curiosidad por el propio desarrollo sexual como por las
personas de distinto sexo. Ahora bien, esto no implica que el adolescente esté
determinado a tener relaciones íntimas para saciar esta curiosidad, ya que a
diferencia del animal el hombre puede obrar libremente, y no instintivamente.
Pero para obrar con mayor libertad, es fundamental estar bien formado, ya que
hay una relación intrínseca entre la ignorancia y la libertad.
En esta etapa de grandes retos, hay
adolescentes que son más proclives a conductas sociales de riesgo. Ellos se
caracterizan por: reducir el stress a cualquier costo; buscar el placer como una
curiosidad; imitar actitudes que consideran de adultos para aparentar ser más
grandes y conseguir popularidad entre amigos; desarrollar tardíamente la habilidad de
hacer juicios morales; tener un razonamiento moral que no se identifica siempre
con su comportamiento debido a que están consolidando sus juicios morales;
imitar, dejarse llevar por grupos
de amigos para evitar el qué dirán y obtener popularidad. Estas características
pueden servirnos de alerta para ver que actitudes tomar para evitar la
iniciación sexual precoz de los adolescentes y el embarazo. No obstante, esto no
significa que si los adolescentes presenten dichas características, estén
determinados a tener una vida sexual activa.
El British Medical Journal ha publicado un estudio sobre la
incidencia de las campañas y programas escolares impartidos desde 1970 hasta
diciembre de 2000. Los objetivos previstos eran: lograr el retraso de la
actividad sexual, el aumento del uso de anticonceptivos y la reducción de
embarazos en adolescentes. Dichos objetivos concluyen los autores no fueron
conseguidos.
Del mencionado estudio se extrae que
se dan menos embarazos cuando las chicas participan en programas “multifaceta”,
los cuales son menos superficiales que las clases de anatomía o el reparto de
preservativos. A su vez, se afirma que la prevención es mejor cuando los
programas incluyen además de información, el seguimiento de los participantes;
sesiones individuales; actividades alternativas; lecciones de autoestima y de
relaciones con los padres; información sobre enfermedades de transmisión sexual;
insistencia en la responsabilidad sexual, etc. Estos programas, además hablan de
la abstinencia, lo cual resulta ser más eficaz. Un editorial del mismo BMJ
concluía que “sin una educación sexual
impartida por padres y madres, la tasa de embarazos en adolescentes británicas
seguirá siendo alta aunque mejore el acceso a los anticonceptivos”.
La sexualidad, por otra parte, no es
algo puramente biológico sino que afecta a toda la persona, y es ésta la razón
por la que la educación debería ser integral. Es decir, la educación sexual, no
es la mera información, ya que estimula más la curiosidad y la incitación al
acto, sino que ésta considera la totalidad de la persona, su desarrollo armónico
e integral, en unas palabras integra los elementos biológicos, psico-afectivos y
espirituales. Como señalan Polaino-Lorente y Martínez (1995) muchas
investigaciones demuestran que la prevención del embarazo en la adolescencia no
es eficaz con las campañas que estimulan el uso de preservativos, sino que por
el contrario, con la educación integral como también lo afirma la investigación
recientemente mencionada. Dichas campañas favorecen una conducta sexual
artificial que va en contra de la propia naturaleza, de la dignidad de la
persona y por tanto, la degrada. La misma desliga el significado unitivo y
procreativo de la sexualidad, poniendo en primer plano la búsqueda del placer,
el individualismo, y por tanto, favorece el egoísmo. El adolescente tiene la
suficiente capacidad para controlar sus impulsos, pero necesita una sólida
formación de la voluntad y de su conciencia para no dejarse guiar por ellos. El
hombre puede someter la razón a sus impulsos y por ello, hay que dejar bien
claro, que uno no es libre cuando hace lo que le apetece, cuando se deja dominar
por sus impulsos, sino que la libertad se alcanza a través del control de las
tendencias y no por su ejercicio descontrolado.
Según Polaino Lorente (1992) “el ámbito de lo sexual, igual que el resto
de las dimensiones del hombre, es un ámbito donal, que hace referencia al otro,
que se satisface en la donación y el servicio al otro”, en unas palabras, la
conducta sexual tiene una vocación transindividual Pero este tipo de educación,
se olvida que es en la donación y en la entrega de uno mismo donde el hombre
encuentra su felicidad.
Por último, no hay que olvidar que
los padres son los principales y primeros educadores, y por tanto, no pueden
desligarse dicha función. Es fundamental el ejemplo de los padres, más que sus
palabras, pues como dice el dicho, el
ejemplo mueve, pero las palabras vuelan. Los educadores, por otra parte, son
colaboradores de los padres, es decir, que cumplen una función subsidiaria, que
no los sustituyen en la educación, sino que los acompañan en el
camino.
Referencias:
Castillo, Gerardo (2000): El
adolescente y sus retos. Pirámide. Madrid.
Polaino-Lorente (1992): Sexo y
cultura. Análisis del comportamiento sexual. Rialp.
Madrid.
Polaino-Lorente, Aquilino y Martínez
Cano, Pedro (1995): Embarazo y maternidad en la adolescencia. Documentos del
Instituto de Ciencias para la Familia, 19. Ediciones Rialp, Madrid.
FACTORES CAUSANTES DE
LA HOMOSEXUALIDAD
Richard Fitzgibbons
Los orígenes de las inclinaciones y los
comportamientos homosexuales
Introducción
En la
actualidad, la mayoría de los católicos saben muy poco o nada acerca de las
causas emocionales de la inclinación y conducta homosexuales. Tampoco conocen el
poderoso papel que la espiritualidad católica puede jugar en la curación de la homosexualidad.
Las razones
de esta ignorancia son muchas e incluyen: la escasa difusión de escritos que
traten sobre el valor de la fe católica y de los sacramentos para la curación de
la homosexualidad; el fracaso de la terapia tradicional en lograr el mismo
objetivo; las opiniones en las Asociaciones de Psiquiatría y Psicología de EE.UU
de que la homosexualidad no es un desorden; la influencia que poderosos grupos
ejercen sobre los medios de comunicación social y sobre la educación, los
servicios sociales, los servicios de salud y la política. Además, hay muchas
personas y grupos dentro de la misma Iglesia que tratan de desvirtuar la
doctrina moral tradicional sobre este tema.
La falta de
conocimiento sobre las causas de la homosexualidad se extiende también a
aquellos que dirigen a adolescentes y adultos. Los terapistas frecuentemente
dicen a aquellos que buscan ayuda en este sentido, que la doctrina de la Iglesia
Católica sobre la homosexualidad es insensible hacia los homosexuales, poco
científica y errónea. Les aconsejan que se acepten como personas creadas
homosexuales por Dios. Desafortunadamente, los que así aconsejan son poco
conscientes de los conflictos emocionales que causan la homosexualidad, así como
del poder de curación existente a través del perdón y de la espiritualidad
católica.
En mi
experiencia clínica de los últimos 20 años, he sido testigo de la curación del
dolor emocional que causaba la homosexualidad en varios cientos de hombres y
mujeres. Su proceso de curación ocurrió, primero, a través de una psicoterapia
que identificaba los orígenes de sus conflictos, y luego, por medio del perdón y
de una espiritualidad católica.
Tal enfoque
es similar al uso de la espiritualidad en el tratamiento del abuso de
sustancias. Las mejorías radicales en el tratamiento de este problema ocurrieron
sólo después de que la confianza en Dios se propusiera como la piedra angular
del tratamiento. Anteriormente, la psicoterapia tradicional, por sí sola, sólo
producía mejorías mínimas. El uso de la espiritualidad en el tratamiento de la
homosexualidad ha seguido un modelo parecido.
Los
orígenes de la homosexualidad
Los
conflictos más comunes que predisponen a las personas hacia la homosexualidad
son 1- la soledad y la tristeza, 2- profundos sentimientos de ser inadecuado y
la falta de autoaceptación, 3- la desconfianza y el miedo, 4- el narcicismo, 5-
el excesivo sentido de responsabilidad, 6- el maltrato sexual en la niñez y 7-
el enfado excesivo.
Durante los
períodos de tensión, estas dificultades internas se activan. Entonces pueden
surgir fuertes tentaciones homosexuales en un intento por encontrar alivio o un
escape al dolor emocional inconsciente. Esta dinámica de dolor emocional que
puede llevar a la homosexualidad rara vez se manifiesta durante la infancia,
pero normalmente se revela al principio de la adolescencia.
Veamos a
continuación con más detalle cada uno de estos factores causantes de la
homosexualidad que hemos mencionado:
1.
Soledad y tristeza
En el
pasado, la causa que con más frecuencia se veía de la tristeza que conduce a la
homosexualidad en los muchachos era el rechazo, durante la infancia y la
adolescencia, por parte de sus compañeros, con motivo de sus limitadas aptitudes
atléticas. [Sin embargo, por razón de lo que se verá a continuación, trataremos
esta causa un poco más adelante.]
Más
recientemente, el fracaso matrimonial y familiar, con casi un 45% de niños y
adolescentes que viven separados de sus padres, ha producido serios problemas de
tristeza y soledad en la juventud. El Papa Juan Pablo II, en su Carta a las
familias de 1994, ha descrito la trágica suerte de estos jóvenes, caracterizando
a muchos de ellos como "huérfanos con padres vivos".
Cuando no
se satisface la necesidad de cariño, aprobación, afecto físico y ánimo de un
padre, se desarrolla un vacío interior comúnmente llamado "hambre de padre". En
un intento por superar este dolor, algunos adolescentes y jóvenes adultos buscan
el confort de ser abrazados por otro hombre. En mi experiencia clínica he
observado que mientras más temprano es el abandono paterno, mayor es la
posibilidad de que se desarrollen tentaciones homosexuales.
Mientras
que muchos hombres no han recibido el ánimo y afecto físico de sus padres, y
nunca han desarrollado inclinaciones homosexuales, los particularmente
vulnerables son aquellos que, a causa de limitadas actitudes atléticas, tampoco
fueron aceptados por sus compañeros.
También, en
algunos chicos especialmente sensibles, un continuo maltrato por parte de sus
hermanos mayores produce una soledad interior que puede llevarlos a sentir
inclinaciones homosexuales.
La falta de
cariño, afecto y ánimo de una madre también puede producir un vacío y una
terrible tristeza. Algunas chicas intentan llenar ese vacío del amor materno
dulce y consolador por medio del comportamiento homosexual. Esta "soledad sin
madre" no se observa tan a menudo como la "soledad sin padre", porque las madres
generalmente tienen mucha más libertad a la hora de comunicar su amor y su ánimo
a los hijos que la que tienen los padres.
Sue era la
más joven de tres hijos, y tenía cuatro años cuando su madre los dejó. Vio a su
madre intermitentemente durante su infancia, pero nunca sintió intimidad con
ella. Sue salió con muchachos varias veces en el Instituto, pero cuando tenía
alrededor de 20 años se involucró en relaciones homosexuales.
Comenzó a
tratarse con psicoterapia para resolver la tristeza y el enfado que sentía hacia
su madre. Conforme su entendimiento del problema crecía, se dio cuenta de que
ninguno de los chicos con los que había salido podía proporcionarle el afecto
que la niña pequeña en su interior ansiaba de su madre. Durante un tiempo el
afecto de sus novias le consolaba. Sin embargo, estas relaciones no la
satisfacían tampoco. Poco a poco Sue vio que la niña pequeña que llevaba dentro
necesitaba curarse del dolor de esa "soledad sin madre" antes de que pudiera
tener una relación adulta de amor estable y sin relaciones sexuales fuera del
matrimonio.
Algunos
adultos que se sienten muy frustrados y solos porque todavía no han encontrado
la persona correcta para casarse caen en un comportamiento homosexual en su
intento de aliviar esa soledad. Algunas personas casadas comenten actos
homosexuales como resultado de la tensión y soledad en su matrimonio. También,
la tristeza y la soledad que se siente después de un serio fracaso matrimonial
puede resultar en una conducta homosexual, porque estas personas tienen miedo de
volverse vulnerables ante alguien del sexo opuesto. En mi trabajo he visto este
tipo de conducta ocurrir más frecuentemente en las mujeres.
Como la
soledad es una de las experiencias más dolorosas de la vida, se gastan enormes
cantidades de energía inconscientemente en un intento de negar la presencia de
ese dolor tan debilitante. Como resultado, muchas personas ni siquiera saben que
están luchando contra esa profunda herida emocional. Frecuentemente tienen miedo
de afrontarla, en parte porque no creen que se pueda curar. De hecho, los que
así piensan tienen razón cuando sus intentos de curarse excluyen la
espiritualidad, porque ninguna cantidad de amor de otros adultos puede compensar
lo que no se recibió de su padre, madre, hermanos y amigos de la infancia o
adolescencia. Muchos hombres y mujeres con estas dolorosas heridas emocionales
de soledad y tristeza prefieren creer que son homosexuales para no enfrentarse
con su terrible situación interior.
El fracaso
de cualquier relación adulta, a la hora de llenar el vacío de la soledad
infantil y adolescente, es la mayor causa de la extraordinaria promiscuidad en
el estilo de vida homosexual, y por eso algunos estudios arrojan un promedio de
60 compañeros/as sexuales al año. Inconscientemente, estas personas no buscan un
compromiso estable, porque sienten que ningún adulto puede satisfacer al niño y
adolescente interior. Tal proceder compulsivo, patológico y peligroso para la
salud apoya la idea de que la homosexualidad es un serio desorden emocional,
mental y conductual.
Por
supuesto, los conflictos de soledad y tristeza se pueden manifestar de muchas
formas aparte de un comportamiento sexual, como, por ejemplo, las actuaciones
infantiles de dependencia, una constante necesidad de atención y afecto, una
excesiva fantasía sexual, masturbación compulsiva, atracción hacia los
adolescentes, dependencia en la pornografía, comportamiento narcisista,
agotamiento y síntomas de depresión.
2.
Profundos sentimientos de ser inadecuado y falta de autoaceptación
La
homosexualidad también puede ser el resultado de fuertes sentimientos de
inseguridad. La desconfianza en sí mismo se suscita por el rechazo de padres,
compañeros, hermanos u otras personas significativas en las cuales se ha
depositado la confianza. En un intento inconsciente de deshacer una historia de
rechazos, la persona busca reafirmarse y ser aceptado por miembros del mismo
sexo. En mi experiencia clínica este doloroso conflicto emocional se observa
mucho más frecuentemente en hombres que en mujeres.
La
autoestima se basa principalmente en la aceptación de un modelo de conducta en
la primera infancia, el niño de su padre y la niña de su madre. Todo niño
pequeño añora recibir la aceptación, al apoyo y el ánimo de su padre -- de esta
forma establece un sentido positivo y un grado de bienestar consigo mismo.
Aunque el amor de una madre es esencial para los niños, no es tan importante
como el amor y la afirmación del padre para la formación de una sana identidad
masculina. La falta de reacciones positivas de un padre produce una seria
debilidad en la imagen masculina y una falta de autoaceptación. Muchos de los
que sufren inclinaciones homosexuales crecieron de niños pensando que nunca
podrían agradar a sus padres.
Los
hermanos mayores también juegan un papel importante en la formación de una
positiva identidad masculina en la infancia. Los rechazos en estas relaciones
pueden producir un serio debilitamiento de la autoestima masculina.
Sin
embargo, las desilusiones más comunes de la vida infantil que producen
inclinaciones homosexuales son el resultado de los rechazos por parte de amigos
a causa de una deficiente coordinación psicomotriz y atlética. Esta es una
limitación especialmente dura de tener en una cultura obsesionada hasta tal
punto con el éxito deportivo que se llega a considerar ese éxito como el
indicador principal de la masculinidad. Los niños que no son buenos atletas son
a menudo víctimas del rechazo y del ridículo. Frecuentemente les dan apelativos
femeninos y les llegan a decir que corren o juegan como una niña. A medida que
estos rechazos continúan año tras año, estos chicos se sienten cada vez más
inadecuados, confusos, solos y débiles. El maltrato de los compañeros produce en
ellos una imagen muy deficiente de su cuerpo y de su masculinidad. La angustia
de estos chicos puede llegar a ser tan dañina que puede hasta anular los
beneficios psicológicos de una positiva relación con su padre. Para muchos de
estos chicos, las inclinaciones homosexuales comienzan en el sexto o séptimo
grado. La inclinación es siempre hacia adolescentes fuertes y atléticos.
En los 50 y
60, se realizó un estudio en Nueva York de 500 varones que se consideraban
homosexuales. El estudio reveló que más del 90% de ellos tenía problemas de
coordinación atlética y que de pequeños fueron objeto de humillación por parte
de sus compañeros. Muchos contaron que no sólo se sentían fracasados como
varones porque no eran buenos en el deporte o porque no les gustaba, sino que
también sentían que desilusionaban a sus padres, quienes -- en su opinión --
esperaban que fueran buenos atletas. La falta de interés por los deportes
interfería en la relación y unión íntima entre padre e hijo.
La
necesidad de ser aceptado por otros varones es esencial para el desarrollo de
una positiva identidad masculina y es anterior al nivel de desarrollo
adolescente. Si la autoaceptación no ocurre por medio de la afirmación de otros
compañeros, raramente podrá un muchacho sentirse atraído hacia las muchachas.
Lou era un
estudiante universitario muy bueno que había considerado la vocación sacerdotal
desde su temprana adolescencia. Sin embargo, su mayor obstáculo era la presencia
de inclinaciones homosexuales que comenzaron cuando tenía 13 años. Buscó el
consejo de un sacerdote en su universidad que le dijo que continuara con la idea
del sacerdocio, pero que tratara de aceptar su homosexualidad y de sentirse
cómodo con ella, ya que Dios lo había creado así. En aquel momento de este
consejo tan equivocado, ni Lou ni el sacerdote tenían la menor idea de la
influencia que había ejercido sobre él el constante rechazo que había sufrido
por parte de sus compañeros durante la infancia y la adolescencia. Sus
compañeros a menudo le ponían apodos femeninos porque, según ellos, lanzaba la
pelota como una niña.
Lou decidió
que no podría tomar el camino del sacerdocio porque no sería capaz de vivir
consigo mismo si intentaba llevar una doble vida: practicando la homosexualidad
y al mismo tiempo presentándose ante la comunidad católica como un sacerdote
célibe.
Durante
varios años Lou intentó vivir como un homosexual. Más tarde, buscó ayuda
psicológica porque sentía repugnancia hacia muchos aspectos de ese estilo de
vida, especialmente hacia la promiscuidad tan extrema y el abuso de sustancias.
No podía aceptar que eso fuese el plan de Dios para su vida.
Hace varios
años, en la conferencia nacional del grupo Courage ("Coraje") -- grupo que
ofrece ayuda para las personas homosexuales para que vivan castamente -- pude
confirmar la influencia que tienen los rechazos de los compañeros en el
desarrollo de los deseos homosexuales. Después de una charla sobre los orígenes
de la homosexualidad y sobre la curación de la soledad y el enojo en aquellos
que estaban afectados por este desorden, toda la hora siguiente la ocuparon las
historias personales de hombres cuyas identidades masculinas fueron heridas y
los diferentes tipos de comportamientos sexuales relacionados con el rechazo
durante la infancia y la adolescencia por causa de la falta de habilidad
deportiva. Estos hombres compartieron con la audiencia que los rechazos de sus
compañeros jugaron un papel mucho más importante en el desarrollo de sus
impulsos homosexuales que las heridas causadas por una mala relación con sus
padres.
Los
conflictos básicos de una baja autestima se manifiestan de diferentes maneras en
los varones que tienen inclinaciones homosexuales. Entre estos conflictos se
encuentran: una atracción obsesiva hacia hombres atléticos y musculosos; una
necesidad excesiva de actuar de forma agresiva; una necesidad compulsiva de
aumentar la musculatura; y un profundo sentimiento de no ser amados.
3.
Desconfianza y miedo
Otro factor
importante en el desarrollo de la homosexualidad es el miedo a ser vulnerable en
las relaciones heterosexuales. Esta incapacidad de sentirse seguro amando a
alguien del sexo opuesto es usualmente inconsciente y la mayoría de las veces
tiene su origen en experiencias traumáticas en el hogar.
En el caso
de los varones, puede ser la consecuencia de haber tenido una madre demasiado
controladora, excesivamente dependiente, enfada y crítica, poco afectiva y fría,
narcisista e insensible, muy desconfiada, adicta o enferma.
En el caso
de las chicas, el miedo de confiar en cualquier varón en una relación amorosa
puede surgir de haber tenido un padre muy enfadadizo, rechazador y distante,
insensible hacia su madre, abusivo, duro, egoísta, adicto o falto de afecto.
Actualmente, el abandono de un padre a causa del divorcio es una de las mayores
fuentes de desconfianza que muchas chicas experimentan hacia los chicos. Estas
chicas desarrollan una fobia inconsciente de ser heridas como vieron que lo
fueron sus madres. Como resultado, durante un tiempo se sienten seguras sólo con
el amor consolador de otra mujer.
Diane era
una joven arquitecta cuyo padre era un enojado alcohólico. Había presenciado
durante años el maltrato físico y psicológico que su padre le había infligido a
su madre. En los comienzos de su adolescencia, a Diane le atraían los chicos e
incluso salió con ellos. Pero en la universidad se encontró mucho más a gusto
con otras chicas y acabó por darse cuenta de que tenía mucho miedo de ser herida
como su madre, si se comprometía con un hombre. A Diane no le satisfacían sus
relaciones homosexuales. Durante la terapia, reconoció que su padre controlaba
sus relaciones con los muchachos y decidió actuar resueltamente para romper ese
dominio paterno sobre sus relaciones de amistad con los hombres.
La madre de
Pete era una mujer muy sarcástica que había tenido un padre alcohólico. Rara vez
Pete vio a su madre mostrar afecto hacia el padre de él, al contrario, a menudo
lo criticaba mucho. Pete acabó por entender que la necesidad compulsiva de su
madre de controlar las cosas en casa venía del miedo que ella había
experimentado en su propia familia como resultado del caos que acompañaba a un
padre bebedor. Pero para Pete el control de su madre era asfixiante y, como
resultado, hizo lo que pudo para distanciarla. Pero como ella era el fundamento
para relacionarse con otras mujeres, Pete no se sentía emocionalmente compatible
con las chicas que encontraba atractivas. Temía que si se volvía vulnerable ante
ellas, acabarían por ser tan insensibles como lo era su madre con él y con su
padre. Sus tentaciones homosexuales se desarrollaron por el miedo a confiar en
el amor femenino y, al mismo tiempo, por su necesidad de afecto por parte de
alguien en quien pudiera confiar.
La
desconfianza también puede desarrollarse como resultado de vivir en una casa con
frecuentes conflictos y peleas entre los padres. Como la relación entre los
padres es el modelo para un niño/a de lo que es una relación heterosexual, un
matrimonio mermado por el constante dolor y conflicto puede llevar a que el hijo
o la hija desarrolle un miedo de volverse vulnerable ante las personas del sexo
opuesto. Este miedo puede llevar a algunos a caer en una relación homosexual.
Una dinámica similar se presenta a veces después de un divorcio, cuando muchos
adultos tienen miedo de ser heridos por las personas del sexo opuesto y se
retraen en una relación homosexual. La epidemia de divorcios en nuestra cultura
actual está causando también un miedo muy grande entre los jóvenes adultos de
asumir el compromiso del matrimonio.
La
desconfianza y el miedo a un compromiso total, como lo es el matrimonio, son
extremadamente comunes en los que sufren inclinaciones homosexuales. La rampante
promiscuidad sin fidelidad a nadie de hoy en día es una de las manifestaciones
más significativas del miedo al compromiso. Según el Dr. William Foege, director
de los Centros para el Control de las Enfermedades o CDC (Centers for Disease
Control) de EE.UU., la víctima promedio del SIDA ha tenido 60 compañeros
sexuales durante el último año.
En el caso
de los católicos, esta desconfianza se manifiesta como una desconfianza hacia
Dios Padre como un Padre afectuoso o hacia María como una madre afectuosa.
El
comportamiento sexual compulsivo, muy peligroso para la salud y la vida de un
gran porcentaje de homosexuales puede indicar la presencia de un desorden
adictivo en estas personas. A pesar de que la categoría diagnóstica específica
de adicción sexual no ha sido oficialmente aceptada todavía en el campo
de la salud mental, existen programas clínicos en varios lugares de EE.UU. para
el tratamiento de las adicciones sexuales y también existe una revista dedicada
completamente a este tema.
La adicción
sexual se parece al desorden de abuso de sustancias en que las personas que la
practican tienen una comportamiento compulsivo y médicamente dañino. Estas
personas también se engañan poderosamente a sí mismas en cuanto al serio peligro
que su comportamiento entraña para la salud propia y para la de otros. Además,
muchos terapistas consideran que la adicción sexual, al igual que otras, es el
resultado de numerosos conflictos emocionales.
La opinión
clínica de que el comportamiento homosexual tiene mucho de adictivo ha recibido
el apoyo de numerosos estudios sobre el homosexualismo y también del hecho de
que en años recientes se ha estimado que la mitad de todos los hombres
homosexuales de Nueva York portan el virus del SIDA. La naturaleza adictiva de
la conducta homosexual también explica por qué las infecciones del virus del
SIDA se han cuadriplicado en San Francisco desde 1987.
Además de
todo esto, el comportamiento homosexual de muchas personas es frecuentemente
precedido del uso del alcohol y de drogas. El Padre Mike practicaba la
homosexualidad después de consumir alcohol. Luego sentía una enorme culpabilidad
pues verdaderamente deseaba seguir la enseñanza de Cristo y de la Iglesia.
Conocía el valor del celibato y deseaba vivirlo. Afortunadamente, fue capaz de
entender y poner los medios para vencer la adicción al alcohol y a la
homosexualidad.
4.
Narcisismo
El
narcisismo o egoísmo es otro factor principal de la homosexualidad. El
narcisismo tiene varios aspectos atrayentes, como el no tener que comprometerse
con otra persona en el matrimonio o no tener que darse completamente como padre.
El narcisista quiere permanecer infantilmente con obligaciones mínimas en sus
relaciones interpersonales y con pocas limitaciones en la búsqueda del placer.
El hedonismo caracteriza a muchos de los que practican la homosexualidad.
Otra seria
manifestación del narcisismo en la homosexualidad es el albergar pensamientos de
grandeza. Esos pensamientos hacen que la persona se crea muy superior a los
demás y que es tan especial y tan excepcional que se cree incluso inmune al
virus del SIDA. Todo esto explica por qué muchos homosexuales viven un modo de
vida muy peligroso para la salud y para la vida.
Anthony era
un joven extremadamente egoísta, y en eso se parecía mucho a su madre. Durante
su niñez se sintió privado de apoyo material y emocional, porque su madre
gastaba la mayoría de los modestos ingresos de la familia en ella misma.
Recordaba, por ejemplo, sentirse avergonzado de la ropa que usaba de pequeño.
Como
reacción a esas privaciones, pensaba que la vida le debía mucho. Su mundo llegó
a estar completamente centrado en sí mismo. Creía que podía usar a la gente para
satisfacer su constante deseo de placer y no sentía ningún serio remordimiento
por el hecho de tener relaciones homosexuales con un promedio de 60 a 100
compañeros al año.
5.
Intentos de evadir un excesivo sentido de responsabilidad
Algunos
intentan escapar de excesivas presiones y cargas practicando la homosexualidad,
en la cual no hay compromiso, obligaciones ni responsabilidad. Hay hombres
casados que a veces luchan contra una intensa inseguridad después de
experimentar la tensión que le causa un jefe negativo, una falta de éxito
profesional o una ansiedad arrolladora por cuestiones financieras. Entonces
empiezan a ver a sus esposas e hijos como cargas y dificultades, en vez de
verlos como dones de Dios. Practican la homosexualidad en un intento de evadir
la tensión y de sentirse más amados y especiales. Las ideas perfeccionistas
llevan a sentir una responsabilidad excesiva. Este conflicto interfiere con la
capacidad de estar tranquilo y de recibir el don del amor que viene de la
familia, de los amigos y más aún del Señor y de María.
Jim era un
hombre agradable, estaba casado y tenía dos hijos. Disfrutaba de su trabajo; sin
embargo, éste era muy exigente y lleno de presiones. Su esposa Jean también
tenía una carrera ocupada y llena de tensión. Por las tardes, además de atender
a sus hijos, los dos les dedicaban tiempo a sus respectivas carreras. Como
resultado, pasaban poco tiempo juntos.
Bajo esta
tensión Jim empezó a visitar librerías pornográficas cerca de su trabajo y allí
se involucró en el homosexualismo. Luego se sentía muy culpable por haber
traicionado a su esposa, a sus hijos y a Dios.
Cuando un
marido está emocionalmente distante o ausente de su familia, la esposa puede
sentir una intensa soledad y, como resultado, empieza a depender emocionalmente
de un hijo. A menudo hablará con él cosas y preocupaciones que normalmente
compartiría con su esposo. Mientras que la mayoría de los jóvenes disfruta a
nivel consciente de esta relación con sus madres, inconscientemente empiezan a
preocuparse excesivamente y a sentirse demasiado responsables por ellas.
Posteriormente pueden desarrollar inconscientemente una visión del amor femenino
como una carga agotadora.
Ralph era
el mayor de tres hijos y creció en un hogar en el que su padre tenía una gran
dificultad en expresarle amor a su familia. La necesidad de su padre de
distanciarse de los demás era a su vez el resultado del alcoholismo de sus
padres. Las heridas en la infancia de este hombre le hacían incapaz de darse a
los demás porque se sentía inseguro e intranquilo al relacionarse
interpersonalmente en términos de amor y cariño. A consecuencia de esto, la
madre de Ralph era muy infeliz y se divorció cuando Ralph tenía 12 años. Ralph
recordaba sentirse el hombrecito de la casa después del divorcio de sus padres.
Sentía que tenía que hacerse responsable de su madre y de sus hermanos menores.
Cuando
Ralph tenía 13 años le gustó mucho una chica de su clase. Pero se sentía
confundido porque no sentía atracción física hacia ella. Continuó confuso por
esto y, aunque no quería sentirse atraído hacia los hombres, experimentó sus
primeros deseos homosexuales cuando tenía 15 años.
Ralph
comenzó la terapia cuando tenía 25 años. Nunca había practicado la
homosexualidad y esperaba poder superar sus tentaciones homosexuales y casarse
algún día. Al principio del tratamiento, Ralph se dio cuenta de que se había
sentido excesivamente responsible por la felicidad de su madre durante muchos
años y que esto había constituido para él una gran carga. Esa presión le había
causado un miedo inconsciente de entrar en una relación profunda con una chica.
Bajo la
presión de estos conflictos, las relaciones homosexuales le parecían atrayentes
por estar libres de excesiva responsabilidad. Su mayor conocimiento de sus
miedos a un compromiso de amor con una mujer le liberaron y le llenaron de
esperanza para el futuro.
6.
Trauma sexual en la infancia
Un buen
número de varones que fueron violados o maltratados sexualmente en su infancia
desarrollan una confusión con respecto a su identidad masculina. Al igual que
otras víctimas de violación, piensan que de alguna manera causaron el abuso.
Durante la adolescencia, su relación con las muchachas está mermada por la
vergüenza y por la creencia de que ninguna chica podría amarles si conociera sus
experiencias sexuales.
7.
Enfado excesivo
El tipo de
enfado que más induce la homosexualidad es el enfado consigo mismo. Como
resultado de un continuo rechazo por parte de sus compañeros, muchos niños
adquieren un intenso disgusto hacia sus propios cuerpos - piensan que éstos son
débiles, poco atractivos y poco masculinos. Se sienten tan incómodos con su
físico que pasan muchísimo tiempo fantasiando sobre cómo escapar de su cuerpo y
entrar en el cuerpo de otro. Esta ilusión enfermiza puede empezar cuando son
jóvenes e inducir una fuerte atracción física hacia otros del mismo sexo.
La
experiencia de ser sostenido y abrazado por alguien del mismo sexo puede
disminuir el sentido de autorrechazo durante algún tiempo. Sin embargo, la
incomodidad o el disgusto hacia el propio cuerpo persiste, a pesar de la
afirmación, afecto o actividad homosexual. Esto ocurre porque el afecto en la
adolescencia o después de ella no puede deshacer el odio hacia uno mismo que se
ha experimentado en la infancia y en la adolescencia.
En muchos
homosexuales, la conducta autodestructiva, peligrosa, adictiva y sadomasoquista
nace de un intenso disgusto hacia uno mismo. El enfado consigo mismo también
puede llevar al varón a vestirse como una mujer. Finalmente, el colmo de la
aversión hacia uno mismo y hacia el propio cuerpo se puede observar en aquellos
que se someten a cirugía para cambiar de sexo.
Paul era
sensible y muy tímido debido a su pequeña estatura. Aunque no se sentía
directamente rechazado por sus compañeros, se sentía débil e inadecuado. Como no
era físicamente fuerte, pensaba que no podía practicar ningún deporte. A medida
que aumentaba en él el sentimiento de auto-aislamiento de sus compañeros,
también aumentaba el disgusto hacia su propio cuerpo. Le preocupaba mucho su
apariencia física y nunca se sentía cómodo quitándose la camisa en el vestuario
de la escuela o en la piscina en el verano.
Antes de su
adolescencia, Paul empezó a obsesionarse con los cuerpos bien formados de sus
amigos. A este pensamiento obsesivo le siguieron fuertes sentimientos de
atracción hacia esos muchachos y luego deseos homosexuales.
Cuando
comenzó a practicar la homosexualidad en la universidad, usualmente se imaginaba
que asumía el cuerpo de sus compañeros homosexuales y que se despertaba con un
físico diferente. Sus primeros encuentros homosexuales le produjeron un
sentimiento muy superficial de sentirse especial y de ser amado, pero no le
daban una mayor auto-aceptación. De hecho, a medida que caía en la promiscuidad
se sentía cada vez más incómodo consigo mismo, entonces decidió empezar a
recibir terapia.
En un grupo
reducido de personas, la homosexualidad se origina en una "necesidad" de
rebelarse fuertemente contra sus padres, su familia, sus compañeros, la cultura
judeo-cristiana o Dios. La conducta homosexual que es inducida por el enfado se
observa en aquellos cuyos padres del sexo opuesto eran extremadamente
controladores, emocionalmente insensibles, físicamente abusivos o profundamente
narcisistas.
Al igual
que a otra gente enfadada, esa rebelión les produce cierto placer. A algunos de
ellos les encanta que sus madres sepan cómo su estilo de vida es el rechazo
extremo de un amor femenino o (en el caso de las lesbianas) como sus padres
comprueban que no sienten necesidad del amor masculino. El enfado excesivo
también se manifiesta en otros aspectos de la vida homosexual. El más notable es
el enfado agresivo-pasivo, que consiste en un silencioso desahogo de hostilidad
mientras se pretende no estar enfadado y se manifiesta en no informar al
compañero sexual de que se es portador del virus que causa del SIDA. Estas
personas a menudo sienten que porque ellos tienen que sufrir, otros también
deben hacerlo. Por último, se observa también un intenso enojo en los
homosexuales dentro de los medios de comunicación social, en la educación, en la
salud o en la política, cuando intentan obligar al resto de la sociedad a que
acepte la homosexualidad. A menudo sus métodos consisten en asaltar directamente
a la moral judeo-cristiana, a la familia y a las diferencias básicas entre el
hombre y la mujer.
Fuentes: Richard P. Fitzgibbons, Médico
Psiquiatra, "Los orígenes y curación de atracciones y comportamiento
homosexuales," Digesto Familiar 223-224 (1997): 7-13, 16-24, 44-52. La revista
Digesto Familiar es publicada por el Instituto de Ciencias Familiares
(CENAPLANF) que dirige el Padre Pedro Richards, gran defensor de la vida y la
familia. Instituto de Ciencias Familiares, Pablo de María 1362, Montevideo,
Uruguay. Tel.: (5982) 40-3251. Fax: (5982) 40-9049. Estos artículos son
traducción del Apéndice I del mismo autor y que forma parte del libro del Padre
John F. Harvey, O.S.F.S., S.T.D., The Truth About Homosexuality (San Francisco,
Ignatius Press, 1996). Este libro se puede conseguir en las oficinas centrales
de Human Life International, 4 Family Life, Front Royal, Virginia, 22630,
U.S.A., Tel.: 1-800-549-5433. Fax: (540) 636-7363. E-mail: hli@hli.org. Página
Web: http://www.hli.org. El Padre Harvey dirige la organización Courage
("Coraje"), que se dedica a la atención pastoral de las personas homosexuales y
a ayudarlos a vivir una vida casta y según la enseñanza de la Iglesia Católica.
Para más información véase: Ayuda para las personas homosexuales.
¿SE PUEDE CURAR LA HOMOSEXUALIDAD?
Gerard J. M. Van Den Aardweg
Gerard J. M. van
den Aardweg es un acreditado psicólogo holandés, catedrático desde hace más de
treinta años, casado, padre de siete hijos, que ha dictado cursos en Estados
Unidos, Canadá y Brasil. Autor de numerosos libros, ensayos y artículos sobre la
homosexualidad, aborda en este artículo las causas y las posibles soluciones de
una de la variantes de la homosexualidad.
Homosexualidad es la atracción sexual hacia personas del propio sexo. En
cromosomas, hormonas sexuales y constitución física los homosexuales son
normales. Hubo un tiempo, el de Freud, en que se pensó que se debía a factores
hereditarios, pero esta hipótesis hoy ha sido científicamente desechada. Los
homosexuales son biológicamente normales, lo que no es normal es el ejercicio de
la homosexualidad. Es de advertir que el homosexual tiene instintos
heterosexuales; lo que ocurre es que se le bloquean por alguna razón, que puede
ser un complejo de inferioridad. Quienes de verdad se empeñan en luchar contra
ese complejo, aun en casos de transexualidad, en uno o dos años acaban con sus
obsesiones. Para dar la impresión de normalidad, hay quien asegura que quizá uno
de cada cinco hombres tiene «tendencias» homosexuales, pero las estadísticas lo
desmienten y ponen de manifiesto que en realidad no pasan de un uno o dos por
ciento.
El movimiento mundial para la emancipación de los homosexuales trata de
eludir cuestiones fundamentales, se sirve de medias verdades y de falsedades
totales y maneja el concepto de discriminación para suscitar compasión. Hace del
homosexual una víctima.
Una causa: la falta de
madurez
En la pubertad, puede tratarse de un fenómeno transitorio. Hay casos en
que la homosexualidad arraiga en los primeros años de juventud. Este hecho ha
llevado a algunos a pensar que no tiene sentido procurar desarraigarla. La
teoría más en boga es que la homosexualidad se basa en una perturbación del
llamado «sentido de identidad sexual». La realidad demuestra que los
homosexuales están afectados no sólo en su faceta sexual, sino en todo su mundo
emotivo. Su vida emotiva coincide mucho, por ejemplo, con la de tipo ansioso,
compulsivo o depresivo, caracterizada por depresiones, nerviosismo, problemas
relacionales y psicosomáticos. No son capaces, en determinados aspectos de su
vida emotiva, de madurar y de ser adultos y, pese a querer aparentar jovialidad
y alegría no son felices interiormente. La causa no está en la discriminación de
la que se quiere acusar a la sociedad que les haría «víctimas» de ella, sino en
fuerzas que actúan en el interior mismo de los interesados (...)
¿Se puede curar la homosexualidad?
Mucha gente no sabe que la génesis psíquica de esta condición sexual
carece en absoluto de misterio y que su terapia es posible. El método que he
utilizado consta de dos partes: la primera consiste en hacer adquirir al
interesado una visión clara de la propia identidad y de su propio mundo
afectivo; la segunda, en afrontar esa situación. Llevamos a las personas a
reírse de sí mismas (el humorismo puede ser muy saludable) y a la adquisición de
hábitos positivos: valentía, honestidad consigo mismo, autodisciplina, capacidad
de amar a los demás; así, hasta lograr que el homosexual pierda sus hábitos
neuroinfantiles.
Es esencial neutralizar la autoconmiseración crónica. Es obligado decir
que:
- En un treinta por ciento de los casos, la curación es
completa: acaban desarrollando actitudes y hábitos sexuales normales y
afectivos y una vida emotiva adulta. Por supuesto, una curación sólo sexual no
sería una curación completa.
- Otro treinta por ciento de personas cambia más o menos
gradualmente, pierde sus obsesiones homosexuales y asume una actitud
emotiva nueva, aunque no lo suficiente para poder hablar de curación completa.
- Hay otros que progresan con extremada lentitud por su estado
neurótico grave, pero también éstos, si son ayudados por una asistencia
y un tratamiento constructivos, adquieren fuerza y coraje y poco a poco van
perdiendo sus depresiones, nerviosismos y ansiedades.
Responsabilidad de los
educadores
Los complejos homosexuales se pueden evitar educando a un muchacho como
muchacho y a una chica como tales. No se pueden intercambiar y mezclar las
cosas. Una total identificación, la total identidad de roles que quiere cierto
feminismo exacerbado es absurda. Los sacerdotes y educadores tienen un papel
importantísimo cuando aportan al crecimiento psicológico una contribución mucho
mayor de la que a veces son conscientes. Cuidado con creer que todo «amor» es
bueno; hay formas de amor compasivas y neuróticas que revelan una personalidad
dividida en sí misma y que necesitan una guía moral firme y segura. Los
pacientes que viven su fe de manera positiva tienen las mayores esperanzas de un
cambio radical en su homosexualidad: ésta es mi experiencia de años.
El problema de la homosexualidad es presentado en una injustificada
atmósfera de fatalismo. La homosexualidad sigue siendo vista por la mayoría de
la gente a la luz de prejuicios e ideas preconcebidas, infundadas y superadas de
las que, por desgracia, no están ausentes profesionales (médicos, sociólogos,
psicólogos, sacerdotes, periodistas). Si a ello añadimos la falta de puesta al
día de la Psiquiatría y de la Psicología, se crea una situación de la que se
aprovecha la estrategia de la emancipación de homosexuales militantes,
flanqueada por el «establishment progre» occidental que
pretende hacer creer que la homosexualidad es una variante normal de la
sexualidad humana, que homosexual se nace y que no se puede cambiar. A todos
ellos no les vendría mal una mejor información.
La falacia de la
resignación
Los responsables mejoran poco a poco las situaciones concretas. Hay
directores espirituales que animan correctamente a los homosexuales a vivir la
castidad y el dominio de sí mismos, pero de hecho consideran que es imposible
desarraigarla. Es muy equivocada la actitud de no pocos hombres de Iglesia que,
de buena fe, pero víctimas probablemente de la escasa difusión de las
experiencias terapéuticas, consideran que el mejor modo de ayudar a los
homosexuales es enseñarles la resignación y la aceptación del sacrificio que
supone su situación, en lugar de animarles y ayudarles a salir de ella, con
paciencia y perseverancia.
Además de ignorancia, demuestran ingenuidad, ya que es dificilísimo, por
no decir imposible, convivir con las propias tendencias homosexuales sin dejarse
arrastrar por ellas. El camino de la curación de los homosexuales no pasa por la
compasión y mucho menos por la aceptación de su situación como «normal». Es
impresionante y doloroso constatar cuántos médicos, terapeutas, sacerdotes,
psicólogos ignoran el deseo de cambiar que tienen muchas personas con tendencias
homosexuales. La afectividad desviada no es más que un aspecto de una
personalidad inmadura. La terapia debe apuntar a enseñar al paciente a reconocer
y combatir toda una gama de expresiones de ego-centrismo infantil, de
temores, complejos de inferioridad, reacciones consolatorias,
afectaciones y autocompasiones. En la esfera afectiva crecemos cuanto mayor
es la confianza en nosotros mismos como hombres o como mujeres con plenitud y
felicidad. Un psiquiatra holandés que militaba en el movimiento de emancipación
homosexual cuenta la curación de una lesbiana gracias a un sacerdote dotado de
buen sentido psicológico, que le dijo: «¡Si es que tú te has quedado en cuando
eras una niña ... !». Su proceso de cambio duró un tiempo, pero acabó
reconociendo ante el psiquiatra que su problema había desaparecido «como una
pierna amputada, que no vuelve».
N. del E.: El artículo precedente ya fue publicado
en el número 16/02 de Vivir en Familia. Estimamos conveniente volver en este
momento sobre el tema para que quede claro que la homosexualidad es una
patología, sin pruebas hasta el momento de que su origen sea
genético. Por tanto, es obvio que a las personas homosexuales hay que tratarlas
con el mismo respeto y la misma caridad que a cualquier otra persona que
padece una enfermedad o adicción, y ayudarlas en lo posible, a superar su
problema.
No obstante, es falso argumentar que si no se legalizan las
uniones homosexuales, se está discriminando a los homosexuales. Con ese
criterio, "para
no discriminar tendríamos que legitimar, además de la
homomonogamia (el matrimonio de uno con uno) y de la homomonogamia lésbica (de
una con una), la homopoligamia (de uno con unos), la homopoligamia lésbica (de
una con unas), la promiscuidad (de dos o más varones con otros dos o más), la
promiscuidad lésbica (de dos o más mujeres con otras dos o más), la
heteropoligamia (de uno con unas), la heteropoliandria (de una con unos), la
poliandria bisexual (de una con unas y unos), la poligamia bisexual (de uno con
unas y unos), y la promiscuidad bisexual limitada (de dos o más unas y unos con
dos o más unas y unos). Y todo ello sin incorporar casos de uniones legitimables
en las que incorporemos a humanos no adultos, a no humanos de las distintas
especies, o, incluso a medio humanos (ya que las posibilidades de hibridación
que nos avanza la manipulación genética son cada vez más numerosas)."
(Stith, R.;
Pérez Adán, J. - "LA LEGITIMACIÓN DE LAS UNIONES
HOMOSEXUALES COMO UNIONES FAMILIARES SUPONE DISCRIMINACIÓN PARA EL RESTO
DE UNIONES" - Vivir en Familia N°
16/02).
Por más información sobre
homosexualidad, sugerimos visitar los siguientes sitios
web:
-
-
La campaña en las
escuelas nacionales de EEUU para promover la tolerancia a la homosexualidad, la
bisexualidad y la transexualidad, sigue creciendo, manteniéndose la oposición de
los grupos a favor de la familia, cuyas creencias morales son redefinidas como
“odio” o “fobia”.
Este esfuerzo propagandístico está siendo encabezado por
la “Red de Educación Gay, Lesbiana y Heterosexual” (GLSEN por sus iniciales en
inglés) y “Padres, Familias y Amigos de Gays y Lesbianas” (PELAG), a las que se
han unido numerosas organizaciones y sindicatos profesionales, a favor de
programas de afirmación homosexual en las aulas (incluidas la Asociación
Nacional de Educación, la Federación Americana de Profesores, la Asociación
Psicológica Americana, la Asociación Nacional de Trabajadores Sociales, la
Asociación Nacional de Consejos Escolares, la Asociación Médica Americana, la
Academia Americana de Pediatras y la Asociación de Bibliotecas Americanas,
aunque muchos de sus miembros se opongan a esta tendencia).
En ciudades de
todo el país, el descubrimiento de actividades prohomosexuales en las escuelas
ha levantado protestas de padres que consideran que los planes escolares
políticamente correctos que se imparten a sus hijos socavan los valores que
están enseñándoles en sus hogares. Y se sienten intimidados cuando las
autoridades escolares les oponen una visión “profesional y académica” contraria.
Pero los padres de alumnos desconocen la terminología sofisticada y las
estrategias de los activistas homosexuales: la frase “escuelas seguras” se
atribuye a las que garantizan protección a estudiantes por razón de su
“orientación e identidad sexual”, y lo justifican declarando que frecuentemente
se ejercen malos tratos contra los estudiantes bisexuales, homosexuales,
lesbianas y transexuales, que necesitan una especial protección. Pero los grupos
profamilia añaden que basta con proteger a todos los alumnos, sin necesidad de
crear categorías especiales basadas en sus comportamientos u orientaciones
sexuales. En palabras de la fundadora de una ONG de Ohio, “cuando una escuela de
distrito o estatal crea una política especial a favor de la homosexualidad en su
código, se convierte en un caballo de Troya que será utilizado para cambiar las
actitudes de los niños en este tema”.
La primera vez que se acuñó el término
“escuela segura” fue cuando los activistas del GLSEN promovieron en 1994 una ley
en Massachusetts prohibiendo en las escuelas la discriminación “por razón de
orientación sexual”, y declarando que los estudiantes gays se hallaban en gran
riesgo de suicidio. En un discurso posterior, el director ejecutivo de este
grupo declaró la utilidad de la “fórmula victimista” de historias dramáticas
para generar apoyos y evitar rechazo a sus pretensiones.
Pero los programas
escolares más controvertidos son los que, desde el jardín de infancia, dicen
combatir la “homofobia”, la “transfobia” y el “heterosexismo” que dominan la
sociedad actual, así como los “valores anticuados” que prevalecen en muchos
hogares y enseñan el “prejuicio antigay” desde edades tempranas.
Grupos de
padres se quejan de que los educadores prohomosexuales abusan de su autoridad en
la clase para introducir unos temas relacionados con la sexualidad que las
jóvenes mentes no están preparadas para asimilar, socavando así el derecho
paterno a guiar el desarrollo de sus hijos. A menudo se incita a los niños a
transgredir las “normas de género” y a cuestionarse su “identidad de
género”.
GLSEN ya está vendiendo un programa curricular desde la escuela
maternal hasta el tercer curso, titulado “Previniendo prejuicios: Guía Lesbiana/
Gay/ Bisexual/ Transexual de Lecciones para Escuelas de Educación Elemental”.
Por su parte, los grupos profamilia han empezado una campaña de ayuda a
estudiantes para “no optar” por las sesiones de tolerancia homosexual o
actividades similares en sus escuelas.
Fuente: The World and I,
EEUU
-
-
-
DEFENSA DE LA
VIDA