28 de
diciembre de 2001. Día de los Santos
Inocentes
Sr. Director del Diario El
Observador.
Dr. Ricardo Peirano
Presente.-
En los últimos días, en diferentes medios de prensa, se ha difundido la
intencionalidad de legislar en torno al aborto, con la finalidad de disminuir la
mortalidad de las madres, que sufren complicaciones, en relación con la práctica
clandestina del aborto.
A
propósito de este tema, se han difundido cifras con porcentajes de mortalidad,
que según esas estadísticas
sufrirían las madres que abortan. Con apoyo en esas cifras, se pretenden
justificar diversos medios, para realizar un aborto con menores riesgos ...,
para la madre.
Cuando expresamente decimos, “con menores riesgos ..., para la madre”, es porque estamos
pensando, que con dichas políticas, no disminuye en nada, el 100% de riesgo de
muerte ..., para el hijo. ¿Nadie se acuerda del hijo? ¿Nadie intenta protegerlo?
¿Acaso no cuenta, porque es tan débil, que no puede defenderse, ni expresarse?
¿No es ése, un buen precedente, para imponer en la sociedad, la ley del más
fuerte, asesinando con impunidad al
inocente, en la oscuridad y silencio, del útero materno? ¿No es esta, una
impunidad desgraciada, un mal precedente, para nuestra sociedad?
Obviamente que nos hemos de ocupar, de las madres que quieren abortar. Es
evidente, que necesitan ayuda, y apoyo, y sostén. Pero el apoyo que se les ha de
dar, ¿ es para que lleven a cabo, lo que la ley considera un delito penal? ¿Dejó
el homicidio, de ser un delito?
¿Acaso cuando se legisló y se penó el aborto, fue para aumentar la
mortalidad materna, y no para preservar la vida inocente? Con el mismo criterio,
con el que pretendemos hoy despenalizar el aborto, (porque ocurren muertes, en
las madres que lo cometen), deberíamos despenalizar el asalto a mano armada de
los bancos, porque los que llevan a cabo dicha acción, a veces salen malheridos,
y otras fallecen, al ser
reprimidos. Parece mentira que pueda concebirse, (¡por parte de legisladores!),
que el delito deje de serlo, solamente porque se despenalice. ¿No deberíamos
también, despenalizar el saqueo de los supermercados, porque hay desempleo y
recesión económica?
Nos llama la atención que universitarios, formados
en el respeto por la persona humana, a la hora de aplicar dicha formación, en el
campo médico, en el campo jurídico, en el campo legislativo, desconozcan el
derecho a vivir, que tienen las personas más débiles, y las más indefensas, las
más inocentes ..., como son las personas no nacidas.
Si la salud (como muy bien lo define la OMS, y lo enseñamos los médicos),
no es sólo la ausencia de enfermedad, deberíamos reflexionar que el llamado
“síndrome post aborto”, es algo más que una simple depresión, tratable con
antidepresivos, y unas vacaciones junto al mar. En nuestra sociedad, y en
cualquier otra, el “síndrome post aborto”, es el que lleva a una patología
psiquiátrica, de una violencia antihumana, desenfrenada, en todos los órdenes.
Si una mujer está dispuesta a matar a su propio hijo, ¿qué otra acción
más violenta, no estará dispuesta a hacer?
¿No será acaso más fácil matar, en la competencia por diversos bienes, si
estamos dispuestos a matar, a nuestros propios hijos? ¿Qué se podrá legislar con
justicia, luego de que se habilite la muerte de los niños, en el vientre de sus
madres? ¿Qué vida podremos sostener los médicos, luego de ser cómplices, en
asesinar la vida más joven, con más esperanzas, y la más necesitada de apoyo y
sostén?
Quiero pedir disculpas, en caso de que mis palabras resulten fuertes,
para la sensibilidad de quienes, por no conocer el tema lo suficiente, no se
encuentren preparados, para enfrentar lo que hoy nos presentan legisladores,
médicos y juristas.
No me disculpo en cambio, ante quienes por su falta de sensibilidad, son
tan incapaces de recibir palabras, como de oír los lamentos de los inocentes.
Tampoco me disculpo, ante los hipócritas, cuya ignorancia respecto a la vida que
condenan, es sólo aparente, y son culpables, de un desconocimiento voluntario; y
sus argumentos, son sólo una farsa, puros pretextos, para sus propósitos de
homicidio. ¿Nunca pensaron acaso, que “en defensa de la vida humana”, están
condenando a muerte, al 100% de los niños inocentes, en el vientre de sus
madres? En homenaje a ellos, y precisamente en este día, de los Santos
Inocentes, cuando tanto abunda entre nosotros, la insensibilidad e impunidad de
los Herodes, me dirijo a Ud., con el fin de hacer públicas, estas
expresiones.
Dr. Eduardo Casanova
1.039.691-4
28 de diciembre de
2001
Sr. Director:
Me sorprende ver cómo en este
bendito país, hay médicos que proponen "iniciativas médicas contra el aborto
inseguro", "para disminuir la cantidad de muertes por intervenciones realizadas
en condiciones precarias". Me pregunto por qué nadie propone iniciativas
médicas contra el aborto y punto. O mejor, a favor de la vida. ¿Acaso no les
preocupa disminuir las muertes de los hijos de las mujeres que
abortan? Es por demás curioso que un grupo de médicos esté más preocupado
por 8 madres que mueren por complicaciones al momento de
abortar, que por 16.000 niños abortados por sus madres. Es sin duda
muy triste que 8 mujeres hayan muerto cuando intentaban abortar. Pero para ser
coherentes, debemos ponernos tristes también por los 8 hijos de las 8
mujeres muertas; y también por los restantes 15.992 niños abortados.
¿Acaso a los médicos no les importan estas 16.000 vidas humanas? ¿Qué es lo
que se debe combatir, el aborto inseguro o el aborto a secas? De acuerdo con la
ley -y con la justicia, que no es lo mismo-, lo que se debe combatir es el
aborto.
Cuando hay un cáncer, los
médicos intentan extirparlo de raíz por todos los medios a su alcance. Ahí no
proponen utilizar calmantes para paliar los dolores de un "tumor inseguro".
Pues con el aborto es igual. ¿Por qué tienen que partir los médicos de
que el aborto es una realidad que no se puede cambiar? Con este criterio,
nadie investigaría para erradicar el cáncer o el SIDA: serían realidades que se
deben aceptar. Pero no, los médicos investigan para erradicar enfermedades; pues
el aborto es una enfermedad social, que se puede erradicar si se ponen a
disposición los recursos necesarios para apoyar a las mujeres a decidir por la
vida de sus hijos. Ser madre es algo muy bueno; nos preguntamos por
qué los medios, tan partidarios de
las encuestas, no preguntan a las madres si se arrepienten de
haber tenido a sus hijos; y a las mujeres que abortaron, si se arrepienten de
haber abortado. Antes de la encuesta -habrá que ver quien tiene el coraje de
ponerle el cascabel al gato-, podemos asegurar que casi ninguna madre se
arrepiente de haber dado a luz a su hijo, mientras que la inmensa
mayoría de las madres se arrepiente después de abortar ¿Por qué entonces, no
proponen los médicos la creación de un fondo para favorecer la natalidad y para
apoyar a las madres al menos durante el primer año de vida de sus hijos? ¿No es
acaso una propuesta más sensata? El acto médico lo cobran igual, con la
ventaja de que los hijos de esas mujeres, también generarán actos médicos para
cobrar en el futuro.
Es realmente curioso que
una ginecobstetra, miembro de una Comisión de Bioética, pretenda "ofrecer
recursos de salud a mujeres en riesgo" y no se preocupe por el riesgo que corren
los hijos de estas mujeres de ser abortados, aún cuando acepte que el
aborto es antiético. Esta misma médica, la Dra. Cerruti, afirma que los
ginecólogos del Pereira Rossell "proponen y muestran a la sociedad una situación
que de ninguna forma puede ser ocultable." Coincido en que la situación "no
puede ser ocultable", pero estoy convencido de que esa realidad, como
todas, puede ser transformable si todos ponemos
el hombro y ayudamos a reducir el número de abortos facilitando los
nacimientos. ¿Por qué combatir los síntomas cuando lo necesario es combatir
las causas? La crisis que atraviesa nuestro país tampoco es ocultable,
y nadie se resigna a permanecer en ella.
En cuanto a las opiniones de los
políticos sobre el tema, creo que el más acertado es el Senador Millor. Es
antiético que el Estado asesore a una madre para llevar a
cabo un acto que está justamente penado por la ley. No se puede separar en
este sentido, la asistencia a la madre del acto que ella va a llevar a cabo -el
aborto-: asistencia para abortar, es asistencia para delinquir. La
"independencia" que plantea el Senador Gallinal está fuera de toda lógica,
aunque como blanco me pese decirlo.
Para terminar, lo mejor -y no
estamos hablando de un imposible- sería que los médicos asesoraran a
las futuras madres para tener a sus hijos. Y que les
brindaran apoyo físico, psicológico y material si es necesario, con
fondos aportados por toda la sociedad. Pero no para que aborten.
Me parecería aún mejor, que
algún político tomara el toro por las guampas y propusiera la creación de un
Fondo Nacional de Fomento de la Natalidad. Puede ser un buen proyecto para que
lleve adelante la Comisión de Equidad y Género del Parlamento, ya que implica
mejorar las condiciones en que las mujeres carenciadas dan a luz y crían a sus
hijos. Porque en materia de natalidad sí que
estamos atrasados con respecto a los países europeos, donde hasta los más
"liberales" se han dado cuenta de que las nuevas generaciones son las
que trabajarán para sustentar la seguridad social en el futuro, las
que agrandarán el mercado interno, las que demandarán no sólo trabajo, casa
y alimento, sino todo tipo de productos. Para muestra basta un
botón. El editorial del diario "El País" de Madrid -que no se caracteriza
por ser "católico"-, afirmaba el 1º de marzo de 2001 lo
siguiente:
“España, con una ínfima tasa de fecundidad, necesita más
niños. Fomentar la natalidad debe convertirse en tarea prioritaria y urgente de
los poderes públicos”. “Se trata de modernizar con políticas sociales activas un sistema
que es una carrera de obstáculos para conciliar la maternidad (un bien social) y
el trabajo”. Por Uruguay, ¿cómo
andamos?
Apelamos a la cordura de médicos y políticos. Asesorar a las
mujeres para que aborten en lugar de brindarles el apoyo necesario para que
tengan a sus hijos en condiciones adecuadas, es un suicidio
social.