PREPARANDO RIO+10
Juan Claudio Sanahuja
Cada año tiene para la ONU una meta, un objetivo. En el año 2001
la finalidad declarada fue la de destruir la familia sustrayendo a los niños de
la autoridad de sus padres, en nuestras páginas hemos seguido este proceso
global que aún no ha terminado. El objetivo de la ONU, y la constelación de
ONG’s que con ella trabajan, era consolidar su propósito en la Cumbre de la
Infancia programada para septiembre pasado. La reunión fue suspendida por los
criminales atentados terroristas de New York. La Cumbre sobre la Infancia, para
conmemorar los 10 años de la segunda versión de la Convención de Derechos del
Niño, se realizará en mayo de este año. (Vid. Noticias Globales
459).
Sin embargo, este año ya tenía fijado el objetivo. Centrado en la
Cumbre llamada de Río+10, (Sud África del 26-08-2002 al 4-09-2002, las fechas
anteriores eran del 2 al 11 de septiembre), la meta es terminar de tejar los
últimos acuerdos en orden a afianzar no sólo las políticas de control de
población sino también un nuevo orden social para el mundo
entero.
En efecto, en la Cumbre Mundial sobre Desarrollo Sustentable
(siglas en inglés WSSD), -ese es su nombre oficial-, el proyecto de dominio
mundial de los países del norte ha centrado gran parte de sus esperanzas para
imponer a todas las naciones, con categoría de dogma, una tríada indisoluble: 1)
nuevos derechos humanos (entre ellos los llamados “reproductivos”,
-anticoncepción y aborto-); 2) desarrollo sustentable (perspectiva de género,
sociedades sustentables, salud sustentable, educación sustentable, etc); 3)
conservación del medioambiente para las generaciones futuras, (es decir,
reservar parte del mundo para que lo exploten los países
ricos).
Dándole unidad a estos tres aspectos aparece ya un nuevo culto
religioso o casi religioso, llámese Carta de la Tierra o con cualquier otro
nombre.
Aunque en borradores posteriores de la Carta se ha tratado de
moderar sus afirmaciones, reiteramos lo que hace un tiempo publicamos en estas
páginas, porque entendemos que conserva toda su
validez:
La Carta de la Tierra es un documento pensado en el seno del
Consejo de la Tierra que preside Maurice Strong, ex-subsecretario general de la
ONU, conocido impulsor de políticas compulsivas de control de natalidad. Del
mismo consejo forma parte el ex premier soviético, que ahora vive en Suiza,
Mikhail Gorbachov, fundador de la organización Cruz Verde Internacional. También
intervinieron, entre otros, en su redacción el ex-Director General de la UNESCO,
Federico Mayor Zaragoza, Mercedes Sosa, y los difuntos Paulo Freire y Bella
Abzug, entonces presidenta de WEDO, la Organización para el Desarrollo de las
Mujeres y el Medio Ambiente, una de las poderosas ONG's con status consultivo en
las Naciones Unidas, que busca, entre otras cosas, el reconocimiento del aborto
como derecho humano y la equiparación de las parejas homosexuales a las
heterosexuales.
La Carta de la Tierra fue presentada y aceptada por el Secretario
General de las Naciones Unidas e incluida entre los documentos a aprobar por los
Jefes de Estado en la Cumbre de la Tierra+5 (Río+5, Asamblea General de las
Naciones Unidas, 23 al 27 de junio de 1997). Pero a pesar de que la falta de
tacto de los funcionarios del Consejo para el Desarrollo Social, hizo que la
oposición del bloque de países llamado Grupo de los 77 hiciera fracasar la
iniciativa, la Carta de la Tierra no fue enterrada en junio de 1997 en Nueva
York, sino que sigue en pie y goza de buena
salud.
La Carta de la Tierra, como indica Gorbachov, es "el manifiesto de
una nueva ética para el nuevo mundo", un verdadero "Decálogo de la Nueva Era",
base para un código de conducta universal que deberá regir al mundo desde el año
2000. "Estos nuevos conceptos -dijo el ex premier soviético y antes jefe de la
KGB-, se deberán aplicar a todo el sistema de ideas, a la moral y a la ética y
constituirán un nuevo modo de vida. El mecanismo que usaremos, será el reemplazo
de los Diez Mandamientos, por los principios contenidos en esta Carta o
Constitución de la Tierra".
La Carta de la Tierra es un manifiesto materialista y pagano, es
más, panteísta, que entre otras cosas intenta controlar férreamente la población
mundial. Una de las explicaciones que le encuentran los expertos a este
documento, es la de disfrazar de elevadas intenciones, -por el bien de la
humanidad-, el proyecto de convertir grandes extensiones del planeta en el
almacén de materias primas que asegure el sostenimiento de los hábitos opulentos
de consumo de unos pocos privilegiados.
Si no es así, ¿por qué habla, con el acostumbrado lenguaje
antinatalista de la ONU, de modos de "reproducción que respeten los derechos
humanos y las capacidades regenerativas de la tierra"?. ¿Se impondrán cuotas de
población a ciertas zonas del planeta, para preservar los recursos
naturales?.
¿Por qué la insistencia de la Carta en conceptos que la ONU
utiliza para disfrazar sus políticas de control de natalidad y sus proyectos de
reingeniería social, como la equidad de género y la salud reproductiva y sexual
de las niñas y las mujeres, como pre-requisitos para desarrollo
sustentable?.
"La tierra, cada forma de vida y todos los seres vivientes poseen
un valor intrínseco. Se debe garantizar el respeto y su cuidado", dice la Carta
en su primer punto. Pero, ¿se desprende de esto que sólo el hombre tiene
derechos absolutos, que le han sido dados por el Creador?, o por el contrario,
¿las piedras, las plantas y los animales, tendrían los mismos "derechos" que el
hombre?. Como lo declararon en Río de Janeiro en 1997, los redactores de la
Carta están dispuestos a convertirla en "la única agenda para el gobierno
mundial", es decir, es un propósito declarado, que la Carta es un proyecto
totalitario, de imposición de una determinada ideología, que en su materialismo,
en su ateísmo, y en su afán de control, coincide con el
marxismo.
Desde hace tiempo la opinión pública está siendo sometida a un
lavado de cerebro que trata de sustituir el concepto de respeto debido a la
naturaleza, de raíz eminentemente cristiana, con los esquemas ecologistas de la
nueva ideología del humanismo inmanentista.
Esta ideología no se priva de cultivar diversas formas de
materialismo pseudo religioso, que asimiló algunas manifestaciones de misticismo
oriental, a veces esotérico, y con eso procura descristianizar la sociedad e
implantar un nuevo modo de interpretar toda la realidad. En los documentos
internacionales se llama claramente a este empeño, proceso de reingeniería
social.
El nuevo humanismo pretende salvar de un supuesto exterminio, por
ejemplo, a las focas, ballenas, gorilas, manatíes, chitas, elefantes, diversas
especies de mariposas, osos y cabras montesas, por otro, no sólo se justifica,
sino que se tiene como una obligación "natural" procurar y provocar un verdadero
y propio holocausto con leyes que autorizan el abominable crimen del aborto. Y
esto en nombre de la paz y la armonía. ¿No es la matanza de millones de
inocentes, el mayor atentado contra la paz? .
La nueva ideología se preocupa de las víctimas de la violencia,
-refugiados, prófugos, excluidos y migrantes-, sometiendo a sus mujeres
compulsivamente al aborto y a la esterilización, para que no sumen más de la
cuenta y pongan en jaque “la gobernabilidad
global”.
Por su ecologismo, la nueva ideología está impedida para
distinguir entre el ser humano y la bestia. No es infrecuente, por ejemplo, que
en documentales de televisión sobre la vida silvestre, producidos por National
Geographic, Audubon Society, la BBC, etc., se llame al chimpancé "nuestro
hermano" o "nuestro primo" y, en general, no sólo se culpe al hombre de algunos
desmanes que son ciertos, sino que se lo presente por definición como "el
enemigo" de la naturaleza -el máximo depredador-, sin reconocer su dignidad
trascendente y poniéndolo en pie de absoluta igualdad con los otros seres vivos,
distinto de ellos sólo por pequeños porcentajes de
ADN.
La nueva ideología rompe lanzas por mantener la naturaleza
intacta, bosques, mares y montañas, pero desconoce las naturales diferencias
entre hombre y mujer, tratando de imponer unos nuevos derechos, contrarios a la
naturaleza misma, basados en la teoría del género y la libre opción
sexual.
La nueva ideología predica incansablemente que el ser humano tiene
como fin elevar propia calidad de vida, aún a costa de la vida de los no
nacidos, los enfermos y los viejos. Busca una utópica felicidad intramundana,
que el hombre sólo con sus fuerzas nunca podrá alcanzar. Así, reedita las
teorías sobre el progreso sin fin de la
humanidad.
A la vez, como quien conserva en un zoológico a un orangután
albino, intenta preservar lo que llama culturas autóctonas, condenando -previa
esterilización, para que no sumen más de la cuenta-, a otros seres humanos a la
ignorancia y al subdesarrollo, porque la educación y la transmisión de
conocimientos ha de ser sustentable, es decir,
limitada.
El nuevo humanismo predica también el "respeto a la diferencia"
buscando el reconocimiento de ciertos derechos para los homosexuales, provocando
el disgusto de los indígenas, que se ven incluidos en la misma bolsa con esos
“diferentes”.
Pero el nuevo humanismo le niega "el respeto a la diferencia" a
otros seres humanos que, por ejemplo, desean ser buenos cristianos, viviendo su
fe en todo lugar y no sólo encerrados en su casa o en la iglesia; también se lo
niega a una pareja -hombre y mujer; cristianos o no- que quiera tener una
numerosa prole; también se lo niega a esos u otros padres que, ejercitando sus
derechos inalienables, quieren transmitir a sus hijos una fe trascendente; y,
por supuesto, el nuevo humanismo no ejercita el "respeto por la diferencia" con
respecto a los médicos que por motivos éticos, no quieren ser cómplices del
crimen abominable del aborto.
Toda diferencia que no entre dentro de las diferencias estipuladas
por la nueva "nomenklatura" nacional o internacional es calificada por los
voceros del nuevo orden, de antidemocrática, violenta, totalitaria y
fundamentalista.
En la presentación de la Carta de la Tierra sus redactores
afirmaron haber consultado a más de 300 líderes religiosos. Así, la Carta de la
Tierra pretende vestir de una cierta espiritualidad al nuevo orden
mundial.
Un proyecto similar en ideología e intenciones lo encontramos en
el proyecto de Nueva Ética Global, que Hans Kung presentó hace pocos años en el
Foro Económico de Davos, auspiciado por el World Wildlife Found (WWF, Fondo para
la Vida Silvestre, del príncipe Felipe de Edimburgo). El ex teólogo católico
dijo allí que no se puede construir el nuevo orden mundial sin su nueva ética
planetaria. En la misma línea, Gorbachov se compromete a imponer la Carta de la
Tierra en lugar de los Diez Mandamientos, porque es necesaria “una nueva ética
para la nueva era”.
Algunos han intentado unir estos dos proyectos y así constituir un
“único paradigma mundial para la paz y la gobernabilidad global”. Entre otras
cosas, cabe preguntarse, ¿puede haber diálogo con este nuevo humanismo?, ¿se le
puede conceder alguna buena intención a este totalitarismo?, ¿no debemos ir
pensando más en cómo resistir que en cómo dialogar con este nuevo orden?.
Como lo
declararon en Río de Janeiro en 1997, los redactores de la Carta están
dispuestos a convertirla en "la única agenda para el gobierno mundial", es
decir, es un propósito declarado, que la Carta es un proyecto totalitario, de
imposición de una determinada ideología, que en su materialismo, en su ateísmo,
y en su afán de control, coincide con el marxismo.
Desde hace tiempo la
opinión pública está siendo sometida a un lavado de cerebro que trata de
sustituir el concepto de respeto debido a la naturaleza, de raíz eminentemente
cristiana, con los esquemas ecologistas de la nueva ideología del humanismo
inmanentista.
Esta ideología no se priva de cultivar diversas formas de
materialismo pseudo religioso, que asimiló algunas manifestaciones de misticismo
oriental, a veces esotérico, y con eso procura descristianizar la sociedad e
implantar un nuevo modo de interpretar toda la realidad. En los documentos
internacionales se llama claramente a este empeño, proceso de reingeniería
social.
El nuevo humanismo pretende salvar de un supuesto exterminio, por
ejemplo, a las focas, ballenas, gorilas, manatíes, chitas, elefantes, diversas
especies de mariposas, osos y cabras montesas, por otro, no sólo se justifica,
sino que se tiene como una obligación "natural" procurar y provocar un verdadero
y propio holocausto con leyes que autorizan el abominable crimen del aborto. Y
esto en nombre de la paz y la armonía. ¿No es la matanza de millones de
inocentes, el mayor atentado contra la paz? .
La nueva ideología se preocupa
de las víctimas de la violencia, -refugiados, prófugos, excluidos y migrantes-,
sometiendo a sus mujeres compulsivamente al aborto y a la esterilización, para
que no sumen más de la cuenta y pongan en jaque "la gobernabilidad global".
Por su ecologismo, la nueva ideología está impedida para distinguir entre el
ser humano y la bestia. No es infrecuente, por ejemplo, que en documentales de
televisión sobre la vida silvestre, producidos por National Geographic, Audubon
Society, la BBC, etc., se llame al chimpancé "nuestro hermano" o "nuestro primo"
y, en general, no sólo se culpe al hombre de algunos desmanes que son ciertos,
sino que se lo presente por definición como "el enemigo" de la naturaleza -el
máximo depredador-, sin reconocer su dignidad trascendente y poniéndolo en pie
de absoluta igualdad con los otros seres vivos, distinto de ellos sólo por
pequeños porcentajes de ADN.
La nueva ideología rompe lanzas por mantener la
naturaleza intacta, bosques, mares y montañas, pero desconoce las naturales
diferencias entre hombre y mujer, tratando de imponer unos nuevos derechos,
contrarios a la naturaleza misma, basados en la teoría del género y la libre
opción sexual.
La nueva ideología predica incansablemente que el ser humano
tiene como fin elevar su propia calidad de vida, aún a costa de la vida de los
no nacidos, los enfermos y los viejos. Busca una utópica felicidad intramundana,
que el hombre sólo con sus fuerzas nunca podrá alcanzar. Así, reedita las
teorías sobre el progreso sin fin de la humanidad.
A la vez, como quien
conserva en un zoológico a un orangután albino, intenta preservar lo que llama
culturas autóctonas, condenando -previa esterilización, para que no sumen más de
la cuenta-, a otros seres humanos a la ignorancia y al subdesarrollo, porque la
educación y la transmisión de conocimientos ha de ser sustentable, es decir,
limitada.
El nuevo humanismo predica también el "respeto a la diferencia"
buscando el reconocimiento de ciertos derechos para los homosexuales, provocando
el disgusto de los indígenas, que se ven incluidos en la misma bolsa con esos
"diferentes".
Pero el nuevo humanismo le niega "el respeto a la diferencia"
a otros seres humanos que, por ejemplo, desean ser buenos cristianos, viviendo
su fe en todo lugar y no sólo encerrados en su casa o en la iglesia; también se
lo niega a una pareja -hombre y mujer; cristianos o no- que quiera tener una
numerosa prole; también se lo niega a esos u otros padres que, ejercitando sus
derechos inalienables, quieren transmitir a sus hijos una fe trascendente; y,
por supuesto, el nuevo humanismo no ejercita el "respeto por la diferencia" con
respecto a los médicos que por motivos éticos, no quieren ser cómplices del
crimen abominable del aborto.
Toda diferencia que no entre dentro de las
diferencias estipuladas por la nueva "nomenclatura" nacional o internacional es
calificada por los voceros del nuevo orden, de antidemocrática, violenta,
totalitaria y fundamentalista.
En la presentación de la Carta de la Tierra
sus redactores afirmaron haber consultado a más de 300 líderes religiosos. Así,
la Carta de la Tierra pretende vestir de una cierta espiritualidad al nuevo
orden mundial.
Un proyecto similar en ideología e intenciones lo encontramos
en el proyecto de Nueva Ética Global, que Hans Kung presentó hace pocos años en
el Foro Económico de Davos, auspiciado por el World Wildlife Found (WWF, Fondo
para la Vida Silvestre, del príncipe Felipe de Edimburgo). El ex teólogo
católico dijo allí que no se puede construir el nuevo orden mundial sin su nueva
ética planetaria. En la misma línea, Gorbachov se compromete a imponer la Carta
de la Tierra en lugar de los Diez Mandamientos, porque es necesaria "una nueva
ética para la nueva era".
Algunos han intentado unir estos dos proyectos y
así constituir un "único paradigma mundial para la paz y la gobernabilidad
global". Entre otras cosas, cabe preguntarse, ¿puede haber diálogo con este
nuevo humanismo?, ¿se le puede conceder alguna buena intención a este
totalitarismo?, ¿no debemos ir pensando más en cómo resistir que en cómo
dialogar con este nuevo orden?. FIN, 06-01-02
NOTICIAS GLOBALES. Año V. Número 352; 01/02. Informe nº 472; 05 de
Enero 2002; NOTICIAS GLOBALES. Año V. Número 353, 02/02. Informe nº 473; 06 de
Enero 2002
(Enviado por Noticias Globales; Editor: Pbro. Dr.
Juan Claudio Sanahuja; E-mail: jcs@arnet.com.ar; http://www.puertovida.com/noticiasglobales;
Tel/Fax: (54-11)-4813-5320; (54-11)-4811-1678)
CHILE: EL CARDENAL
ERRÁZURIZ PIDE AL SENADO RECHAZAR EL PROTOCOLO DE LA CONVENCIÓN DE LA MUJER.
REACCIÓN DE LA MASONERÍA CONTRA LA IGLESIA
Elena Brañas
Se conoció ayer
un documento que hizo llegar el Cardenal Francisco Javier Errázuriz al Senado de
Chile, pidiendo que éste no ratifique el Protocolo Opcional o Facultativo de la
Convención de Eliminación de la Discriminación contra la
Mujer.
Como hace dos
meses la Masonería hizo conocer un comunicado atacando la misión evangelizadora
de la Iglesia.
Reproducimos a
continuación un artículo de El Mercurio del 09-01-02.
DERECHOS REPRODUCTIVOS: Iglesia pide vetar protocolo ONU sobre la
mujer.
María José Errázuriz
L.
La Iglesia
Católica pidió ayer al Senado que no ratifique un Protocolo Adicional de la
Convención para la Eliminación de toda forma de Discriminación de la Mujer
(Cedaw, en inglés) porque su aplicación podría derivar en que Chile se viera
obligado a legalizar el aborto.
La posición
eclesiástica fue planteada ante la comisión de Relaciones Exteriores de la
Cámara Alta por el presidente de la Conferencia Episcopal de Chile, cardenal
Francisco Javier Errázuriz.
El prelado
sostuvo que la aprobación de este protocolo facultativo, que ya fue ratificado
por la Cámara de Diputados en agosto pasado, podría tener insospechadas
consecuencias para el país.
El texto del
acuerdo aprobado por las Naciones Unidas en 1999, pero hasta ahora sólo
ratificado por 30 países, establece la posibilidad de que personas individuales
puedan recurrir ante el Comité de Expertos del Cedaw (32 personas) si consideran
ser objeto de discriminación. Con ello, según los detractores del protocolo, la
soberanía jurisdiccional sería sobrepasada por un organismo externo que incluso
podría ordenar legalizar el aborto.
La Convención
contra la Discriminación de la Mujer, que Chile aprobó en 1989, es hasta hoy
polémica en su aplicación. El Comité de Expertos que vela por su implementación
expresó hace tres años su preocupación porque en este país existe un "inadecuado
reconocimiento y protección de los derechos reproductivos" de la
mujer.
Esto ha sido
interpretado como una clara recomendación para que el Estado despenalice el
aborto y según el cardenal es "ilustrativo" para comprender cómo piensa el
Comité. En la actualidad, dicha instancia de expertos no puede obligar a un
Estado a actuar en consecuencia a sus recomendaciones, pero la oposición y la
Iglesia advirtieron que con la aplicación del Protocolo Adicional sí podría
ocurrir.
Colonialismo
cultural
Al exponer ante
los senadores, el cardenal Errázuriz aseguró que la Iglesia cree necesario velar
por el término de todo tipo de discriminación de la mujer, pero hizo presente
que esto más que apuntar a cuestiones superficiales, dice relación con
valoraciones erradas que subsisten en la sociedad. Es más, dijo que muchos de
quienes luchan contra la discriminación pecan de reduccionistas porque ignoran
el papel que cumple la mujer en el ámbito de la familia. "Es necesario oponerse
a la falsa concepción según la cual el papel de la maternidad es opresivo de la
mujer", sostuvo.
El cardenal
Errázuriz reconoció que la Convención de 1981 fue un paso de gran trascendencia
en la reivindicación de los derechos de la mujer, pero apuntó que algunos de los
conceptos que contiene "exigen vigilancia". Mencionó la ambigüedad de los
términos "género" y "derechos reproductivos" y la no existencia de parámetros
valóricos que clarifiquen el accionar del Comité de
Expertos.
El cardenal
advirtió los peligros que conlleva aprobar el Protocolo y aseguró que aceptar
presiones externas para que Chile modifique su marco jurídico sería validar un
"verdadero colonialismo cultural". (Hasta aquí el artículo de El Mercurio,
09-01-02).
Ante la
intervención del Cardenal Errázuriz, la Masonería chilena dio un comunicado
diciendo que la Iglesia no tiene derecho a intervenir ni imponer sus
planteamientos, (Vid. El Mercurio, 10-01-02).
Es la segunda vez
en dos meses que la Masonería en Chile ataca a la Iglesia. En noviembre, esa
secta acusó a la Iglesia, junto con el Consejo de Unidades Pastorales
Evangélicas, de tener una postura “fundamentalista” en temas como el divorcio,
la píldora del día después y el aborto, (Vid. entre otros, El Mercurio
24-11-01).
La respuesta de
la Conferencia Episcopal fue inmediata. El vocero Enrique Palet dijo que "la
Iglesia Católica no está imponiendo nada" y que "sólo está cumpliendo su misión"
al orientar, sugerir e invitar a la reflexión sobre estos
temas.
Más duro fue el
obispo de Linares, Mons. Carlos Camus, quien lamentó los ataques recibidos en el
último tiempo por la Iglesia Católica por defender la vida y la familia. Mons.
Camus sostuvo que "es curioso ver cómo los evangélicos están en la misma
posición que la masonería, cuando deberían, tal vez, no coincidir".
FIN-10-01-02.
Fuentes: Propias
y El Mercurio, Santiago de Chile
24-11-01; 09-01-02; 10-01-02.