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Montevideo - Uruguay
Recuerdo la primera vez que oí hablar en
este sentido. Era a un hombre muy de Dios y, por lo mismo, profundísimamente conocedor del
corazón y del amor humanos: el Beato Josemaría Escrivá, Fundador del Opus Dei.
Solía él emplear una expresión cargada de enormes resonancias: «cegar las
fuentes de la vida.» Y así, por ejemplo, dejó escrito, en perfecta consonancia
con cuanto pretendemos expresar: «Cegar las fuentes de la vida es un crimen
contra los dones que Dios ha concedido a la humanidad, y una manifestación de
que es el egoísmo y no el amor lo que inspira la conducta. Entonces todo se
enturbia, porque los cónyuges llegan a contemplarse como cómplices: y se
producen disensiones que, continuando en esa línea, son casi siempre
insanables.» Evidentemente, no se trataba de una voz aislada. Recogía el sentir
común del Magisterio católico de todos los tiempos, particularmente explícito
--por la especial importancia concedida al problema-- en el momento presente.
Atendamos sólo, como botón de muestra, a dos testimonios de excepción: Pablo VI
y Juan Pablo II. Toda la Encíclica Humanae vitae, verdadera Carta Magna del
Magisterio eclesiástico en lo que concierne a nuestro tema, apunta a subrayar el
estrechísimo vinculo que liga el uso ordenado de la sexualidad al crecimiento
del amor entre los esposos. Así lo expresa uno de los textos más citados del
documento de Pablo VI, el que alude a «la inseparable conexión que Dios ha
querido, y que el hombre no debe romper por iniciativa propia, entre los dos
significados del acto conyugal: el significado unitivo y el significado
procreador. Basta considerar que el efecto más propio del amor auténtico es la unión entre quienes
se quieren, por un lado, y, por otro, que el uso de anticonceptivos elimina la
posible procreación de las relaciones conyugales, para ver hasta qué punto el
empleo de contraceptivos, por impedir la auténtica y completa unión personal, se
opone también al desarrollo del amor entre los esposos. Es lo que afirma,
categóricamente, Juan Pablo II, en una frase que no dudo en calificar de
lapidaria: «La contracepción contradice la verdad del amor conyugal» ¿Cabe
expresarlo de forma más neta? La fuerza de los hechos Pero es probable que el ciudadano «adulto»
de nuestros días rechace, por insuficientes, los argumentos de autoridad. El hombre
contemporáneo pide datos, pruebas y, si es posible, estadísticas. ¿Podemos
procurárselos? Pienso que sí. El núcleo de la comprobación «experimental» de
cuanto venimos diciendo nos lo ofrece, en Relato de una madre, Victoria Gillick:
«A lo largo de los últimos años, escribe,en el tiempo en que más y más parejas
han estado usando continuamente la contracepción, el número de divorcios ha
crecido como la espuma.» Más adelante, recuerda las palabras de Pablo VI,
«cuando advertía que el fácil control de los nacimientos fomentaría la
infidelidad matrimonial, el indiferentismo de los hombres y su agresividad
sexual». Y agrega: «nos guste o no, ahí está el hecho de que la 'infidelidad
matrimonial' y 'la conducta irracional' son los dos motivos citados con más
frecuencia en las causas de divorcio en estos años. En 1986, por ejemplo, casi
la mitad de los divorcios fueron concedidos por el primer motivo, con 27.000
maridos adúlteros y 19.000 mujeres adúlteras; mientras que la otra mitad de los
divorcios fueron concedidos a 57.000 esposas a causa del comportamiento
irracional de los maridos.» «¿No es muy posible --prosigue nuestra
autora-- que haya alguna relación directa o indirecta entre la contracepción continua y el
derrumbamiento del matrimonio? Después de todo, se ha observado un aumento
rápido de los conflictos matrimonial es todos aquellos sitios donde se ha
introducido la contracepción a gran escala, aún en los países en los que el
divorcio no está legalizado. En un libro excelente y lleno de detalles,
publicado en 1985 y titulado La píldora amarga, la Doctora Ellen Grant señala
que un estudio de 1974 del Real Colegio de Médicos Generales había encontrado ya
que el divorcio era dos veces más frecuente entre las usuarias de la
píldora.» Victoria Gillick reconoce que el
espectacular aumento de divorcios en las últimas décadas --prueba fehaciente de la actual infelicidad
de tantos cónyuges-- responde también a causas distintas de la contracepción:
una legislación más permisiva respecto a la disolución del vínculo, el
descrédito de la institución matrimonial o, incluso, la misma mentalidad
consumista, que tiende a desechar «lo usado».Todo ello es evidente. Pero en
absoluto disminuye la fuerza de las correlaciones comprobadas que antes
anunciábamos, y que podrían resumirse así: a mayor uso de medios
anticonceptivos, automático incremento de conflictos, infidelidades, violencia y
separaciones. Esos son --repito-- hechos, verificables y compulsados. Esto es lo
que ha ocurrido, en Occidente, con la difusión de las prácticas anticonceptivas.
¿Tenía necesariamente que suceder? Odio a la vida La gravedad de las costumbres
contraceptivas, su inevitable incidencia sobre el amor y la felicidad conyugales, comienzan a ponerse
de manifiesto cuando se advierte lo que esas prácticas llevan consigo de odio o
--si se prefiere, pues viene a ser lo mismo- de rechazo de la vida.
Amor y odio, por tanto. Recogiendo ideas
que se remontan al menos hasta Aristóteles, Josef Pieper ha caracterizado al amor,
en su naturaleza más íntima,como re-creación, como aprobación o confirmación del
ser de lo amado. En efecto, el sentir de la persona realmente enamorada podría
resumirse en expresiones como las que siguen: «es maravilloso que existas»; ((yo
quiero, con todas las fuerzas de mi alma, que tú existas»; «!Qué alegría que
hayas sido creado!». Amar es, por consiguiente, corroborar en el
ser, en la existencia; desear, de la manera más radical y eficaz posible, la
vida. Por eso la apertura a los hijos constituye la máxima manifestación de amor conyugal.
¿Y la contracepción? En su misma esencia, la contracepción es odio, repudio
cardinal, oposición al vivir. Quienes recurren a los métodos anticonceptivos lo
hacen, justamente, para evitar que una nueva persona --el hijo «no deseado»--
venga a la existencia. Es cierto, como veremos, que el ejercicio anticonceptivo
mancilla gravemente la índole sagrada de las relaciones sexuales de los
cónyuges. Pero no lo es menos que la ilicitud de la anticoncepción deriva
también --y quizá prioritariamente- de su intrínseca oposición a la vida. Desde
este punto de vista, la tradición católica, al menos desde el siglo XIII, ha
establecido una estricta semejanza entre la contracepción, en cualquiera de sus
modos, y el homicidio, la eliminación intencionada de un inocente.
Esta similitud se transforma en rigurosa
identidad en el cúmulo de procedimientos anticonceptivos que se configuran, realmente, como
aborto. En ellos, la voluntad anti-vida propia de toda contracepción se
convierte en supresión cabal de una persona ya existente: su gravedad objetiva,
por tanto, con independencia de las intenciones y de la imputabilidad real a
quienes lo practican, es exactamente la misma que la del homicidio voluntario y
premeditado. ¿Y en el caso de los medios anticonceptivos que «previenen» y
evitan el surgimiento de un nuevo ser? Distingamos. También ahora, el repudio de la vida que
configura intrínsecamente la contracepción resulta equiparable al de la
aniquilación de un individuo adulto; lo que pretenden quienes actúan
contraceptivamente es que no exista esa persona a laque podrían dar origen
determinadas relaciones íntimas; y, desde este punto de vista, la contracepción
«preventiva» sigue siendo comparable al homicidio voluntario. Pero, en efecto,
el recurso a los contraceptivos de este tipo no suprime una vida ya existente,
sino que impide la instauración de una nueva; resulta obvio que, desde esta
perspectiva, la situación del homicida es diferente a la de quienes practican la
contracepción; pero también está claro que esa diversidad no basta para eliminar
la gravísima ilicitud de los métodos anticonceptivos; y, sobre todo, que no es
suficiente para desproveerlos de su funesta incidencia sobre el amor entre los
cónyuges, que es el aspecto que ahora nos ocupa. Confío en que al lector le quedará la
suficiente dosis de perspicacia y de sentido común para advertir que la expresión «hombre
bueno» es la manera más directa, profunda y eficaz de denominar lo que, con
términos menos sencillos y realistas, calificamos como persona cabal o cumplida,
persona «autorrealizada», persona perfecta. Con lo cual, y si atendemos a las dos
«leyes» de la felicidad antes esbozadas, fácilmente advertiríamos que la respuesta a quienes
--como la persona de nuestra anécdota-- hacen cábalas y cálculos sobre la manera
más eficaz de asegurarse la propia dicha, consistiría en cambiarles radicalmente
la perspectiva, de acuerdo con las siguientes palabras: “Esencial y radicalmente
no he de querer ser feliz, sino bueno. Y es así como además (subrayo el además)
seré feliz.» Invertir las relaciones, en un intento desaforado de asegurar el
propio bienestar, sería «pasarse de listo» y abocarse ineludiblemente a la más
cruel de las desventuras. Porque la felicidad, insisto por última vez, es
siempre la consecuencia - ¡no buscada!- de la propia perfección, de la propia
bondad. Y para ser buenos, añado ahora por si no hubiera quedado claro con lo
dicho, hay que olvidarse por completo de uno mismo --incluso de la propia
perfección!-- y querer procurar el bien de los demás. Para ser buenos,
perfectos, hay que aprender a amar. Únicamente entonces, cuando la desestimemos
plenamente, nos sobrevendrá, como un regalo, como un don inesperado, la
felicidad. El amor, sólo el amor, engendra la dicha. La felicidad conyugal, Animo a
quienes me hayan seguido hasta aquí a que den el paso definitivo. Consiste éste en acoger la verdad de la
ecuación que ahora propongo, y que representa la clave de todo nuestro escrito:
«El amor es a la felicidad lo que el amor conyugal es a la felicidad conyugal:
así como el amor hondo, genuino, es condición ineludible -!Y suficiente!-- para
engendrar la dicha en cualquiera de las circunstancias en que transcurre la
existencia humana, un verdadero y profundo afecto entre los esposos es la causa
radical --y suficiente, insisto- para generar la felicidad en ese ámbito tan
trascendental de la vida que constituye el matrimonio.» Si aceptamos estas
afirmaciones --y cuanto hemos visto hasta ahora nos empuja a admitirlo--, el
resto de nuestro trabajo resultará claro: se tratará, exclusivamente, de mostrar
que el uso de contraceptivos se opone a la radicación y al desarrollo de un
auténtico amor entre los cónyuges y que, en consecuencia, turba -o incluso
elimina-- su felicidad. Supuesto que se aprueba la ecuación que
liga el amor conyugal a la consecución de la dicha en el matrimonio, centremos toda nuestra
atención en el punto clave: ¿por qué las acciones anticonceptivas lesionan
necesariamente el afecto que media entre marido y mujer?
1) OPINIONES
Jean-François
Mattéi - Presidente del grupo Democracia Liberal en la Asamblea Nacional;
diputado y genetista; ponente en leyes de bioética. Le Monde
(13-IV-2001)
Según Mattéi,
la eutanasia constituye «una respuesta equivocada a cuestiones reales, a menudo
angustiosas, en el momento en que la vida bascula», y «es la insuficiencia de la
atención actual [a los moribundos] lo que induce a la desesperanza y crea el
caldo de cultivo de la eutanasia». Por tanto, invita a «promover las respuestas
más humanitarias que son tratar el dolor y asegurar el acompañamiento de los
moribundos con los medios humanos y financieros
adecuados».
Bernard Debré -
Ex ministro; ex miembro del Comité Nacional de Ética
Afirma Debré
que "los partidarios de la eutanasia emplean argumentos emotivos. La presentan
como solución al sufrimiento de los enfermos gravemente
deteriorados." Reconoce que las respuestas a las cuestiones que plantea el
sufrimiento de esas personas son difíciles. “Pero dar la muerte no es
la buena respuesta”. Si el problema es el dolor, proseguía Debré, la medicina
cuenta hoy con medios para controlarlo.
Gilbert
Desfosses - Presidente de la Sociedad Francesa de Acompañamiento y Cuidados
Paliativos
Desfosses advierte que “si se abriera esta brecha, no dejaría de ampliarse y haría insostenible el compromiso de profesionales y voluntarios, que se funda en el pacto de que en los cuidados está prohibido matar”.
Étienne Montero -
Facultad de Derecho de Namur (Bélgica)
Artículo publicado en La Ley (marzo 1999), publicado en Cuadernos
de Bioética,
n. 44 (Santiago de Compostela, enero-abril
2001).
Este docente
examina críticamente la tesis de la autonomía del
paciente, tal como suele ser invocada en apoyo de la legalización de la
eutanasia a petición del enfermo. Ese argumento, señala el autor, peca de
simplista y está muy alejado de la vivencia real de los enfermos
terminales. Dar por
sentado que pedir la eutanasia es la afirmación lúcida de una voluntad libre y
autónoma supone no comprender la situación de angustia y sufrimiento que a
menudo afecta a los pacientes, ni la consiguiente ambivalencia de sus deseos.
Jörg-Dietrich Hoppe - Presidente de la
principal asociación de médicos alemanes
Hoppe indica que «todos tienen
derecho a morir con dignidad, pero nadie tiene derecho a que le maten. Los
riesgos de abuso son demasiado grandes».
Dr. Stephan
Sahm - Oncólogo de Wiesbaden -
Frankfurter Allgemeine Zeitung
Según el
Dr. Sahm, en Holanda, muchos casos de eutanasia se producen «sin petición
explícita del paciente». «El proceso –escribe– ha adquirido su propia dinámica y
lógica, que no tiene nada de compasiva. Cuando seguir con vida es sólo una de
las dos opciones legales, todo el que es una carga para otros por seguir con
vida se considera responsable.
Richard Miniter
- Wall Street Journal Europe (23-IV-2001)
Recuerda
Miniter que «el
camino hacia la cultura de la muerte comenzó cuando los médicos aprendieron a
pensar como contables. A medida que crecía el coste de la medicina socializada,
se concienció a los médicos sobre el aumento de los costes sanitarios. En muchos
hospitales se pusieron carteles que indicaban cuánto costaba a los
contribuyentes la atención médica de los ancianos». «Con el paso del tiempo, la
eutanasia ha llegado a verse como algo normal. Cuando hablé por teléfono con la
portavoz del Centro Académico de Medicina de Amsterdam, me dijo que era
partidaria de la eutanasia involuntaria de los recién nacidos con minusvalías:
“Ocurre en todos los hospitales del mundo, sólo que nosotros somos más francos y
lo reconocemos”». «Toda barrera legal y profesional a la eutanasia ha sido
demolida, a menudo por los propios médicos. La eutanasia comenzó con los médicos
y sólo un despertar de su conciencia puede pararla ahora».
Arno
Heltzel - Unión Católica de Personas Mayores
Según Heltzel,
“los viejos tienen que pedir excusas por seguir con vida. Cuando dicen que todos
sus amigos han muerto, la gente les dice ‘quizá es hora de que también
tú te vayas’ en vez de ‘necesitarías hacer nuevos amigos’”.
International Herald Tribune
(13-IV-2001)
De acuerdo con este periódico, la reacción general provocada por la legalización de la eutanasia en Holanda «parece reflejar el permanente malestar ante la eutanasia en un país que ya la experimentó bajo Hitler».
2) ESTUDIOS CIENTÍFICOS
Centro
Clínico Warren G. Magnuson - Departamento de Bioética - Estudio publicado en el
Journal of the American Medical Association
El estudio
tuvo como objetivo detectar la actitud hacia la eutanasia entre pacientes
terminales y sus familiares, y en qué medida su opinión se mantiene en el
tiempo. El 60,2% de los pacientes terminales apoyaba la eutanasia en teoría,
pero solo el 10,6% la consideraban una solución para sí mismos; el 5,6% (14
pacientes) lo habían comentado con sus médicos y el 2,5% (6 pacientes) habían
acumulado fármacos para el caso. Después, la mitad de los pacientes que habían
considerado la eutanasia como la única solución cambiaron de opinión. Al final,
solo un paciente murió a través de eutanasia y otro intentó, sin éxito,
suicidarse. Los autores concluyen que “para el 90% de los pacientes terminales,
la eutanasia no es un problema importante al final de sus vidas”.
Sociedad Norteamericana de Oncología
Clínica - 3.299 médicos encuestados - 1998
Los
partidarios del suicidio asistido en el caso prototípico de un enfermo terminal
con dolor irremisible han bajado de un 45,5% en 1994 a un 22,5% en 1998. En el
caso de la eutanasia, los partidarios bajan del 22,7% en 1994 al 6,5% en 1998.
Los médicos que declaran haber recibido una mejor preparación en cuidados
terminales muestran menos inclinación a la práctica de la eutanasia. Se sienten
más capaces de prodigar óptimos cuidados paliativos y no se plantean –o se lo
plantean en menor medida– el recurso a la eutanasia.
Journal of the
American Medical Association (JAMA 284: 2460, 2000)
Esta
publicación afirma que entre los pacientes terminales, aquellos con depresión,
necesidad de especiales cuidados médicos o fuertes dolores son los más
predispuestos a solicitar la eutanasia o la cooperación al suicidio.
Journal of the
American Medical Association (JAMA 285: 734, 2001)
Un estudio posterior publicado en la misma revista
científica, indica que las tres situaciones descritas arriba son
generalmente reversibles y pueden ser tratadas con medios específicos, tales
como atención psiquiátrica o cuidados paliativos, por lo que sería un grave
error permitir que el paciente tomara una decisión inducido por una situación
que puede cambiar. Los pacientes terminales a veces sufren frustración o
sensación de humillación, un estado de malestar que puede llevarles a desear la
muerte. Para algunos de estos pacientes, la demanda de eutanasia puede ser el
recurso para que se les modifique un tratamiento o se les administre otro tipo
de cuidados, o simplemente para que se les preste atención.
New England Journal of Medicine (1996; 335:1699) - Wal y Maas (“Euthanasia, physician-assisted suicide, and other medical practices involving the end of live in the Netherlands 1990-1995”), publicado en Cuadernos de Bioética, n. 44 (Santiago de Compostela, enero-abril 2001).
Los datos
de un estudio realizado en Holanda muestran que, pese a las condiciones
estipuladas desde las primeras medidas de tolerancia implantadas en ese país, la
eutanasia se practica de forma incontrolada. En buena parte se aplica sin
petición expresa del paciente o cuando existen otras posibilidades terapéuticas,
y muchos casos no se comunican.
New
England Journal of Medicine (342: 557, 2000)
Según esta publicación, una buena actuación de médicos y familiares puede lograr que cambien de postura. Por ello, cabe afirmar que pedir la eutanasia es más la expresión de un síntoma de enfermedad médica o social que un deseo real de morir.
New England
Journal of Medicine (5-XII-91)
En un artículo de esta revista se describe una encuesta llevada a cabo por el Hastings Center, institución especializada en asuntos bioéticos. El objetivo del estudio fue conocer el parecer de los médicos sobre el "testamento vital", documento que permite manifestar por anticipado qué tratamientos desea o no recibir un enfermo en caso de incapacidad para prestar consentimiento, a partir de la aprobación en Estados Unidos de la ley de autodeterminación del paciente (1991). Los médicos encuestados manifestaron escepticismo y reservas con respecto al “testamento vital”. Ante todo, subrayaron la distancia entre una declaración hecha en frío y con salud, y la situación real de un enfermo próximo a la muerte. Una persona, decían, no puede realmente saber cuáles serán sus preferencias en caso de enfermedad terminal, y la mayoría sabe poco de los procedimientos existentes para prolongar la vida. En consecuencia, el “testamento vital” es de dudosa utilidad.
La cuestión es dónde acaba el tratamiento y dónde empieza el ensañamiento terapéutico en cada caso particular. Compete al médico determinarlo con prudencia, basándose en sus conocimientos y de acuerdo con el paciente o los allegados. Pero si hay por medio un “testamento vital” que obliga por ley, señalaban los médicos consultados por el Hastings Center, hará falta una interpretación auténtica para aplicarlo en la situación peculiar del enfermo incapaz de expresarse. Los médicos temen que, si ellos cargan con ese cometido, los familiares podrían demandarles por tergiversar las instrucciones del paciente. Y si la misión de interpretar el “testamento vital” se da a los parientes o a un apoderado designado, el médico podría verse obligado a actuar contra su conciencia profesional o contra lo que él entiende que es la voluntad o el bien del enfermo. La libertad del paciente se cifra en el consentimiento informado. Pero mientras uno aún no está enfermo, no hay, en realidad, nada de que informarle para que libremente consienta. De modo que las instrucciones de todo “testamento vital” son necesariamente hipotéticas. El “testamento vital” es una buena idea en teoría, pero su aplicación suscita reservas. La menor es que no sea más que un legalismo que prescribe lo que ya está mandado y de hecho se practica. La más grave es que puede enturbiar la confianza en la relación terapéutica y condicionar la prudencia del médico.
Elaborado en base a información extractada de Aceprensa: www.aceprensa.com
CONCLUSIONES DEL CONGRESO:
Los
Jóvenes del Mercosur, reunidos en el VI Congreso Argentino de Jóvenes Pro Vida y
I Encuentro Argentino-Boliviano de Jóvenes, llegamos a las siguientes
conclusiones:
Reafirmamos
la vigencia del concepto que la familia es la célula básica de la sociedad que
surge de la unión del hombre y la mujer en una relación de amor fiel, permanente
y fecundo.
Constatamos
que son muchos los pretextos creados por la “cultura de la muerte” para suscitar
temores, incluso para imponer políticas de carácter manipulatorio, como la
deformación del significado de los derechos humanos, especialmente los derechos
de los jóvenes y de la mujer.
También
nos preocupa la deformación que la propaganda y los lobbys políticos hacen sobre
el llamado “sexo seguro” ya que el uso de anticonceptivos va en contra de la
pureza del amor y en definitiva no tienen la seguridad que se les adjudica. Esto
repercute en que el flagelo del SIDA vaya en aumento ya que las campañas parecen
más preocupadas en la comercialización que en un verdadero mensaje preventivo
que debe pasar por el cultivo de los valores y el respeto a uno mismo y a la
pareja.
La familia
es una institución anterior al Estado. Por lo tanto pedimos que esté en el
centro de todas las políticas sociales y económicas y reclamamos a las
autoridades públicas no dejarse llevar por los intereses de grupos políticos y
económicos.
Hacemos un
apremiante llamado a médicos y juristas para que no sean cómplices de la
“cultura de la muerte”.
Pedimos
así mismo a todos nuestros líderes que se pronuncien clara y decididamente en
todos los ámbitos a favor de la vida y la familia. Al mismo tiempo agradecemos a
aquellos que nos dan ejemplo por la valentía de la presencia comprometida desde
sus lugares.
Nos
comprometemos a extender la estructura de coordinación ya existente entre los
grupos juveniles a fin de aunar esfuerzos en el trabajo
diario.
Proponemos
opciones concretas de trabajo en ámbitos como prensa, jurídico-legislativo,
charlas y conferencias, educación sexual integral, asistencia a la mujer en
riesgo, asistencia a mujeres con el
síndrome post-aborto y acompañamiento a ancianos y
moribundos.
También
nos comprometemos a tener una presencia pública creciente. Para ello nos ponemos
a disposición de quien solicite asesoramiento en los temas de la defensa de la
vida desde el momento de la concepción hasta la muerte natural, y de la
familia.
Salta,
29 de Abril de 2001
El Observador (6/05/2001) Estados Unidos - Aprueban Ley de Víctimas no Nacidas - Al prosperar la iniciativa, se abre un debate formal entre quienes pretenden prohibir el aborto y quienes lo favorecen (Reuters)
Un proyecto de ley contra el crimen, que
define a los fetos como seres humanos, provocó ayer un debate partidista en el
Congreso de Estados Unidos; los defensores del aborto alegaron que cuestionaría
el derecho a poner fin a un embarazo.La Ley de Víctimas no Nacidas de un Acto de
Violencia, debatida en la Cámara de Representantes, convertiría en delito
federal causar daño a un feto durante un ataque contra una mujer embarazada.
Con
252 votos a favor y 172 en contra quedó aprobada la primera legislación del año
que abre un debate formal entre los sectores que pretenden prohibir el aborto y
los que favorecen el derecho de la mujer a decidir si pone fin a su embarazo.
"Este no es un proyecto de ley relacionado
con el aborto", indicó el presidente del Comité Judicial, el republicano James
Sensenbrenner, al defender la medida. Pero el portavoz de la minoría demócrata
en la cámara baja, Jon Conyers, sostuvo que este proyecto es un intento de los
republicanos por avanzar en sus posturas contra el aborto y permitir que se
comience a reconocer legalmente un "feto o un embrión". El proyecto define al
feto como "miembro de la especie Homo Sapiens, en cualquier estado de
desarrollo, que es llevado en el vientre materno". Los partidarios del
proyecto negaron que la propuesta apuntara contra el aborto, y aseguraron que
está dirigida a castigar a delincuentes que ataquen a una mujer embarazada. La
iniciativa exceptúa los abortos realizados con el consentimiento de la mujer.
Pero los que se oponen al proyecto (conocido como propuesta Lofgren) sostienen que la definición de feto pone en riesgo el derecho al aborto, y ofrecieron una propuesta alternativa con sentencias más severas para los ataques contra mujeres que conduzcan a la "interrupción" o "terminación" del embarazo. Una famosa decisión de la Corte Suprema en 1973, en el caso Roe contra Wade, reconoció el derecho a elegir el aborto, pero nunca aceptó la definición de un feto como ser humano.(En base a AP,EFE y Reuters).
La enfermedad maduró su alma de tal forma que causó asombro en cuantos la conocieron en el hospital.