Ferrari 1414 - Cel. 099 161 358 - Fax 601 08 67 - E-mail familias@adinet.com.uy
Montevideo - Uruguay
Al mismo tiempo, la
existencia humana tiende a ser concebida como una mera ocasión para "disfrutar".
No son pocos los falsos profetas de la vida "indolora" que nos exhortan a no
aguantar nada en absoluto y a que nos rebelemos contra el menor contratiempo.
Según ellos, el sufrimiento, el aguante y el sacrificio, son cosas del pasado,
antiguallas que la vida moderna habría superado ya totalmente. Una vida "de
calidad" sería hoy una vida sin sufrimiento alguno. Quien piense que queda
todavía algún lugar para el dolor y el sacrificio, es tachado de "antiguo" y de
cultivador de una moral para esclavos. No es extraño que desde actitudes
hedonistas de este tipo, unidas al individualismo, se oigan supuestas
justificaciones de la eutanasia como éstas: "yo decido cuándo mi vida no merece
ya la pena" o "a nadie se le puede obligar a vivir una vida sin calidad".
(2) ¿Merece vivir una persona
anciana, que no puede valerse ya por si misma, después de haber dejado la vida
en beneficio de la sociedad, y en muchas ocasiones, de aquellos que van a
decidir sobre su muerte? ¿Vale la pena prestar asistencia a los
minisválidos, en vista de que su productividad es menor, mínima o
nula? ¿Qué hacemos si en el sanatorio faltan camas? ¿Lo ampliamos a un
costo siempre alto, o le "damos salida" a los enfermos irrecuperables, sin
necesidad de invertir un peso? Si el proyecto de ley fuera efectivamente
presentado y tuviera receptividad entre gente de los demás partidos
políticos, los minusválidos y los ancianos -los más débiles de la
sociedad- quedarían con el tiempo a merced de médicos que se
arrogan el derecho de decidir quien debe vivir y quien debe morir. Con todos los
medios a su disposición para poner "a dormir" a quienes les
plazca... Si
bien a nivel local hay algunos seguidores de Kevorkian, también
hay legisladores que tienen el poder -y el deber- de decidir si van a
dejar actuar impunemente a los mercaderes de la muerte, o si,
en nombre de los más débiles, van a promover con todos los medios a su
alcance, la investigación y el desarrollo
de los "cuidados paliativos", expresión
genuina de la cultura de la vida, que nos hemos propuesto defender. Estos
cuidados, permiten "facilitar una muerte verdaderamente digna, es decir, una muerte lo más
lúcida posible con el menor dolor posible, sin violentar la naturaleza de las
cosas. Es falso que la Iglesia católica defienda el encarnizamiento
médico. Lo que defiende es precisamente el derecho a morir con dignidad. Y
bendice a cuantos de una manera u otra procuran paliar el dolor, especialmente
el de los enfermos terminales. Es más, los cuidados paliativos -dice-
constituyen una forma privilegiada de la caridad desinteresada. Por esta razón
deben ser alentados (CEC n. 2.279)". (9)
No es mediante el asesinato o el
suicidio asistido que se ayuda a las personas a morir dignamente: la muerte
verdaderamente digna, la proporcionan sin duda, quienes se acercan al
anciano o al enfermo terminal dispuestos a padecer con él,
quienes solidariamente se entregan a su cuidado y atención, quienes alivian sus
dolores físicos y morales. Esperamos que nuestros legisladores -creyentes o no-, actúen con
sensatez; y deseamos que, sin resignarse ante lo difícil que
resulta para el hombre de hoy enfrentar el dolor y la muerte, se
manifiesten a favor de la vida: DE TODA VIDA HUMANA, VALIOSA Y DIGNA EN
CUANTO TAL. Hace casi dos décadas los orientales nos reunimos frente
al Obelisco "Por un Uruguay sin exclusiones". ¿Sigue en pie
el compromiso? AVE
FAMILIA (1) Evangelium
Vitae «Yo doy la muerte y doy la vida» (Dt 32, 39) el drama de la
eutanasia) (2) Conferencia
Episcopal Española, Sobre la Eutanasia, , II, b), 7. y 8. www.arvo.net (3) Conferencia
Episcopal Española, Op.cit. III, c) 15. Cf. W.J. Eijk / J.P.M.
Lelkens, Medical-Ethical Decisions and Life-Terminating Actions in The
Neederlands 1990-1995. Evaluation of the Second Survey of the Pratice of
Euthanasia, Medicina e Morale 47 (1997) 475-501, 491. (4) M.G. Morelli, La
Eutanasia, Cfr. TALE, Camilo, La eutanasia, comunicación al Congreso Nacional de
Jóvenes, Córdoba, 1994). www.vidahumana.org (5) M.G. Morelli,
Op. cit., Diario La Capital de Rosario, 26/7/95) www.vidahumana.org (6) M.G. Morelli,
Op.cit.; Sobre el tema, v. Sgreccia, Elio, Manual de Bioética, ed. Diana,
México, 1996, tomo 1, p. 610. www.vidahumana.org (7) Antonio
Orozco, "La escalera de los siete escalones" (Equivalencia de la eutanasia
activa al suicidio asistido). www.arvo.net.
(8) El Observador
(12/04/2001) (9) A. Orozco, Op.
cit.
Antonio Orozco
«Al atardecer se levantará para ti una especie de luz
meridiana, y cuando creyeres que estás acabado, te levantarás cual estrella
matinal. Estará lleno de confianza por la esperanza que te aguarda» (Job 11,
17-18)
«El primero de todos los bienes es no nacer y el
segundo morir enseguida», escribió el viejo Sileno. Una cosmovisión tan antigua
como coherente del materialismo de siempre. «Comamos y bebamos, que mañana
moriremos», es frecuente oír desde hace más de veinte siglos. Lo único que vale
es la juventud biológica, la vida pletórica de sensaciones fuertes. La
limitación, la debilidad, la decrepitud, permiten a muchos decir o pensar como
Sartre: «el hombre es una pasión inútil». Por eso, carpe diem!, claman en el
Club de los poetas muertos: ¡aférrate al instante que huye, chúpale todo el
placer que puedas! y que después te quiten lo bailado. La evasión de este modo
es muy apetitosa cuando no se carece de mayores ideales. Después ¡que nos quiten
lo bailado!.
Pero ¿y si resulta que después te quitan lo bailado?
Porque es lo cierto que de un modo u otro, después, realmente te lo quitan, el
baile se acaba y a ver qué haces entonces con las cervicales machacadas, el
cáncer de páncreas -que todo puede ser- , el SIDA o cualquier otra de las
innumerables cosas que conducen a la tumba.
Algunos piensan poseer una solución fácil: el vivo al
bollo y el muerto ¡al hoyo!. Lo malo es que tampoco te mueres, aunque quieras.
Porque el cuerpo mortal está unido entrañablemente a un alma inmortal. Y
entonces muerto de cuerpo y vivo de alma, ¿qué?
Corren unos tiempos en que la dignidad de la persona
es por fortuna un valor emergente, pero a la vez -paradójico, sí- , se
desprecian olímpicamente uno, dos o tres sectores de la humanidad, tanto en las
sociedades civilizadas como en las más primitivas. La diferencia está en el
modo, en el sector, no en el qué. Ahí tenemos hoy el aborto, extremadamente fiel
a la filosofía de Sileno. La droga, el sexo duro, el alcohol; la eutanasia,
victoria de la pasión inútil. Son manifestaciones de lo mismo: ignorancia crasa
de la categoría esencial de la persona, del valor de cada uno de los instantes
de la vida personal.
En La cabeza del dragón, de Valle Inclán, uno de los
personajes, llamado El Bufón, dice a otro quejoso de que, en aquel lugar
maldito, en breve no quedarán más que los viejos y los inútiles: «¡Los viejos,
los inútiles! - es la respuesta- ¿Qué locuras estás diciendo? En otro tiempo los
hubo; pero ahora se ha dado una ley para que los automóviles los aplasten en las
carreteras. ¿De qué sirve un viejo de cien años? ¿De qué sirve una vieja gorda?
¿Y los tullidos que se arrastran como tortugas? Ha sido una ley muy sabia, que
mereció el aplauso de toda la Corte. Así se hacen fuertes las razas. Tú es
posible que no la halles bien, porque eres un sentimental. Lo he conocido desde
el primer momento, en cuanto me convidaste a cenar. ¡Eres un
sentimental!».
Cuando se editaron estas palabras seguramente
despertaron indignación y escepticismo: ¡nunca llegarán a ser verdad!. Pero hoy
no resultan tan hiperbólicas como entonces. Por eso, una vez más hemos de
agradecer al Vicario de Cristo en la tierra, la defensa incondicional de toda
vida humana, desde su comienzo en el momento de la concepción, hasta el último
instante de la vida temporal. Es un placer leer el siguiente discurso del Papa
Juan Pablo II, el primer y más venerable Anciano de este fin de siglo, el
augusto y amadísimo «Decrépito» del Vaticano, ejemplo vivo de amor a la vida
temporal y más aún a la eterna, que a pesar de su figura cada día más encorvada
no sería de maravillar que, cuando Dios lo quiera -ojalá sea dentro de mucho
tiempo-, se vaya de este mundo con las botas puestas, muriendo de pie, con el
alma más erguida del planeta, a gozar del lugar que la Trinidad le tiene
preparado en el Cielo, donde todo se renueva y la juventud es plena.
Pascua en medio de problemas sociales, Diario El Observador
El Arzobispo Nicolás Cotugno dijo que hay carencias en el seno de la sociedad que continúan pendientes; en la homilía del jueves condenó la eutanasia y defendió el celibato. Destacó la alegría de la fe.
Nicolás
Cotugno, arzobispo de Montevideo, pronunció ayer en la Curia un mensaje a través
del cual deseó una "muy feliz Pascua de Resurrección" a todos los uruguayos y
"especialmente a aquellos que más sufren la pobreza, la soledad, la angustia y
la marginación". Sostuvo que "los años pasan pero muchos problemas sociales,
económicos, éticos, familiares, culturales, morales y educativos quedan".
Cotugno
comenzó su alocución preguntándose acerca de los motivos por los cuales aún se
celebra la Pascua. "El segundo milenio ha quedado atrás, pertenece a la
historia. Ya estamos en el tercer milenio. Nosotros seguimos celebrando la
Pascua. ¿Será simplemente una exigencia ritual de una religión asumida por
tradición?", se preguntó el arzobispo.
También
afirmó que en tiempos de globalización y navegación por Internet los cristianos
continúan recordando a Jesús porque "el Verbo eterno del Padre caló en el tiempo
desde la trascendencia de su misterio divino". Monseñor Cotugno destacó que la
Iglesia quiere vivir y testimoniar su fe en Cristo "sin otra pretensión que la
alegría y el gozo de verlo y sentirlo vivo".
Sugirió
además que si la fe no funciona como compromiso histórico puede transformarse en
alienación. "Es por eso que la Iglesia, haciendo propios los gozos y las
tristezas, las angustias y las esperanzas de todos los hombres, se compromete
una vez más y con renovado entusiasmo a luchar en contra de todo lo que amenaza
la dignidad humana y el bien de los pueblos; y reafirma su voluntad de potenciar
todo aquello que puede transformar la vida de menos humana en más humana",
sostuvo Cotugno.
El sacerdote
agregó que no le satisface ni a él ni a los demás miembros de la Iglesia la
"ingenua convicción de que hay una fórmula mágica para los grandes desafíos de
nuestro tiempo". Recordó que "no será una fórmula la que nos salve, pero sí una
persona y la certeza que ella nos infunde". Monseñor se refirió además a la
función que cumple la Iglesia como servidora de "la Palabra y la Gracia" con el
fin de llegar al hombre proponiéndole la conversión de su alma. Llamó a
Jesucristo "alfa y omega de la historia, su principio y su fin" e insistió que
él es una "verdadera novedad que supera todas las expectativas de la humanidad".
Por último,
monseñor Cotugno mencionó una vez más al perdón como el camino indicado para
llegar a la paz. "Nuestro pueblo busca la paz. El arzobispo de Montevideo, sin
dejar de recorrer los caminos humanos de la verdad y la justicia, en un clima de
real y respetuosa democracia, en comunión con la Iglesia arquidiocesana,
recuerda que la paz del corazón no será plenamente alcanzable sin ese perdón a
veces heroico que brota de la muerte y resurrección de Cristo, el acontecimiento
de máxima trascendencia de la historia de todos los tiempos: su Pascua".
En la homilía del jueves Cotugno comentó el contenido de la carta Novo Milenio que el Papa difundiera el pasado 6 de enero y que habla del llamado universal a la santidad para todos los cristianos. Además, entregó a cada sacerdote un libro con una nueva carta que destaca la importancia de la confesión entre los curas y entre los fieles.
¿Defensa
de las monjas o ataque al celibato?,
Aceprensa
No es un descubrimiento constatar que la prensa en algunas ocasiones no se limita a transmitir, informar o interpretar, sino que puede también imponer su propia agenda temática: es decir, presentar su propia opinión como si se tratase de una mera descripción de lo que está pasando.
Desde
luego, es un comportamiento que los profesionales tratan de evitar. Sin embargo,
se observan determinados medios que, a pesar de sus declaraciones de
imparcialidad, se demuestran incapaces de renunciar a la militancia
ideológica.
Un buen
ejemplo lo hemos visto en el modo en que la prensa internacional ha tratado un
episodio escabroso: la filtración de cuatro memoramdums
internos
(de 1994, 1995 y 1998), destinados a organismos de la Santa Sede, en los que se
da cuenta de casos
en los que religiosas han sido víctimas de abusos sexuales cometidos por
sacerdotes.
Sin
discutir obviamente la gravedad de los hechos y dejando de lado ahora la
discusión de otros aspectos, como la oportunidad o no de su publicación, etc.,
interesa ahora centrarse en cómo se han hecho eco de estas informaciones los
principales diarios (siguiendo las ediciones electrónicas y las impresas
disponibles en Roma). Algunos, como The
Washington
Post, la
ofrecieron en pocas líneas; también le dedicaron pocos párrafos The
Times y
The
Daily Telegraph, a
pesar de la tendencia de ambos a seguir temas morbosos. Más espacio le dedicaron
International
Herald Tribune, con
un amplio despacho
de agencia, y The
New York Times, con
un resumen de los documentos, lo mismo que La
Repubblica,
Corriere
della Sera y
Le
Monde (que lo
sacó en primera página). En todos los casos, lo que se ofrece es una síntesis de
los hechos contenidos en los documentos, y el comentario de la Santa Sede sobre
que esos casos dolorosos y minoritarios no pueden enturbiar el valor y el
sacrificio de miles de religiosos y
religiosas.
En
vista de ese panorama, llama la atención el tratamiento de El
País. El
periódico madrileño ofreció la información en primera página e interiores, pero
a diferencia de los demás diarios, quiso dedicar al tema casi otra página al día
siguiente, cambiando el foco: “Los abusos a monjas reabren el debate sobre el
sexo en la Iglesia católica”, titula. Teniendo en cuenta lo dicho sobre el
tratamiento de otros diarios y repasando un poco los teletipos de las agencias,
se llega a la conclusión de que, en realidad, es el propio diario quien se
inventa tal debate. Y lo hace recogiendo tres declaraciones, de las que
solo
una –aunque previsible– es particularmente agresiva: “El problema sexual es
grave en el mundo clerical”, sentencia el “teólogo” Miret
Magdalena.
Y cita “estudios recientes sociológicos católicos” para decir que solo el 2% de los sacerdotes de Estados Unidos cumple el celibato. “El 50%, solo relativamente. De esa mitad, un tercio es homosexual. Si eso pasa allí, ¿qué no pasará en África?”, concluye, tal vez sin advertir el contenido casi racista de su afirmación.Pero si el lector no hubiera comprendido todavía que el verdadero blanco es el celibato, no tiene más que leer el otro texto que complementa la crónica, titulado “Mejor casarse que abrasarse”, en el que se pretende hacer una historia del celibato. Sin necesidad de ser un experto en historia de la Iglesia, se puede deducir el tono del artículo simplemente leyendo frases como “el Nuevo Testamento incluye teorías especiales sobre el sexo y la familia”, o “tuvieron que pasar cuatro siglos antes de que el papado viera colmadas sus imposiciones sexuales”. Pero lo que no tiene desperdicio es la conclusión: “Resulta lamentable que las tragedias de las monjas violadas por misioneros suscite una vez más el debate sobre el celibato, pero los críticos de esta caprichosa imposición papal siguen recurriendo a los clásicos...”. Posiblemente, lo que resulte más lamentable son los abusos periodísticos de quien pretende colocar como descripción de la realidad sus propias guerras ideológicas.
Hay un país en la tierra que tiene un índice de natalidad del 1,3 y en algunas regiones suyas es aún más bajo. Significa esto que carece del relevo generacional necesario para garantizar un futuro humano mínimamente satisfactorio. Lo previsible produce ciertos escalofríos. Ese país es España, a la cola de Europa. Y Europa, a la cola del mundo.
¿Cómo empezó la cosa? Idro Montanelli dice en su Historia de Roma, que la caída del Imperio comenzó con la corrupción de sus clases altas. El pescado - ilustra con un dicho italiano- siempre comienza a oler mal por la cabeza. A los romanos altos, les comenzaron a resultar incómodos los hijos y llegó el tiempo en que escasearon los hombres para el trabajo y para la guerra al extremo que la invasión bárbara fue poco menos que coser y cantar.
En un país como España, encontrarse con una mujer de 31 años con seis hijos, uno todavía en camino de ver la luz y el mayor de sólo 8 años, es como toparse con un especímen extraterrestre. Es el caso que me ha acontecido con Lourdes Rivero, casada con Javier, de 36 años, militar, capitán ingeniero de construcción.
Sé que Lourdes no una excepción propiamente dicha, pero los índices están ahí. Dejaré al lector que juzgue por sí mismo sobre la rareza de esta señora y maestra.
- Si me permite usted la
pregunta, ¿a dónde van ustedes -usted y su marido -, con tantos hijos por esos
mundos de Dios? ¿No se han enterado de que la paternidad ha de ser
responsable?
-Vamos a un sitio muy concreto. Me casé con Javier a los 22 años, al terminar los estudios de Magisterio, después de cinco años y un día de noviazgo. Entonces yo quería esperar un par de añitos a tener mi primer hijo, para disfrutar de una nueva vida, nuevas libertades, salir, entrar, viajar... Pero no fue así: me casé un día de los Inocentes y Javi nació a los diez meses. Papá me decía: "cuando tengas tus propios hijos te darás cuenta de lo que te hemos querido tus padres". Tenía razón: cuando me pusieron a mi niño en mis brazos, sentí dentro algo que sólo una madre puede sentir: no hay palabras para expresarlo. Es una mezcla de ternura infinita, un amor que te quema las entrañas, tanto, tanto, tanto, que sólo puedes decir: ¡Gracias, Señor, por esto que no tiene nombre! ¡Gracias, Señor, por lo que me han querido mis padres! ¡Ahora lo comprendo!... Pero he aquí que, de repente, me viene al corazón un sentimiento, una voz que me dice: "Yo te quiero muchísimo más que eso! Yo, Dios, te quiero con fortaleza de padre y ternura de madre!" Desde ese día cambió todo, todo. Empecé a entender qué significa de verdad "filiación divina", ser hijo de Dios. Y al comprender, más bien intuir el amor paternal de Dios, todo en mi vida lo veo bajo la luz del cariño de Dios: las alegrías, las penas, las cosas que no comprendo. Todo tiene sentido. Todo tiene un color diferente. Cualquier anécdota o suceso que tengo con mis hijos, me sirve de referencia para interpretar mi relación con Dios.
-O sea, que, como Dios es un Padre tan bueno, todo maravilloso, ¿no?
-Pues, no exactamente. Cuando Javi tenía un año, tuvo una gastroenteritis angustiosa: vomitaba y tenía mucha diarrea y muchísima sed. Yo sólo le podía dar una cucharadita de suero cada diez minutos. Era angustioso verle sufrir. Para él, lo único bueno era beber. Tenía mucha sed. Era "lícito" y "justo" beber agua... y yo no se la podía dar. Hubiera sido peor, porque si tomaba más, vomitaba de nuevo y era retroceder. ¡Cuántas veces he pedido y "exigido" a Dios cosas que me han parecido justas y razonables y no me las ha dado! Por aquel entonces me quedé en estado de Luli. A mi marido y a mí nos hacía mucha ilusión. A los cuatro meses de embarazo me diagnosticaron toxoplasmosis. Por lo visto, es una infección sin importancia, pero conlleva un peligro: que si se contrae en los tres primeros meses de embarazo o en los tres últimos, puede afectar gravemente al bebé. Así que me advirtieron que tenía la infección y que además era muy alta; y que, siendo así, lo más probable es que la niña tuviera un 96 por ciento de posibilidades de ceguera o de malformaciones de corazón; y si no, costras calacáreas en el cráneo...
-Un grave problema de responsabilidad, ¿no?
-Tremendo. Mi primera reacción fue: llorar. Después, me planteé: ¿Qué quiero para mis hijos? Que vayan al Cielo. Siempre digo: ¡sano y santo! Si falta lo primero, lo segundo estará garantizado. Así Dios arrancó de mí un fiat! y me devolvió la paz, no sin preocupación, pero sabiéndome en sus manos.
-¿Qué pasó con la niña?
-Mire, está ahí, en la foto. Nació y ¡gracias a Dios!, perfectamente sana. Pero Dios me dejó un recuerdo... Todo el mundo, al verla -y aún más ahora -, me dicen: ¡qué ojos tan bonitos tiene esta niña, ¡llaman la atención! Y es verdad, Luli tiene unos ojos grandes, negros, profundos, limpios... Segunda lección: "Dios no se deja ganar en generosidad". Me arrancó el sí que tanto me costaba dar y luego me premió con creces.
-¿Cómo sigue la historia?¿Ganó usted en sensatez o en insensatez?
-Pasaron 21 meses y Dios nos regaló otra niña: Elenita, gordita, alegre, simpática, dulce. Siempre con su sonrisa picarona... Comprendo perfectamente lo que dice André Frossard: "Dios sabe contar sólo hasta uno". Cada hijo es único. Se le quiere como es y se le quiere todo.
-Y la gente, ¿qué le decía esta vez?
-Comenzó a sentirse con derecho a reñirme, porque ya estaba saliéndome del "canon preestablecido" (la parejita). Una señora por la calle, al verme con los tres pequeños me advirtió sobre lo "mal que están los tiempos". Le dije: "A mí me da igual. Sólo sé que cada hijo es un beso de Dios y ya van tres besazos, señora..."
A los veinte meses nació María. Se llama así, a secas y celebramos su santo el día de Santa María, Madre de Dios, porque el día que me enteré de que estaba embarazada era el día de la Anunciación. Entonces viví un embarazo muy cerca de la Virgen María, pensando que Ella sentiría lo mismo que yo: sueño, cansancio, molestias..., cómo hablaría con el Niño Jesús, cómo haría sus pañales, cómo prepararía sus sábanas... Tanto lo imaginé que cuando llegó el día de ir al hospital para que naciera María, Javier me reñía: "¿pero a dónde crees que vas? ¡Vas a un parto!". Me lo decía porque mi maleta la llené con disfraces, alas doradas y cosas así, porque tenía la ilusión de hacer la fotografía de un belén viviente. Mire, aquí está: Javier es San José; Luli, la Virgen María; Elena, un ángel; y María, el Niño Jesús. Nació el 18 de diciembre y tras el esfuerzo de Javier (padre) pudimos mandar a todos una tarjeta de Navidad con este motivo.
Alguna gente ya se puso más rabiosa contra mí. Un día, en el parque, una señora me preguntó lo de si yo sabía sobre la paternidad responsable. Yo no me considero nada, pero sí creo que lucho por ser coherente - que no es fácil - y responsable: intuyo la gran importancia de lo que Dios me da prestado. Sé que hay que tener los pies en el suelo, y sé que a la vez hay que confiar mucho en Dios. Si El lo manda, El sabe más. Y desde luego sé que si me lo manda es porque me dará fuerzas para sacarlo adelante con alegría y salero, aunque implique esfuerzo. A la señora del parque me gustaría pedirle perdón, porque mi respuesta no fue muy correcta. Me salió del alma un "¿se cree que soy imbécil?", con un tono un poco elevado. Pero me gustaría también hacerle reflexionar sobre si no ha confundido en su corazón el concepto de "paternidad responsable" con el de "comodidad irresponsable". Creo - y no quiero juzgar a nadie - que de esto mucha gente sabe mucho.
-Quizá los índice de
natalidad tengan alguna significación, en este sentido. Pero, no estamos aquí
para juzgar a nadie. ¿Usted tiene una idea concreta del número ideal de hijos
para un matrimonio normal?
- No es cuestión de un número. Es hacer en cada momento la Voluntad de Dios, aceptarla, amarla, ponerla en práctica, la que sea. Sean uno, o tres, o quince, o ninguno. Se trata de saberse querido y guiado por Nuestro Padre y olvidarnos de lo demás.
Javier terminó unos estudios y le iban a destinar. Creímos oportuno pensar que sería bueno que la llegada de un nuevo bebé se distanciase hasta que estuviéramos instalados en "algún lugar". Pero Dios decidió otra cosa mejor. Comentamos con Javier: "El hombre propone y Dios dispone. Cuanto más inoportuno y más inesperado, más de Dios será". Una amiga mía a la que quiero mucho, me decía: "¿Pero tú estás colgada?. Yo le dije: imagínate que eres hija de un gran rey, riquísimo; y que supieras que cada hijo tuyo fuera a ser heredero de la totalidad de ese reino, sin importar el número de hijos que tuvieras. La herencia sería la misma para todos. ¿Tú pondrías trabas a tener esos reyes en potencia? Cada hijo que tengo es hijo de Dios, heredero del Cielo, heredero de aquello que "ni ojo vio, ni oído oyó". ¿Quién soy yo para decidir quien va o no va? No puedo ser tan mezquina. Algo de lo que yo anhelo disfrutar, ¿cómo se lo voy a negar a alguien que, encima, voy a querer con todo mi corazón?
El problema del traslado y de la vivienda se solucionó mucho mejor de lo que esperábamos. Una vez más, lección: lección número mil. Desde el "después" es desde donde se entiende el "antes". Dios sabe más. Ya estamos instalados en una casa grande, con sitio para todos, todos juntitos, con la vida más organizada, etcétera. Con cinco niños ya he cumplido, ¿no? La ingrata de mí se iba dando mil razones para decir basta, es decir, no, a la pregunta que Dios había sembrado dentro de mi y de Javier: "¿y por qué no otro?". ¡Pobre Dios! Ya me creía algo y seguía siendo la misma rácana del principio. Pero El, con su infinita paciencia y bondad me hacía pensar: "Quiero ése".
-Pero usted ¿cómo oye a
Dios?
-Como tanta gente que le oye: no con los oídos. El sabe decir las cosas; sólo hay que querer escucharle y pedírselo. Y aunque nos costaba, volvió a arrancar nuestro fiat!. Digo "nuestro" porque Javier y yo hemos hablado siempre de todo y compartido estos sentimientos.
Así que el nuevo bebé que está con nosotros es -igual que todos - hijo de Dios. Pero me parece que "éste" es especialmente querido por Dios: éste y no otro posible es el que quiere Dios. Así que no me equivoco si añado que este hijo no es sólo un besazo de Dios, sino - cómo decirlo - mucho más. Y esto me llena de gozo.
Lourdes se disculpa por -según dice - el "rollo que me está colocando". Pero no sé si hemos llegado aún al fondo de su concepto de "responsabilidad", y le pido que profundice un poco más en el asunto.
-¿No le parece frustrante, después de hacer una carrera con tanto esfuerzo, de tener peticiones de centros de enseñanza para trabajar fuera de casa en su profesión, encerrarse con cinco o seis niños en casa?
-Esto mismo me decía una amiga que estudia periodismo. La comprendí perfectamente, aunque no comparto del todo su opinión. También hablábamos de lo horriblemente difícil que está la vida para los matrimonios jóvenes. El problema de la casa es real. En muchas ocasiones son necesarios dos sueldos y uno se va en el alquiler del piso o pago de hipotecas... Todo esto es verdad y es una injusticia tremenda porque coarta la libertad de las personas. Es un problema político que habría que solucionar, con ayudas concretas. Pero también es cierto que hay un clima de desprestigio del trabajo de una madre de familia en su casa. Nos llaman "marujas". A mí me encanta mi carrera de Magisterio, que es vocacional al cien por cien. Disfruto dando clase y me encanta la idea de formar personas. No descarto la idea de trabajar en ello el día de mañana y procuro reciclarme, estar al día en la medida de mis posibilidades. Pero he renunciado por ahora al Magisterio y no sólo no me arrepiento sino que cada día soy más feliz con esta decisión.
¿Por qué no se valora el trabajo en casa? Porque no se gana un duro. Hoy, por desgracia, está extendida la idea de "tanto ganas, tanto vales". Y en casa, desde luego, de "duros", nada. Pero estoy en casa, en primer lugar, porque creo que los niños de 0 a 3 años necesitan imprescindiblemente de la compañía de mamá. Es el tiempo de formar su personalidad, su seguridad, su afectividad. ¿No estamos dispuestos a dejarnos la hijuela por el mejor colegio? Pues para esa edad, esto que hago es mejor que Oxford o Harvard.
En segundo lugar, creo que así hago -lo intento al menos - hogar, para que cuando lleguen del colegio o (mi marido) del trabajo, tengan alguien que les quiere con locura, para escucharles, ayudarles, estar con ellos. Solamente escuchando se detectan muchos problemas, la influencia de las amistades, se está más "al loro" y hoy en día es muy importante. Hay que andar con "los pies de plomo".
Siendo algo apasionante ayudar como profesora a la formación de los hijos de los demás, me parece que lo es muchísimo más, formar a tus propios hijos. Dan unas alegrías enormes. Javi, a los tres años, me dijo una vez: -Mamá, ¿a que cuando comulgas, el alma se pone blanca. -Sí. -¡También se pone amarilla!. -¿Amarilla? ¿por qué?. - Porque Jesús es Dios y Dios creó la luz. Entonces, cuando comulgas, el alma se pone amarilla de luz... Y a los 5 años: -Mamá, ¿cómo entró Jesús en el seno de la Virgen?. Yo empecé a pensar cómo se lo explicaba, pero se me adelantó: -Ya lo sé yo: entró Dios en el seno de la Virgen y dijo: ¡Ahora me convierto en Niño!
Anécdotas de este estilo me hacen pensar en mi responsabilidad en la formación de mis hijos. Yo no sé que será de su vida, pero me hacen reflexionar: "¿y si estoy educando un futuro sacerdote, ¡otro Cristo!?" Es mucha responsabilidad. Insisto, no sé que será de él, pero en todo caso estoy formando la sociedad de mañana. Tengo la misión de formar "sal de la tierra", "luz" y "levadura" del mundo. Y también tengo la responsabilidad de rezar, para que cuando ellos hagan uso de su libertad, haya siempre en sus labios un fiat! (¡hágase!) a la Voluntad de Dios. Es apasionante y sobrecogedor.
En resumen: ¿Cansancio?: todo. ¿Paciencia?: a veces me falta. ¿Felicidad?: TODA. ¿Por qué? Porque sé que soy hija de Dios y estoy donde debo estar. Porque me ayuda dándome "no sé qué". Tengo Esperanza, Ilusión, Alegría y Fe. ¿Qué más puedo querer? Ningún día es igual a otro, aunque parezca todo lo contrario. Pero, no se crea, así no he pensado desde le primer día. Ni siquiera depende de mí pensar así. Todo esto me lo va descubriendo Dios día a día.
Dejo al lector el juicio sobre este raro especímen llamado Lourdes. ¿Se trata de un fruto tardío de anacronismos irreversibles o de una anticipación del futuro, realidad de lo posible? Por si acaso, advirtamos al eventual lector poco avisado, que rehuya a personas como ésta, no vaya a ser que nos contagie su Fe, su Esperanza, su Amor y, sin querer, pulvericemos los materialismos y hedonismos al uso y nos hallemos de pronto en el alba de una nueva Humanidad llena de la alegría de vivir.
Antonio
OROZCO