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I)
Introducción
El pasado 24 de noviembre de 2002 la Congregación para
la Doctrina de la Fe, oído el parecer del Pontificio Consejo para los Laicos de
la Santa Sede, con la firma de su Prefecto Cardenal Dr. Joseph Ratzinger y del
Secretario Arzobispo Tarcisio Bertone y con la anuencia del Santo Padre Juan
Pablo II dio a conocer un valioso documento para la Doctrina Social de la
Iglesia denominado “Nota doctrinal sobre algunas cuestiones relativas al
compromiso y la conducta de los católicos en la vida política”.
El documento
aborda cuestiones fundamentales para la conciencia y la actuación del cristiano
en la vida política y social, referentes al relativismo cultural, la decadencia
y disolución de la razón y los principios de la ley moral natural, la libertad
de conciencia, la libertad del cristiano para elegir la opción política que crea
más conveniente en vista a la consecución del bien común, los principios de la
doctrina católica acerca del laicismo y el pluralismo, el deber del político
cristiano de rechazar los intentos de aprobar en los Estados legislaciones
permisivas en materia de aborto, eutanasia, matrimonio homosexual, manipulación
embrionaria, etc.
Más que constituír una novedad supone una compilación de
pronunciamientos aplicables a la doctrina social de la Iglesia tanto del
Concilio Vaticano II, Constitución Pastoral “Gaudium et Spes” y la Constitución
Dogmática “Lumen Gentium” como de diversas Cartas Encíclicas del Santo Padre
Juan Pablo II, en especial la “Evangelium Vitae” y la “Veritatis Splendor” así
como la cita de las recordadas encíclicas de los papas León XIII, “Rerum
Novarum”, de Benedicto XV, “Quadrgésimo Anno”, y “Divini Redemptoris”, de Juan
XXIII “Mater et magistra” y “Pacem in terris”, de Pablo VI “Populorum”
Progressio y “Octogésima Adveniens”. También se formulan citas del Catecismo de
la Santa Iglesia Católica y de otros documentos.
No obstante, en estos
momentos en que a nivel de varios países del mundo, quizás seguramente como uno
de los efectos nocivos de la globalización, se plantean intentos de aprobar
legislaciones permisivas del aborto, de la eutanasia, legalizando los
matrimonios homosexuales o pretendiendo autorizar la manipulación genética y
embrionaria, lo que supone un grave desafío no sólo a la ley natural, a la
bioética sino ante todo a la ley de Dios, se hacía impostergable un
pronunciamiento de la Santa Iglesia para recordar a los fieles y a los hombres
de buena voluntad cuál es la doctrina eclesial sobre todos estos temas que
atañen a la vida secular del hombre y la mujer pero que afectan también y en
grado sumo su vida espiritual y su destino eterno.
II) La Luz de
Cristo Ilumina Toda la Vida del Cristiano
El Señor Jesús quiso dejar
en su Iglesia al Papa la autoridad de Pedro y a los Apóstoles y sus Sucesores,
los Obispos, la potestad episcopal, para ser maestros de la predicación de la
Buena Nueva y para enseñar y gobernar al Pueblo de Dios.
Es por ello, que los
fieles laicos debemos de prestar mucha atención a las verdades que surgen de la
Sagrada Escritura, a la Tradición de la Iglesia y a las enseñanzas del
Magisterio eclesial.
Es deber de los cristianos, que viven en este mundo
aunque no son del mundo, impregnar las realidades temporales de las enseñanzas
del Salvador para promover en todo momento y lugar la consecución del bien común
en la actividad política, social, económica y en la vida profesional y familiar,
en tanto Él nos mandó a todos a hacer discípulos hasta los confines de la
Tierra. Para ser sal y luz del mundo, los creyentes debemos estar unidos al
Señor como los sarmientos a la vid y ello sólo se puede lograr en perfecta unión
y armonía con las enseñanzas del magisterio jerárquico de la Santa Iglesia
Católica.
Por todo ello, para los fieles laicos, constituye un ineludible
deber, a fin de orientar su recta conciencia e informar su accionar, estudiar
los documentos de la Santa Iglesia en temas que son de su especial incumbencia
pues suponen la actuación en los diversos campos de la realidades temporales que
referíamos en el párrafo anterior.
III) El Relativismo
Cultural
En el Capítulo I de la Nota doctrinal se aborda en especial
el problema del relativismo cultural imperante en el mundo, que determina la
decadencia y la disolución de la razón y los principios de la ley moral natural.
El documento aclara que la concepción relativista del pluralismo no tiene nada
que ver con la legítima libertad de los ciudadanos católicos de elegir, entre
las opiniones políticas compatibles con la fe y la moral natural, aquella que,
según el propio criterio, se conforma mejor a las exigencias del bien común. La
libertad política, continúa el documento, no está ni puede estar basada en la
idea relativista según la cual todas las concepciones sobre el bien del hombre
son igualmente verdaderas y tienen el mismo valor (como lo promueve la nefasta
doctrina de la “Nueva Era” agregamos nosotros) sino sobre el hecho de que las
actividades políticas apuntan caso por caso hacia la realización extremadamente
concreta del verdadero bien humano y social en un contexto histórico,
geográfico, económico, tecnológico y cultural bien determinado.
El
razonamiento del documento se completa con la afirmación de que si el cristiano
debe reconocer la legítima pluralidad de opiniones temporales, también está
llamado a disentir de una concepción del pluralismo en clave de relativismo
moral, nociva para la misma vida democrática, pues ésta tiene necesidad de
fundamentos verdaderos y sólidos, esto es, de principios éticos que, por su
naturaleza y papel fundamental de la vida social, no son negociables. Luego, más
adelante, la Nota, citando al Concilio Vaticano II, G.S. No.73, dice que la
estructura democrática sobre la cual un Estado moderno pretende constituírse
sería sumamente frágil si no pusiera como fundamento propio la centralidad de la
persona. El respeto de la persona es, por lo demás, lo que hace posible la
participación democrática.
Es justamente esta la filosofía de Juan Pablo II,
la centralidad de la persona, (el “volver a la persona” como titula el eminente
joven profesor mexicano Rodrigo Guerra, un estudio reciente), en particular tan
avasallada en sus derechos en el pasado siglo XX y en el presente, no solamente
por el comunismo marxista y por el nazismo sino también por el materialismo
capitalista.
Sobre la enseñanza del accionar de los cristianos, el documento
vaticano establece que los fieles están obligados a confrontarse siempre para
tener la certeza de que la propia participación en la vida política esté
caracterizada por una coherente responsabilidad hacia las realidades temporales.
Y por ello no habrán de colaborar con ningún proyecto de ley que legalice el
aborto, la eutanasia, el matrimonio homosexual y otros por atentar gravemente
contra la dignidad de la persona humana, creada a imagen y semejanza de Dios.
Menciona asimismo el derecho a la libertad religiosa y a que el desarrollo
de la economía esté al servicio de la persona y del bien común, en el respeto a
la justicia social, el principio de la solidaridad humana y de subsidiariedad
(que el Estado no realice tareas que pueden ejercer mejor los grupos intermedios
o las personas).
IV) Laicismo y Pluralismo
El documento es
diáfano en cuanto a que ningún fiel puede apelar al principio del pluralismo y
autonomía de los laicos en política para favorecer soluciones que comprometan o
menoscaben la salvaguardia de las exigencias éticas fundamentales para el bien
común de la sociedad. No se trata en sí de valores confesionales –afirma- pues
tales exigencias éticas están radicadas en el ser humano y pertenecen a la ley
moral natural, aunque naturalmente no se puede negar que la política debe hacer
también referencia a principios dotados de valor absoluto, precisamente porque
están al servicio de la dignidad de la persona y del verdadero progreso
humano.
Asimismo la Nota doctrinal aclara que para la Iglesia la “laicidad”
en el accionar del fiel laico en las realidades temporales debe entenderse como
autonomía de la esfera civil y política de la esfera religiosa y eclesiástica,
nunca de la esfera moral. El Magisterio de la Iglesia con su accionar sólo
pretende iluminar la conciencia de los fieles y naturalmente esto no supone
ejercer ningún poder político ni eliminar la libertad de opinión de los
católicos sobre cuestiones contingentes. Lo que se afirma en forma indubitable
es que no puede existir en la vida del fiel laico una dicotomía entre su vida
eclesial y espiritual con sus compromisos seculares en la política, la economía,
la sociedad, el mundo profesional y familiar, etc.
Muy gráficamente afirma
el sarmiento arraigado en la vid que es Cristo, da fruto en cada sector de la
acción y de la existencia. Y agrega que sería un error confundir la justa
autonomía que los católicos deben asumir en política, con la reivindicación de
un principio que prescinda de la enseñanza moral y social de la
Iglesia.
V) Libertad de Conciencia
Finalmente, en cuanto al
tema de la libertad de conciencia, el documento recuerda que el derecho a la
libertad de conciencia, y en especial a la libertad religiosa, proclamada por la
Declaración “Dignitatis humanae” del Concilio Vaticano II, se basa en la
dignidad ontológica de la persona humana y de ningún modo en una inexistente
igualdad entre las religiones y los sistemas culturales. El Papa Pablo VI afirmó
que el Concilio de ningún modo funda este derecho a la libertad religiosa sobre
el supuesto hecho de que todas las religiones y todas las doctrinas, incluso
erróneas, tendrían un valor más o menos igual; lo funda, en cambio, sobre la
dignidad de la persona humana, la cual exige no ser sometida a contradicciones
externas, que tienden a oprimir la conciencia en la búsqueda de la verdadera
religión y en adhesión a ella.
VI) Conclusión
Concluye el
documento con dos afirmaciones preclaras. “Se equivocan los cristianos que,
pretextando que no tenemos aquí ciudad permanente, pues, buscamos la futura,
consideran que pueden descuidar las tareas temporales, sin darse cuenta que la
propia fe es un motivo que les obliga al más perfecto cumplimiento de todas
ellas, según su vocación personal”. Y termina diciendo “alégrense los fieles
cristianos de poder ejercer todas sus actividades temporales haciendo una
síntesis vital del esfuerzo humano, familiar, profesional, científico o técnico,
con los valores religiosos, bajo cuya altísima jerarquía todo coopera a la
gloria de Dios”.
Se trata, pues, de un rico documento de ineludible lectura
para quien desee iluminar su recta razón, que en pocas páginas brinda una guía
clara para el accionar del cristiano laico en los ámbitos temporales a fin que
el mismo se encamine a la promoción del bien común. Pensemos su utilidad en
particular para los cristianos de nuestros países latinoamericanos, el
continente de la esperanza como lo ha definido el Santo Padre, asediado por la
injusticia y la violencia, aunque a la vez, asentado indudablemente sobre una
cultura católica. Asimismo la Santa Sede está anunciando como de inminente
aparición un Compendio de Doctrina Social de la Iglesia que habrá de producir
ricos frutos al servicio del Reino.
En él Ud. tendrá la oportunidad de informarse y dialogar acerca de la relación entre la fe cristiana y católica y la razón humana.