SOBRE IGUALDADES Y
DIFERENCIAS
Bonifacio Rey
El concepto
de discriminación
Según el diccionario, la palabra "discriminar" tiene
dos acepciones:
1. Separar, distinguir, diferenciar una cosa de
otra.
2. Dar trato de inferioridad a una persona o
colectividad, generalmente por motivos raciales, religiosos, políticos o
económicos.
Aplicando la noción de justicia de la filosofía
occidental clásica (según la cual "justicia" es dar a cada uno lo que le
corrresponde), de aquí se deduce que hay discriminaciones justas y
discriminaciones injustas:
· Por ejemplo,
es justo negar el derecho al voto a los menores de 18 años, discriminando
(distinguiendo) su situación de la de los mayores de edad.
· En cambio es
injusto conceder subsidios estatales sólo a las escuelas que brindan una
educación secularista, discriminando (dando un trato de inferioridad) a las que
brindan una educación religiosa.
El Artículo 8º de la Constitución de la República
Oriental del Uruguay establece lo siguiente:
"Todas las personas son iguales ante la ley, no
reconociéndose otra distinción entre ellas sino la de los talentos o las
virtudes."
Por lo tanto nuestra Constitución asume la misma
concepción que hemos expuesto más arriba:
· Ya que todas las personas son iguales ante la ley,
ésta no debe realizar discriminaciones injustas. Por consiguiente es
inconstitucional que los impuestos pagados por todos los ciudadanos sean
utilizados para financiar un sistema educativo que satisface sólo los intereses
de algunos ciudadanos, los que tienen una ideología determinada (el
secularismo).
· No obstante la ley puede y debe realizar
discriminaciones justas entre las personas, basadas en sus diferentes
capacidades ("talentos") o virtudes (incluyendo, evidentemente, las virtudes
morales). Por consiguiente es constitucional negar el derecho al voto a los
menores de 18 años, porque por lo general éstos carecen aún de la suficiente
capacidad de discernimiento necesaria para ejercer ese derecho.
El artículo referido basta para rechazar como ajeno a
nuestro orden constitucional a todo un conjunto de iniciativas legislativas que
pretenden erróneamente equiparar las discriminaciones justas con las
injustas.
Persona y condición de la
persona
Consideremos por ejemplo la "ley Abdala", que acaba
de ser promulgada. Dicho en pocas palabras, la nueva ley penaliza a quienes
practican la discriminación basada en la "orientación sexual". Básicamente se
trata de proteger a las personas homosexuales, bisexuales, transexuales etc.
contra la discriminación. Ahora bien, debemos preguntarnos qué se entiende aquí
por discriminación. Si se tratara simplemente de la segunda acepción del
diccionario (la discriminación injusta) la nueva ley sería totalmente
innecesaria, por ser redundante. Los homosexuales, los bisexuales etc. son
personas y nuestro ordenamiento legal (pese a sus fallas) básicamente protege
los derechos de las personas. Así, por ejemplo, las personas homosexuales están
protegidas contra la violencia, la tortura, etc. en cuanto personas, por lo cual
resulta innecesario volver a protegerlos en cuanto
homosexuales.
Veamos por ejemplo el caso de la violencia. Es cierto
que practicar la violencia contra una persona homosexual porque es homosexual
debe ser considerado como un acto ilegal y punible; pero la ley (en Uruguay y en
todo el resto del mundo) desde siempre penaliza la práctica de la violencia
contra cualquier persona por cualquier motivo distinto de la legítima defensa (y
otros casos asimilados o asimilables). Por lo tanto la nueva ley en el fondo no
agrega nada nuevo al Código Penal, salvo en cuanto establece penas distintas
para dos delitos similares en función de las distintas motivaciones de los
delincuentes.
Me explico: Si Fulano ataca y golpea a Mengano,
carnicero y homosexual, porque le vendió carne en mal estado, se le aplica la
disposición tradicional del Código Penal; pero si lo hace porque odia a los
homosexuales, se le aplica la nueva disposición legal. Pienso que esta
distinción legal entre dos delitos semejantes encierra un error filosófico
profundo: El de considerar toda "orientación sexual" como algo respetable en sí
mismo, objetivamente. En efecto, una persona homosexual debe ser respetada, pero
debe ser respetada porque es persona, no porque es homosexual; debe ser
respetada como persona a pesar de su actividad homosexual, que atenta contra su
dignidad humana.
Evidentemente es necesario plantearse la siguiente
cuestión fundamental, como hizo el Arzobispo de Montevideo, Mons. Dr. Nicolás
Cotugno, en una reciente entrevista periodística (lo cual le valió una andanada
de críticas tan gruesas como inmerecidas): ¿Cuáles son las "orientaciones
sexuales" que la nueva ley pretende proteger contra la "discriminación"? ¿Todas
las "orientaciones sexuales" posibles, como el texto mismo de la ley parece
indicar? ¿Se deberá entonces admitir como "orientaciones sexuales" respetables
la poligamia, el incesto, el adulterio, la zoofilia etc. (todo el elenco de los
pecados contra la castidad y contra el matrimonio)? No se trata, como hipócrita
o tontamente algunos han acusado al Sr. Arzobispo, de igualar a las personas
homosexuales con las personas que se adhieren a estas otras prácticas sexuales.
Lo importante aquí es preguntarse con qué criterio la ley puede proteger a unas
prácticas y no a otras sin contradecirse a sí misma. La conclusión ineludible
desde el punto de vista lógico es que si uno niega la existencia de un orden
moral objetivo y de normas morales absolutas no puede fundamentar racionalmente
esa distinción; y que si uno, en cambio, afirma la existencia de una ley moral
natural, debe necesariamente concluir que la homosexualidad es tan contraria a
la naturaleza humana como cualquiera de esas otras
prácticas.
Intolerantes contra la
"intolerancia"
El tema de la entrevista de "Búsqueda" a Mons. Cotugno merece una
digresión: Sin prejuzgar las intenciones de los periodistas, diremos simplemente
que si su objetivo hubiera sido el de causar el máximo daño posible a la imagen
del Arzobispo, no lo podrían haber cumplido mejor: Una entrevista agresiva sobre
un tema de candente actualidad, con el trasfondo de una ley novísima que pendía
como espada de Damocles sobre las previsibles declaraciones del Arzobispo, unos
titulares impactantes, que causan una impresión muy diferente a la que causa la
lectura de la entrevista completa (con el resultado de que los muchos que leen
sólo los titulares se hacen una idea errónea de lo que dijo y quiso decir Mons.
Cotugno). Sobre todo puede reprocharse a los periodistas que hayan publicado
como titular una expresión metafórica sin su contexto, cambiando así su sentido:
Mons. Cotugno, hablando de la excomunión, la comparó a la medida por la cual las
víctimas de una enfermedad contagiosa son separadas de la comunidad con vistas a
su curación. Esta explicación perfectamente razonable de un concepto cristiano
fundamental, aislada en el titular del resto de su discurso, da la radicalmente
falsa impresión de que el Arzobispo propone poner en cuarentena a los
homosexuales en algún campo de concentración. Esto le valió muchas réplicas
duras y hasta injuriosas, por ejemplo del Diputado Abdala en televisión, quien
lo acusó de soberbio e intolerante y dijo que "no vivimos en la Alemania nazi"
(insinuando no muy sutilmente una calificación insultante para un alto
dignatario de la Iglesia que congrega a casi dos tercios de los uruguayos). Tan
luego él, cuyo partido está manchado por el reciente voto favorable de muchos de
sus legisladores a dos proyectos de ley claramente eugenésicos (la "Ley de
Reproducción Humana Asistida" y la "Ley de Defensa de la Salud Reproductiva").
Una declaración firmada por diputados de todos los partidos políticos con
representación parlamentaria incurre en errores semejantes.
¿Homofobia o cristianofobia?
Tenemos pues todo el derecho de pensar que esta nueva ley apunta
sus baterías principalmente contra la discriminación justa. En efecto, es justo
discriminar (tratar en forma diferente) en determinados casos a una persona en
función de su orientación sexual (por ejemplo, en el caso de un liceo católico
que quiere contratar a un profesor de religión), dado que la actividad
homosexual no es moralmente neutra, sino que es lo contrario de una virtud: un
vicio.
Peor aún, es muy probable que la finalidad última de esta ley sea
discriminar injustamente a quienes (por ejemplo los católicos) pensamos que la
actividad homosexual es un grave desorden moral. El gran revuelo causado por la
citada entrevista a Mons. Cotugno podría llevar a pensar que contiene algún
nuevo pronunciamiento de la Iglesia Católica. Nada más lejos de la verdad: Desde
siempre la doctrina católica, basándose tanto en la fe en la Divina Revelación
como en el recto ejercicio de la razón, ha condenado los actos homosexuales como
actos pecaminosos, que ofenden gravemente a Dios y degradan al ser humano que
los comete. A partir de ahora quienes, como el Arzobispo de Montevideo, se
animen a expresar públicamente ese pensamiento y a plantear con valentía la
verdad sobre el ser humano en esta materia, se expondrán a ser denunciados
penalmente (cosa que al parecer ya le ha ocurrido a Mons. Cotugno; que Dios lo
bendiga día tras día). Enseguida se oirán los cacareos y los gritos acusadores:
"¡Es reo de homofobia! ¡Apliquemos todo el peso de la ley a este antidemócrata!"
Pues si quieren llamar "homofobia" al odio cristiano al pecado, siempre unido al
amor al pecador, encontrarán un homófobo cabal en cada cristiano verdadero y
coherente. Y si quieren llamar "demócrata" al que propugna una soberanía
absoluta de la mayoría, no sujeta a la soberanía de la razón y la justicia,
entonces cuéntennos gustosos entre los contrarios a ese concepto decadente de la
democracia. Pero no canten victoria antes de tiempo, porque más allá de la
enorme presión de los "tolerantes" a favor de su ideología relativista de
"corrección política", la inmensa mayoría de los padres y de los educadores
uruguayos sabrán hacer lo que es debido para corregir en sus hijos o educandos
cualquier tendencia homosexual.
Justicia: dar a cada uno lo
suyo
Debemos concluir pues que la ley en cuestión es flagrantemente
inconstitucional, porque prohíbe y penaliza lo que la Constitución permite y
manda: hacer distinciones entre las personas con base en sus virtudes. Dado que
discriminar es también distinguir y discernir las diferencias, la condena de la
discriminación justa conduce a la creación de un pueblo sin discernimiento,
capacidad crítica o entendimiento, una masa amorfa en la cual, como en el
"Cambalache" de Discépolo, "todo es igual, nada es mejor, lo mismo un burro que
un gran profesor" y que arrincona a la Biblia junto al calefón.
Algo similar, pero a la inversa, cabría decir de la iniciativa que
consiste en obligar por ley a los partidos políticos a incluir al menos un 33%
de mujeres en sus listas de candidatos a cargos electivos. Ser mujer no es ni un
talento ni una virtud, por lo cual esta "acción afirmativa" sería
inconstitucional.
Pero si en la práctica nuestra Constitución
dejara de regir debido a los continuos pisoteos de que es objeto, no veo por qué
entonces los católicos no habríamos de exigir que al menos un 50% de todos los
candidatos fueran católicos.
LA IGLESIA Y LOS
HOMOSEXUALES
Néstor Martínez
Ha llegado el momento de levantarse
contra la indiscriminación. No discriminar es indiscriminado. En materia sexual
y moral en general. Debemos discriminar a la
indiscriminación.
La sociedad uruguaya discrimina a
los asesinos, ladrones, copadores, punguistas, violadores, estafadores,
contrabandistas, traficantes de drogas, etc. Los asesinos también son personas.
Y hasta son una minoría (felizmente).
Los homosexuales, igual en esto que
los heterosexuales, no tienen porqué ser asesinos, y no deben ser encarcelados
ni multados ni penalizados legalmente por su condición. Tampoco pueden unirse en
matrimonio. No pueden hacerlo, no porque alguien se lo prohíba, sino del mismo
modo en que es imposible fumar abajo del agua o morderse la oreja.
Tampoco el Estado puede concederles
la unión matrimonial. Físicamente, no puede. Lo más que puede hacer es sacar una
ley diciendo que eso que hacen los homosexuales es matrimonio, del mismo modo en
que si hay suficientes votos se puede sacar una ley que diga que las peras son
manzanas. Reconocer por ley el matrimonio de los homosexuales es como reconocer
por ley la ancianidad del recién nacido o la modernidad de los abuelos de
Homero.
No es discriminación decir que los
gatos no son perros y que no pueden ladrar. A lo sumo, es discriminación
cognoscitiva, la cual es imprescindible para no confundir la cuchara con el
tenedor, o el dedal con el enchufe, por ejemplo. Hay matices que son esenciales.
Y ojo, que esto no es ser
conservador. La realidad se conserva sola.
La Iglesia no prohíbe a los "gays".
Este tipo de leyes se las dejamos a los que decretan que las uniones
homosexuales son matrimonios. La realidad no se prohíbe, ni se cambia por ley.
La Iglesia, en realidad, la ley
moral que la Iglesia tiene la misión de enseñar, prohibe los actos homosexuales.
No las personas, ni siquiera las
tendencias, en lo que tienen de involuntario. Los católicos tenemos el
prejuicio de que sólo se puede prohibir o permitir lo que depende de la voluntad
humana.
Los homosexuales pueden acceder a la
comunión eucarística, siempre que acepten vivir conforme a la moral católica,
absteniéndose de actos homosexuales, y no defendiendo como moralmente válida la
opción favorable a esos actos.
Los homosexuales "asumidos", es
decir, los que hacen todo lo contrario de lo recién señalado, no pueden
comulgar. En general, los pecadores "asumidos" en ese sentido, no pueden
comulgar. En general, además, los que se quejan de que esto sea así, tampoco
quieren comulgar por nada del mundo.
La homofobia ¿es una enfermedad? Si
lo fuese, más que penalización, necesitaría tratamiento. La hidrofobia, la agorafobia, la
claustrofobia, por ejemplo, son enfermedades. De todos modos, hay una cuantas
fobias que no son enfermedades, y que hasta son buenas: la robofobia, la
mentirofobia, la engañofobia, la estafofobia, la homicidofobia, etc.
¿Cuándo una fobia es buena, y cuándo
mala? Es decir: ¿cuándo es legítima la fobiofobia, y cuándo no? ¿Puede llegar a
ser una enfermedad?
Por otra parte, la homofobia, ¿es
alergia a las personas homosexuales, o a los actos homosexuales? ¿Debemos ser
igualmente fóbicos a ambas fobias?
Las declaraciones del Arzobispo son
políticamente incorrectas, como lo es la doctrina católica en general. Gracias a
Dios. Mons. Cotugno no incitó a
violencia alguna, por más que las reacciones hayan sido sí muy violentas y tal
vez hasta un poco incitadoras, quién sabe.
Hay grupos hoy día que parecen
incitar al odio contra Mons. Cotugno y la Iglesia Católica, hasta el punto de
que quieren meterlo preso. ¿No será un caso de "católicofobia" (o tal vez
"episcopofobia"), y no debería haber una ley que penalizara esa incitación a la
violencia contra personas e instituciones? O al menos, un tratamiento, si se
trata de una enfermedad.
Los católicos somos distintos y
diversos de los no católicos. La diversidad, en efecto, es muy
diversa de lo que algunos piensan.
"Al que no acepta la diversidad, lo excluimos", suena un poco
contradictorio. "Aquí somos todos
distintos, y el que no quiera serlo, no es de los nuestros.
¿Tá?"
Con todo, nos alegramos que los
señores políticos, al reafirmar el derecho de la diversidad, hayan salido en
defensa del derecho de los católicos a vivir, pensar y hablar conforme a su
...¿cómo?...¿cómo que no...? Bueno, ejem.
A las metáforas e imágenes (aquí
también hemos usado algunas) hay que aplicar aquello de "comparatio non valet in
omnibus", que no tiene nada que ver con el transporte, sino que dice que las
imágenes no deben ser tomadas literalmente en todos sus detalles. Así, la
"enfermedad", el "aislamiento", el "contagio", como es fácil de ver, cuando se
quiere, por el contexto textual y doctrinal.
Digámoslo así: Si Pedro quiere tener
hijos con Luis, haya o no allí "enfermedad" en sentido médico, ciertamente hay
algo que no funciona bien. Y eso no
lo puede negar ni la OMS ni la OIT ni el FMI ni la CIA ni el FBI.
Claro, se me dirá que lo de los
hijos no importa, es lo de menos, son un mero accidente, un subproducto casual,
involuntario e incluso lamentable de la pasión. Con ese argumento, en vez de
festejar cumpleaños habría que repartir pésames a los pobres padres.
Los homosexuales, además, no son una
minoría. Es decir, aunque fuesen mayoría, seguirían siendo homosexuales, o sea,
sujetos de una tendencia moralmente desviada. La prueba inmediata de ello es que
en esa hipótesis la tasa de renovación por natalidad de la población mundial
descendería dramáticamente...De paso: ¿es eso lo que se busca, en el fondo (o en
el Fondo...)?
Los homosexuales no pierden su
dignidad esencial de personas por el hecho de ser homosexuales. Precisamente, lo
que sucede es que los actos homosexuales no condicen con esa dignidad propia de
la persona humana. Es por eso que la homosexualidad no es
problema ético en las otras especies vivientes, privadas de la dignidad de la
naturaleza racional.
No se puede ser diferente solo. Los
homosexuales son diferentes de los heterosexuales, y éstos de los homosexuales.
Los no católicos son diferentes de los católicos, y viceversa. Como decía
Chesterton el Grande: "Leí un libro una vez que decía que el cristianismo y el
budismo eran en buena medida lo mismo, especialmente el budismo".
VAMOS POR
PARTES...
Alvaro
Fernández
A riesgo
de ser reiterativos, vamos a dar nuestro punto de vista sobre el tan manido
asunto de la homosexualidad, los homosexuales y la cultura gay. Que no es lo
mismo.
Las personas
homosexuales
La
homosexuales son ante todo, personas. En virtud de ello -como los embriones
humanos- merecen todo el respeto del mundo. Nadie dice que deban ser
discriminados injustamente. Llama la atención sin embargo, que algunos
pretendan no ser discriminados, y que al mismo tiempo
reclamen "derechos especiales"; con lo cual, en lugar de tener los mismos
derechos que el resto de los ciudadanos, se autodiscriman, diferenciándose del
resto de la sociedad.
Debe
quedar claro entonces, que nosotros nos oponemos a que se discrimine
injustamente a los homosexuales, del mismo modo que nos oponemos a la
discriminación injusta de los
fumadores.
Toda
persona merece -por el simple hecho de serlo- amor, comprensión, respeto. Desde
el Papa al último pecador, desde el hombre más rico del mundo hasta el último
paria, todos los seres humanos somos iguales en dignidad. Nadie
es más ni menos que el otro. Pero, la propia Constitución de la República
de 1997 afirma con toda claridad en su Art. 8°. que "Todas las personas son iguales ante la
ley no reconociéndose otra distinción entre ellas sino la de los talentos o las
virtudes." Y nos preguntamos: ¿es una virtud ser fumador, o es más
virtuoso no serlo?; ¿es una virtud ser homosexual o es más virtuoso no serlo?
¿es igual de virtuoso el matrimonio heterosexual que el
heterosexual? En manos del lector queda la
respuesta.
La
homosexualidad
Llegados a
este punto, nos preguntamos por qué
razón somos considerados progresistas, liberales
y aggiornados si decimos:
-
fumar es
perjudicial para la salud,
-
como si
fuera poco, fumar conduce a la adicción,
-
la
adicción, es una enfermedad,
-
y la
adicción al cigarrillo, a la larga, puede provocar otras
enfermedades como el cáncer,
-
porque
el cigarrillo no es algo natural para el organismo,
-
y por
tanto, lo mejor es abstenerse. Hay múltiples tratamientos para dejar
el cigarrillo y es bueno
intentarlo...
Y por qué
razón somos considerados "oscurantistas",
"fundamentalistas" e "intolerantes", si
decimos
-
que la
homosexualidad es una enfermedad,
-
que fue
"curada por decreto" cuando se excluyó como tal de los más modernos manuales
de psiquiatría,
-
que los
actos homosexuales son contrarios a la naturaleza
humana,
-
que
quienes realizan actos homosexuales tienen más riesgo de contraer SIDA
-por eso no pueden donar sangre, lo cual no es considerado
discriminatorio, sino prudente-,
-
que lo
mejor es abstenerse, y que hay múltiples tratamientos para ayudar a
los homosexuales a superar sus tendencias, por tanto es bueno que
intenten tratarse.
No llegamos a comprender por
qué somos fundamentalista si decimos que los actos
homosexuales perjudican a la persona que los realiza, y por
qué somos progresistas si afirmamos que fumar es un mal
que debe ser erradicado de la faz de la tierra. ¿Acaso
los detractores del tabaquismo son "fumófobos" en el sentido de que odian
a los fumadores? ¿O más bien lo que no soportan es el
cigarrillo y los daños que le causan a los
fumadores?
Nótese
además, que en ninguno de estos dos casos estamos juzgando a las
personas que tienen un estilo de vida homosexual, ni un estilo de vida fumador.
Lo que se critica es el ejercicio de la homosexualidad en sí misma y del
tabaquismo en sí mismo. Esto lo tienen muy claro quienes
han organizado campañas antitabaquismo, como el cardiólogo
Baltasar Aguilar del Departamento de San José: "(la
campaña) debe ir contra
el tabaquismo y no contra los fumadores". En ambos casos, se
critica algo que es perjudicial para las personas que lo
practican.
Cuando una
persona le dice a un fumador: "andá a fumar afuera", aunque haga -5°C, también
le esta diciendo: "tu, por tu condición de fumador, no puedes compartir
conmigo el mismo espacio vital". Y cuando un heterosexual le dice a un
homosexual que no puede contraer matrimonio legal, también le está diciendo:
"tu, por tu condición de homosexual, no puedes compartir conmigo, de igual a
igual, el mismo "espacio legal", el mismo status jurídico." En fin, que
las
plantas, crecen en la tierra. Si las ponemos sobre una baldosa, por más decretos
que hagamos, no van a crecer, porque no conviene a su naturaleza estar lejos de
la tierra.
¿Y
entonces? ¿Por qué es "progre" la crítica al tabaquismo y "retrógrada"
toda crítica al homosexualismo? Muy
simple: moda, lobby y terror a ser "políticamente incorrecto".
Cultura gay
Un caso
particular lo tenemos entre los activistas gay.
Ellos pasan de la homosexualidad -simples tendencias
desordenadas- al homosexualismo -promoción de una verdadera cultura del
orgullo gay-. Debe quedar claro que no todas las personas
homosexuales -ni siquiera todos los que a veces realizan actos
homosexuales- son activistas gay. Algunos -quizá muchos- reconocen
que tienen un problema y
tratan de solucionarlo porque saben -o intuyen- que lo natural es la
heterosexualidad.
Los
activistas gay, por el contrario, tienen como meta difundir en la sociedad la
idea de que
la homosexualidad es algo sano, bueno, natural, y que debe ser promovido desde
la escuela y... desde el Plan CAIF. En Uruguay, esta
"normalización" a la que hacemos referencia, fue promovida en
el Manual ¡Escucha, Aprende, Vive!, promovido por ONUSIDA,
ANEP y el CODICEN. Este Manual afirma en su pág. 42
que "Existen diferentes maneras de obtener satisfacción y placer sexual, ya sea en forma transitoria o permanente (sic). Es
posible lograrlo con el propio
cuerpo (autoerotismo, masturbación) o en
interrelación con otras personas. Así
aprendemos a amar y ser amados, a acariciar
y ser acariciados. Estas personas pueden ser del otro sexo (heterosexualidad)
o del mismo sexo
(homosexualidad)." Todo es igual, nada es mejor ("lo mismo un burro que
un gran profesor", diría Discépolo...). Otro manual elaborado por
Gurises Unidos y el Plan CAIF, tiende al
mismo propósito: su objetivo es "formar" en la ideología de "género"
a los técnicos que trabajan con preescolares en los Centros
CAIF.
Esta "normalización", junto
a la "victimización" del homosexual orgulloso de su condición y la
"demonización" de los defensores de la familia, son estrategias para
imponer en la sociedad, la idea de que el homosexualismo -más allá de la
homosexualidad- es un hecho perfectamente normal, en tanto que la familia
es una suerte de perversión del orden natural donde el hombre oprime y esclaviza
a la mujer. En este contexto, la homosexualidad vendría a ser
algo así como un tercer sexo, que nadie se había dado cuenta que existía
realmente en toda la Historia de la Humanidad.
Hablar de enfermedad no
lleva al odio, sino a la compasón
Hace unos días, la mamá de mi
ahijado, me contó una anécdota que no puedo dejar de difundir.
Un día, iba caminando
con uno de sus pequeños hijos, cuando al ver un travesti, este le
preguntó:
- "¿Mamá, por qué ese señor está
vestido de mujer?
Y su mamá le
respondió:
- "Porque está
enfermo..."
- "¡Pobre!", comentó el niño.
Conste que no dijo "que horror",
"que espantoso", "que patético"... No, el niño no dijo nada agraviante ni
ofensivo: sólo dijo "¡Pobre!", porque sus padres le enseñaron a compadecerse de
-a "padecer con"- los enfermos. De cualquier enfermo, sin discriminar a
ninguno. Queda claro entonces que al
hablar claro del problema de la homosexualidad, al referirnos a ella como
una desviación de la conducta normal -como una discapacidad-, lejos de
incitar al odio, al desprecio o a la violencia, estamos ayudando a la
comprensión del problema, a la solidaridad y a la compasión hacia quienes lo
sufren. La Iglesia Católica, fundadora de los primeros hospitales y
responsable de la atención de millones de enfermos en todo el mundo a lo largo
de los siglos, nunca ha tratado ni tratará a un sólo enfermo o
discapacitado con desprecio, ni lo discriminará por padecer tal o
cual patología. Basta recordar el ejemplo que diera la Madre Teresa
de Calcuta con los parias de la India para comprobar la realidad de esta
afirmación.
Caridad es amar en la
verdad
Si el amor a los hijos y a
los amigos nos lleva a corregirles cuando erran, ¿por qué no manifestar ese
mismo amor diciendo a cualquiera que se equivoque: "Mirá, quizá no sabés que
esto no es así, sino de esta otra forma..." "Por ese camino, vas errado, es
mejor ir por este otro" "Yo se que te cuesta, pero hay personas que te pueden
ayudar a mejorar en esto o en aquello". Cualquiera que obre de esta manera -como
cualquiera que le diga a un niño: "No metas ese clavo en el enchufe"- debe ser
estimado en tanto que actúe de la manera correcta y no a las trompadas. Y
así como las personas individuales pueden hacer notar a otros sus errores, la
sociedad y las instituciones -como la Iglesia- no solo pueden, sino que tienen
el deber de hacerlo.
No es faltar a la caridad, sino
más bien practicarla, corregir al que erra cuando lleva a cabo actos
homosexuales o... heterosexuales fuera del matrimonio. Y
tampoco es faltar a la caridad rechazar la eventual legalización de tales
uniones, que nada tienen que ver con el matrimonio ni en sus fines, ni en su
esencia. A propósito: si en nombre de la
libertad el derecho positivo permite legalizar cualquier tipo de uniones,
¿por qué aún no se ha legalizado el adulterio...? A Clinton le
hubiera venido bárbaro.
-
DEFENSA DE LA
VIDA