FE Y RAZÓN
"Omne verum, a quocumque dicatur, a Spiritu Sancto est"
Toda verdad, dígala quien la diga, viene del Espíritu Santo
LA
EUCARISTIA Y LA SAGRADA ESCRITURA
Pbro.Dr.Miguel A. Barriola
I
–
PROEMIO
Los
congresos, en cualquier orden (científico, político, artístico, etc.)
suministran propicias ocasiones para valorar con renovado entusiasmo y
profundidad realidades, instituciones o personas con las cuales solemos
relacionarnos frecuentemente por pura inercia de la costumbre, sin contacto
vital y fructuoso con sus riquezas.
No está exenta de la herrumbre rutinaria nuestra vinculación con Dios,
con el Evangelio y sus principales tesoros.
Así, Mons. A. Marino apunta con ojo certero lo siguiente, respecto al
culto que, debiendo ser “fuente y culpen” de toda vivencia cristiana (1) [1],
por “la debilidad de los hombres puede, a veces, volcar en la celebración
litúrgica de la fe los síntomas del enfriamiento de su adhesión plena a
Jesucristo. Una fe no confrontada con la vida, ni vivificada por la caridad,
puede llevar al ritualismo y a la rutina, peligro constante de toda comunidad
eclesial. Viceversa, una celebración imperfecta por falta de un verdadero
espíritu de fe, o por una deficiente formación litúrgica o el descuido de una
preparación pastoral más esmerada, puede afectar la calidad de vida eclesial”
(2) [2].
Ahora bien, nadie ama lo que no conoce, debiéndose muchas veces esa
tibieza frente al manantial de todo amor cristiano : el sacrificio eucarístico,
a la ignorancia o poca familiaridad con las fuentes mismas de una disposición
tan vasta y honda proveniente del corazón de Jesucristo.
Esos orígenes de la Eucaristía están plasmados en la Sagrada Escritura.
En su primera Alianza que la prepara y bosqueja y en el Testamento Nuevo y
definitivo que entrega los secretos más íntimos de Jesús a su Iglesia “hasta el
que venga” (1 Cor 11,26)
De ahí que para la charla de esta noche, los organizadores de estas
jornadas de preparación al IX Congreso Eucarístico hayan ubicado la
imprescindible reflexión bíblica, con el fin de conectarnos de la mejor forma
(la misma palabra de Dios) con alguno de los puntos de referencia principales
que nos acercan a los orígenes del sacrificio que se celebra cotidianamente en
la Iglesias, “desde donde sale el sol hasta el ocaso” (3) [3].
Como previo mapa de ruta avisamos que seleccionaremos el análisis de las
perspectivas y problemas que, respecto a la Eucaristía, brindan los Evangelios
sinópticos y la 1ª. Carta de San Pablo a los Corintios, en un primer
acercamiento. Para culminar con los datos que nos brinde el Evangelio de San
Juan.
II
– LA
EUCARISTIA EN LOS SINOPTICOS Y PABLO
1
– Preliminares
Muy brevemente se ha de recordar el género literario propio de los
Evangelios. Sus autores no pretendían registrar matemáticamente y con todo
detalle los sucesos históricos que están en las raíces de la fe cristiana. No
eran historiadores de oficio, sino predicadores fervorosos y entusiastas del
mensaje de que eran portadores.
No por ello era menos fidedigno y sólidamente fundamentado el material
histórico que trasmitían. Es la conciencia que manifiesta S. Lucas en el prólogo
de su primer escrito : “Me ha parecido también a mi, después de informarme
exactamente de todo desde los orígenes, escribirte ordenadamente, +optimo
Teófilo, para que conozcas la solidez de las enseñanzas que has recibido
de viva voz” (Lc. 1,3-4). Mal podía contribuir a la firmeza de la fe, acudiendo
a inventos y fabulaciones.
Pero no entendieron la preocupación por la “exactitud” como equivalente
al escrupuloso recuento de circunstancias, las más de las veces accesorias
(4) [4].
Por ejemplo, los cuatro evangelistas concuerdan las traidoras negaciones de
Pedro. Sólo que, según Mateo, las dos primeras fueron provocadas por dos siervas
distintas (Mt 26,29.71), cuando, en la presentación de Marcos se trata de una
sola mujer que interroga dos veces al discípulo (Mc
14,66.69).
Esa circunstancia, borrosamente fijada en la memoria de la tradición,
aunque del todo accidental, n nada empaña la sustancia verídica del hecho
descomunal que un discípulo, tan destacado por el mismo Jesús, lo hubiera
renegado.
Algo análogo observaremos respecto a los relatos de la Ultima Cena, y en
ella, en lo referente a la institución de la Eucaristía. Sus aparentes
irregularidades o discrepancias, no afecta un ápice a la medular fidedignidad y
convergencia, con que nos trasmiten el testamento mismo de Jesús. Más bien, cada
autor, respetando el núcleo, va explicitando lo que mejor le parecía,
pedagógicamente, para las circunstancias de las comunidades a las que dirigía su
obra.
2
– Estado de las tradiciones sobre la
Ultima Cena
Llama de entrada la atención que Juan, en la “hora de pasar al Padre”,
antes de la Pascua (Jn 13,1 ss) no
aporte la más mínima alusión a la Eucaristía, a lo largo de cinco extensos
capítulos.
Esta extraña omisión nos ocupará en la última sección, de esta
presentación.
Ciñéndonos a los relatos más compaginados entre sí, una primera ojeada
nos hace comprobar que los tres Sinópticos y 1ª Corintios refieren
sustancialmente el mismo episodio. Aunque sus divergencias son tan grandes, que
resulta tiempo perdido el intento de reconstruir un texto –
fuente.
Sin
embargo, el análisis de estos documentos permite catalogarlos según sus
situaciones en dos grandes orientaciones, la segunda de las cuales puede ser
clasificada, a su vez en dos nuevas subdivisiones.
A) Testamentaria
TRADICION
1 - Marcana
B)
Cultural
2
– Antioquena
3
– Breve inventario previo – Biografía
estilizada en la liturgia
Las narraciones (fuera 1 Cor 11,22-26, donde el recuerdo de la Cena es
traído a colación para corregir abusos culturales), se entroncan naturalmente en
los sucesos históricos de los últimos pasos de Jesús por la
historia.
Sin embargo, el género literario, con que es presentada la cena, no es
puramente narrativo, ha sido tomado del tenor estereotipado con que se celebraba
La Eucaristía, ya por décadas, dentro de las liturgias de las diferentes
comunidades eclesiales.
Cariz
litúrgico
Lo
dicho es más evidente en Pablo, quien se propone enderezar los desarreglos que
cometían los corintios en sus asambleas eucarísticas. El Apóstol apelará al
sentido profundo (no sólo rubricista) de la práctica cultual, conocida desde los
orígenes de la fe cristiana (1 Cor 11,23; ver también : 1 Cor 15,3, donde para
otro tema : la resurrección del Señor, acude igualmente Pablo a lo que él mismo
“ha recibido” desde la primera tradición). El entrega probablemente la
catequesis que le comunicaron en Jerusalén o Antioquía, donde había sido educado
en la fe entre el 35 y el 40 (pues él no conoció personalmente al Jesús
histórico, antes bien, lo persiguió)(5)
[5].
Es
el suyo, entonces, el testimonio escrito más antiguo que poseemos sobre la
Eucaristía.
Más,
pese a su carácter narrativo, los mismos Sinópticos en sus relatos de la última
Pascua de Jesús, ofrecen esa apariencia de estilización, propia de la
celebración cultual.
Si
bien la cena se presenta muy bien ensamblada con lo que se viene historiando, se
descubre en Marcos el carácter de “zurcido” con que parece introducir un trozo
constituído ya con vida independiente, fuera de su propia obra. Es decir : el
segundo Evangelista, toma simplemente las formulaciones litúrgicas ya en uso y
las inserta en su relato.
En
efecto, en Mc 14,18 se anotaba Ya : “mientras comían”, cosa que vuelve a repetir
(inútilmente) cuatro versículos después (v22). Señal de que trasladó tal cual
una fórmula previa, usada en la liturgia, sin reparar en la redundancia.
El
estilo hierático no pretende una descripción detallista de los acontecimientos
(6) [6].
Así, por ejemplo, nada se comunica sobre la reacción de los discípulos. Más
bien, la única vez que se alude a una intervención de estos ( “bebieron
todos”, v23), es colocada con
anterioridad a la explicación de Jesús : “Esta es mi sangre”
(v24).
O
sea : si se tomara el texto como una crónica “historicista” de lo sucedido, se
daría el caso sorprendente de que los apóstoles obraron (al beber), ignorando
aún que Jesús les estaba dando su “sangre de la alianza”.
La
tendencia a la estilización litúrgica es todavía más patente, si se comparan
entre sí las versiones de las palabras de Jesús : En Lucas-Pablo el binomio es :
cuerpo-copa de la alianza en mi sangre. En Marcos-Mateo se ha simplificado y
visualizado mejor : cuerpo-sangre ( ha desaparecido la mención de la copa) de la
alianza(7) [7].
En
resumidas cuentas : lo biográfico, histórico está presente, pero a través de la
modalidad litúrgica.
¿Quiere
decir que estamos ante una práctica ritual, carente de valor histórico? Eso
sería una deducción excesiva.
Factor
histórico
En
contra de la acción litúrgica, ya estereotipada en sentido cristiano, donde se
unía inmediatamente la acción de Jesús sobre el pan y sobre el vino, dos otras
versiones (Lc 22,20 ss y 1 Cor 11,25 ss) dan noticia de que fueron separadas por
una comida intermedia. “Haced esto en memoria mía. Así mismo el cáliz después de
haber cenado, diciendo : Este cáliz es la nueva alianza en mi sangre...” (Lc
22,19-20. Igual detalle en : 1 Cor 11,24-25).
Otra
corroboración del asidero histórico de la narración es obtenido por la
aplicación del “criterio de discontinuidad” (8) [8].
En efecto, al revés de la costumbre corriente de que cada comensal empleara una
copa distinta para sí mismo, Jesús hace pasar, según los cuatro textos, la misma
copa, en disensión con lo usual. Esto nos lleva a un gesto originario de
Jesús.
Más todavía : a pesar de que la fórmula “fracción del pan” se convirtió
muy pronto para los primeros cristianos en término técnico para designar la
totalidad del rito eucarístico (Lc 24,35; Hech 2,46; 20,7.11; 1 Cor 10,16), los
relatos dan un peso igual e incluso superior a las palabras y gesto de la copa
(9)[9]
Esta
base histórica se confirma, en todas las versiones, por una serie de semitismos
(resabios de giros lingüísticos arameos, que están reflejados en el girego del
Nuevo testamento). Y nos remiten a un ambiente
palestinense.
Las
expresiones “bendición” y “partir el pan”, por ejemplo, resultan extrañas a un
oído griego. Las palabras pronunciadas por Jesús (por otra parte) no se ajustan
a las que se recitan en toda comida pascual judía. Ellas se proponen explicar,
no los ritos ancestrales practicados en esa fiesta tan central para Israel, sino
los gestos actuales y nuevos de Jesús, que, como hacían los profetas, interpreta
su modo de actuar, máxime cuando lo hace en vistas a un futuro y no como
recuerdo de un pasado.
En
resumen : los indicios aducidos hablan de recuerdos vertidos en un molde
cultual, estilizado, pero con sólida base en la historia. Si no nos cuentan
todo lo que Jesús hizo aquella noche, sino más bien nos refieren como
los primeros cristianos de Jerusalén y Antioquía celebraban en su liturgia
la memoria de la Ultima cena, no por eso dejan de entregarnos lo esencial de
gestos bien anclados en la historia.
Tradición
Testamentaria – Comida de despedida
Acertado
lo anterior, acerca de la simplificación litúrgica observable en medio de los
relatos evangélicos, se comprueba igualmente que la última cena ha sido
trasmitida de acuerdo a otro tipo de tradición, cuyo mejor representante en el
Evangelio de Juan.
Es
indudable que la Eucaristía se celebraba también en las comunidades joáneas,
como lo muestra Juan 6, con su abundante discurso sobre el “pan de vida”. Pero
la realidad es que, en vez de los hechos y palabras de la institución, Juan
recuerda la postrer comida de Jesús con los suyos, ubicando allí solamente el
lavatorio de los pies y un extenso discurso, con el que Jesús se despide.(10) [10]
Rastros
de estas características han quedado también en los Sinópticos. En Lucas
(siempre más cercano a Juan en sus datos), adquieren mayor relieve; pero no
están ausentes en los restantes (mt 26,29; Mc 14,25).
Nos
referimos a los versos en que Jesús deja atrás la comida terrena, para citar a
los suyos a un futuro festín perfecto, en el Reino de
Dios.
Dichas
palabras (en Mt y Mc) siguen inmediatamente a la revelación suprema, referente a
la : “sangre de la alianza”, derramada por todos. Parece extraño que, acto
seguido, Jesús hable simplemente del “fruto de la vid”, expresión que se puede
aplicar a cualquier vino,
desprovisto de carácter sagrado.
Nos
encontramos ante dos registros diferentes de lenguaje : uno litúrgico y otro
profético.
La
existencia de tradiciones, configuradas en ámbitos diferentes, es confirmada por
el echo de que estas frases flota como descolocadas en medio de un estilo
litúrgico, tanto, que Lucas invierte el orden, sitúandolas, no después, sino
antes del relato cultual. En su Evangelio, las palabras propiamente eucarísticas
siguen sin violencia al texto precedente (22,14-18), que es exclusivo suyo,
sobre todo cuando el v17, sobre la copa y el compartir, las prepara muy bien
(11)[11]
Marcos,
en cambio, llegado el punto central en su narración de la Ultima cena, creyó que
lo mejor era insertar en su texto un sustrato (ya corriente en la liturgia) de
los hechos. Así, mientras que en Mc14,12-21 venía contando en su modo habitual,
en tono más vivo y concreto, en los vv22-24 no hace más que transcribir un trozo
en moldes litúrgicos (como más arriba hemos analizado).
Este
mismo entrecruzarse de tradiciones explicaría en Marcos (además de la
reiteración del “mientras comían” : 14,18 y 22) la anomalía ya encontrada de que
los discípulos “beban” antes de que Jesús haya pronunciado las palabras de la
institución. Este acto de beber no habría que unirlo al vino ya eucarístico,
sino a las consideraciones referentes a la despedida. A esa conclusión pone
remedio Lucas.
A
continuación pondremos en dos columnas las narraciones de marcos (donde mezcla
¿tradiciones), con las de Lucas, quien las distingue con nitidez, sólo que
prescindiendo de la inserción eucarística que Mc 14,24b (proveniente de la
fuente cultual) intercala en medio de los recuerdos de cariz testamentario y se
podrá captar la operación de clarificación realizada por el tercer Evangelista
:
Marcos
14
Lucas 22
v23 Y
tomando la copa
v17
Tomando una copa
Pronunció
la acción de gracias
dio gracias y dijo :
Se la pasó
Tomad
Y todos bebieron
repartidla entre
v24 Y le dijo
: (omitimos v24b)
vosotros;
v25 Os aseguro que
ya
v18
porque os digo que
no beberé más
desde ahora
del fruto de la vid
no beberé más
hasta el día en que lo beba
del fruto de la vid
nuevo
hasta que llegue
en el Reino de Dios
el Reino de Dios
Lucas,
por lo tanto (mejor historiador, cuyo propósito es escribir con orden, como dejó
consignado en su prólogo : 1,3), ha conservado perfectamente una tradición
especial; mientras que Marcos la ha deslocado, haciendo prevalecer la
litúrgica.
Al
unir inmediatamente las palabras sobre el pan con las relativas a la copa (en el
v24 a y b : tal como se había simplificado desde hacía tiempo en las
celebraciones cristianas, que recordaban el evento), Marcos deslizó más el
centro hacia el modo con que los cristianos de su época habían sintetizado lo
esencial de la despedida pascual de Cristo.
La
cuestión de las distintas copas en Lucas
Existen
complicados problemas en torno al texto de Lucas. La mayoría de los intérpretes
actuales supone que el Tercer Evangelio narra los principales desarrollos de una
cena pascual judía, tal cual es reconstituible a partir de fuentes rabínicas
(que, sin embargo, no todas ofrecen una imagen uniforme).
Según
estos exégetas, la copa de Lc 22,17-18 sería la primera “de bendición”
(llamada quiddush : santificación), de las cuatro que era costumbre beber
en tal ocasión.
Las
palabras de Jesús (imprevistas por el ritual judío) sobre otra de las copas,
habría recaído (siempre según estos comentaristas) sobre la 3ª copa,
llamada de bendición y acción de gracias (birkat
hammason).
Parecen
más lúcidas y pertinentes las explicaciones de P.Benoit(12)[12],
quien ve en el relato lucano referencias (por dos veces) a una misma
copa.
Para
este exégeta, la “pascua” y la “copa” de los vv 15-18 son solamente un paralelo
anticipativo de los gestos que Jesús realizará inmediatamente después. O sea :
una especie de título o resumen previo, de lo que pasará a desarrollar : por
ende, no pertenecen a la misma narración y, por lo tanto, no se trata de una
copa anterior a la única que aparecerá en el curso del relato que seguirá
enseguida.
Algunas
razones que sustentan esta posición :
-
En 22,17 escribió “Dexámenos potérion” (= tomando una copa, sin el artículo
determinante), para sólo después concretizar con el artículo, en el v20 : “kai
to potérion osaulós” (lo mismo hizo con la copa, de la que ya
venía hablando desde el v17).
-
Lucas emplea el giro “eujaristésas” (habiendo dado gracias) para la primera
mención de la copa, lo cual no coincide con el primer brindis del ceremonial
judíoa, que era de “ bendición”. Si hubiera querido referirse a ello, debería
haber escrito “Eulogésas”. La palabra que emplea, pues, parece provenir de la
copa eucarística (Mc 14,23).
-
Tampoco era propio de la primera copa judía que fuera repartida entre los
comensales, como lo hace Jesús en lc 22,17. Por consiguiente, tenemos ya otra
característica de la copa propiamente eucarística, que Lucas trasladó y anticipó
a este lugar, funcionando así como compendio del relato que seguirá a
continuación.
¿Quiere
decir esto que él ve pura y simplemente a la copa eucarística ya en el
v17?
No,
porque se abstiene de conectarla con lo esencial de la misma : las palabras
relativas a la sangre.
Su
procedimiento es a la vez más sutil y sencillo : adelantó la copa eucarística al
v17, para ocuparse de ella nuevamente, acto seguido en el
v20.
¿Pero
qué objeto tiene este desdoblamiento?
En
primer lugar : como ya se adelantó, por una preocupación de presentación más
clara, Lucas habría decidido colocar antes de la institución eucarística la
palabra escatológica (despedida hasta el reino) que Marcos ubicó al final. Con
ello obtenía orden y claridad, porque Jesús, al anunciar que no bebería más vino
en sentido propio, debió haberlo expresado antes de pronunciar las palabras
acerca de la sangre, las cuales elevaban los pensamientos a un palno del todo
nuevo.
Con
sus palabras de Lc 22,17, no quiere decir Jesús que en esa cena no iba a beber
más vino, sino : “Esta es la última comida en que beberé vino”. Según la
verosimilitud histórica el orden de Lucas es mejor que el de
Marcos-Mateo.
Esta
palabra sobre el vino, todavía no eucaristizado en su sangre, tenía necesidad de
un soporte : Jesús debía
pronunciarla sobre una copa de vino : Lucas lo muestra, entonces, tomando antes
una copa. Por otra parte, el Evangelista está pensando sólo en la copa que
posteriormente será eucaristizada. Se trata, volvemos a repetir, de una única
copa.
Lucas
está tan lejos de pensar en la primera copa del ritual judío, que no aduce
ningún signo especial para caracterizarla; sólo le asigna por adelantado algunos
rasgos de la copa eucarística, como se encuentran en Mc 14,23; la toma, da
gracias y la entrega con la orden de distribuirla. Lucas reserva únicamente para
el momento eucarístico propiamente dicho (sobre la misma copa, que ya está en
juego desde su presentación), el último elemento (esencial, a decir verdad) : la
palabra sobre la nueva alianza y la sangre (v20).
Ha
hecho muy buen cálculo, porque seguir a S.Pablo en 1 Cor 11, que tiene sólo esta
palabra sobre el vino (sin el mandato de distribuir, ni de beber : 1 Cor 11,25),
de este modo, no habrá dejado de emplear las noticias de la otra fuente
(testamentaria, de despedida), que usaba Marcos, sólo que ubicándola en su lugar
apropiado (antes de la fórmula sobre su propia sangre) y no
después de la misma, como Mc 14,25.
Habiendo
así mencionado la copa, por anticipación, Lucas debía obtener un mejor
equilibrio, haciendo lo mismo respecto al pan : éste, a su vez, está como
preparado por la mención de la Pascua (Lc 22,15), que recibe también su palabra
escatológica (v16 : “ no la comeré hasta que se cumpla en el Reino de
Dios”).
Sólo
que, en realidad, el pan no es
considerado por anticipación en sí mismo, como se hizo con la copa. Está
más bien figurado por otra cosa : la pascua, es decir, la pascua judía, y
más precisamente en cordero pascual.
Esta observación nos conduce a ver en la construcción de Lucas otro
objetivo más profundo que el mero deseo de un paralelismo verbal o de un orden
más lúcido de los hechos.
Parece que Lucas hubiera querido anteponer al cuadro eucarístico otro,
construído para lelamente, sobre el rito antiguo que desaparece para los
discípulos : la pascua judía.
Jesús da la despedida a la antigua economía e inmediatamente después
instituye la suya, nueva y definitiva. Por medio de su composición de los datos,
Lucas desea poner en juego un profundo pensamiento teológico, que desarrollará
la tradición posterior : “Observata lege plen, cibis in legalibus, cibus turbae
duodenae se dat suismanjibus” (= Habiendo observado plenamente la ley en la
comida prescrita, con sus propias manos se da como alimento al conjunto de los
doce “ Sto Tomás de Aquino. Pange lingua). La Eucaristía es la pascua cristiana;
o también : Cristo ha suprimido la antigua pascua, sustituyéndose a ella, idea
que ya Pablo había enunciado (1 Cor 5,7). Lucas, que sigue a Pablo en tantos
otros detalles referentes a la Eucaristía, seguramente se encuentra igualmente
bajo su influjo, cuando saca a la luz este pasaje de la una a la otra Pascua,
por medio de su hábil construcción.
Pero, esta idea surgía de los hechos mismos, no se debe a las artes
combinatorias de Lucas. No por se una amplificación de alcance teológico, la
redacción de Lucas es fantasiosa e irreal, todo lo contrario. Está explotando
una auténtica tradición histórica, a saber, que Jesús instituyó la Eucaristía en
el curso de un banquete con fisonomía pascual.
Carácter
pascual de la Ultima cena
En la actualidad hay intérpretes que niegan lo que acabamos de afirmar :
la cena de despedida de Jesús (opinan) no fue de estilo
pascual.
La objeción más seria contra este cariz pascual se refiere al tono de Mc
14,22-25, que no contiene alusión alguna al rito de esa fiesta, con lo cual
Jesús se desconectaría de la sugerencia de sus discípulos, que le preguntaron
dónde quería celebrar la pascua (Mc 14,12-16).
La realidad es más compleja y simple a la vez. Lucas percibió en
profundidad que se trata de dos pascuas, de las cuales la antigua cede su lugar
a la nueva. Marcos, llegado al punto central de la cena, no creyó hacer otra
cosa mejor, para contarla, que ir de inmediato a lo central, más nueva,
original, y perpetuado entre los cristianos : aquello que resumían los relatos
ya corrientes en la liturgia de la Iglesia. Mientras que en los vv 12-211 venía
contando en su modo habitual, usando un tono narrativo y concreto, con todos los
detalles de su fuente de información, en los vv 22-24 no hace más que
transcribir un pasaje ya esquematizado, de donde resulta un cierto cambio de
plan, que se siente en la redacción marcana, como lo hemos venido
notando.
De aquí también se sigue que los primeros cristianos, cuando renovaban la
Ultima cena, dejaron caer todos los elementos del rito pascual, a los que el
Señor no había dado ningún sentido, o mejor dicho : cuyo único significado era,
estar apuntando a la pascua definitiva. Una vez llegada esta, ya no tenía objeto
reproducir detalladamente lo que sólo fue un bosquejo preparativo y provisorio.
Se retuvieron sólo los gestos que habían recibido, por las palabras del Maestro,
un significado nuevo. En consecuencia, no mencionaron más estos últimos en el
relato que acompañaba a la acción. En particular fue abandonado el cordero. Este
asado en trozos apetitosos no convenía en la repetición frecuente en el futuro,
querida por Jesús. (Para los hebreos la periodicidad de la Pascua era sólo
anual. Los cristianos, en cambio, “todos los días...partían el pan” Hech 2,46 :
“Todas las veces que coméis...bebeís” 1 Cor 11,26).
Pero la omisión explícita del cordero, en el texto litúrgico que emplea
Marcos, no significa en modo alguno su ausencia real en el convite histórico de
la Ultima cena de Jesús.
Se notará, por otra parte, que el mismo molde litúrgico ya cristiano (
prescindiendo de las otras circunstancias, como, por ejemplo, el servirse
del mismo plato las “hierbas
amargas” : Mt 26,23; Mc 14,19) ha retenido algunos vestigios, que, no sólo no
contradicen al colorido pascual de la Cena, sino que la insinúan : es un festín
nocturno (“la noche en que era entregado” : 1 Cor 11,23 ) : rito de bendición,
fracción y distribución del pan con palabras explicativas, copa de acción de
gracias al terminar la comida (“después de cenar”: Lc 22,20; 1 Cor 11,23) el
canto del Hallel (Mt 26,30, Mc 14,26) (13) [13].
f)
Conflicto entre los Sinópticos y Juan respecto a la Pascua
La
dificultad más grave contra la “pascualidad” de la Ultima cena de Cristo se
funda en la diferencia de cronología observable al respecto, entre los
Sinópticos y Juan. Aquellos hablan de "“Preparar la Pascua"” brindando varios
detalles propios de tal rito, como recién hemos
mencionado.
Juan, en cambio, al otro día de la cena, notifica que los judíos “no en
tran en el pretorio, para no contaminarse y así poder comer el cordero pascual”
(Jn 18,28). Según el cuarto Evangelio, entonces, la Pascua tuvo lugar aquel año
en un sábado y no el jueves anterior, como lo dejan entender los tres primeros
Evangelios.
Innumerables intentos de solución se presentaron en la historia de la
exégesis. El que más llamó la atención surgió a raíz de los descubrimientos de
Qumram y fue expuesto por Annie Jaubert (14)[14].
Los esenios, al separarse del culto oficial del templo, quisieron, entre
otras cosas, restaurar el uso del calendario que puede observarse en la Biblia,
dejando de lado el babilonio vigente en la liturgia de
Jerusalén.
Según la autora francesa, Jesús habría celebrado su comida pascual con
sus discípulos en la tarde del martes, siguiendo el calendario de los esenios,
practicado por contemporáneos suyos, muy cerca, a las orillas del Mar Muerto.
Habría sido detenido en Getsemaní la noche del martes al miércoles. Los
sinópticos presupondrían así la fecha de la Pascua según el cómputo esenio.
Mientras que Juan se habría atenido a las fechas oficiales, según las cuales la
Pascua cía a la tarde siguiente a la crucifixión de Jesús.
Ingeniosa y muy documentada solución
, que muchos aceptaron al princi pio con entusiasmo, pero que hoy en día
va siendo arrinconada por serios reparos que le han ido
levantando.
Así, el ya citado P. Benoit(15) [15]
observa que es difícil probar que Jesús haya sido seguidor de los sectarios de
Qumram. Si bien criticó a los sacerdotes, los Evangelios lo muestran muy leal en
su frecuentación del templo y observancia de sus fiestas. Cosa impensable para
los anacoretas del Mar Muerto, enemigos jurados de los “hijos de Belial” (como
llamaban a los sacerdotes jerosolimitanos), usurpadores del
culto.
Para el mismo Benoit (16)[16],
nada hay de sorprendente en el descuido de los Sinópticos respecto a la fecha
exacta de la cena, error que se ha de admitir en todo caso, si se da la razón a
Juan.
Hay un recuerdo objetivo en la base del relato sinóptico : fue por cierto
la tarde del jueves cuando Jesús celebró su Ultima cena.
El único despiste de la tradición sinóptica consistiría en haber dado un
carácter plenamente pascual a lo que no pudo ser en realidad otra cosa
que una evocación anticipada de la Pascua del otro día.
Todo lleva a sostenerlo : La Cena, en efecto, fue la cruz adelantada en
signos; la cruz, a su vez, fue la sustitución definitiva de la Pascua antigua,
como bien lo subraya Jn 19,31-36. Por lo tanto, la cena del día anterior, que no
podría ser enteramente pascual, según la usanza judaica, lo fue, sin
embargo, como rito de pasaje de aquella a la cristiana. En el cenáculo el centro
no lo ocupó ya el cordero o la memoria de la remota salida de Egipto. Se
inauguraba un nuevo rito, indicador eficaz de una redención universal, destinado
a reemplazar el anterior (“et antiquum documentum novo cedat ritui” = y la
antigua disposición ceda su lugar al nuevo rito. Sto. Tomás de Aquino, Pange
lingua).
Estas diferencias, dentro de la analogía explican suficientemente la
“fusión”, realizada por los Sinópticos, entre la “cena de Jesús” y la “Pascua
judía” de aquel año, que por última vez es conmemorada (para los cristianos),
dejando de ser el punto más alto de las gestas salvíficas de Dios, dando lugar a
la novísima Pascua definitiva, que sólo sería suplantada por “ el banquete
eterno del Reino”, “cuando El venga a clausurar la historia” (1Cor
11,26).
Conclusión
sobre la tradición testamentaria
Ya notamos de pasada que Juan es el que casi exclusivamente retuvo el
sesgo de despedida testamentaria en su presentación de la Cena, anterior a la
Pasión. Lucas, el más emparentado a Juan entre los Sinópticos, fue analizado
especialmente en lo tocante a est acentuación tradicional. Incorpora el relato
cultual (propio de Mc-Mt) pero abunda en los rasgos de tipo
testamentario.
¿Qué sentido tiene esta especial matización de la
tradición?
Permite expresar lo que ocurre en un cambio tan importante como es la
muerte : una sucesión de generaciones. Se opera una suerte de simbiosis entre lo
nuevo y lo antiguo. Lo inédito consiste en que se proseguirá sin la compañía o
apoyo (al menos visible) del patriarca, lider, fundador. Su pasaje al recuerdo
no significa extinción total, pues la novedad que proseguirá no empieza de cero;
continúa más bien la obra ya iniciada sin cortar amarrras con su legado, por más
que el “pionero” ya no se encuentre presente (en la misma forma que
antes):
Hacer un testamento es responder al instinto de supervivencia que hay en
todo hombre : a punto de dejar la vida se espera triunfar sobre la muerte, por
medio de algo que trasmite a la posteridad. No se trata sólo de dejar los bienes
que nos pertenecen, en herencia, sino, ante todo, de encomendar al cuidado de
los que quedan, las riquezas morales y espirituales adquiridas a lo largo de los
días, es decir : de comunicar el propio ser, de permanecer en cierto
modo.
Entregar un testamento es manifestar, de algún modo, la omnipotencia de
Dios, que es eterno. Por eso, trátese de Abraham, de Jacob, de Pablo o del mismo
Jesús, queda abierto el problema del mundo por venir, de la “sucesión”. El
hombre, que, por sí mismo, no es vencedor de la muerte, tiene que pasar el
testimonio a otros. Verifica por su cuenta el proverbio : “non omnis moriar”
(=no moriré del todo). Pero este anhelo pagano, natural en cualquier horizonte
cultural o religiosos, queda transfigurado por la intervención misma de Dios. De
ahí que Jesús no deje legados meramente “ideo-lógicos” (leyes, consejos,
principio, sistemas filosóficos), sino su propio cuerpo (tradición litúrgica o
cultual, que consideraremos enseguida). Por eso mismo, la combinación de lo
ritual (nuevo y eterno) se une a lo testamentario, caracterizando a la “alianza
de sangre”. Sólo El se despide, quedándose (valga la paradoja, el
misterio). La Eucaristía es la respuesta al dilema de seguir presente estando
ausente, sólo que de manera inigualable, porque únicamente Jesucristo posee la
facultad real de entregarse El mismo para siempre, no sólo de dejar recursos
suyos.
Así, notamos de qué manera se da algo peculiarísimo de Jesús. El no dice,
como cualquier profeta, salmista o judío piadoso : “Confío en mi Dios me
hará comensal en el banquete del Reino” . Jesús está seguro de participar en
dicho festín. No hay por qué negar, pues, que Jesús pronunció estas palabras en
su Cena de despedida ya que no sólo la recogen los tres Sinópticos en tal
ocasión, sino que además, su contenido se ajusta perfectamente a un contexto de
despedida.
Destaquemos de paso, que esa originalidad, que coloca a Jesús en
“discontinuidad”, tanto con la religiosidad judía como la eclesial, es un signo
de la solidez histórica de los relatos.
Tal “testamento”, pues, fortísimamente subrayado por Juan, no es menos
importante que el aspecto cultual : el cristiano estará unido a su Señor a través de una actitud de
servicio y caridad, como la vivió el propio Jesús.
En realidad son indispensables las dos tradiciones, pues Jesús no es sólo
un dechado a imitar. Concede, además. “transfusiones de sangre nueva”, para
capacitar a quienes “ sin El nada pueden hacer” (Jn 15,5 : declaración formulada
en medio de la alegoría de la vid, que posee alusiones ciertamente
eucarísticas). La Eucaristía no es sólo “fuente” de vida para la comunidad
eclesial (solidaridad, servicio mutuo, egregiamente puesto de relieve en el
lavatorio de los pies : Jn 13,3-16). Este don inigualable de Cristo (por encima
aún de los restantes sacramentos) es también “cumbre” o culmen, como dice el
Vaticano II (17)[17].
En el cap 6º de S. Juan ( a considerar más adelante), la carne de Cristo en la
Eucaristía no aparece únicamente como abastecimiento de fuerzas para realizar
otra cosa (que también lo es), sino sobre todo, como comunicación de vida que
trasciende lo presente : “Si no comiéreis la carne del hijo del hombre y no
bebiéreis su sangre, no tendréis vida en vosotros. Quien come mi carne y bebe mi
sangre, tiene vida eterna y yo lo resucitaré en el último día” (Jn
6,54-55; ver vv 57-59).
Según venimos comprobando, la tradición cultual (prescindiendo de las
frases llamadas escatológicas : Mc 14,25; Mt 26,29) subyace a las cuatro
versiones del relato de la institución de la Eucaristía en la Ultima cena del
Señor.
Dando un paso más en el análisis, confrontando los cuatro documentos, se
puede comprobar que, a su vez, proceden de dos ambientes claramente distintos
(ver el recuadro más arriba) : una misma tradición litúrgicamente se plasmó en
dos vertientes.
1
Las dos vertientes
Sólo Pablo y Lucas hace mención a la anámnesis (Lc 22,19; 1 Cor 11,24) o
mandamiento de reiterar.
Lo
que vieron los discípulos “en memoria” del Señor. También ellos solamente
separan las acciones sobre el pan y la copa mediante la indicación :”después de
la cena” (Lc 22,20; i Cor 11,25).
Ambos coinciden, igualmente en la presentación disimétrica de las
palabras de Jesús : en lugar de : cuerpo //sangre, tenemos : cuerpo//copa de la
alianza en la sangre (18)[18].
En fin, su vocabulario, con menos giros de sabor semítico, parece reflejar un
contexto helenístico, los módulos que adquirió el culto entre las comunidades
griegas.
En virtud del lazo que une a Pablo con Antioquía, esta orientación será
denominada tradición antioquena (19)[19]
Por su parte, Marcos y Mateo acentúan el paralelismo estricto de las
palabras : “Esta es mi sangre”. Los semitismos abundan. Por ejemplo : la
“bendición” sobre el pan (20) [20];
señalemos también la expresión : “por la multitud”; literalmente : “por los
muchos” (Mt 26,28; Mc 14,24), ininteligible para un
griego.
La tendencia común de estas dos versiones se conserva mejor en Marcos;
por eso es denominada tradición marcana, procedente de Jerusalén o de
Cesarea.
Mateo aporta pequeños retoques. Según su costumbre de resaltar la persona
de Jesús, lo nombra expresamente en 26,26 )mientras marcos omite aludir al
sujeto de la acción, dándolo por supuesto).
Al único imperativo (“tomad”) de Marcos, Mateo especifica con otro más :
“Tomad y comed”(v26). Allí mismo, en vez del genérico “ellos” de Marcos,
detalla : “a sus discípulos”.
Corrige el desfasaje de Marcos, que antepone la acción (“y todos
bebieron”) a las palabras de Jesús. Mateo narra más claramente : “Bebed
todos que est es mi sangre...”(v27).
La nota de explicitación propiamente teológica, que es exclusiva de
Mateo, está en el v27 : “sangre de la alianza que se derrama por todos para
el perdón de los pecados”.
En el v29, de acuerdo con su preocupación por poner de relieve la
filiación divina de Cristo (ver : Mt 2,15; 14,33; 16,16), explicita en boca de
Jesús ese rasgo : “en el reino de mi Padre” (Mc 14,25 : “en el reino
de Dios”). También aquí destaca la reciprocidad de Jesús con sus
discípulos : “hasta que lo beba nuevo con vosotros en el reino de mi
Padre”.
Se
ve, pues, que, siguiendo a Marcos (y por ende en posterioridad a él), añade sólo
pequeños detalles y un importante relieve teológico (“para el perdón de los
pecados”) sacando a la luz, ya que estaba implícito en la realidad y concepto de
“alianza”, como veremos.
Las dos narraciones (antioquena-paulina-lucana y
marcana-jerosolimitana-mateana) que acabamos de caracterizar en breve, narran
sustancialmente un mismo episodio(21) [21].
Palabras
de la institución eucarística
a)
Aspecto sacrificial
Las diversas versiones expresan la misma realidad : Jesús declara que da
su propia vida, lo mismo que da el pan, por sus amigos. Concuerda tam bién con
el sentido principal de la alusión escatológica, que apunta a un reencuentro que
tendrá lugar en el banquete del Reino. Aquí Jesús precisa cuál es su nuevo modo
de presencia (“mi cuerpo”) y el sentido de toda su vida : una existencia
servicial “por”.
¿Se podrá encontrar un sentido más profundo en esa entrega “por”? Es
factible, en efecto, avizorar el carácter sacrificial y expiatorio,
cultual de la entrega de Jesús.
El pan por un lado y el vino por otro indican la separación del cuerpo y
la sangre, es decir, la muerte. Esta enseñanza, ya tan expresiva, de los gestos
mismos se ve reforzada todavía por las palabras. Jesús no da solamente el pan y
el vino como alimentos; para poder hacer este don, comienza El por dar su cuerpo
y sangre, es decir su vida, a través de la muerte. Es manifiesto que El la da al
Padre, como un sacrificio de expiación y reconciliación. Sus mismas palabras nos
lo van a declarar.
Porque la sangre de Jesús
sella la nueva alianza. En las cuatro relaciones de la Institución la palabra
sobre el vino coloca a la sangre en relación con la
alianza.
Una alianza según las concepciones semíticas, debe ser pactada “con
sangre”, es decir con la inmolación d ela víctima (ver : Gén 15,17. Explica el
sentido de ese rito arcaico : Jer 34,18), cuya sangre es llamada entonces
“sangre de la alianza”.
Así sucedería posteriormente, en el Sinaí, cuando Moisés, después de
haber ofrecido el holocausto e inmolado novillos, recogió su sangre, cuya mitad
arrojó sobre el altar y la otra sobre el pueblo, diciendo : “Esta es la sangre
de la Alianza que Yavé ha pactado con vosotros” (Ex 24,5-8). Precisamente hacia
esa Alianza tendía el suceso de la Pascua y su posterior celebración litúrgica,
a lo largo de los siglos. No es, pues, dudoso que Jesús haya pensado en ella al
hablar de la “sangre de la Alianza”.
Pero, precisando : “mi sangre de la alianza” deja entender que ha sustituído por uno
nuevo al sacrificio antiguo : su propia muerte. Siguiéndose que la suya es una
“nueva alianza”, como lo especifican Pablo y Lucas.
Efectivamente, la antigua alianza había llegado a caducar, no ciertamente
por falta de Dios, sino por la de su pueblo, que se ha mostrado infiel. Rebelde
y desobediente tuvo que ser castigado, partiendo una vez más a la
cautividad.
Pero, al mismo tiempo que reprendía, el Dios fiel y misericordioso había
prometido para el porvenir un perdón que restablecería las buenas relaciones
perdidas.
Esa “nueva alianza” está bien trazada en Jer 31,31-34. Ante la dura
cerviz y el corazón maligno, que el Señor observa en su pueblo (en todo hombre),
vaticina que El mismo pondría su ley en el corazón. O sea : que se necesitaba
una operación del propio Dios en nuestro interior, para que pudiéramos
capacitarnos a caminar en las sendas de su ley. No es que los mandamientos,
revelados y queridos por Dios mismo, fueran malos o insuficientes. Los torpes
eran los hombres. Pero al menos en
los profetas, iban comprendiendo cómo no bastaba poseer un buen código de leyes,
si el corazón no tiene fuerzas para ponerlas por obra(22) [22].
Otro elemento constitutivo de esa novedosa alianza lo destaca Jeremías
31,34 : “les perdonaré sus maldades y no me acordaré más de sus
pecados”.
Pero el antiguo profeta no detalla de qué forma Dios iba a realizar esa
purificación interior.
Unos siglos más adelante aparecerá una figura misteriosa que se
desempeñaría como instrumento de esta transformación.
Exigiendo una expiación, reclamada tanto por la justicia divina como
también por la conciencia humana, Dios sigue tan lleno de amor, que él mismo
ofrece la víctima expiatoria de su agrado cabal. La había anunciado de antemano
en el libro de Isaías(23) [23],
bajo los rasgos del “Servidor” : “hombre de dolores”, inocente, pero “herido por
Dios y humillado...traspasado a causa de nuestros pecados, quebrado a causa de
nuestros crímenes”. (Is 53,3-5).
Más de una vez, durante su ministerio, Jesús ha dejado entender que El
era este Servidor (Lc 4,17-21; Mt 9,4-6; 20,28. Ver : Mt 8,17; 12,18-21). Aquí
mismo, en el testamento supremo de la Alianza, lo sugiere claramente. En efecto
: ¿no había dicho Dios a su Siervo : “Yo te he designado como alianza del
pueblo y luz de las naciones”? (Is 42,6). ¿Y en otro pasaje de estos cánticos no
estaba escrito : “Por eso, llevaba sobre sí los pecados de las
multitudes, intercediendo por los pecadores” (Is 53,12)? Percibimos un eco
de estos oráculos asumidos por el mismo Jesús. “Esta es mi sangre de la
alianza, que va a ser derramada por una multitud”.
Claramente se entendió a sí mismo como realizando los gestos redentores de aquel
misterioso Servidor y concibió su muerte inminente como cumpliendo la misión que
se asignaba a aquel : sufrir por los pecados (Mateo, aunque no haya sido el
tenor riguroso de las mismísimas palabras de Jesús, explica aquí : “en remisión
de los pecados” –26,28- con lo cual para nada “distorsiona” la historia, sino
que la saca a su plena luz), ofrecerse a favor de la masa de los pecadores, por
los paganos como por los judíos, en una palabra por todos los hombres. Porque la
palabra que traducimos por “multitud”, subraya el gran número sin excluir a
nadie. En efecto, la misión del Siervo no estaba limitada al pueblo de Israel,
sino que era planeada con un alcance universal : “Es muy poco que tú seas mi
Servidor para restaurar las tribus de Jacob y hace volver a los sobrevivientes
de Israel. Yo haré de ti la luz de las naciones para que mi salvación llegue a
los extremos de la tierra” (Is 49,6). Jesús hace ciertamente suya esa amplitud
de salvación hasta el fin del espacio y del tiempo, que El encierra en esta
“multitud”, por la cual va a dar su propia vida “en rescate” (Mt 20,28; mc
10,45).
La misma palabra “derramada”, si algo dice a la mente, implica que este
vital elemento hace abandono del cuerpo que vivificaba. Bien lo explica
Kilmartin :”El lazo estrecho entre cuerpo y sangre (en las palabras de Jesús)
evoca la idea de sacrificio del culto judío en el cual está la carne al lado de
la sangre, pero separadamente de ella, en el ritual sacrificial de Israel, la
carne y la sangre de la víctima eran separadas la una de la otra para realizar
materialmente el sacrificio (Lev 17,5-6; Dt 12,27). Nuevamente : es necesario
trasladarse a las noticias complementarias que vienen de las palabras
pronunciadas sobre la copa, para comprender plenamente las que se refieren al
pan; ello saca a la luz la sangre como el intermediario más importante en el
sacrificio del culto. En esta relación, el añadido “que se derrama por vosotros”
hace alusión a la sangre sacrificial derramada en torno al altar en la liturgia
mosaica (Lev 1,5-11; 3,2)...Esta manera de describir la muerte redentora de
Jesús se reencuentra, por otra parte, en el NT, sobre todo en Hebr 7,27; 9,
14.28; 10,12-14. S. Pablo habla de la muerte de Jesús como de “una ofrenda y un
sacrificio a Dios que sube en agradable aroma” (Ef 5,2) (24) [24].
b)Palabras
sobre la copa (25) [25]
Nos detendremos específicamente en la fiabilidad histórica de las
palabras pronunciadas por Jesús sobre el vino.
Estas se remontan al mismo Jesús por un motivo evidente : la invitación a
beber la sangre de Jesús (Mc/Mt) es tan chocante para la sensibilidad religiosa
judía (la sangre pertenece a Dios, pues significa la vida – Lev 67,14;
recuérdese la reacción de los contemporáneos de Jesús escrita en Jn 6,61-68, que
nno pudo ser inventada por los primeros cristianos; era necesaria la autoridad
del maestro para invitar a los discípulos a semejante acción, escanda losa a sus
ojos).
Hay un gran exégeta católico, el jesuita francés X. León-Dufour, que pone
en duda la veracidad histórica de las indicaciones acerca de la “Alianza”
(Mc/Mt) o la “Nueva Alianza” : (Lc/1 Cor) (26)[26].
En las palabras evangélicas –opina León-Dufour_ que se le atribuyen (a
Jesús en su vida pública anterior) nunca se encuentra el término “alianza” : ¿no
es sorprendente que surja de repente en la Cena?
Lo mismo sucede con el contenido global : mientras que las palabras sobre
el pan se limitan sobriamente a significar de modo simbólico cómo concebía Jesús
su existencia entera, a saber : un servicio sin reserva a favor de los hombres,
aquí Jesús no anuncia tan sólo que el don de sí mismo implique una muerte
violenta a favor nuestro, sino que dice explícitamente cual va a ser el fruto
inmenso de su “sangre derramada”.
En los Sinópticos no hay ninguna declaración equivalente, a no ser en la
frase de Mc 10,45 : “El Hijo del hombre ha venido a dar su vida en reparación
por la multitud” ... El criterio de coherencia(27) [27]
(por el vocabulario y por el contenido) invita a preguntarse si puede atribuirse
al Jesús histórico una revelación explícita sobre el alcance de su sangre
derramda y, por tanto, de su muerte(28) [28].
Da la impresión de que el autor se deja llevar en su apreciación por un
“único” criterio de historicidad : el de coherencia. Pero se da otro, igualmente
importante : el de la “múltiple atestación”(29) [29].
Ahora bien, los cuatro relatos ostentan el elemento de la “alianza”. Por otra
parte, está el indicio de “originalidad” de jesús. Y bien ¿Cuándo propuso
alguien, fuera de El, la venerable alianza del Pueblo de Dios establecida en
su propia sangre?
Además, si la alianza no aparece como tal en las palabras anteriores de
Jesús, sus elementos principales configuradores de esa alianza, están presentes
en la actividad pública de Jesús. Por ejemplo : “No necesitarán enseñarse unos a
otros, diciéndose mutuamente : tened el conocimiento de Yavé. Sino que ellos me
conocerán todos, de los más pequeños hasta los más grandes” Jer 31,34). Este
rasgo lo encontramos en la fuente “Q” (30)[30]
: Mt 11,25 : “Escondiste estas cosas a los sabios y prudentes y las revelaste a
los pequeños” (ver : Lc 10,21-22; Jn 6,45).
Otro componente de la Alianza rezaba así : “Porque yo voy a perdonar su
crimen y no me acordaré más de su pecado“ (Jer 31,34). Ahora bien, si hay algo
sobresaliente en la actuación pública de Jesús, eso es su predilección por los
pecadores, sus declaraciones (escandalosas para sus contemporáneos, más de una
vez), de que concedía el perdón de los pecados, cosa que sólo Dios puede
otorgar. Mateo, sí, explicita algo que tal vez no estuvo tal cual en labios de
Jesús (“sangre de alianza derramada por muchos para el perdón de los pecados” Mt
26,28), pero, atendiendo a uno de los efectos principales de la nueva alianza,
lo pone de manifiesto, sin que se le pueda acusar de
distorsión.
En cuanto a la afirmación de León-Dufour de que en los Sinópticos “no hay
ninguna declaración equivalente”, se ha de conceder que no por cierto en
términos tan explícitos; pero hay que tener igualmente en cuenta, que las
enseñanzas y revelaciones de Jesús son también graduales. Nada tiene de extraño
que reserve lo fundamental para la hora de la despedida, en el momento en que
entrega su “testamento”.
Los tres Sinópticos dan cuenta de las tres predicciones de la pasión (Mc
8,331-33; 9,29-31; 10,32-34 y paralelos en Mt y Lc), ya se ha visto también como
Jesús se identificó con el “Siervo”, que es designado como “alianza” (Is 42,6;
49,8).
Nos encontramos, pues, ante indicios convergentes, que se van adensando
de a poco, a medida que se acerca el momento crucial.
Por lo demás, sería conceder demasiado poder creador a la “fe cristiana”
(aún iluminada por la experiencia pascual, del Cristo resucitado) atribuirle la
unión de la "alianza” con la sangre personal de Jesús. Los anónimos primeros
cristianos que hubiesen realizado tal síntesis, aparecerían, en tal caso, como
más geniales que su mismo Maestro.
c) El mandato de la
anámnesis
La estructura del relato sobre la Cena pedía unas palabras que apuntaran
al futuro. En la medida en que la narración es cultual implica una justificación
de la relación entre la liturgia practicada por la comunidad posterior y las
tradiciones que la fundan. Así lo exigía el nexo que une la anámnesis (recuerdo,
memoria) eucarística con el mandato que caracterizaba a la comida pascual judía
: “Este día os servirá de memoria” (Ex 12,14).
Sin embargo, la tradición de Marcos, eminentemente cultual, carece de la
orden de reiteración. Así y todo, aún en dicha formulación la anámnesis forma
parte de la estructura del relato; en efecto, en tal presentación se explicita
la dimensión universal de la acción de Jesús, al mencionar la “multitud”. Esta,
indefinidamente futura, no podría apropiarse la salvación, sino recibiendo a su
vez el fruto de la cruz vivificante, por medio de la Eucaristía. Porque, si la
indicación “por la multitud” (=por todos) no incluyera el mandato de
beneficiarse de la redención todas las generaciones (no sólo los comensales de
Jesús) a través de la comunión eucarística, bastando la unión en la sola fe de
los hombres futuros con el sacrificio de Cristo, también esto último habría sido
suficiente para los discípulos presentes en el cenáculo. Pero les manda comer su
cuerpo y beber su sangre, un día antes de su muerte cruenta en el
Calvario.
¿No sugiere lo anterior que la comida, que representa simbólica y
eficazmente esa salvación desde la cruz, deberá seguir celebrándose en todo
tiempo y lugar? (31)[31]
Cuanto Jesús aquí realiza, lo hace de antemano : no sólo su “morir” (que
adelanta, para aclarar cuál es el significado de lo que pasará en el Calvario y
para manifestar su libre consentimiento a la cruz), sino concediendo también un
anticipo de su presencia misteriosa. Esa presencia “real” de Jesús, mediante la
memoria que hagan de El los discípulos, esclarecerá desde dentro la noche de la
pasión, que perdura a través de los siglos en el sufrimiento incontable de los
hombres y en el “morir” de estos. El acto litúrgico expresará consistentemente
la confianza de que el amor ha vencido a la muerte.
Por otro lado, la ausencia de la orden de reproducir los gestos de Cristo
se explica (en Mc/Mt) por el carácter mismo de la escueta acción litúrgica, en
que han vertido la tradición. Se cumplía la orden, con la propia frecuente
celebración de la misma. Ello era suficiente. No se recita una rúbrica, sino que
se la ejecuta.
Por otro lado, ¿Quién se hubiera atrevido a repetir un gesto tan personal
de Jesús, si no hubiera sido por expreso mandato suyo?
Pero, sucedía que una celebración demasiado profana podía poner en
peligro el recuerdo del Señor. Si se llegara a tal caso, entonces sí que vendría
muy bien refrescar a los fieles las palabras :”Haced esto en memoria mía”. O sea
: que se reproduzca, pero no de cualquier manera (como la que comenzaba a
deteriorarse en Corinto), sino como Jesús lo mandó (“Cuando vosotros os reunís
en común, ya no es eso comer la Cena del Señor” : 1 Cor
11,20).
Pro consiguiente, podemos tener por asegurado esta orden de reiteración,
aún cuando su formulación exacta no pueda ser garantizada. Puede ser que no era
necesariamente repetida durante la celebración litúrgica, porque, como dijimos,
era suficiente ejecutarla, esto explicaría que Pablo, queriendo explicitarla, al
pedirlo las circunstancias, haya recurrido a una fórmula conocida por sus
lectores griegos).
d) “Esto es...”
¿De qué naturaleza es la identidad que se
establece?
Para aclararlo no hay que urgir la presencia del verbo “ser”. En arameo,
en efecto,, la cópula no es expresada. Jesús habría dicho (según los distintos
intentos de retraducir a su lengua materna). “Den bisri” (=esto mi carne), o
sino : “Den gufi” (=esto mi cuerpo). “Den idhmi” (=esto mi
sangre).
Sin embargo, esa cópula ha de ser sobreentendida. Aún así, no se está
implicando necesariamente una real identidad : Por ejemplo, Jesús dice
igualmente : “El que siembra es el Hijo del hombre; el campo es el mundo...” (Mt
13,37-38). En estos casos se ha de entender : “El que siembra significa,
quiere decir, representa...”
Muchos, basados en estos parecidos han entendido también en la Cena :
”Esto simboliza mi cuerpo...mi sangre”.
Ultimamente un exégeta católico de gran moda, como J. Dupont, propuso una
interpretación similar .
Apoyándose en las “parábolas de acción” de los profetas·(32) [32],
interpreta Dupont que Jesús hizo algo análogo. Ezequiel pongamos por caso, se
rapa la cabeza y explicita : “Zot Jerushalayim” = esto – será – Jerusalén”
(asediada, destinada a la derrota : Ez 5,5). De hecho no son meras palabras : hay una
eficiencia futura, que ellas contiene.
Jesús declarando : “Esto mi cuerpo” estaría indicando de modo semejante :
“Esto significa lo que me pasará en la muerte próxima”.
Pero, tal posición levanta necesariamente la pregunta : ¿Se podrá seguir
ha blando de “presencia real” del cuerpo y sangre de Cristo en el pan y el vino,
en caso de que sea aceptable semejante explicación?
Responde el exégeta benedictino que esa doctrina está calra en otros
textos, como 1 Cor 10,16 y también en Jn 6,55.
Con todo...estos aportes comparativos, tomados de contextos ajenos a las
palabras de la institución, ¿alcanzan como para dilucidar en qué consiste la
“conversión” del pan en el cuerpo d Cristo?
En nuestro caso, el valor de expresión simbólica no parece suficiente
para dar cuenta del uso que se hace del pan y del vino.
Porque, en una parábola (ya sea expresada con palabras, ya por acciones)
se trata de ilustrar una idea abstracta (el Reino) o una realidad
ausente (la suerte futura de Jerusalén) por medio de una imagen concreta
o una realidad presente : siembra, campo; cabeza rapada de
Ezequiel.
En la Cena el procedimiento es del todo diferente e inverso. Jesús habla
de su cuerpo, que va a dar a los suyos, de su sangre, que va a derramar y antes
también distribuirá, para que la beban. Nada hay más concreto e
inmediato.
¿De qué manera el pan y el vino, que están sobre la mesa, servirán para
comprender esto? Lejos de ayudar a entender por ellos mismos la muerte del
cuerpo y la efusión de la sangre de Jesús, esos mismos elementos son los que
tienen necesidad del acontecimiento futuro, para ser
entendidos.
El pan y el vino eucarístico no se dirigen, pues, inmediatamente al
espíritu como símbolos; están destinados, en primer lugar al cuerpo como
alimentos, es en cuanto nutrición que ellos nos interesan en primera
instancia. Lo que ha de comunicar a quien los recibe (al intervenir de modo
inesperado la palabra autorizada de Jesús) no es una idea, una enseñanza
parabólica; ellos exhiben una realidad muy concreta : el cuerpo y la sangre del
Señor. Se trata, pues, de algo más que de un medio de expresión, que esclarece
la inteligencia. Sobre todo, porque los mismos discípulos se ven implicados : a
ellos s eles manda “comer y beber”, no sólo establecer analogías entre imágenes
concretas y mensajes más o menos doctrinales o proféticos. El asunto consiste en
hacer pasar la vida nueva del cuerpo sacrificado de Cristo a la carne
contaminada del pecador. Se instaura una alianza nueva, sellada en la sangre de
Cristo.
Ello exige un contacto diferente al meramente ideal : ha de ser corporal,
de orden físico, que actúa según modo propio. Una tal interacción escapa, por su
naturaleza misma, a la comprensión clara de la inteligencia; se experimenta más
que se define. Pero no es menos real e indispensable.
Es para asegurar una unión tan estrecha, que Jesús se sirve de los
sacramentos : agua, aceite, etc. En cada uno de ellos su cuerpo glorificado y
espiritual toca nuestro cuerpo pecador y se restaura junto con el
alma.
En la eucaristía, sacramento central, no es sólo tal o cual gesto
salvífico del cuerpo de Cristo el que obra sobre los creyentes. Es su cuerpo
mismo, en su plenitud de fuente de gracia, que viene a nosotros, y no es por su
aplicación superficial, más o menos efímera, sino por el modo más íntimo y más
durable que existe en este orden corpóreo : la asimilación de un
alimento.
Jesús hace más que lavarnos o ungirnos con su fuerza (bautismo,
confirmación); en la Eucaristía nos nutre con su carne y sangre. Esto exige que
el pan y el vino que recibimos sean en verdad su carne y su
sangre.
e)
Una presencia real
No hay duda de que los primeros cristianos lo entendieron así. En lugar
los teólogos, portadores de la revelación : Pablo y Juan. El primero comenta con
realismo : “Por eso, quien quiera que coma el pan y beba la copa del Señor
indignamente tendrá que responder del cuerpo y la sangre del Señor” (1 Cor
11,27-29 : véase : Jn 6,53-56).
Tal realismo, por cierto, no puede ser pervertido en un grosero
materialismo. El sacramento es nada sin la fe; y la carne de Cristo nada sería
sin el Espíritu que la habita : “El Espíritu vivifica; la carne no sirve para
nada” (Jn 6,63).
Sin embargo, aún en su estado “sacramental” (ya en la cena) se trata
siempre de un cuerpo real que ha podido hacerse tocar aún en su estado
glorificado, después de la resurrección (Lc 24,39-40; Jn 20,27) y como tal
(glorificado) se encuentra ahora en el pan para sernos
comunicado.
¿Cómo puede realizarse esto?
Es un misterio de la fe, que creemos porque aceptamos la palabra del
Señor. Si El quiere que este pan nos dé realmente su cuerpo, El puede
hacer que esto se lleve a cabo. Su palabra es poderosa y creadora. Lo que El
pronuncia aquí no es un enunciado; es una decisión. El no
constata que el pan es su cuerpo, más bien decreta que lo sea, que
termine siendo eso... Su lenguaje no es posterior al hecho, sino que lo suscita,
confiriendo al pan y al vino un valor y realidad nuevos.
Ya en la Pascua y fiesta hebreas, lo que daba vida al acontecimiento del
pasado, que se conmemoraba, no era el recuerdo subjetivo de los creyentes, sino
el hecho llevado a cabo antaño por el Dios. Su actuar, en cuanto tal, posee una
virtud duradera, que el creyente es invitado a reconocer y hacer suya, aquel
acontecimiento no afectaba sólo a sus destinatarios inmediatos de la época
faraónica. A través de ellos Yavé se había dirigido a todos sus descendientes.
Así un comentario muy acreditado entre los judíos exhortaba : “La fiesta se debe
celebrar como si uno mismo hubiera salido de Egipto” (Mishna, tratado Pesahim,
10,5). Por otra parte, la interpretación rabínica, que acabamos de copiar, no
hacía más que recoger la fe de la misma Escritura : “Yavé, nuestro Dios, hizo
alianza con nosotros en el Horeb. No hizo esta alianza con nuestros padres, sino
con nosotros, con los que estamos vivos hoy, aquí”. (Dt
5,2-3).
La eficacia de las palabras de Jesús no ceden en su verdad y realidad al
rito antiguo; lo superan incluso con mucho, porque el objeto de la conmemoración
es de un orden totalmente nuevo.
Los elementos que emplea no son ya los que componían una acción divina,
cuyo recuerdo ayudan a revivir (untar con sangre del cordero pascual los postes
de la casa; la comida de su carne, que rememoraba la “acción salvífica” de Dios.
En esto último residía el meollo de la celebración judía).
Aquí el pan y el vino se ha convertido en lo esencial de una
intervención nueva y definitiva, el objeto mismo del sacrificio que ha rescatado
al mundo, y cuya presencia debe renovarse de manera real para llegar hasta los
cuerpos de los comensales.
¿Es posible escrutar más este misterio e intentar dar cuenta de él con el
pensamiento racional?
Con ayuda de la filosofía se ha dicho que la sustancia del pan y
del vino era cambiada en la sustancia del cuerpo y la sangre de Cristo, mientras
que las apariencias o “accidentes” permanecían los mismos del pan y del
vino.
La fe que “ve” en este hombre al Hijo de Dios (por nebulosa y poco
explicitada que se encontrara antes de la resurrección) y que “sabe” que sólo El
posee palabras de vida (Jn 6,69), percibe también en los gestos y palabras de
Jesús, durante la Cena, el sentido más estricto que El da a su fórmula : “el pan
es su cuerpo”. Pero, al mismo tiempo, desde otro punto de vista, el de los meros
sentidos y de la razón no iluminada por la fe, se percibe que el pan no
es el cuerpo de Jesús (“Visus, tactus, gustus in TE fallitur, sed audito
solo tuto creditur”. Sto. Tomás de Aquino, Adore te devote = La vista, el
tacto y el gusto se equivocan en TI, pero sólo con el oído se cree con
seguridad).
Estas formulaciones son válidas y la Iglesia las ha admitido, al hablar
de “transubstanciación”.
Se ha de advertir, con todo, que esas mismas nociones filosóficas
esconden algo misterioso. La sustancia no se entiende en el modo con que la
tratan las ”ciencias exactas físico-químicas”. Así : los componentes
físicoquímicos del trigo “siguen intactos en el pan”; pero la sustancia del
trigo no es la del pan. La sustancia es un principio activo, que organiza en un
todo cierto número de elementos; es la unidad totalizadora y concreta de un
conjunto de fenómenos, que hace de ellos un ser dotado de
sentido.
La misma sustancia no es “perceptible” a los sentidos. Es “inteligible”
(“intus-legendo” : leyendo en lo más íntimo de las apariencias sensoriales).
Estas “realidades” que no caen bajo la capacidad de observación de un
laboratorio, no por eso son pura fantasía. Así como es imposible “cortar” o
poner en una balanza el amor que se prodigan dos personas y no por eso, es menos
real.
Lo importante es servirse de esta nomenclatura, guardando las
proporciones del misterio. Lo que quiere decir, en pocas palabras, es que el pan
y el vino, transformados por las omnipotentes palabras de Cristo, conservan en
cierto modo su ser del mundo antiguo; pero que reciben uno más profundo,
proveniente del mundo nuevo y que trasciende al anterior, al punto de volverlo
caduco. Este ser nuevo que pertenece a la era escatológica, como todo el orden
sacramental, es el cuerpo mismo de Cristo, muerto y resucitado(33) [33].
f) Relaciones
personales y comunitarias
Jesús no sólo inaugura el
mundo nuevo con la autoridad sin par de su palabra
eficaz
y transformadora. Pide, además, que los destinatarios de su testamento
intervengan, comiendo del pan nuevo, bebiendo de su
sangre.
Jesús
simboliza su amor, no por un don ajeno a sí mismo (un ramo de flores, por
ejemplo), sino dándose ÉL en forma de alimento. Así llega al nivel más
profundo del encuentro: al dar el pan, se da El. DE ahí que se pueda
decir que el misterio eucarístico es el símbolo por excelencia, el
super-símbolo, puesto que la relación entre el remitente y el
destinatario llega a la asimilación recíproca.
Sin embargase ha de precisar todavía. El pan eucarístico produce el
efecto inverso al que resulta de la nutrición natural. En las comidas comunes,
somos nosotros quienes "incorporamos" bajo nuestra forma vital las sustancias
que ingerimos. Si el creyente, en cambio, es el que come el pan eucarístico, es
El cuerpo de Jesús el que asimila al fiel. Se trata, en efecto, de
una alianza, donde no busca el hombre sustentar su vida corriente, sino que es
invitado a alimentarse de "una persona viviente", que actúa como Dios, al
sustituir con autoridad una institución divina (la Pascua del pueblo elegido)
por otra nueva, en su sanare.
Nuestra vida, en efecto, es pasajera; por más que la sostengamos
regularmente con alimento y bebida, llega un día en que no podemos comer ni
beber más. En cambio, Pablo nos anuncia que al beber de este cáliz y comer de
este pan, anunciamos la muerte del Señor hasta que venga. Es decir : una muerte
que fue pasaje a la vida : Pascua definitiva, alianza eterna (ver : Jer
32,40;Hebr 13,20).Ahora bien : lo superior es lo que asimila a lo
inferior:
De ello también se sigue la dimensión comunitaria de la Eucaristía,
recalcada por Pablo (como ya hemos anticipado en la nota 33), sobre todo en I
Cor 10 16 - 17:somos uno, los que participamos de un único pan. Es la Eucaristía
el sacramento de la caridad : su fuente y sustento. Por eso Pablo llama
poderosamente al orden a los corintios (reprendidos a lo largo de toda la carta
por sus "divisiones"),para que se pongan a tono con lo que celebran, deponiendo
separaciones clasistas, gue desfiguran el legado de Cristo, que SE dio sin
acepción de personas.
Se notará, con todo que el Apóstol no aconseja una "huelga de
Eucarístía". Pues, si se dejara de celebrar, hasta que las comunidades
eclesiales se sintieran acordes con la unidad y ausencia de pecado en este
mundo, no se podría renovar el mandato de Cristo hasta su misma Parusía. El
mismo Pablo lo afirma : "Es necesario que haya herejías, para que se hagan
manifiestos entre vosotros los que son probados" ( I Cor
11,10).
La Eucaristía, por fallas que haya en la comunidad, será constantemente
un reclamo, un espoleo, para no dormirse en esa situación. Por eso S.Pablo la ve
como una ocasión para que "se examine el hombre" (íbid., v.28). Así vamos siendo
juzgados por Dios, para no ser condenados. con este mundo (vv.31 -
32).
Por
lo demás, en las primeras eucaristías, celebradas por el mismo Jesús, El se pas6
reprendiendo los defectos de los suyos".
"Se produjo entre ellos una discusión, a ver cuál de entre ellos podía
ser tenido como el más grande" (Lc 22,24:en la mjsmísima Ultima Cena). Pedro, se
empecina en que él sabe más que su Maestro, que le predice la cobarde
traici6n.No entienden casi nada de lo que les anuncia (ver Lc 22,35 - 38;Jn
13,7;14,8 - g).Los dos caminantes de Emaús, estaban todavía enredados en sueños
de mesianísmo terrenal y político (Le 24,18 - 23),lo cual no fue óbice para que
Jesús les explicara las Escrituras y se les diera a conocer "en la fracción del
pan" (vv.30 - 31.35).
g) La Cena (Misa) y la cruz
El mandato de repetir el gesto sacrificial de Cristo, anticipatorio de la
cruz, no puede ser confundido con la reiteración de los sacrificios de la
antigua ley, en cuya misma multiplicidad se veía la razón de su inoperancia.
Esto es el núcleo de la problemática teológica encarada por el autor de
hebreos.
Es también una de las dificultades en el diálogo con muchas
denominaciones cristianas, sobre todo, el calvinismo.
La Carta a los hebreos insiste con tal vehemencia sobre la unicidad del
sacrificio redentor de Jesucristo, que Calvino pretendió que en ese escrito “se
abrogan todos los sacrificios de la ley, como también la fábula de los papistas
sobre el sacrificio”(34) [34].
Pero...¿contradirán esas reflexiones de hebreos el mandato de Cristo :
“haced esto en memoria mía”?
Ya S.Juan Crisóstomo respondía de antemano : “Ofrecemos, es verdad, pero
conmemorando su muerte y esta oblación es única, no muchas...Pues siempre
ofrecemos al mismo; no ahora una oveja y mañana otra, sino siempre la misma, de
modo que el sacrificio es único. ¿Acaso porque se ofrece en muchos lugares hay
muchos Cristos? De ningún modo. En todas partes un solo Cristo, todo aquí y todo
allí, un cuerpo único(35) [35].
Así como el sol, inmóvil, no es algo que “sale” o “se pone” en la
realidad, sino que es la tierra la que gira en torno a él; en forma análoga, al
renovar la memoria de la cena, es la Iglesia la que accede a la única fuente,
que desde la Cena, ininterrumpidamente mana a lo largo de los siglos y por su
misma riqueza es siempre inagotable, para todo tiempo y
lugar.
Es posible decir que cada Misa actualiza este hecho : pero en
realidad somos nosotros quienes nos hacemos presentes al sacrificio de Jesús,
que, sin dejar de ser un suceso del pasado, está constantemente disponible.
Expresa muy bien el proceso este versículo de Hebreos : “Con una sola oblación
llevó a la perfección (teteléioken : en perfecto, tiempo griego que denota una
acción pasada que perdura en el presente) para que siempre a los que se
santifican (toús hagiazoménous : en participio de presente, indicando la
continua actualidad de lo que se llevó a cabo en Cristo, pero que no quedó
engullido por el tiempo pasado) (Hebr 10,14). La unicidad del foco de salvación
en el tiempo no impide la ramificación de su perpetua irradiación. Así es como
el tiempo va adquiriendo su dimensión de eternidad. En consecuencia se ve cómo
es legítimo afirmar, en cierto modo, que la Misa agrega algo a la Cruz, en los
dos sentidos siguientes :
-la aplicación concreta (aquí y ahora) del único tesoro. Nada se le añade
al manar de la fuente, pero se establece un canal, que hace llegar sus aguas de
vida, que brotan hasta el último rincón del mundo y en todo momento por los
siglos.
Nada se suma a la voz de Cristo, a no ser el gesto y la voz de sus
ministros, queridos por el mismo Jesús (“Haced esto en memoria mía”, no por
cuenta vuestra). Lo que realizan vale sólo porque El se sirve de ellos y porque
a través de su ministerio es El quien actúa.
-Es posible destacar otro aporte de la Iglesia. La ofrenda de sus fieles
: ministros y todo el pueblo de
Dios. Sus oraciones, sus propios sacrificios de pecadores, nada añaden a la
eficacia de la Cruz. Sin embargo, arriman a la obra de Cristo la participación
humana, también querida por El : “Ardientemente he deseado comer esta Pascua
con vosotros” (Lc 22,15).
Si El ofreció su amor y sus
explicaciones, en lugar de las nuestras (carentes de valor por el pecado con que
estamos mancillados), no era para suprimirlas, sino para valorizarlas,
aportándoles la “transfusión de sangre”, que corregiría su
anemia.
Por eso Pablo amonesta a los corintios hacia un esfuerzo por ponerse al
mismo nivel de lo que celebran : “Cuando vosotros os reunís en asamblea, ya no
es comer la cena del Señor. Pues cada uno se adelanta a consumir su propia cena.
Y otro tiene hambre; y otro está ebrio” (1Cor 11,20-22).
Ahora que Cristo ha consumado su obra (opus operantum)(36) [36],
no quiere aplicarla a los que creen en El sin que ellos colaboren (opus
operantis). Así, por eficaz que sea la acción de Cristo, toma asimismo muy en
serio la respuesta activa de cada uno a su salvador. Aquí, como en ningún otro
momento cobra sentido el dicho de Pablo : “Completo en mi carne lo que falta a
la pasión de Cristo” (Col 1,24) (37)[37].
h) Presencia
permanente
Una última consecuencia. Por cierto que toda esa riqueza nos es
comunicada por el acto sacrificial de Cristo y su actualización o
presencia nuestra (por el sacramento) a su eterno ofrecimiento, realizado una
vez por todas.
Basados en esto, muchos
hermanos protestantes (que celebran la cena) admiten la presencia del cuerpo y
sangre de Cristo (más o menos mística en el pan y el vino, pero solamente en el
momento mismo de la acción que la comunica. Una vez acabado el banquete sagrado,
el pan o el vino no son ya más el cuerpo y la sangre de Cristo, porque
–arguyen- su mandato fue : “comer y
beber”, no conservar, exponer o adorar la divina
presencia.
El realismo d la fe católica, fundado en una lectura más a fondo de las
Escrituras, interpretadas por toda la tradición, no le permite pensar como lo
hacen los descendientes de la Reforma.
Lo dicho aparece, por poco que se analice el proceso de la Institución,
porque Jesús no toma el pan y el vino como utensillos efímeros de expresión. Les
otorga un ser nuevo, que proviene de la era escatológica y posee su permanencia.
Sin duda que los empleó y los entregó a la iglesia, para conmemorar el
acto de su sacrificio. Pero tal obra llegó a ser una realidad que no
acaba más (por eso conserva sus llagas, aún después de su resurrección : Lc
24,39-40; Jn 20,27; Apoc 1,7; 5,6). Su cuerpo y su sangre llegaron a ser una
ofrenda constantemente ofrecida, aceptada por Dios e irradiante de vida
(recordar el texto de Hebr 10,14).
Con todo, la participación que los elementos guardan todavía con el mundo
antiguo (aquel en que todavía vivimos),
prohibe al sacramento resistir plenamente esta perennidad escatológica.
Si el soporte caduco del pan y del vino desaparece, cesa la presencia del cuerpo
y la sangre de Cristo, por el hecho mismo. Pero, mientras tal sustento persiste,
la presencia que esconde se mantiene.
En efecto, no es la acción (acto transitorio) de comer o beber la que
especifica el alimento o la bebida, sino al revés : uno realiza los mismos
gestos (masticación, salivación, deglución, etc.) ya coma una nuez, una naranja
o pan. Los actos de los comensales no varían. Pero ellos son diferentes por la
clase de alimentos que se ingiere. Lo mismo dígase de la bebida : no es el acto
de sorber el que califica a lo que bebe (agua, whisky o
wodka).
Así, análogamente, antes del acto de comer, al que Cristo nos invita,
está su acción y palabra renovadora, que nos da un alimento superespecífico,
supratemporal, cuando presenta el pan como su cuerpo y una copa de vino como su
sangre redentora.
Por
eso, la Iglesia no sólo puede renovar la cena, todas las veces que quiera, sino
también administrar su uso (A los impedidos de asistir, por ejemplo, como se
hizo desde los tiempos más primitivos). Por idéntica razón, aún después de que
se haya comulgado se guardan con reverencia las especies consagradas(38) [38].
IV
- LA EUCARISTIA EN SAN JUAN(39)
[39]
1
– Ubicación y composición del discurso
De las dos tradiciones arriba estudiadas sobre la Ultima Cena (cultual y
testamentaria), el Cuarto Evangelio retuvo solamente la segunda, inaugurándola
con la imponente escena del lavatorio de los pies.
El resto de los capítulos 13 al 17 es un desarrollo de esa solemne
obertura. El discurso se va desgranando entre los lazos que unen a Jesús con su
Padre desde antes de la creación y muy especialmente en la obra de la redención,
prospectándose el futuro de los discípulos, que por medio del amor mutuo (a
imitación de Jesús) y llevados por el espíritu Santo cumplirán a lo largo de la
historia el legado de Cristo en el mundo,
pese a reveses e insidias del demonio, ya vencido.
Llama con todo la atención el que Juan nada diga de la Institución de la
Eucaristía, eficaz sintetizadora precisamente de ese
testamento.
Creemos con muchos exégetas, que el Evangelio trasladó la tradición
cultual (cuyo lugar original fue la Ultima Pascua, celebrada por Jesús con los
suyos), para poner más de relieve todavía las vetas eucarísticas con que se
venía revistiendo la presentación de la multiplicación de los
panes.
Sobre todo, por medio del largo discurso explicativo y polémico del signo
anteriormente realizado, el Cuarto Evangelio saca a la luz plena los indicios
eucarísticos, ya actuantes en las narraciones sobre el mismo milagro de los
Sinópticos(40) [40].
Llevando a su culminación esta tendencia, Juan, con gran libertad (como
podemos comprobar en otro caso)(41) [41],
toma los datos de la Ultima Cena, ensamblándolos con la comida que sirviera de
preludio.
Podemos corroborar lo dicho, si analizamos la estructura de todo el
discurso. Es evidente que, poniendo en dos columnas las secciones de que consta,
se pueden observar varios paralelismos, a la vez que
diferencias.
Si atendemos al vocabulario de 6,35-50, encontraremos que se habla del
pan, y más aún, identificado con Jesús (v 35). Sólo que los verbos usados son :
creer o venir (vv 35, 36, 37, etc.).
Ahora bien, el pan, como tema sapiencial, indicando no sólo el alimento
para el estómago, sino sobre todo la palabra de Dios, nutrición más sólida, para
l vida religiosa, era ya un tema familiar para el pueblo judío (Dt 8,3; Amós
8,11-13; Prov 11,5; Eclo 15,3; Is 55,10-11). La única novedad consistía en que
el mismo Jesús se identificara con ese pan de la palabra vivificante de Dios. Lo
cual, provoca ya una reacción incrédula de sus oyentes. (Jn
6,41).
Prestando ahora atención a los versículos 51-59, comprobamos que al pan,
se une la “carne” del que habla : Jesús (v 51) y que los verbos empleados ahora
son : comer(42) [42]
y beber.
Ahora bien, esta faceta era del todo inaudita, porque el pan como
palabra, tenía su preparación véterotestamentaria. Pero comer la carne de
alguien o beber su sangre, no podía evocar más que un acto canibalístico y
repugnante.
2
– Relación entre las dos partes
¿Pertenecían a un solo discurso?
Hay que notar que el todo está admirablemente trabado en el contexto,
dando la impresión de que pudiera tratarse de una disertación en dos oleadas
sucesivas de pensamiento.
}
Pero, tal vez, con cierta probabilidad, hay que decir que ambas partes
pertenecen por cierto a Juan, si bien la segunda fue añadida en una ulterior
edición aumentada de su Evangelio.
En efecto, el discurso sobre el pan de vida (vv 35-30) está completo en
sí mismo. Ya un exégeta como J.M.Lagrange(43) [43],
veía en esta explicación el mejor esclarecimiento de las dos vertientes de este
discurso.
¿De dónde provendría el material añadido, con fuerte tono
eucarístico?
La espina dorsal de estos versos sería originaria de la narración sobre
la institución eucarística en la Ultima Cena, trasladada (como duplicado
explicitante) al discurso del pan de vida.
Razones
:
a)La
ausencia del relato de la institución en el cap 13
b)Además,
parecería que el desplazamiento de ese contenido ha dejado sus huellas en el
mismo cap 13.
Por
ejemplo : la referencia a “comer el pan”, hecha con el mismo
verbo
“trógó”
(13,16 usado en 6,51-58 y en ningún otro lugar del Evangelio!). “Para que
se cumpla la Escritura : quien mastica mi pan alzó contra mí su
calcañar”. Lo que es más : en 13,18 la presencia de este verbo es especialmente
notoria, pues modifica una cita escriturística (Sal 40,10), que, en el texto de
la traducción usual para los judíos de habla griega(44) [44],
trae otro verbo : “Ho esthión ártous moú (el que come mis
panes)”.
c)La
innegable similitud de 6,51 con una de las fórmulas de la
institución.
d)Los
“Doce” son nombrados aquí por primera vez en el Evangelio y en
tres
Ocasiones
(6,67.70.71). Ahora bien, ese tema está estrechamente unido a la Cena, hasta con
verbos (otra vez) que únicamente comparecen aquí y allí : 6,70 : “¿No os
elegí yo a vosotros Doce?” 15,16 : “No me elegísteis vosotros,
sino que yo os elegí”.
e)El
tema de Judas, bajo el dominio de Satanás, es referido igualmente sólo aquí y en
la Cena : 6,70 : “Y uno de vosotros es un diablo “. 13,2 : “Y durante la cena,
cuando ya el diablo había metido en el corazón de Judas...la idea de
entregarlo...Tras el bocado, en el mismo instante entró en él Satanás” (v
27).
Así,
a las dos formas del discurso del pan de vida (la primera más adaptada a la
circunstancia histórica de la multiplicación de los panes, insistiendo sólo en
la fe en la persona de Jesús, verdadero pan definitivo en su palabra)
representan el ensamble de la doble presencia de Jesús para los creyentes : en
la palabra ( ése es el sentido del “pan” en la primera sección rubricado por los
verbos : creer y venir) y en el sacramento de la Eucaristía (reslatado por los
verbos : masticar y beber). Estas dos presencias son el esqueleto estructural de
la sagrada liturgia (como ya lo atestigua el “camino de Emaús”, que no es más
que una Eucaristía itinerante : por el camino les explica las Escrituras, en la
casa “lo reconocieron al partir el pan” Lc 24,13-35).
Nos
excusamos de no entrar en más detalles sobre la Eucaristía en este deslumbrante
capítulo. Creemos que lo anterior aporta puntos de vista provechosos y dignos de
tenerse en cuenta.
V
- EPILOGO
Hemos intentado acercarnos al estudio neotestamentario de uno de los
puntos más neurálgicos para la fe y la vida cristianas. La Eucaristía, en
efecto, es el nudo de unión entre la “Antigua” y la “Nueva Alianza” (Ex 24,3-8;
Jer 31,31-34; 1 Cor 11,25), plasma el recuerdo perpetuo de Jesucristo, no sólo
con palabras, sino por medio de gestos dramáticos, vehementemente ansiados por
El (Lc 22,15) y legados a la Iglesia como testamento y mandato para el resto de
los siglos (Lc 22,19; 1 Cor 11,24.25), hasta que todo confluya en el banquete
del Reino definitivo (Mt 26,29 y par.), cuando el mismo Señor venga por última
vez (1 Cor 11,26).
La revelación bíblica en sus fases de provisoriedad y cumplimiento, la
historia posterior y su desembocadura en lo eterno, la muerte, presupuesta por
el testamento (Hebr 9,16), su mismo modo sacrificial (aludido en una despedida
que adelanta el desenlace cruento del día siguiente), así como la vida sin fin
(Parusía : 1 Cor 11,26), ausencia y presencia misteriosa (ver : Mt 28,20), la
unión real y estrecha con el cuerpo y la sangre del Señor, al igual que la
comunión resultante entre los que comen de tal pan y beben “la copa de
bendición” ( 1 Cor 10,15-17), todo eso se entrecruza y condensa en aquella Cena
de adiós, que, asumiendo y trasnformando las anteriores preparaciones,
irradiaría su poder iluminador, nutritivo y unificante hacia el futuro, tanto
temporal como trascendente.
Sin embargo, no deja de ser signifivativo que este “sacramento unitatis”
y poderoso sintetizador, sea presentado por el Cuarto Evangelio como causa de
incomprensión y división ya desde sus mismos albores : “Duras son estas
palabras...y muchos de sus discípulos se apartaron” (Jn 6,61-67 : ver v
53).
Es que en éste, como en pocos otros misterios, se acumulan las
repugnancias del hombre “carnal” ( sobre todo “racionalista”, cerrado al influjo
de la revelación del Padre –ver : mt 11,25-27; 16,17; Jn 6,29.37.44-47). “In
cruce latebat sola Deitas, at hic latet simul et humanitas; ambo tamen credens
atque confitens, peto quod petivit latro poenitens” ( = En la cruz estaba
latente sólo la divinidad, pero aquí también se oculta la humanidad; pero
creyendo y confesando ambas cosas, pido lo que pedía el ladrón penitente. Sto.
Tomás de Aquino. Adorote te devote). “Fuera de una fe que abandona, el misterio
de la Encarnación, la enseñanza de Cristo y su mediación sacrificial, al igual
que la Eucaristía deben ser rechazadas, porque el espíritu humano, dejado a sí
mismo, no los puede captar”(45) [45].
Por lo mismo, nada mejor que concluir con la magnífica síntesis que uno
de los genios más grandes de la filosofía, a la vez que creyente enamorado y
poeta de la Eucaristía, entregó a la liturgia de la Iglesia
:
“OH SAGRADO BANQUETE, EN EL QUE SE COME A CRISTO,
SE RECUERDA LA MEMORIA DE SU PASION,
EL ALMA LLENA DE GRACIA,
Y SE NOS DA LA PRENDA DE LA GLORIA FUTURA!”
(Sto. Tomás de Aquino, Antífona de las Segundas
Vísperas para la festividad del “Corpus Domini”)
Miguel Antonio Barriola
NOTAS
1
Sacrosanctum
Concilium, 10
2
Comisión
Episcopal de Fe y cultura. Eucaristía : Evangelio y Misión – Preparación
teológica – pastoral – espiritual al Congreso Eucarístico Nacional de 1.994.
Bs. As. (1.994) pp 32-33.
3
Misal
Romano III a. Se me solicitó poner por escrito la disertación ofrecida el
7/VII/94. Dado que los apuntes utilizados entonces eran meros hilvanes,
demasiado telegráficos, aprovechamos la oportunidad para completar y dar forma
más orgánica (como esperamos) al material de estudio y meditación anteriormente
ofrecido.
Reiteramos aquí, cuanto expresáramos de viva voz : se ofrecen
algunos puntos de referencia, ya que era imposible (ni puede ser ahora el
objetivo de las presentes notas) recorrer exhaustivamente la totalidad de
textos, con sus respectivas riquezas (por ejemplo, las perspectivas que
aportaría la Carta a los hebreos).
Sugerimos que se trabajen los presentes aportes, consultando los pasajes
bíblicos en cuestión. La mera lectura de estos análisis se volvería árida y poco
fructuosa sin la confrontación directa de los mismos Libros Sagrados, pues se
trata de una tarea de comparación de las diversas tradiciones, poco visibles, si
sólo se refiere el lector a los textos bíblicos.
4
Se puede ilustrar la básica lealtad de los Evangelistas (por más que, con
frecuencia, se muestren despreocupados por una exactitud milimétrica) acudiendo
a otros ejemplos, ya de la propia experiencia, ya de grandes autores del pasado
y del presente.
Ninguno de nosotros es capaz de ordenar sus recuerdos, ubicándolos a
todos con extremo rigor en el tiempo y el espacio. Ello no quita un ápice a la
verdad de los mismos.
Así, Sta. Teresa de Jesús, en el primer capítulo de su Autobiografía,
dice que, a la muerte de su madre, tenía ella doce años. Ahora bien. L.
Santillano, en su edición crítica de las Obras Completas de la Santa,
apunta esta precisión :”Aunque la Santa dice que tendría como doce años al morir
su madre, no la podemos seguir en esto, pues sabido es que en achaques de
cronología no suela estar fuerte...Había entrado ya en los catorce años” (Ed.
Aguilar, Madrid – 1.951 – p.31,n.1)
Un escritor más cercano, R.Guardini, nos ofrece parecidos descuidos en
notas que él mismo brinda para su biografía, hablando de la obra de un conocido
suyo, la presenta como publicada por la editorial Mathias Grünewald. El que
presenta los papeles de Guardini aclara en una nota “La publicó en 1.961 la
editorial Herder de Friburgo y no la editorial Grünewald de Maguncia”
(R:Guardini – Apuntes para una biografía. Madrid – 1.982 – p.92.
Parecidos despistes de este gran autor pueden encontrarse en las
pp.108,109,116).
Pues bien, nadie en su sano juicio dudará de lo medular que transmiten
(pese a ciertas lagunas y olvidos) sobre sus propias vidas, autores de tal
magnitud. No se puede pedir más a los Evangelios, que menos todavía,
pretendieron entregar una secuencia exactísima de los hechos y dichos del señor
Jesús. Lo atestigua honestamente S.Juan :” Muchas otras señales hizo Jesús en
presencia de los discípulos que no están escritas en este libro...Muchas otras
cosas hizo Jesús, que si se escribiesen una por una, creo que este mundo no
podría contener los libros” (Jn 20,30; 21,25).
5
La I de Cor. Es fechada por el año 55. En su miseria les recuerda a los
cristianos de aquella comunidad griega, lo que ya les había trasmitido en su
primera visita por los años 50-51 (que tuvo lugar durante el segundo viaje
misionero del Apóstol, por los años 50-51. Ver : Hech 18, donde Lucas narra el
primer contacto de Pablo con la capital de Acaya, al sur de Grecia. Se trata
de
una de las fechas mejor acertadas en la cronología de S. Pablo, dado que en
Corintio tuvo que enfrentarse con el proconsul Galión, personaje bien conocido,
cuyo período en el cargo romano consta también con bastante seguridad por datos
extrabíblicos).
¿Cuándo recibió Pablo esta fórmula eucarística? Difícil precisarlo;
quizás fue durante su primer viaje a Jerusalén, por los años 36-38 o cuando
llegó a Antioquía por el año 40. No es posible ir mucho más allá de esa fecha,
pero ya es bastante positivo poder constatar que menos de diez años después de
la muerte de Jesús estaba ya fijado el memorial de la Ultima cena en la forma
que ha llegado hasta nosotros desde hace casi dos mil años. Un buen ejemplo de
la tenacidad con que se fijan los textos tradicionales. Estamos ya muy cerca de
la fuente.
6
El culto y la liturgia nunca son teatro, reproducción arqueológica de gestas
pasadas. Así, S.Pablo va a separar las cenas, en medio de las que se solía
celebrar la Eucaristía, reteniendo lo mínimo necesario para reproducir la
memoria del Señor : “¿No tenéis casas para comer y beber?? O en tan poco tenéis
la Iglesia de Dios” (1 Cor 11,22). Por eso, resultan distorsionantes ciertas
pretensiones litúrgicas, que
tienden a minar la Eucaristía de Jesús, reproduciendo una cena judía. No
es necesario celebrar recostándose en almohadones, como lo hizo Jesús, por
ejemplo. La liturgias estiliza, yendo a lo esencial. Lo cual, por supuesto, no
quiere decir que se caiga en el extremo opuesto de la cerebralidad convirtiendo
el culto en una mera comunicación de ideas. El gesto, el color, la música, la
participación fraternal son muy propias de la liturgia cristiana. Sólo que tiene
su estilo propio de una “sobria ebriedad”.
7
Este u otros pormenores que se irán
notando, muestran a las claras que a los Evangelistas no les interesa ajustarse
al detalle. Probablemente la modalidad más antigua es la de Lucas-Pablo, ya que
todavía no han llegado al paralelismo nítido de “cuerpo-sangre”. Ellos todavía
conservan la mención de la “copa”.
8
Se trata de controles históricos, sistematizados para el estudio de la
historicidad de los Evangelios (aplicados también para otras historias
profanas). Este (de discontinuidad) consiste en observar conductas de Jesús que
están en desacuerdo con las usanzas judías de su época. Tales rasgos jamás se
les hubiera ocurrido inventarlos a autores judíos, como lo eran los primeros
predicadores del Evangelio. Por ejemplo : la libertad con que Jesús infringe el
reposo sabático, es señal de historicidad de tal actitud, pues la observancia de
esa reglamentación era estrictísima en tiempos judíos (y lo sigue siendo hoy día
en círculos religiosos del judaísmo). La “discontinuidad” de la conducta de
Jesús al respecto, indica que proviene auténticamente de la originalidad de su
persona, no siendo producto de la fantasía de sus discípulos.
9
Aquí el criterio de “discontinuidad” es aplicado respecto a las
costumbres y vocabularios prevalentemente usados por la Iglesia. Quiere decir
que, cuando algún modo de decir u obrar de Jesús difiere de las usanzas
practicadas normalmente después, en la Iglesia primera, con certeza proviene del
modo de hablar y desempeñarse del mismo Jesús. La Iglesia lo respetó, por más
que ella ya no se expresara más así. Por ejemplo : Jesús, para designarse a sí
mismo, recurre muy a menudo al título : “Hijo de hombre”, caracterización
ambigua, preferida por él mismo (Ver el estupor que levantaba este apelativo en
Jn 12,34). Empleaba Jesús ese circunloquio para designarse así mismo con el fin
de evitar identificarse simple y llanamente con el Mesías, dado que entre sus
contemporáneos se esperaba a un Mesías triunfalista en el orden político,
mientras que El no encararía así su misión.
Pero, una
vez desaparecido ese peligro, después d ela resurrección, la Iglesia usa
poquísimas veces ese título (Hijo del hombre) para explicarlo a Jesús
resucitado. Tanto, que ha compuesto,
de dos, una sola palabra : Jesu-Cristo (Jesús-Mesías). Acude, asimismo a
otros títulos : Kyrios (Señor), Hijo de Dios.
Por lo
mismo, cuando se observa una “discontinuidad” entre el lenguaje predominante en
Iglesia y el que los Evangelios atribuyen a Jesús, en una señal de respeto
histórico, al vocabulario mismo de Jesús. No intentaron unificarlo al que era
corriente en las comunidades creyentes, en la época en que fueron compuestos los
Evangelios.
Aclarado lo
anterior, es asimismo imperioso hacer notar que, no se puede acudir rígidamente
a esta norma de la “discontinuidad” (ya sea -hacia atrás- respecto a la sociedad
judía de su tiempo; ya -hacia delante- en la que mira al modo de ser y actuar de
la Iglesia primera). Porque, si bien Jesús es diferente, en más de una faceta,
del judaísmo en medio del que vivió (sobre todo por su filiación divina) y en lo
que toca a las circunstancias de su tiempo, así como a las de la Iglesia
posterior, sin embargo El también fue judío y maestro de futuros discípulos,
predicadores y evangelistas, de modo que hay que tener cuidado con una
aplicación sin matices de este control crítico de la historicidad. Así : Jesús
ostenta muchas afinidades con sus contemporáneos, lo cual no necesariamente
significa proyección fabulatoria en El, de los modos de ser y de pensar de sus
conciudadanos coetáneos. El nio fue un meteoro caído del cielo (pese a que era
Dios), También fue un Dios encarnado. Por consiguiente habló en arameo,
frecuentó el templo, etc. Igualmente : no cualquier continuidad entre palabras o
gestos de Jesús con los observables en la Iglesia primera, ha de ser tomado como
indebida retroaplicación falsificadora hacia Jesús, de las inclinaciones o
preferencias de la Iglesia. Los discípulos han de mostrar
Un
seguimiento del Maestro y de ahí muchísimas coincidencias con sus dichos y
obras.
10
Dejemos para la última parte de esta exposición la explicación de las
relaciones vigentes entre el cap. 6º de Juan y la Ultima cena. Aquí baste sólo
subrayar el carácter de “adios”,
marcadamente puesto en relieve por los caps. 13 1l 17 del cuarto
Evangelio.
11
Se verá un poco más adelante el asunto de si Lucas alude o no a
diferentes copas y si son ubicables o no en el ceremonial pascual de los
judíos.
12
P. Benoit : “Le récit de
la Céne dans lc XXII 15-20”. En : Exégese et Théologie. Vol I
(Paris 1961) pp 190-193
13
Los Evangelistas mencionados refieren simplemente : “Y dichos los himnos
(Hymnésan tes), salieron...” Aluden al conjunto de los salmos 113 al 118, que se
cantaban a lo algo de la cena pascual. No hay seguridad sobre su distribución
exacta en tiempos de Jesús. Después de las explicaciones del padre de familia,
referentes a la historia del Exodo,
se entonaban los salmos 113, o bien 113 a 114. La segunda parte de Hallel era
cantada después de la tercera copa : Salmos 114-118, o bien
115-118.
14
A. Jaubert. “La Date de la
Céne. Calendrier biblique et liturgie chrétienne”. Paris (1957).
15
P. Beboit : “La date de la Céne”. Reseña
del libro de A. Jaubert, en “Exégese ete Théo logie” ,I pp 255-261
16
Ibid : p 260
17
Sacramentum Concilium No.9
18
También los dos, a diferencia de Mc-Mt, concuerdan en calificar de
“nueva” a dicha alianza.
19
Después de su conversión, Pablo estuvo poco tiepo en Jerusalén, volviendo
pronto a su Tarso natal (hech 9,26-30). Bernabé fue allí para traer consigo a
Pablo a la ciudad Siria de Antioquía, desde onde partirían los viajes
apostólicos del Apóstol (Hech 11,25-26; 13,1-3). De este período proviene todo
lo que Pablo aprendió por la misma tradición de la Iglesia, como lño atestigua
expresamente sobre la Eucaristía (1 Cor 11,23 : “Porque yo he recibido...”) y
acerca de las otras apariciones de Jesús resucitado, diferentes de la que lo
tuvo a él mismo como beneficiario ( 1 Cor 15,3 : “Os he transmitido, en primer
lugar, lo que yo mismo he recibido...”).
A su vez, estas tradiciones llegaron a Antioquía desde Jerusalén, lugar
originario de los sucesos transmitidos, por lo cual esa cadena se remonta
ininterrumpidamente a la época de la conversión de Pablo y los primeros pasos de
las comunidades palestinenses hacia el 35 dC (dos años, más o menos, después de
la muerte de Cristo).
De hecho el relato paulino delata que no lo compuso él, sino que
reproduce fórmulas ya corrientes en la Iglesia. Por ejemplo, el uso de
sóma para indicar el cuerpo personal de Jesús nunca aparece bajo
la pluma de Pablo. En otros lugares, siempre que se refiere al sóma toú
Jristoú significa la comunbión eclesial (incluso en Rom 7,4). Cuando el
Apóstol se refiere al cuerpo físico de Cristo lo designa con un circunloquio
: to sóma tés sarkós autoú (= el cuerpo de su carne : Col 1,22).
20
En efecto, el verbo “eulogéo” (= hablo : logéo; bien : eu), en su uso
profano (el griego extrabíblico) significa : “honrar, alabar a alguien” y se
construye con un complemento directo en acusativo. “Digo bien de Fulano”.
Aquí Mc lo usa sin complementos : “Tomó el pan y bendiciendo, partió y
dio a ellos y dijo (al pie de la letra : Mc 14,22. Nótese que el texto griego no
dice : “Bendiciéndolo –al pan-“ sino “bendiciendo” sin complemento directo, ni
siquiera suplido por un pronombre). Un griego que oye esto se queda esperando :
“Bendiciendo (alabando) ¿A quién?”
Marcos en cambio, tiene en su mente el uso judaico de la Berekáh
(bendición), con la que se dirigía una oración a Dios. Para una acomodación
cabal a la mentalidad griega tendría que haber escrito : “Tomó el pan y
diciendo la oración ritual...”
21
¿Cuál de las dos es la más antigua? Los intérpretes se dividen al
responder, a nuestro juicio la
paulina se lleva la palma, porque todavía no ha sufrido la estilización del
paralelismo riguroso (propio de una fórmula litúrgica posterior) Pablo (y Lucas
que lo sigue) habla de “esta copa”. Además, por el recuerdo de la “ comida”, que
se interpone entre las palabras originales de Cristo sobre el pan (su cuerpo) y
el vino (su sangre).
22
Para iluminar la situación se podría acudir a algunos ejemplos. Una buena
autoopista, con excelente y clara señalización, es como la ley : me indica el
camino, me previene de posibles riesgos (“curvas peligrosas”, etc.), pero, si yo
estoy paralítico o mi automóvil se encuentra sin carburante, de nada me sirve la
más esplendida red de carreteras.
Al presentarse a rendir un exámen de matemáticas o literatura, no puedo
“salvar” sólo con decir que todo está muy bien explanado en los manuales. He de
mostrar que la letra ha pasado a mi memoria y que me encuentro apto para
desarrollar por mi mismo los temas del programa.
Así es la ley de Dios y la del mismo Evangelio : santa y eximia, pero
“letra muerta”, si no surte efecto en mi corazón y de allí en las obras de la
vida. Ahora bien : ese pasaje no lo puede realizar el hombre por sí solo. Lo ha
de practicar la mano misma de Dios. Por eso, lo que nos cabe hacer es pedir esa
“cirugía mayor”, como lo hace el salmista : “Crea en mí, oh Dios, un corazón puro y renueva dentro de mí un
espíritu recto” (Sal 51/50,12).
Jesús, dándonos a “beber su sangre” (no como Moisés, que la roció
externamente sobre el altar y el pueblo), nos está indicando que la Eucaristía
es ese poderoso antídoto capaz de cambiar nuestro
interior.
23
Recuérdese que el actual libro de Isaías de nuestra biblias recoge
oráculos y actividades de tres profetas que se desempeñaron en épocas
diferentes. El primer Isaías, de quien conocemos datos personales, fue anterior
a Jeremías (entre el 760-698). El “Segundo Isaías” (anónimo, pero inspirado por
los puntos de vista teológicos del primer Isaías) puede ser ubicado entre el 612
al 538. Su obra se encuentra entre los capítulos 40 al 55 del actual libro de
Isaías. Aquí es donde se hallan los famosos cuatro cánticos o poemas del “Siervo
del Señor”, que es un mediador que sufre para salvar al pueblo. (El tercer
Isaías abarca desde el cap 56 al final de la obra).
24
J.E. Kilmartin. La Céne du Seigneur. Mame (1966) pp
65-66
25
No hemos podido respetar una distribución rigurosa, ya que tuvimos que
referirnos por adelantado a los dichos de Jesús sobre el cáliz, cuando
elucidamos el carácter “sacrificial” de los gestos y dichos de Jesús, al
instituir la Eucaristía.
26
X.I.León-Dufour. La fracción del pan – Culto y existencia cristiana en
el Nuevo Testamento. Madrid (1983).
27
Interrumpimos la cita para recordar el funcionamiento de este criterio de
historicidad, aludido aquí por León-Dufour. Cuando se tiene bien acertado (como
resultado de la aplicación de otros criterios –el de “discontinuidad”, por
ejemplo, que hemos aplicado más arriba-) cuál es el estilo personal de Jesús,
tanto en su actuar como en su doctrina, si se encuentra algún otro episodio o
enseñanza, que los Evangelistas atribuyen a Jesús, en acuerdo con su modo
habitual de ser, es señal de
autenticidad histórica. Por ejemplo : las tentaciones de Jesús están en
consonancia, con su constante renuncia de un mesianismo clamoroso, que acudiera
a milagros, para fomentar un triunfalismo demagógico. Por lo mismo, son reales y
no ficciones de la comunidad o los evangelistas.
En nuestro caso de la “alianza”, puesta en boca de Jesús “Sólo en la
cena” dado que (según León-Dufour) no aparece en el resto de las preocupaciones
en boca de Jesús, nos encontraríamos ante una pista para sospechar que se trata
de un añadido posterior de las primitivas comunidades, pero que no provendría
del mismo Jesús.
28
X. León-Dufour, ibid, pp 224-225
29
Consiste en que un dato o noticia, cuando es atestiguado por diferentes
tradiciones (Mt, Mc, Lc, Jn : por ejemplo, la multiplicación de los panes, el
juicio ante el sanedrín, etc), procedente de comunidades diversas, tiene su
origen más atrás de lo que ellas mismas pudieran haber adoptado. Se trata de un
elemento tradicional, que se remonta al mismo Jesús, al cual todos se sentían
obligados, al que tenían que transmitir sustancialmente idéntico, si no querían
faltar a su misión misma de “testigos”.
30
Se trata de un documento anterior a los mismos Evangelios, del cual se
han servido Mateo y Lucas. Nunca se ha encontrado un ejemplar del mismo, pero,
con aceptación casi general de la actual exégesis, se lo supone en todos
aquellos textos en que Mateo y Lucas están de acuerdo, sin que esas noticias las
traiga Marcos. La exclamación de Júbilo de Jesús (sobre los pequeños), que se
propone en el texto es un ejemplo concreto de este material comunicado sólo por
Mt y Lc, qye se ha seleccionado de esa fuente “Q” /Así denominada por la inicial
alemana de Qwelle” = fuente.
31 En cuanto al
silencio que guarda Mc (y Mt) respecto al mandato expreso de reiterar la acción
eucarística de Jesús, bien vienen las observaciones de B. De Margerie : “El
argumento del silencio, en historia no vales : ¿por qué, por otra parte...hacer
callar a los testigos que afirman para escuchar sólo a los que nada dicen?
Además, ¿no hay que decir que los dos primeros Evangelistas han indicado
implícitamente que la Cena debía ser reiterada, poniendo una relación entre
Pascua antigua renovada cada año y la Cena, como también, al poner en labios de
Jesús estas palabras imperativas, que el lector podía aplicarse a sí mismo :
“tomad, comed, beber”? (Vous ferez ceci en mémorial de moi-Annonce et
souvenir de la mort du Ressuscité. Montereal. Paris. 1969 p282).
32
J. Dupont. “Ceci est mon corps. Ceci est mon sang” en Nouvelle Revue
Théologique, 80 (1958) pp 1025-1041
33
Se trata de gestos concretos que Dios mandaba ejecutar a los profetas,
para más vívidamente imprimir el mensaje en el corazón del pueblo. Por ejemplo :
Is 20,2 manda Dios a Isaías que se pasee desnudo por la ciudad para indicar la
extrema derelicción que sobrevendría aún sobre los más fuertes del pueblo,
cuando caigan en manos del rey asirio.
34
No es posible quedarse en la “filosofía de la naturaleza” (indagando
solamente en los “constitutivos<” de la Eucaristía). Pero, se ha de evitar
pasar a un mero existencialismo (insistiendo únicamente en los alcances
antroopológicos-comunitarios que se encierran en la Cena de
Jesús).
Así, nos parece que quedan cortas estas reflexiones del ya mencionado
León-Dufour : “En el relato de la Cena, el diálogo es explícito : las palabras
“tomad” o “por vosotros” se refieren a aquellos a quienes van dirigidas las
palabras de Jesús : éstas no quieren simplemente definir un nuevo estado del pan
que los discípulos tendrían que admitir : los invitan a hacer algo : tomar,
recibir. Las palabras de Jesús no son en sí una proclamación, sino una
invitación a recibir ese pan y, por tanto, a ser actores en la realización del
signo” (La fracción del pan, p 169).
Estimamos que ese “algo”, que han de hacer no puede ser minimizado.
Porque también Jesús los invitó a pasar el lago en la barca, a repartir el pan a
una multitud de personas en medio del desierto, pero, siempre, el sentido de las
palabras del Señor tenía un contenido, que especificaba cada una de las acciones
a que eran solicitados. En distintas oportunidades el sentido de la acción se
concretiza, según “lo que dice y hace Jesús”. Sus palabras son, al mismo
tiempo, proclamación e invitación. Por la primera declara lo nuevo : que ese
pan es su cuerpo (lo mismo dígase del vino y su sangre). Por la segunda se les
pide la participación personal, o la propia implicancia
comunitaria.
De hecho, el mismo León-Dufour indicará la diferencia, al agregar : “Aquí
hay mucho más que en las profecías bíblicas habituales. Para su consumación, el
gesto de Jesús requiere por parte de los comensales una acción correspondiente”.
(ibid p 169).
Bien, pero, con subrayar sólo el “tomad, comed, bebed”, no se diferencia
esta Cena, de la multiplicación de
los panes o de otras comidas, que no vieron la “novedad” precedente de los
gestos y palabras de Jesús sobre el pan y el vino. Aquellos panes y peces,
seguían siendo tales, pues la intervención milagrosa de Jesús consistió
solamente en su prodigioso aumento, de modo que alcanzara para aquella multitud.
Pero, lo que comieron fueron pan y pescado, no el cuerpo o la sangre de
Jesús.
En este mismo sentido incompleto van las consideraciones que se suelen
hacer a nivel catequético. Se tiene la buena intención de “no cosificar” la
Eucaristía, convirtiéndola en un mero objeto de “devoción”. Y es verdad, que en
muchos, por desgracia : la procesión, la exposición del Santísimo, la asistencia
pasiva a Misa sin comulgar, o la comunión, sin reflejo alguno en la vida,
cercenan a la Eucaristía de un aspecto suyo esencial. Es un banquete, solicita
la participación, ha de reflejarse en la caridad. S. Pablo, observando los
desarreglos de los cristianos corintios, donde unos se hartaban y otros carecían
de lo necesario, los llamó al orden, declarándoles :”Cuando os reunía, no es
para comer la cena del Señor...en esto no puedo alabaros” (1 Cor
11,20.22).
De forma parecida, alguien ha propuesto una sugerencia “alternativa” en
vistas a la preparación del Congreso Eucarístico Nacional. Basado en la
multiplicación de los panes, tal como lo propone Mc 8,36 : “Dadles vosotros de
comer” y el v 41 : “bendijo y partió los panes y se los entregó...para que los
sirvieran”.
Esta sugerencia insiste en el “dadle vosotros de comer” y en que no puede
haber “bendición”, sin participación comunitaria. Es decir : mera devoción a la
Eucaristía, sin un alcance social de la misma.
Estamos en un todo de acuerdo, en que una devoción intimista, amputada de
la caridad, no hace justicia a lo que Jesús quiso al dejarnos su cuerpo y su
sangre.
Sólo que, no debe pasara ser tampoco por alto, todo lo que hemos
advertido sobre la diferencia abismal entre multiplicación de los panes y la
Ultima Cena (por más que aquella haya sido sentida por todos los cristianos como una
prefiguración de ésta : siempre el boceto es inferior a la obra de
arte).
Por lo demás, si lo “alternativo”, no estuviera consustanciado con lo
“devocional”, no se ve cómo las órdenes de Jesús se distinguirían de las que
diera el profeta Eliseo : “esas gentes : que coman...Así dice Yavé : Comerán y
sobrará” ( 2 Rey 4,42-43). Porque también el gran profeta multiplicó los panes,
haciendo un gesto de solidaridad, preparatorio al que reeditaría Cristo en el
desierto. Pero, la persona del profeta sirve sólo de instrumento, no se
convierte en el centro de la atención de una comida que ni los más audaces
siervos de Dios imaginaron jamás.
La Eucaristía no se presta a disputas “alternativas”. Ella es “todo” y
exige tanto “devoción” (palabra que significa : dedicación total de la persona,
“voto” de entrega sin condiciones a Cristo), como “solidaridad”, con todos los
invitados al mismo banquete, sin que nadie quede excluído. Amén de la
consecuencia social que ello implica : si participamos en los más grande ¿cómo
no lo haríamos en lo menos? (ver : Rom 15,27: Hech
2,44-47).
Prescindir de las palabras de Cristo que “cambian” radicalmente aquel pan
y aquel vino, equivale a rebajar su gesto a un banquete de participación
“profético” (Eliseo) o portentoso (multiplicación de los panes). Sólo que el
Testamento del Señor es además la “nueva alianza”, perdona los pecados y nos
anticipa la vida eterna, porque “su carne” (no cualquier otra comida que
se comparte en justicia social y caridad) es verdadero nutrimento, que, aunque
muramos, nos otorgas la vida sin fin (ver : Jn
6,51.54-58).
35
Corpus reformatorum – Calvini operaomnia, vol. 33, col.
122.127
36
Citado por H. Feld, Martin Luthers und Wendelin Steinbachs Vorlesungen
über den Hebráerbrief-Eine Studie zur Geschichte der neutestamentlichen Exegese
und Theologie, Wiesbaden (1971) p´.4. Feld muestra que Lutero, en este asunto,
es más cercano al catolicismo que Calvino, siguiendo la interpretación del
Crisóstomo.
37
Recuérdese que en la teología sacramental se distingue la acción que
realiza el mismo Cristo, Sacerdote pirncipal de toda la liturgia. A este
primordial componente se lo denomina : opus operatum : la obrada por el
propio Jesucristo. Pero exige la participación de los fieles, a la que se
denomina : opus operantis : la acción del que actúa, recibiendo, no
creando la gracia o el cuerpo y la sangre de Cristo.
38
La expresión del Apóstol no requiere decir que el sacrificio de Jesús
haya sido insuficiente. Apunta a
resaltar que, si no lo aplicamos cada uno a nuestra vida, por la fe y los
sacramentos, será una realidad espléndida, pero lejana de mi o de quien no la
use convenientemente. Como la medicina, que, objetivamente, esconde las
potencialidades para restablecer la salud, pero que si el enfermo se rehusa a
ingerirla, queda sin efecto, por eficaz y potente que sea en sí
misma.
39
Con todo, se
ha de vigilar para no caer en extremos. La Hostia del tabernáculo, del
ostensorio, de la procesión es siempre la de la Misa y ésta, la de la Cena, que
es, a su vez, la de la Cruz. Por lo mismo, se trata ante todo de un alimento :
este pan y este vino, donde Cristo ha depositado la fuerza de su sacrificio,
para entrar en contacto nutritivo, no sólo admirativo, con los
suyos.
“Asistir a Misa”, sin comulgar, es como aceptar la invitación de un amigo
a comer y después negarse a hacerlo.
Hay personas que, por su situación, dolorosamente, no pueden participar
plenamente de la misa. A veces dan una profunda lección a quienes pudiendo
hacerlo, lo descuidan con negligencia.
Considérese la bellísima, a la vez trágica “comunión espiritual”, que formulaba un divorciado vuelto a casar, cuando en la Iglesia parroquial veía a los fieles que se dirigían a comulgar :”Señor, te pido que los que van a recibirte lo hagan con las ganas que yo tengo de hacerlo, aunque no puedo”.
40
De antemano se impone reiterar cuanto avisáramos en la nota 3. Si bien
hemos ampliado los datos ofrecidos en la disertación oral, no se pretendía
ofrecer, ni entonces ni ahora, un examen completo de las profundas vetas que
suministrar el NT acerca de la Eucaristía.
Ahora, al abordar a S.Juan, después de todo lo dicho, habría que llegar a
las proporciones de un libro, si se pretendiera mostrara acabadamente los
horizontes que nos abre el cap. 6 del Cuarto Evangelio. Sólo nos limitamos a
algunos detalles, que nos parecen poco difundidos y que ayudarán a comprender la
forma peculiar que este escritor inspirado observa, para sumergirnos en los
misterios de Cristo Eucaristía.
41
Juan es quien menciona la cercanía de la Pascua (6,4 : la segunda en la
vida pública de Jesús). Parece que el relato sinóptico supone implícitamente que
la multiplicación tuvo lugar en el tiempo pascual de primavera, cuando había
césped verde en el terreno (ver : Mc 6,39). También en el segundo relato de la
multiplicación en Marcos, puede verse una alusión a la Pascua en el pasaje donde
Jesús previene contra la levadura de los fariseos. (mc 8,14-21). Es
sabido que los días pascuales son llamados “Acimos”, porque no se usa levadura
para el pan, en recuerdo de los panes cocidos con todo apuro, en la primera
pascua, saliendo de egipto (Ex 12,15).
Todos los relatos de la
multiplicación mencionan que Jesús tomó el pan. En el primer relato
bendice, en el segundo : usa el verbo dar gracias (eujaristein),
igual que en Juan.
En la Ultima Cena Mc/Mt emplean el verbo bendecir, mientras que
Pablo y Lucas : dar gracias (eujaristein). Los Sinópticos, al relatar el
milagro y en la Ultima Cena notan la acción de “partir” los panes. (En este
detalle falta en Juan, pero, en forma equivalente, retiene el resultado, ya que
hace notar los “fragmentos” (6,12-13).
Todos los relatos de la multiplicación (como en la Cena) dicen que lo
da.
Esta tendencia a relatar la multiplicación de los panes con atuendo
eucarístico, es llevada adelante en el primerísimo arte cristiano. En las
Catacumbas de siglo II, ese milagro era usado como símbolo de la Eucaristía. El
Epitafio de Abercio, obispo de Hierápolis (también del siglo II), describiendo
simbólicamente la eucaristía celestial, habla unitariamente del pescado
(proveniente de la multiplicación) del pan y del
vino.
42
Nos referimos a la expulsión de los mercaderes del templo. Los
Sinópticos, con mayor verosimilitud histórica, colocan el suceso en la postrer
visita de Jesús a Jerusalén, después de su triunfal acogida con ramos y hosanas.
Juan la ubica entre los datos primeros de la vida pública de Jesús, enseguida de
las Bodas de Caná (Jn 2,13-22).
El hecho nos habla de que los Evangelistas no concebían su labor como
persiguiendo la estricta cronología, sino como la comunicación de datos sólidos
de la salvación, prescindiendo, en muchas ocasiones de su secuencia
precisa.
43
Notando que el original griego trae “ trógéin” (=comer masticando), mucho
más crudo y realista que “esthiíein” = comer)
44
J.M.Lagrange . Evangile selon Saint Jean, Paris (1927, 4ª ed.) pp
193 y 195-196. Con mayor actualidad y nuevos argumentos se puede consultar :
R.E.Brown. The Gospel according to John. London. Dublin. Melbourne (1971)
pp 287-291.
45 Llamada de
los LXX
2
Comisión
Episcopal de Fe y cultura. Eucaristía : Evangelio y Misión – Preparación
teológica – pastoral – espiritual al Congreso Eucarístico Nacional de 1.994.
Bs. As. (1.994) pp 32-33.
3
Misal
Romano III a. Se me solicitó poner por escrito la disertación ofrecida el
7/VII/94. Dado que los apuntes utilizados entonces eran meros hilvanes,
demasiado telegráficos, aprovechamos la oportunidad para completar y dar forma
más orgánica (como esperamos) al material de estudio y meditación anteriormente
ofrecido.
Reiteramos aquí, cuanto expresáramos de viva voz : se ofrecen
algunos puntos de referencia, ya que era imposible (ni puede ser ahora el
objetivo de las presentes notas) recorrer exhaustivamente la totalidad de
textos, con sus respectivas riquezas (por ejemplo, las perspectivas que
aportaría la Carta a los hebreos).
Sugerimos que se trabajen los presentes aportes, consultando los pasajes
bíblicos en cuestión. La mera lectura de estos análisis se volvería árida y poco
fructuosa sin la confrontación directa de los mismos Libros Sagrados, pues se
trata de una tarea de comparación de las diversas tradiciones, poco visibles, si
sólo se refiere el lector a los textos bíblicos.
[4]
Se puede ilustrar la básica lealtad de los Evangelistas (por más que, con
frecuencia, se muestren despreocupados por una exactitud milimétrica) acudiendo
a otros ejemplos, ya de la propia experiencia, ya de grandes autores del pasado
y del presente.
Ninguno de nosotros es capaz de ordenar sus recuerdos, ubicándolos a
todos con extremo rigor en el tiempo y el espacio. Ello no quita un ápice a la
verdad de los mismos.
Así, Sta. Teresa de Jesús, en el primer capítulo de su Autobiografía,
dice que, a la muerte de su madre, tenía ella doce años. Ahora bien. L.
Santillano, en su edición crítica de las Obras Completas de la Santa,
apunta esta precisión :”Aunque la Santa dice que tendría como doce años al morir
su madre, no la podemos seguir en esto, pues sabido es que en achaques de
cronología no suela estar fuerte...Había entrado ya en los catorce años” (Ed.
Aguilar, Madrid – 1.951 – p.31,n.1)
Un escritor más cercano, R.Guardini, nos ofrece parecidos descuidos en
notas que él mismo brinda para su biografía, hablando de la obra de un conocido
suyo, la presenta como publicada por la editorial Mathias Grünewald. El que
presenta los papeles de Guardini aclara en una nota “La publicó en 1.961 la
editorial Herder de Friburgo y no la editorial Grünewald de Maguncia”
(R:Guardini – Apuntes para una biografía. Madrid – 1.982 – p.92.
Parecidos despistes de este gran autor pueden encontrarse en las
pp.108,109,116).
Pues bien, nadie en su sano juicio dudará de lo medular que transmiten
(pese a ciertas lagunas y olvidos) sobre sus propias vidas, autores de tal
magnitud. No se puede pedir más a los Evangelios, que menos todavía,
pretendieron entregar una secuencia exactísima de los hechos y dichos del señor
Jesús. Lo atestigua honestamente S.Juan :” Muchas otras señales hizo Jesús en
presencia de los discípulos que no están escritas en este libro...Muchas otras
cosas hizo Jesús, que si se escribiesen una por una, creo que este mundo no
podría contener los libros” (Jn 20,30; 21,25).
[5]
La I de Cor. Es fechada por el año 55. En su miseria les recuerda a los
cristianos de aquella comunidad griega, lo que ya les había trasmitido en su
primera visita por los años 50-51 (que tuvo lugar durante el segundo viaje
misionero del Apóstol, por los años 50-51. Ver : Hech 18, donde Lucas narra el
primer contacto de Pablo con la capital de Acaya, al sur de Grecia. Se trata
de
una de las fechas mejor acertadas en la cronología de S. Pablo, dado que en
Corintio tuvo que enfrentarse con el proconsul Galión, personaje bien conocido,
cuyo período en el cargo romano consta también con bastante seguridad por datos
extrabíblicos).
¿Cuándo recibió Pablo esta fórmula eucarística? Difícil precisarlo;
quizás fue durante su primer viaje a Jerusalén, por los años 36-38 o cuando
llegó a Antioquía por el año 40. No es posible ir mucho más allá de esa fecha,
pero ya es bastante positivo poder constatar que menos de diez años después de
la muerte de Jesús estaba ya fijado el memorial de la Ultima cena en la forma
que ha llegado hasta nosotros desde hace casi dos mil años. Un buen ejemplo de
la tenacidad con que se fijan los textos tradicionales. Estamos ya muy cerca de
la fuente.
[6]
El culto y la liturgia nunca son teatro, reproducción arqueológica de gestas
pasadas. Así, S.Pablo va a separar las cenas, en medio de las que se solía
celebrar la Eucaristía, reteniendo lo mínimo necesario para reproducir la
memoria del Señor : “¿No tenéis casas para comer y beber?? O en tan poco tenéis
la Iglesia de Dios” (1 Cor 11,22). Por eso, resultan distorsionantes ciertas
pretensiones litúrgicas, que
tienden a minar la Eucaristía de Jesús, reproduciendo una cena judía. No
es necesario celebrar recostándose en almohadones, como lo hizo Jesús, por
ejemplo. La liturgias estiliza, yendo a lo esencial. Lo cual, por supuesto, no
quiere decir que se caiga en el extremo opuesto de la cerebralidad convirtiendo
el culto en una mera comunicación de ideas. El gesto, el color, la música, la
participación fraternal son muy propias de la liturgia cristiana. Sólo que tiene
su estilo propio de una “sobria ebriedad”.
[7]
Este u otros pormenores que se irán
notando, muestran a las claras que a los Evangelistas no les interesa ajustarse
al detalle. Probablemente la modalidad más antigua es la de Lucas-Pablo, ya que
todavía no han llegado al paralelismo nítido de “cuerpo-sangre”. Ellos todavía
conservan la mención de la “copa”.
[8]
Se trata de controles históricos, sistematizados para el estudio de la
historicidad de los Evangelios (aplicados también para otras historias
profanas). Este (de discontinuidad) consiste en observar conductas de Jesús que
están en desacuerdo con las usanzas judías de su época. Tales rasgos jamás se
les hubiera ocurrido inventarlos a autores judíos, como lo eran los primeros
predicadores del Evangelio. Por ejemplo : la libertad con que Jesús infringe el
reposo sabático, es señal de historicidad de tal actitud, pues la observancia de
esa reglamentación era estrictísima en tiempos judíos (y lo sigue siendo hoy día
en círculos religiosos del judaísmo). La “discontinuidad” de la conducta de
Jesús al respecto, indica que proviene auténticamente de la originalidad de su
persona, no siendo producto de la fantasía de sus discípulos.
[9]
Aquí el criterio de “discontinuidad” es aplicado respecto a las
costumbres y vocabularios prevalentemente usados por la Iglesia. Quiere decir
que, cuando algún modo de decir u obrar de Jesús difiere de las usanzas
practicadas normalmente después, en la Iglesia primera, con certeza proviene del
modo de hablar y desempeñarse del mismo Jesús. La Iglesia lo respetó, por más
que ella ya no se expresara más así. Por ejemplo : Jesús, para designarse a sí
mismo, recurre muy a menudo al título : “Hijo de hombre”, caracterización
ambigua, preferida por él mismo (Ver el estupor que levantaba este apelativo en
Jn 12,34). Empleaba Jesús ese circunloquio para designarse así mismo con el fin
de evitar identificarse simple y llanamente con el Mesías, dado que entre sus
contemporáneos se esperaba a un Mesías triunfalista en el orden político,
mientras que El no encararía así su misión.
Pero, una
vez desaparecido ese peligro, después d ela resurrección, la Iglesia usa
poquísimas veces ese título (Hijo del hombre) para explicarlo a Jesús
resucitado. Tanto, que ha compuesto,
de dos, una sola palabra : Jesu-Cristo (Jesús-Mesías). Acude, asimismo a
otros títulos : Kyrios (Señor), Hijo de Dios.
Por lo
mismo, cuando se observa una “discontinuidad” entre el lenguaje predominante en
Iglesia y el que los Evangelios atribuyen a Jesús, en una señal de respeto
histórico, al vocabulario mismo de Jesús. No intentaron unificarlo al que era
corriente en las comunidades creyentes, en la época en que fueron compuestos los
Evangelios.
Aclarado lo
anterior, es asimismo imperioso hacer notar que, no se puede acudir rígidamente
a esta norma de la “discontinuidad” (ya sea -hacia atrás- respecto a la sociedad
judía de su tiempo; ya -hacia delante- en la que mira al modo de ser y actuar de
la Iglesia primera). Porque, si bien Jesús es diferente, en más de una faceta,
del judaísmo en medio del que vivió (sobre todo por su filiación divina) y en lo
que toca a las circunstancias de su tiempo, así como a las de la Iglesia
posterior, sin embargo El también fue judío y maestro de futuros discípulos,
predicadores y evangelistas, de modo que hay que tener cuidado con una
aplicación sin matices de este control crítico de la historicidad. Así : Jesús
ostenta muchas afinidades con sus contemporáneos, lo cual no necesariamente
significa proyección fabulatoria en El, de los modos de ser y de pensar de sus
conciudadanos coetáneos. El nio fue un meteoro caído del cielo (pese a que era
Dios), También fue un Dios encarnado. Por consiguiente habló en arameo,
frecuentó el templo, etc. Igualmente : no cualquier continuidad entre palabras o
gestos de Jesús con los observables en la Iglesia primera, ha de ser tomado como
indebida retroaplicación falsificadora hacia Jesús, de las inclinaciones o
preferencias de la Iglesia. Los discípulos han de mostrar
Un
seguimiento del Maestro y de ahí muchísimas coincidencias con sus dichos y
obras.
[10]
Dejemos para la última parte de esta exposición la explicación de las
relaciones vigentes entre el cap. 6º de Juan y la Ultima cena. Aquí baste sólo
subrayar el carácter de “adios”,
marcadamente puesto en relieve por los caps. 13 1l 17 del cuarto
Evangelio.
[11]
Se verá un poco más adelante el asunto de si Lucas alude o no a
diferentes copas y si son ubicables o no en el ceremonial pascual de los
judíos.
[12]
P. Benoit : “Le récit de
la Céne dans lc XXII 15-20”. En : Exégese et Théologie. Vol I
(Paris 1961) pp 190-193
[13]
Los Evangelistas mencionados refieren simplemente : “Y dichos los himnos
(Hymnésan tes), salieron...” Aluden al conjunto de los salmos 113 al 118, que se
cantaban a lo algo de la cena pascual. No hay seguridad sobre su distribución
exacta en tiempos de Jesús. Después de las explicaciones del padre de familia,
referentes a la historia del Exodo,
se entonaban los salmos 113, o bien 113 a 114. La segunda parte de Hallel era
cantada después de la tercera copa : Salmos 114-118, o bien
115-118.
[14]
A. Jaubert. “La Date de la
Céne. Calendrier biblique et liturgie chrétienne”. Paris (1957).
[15]
P. Beboit : “La date de la Céne”. Reseña
del libro de A. Jaubert, en “Exégese ete Théo logie” ,I pp 255-261
[18]
También los dos, a diferencia de Mc-Mt, concuerdan en calificar de
“nueva” a dicha alianza.
[19]
Después de su conversión, Pablo estuvo poco tiepo en Jerusalén, volviendo
pronto a su Tarso natal (hech 9,26-30). Bernabé fue allí para traer consigo a
Pablo a la ciudad Siria de Antioquía, desde onde partirían los viajes
apostólicos del Apóstol (Hech 11,25-26; 13,1-3). De este período proviene todo
lo que Pablo aprendió por la misma tradición de la Iglesia, como lño atestigua
expresamente sobre la Eucaristía (1 Cor 11,23 : “Porque yo he recibido...”) y
acerca de las otras apariciones de Jesús resucitado, diferentes de la que lo
tuvo a él mismo como beneficiario ( 1 Cor 15,3 : “Os he transmitido, en primer
lugar, lo que yo mismo he recibido...”).
A su vez, estas tradiciones llegaron a Antioquía desde Jerusalén, lugar
originario de los sucesos transmitidos, por lo cual esa cadena se remonta
ininterrumpidamente a la época de la conversión de Pablo y los primeros pasos de
las comunidades palestinenses hacia el 35 dC (dos años, más o menos, después de
la muerte de Cristo).
De hecho el relato paulino delata que no lo compuso él, sino que
reproduce fórmulas ya corrientes en la Iglesia. Por ejemplo, el uso de
sóma para indicar el cuerpo personal de Jesús nunca aparece bajo
la pluma de Pablo. En otros lugares, siempre que se refiere al sóma toú
Jristoú significa la comunbión eclesial (incluso en Rom 7,4). Cuando el
Apóstol se refiere al cuerpo físico de Cristo lo designa con un circunloquio
: to sóma tés sarkós autoú (= el cuerpo de su carne : Col 1,22).
[20]
En efecto, el verbo “eulogéo” (= hablo : logéo; bien : eu), en su uso
profano (el griego extrabíblico) significa : “honrar, alabar a alguien” y se
construye con un complemento directo en acusativo. “Digo bien de Fulano”.
Aquí Mc lo usa sin complementos : “Tomó el pan y bendiciendo, partió y
dio a ellos y dijo (al pie de la letra : Mc 14,22. Nótese que el texto griego no
dice : “Bendiciéndolo –al pan-“ sino “bendiciendo” sin complemento directo, ni
siquiera suplido por un pronombre). Un griego que oye esto se queda esperando :
“Bendiciendo (alabando) ¿A quién?”
Marcos en cambio, tiene en su mente el uso judaico de la Berekáh
(bendición), con la que se dirigía una oración a Dios. Para una acomodación
cabal a la mentalidad griega tendría que haber escrito : “Tomó el pan y
diciendo la oración ritual...”
[21]
¿Cuál de las dos es la más antigua? Los intérpretes se dividen al
responder, a nuestro juicio la
paulina se lleva la palma, porque todavía no ha sufrido la estilización del
paralelismo riguroso (propio de una fórmula litúrgica posterior) Pablo (y Lucas
que lo sigue) habla de “esta copa”. Además, por el recuerdo de la “ comida”, que
se interpone entre las palabras originales de Cristo sobre el pan (su cuerpo) y
el vino (su sangre).
[22]
Para iluminar la situación se podría acudir a algunos ejemplos. Una buena
autoopista, con excelente y clara señalización, es como la ley : me indica el
camino, me previene de posibles riesgos (“curvas peligrosas”, etc.), pero, si yo
estoy paralítico o mi automóvil se encuentra sin carburante, de nada me sirve la
más esplendida red de carreteras.
Al presentarse a rendir un exámen de matemáticas o literatura, no puedo
“salvar” sólo con decir que todo está muy bien explanado en los manuales. He de
mostrar que la letra ha pasado a mi memoria y que me encuentro apto para
desarrollar por mi mismo los temas del programa.
Así es la ley de Dios y la del mismo Evangelio : santa y eximia, pero
“letra muerta”, si no surte efecto en mi corazón y de allí en las obras de la
vida. Ahora bien : ese pasaje no lo puede realizar el hombre por sí solo. Lo ha
de practicar la mano misma de Dios. Por eso, lo que nos cabe hacer es pedir esa
“cirugía mayor”, como lo hace el salmista : “Crea en mí, oh Dios, un corazón puro y renueva dentro de mí un
espíritu recto” (Sal 51/50,12).
Jesús, dándonos a “beber su sangre” (no como Moisés, que la roció
externamente sobre el altar y el pueblo), nos está indicando que la Eucaristía
es ese poderoso antídoto capaz de cambiar nuestro
interior.
[23]
Recuérdese que el actual libro de Isaías de nuestra biblias recoge
oráculos y actividades de tres profetas que se desempeñaron en épocas
diferentes. El primer Isaías, de quien conocemos datos personales, fue anterior
a Jeremías (entre el 760-698). El “Segundo Isaías” (anónimo, pero inspirado por
los puntos de vista teológicos del primer Isaías) puede ser ubicado entre el 612
al 538. Su obra se encuentra entre los capítulos 40 al 55 del actual libro de
Isaías. Aquí es donde se hallan los famosos cuatro cánticos o poemas del “Siervo
del Señor”, que es un mediador que sufre para salvar al pueblo. (El tercer
Isaías abarca desde el cap 56 al final de la obra).
[25]
No hemos podido respetar una distribución rigurosa, ya que tuvimos que
referirnos por adelantado a los dichos de Jesús sobre el cáliz, cuando
elucidamos el carácter “sacrificial” de los gestos y dichos de Jesús, al
instituir la Eucaristía.
[26]
X.I.León-Dufour. La fracción del pan – Culto y existencia cristiana en
el Nuevo Testamento. Madrid (1983).
[27]
Interrumpimos la cita para recordar el funcionamiento de este criterio de
historicidad, aludido aquí por León-Dufour. Cuando se tiene bien acertado (como
resultado de la aplicación de otros criterios –el de “discontinuidad”, por
ejemplo, que hemos aplicado más arriba-) cuál es el estilo personal de Jesús,
tanto en su actuar como en su doctrina, si se encuentra algún otro episodio o
enseñanza, que los Evangelistas atribuyen a Jesús, en acuerdo con su modo
habitual de ser, es señal de
autenticidad histórica. Por ejemplo : las tentaciones de Jesús están en
consonancia, con su constante renuncia de un mesianismo clamoroso, que acudiera
a milagros, para fomentar un triunfalismo demagógico. Por lo mismo, son reales y
no ficciones de la comunidad o los evangelistas.
En nuestro caso de la “alianza”, puesta en boca de Jesús “Sólo en la
cena” dado que (según León-Dufour) no aparece en el resto de las preocupaciones
en boca de Jesús, nos encontraríamos ante una pista para sospechar que se trata
de un añadido posterior de las primitivas comunidades, pero que no provendría
del mismo Jesús.
[29]
Consiste en que un dato o noticia, cuando es atestiguado por diferentes
tradiciones (Mt, Mc, Lc, Jn : por ejemplo, la multiplicación de los panes, el
juicio ante el sanedrín, etc), procedente de comunidades diversas, tiene su
origen más atrás de lo que ellas mismas pudieran haber adoptado. Se trata de un
elemento tradicional, que se remonta al mismo Jesús, al cual todos se sentían
obligados, al que tenían que transmitir sustancialmente idéntico, si no querían
faltar a su misión misma de “testigos”.
[30]
Se trata de un documento anterior a los mismos Evangelios, del cual se
han servido Mateo y Lucas. Nunca se ha encontrado un ejemplar del mismo, pero,
con aceptación casi general de la actual exégesis, se lo supone en todos
aquellos textos en que Mateo y Lucas están de acuerdo, sin que esas noticias las
traiga Marcos. La exclamación de Júbilo de Jesús (sobre los pequeños), que se
propone en el texto es un ejemplo concreto de este material comunicado sólo por
Mt y Lc, qye se ha seleccionado de esa fuente “Q” /Así denominada por la inicial
alemana de Qwelle” = fuente.
[31]
En
cuanto al silencio que guarda Mc (y Mt) respecto al mandato expreso de reiterar
la acción eucarística de Jesús, bien vienen las observaciones de B. De Margerie
: “El argumento del silencio, en historia no vales : ¿por qué, por otra
parte...hacer callar a los testigos que afirman para escuchar sólo a los que
nada dicen? Además, ¿no hay que decir que los dos primeros Evangelistas han
indicado implícitamente que la Cena debía ser reiterada, poniendo una relación
entre Pascua antigua renovada cada año y la Cena, como también, al poner en
labios de Jesús estas palabras imperativas, que el lector podía aplicarse a sí
mismo : “tomad, comed, beber”? (Vous ferez ceci en mémorial de moi-Annonce et
souvenir de la mort du Ressuscité. Montereal. Paris. 1969 p282).
[32]
J. Dupont. “Ceci est mon corps. Ceci est mon sang” en Nouvelle Revue
Théologique, 80 (1958) pp 1025-1041
[33]
Se trata de gestos concretos que Dios mandaba ejecutar a los profetas,
para más vívidamente imprimir el mensaje en el corazón del pueblo. Por ejemplo :
Is 20,2 manda Dios a Isaías que se pasee desnudo por la ciudad para indicar la
extrema derelicción que sobrevendría aún sobre los más fuertes del pueblo,
cuando caigan en manos del rey asirio.
[34]
No es posible quedarse en la “filosofía de la naturaleza” (indagando
solamente en los “constitutivos<” de la Eucaristía). Pero, se ha de evitar
pasar a un mero existencialismo (insistiendo únicamente en los alcances
antroopológicos-comunitarios que se encierran en la Cena de
Jesús).
Así, nos parece que quedan cortas estas reflexiones del ya mencionado
León-Dufour : “En el relato de la Cena, el diálogo es explícito : las palabras
“tomad” o “por vosotros” se refieren a aquellos a quienes van dirigidas las
palabras de Jesús : éstas no quieren simplemente definir un nuevo estado del pan
que los discípulos tendrían que admitir : los invitan a hacer algo : tomar,
recibir. Las palabras de Jesús no son en sí una proclamación, sino una
invitación a recibir ese pan y, por tanto, a ser actores en la realización del
signo” (La fracción del pan, p 169).
Estimamos que ese “algo”, que han de hacer no puede ser minimizado.
Porque también Jesús los invitó a pasar el lago en la barca, a repartir el pan a
una multitud de personas en medio del desierto, pero, siempre, el sentido de las
palabras del Señor tenía un contenido, que especificaba cada una de las acciones
a que eran solicitados. En distintas oportunidades el sentido de la acción se
concretiza, según “lo que dice y hace Jesús”. Sus palabras son, al mismo
tiempo, proclamación e invitación. Por la primera declara lo nuevo : que ese
pan es su cuerpo (lo mismo dígase del vino y su sangre). Por la segunda se les
pide la participación personal, o la propia implicancia
comunitaria.
De hecho, el mismo León-Dufour indicará la diferencia, al agregar : “Aquí
hay mucho más que en las profecías bíblicas habituales. Para su consumación, el
gesto de Jesús requiere por parte de los comensales una acción correspondiente”.
(ibid p 169).
Bien, pero, con subrayar sólo el “tomad, comed, bebed”, no se diferencia
esta Cena, de la multiplicación de
los panes o de otras comidas, que no vieron la “novedad” precedente de los
gestos y palabras de Jesús sobre el pan y el vino. Aquellos panes y peces,
seguían siendo tales, pues la intervención milagrosa de Jesús consistió
solamente en su prodigioso aumento, de modo que alcanzara para aquella multitud.
Pero, lo que comieron fueron pan y pescado, no el cuerpo o la sangre de
Jesús.
En este mismo sentido incompleto van las consideraciones que se suelen
hacer a nivel catequético. Se tiene la buena intención de “no cosificar” la
Eucaristía, convirtiéndola en un mero objeto de “devoción”. Y es verdad, que en
muchos, por desgracia : la procesión, la exposición del Santísimo, la asistencia
pasiva a Misa sin comulgar, o la comunión, sin reflejo alguno en la vida,
cercenan a la Eucaristía de un aspecto suyo esencial. Es un banquete, solicita
la participación, ha de reflejarse en la caridad. S. Pablo, observando los
desarreglos de los cristianos corintios, donde unos se hartaban y otros carecían
de lo necesario, los llamó al orden, declarándoles :”Cuando os reunía, no es
para comer la cena del Señor...en esto no puedo alabaros” (1 Cor
11,20.22).
De forma parecida, alguien ha propuesto una sugerencia “alternativa” en
vistas a la preparación del Congreso Eucarístico Nacional. Basado en la
multiplicación de los panes, tal como lo propone Mc 8,36 : “Dadles vosotros de
comer” y el v 41 : “bendijo y partió los panes y se los entregó...para que los
sirvieran”.
Esta sugerencia insiste en el “dadle vosotros de comer” y en que no puede
haber “bendición”, sin participación comunitaria. Es decir : mera devoción a la
Eucaristía, sin un alcance social de la misma.
Estamos en un todo de acuerdo, en que una devoción intimista, amputada de
la caridad, no hace justicia a lo que Jesús quiso al dejarnos su cuerpo y su
sangre.
Sólo que, no debe pasara ser tampoco por alto, todo lo que hemos
advertido sobre la diferencia abismal entre multiplicación de los panes y la
Ultima Cena (por más que aquella haya sido sentida por todos los cristianos como una
prefiguración de ésta : siempre el boceto es inferior a la obra de
arte).
Por lo demás, si lo “alternativo”, no estuviera consustanciado con lo
“devocional”, no se ve cómo las órdenes de Jesús se distinguirían de las que
diera el profeta Eliseo : “esas gentes : que coman...Así dice Yavé : Comerán y
sobrará” ( 2 Rey 4,42-43). Porque también el gran profeta multiplicó los panes,
haciendo un gesto de solidaridad, preparatorio al que reeditaría Cristo en el
desierto. Pero, la persona del profeta sirve sólo de instrumento, no se
convierte en el centro de la atención de una comida que ni los más audaces
siervos de Dios imaginaron jamás.
La Eucaristía no se presta a disputas “alternativas”. Ella es “todo” y
exige tanto “devoción” (palabra que significa : dedicación total de la persona,
“voto” de entrega sin condiciones a Cristo), como “solidaridad”, con todos los
invitados al mismo banquete, sin que nadie quede excluído. Amén de la
consecuencia social que ello implica : si participamos en los más grande ¿cómo
no lo haríamos en lo menos? (ver : Rom 15,27: Hech
2,44-47).
Prescindir de las palabras de Cristo que “cambian” radicalmente aquel pan
y aquel vino, equivale a rebajar su gesto a un banquete de participación
“profético” (Eliseo) o portentoso (multiplicación de los panes). Sólo que el
Testamento del Señor es además la “nueva alianza”, perdona los pecados y nos
anticipa la vida eterna, porque “su carne” (no cualquier otra comida que
se comparte en justicia social y caridad) es verdadero nutrimento, que, aunque
muramos, nos otorgas la vida sin fin (ver : Jn
6,51.54-58).
[36]
Citado por H. Feld, Martin Luthers und Wendelin Steinbachs Vorlesungen
über den Hebráerbrief-Eine Studie zur Geschichte der neutestamentlichen Exegese
und Theologie, Wiesbaden (1971) p´.4. Feld muestra que Lutero, en este asunto,
es más cercano al catolicismo que Calvino, siguiendo la interpretación del
Crisóstomo.
[37]
Recuérdese que en la teología sacramental se distingue la acción que
realiza el mismo Cristo, Sacerdote pirncipal de toda la liturgia. A este
primordial componente se lo denomina : opus operatum : la obrada por el
propio Jesucristo. Pero exige la participación de los fieles, a la que se
denomina : opus operantis : la acción del que actúa, recibiendo, no
creando la gracia o el cuerpo y la sangre de Cristo.
[38]
La expresión del Apóstol no requiere decir que el sacrificio de Jesús
haya sido insuficiente. Apunta a
resaltar que, si no lo aplicamos cada uno a nuestra vida, por la fe y los
sacramentos, será una realidad espléndida, pero lejana de mi o de quien no la
use convenientemente. Como la medicina, que, objetivamente, esconde las
potencialidades para restablecer la salud, pero que si el enfermo se rehusa a
ingerirla, queda sin efecto, por eficaz y potente que sea en sí
misma.
[39]
Con todo, se
ha de vigilar para no caer en extremos. La Hostia del tabernáculo, del
ostensorio, de la procesión es siempre la de la Misa y ésta, la de la Cena, que
es, a su vez, la de la Cruz. Por lo mismo, se trata ante todo de un alimento :
este pan y este vino, donde Cristo ha depositado la fuerza de su sacrificio,
para entrar en contacto nutritivo, no sólo admirativo, con los
suyos.
“Asistir a Misa”, sin comulgar, es como aceptar la invitación de un amigo
a comer y después negarse a hacerlo.
Hay personas que, por su situación, dolorosamente, no pueden participar
plenamente de la misa. A veces dan una profunda lección a quienes pudiendo
hacerlo, lo descuidan con negligencia.
Considérese la bellísima, a la vez trágica “comunión espiritual”, que
formulaba un divorciado vuelto a casar, cuando en la Iglesia parroquial veía a
los fieles que se dirigían a comulgar :”Señor, te pido que los que van a
recibirte lo hagan con las ganas que yo tengo d.