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En la Exhortación Apostólica sobre La Familia hay
afirmaciones que nos iluminan para reflexionar sobre La Iglesia al servicio
de la Familia. Somos conscientes de que el matrimonio y la familia constituyen
uno de los bienes más preciosos de la humanidad;
hacemos sentir nuestra voz de aliento a todos los que tratan de vivirlo, cuando
hay tanta inseguridad, incertidumbres, problemas. Buscando siempre la verdad
sobre la Familia y diciéndole a Ella quién es según
el designio de Dios, la animamos a ser la primera experiencia de Iglesia para
sus miembros.
Esta experiencia eclesial está marcada por la Fe en los proyectos grandiosos de Dios sobre nosotros, en su misericordia que nunca se desanima de nuestras flaquezas; y por otro lado afirmamos nuestra confianza en las personas, con la seguridad de que éstas tienen una aspiración profunda que brota de su corazón, un afán de superar los límites en los que quisieran encerrarlas la mediocridad, la timidez o la satisfacción consigo mismas.
Desde esta primera experiencia eclesial, no nos
cansamos de proclamar nuestra fe en Cristo Salvador y en su presencia constante
en el mundo, por medio de su amor y el regalo de sus Sacramentos.
Como toda experiencia eclesial, la Familia también está invitada
a no cerrarse sobre sí misma, sino a realizarse como Iglesia abierta
a las necesidades de la grande Iglesia y de la humanidad.
Esto de estar abierto a las necesidades de la humanidad, recorriendo la Diócesis y dialogando con la gente, me lleva a tener presente unas palabras del Papa Juan Pablo II con ocasión del Jubileo de las Familias del 14 de octubre del año 2000: ante tantas familias rotas, La Iglesia no se siente llamada a expresar un juicio severo e indiferente, sino más bien a iluminar los diversos dramas humanos con la luz de la palabra de Dios, acompañada por el testimonio de su misericordia. Con este espíritu la pastoral familiar trata de aliviar también las situaciones de los creyentes que se han divorciado y vuelto a casar civilmente. No están excluidos de la comunidad; al contrario, están invitados a participar en su vida, recorriendo un camino de crecimiento en el espíritu de las exigencias evangélicas.
Anunciando siempre la Iglesia la verdad sobre sí misma y sobre la Familia, siempre debe mostrar su cercanía de Madre de todos sus hijos.
En la proximidad del Congreso, la renovada invitación de la Conferencia Episcopal que lo ha convocado, para que sea éste un tiempo de Gracias para todas las Familias.
+ Carlos María Collazzi
Obispo de Mercedes
Pte. de la Conf. Episcopal Uruguaya