Fe y Razón

Revista virtual gratuita

Desde Montevideo (Uruguay), al servicio de la evangelización de la cultura

Nº 26 – Septiembre de 2008

Omne verum, a quocumque dicatur, a Spiritu Sancto est

“Toda verdad, dígala quien la diga, procede del Espíritu Santo” (Santo Tomás de Aquino)

 

 

“Hoy se hace necesario rehabilitar la auténtica apologética que hacían los Padres de la Iglesia como explicación de la fe. La apologética no tiene por qué ser negativa o meramente defensiva per se. Implica, más bien, la capacidad de decir lo que está en nuestras mentes y corazones de forma clara y convincente, como dice San Pablo "haciendo la verdad en la caridad" (Ef 4,15). Los discípulos y misioneros de Cristo de hoy necesitan, más que nunca, una apologética renovada para que todos puedan tener vida en Él.” (Documento de Aparecida, n. 229).

 

 

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Colaboradores: Dr. Carlos Álvarez Cozzi, Pbro. Dr. Miguel Antonio Barriola, R.P. Lic. Horacio Bojorge, Pbro. Dr. Antonio Bonzani, Pbro. Eliomar Carrara, Dr. Eduardo Casanova, Ing. Agr. Álvaro Fernández, Pbro. Dr. Jaime Fuentes, Dr. Pedro Gaudiano, Dra. María Lourdes González, Ec. Rafael Menéndez, Dr. Gustavo Ordoqui Castilla, Pbro. Miguel Pastorino, Sr. Juan Carlos Riojas Álvarez, Dra. Dolores Torrado.

 

 

Tabla de Contenidos

 

Sección

Título

Autor o Fuente

Editorial

El primer principio de la teología cristiana

Equipo de Dirección

Documentos

Celebración Eucarística de la XXIII Jornada Mundial de la Juventud - Homilía

Papa Benedicto XVI

Familia y Vida

La CNBB divulga la Declaración de Aparecida en Defensa de la Vida

Instituto Arquidiocesano de Bioética “Juan Pablo II”

Familia y Vida

Exaltación de la Santa Cruz (14 de Septiembre de 2008) -

Aporte testimonial

Pbro. Eliomar Carrara

Filosofía

El universo de la nada, por nada y para nada

Juan Carlos Riojas Álvarez

Teología

La Iglesia Católica y sus dogmas

Ing. Daniel Iglesias Grèzes

Iglesia

Estadísticas sobre el clero católico en América Latina (2000-2005)

Ing. Daniel Iglesias Grèzes

Oración

Salmo 8

Biblia de Jerusalén

 

 

El primer principio de la teología cristiana

 

Equipo de Dirección

 

El excelente sitio web de Sandro Magister informa sobre el importante debate teológico que tuvo lugar en Brasil entre Clodovis y Leonardo Boff, hermanos entre sí y dos de los principales exponentes de la “teología de la liberación”. En este artículo de la sección italiana de ese sitio se pueden leer, en portugués, los sendos textos completos de ambos hermanos teólogos.

 

En octubre de 2007 Clodovis Boff publicó un artículo en el que sostuvo que la “teología de la liberación” ha incurrido en el grave error de poner a los pobres como primer principio de la teología, lugar que sólo corresponde a Jesucristo y a la fe apostólica. Allí C. Boff apoyó el documento vaticano que critica la cristología de Jon Sobrino (otro de los principales teólogos de la liberación) precisamente por esa razón. Además, C. Boff afirmó, con toda exactitud, que ese error de principio conduce a la teología de la liberación a ser instrumentalizada políticamente a favor de determinadas ideologías. Por último, C. Boff se adhirió al Magisterio de los Obispos de América Latina expresado en el Documento de Aparecida y afirmó que ese Documento ofrece el correctivo que la teología de la liberación necesita.

 

El artículo de C. Boff alcanzó mucha mayor difusión sólo después que, en mayo de 2008, recibió una réplica tajante de Leonardo Boff, quien llegó incluso a insinuar que su hermano ha dado una puñalada al corazón de la teología de la liberación, diciéndole a la vez que lo hace para salvarla. En su artículo, L. Boff pretendió demostrar que es correcto que la teología de la liberación convierta a los pobres en el principio fundamental de la teología cristiana. Sus argumentos principales son dos:

·        Por la Encarnación, el Hijo de Dios se ha hecho no sólo hombre, sino también hombre-pobre. De ahí que la pobreza haya quedado unida para siempre a su divinidad, sin confusión ni separación, como dice el dogma cristológico del Concilio de Calcedonia.

·        El mismo Jesucristo, en la parábola del juicio final (en Mateo 25) se ha identificado con los pobres y ha dicho que la salvación depende en última instancia de la actitud tomada frente a los pobres.

Además, L. Boff acusó a C. Boff de “cristomonismo”, un error teológico que consistiría en agrandar el papel de Cristo hasta olvidar los papeles del Padre y el Espíritu Santo. Al decir de L. Boff, el “cristomonismo” sería una especie de “dictadura de Cristo”.

 

A nuestro juicio es fácil refutar estos argumentos de L. Boff:

·        El primer punto se refuta por el absurdo. En la Encarnación, además de hacerse hombre-pobre, el Hijo de Dios se hizo también (por ejemplo) hombre-varón y hombre-judío, pero no por eso debe convertirse a la masculinidad o al judaísmo en el primer principio de la teología. Por otra parte, distinguir no es separar. Cristo es el primer principio de la teología por ser Dios-hombre, no por ser pobre, aunque sea a la vez lo uno y lo otro.

·        Como ha demostrado el R.P. Horacio Bojorge SJ en su artículo El juicio de las naciones en Mateo 25,31-46, publicado en nuestro sitio web “Fe y Razón”, en la parabola del juicio final de Mateo 25, según su sentido literal, “estos hermanos míos más pequeños” (v. 40; cf. v. 45) no son los pobres, sino los discípulos de Jesús. Allí y en otros textos evangélicos, Jesús se identifica con sus discípulos, lo cual no quita en absoluto que el cristiano deba amar también a los pobres. Es importante subrayar, sin embargo, que la caridad cristiana, incluso cuando se refiere a los hombres, es teocéntrica. El amor a Dios es el primer mandamiento. El amor al prójimo es el segundo mandamiento, semejante al primero (cf. Mateo 22,36-40). Por otra parte, no se debe confundir una unidad moral con una identidad metafísica.

·        Reconocer, como Jesús antes de la Ascensión, que a Él se le ha dado “todo poder en el cielo y en la tierra” (Mateo 28,18), no es “cristomonismo”, sino cristianismo a secas. El poder absoluto de Cristo es legítimo, no dictatorial. Jesús ha dicho de Sí mismo: Yo soy el Alfa y la Omega, el Primero y el Último, el Principio y el Fin.” (Apocalipsis 22,13). Probablemente L. Boff podría acusar de “cristomonismo” al mismo Jesús (Juan 15,5: “separados de mí no podéis hacer nada) y a San Pablo (Filipenses 4,13: “Todo lo puedo en Aquel que me conforta”).

 

Hasta ahora, en su enfrentamiento con el Magisterio de la Iglesia, los “liberacionistas” (como mucho antes los jansenistas, los ontologistas y los modernistas) han seguido preferentemente la táctica de la “cuestión de facto”. Por ejemplo, solían decir que la instrucción vaticana de 1984 sobre la teología de la liberación hacía bien al condenar determinados errores, pero que de hecho su teología de la liberación no incurría en esos errores condenados. Esto equivalía a decir que la Santa Sede (por su eurocentrismo) desconoce las particularidades de América Latina, de su situación y de su teología. Frente a la crítica radical de Clodovis Boff, los “liberacionistas” ya no pueden aplicar esa táctica. No pueden decir que C. Boff, que hace 40 años que hace “teología de la liberación” y es uno de sus principales artífices, no sabe lo que dice cuando critica a esa teología.

 

Demos gracias a Dios por el regreso del R.P. Clodovis Boff al redil de la ortodoxia católica y roguemos que su palabra y su ejemplo ayuden a muchos otros hermanos extraviados a hacer otro tanto.

 

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VIAJE APOSTÓLICO DE SU SANTIDAD BENEDICTO XVI A SYDNEY (AUSTRALIA)

CON OCASIÓN DE LA XXIII JORNADA MUNDIAL DE LA JUVENTUD (13 - 21 DE JULIO DE 2008)

 

CELEBRACIÓN EUCARÍSTICA PARA LA XXIII JORNADA MUNDIAL DE LA JUVENTUD

 

HOMILÍA DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI

 

Hipódromo de Randwick, Domingo 20 de julio de 2008

 

Queridos amigos:

 

«Cuando el Espíritu Santo descienda sobre vosotros, recibiréis fuerza» (Hch 1,8). Hemos visto cumplida esta promesa. En el día de Pentecostés, como hemos escuchado en la primera lectura, el Señor resucitado, sentado a la derecha del Padre, envió el Espíritu Santo a sus discípulos reunidos en el cenáculo. Por la fuerza de este Espíritu, Pedro y los Apóstoles fueron a predicar el Evangelio hasta los confines de la tierra. En cada época y en cada lengua, la Iglesia continúa proclamando en todo el mundo las maravillas de Dios e invita a todas las naciones y pueblos a la fe, a la esperanza y a la vida nueva en Cristo.

 

En estos días, también yo he venido, como Sucesor de san Pedro, a esta estupenda tierra de Australia. He venido a confirmaros en vuestra fe, jóvenes hermanas y hermanos míos, y a abrir vuestros corazones al poder del Espíritu de Cristo y a la riqueza de sus dones. Oro para que esta gran asamblea, que congrega a jóvenes de «todas las naciones de la tierra» (Hch 2,5), se transforme en un nuevo cenáculo. Que el fuego del amor de Dios descienda y llene vuestros corazones para uniros cada vez más al Señor y a su Iglesia y enviaros, como nueva generación de Apóstoles, a llevar a Cristo al mundo.

 

«Cuando el Espíritu Santo descienda sobre vosotros, recibiréis fuerza». Estas palabras del Señor resucitado tienen un significado especial para los jóvenes que serán confirmados, sellados con el don del Espíritu Santo, durante esta Santa Misa. Pero estas palabras están dirigidas también a cada uno de nosotros, es decir, a todos los que han recibido el don del Espíritu de reconciliación y de la vida nueva en el Bautismo, que lo han acogido en sus corazones como su ayuda y guía en la Confirmación, y que crecen cotidianamente en sus dones de gracia mediante la Santa Eucaristía. En efecto el Espíritu Santo desciende nuevamente en cada Misa, invocado en la plegaria solemne de la Iglesia, no sólo para transformar nuestros dones del pan y del vino en el Cuerpo y la Sangre del Señor, sino también para transformar nuestras vidas, para hacer de nosotros, con su fuerza, «un solo cuerpo y un solo espíritu en Cristo».

 

Pero, ¿qué es este «poder» del Espíritu Santo? Es el poder de la vida de Dios. Es el poder del mismo Espíritu que se cernía sobre las aguas en el alba de la creación y que, en la plenitud de los tiempos, levantó a Jesús de la muerte. Es el poder que nos conduce, a nosotros y a nuestro mundo, hacia la llegada del Reino de Dios. En el Evangelio de hoy, Jesús anuncia que ha comenzado una nueva era, en la cual el Espíritu Santo será derramado sobre toda la humanidad (cf. Lc 4,21). Él mismo, concebido por obra del Espíritu Santo y nacido de la Virgen María, vino entre nosotros para traernos este Espíritu. Como fuente de nuestra vida nueva en Cristo, el Espíritu Santo es también, de un modo muy verdadero, el alma de la Iglesia, el amor que nos une al Señor y entre nosotros y la luz que abre nuestros ojos para ver las maravillas de la gracia de Dios que nos rodean.

 

Aquí en Australia, esta «gran tierra meridional del Espíritu Santo», todos nosotros hemos tenido una experiencia inolvidable de la presencia y del poder del Espíritu en la belleza de la naturaleza. Nuestros ojos se han abierto para ver el mundo que nos rodea como es verdaderamente: «colmado», como dice el poeta, «de la grandeza de Dios», repleto de la gloria de su amor creativo. También aquí, en esta gran asamblea de jóvenes cristianos provenientes de todo el mundo, hemos tenido una experiencia elocuente de la presencia y de la fuerza del Espíritu en la vida de la Iglesia. Hemos visto la Iglesia como es verdaderamente: Cuerpo de Cristo, comunidad viva de amor, en la que hay gente de toda raza, nación y lengua, de cualquier edad y lugar, en la unidad nacida de nuestra fe en el Señor resucitado.

 

La fuerza del Espíritu Santo jamás cesa de llenar de vida a la Iglesia. A través de la gracia de los Sacramentos de la Iglesia, esta fuerza fluye también en nuestro interior, como un río subterráneo que nutre el espíritu y nos atrae cada vez más cerca de la fuente de nuestra verdadera vida, que es Cristo. San Ignacio de Antioquía, que murió mártir en Roma al comienzo del siglo segundo, nos ha dejado una descripción espléndida de la fuerza del Espíritu que habita en nosotros. Él ha hablado del Espíritu como de una fuente de agua viva que surge en su corazón y susurra: «Ven, ven al Padre» (cf. A los Romanos, 6,1-9).

 

Sin embargo, esta fuerza, la gracia del Espíritu Santo, no es algo que podamos merecer o conquistar; podemos sólo recibirla como puro don. El amor de Dios puede derramar su fuerza sólo cuando le permitimos cambiarnos por dentro. Debemos permitirle penetrar en la dura costra de nuestra indiferencia, de nuestro cansancio espiritual, de nuestro ciego conformismo con el espíritu de nuestro tiempo. Sólo entonces podemos permitirle encender nuestra imaginación y modelar nuestros deseos más profundos. Por esto es tan importante la oración: la plegaria cotidiana, la privada en la quietud de nuestros corazones y ante el Santísimo Sacramento, y la oración litúrgica en el corazón de la Iglesia. Ésta es pura receptividad de la gracia de Dios, amor en acción, comunión con el Espíritu que habita en nosotros y nos lleva, por Jesús y en la Iglesia, a nuestro Padre celestial. En la potencia de su Espíritu, Jesús está siempre presente en nuestros corazones, esperando serenamente que nos dispongamos en el silencio junto a Él para sentir su voz, permanecer en su amor y recibir «la fuerza que proviene de lo alto», una fuerza que nos permite ser sal y luz para nuestro mundo.

 

En su Ascensión, el Señor resucitado dijo a sus discípulos: «Seréis mis testigos… hasta los confines del mundo» (Hch 1,8). Aquí, en Australia, damos gracias al Señor por el don de la fe, que ha llegado hasta nosotros como un tesoro transmitido de generación en generación en la comunión de la Iglesia. Aquí, en Oceanía, damos gracias de un modo especial a todos aquellos misioneros, sacerdotes y religiosos comprometidos, padres y abuelos cristianos, maestros y catequistas, que han edificado la Iglesia en estas tierras. Testigos como la Beata Mary Mackillop, San Peter Chanel, el Beato Peter To Rot y muchos otros. La fuerza del Espíritu, manifestada en sus vidas, está todavía activa en las iniciativas beneficiosas que han dejado en la sociedad que han plasmado y que ahora se os confía a vosotros.

 

Queridos jóvenes, permitidme que os haga una pregunta. ¿Qué dejaréis vosotros a la próxima generación? ¿Estáis construyendo vuestras vidas sobre bases sólidas? ¿Estáis construyendo algo que durará? ¿Estáis viviendo vuestras vidas de modo que dejéis espacio al Espíritu en un mundo que quiere olvidar a Dios, rechazarlo incluso en nombre de un falso concepto de libertad? ¿Cómo estáis usando los dones que se os han dado, la «fuerza» que el Espíritu Santo está ahora dispuesto a derramar sobre vosotros? ¿Qué herencia dejaréis a los jóvenes que os sucederán? ¿Qué os distinguirá?

La fuerza del Espíritu Santo no sólo nos ilumina y nos consuela. Nos encamina hacia el futuro, hacia la venida del Reino de Dios. ¡Qué visión magnífica de una humanidad redimida y renovada descubrimos en la nueva era prometida por el Evangelio de hoy! San Lucas nos dice que Jesucristo es el cumplimiento de todas las promesas de Dios, el Mesías que posee en plenitud el Espíritu Santo para comunicarlo a la humanidad entera. La efusión del Espíritu de Cristo sobre la humanidad es prenda de esperanza y de liberación contra todo aquello que nos empobrece. Dicha efusión ofrece de nuevo la vista al ciego, libera a los oprimidos y genera unidad en y con la diversidad (cf. Lc 4,18-19; Is 61,1-2). Esta fuerza puede crear un mundo nuevo: puede «renovar la faz de la tierra» (cf. Sal 104,30).

 

Fortalecida por el Espíritu y provista de una rica visión de fe, una nueva generación de cristianos está invitada a contribuir a la edificación de un mundo en el que la vida sea acogida, respetada y cuidada amorosamente, no rechazada o temida como una amenaza y por ello destruida. Una nueva era en la que el amor no sea ambicioso ni egoísta, sino puro, fiel y sinceramente libre, abierto a los otros, respetuoso de su dignidad, un amor que promueva su bien e irradie gozo y belleza. Una nueva era en la cual la esperanza nos libere de la superficialidad, de la apatía y el egoísmo que degrada nuestras almas y envenena las relaciones humanas. Queridos jóvenes amigos, el Señor os está pidiendo ser profetas de esta nueva era, mensajeros de su amor, capaces de atraer a la gente hacia el Padre y de construir un futuro de esperanza para toda la humanidad.

 

El mundo tiene necesidad de esta renovación. En muchas de nuestras sociedades, junto a la prosperidad material, se está expandiendo el desierto espiritual: un vacío interior, un miedo indefinible, un larvado sentido de desesperación. ¿Cuántos de nuestros semejantes han cavado aljibes agrietados y vacíos (cf. Jr 2,13) en una búsqueda desesperada de significado, de ese significado último que sólo puede ofrecer el amor? Éste es el don grande y liberador que el Evangelio lleva consigo: él revela nuestra dignidad de hombres y mujeres creados a imagen y semejanza de Dios. Revela la llamada sublime de la humanidad, que es la de encontrar la propia plenitud en el amor. Él revela la verdad sobre el hombre, la verdad sobre la vida.

 

También la Iglesia tiene necesidad de renovación. Tiene necesidad de vuestra fe, vuestro idealismo y vuestra generosidad, para poder ser siempre joven en el Espíritu (cf. Lumen gentium, 4). En la segunda lectura de hoy, el apóstol Pablo nos recuerda que cada cristiano ha recibido un don que debe ser usado para edificar el Cuerpo de Cristo. La Iglesia tiene especialmente necesidad del don de los jóvenes, de todos los jóvenes. Tiene necesidad de crecer en la fuerza del Espíritu que también ahora os infunde gozo a vosotros, jóvenes, y os anima a servir al Señor con alegría. Abrid vuestro corazón a esta fuerza. Dirijo esta invitación de modo especial a los que el Señor llama a la vida sacerdotal y consagrada. No tengáis miedo de decir vuestro «sí» a Jesús, de encontrar vuestra alegría en hacer su voluntad, entregándoos completamente para llegar a la santidad y haciendo uso de vuestros talentos al servicio de los otros.

 

Dentro de poco celebraremos el sacramento de la Confirmación. El Espíritu Santo descenderá sobre los candidatos; ellos serán «sellados» con el don del Espíritu y enviados para ser testigos de Cristo. ¿Qué significa recibir el «sello» del Espíritu Santo? Significa ser marcados indeleblemente, inalterablemente cambiados, significa ser nuevas criaturas. Para los que han recibido este don, ya nada puede ser lo mismo. Estar «bautizados» en el Espíritu significa estar enardecidos por el amor de Dios. Haber «bebido» del Espíritu (cf. 1 Co 12,13) significa haber sido refrescados por la belleza del designio de Dios para nosotros y para el mundo, y llegar a ser nosotros mismos una fuente de frescor para los otros. Ser «sellados con el Espíritu» significa además no tener miedo de defender a Cristo, dejando que la verdad del Evangelio impregne nuestro modo de ver, pensar y actuar, mientras trabajamos por el triunfo de la civilización del amor.

 

Al elevar nuestra oración por los confirmandos, pedimos también que la fuerza del Espíritu Santo reavive la gracia de la Confirmación de cada uno de nosotros. Que el Espíritu derrame sus dones abundantemente sobre todos los presentes, sobre la ciudad de Sydney, sobre esta tierra de Australia y sobre todas sus gentes. Que cada uno de nosotros sea renovado en el espíritu de sabiduría e inteligencia, el espíritu de consejo y fortaleza, espíritu de ciencia y piedad, espíritu de admiración y santo temor de Dios.

 

Que por la amorosa intercesión de María, Madre de la Iglesia, esta XXIII Jornada Mundial de la Juventud sea vivida como un nuevo cenáculo, de forma que todos nosotros, enardecidos con el fuego del amor del Espíritu Santo, continuemos proclamando al Señor resucitado y atrayendo a cada corazón hacia Él. Amén.

 

El Santo Padre, después de la homilía, dirigió saludos a los jóvenes en italiano, francés, alemán, español y portugués.

 

Saludo de corazón a los jóvenes de lengua italiana y extiendo mi saludo afectuoso a todos los que son originarios de Italia y viven en Australia. Al final de esta extraordinaria experiencia de Iglesia, que nos ha hecho vivir un renovado Pentecostés, volved a casa robustecidos con la fuerza del Espíritu Santo. Sed testigos de Cristo resucitado, esperanza de los jóvenes y de toda la familia humana.

 

Queridos jóvenes de lengua francesa, el Espíritu Santo es la fuente del mensaje de Jesucristo y de su acción salvífica. Habla al corazón con un lenguaje que cada uno comprende. La variedad de dones del Espíritu Santo os hace comprender la riqueza de gracias que hay en Dios. Ojalá que os abráis a su soplo. Permitid su acción en vosotros y en vuestro entorno. Así viviréis en Dios y testimoniaréis que Cristo es el Salvador que espera el mundo.

 

Queridos jóvenes de lengua alemana, también a vosotros os saludo con afecto. El Espíritu Santo es Espíritu de comunión y fuente de comprensión y comunicación. Hablad a los demás de vuestras esperanzas y de vuestros ideales; hablad de Dios y con Dios. El hombre que vive en el amor a Dios y en el amor al prójimo es feliz. Que el Espíritu de Dios os guíe por la senda de la paz.

 

Queridos jóvenes de lengua española, en Cristo se cumplen todas las promesas de salvación verdadera para la humanidad. Él tiene para cada uno de vosotros un proyecto de amor en el que se encuentra el sentido y la plenitud de la vida, y espera de todos vosotros que hagáis fructificar los dones que os ha dado, siendo sus testigos de palabra y con el propio ejemplo. No lo defraudéis.

 

Queridos jóvenes de lengua portuguesa, queridos amigos en Cristo, ya sabéis que Jesús no os deja solos. Dijo: "Yo pediré al Padre y os dará otro Paráclito, para que esté con vosotros para siempre, el Espíritu de la verdad (...) Vosotros lo conocéis, porque mora con vosotros y en vosotros está" (Jn 14, 16-17). Es verdad. Sobre vosotros ha bajado una lengua de fuego de Pentecostés: es vuestro sello de cristianos. Pero no debéis guardarlo sólo para vosotros, pues "a cada cual se le otorga la manifestación del Espíritu para provecho común" (1 Co 12, 7). Llevad este fuego santo a todos los rincones de la tierra. Nada ni nadie lo podrá apagar, pues ha bajado del cielo. Ésta es vuestra fuerza, queridos jóvenes amigos. Por eso, vivid del Espíritu y para el Espíritu.

 

Fuente: http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/homilies/2008/documents/hf_ben-xvi_hom_20080720_xxiii-wyd_sp.html

 

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La CNBB divulga la Declaración de Aparecida en Defensa de la Vida

 

Instituto Arquidiocesano de Bioética “Juan Pablo II”


El día 10 de febrero de 2008 culminó el Primer Congreso Internacional en Defensa de la Vida, promovido por la Diócesis de Taubate (San Pablo) con el apoyo del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM), de la Conferencia Nacional de Obispos del Brasil (CNBB), de las Arquidiócesis de Aparecida y de Brasilia, y la participación de numerosos especialistas y entidades pro-vida de Brasil y del extranjero.

Como conclusión del Congreso, fue presentada la Declaración de Aparecida en Defensa de la Vida. El Instituto Arquidiocesano de Bioética “Juan Pablo II” recomienda este documento, que será una útil referencia, especialmente por la claridad con que delinea los contornos principales de los desafíos en la defensa de la vida en los niveles nacional e internacional.

 

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Declaración de Aparecida en Defensa de la Vida

 

«María, a Vos confiamos la causa de la vida» (Juan Pablo II, Evangelium Vitae, n. 105).

  

Nosotros, reunidos en el Santuario Nacional de Nuestra Señora de la Inmaculada Concepción Aparecida (Aparecida, Brasil), del 6 al 10 de febrero de 2008, representantes brasileños, del continente europeo y de América, en el I Congreso en Defensa de la Vida, promovido por la Comisión Diocesana en Defensa de la Vida de la diócesis de Taubaté, con el apoyo del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM), la Conferencia Nacional de los Obispos del Brasil (CNBB), las Arquidiócesis de Aparecida y de Brasilia, el Santuario Nacional de Nuestra Señora de la Concepción Aparecida, la Asociación Nacional Pro-Vida y Pro-familia, la Federación Paulista de los Movimientos en Defensa de la Vida, la Asociación Nacional de Mujeres por la Vida, el Frente Parlamentario contra la Legalización del Aborto, Human Life International, la Alianza Latinoamericana para la Familia, la Associazione per la Difesa dei Valori Cristiani – Voglio Vivere, el Family Center, la Agencia Zenit y otras entidades representativas de la sociedad civil, al igual que miembros del Congreso Nacional, las Asambleas Legislativas y las Cámaras Municipales de Brasil, y de pastorales diversas, procuramos hacer de este encuentro una respuesta inmediata a lo que propone la Campaña de la Fraternidad-2008 en Brasil, con el tema «Fraternidad y Defensa de la Vida» y el lema «Escoge, pues, la Vida».

 

Realizamos un intenso y profundo intercambio cultural y de experiencias en lo que se refiere al respeto a la vida y a la dignidad de la persona humana. Estuvieron presentes especialistas de las más diversas ciencias y renombradas personalidades del área de la Bioética, con expresivos liderazgos nacionales e internacionales, unidos en el esfuerzo de ampliar la concientización respecto a las innumerables amenazas y ataques sin precedentes contra la familia y la dignidad de la persona humana, las que contrarían la Ley Natural y la garantía del primero de todos los derechos humanos: el derecho a la vida.

 

Sentimos también como uno de los primeros frutos de la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe, celebrada en este mismo local en mayo pasado, en el que el Papa Benedicto XVI destacó la necesidad de los pueblos de garantizar «el derecho a una vida plena, propia de los hijos de Dios, con condiciones más humanas», para desarrollar «en plenitud la existencia humana, en su dimensión personal, familiar, social y cultural» (Discurso inaugural de la Conferencia). Por consiguiente, es necesario defender la vida en todas sus fases, desde la concepción hasta la muerte natural, reconocer y promover la estructura natural de la familia, como unión entre un hombre y una mujer a través del matrimonio, y tutelar el derecho de los padres a educar a los propios hijos, todo esto como consecuencia de los principios inscriptos en la naturaleza humana y comunes a toda la humanidad.

 

Por eso, de hecho, la legislación no puede basarse solamente en el consenso político, sino también en la moral que se fundamenta en un orden natural objetivo. La economía debe destinarse al ser humano como portador de intrínseca dignidad. No puede haber economía sin población, y no puede haber población sin hijos. Además, la sexualidad participa de los derechos y de la dignidad del ser humano y se destina a la construcción de una familia como su fin natural.

 

Después de haber estudiado y reflexionado sobre tales principios, sobre sus consecuencias y sobre hechos fuertemente documentados de la historia reciente, DESTACAMOS que:

 

 El aborto, químico o quirúrgico, ha sido utilizado por los países desarrollados como la principal herramienta para sustentar una política global de control de la población. Desde 1952, con el surgimiento del Consejo de Población, a los que se sumaron más tarde la Fundación Rockefeller, la Fundación Ford, la Fundación Bill & Melinda Gates y otras, está siendo implantado internacionalmente un programa poblacional destinado al control demográfico del planeta. El proyecto incluyó la difusión de una mentalidad antinatalista, abarcando la implantación de anticonceptivos, el aborto legal y otros ataques contra la vida, dentro de una perspectiva geopolítica y eugenésica que decidió priorizar el combate contra la pobreza impidiendo a los pobres tener descendencia, en vez de invertir en el desarrollo económico. Dentro de esta perspectiva, la anticoncepción, el aborto y también la eutanasia se convirtieron en parte de una política demográfica integrada a una política más amplia de globalización, la cual busca la implantación del monopolio económico.

 

Desde los años ´80, el consenso estratégico elaborado por las grandes fundaciones que promueven el aborto, las políticas de control poblacional han sido camufladas a propósito, bajo la apariencia de una falsa emancipación de la mujer y de la defensa de los pretendidos derechos sexuales y reproductivos, difundidos a través de la creación y del financiamiento de una red internacional de organizaciones no-gubernamentales (ONG) que promueven el feminismo, la educación sexual liberal y el homosexualismo.

 

Desde la década de 1980, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) se comprometió con las políticas del control de la natalidad que constituyen actualmente uno de los grandes polos de sus acciones. A través de sus comités de monitoreo, la ONU ha fomentado a propósito el desarrollo de una jurisprudencia en el campo del derecho internacional, por la cual se intenta preparar el reconocimiento del aborto como derecho humano. A través de varios de sus órganos y de sus agencias, la ONU ha sido además uno de los principales organismos internacionales promotores de la legalización del aborto en los países de América Latina.

 

Los organismos de crédito como el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial, el Banco Interamericano de Desarrollo, entre otros, otorgan créditos para el desarrollo de nuestras naciones, condicionándolos a las metas políticas de control poblacional.

 

Varios países de la Unión Europea están involucrados en la difusión internacional del aborto y del control poblacional, destinando para ello importantes sumas de dinero y usando su influencia política.

 

La Federación Internacional de Planificación Familiar (IPPF), que constituye la segunda ONG más poderosa del mundo, luego de la Cruz Roja Internacional, con sus filiales locales en Brasil (Bemfam), y sus organismos satélites como el Grupo Parlamentario Interamericano de Población y Desarrollo y el IPAS, principal proveedor de máquinas de succión para abortos precoces y de cursos de capacitación para médicos en prácticas de abortos, tienen respectivamente como objetivo la implantación, en los países en desarrollo, de la anticoncepción, la esterilización, el aborto, y el entrenamiento de profesionales del área de la salud para la incorporación de esas prácticas.

 

POR TODO ELLO:

 

Denunciamos la implantación de una cultura de la muerte que nos lleva a la pérdida del sentido de la vida, de los valores éticos y de los derechos naturales, de los que deriva todo el derecho positivo.

Denunciamos el intento de descriminalizar y legalizar el aborto en América Latina.

Denunciamos el fraude en el campo científico, la manipulación del lenguaje y las autorizaciones estatales que permiten que en nuestros países se fabriquen y se distribuyan fármacos aptos para matar seres humanos a partir de sus primeras horas de vida, tal como ocurre con la «píldora del día siguiente».

Denunciamos los programas estatales para liberar el aborto por vía indirecta, como las Normas Técnicas del Ministerio de Salud, que «autorizan» el aborto por mera declaración de la interesada.

Denunciamos la implantación de una educación sexual escolar hedonista, disociada de la idea del matrimonio y de la conformación de una familia como su fin natural, y en vez de esto centrada en la genitalidad, en la ideología de género y promoviendo el homosexualismo en las criaturas y en los jóvenes.

Denunciamos los intentos de implantar la eutanasia en el país por medio de resoluciones de los consejos profesionales.

 

Finalmente PROPONEMOS:

 

 Difundir el conocimiento de la Doctrina Social de la Iglesia, que es fundamental para la consolidación de estas propuestas que tienden a la valorización de la vida, por el entendimiento y fidelidad en su vivencia, dentro de la perspectiva del Evangelio de la Vida.

 Promover una opción decisiva por la vida humana y por su plena dignidad, implementada por medio de diversas pastorales, movimientos y otras iniciativas.

 Mantener observadores permanentes en el Congreso Nacional y en otras instancias legislativas, para efectuar un acompañamiento eficaz de las propuestas referidas a los auténticos derechos humanos, a la vida y a la familia.

 Patrocinar acciones legales para que cesen las violaciones a los derechos humanos aquí denunciadas, sin excepción alguna.

 Exigir el cumplimiento de una acción efectiva en defensa de la vida por parte de todas las instituciones, organismos y niveles de poder competentes, el respeto integral de la vida y de la dignidad humana, requiriendo en particular y en primer lugar a la Organización de las Naciones Unidas que decrete la Moratoria para la Pena de Muerte en el mundo, específicamente de los no nacidos, de los ancianos y de los inválidos.

 

Que esta Declaración sea un solemne compromiso con la cultura de la vida, para que todos tengan vida y la tengan en abundancia.


Santuário de Nossa Senhora da Conceição Aparecida, 9 de febrero de 2008.

 

Fuente: http://www.cnbb.org.br/index.php?op=noticia&subop=17312

 

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Exaltación de la Santa Cruz (14 de Septiembre de 2008)

Aporte testimonial

 

Pbro. Eliomar Carrara

eliomarcarrara@adinet.com.uy

Tel. (02) 222 3046

 

Las hospitalarias y pujantes monjas benedictinas encargadas del CLAM han podido más, y aquí estamos compartiendo algunas líneas a manera de testimonio -según ellas me sugirieron-, en este 14 de septiembre, día de la Exaltación de la Santa Cruz. Me han dicho que se trata de conjugar la gloriosa pasión de Nuestro Señor y la Jornada Nacional de la Defensa de la Vida, declarada así por la CEU hace unos años. Párroco de Ntra. Sra. del Carmen de Puntas de Manga, cura secular cincuentón, docente de bioética en la Escuela Católica de Enfermería, pido se me dé alguna luz.

 

1.      San Pablo, Mel Gibson y San Ireneo de Lyon

 

A poco de buscar, me he encontrado con un texto de San Pablo en Gálatas 6, 14-16 que, en la traducción de la lectura del oficio propio, alude -se nos ocurre- a esta doble cuestión. “En cuanto a mí, líbreme Dios de gloriarme si no es en la cruz de nuestro Señor Jesucristo; por él el mundo está crucificado para mí y yo para el mundo. Lo que vale no es estar o no estar circuncidado, sino la nueva criatura que surge”. ¡Qué bello texto: la cruz gloriosa y la nueva criatura juntas!

 

Me viene a la mente la película La Pasión, de Mel Gibson. Jesús es flagelado y Satán se pasea entre la muchedumbre, inadvertido por la gente expectante, llevando algo extraño y paradójico. En su regazo muestra -cual pequeña criatura suya- un niño viejo, grotesco y libidinoso, humano y demoníaco. Mientras lo acaricia, mira hacia el suplicio con sorna de impune ladrón que alardea de dueño de lo robado, como diciendo: “Tu intento será inútil. De ti no nacerá el hombre nuevo. El hombre será siempre esto: un hombre viejo, un pecador inmundo, un ser para la muerte. Mira qué complacido se está entre mis brazos. Él es mío, no tuyo. Me pertenece, y no me lo arrebatarás. Tú no rescatarás nada.”

 

Recuerdo, también, aquella otra intuición de San Ireneo de Lyon: “La gloria de Dios consiste en que el hombre viva”. Señala además el mártir: “Vivir sin vida es algo imposible, y la subsistencia de esta vida proviene de la participación de Dios, que consiste en ver a Dios y gozar de su bondad”. Lo que Ireneo señala de la causa eficiente y de la meta final de la existencia humana creo que bien se puede decir a propósito del admirable inicio temporal y del transcurso histórico de la misma. Antes que ningún otro, la vida es el primer bien recibido de lo alto. Comienzo y sostén, cual los cimientos a la casa, así la vida al hombre.

 

La defensa de la vida tiene, pues, para los cristianos una escala motivacional. Nos reconocemos humanamente asemejados, pero más aún divinamente hermanados con todo ser humano. Percibirnos semejantes es inmenso, pero sabernos hermanos es así infinito. Como bien dice una canción sobre la amistad: comienza en este mundo, culmina junto a Cristo.

 

2.      Ecumenismo provida

 

Resulta que a mediados del 2004, yo vivía tan inquieto y ocupado con mis quehaceres parroquiales –cuatro capillas-, tanto que ni sabía que en el Senado de nuestro país se trataría la legalización del aborto. Había escuchado que había sido aprobada en Diputados dos años antes, pero pensaba que difícilmente se llegaría a tales extremos, por lo tanto el tema socialmente no me preocupaba. Al enterarme de la noticia, conversamos con un buen hermano y amigo entrañable de años, docente de filosofía, Néstor Martínez. Nos sentíamos como probablemente muchos uruguayos: consternados y perplejos.

 

Comenzamos a preguntarnos cómo era posible que en nuestro Uruguay se hubiera llegado a ese estado de cosas. No podía haber razonamiento alguno que justificara el atentado contra la vida humana más indefensa y frágil del mundo. ¿Qué bien mayor podría haber que admitiera un mal tan horrendo? Además, nos era claro que un fin bueno nunca justifica un medio malo. ¿Cómo se podía ser tan insensible? ¿El Estado no protegiendo sino ejecutando vidas indefensas? ¿El más grande eliminando al más chico? ¿Puede imaginarse una violencia mayor? ¿Y en un país despoblado y envejecido?

 

Sabíamos, sí, que nuestros obispos se habían pronunciado como cuerpo varias veces, y algunos en lo personal, pero el resto de los católicos ciegos y mudos. En las reuniones de sacerdotes y en las de los consejos zonales con laicos tocábamos diversos temas sociales pero de éste no se hablaba nada. Estábamos totalmente ausentes del drama. Si el ojo no ve (o no quiere ver), ¿cómo hablará la boca? Nos dijimos entonces: si como católicos uruguayos no nos mueve el aborto, no nos mueve nada; cerramos y nos vamos. La clandestinidad ya es mala, pero la legalización sería mucho peor, caer muy bajo en la conciencia moral política y social, con repercusiones a todo nivel. Una nueva estructura de pecado, y una nueva categoría de pobre indefenso: el aún nonato, el ser humano en el vientre materno.

 

Total que, con una veintena de laicos de mi parroquia concluimos: si somos católicos de verdad nunca podremos dejar de sentirnos uruguayos; la levadura fuera del pan ¿de qué sirve? Hicimos unos carteles y, venciendo la pereza y algunos temores, nos fuimos al Palacio Legislativo el día de la sesión. Al llegar, nos encontramos en la fila para entrar con algo más de un centenar de personas, la gran mayoría jóvenes evangélicos y pentecostales con sus pastores, unos pocos católicos laicos de organizaciones pro-vida, unos adolescentes de un colegio católico, y una veintena de militantes pro-aborto.

 

Estuvimos los cristianos con un solo corazón, unidos en las barras, y otros afuera manifestando. La sesión duró unas seis horas, hasta la media noche. Había que ver aquellas caritas lozanas de jóvenes para nada universitarios, ni acomodados, sino bien pobres –cabecitas negras, diría Borges-, ciudadanos al fin y cristianos comprometidos, silenciosos y muy atentos al debate. Aquella vez festejamos. No se me borrará del corazón el grito espontáneo que arrancaron aquellos jóvenes evangélicos en las barras levantando los brazos al culminar la sesión: ¡Viva la vida, viva la vida! Los legisladores levantaron la cabeza, miraron y sonrieron con una mezcla de extrañeza y satisfacción. Yo pensé que nunca se habría escuchado un grito así en ese recinto. Y también sentí extrañeza, ¿dónde están los jóvenes católicos de nuestras parroquias, de nuestros movimientos, los universitarios?

 

3.      Dos culturas antagónicas: vida o muerte

 

Aquella experiencia nos parió a la militancia provida. Con Martínez nos integramos a la Asociación Esperanza Uruguay y al Movimiento Provida. Durante cuatro años hemos estado aprendiendo de laicos y laicas muy comprometidos con la causa provida, estudiando, y también militando. Integrados a la Mesa Coordinadora Nacional Por la Vida –que cofundamos con otras organizaciones provida-, hemos organizado actos públicos de sensibilización, anunciando el evangelio de la vida –al decir de Juan Pablo II- y denunciando la nueva cultura de la muerte. Así los 25 de marzo -Día Internacional del Niño Por Nacer-, manifestaciones callejeras frente al Parlamento, por la Avenida 18 de Julio, en la explanada municipal y en Tres Cruces. Presentaciones en programas de radio, televisión, en las comisiones de salud de las Cámaras, enviando cartas a periódicos, charlas en parroquias, colegios, encuentros y retiros.

 

Poco a poco fuimos comprendiendo las raíces, las ramificaciones y los frutos de amarga esterilidad de esta cultura de la muerte. Grandes intereses de empresas multinacionales y minorías poderosas que han creado fundaciones donde vierten miles de millones de dólares; desde allí financian organismos internacionales y han creado ONG en cada país difundiendo una nueva ideología del control poblacional mundial bajo los eufemismos de planificación familiar, desarrollo sustentable, nuevos derechos democráticos, salud sexual y reproductiva, etc. Su meta es un tercer mundo despoblado para asegurar así en beneficio de las grandes potencias los recursos naturales. La misma ONU con sus agencias presiona a los gobiernos y pretende hacer del aborto un derecho humano internacional. El Papa Benedicto XVI basó su reciente discurso ante la misma recordando la existencia de genuinos derechos humanos “inmutables e inherentes a la naturaleza humana” que la razón natural puede percibir, clara alusión al derecho a la vida desde la concepción hasta su final natural y a la patria potestad.

 

Asistimos, pues, a un neodarwinismo elitista: razas y pueblos superiores con derecho a dominar y exterminar razas o clases sociales menos aptas que compiten por el espacio vital. Las agendas políticas de los países está diseñada y controlada desde fuera. Entregada por la clase política nuestra soberanía poblacional, nuestra supervivencia como nación estaría herida de muerte.

 

Todos podemos ver cómo un enorme tsunami de la cultura de la muerte expande sus oleadas por todo el mundo, y especialmente hacia América Latina. Promoción del aborto, eutanasia, anticoncepción, esterilización, homosexualidad y autonomía sexual de niños y adolescentes son sus expresiones. Los medios de comunicación repiten ingenua y servilmente lo “políticamente correcto” sin saber de dónde procede ni a dónde conduce, abonando la pendiente resbaladiza hacia la jungla humana. Y lo peor es que lo que hoy satura la televisión, eso se viene como el pan y la leche a la escuela, a la policlínica barrial y al juzgado. Una inflación de derechos falaces que dejará sin derechos a los padres, sangrías al alma de las familias, de las instituciones y de las naciones pobres. Con pocos hijos habrá soledad en la familia, y no sólo desequilibrio en la relación activos-pasivos. Y no se avisora oposición fuera de algunas instituciones religiosas. Nos tachan de fundamentalistas y dogmáticos, cuando en realidad somos principistas y críticos del sistema. Así a los cristianos católicos y evangélicos, y también a los musulmanes. Pretenden reducirnos a instituciones de pura beneficencia, y dicen que la evangelización y todo discurso sobre la verdad del hombre y de Dios es proselitismo inspirador de violencia religiosa. Lo dicen los mismos que promueven la mayor de las violencias contra el ser humano más indefenso.

 

Así como el siglo pasado estuvo marcado por la cuestión social, este siglo lo está por la cuestión bioética. La ciencia y la técnica mal usadas por unos pocos ricos amenaza la vida de los pobres de la tierra. Es urgente la defensa de la vida humana ante este ataque global disfrazado de equidad y justicia. Informémonos, preguntemos, organicemos charlas, participemos de alguna actividad provida. Bueno, por aquí quedo. Por último, me animo a compartirles un par de poemas sobre la santa cruz y la vida en el vientre materno. Dios nos bendiga en este día, y María y José nos asistan.

 

 

MI CRISTO DE BRONCE

 

Un rechazo he sentido al verte,

confusión se agitó en mi interior,

tu color no lo tiene mi carne,

ni sangrante veo tu corazón.

 

Tentación tuve luego al mirarte,

rebelión me brotó -falsa luz-,

por borrar de tu tez ese ocre,

por pulirte o pintarte en tu cruz.

 

-“Si me pules, ya no habré de limpiarte;

si me pintas, muerto a ti seguiré.

¿No descubres mi ser en mi ocre?

Mira bien, y has de verte en mi piel”.

 

Dale ojos, Señor, a mi alma,

encarnado yo te quiero ver,

redimido sentirme en tus yagas,

si estoy ciego yo nunca podré.

 

-“De mi ocre, el dorado y lo opaco,

a quien busque yo le mostraré

que ellos gritan por todos mis poros

el sentido de mi rigidez.

 

¡Oh mi Cristo de bronce, ya puedo

contemplarte y ver, por tu don,

que en tu sombra asumiste el pecado,

que tu brillo pregona tu amor!

 

Eres tú, -¡oh Jesús!-, en cruz fijo te veo,

mar de lodo inunda tu ser,

río ardiente te surca y ya siento:

nos lavaste en Jerusalén.

¡Resurrexit! ¡Gloria al Emmanuel!

 

 

IMPULSO DE ALAS

 

Una gota de rocío... es, y luz tiene.

Un retoño de la rosa... es, perfumado.

Una perla escondida... es, con su brillo.

Un retoño entrañable... es, y muy arcano.

 

Un capullo de inocencia... es,

un latido sutil...

un cáliz de luz...

un impulso de alas...

 

Hoy es chispa, será un sol,

hoy tibieza, será abrazo;

un varón o una mujer,

de celeste o de rosado...

Será juego, será canto,

será llanto, risa y besos;

niña chispa, hoy destello,

niño brisa, hoy milagro.

 

Y si no, ¿dónde habrá melodía?

Y si no, ¿cómo habrá poesía?

Si digo no, ¿qué cantar, alma mía?

Si digo no, ¿soñará la niña?

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Un espejo, carne y alma... es, un suspiro.

Un reflejo del buen Dios... es, en su nido.

Una alhaja en su cofre... es, recién tallada.

Un arpegio de guitarra... es, iluminada.

 

Un capullo de inocencia... es,

un latido sutil...

un cáliz de luz....

un impulso de alas...

 

¡Bienvenida, bienvenida la vida!

Aunque pobre, con un pan... la vida;

aunque frágil, con dulzor... la vida.

Con sudor, dile sí a la vida;

Por amor, dile sí a la vida.

 

 

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El universo de la nada, por nada y para nada

 

Juan Carlos Riojas Álvarez

 

¿Puede la ciencia demostrarnos tales cosas? Obviamente no, pero no falta quien insista:

 

"Los eventos cuánticos tienen una forma de simplemente suceder, sin ninguna causa, como cuando un átomo radioactivo se desintegra en un momento aleatorio. Aun el vacío cuántico no es un vacío inerte, sino que hierve de fluctuaciones cuánticas. En nuestro mundo macroscópico, estamos acostumbrados a la conservación de la energía, pero en el reino de lo cuántico esto sólo ocurre en promedio. Fluctuaciones energéticas crean de la nada pares efímeros de partícula y antipartícula, por lo que el vacío no es vacuidad sino un mar de partículas transitorias. Un comienzo incausado del espacio-tiempo, incluso de la nada, no es un gran salto para la imaginación." [Taner Edis, "Is Anybody Out There?"].

 

Con cierta frecuencia nos hallamos, tanto en libros de divulgación científica como de texto, con afirmaciones que se prestan a confusión. Al respecto, Mariano Artigas (1938–2006), Doctor en Ciencias Físicas y en Filosofía, ha advertido certeramente:

 

“Una cosa es hablar de construcciones teóricas muy abstractas, y otra distinta hablar de representar imaginativamente lo que se estudia. En la Física de partículas, por ejemplo, se han introducido términos tomados de la vida ordinaria que de ningún modo pueden corresponder a propiedades reales de las partículas subatómicas, tales como color, encanto o extrañeza… Así también, el vacío (clásico o cuántico) que estudia la Física no tiene relación alguna con la nada. Designa el estado en que se encuentra una zona del espacio después de extraer de ella la materia y las radiaciones. Si bien el progreso técnico permite obtener vacíos cada vez más perfectos, lo que se logra no es la nada en sentido absoluto. ¿Cómo podría lograrse? La nada no existe. No tiene lugar en la Física, ya que no puede relacionarse de ninguna manera con experimentos. ¿Cómo conseguiría un físico producir la nada, o producir algo a partir de la nada? Un presunto nacimiento espontáneo del universo explicado mediante la gravedad cuántica , sólo puede referirse a las transformaciones de algo en algo, ya que tales ideas han de ser definidas en Física de acuerdo con teorías matemáticas y datos experimentales, por lo cual necesariamente se refieren a entidades o propiedades o procesos físicos, y de ningún modo pueden aplicarse a un evento como la creación a partir de la nada que, por su propia naturaleza, no es un proceso que relaciona un estado físico con otro estado también físico”.

 

Lo cierto es que la realidad localizada en el espacio-tiempo no puede existir sin cadenas causales, o antecedentes causales al menos.

 

Percibir la causalidad no significa comprenderla exhaustivamente; conocemos que hay causas y qué significa causar, pero no por eso tenemos una ciencia perfecta de la causa.

 

Los intentos por explicar una supuesta ausencia de causación o de reemplazarla con alguna forma de regularidad puramente estadística (complementada o no con algún decorado psicologísta) han mostrado tener grandes fallas, generando paradojas y contradicciones más rápidamente que las soluciones ad hoc que pueden ser inventadas para ellas.

 

Sólo un marco conceptual en el que cada evento localizado en la realidad espacio-tiempo es parte de una o varias cadenas causales y cada cadena causal está restringida a cadenas contiguas de acontecimientos, puede dar respuesta a las paradojas e inconsistencias de la mecánica cuántica, respetando además principios de simetría y simplicidad.

                                   

Así ocurre cuando se busca una comprensión plausible de la esencia de los llamados estados estacionarios mecánico-cuánticos y de su contraste con la de los estados no estacionarios, de las propiedades de esos estados y su conexión con los datos experimentales en el proceso de medición mecánico-cuántico, y la de éste último en relación con el fenómeno de la no-localidad de los eventos cuánticos, compatible con la teoría de la relatividad especial.

 

Ahora bien, como se ha señalado, en el ámbito científico recurrir al concepto de la nada absoluta resulta falso y superfluo, pues al fin y al cabo, el objetivo de la ciencia es desarrollar una teoría de algo, no de nada. Podrá decirse aún:

 

“La condición de contorno del universo es que no tiene ninguna frontera. El universo estaría autocontenido y no se vería afectado por nada que estuviese fuera de él. No sería ni creado ni destruido. Simplemente sería.” [Stephen Hawking, “Historia del tiempo”].

 

Aquí primeramente habría que evitar confundir comienzo con creación, de manera que un universo sin comienzo sería un universo no creado, un universo sin causa. Pero un universo sin comienzo no es lo mismo que un universo sin causa.

 

Se podría esgrimir que en tal modelo fisico del universo de Hawking (que introduce el concepto de un tiempo imaginario) no podemos preguntar con sentido por un comienzo, esto es, qué había antes del tiempo sin fronteras, porque al tiempo descrito por coordenadas imaginarias uno no puede aplicarle el concepto mismo de precedencia cronológica en su acepción clásica. Y hasta ahí no habría mucho problema, pero luego, pretendiendo establecer que un universo sin comienzo sería un universo sin causa, Hawking se pregunta entonces si el llamado tiempo imaginario es realmente el tiempo real, y que si lo que nosotros llamamos tiempo real es solamente una quimera. Pero esta postura, que no se deriva de la ciencia misma sino de una filosofía positivista, más que presentar una solución a los problemas, parece que simplemente intenta decretar que los problemas no existen; que más que buscar resolver los problemas, parece buscar no planteárselos. Lo cual contradice el hecho de que la cosmología física tiene tanto éxito precisamente en describir acontecimientos y leyes cósmicas, y no simplemente realidades propias sólo de nuestras mentes. Lo cierto es que el artificio matemático de un tiempo imaginario no corresponde a una propiedad real del universo. En palabras del Dr. Henry Schaeffer, Profesor de Química Cuántica de la Universidad de Georgia en “la propuesta sin fronteras de Hawking y Hartle, la noción de que el universo no tiene ni comienzo ni fin es algo que existe solamente en términos matemáticos. En el tiempo real, que es a lo que estamos confinados los seres humanos, más que en el tiempo imaginario como lo usa Hawking, siempre habrá una singularidad, es decir, un comienzo del tiempo”.

 

A fin de cuentas, Hawking no puede dar respuesta a la pregunta: ¿Qué es lo que insufla fuego en las ecuaciones y crea un universo que puede ser descrito por ellas? Después de todo, si la ciencia puede hacer predicciones no es porque las leyes de la naturaleza gobiernan el mundo. Las leyes de la naturaleza no pueden gobernar nada. No son más que nuestros falibles intentos de describir el funcionamiento que observamos. El campo de la ciencia abarca la conducta, no el gobierno. La postura realmente científica es que la ciencia no puede decir qué gobierna el universo.

 

“El hombre sabe que está finalmente solo en la inmensidad indiferente del universo, de donde ha emergido por azar” [Jacques Monod, “El azar y la necesidad”].

 

La ciencia, por sí sola, no puede decir nada sobre un plan divino como explicación última de la naturaleza, pero no dice nada ni a favor ni en contra. Cae fuera de su método. Así que la imagen del hombre como ser existencialmente solitario cuya vida, congruentemente, carece de sentido, no puede derivarse de la propia ciencia.

 

El azar, que no es sino la confluencia de líneas causales independientes, expresa un efecto y no una causa. El fin es la causa del orden y regularidad de las actuaciones naturales, que son un dato de experiencia.

 

En cualquier sistema dinámicamente ordenado de elementos activos, como el de nuestro propio universo, los diferentes elementos activos se ordenan a la interacción recíproca regular, explotando activamente por la condición esencial de su dinamismo interno incluso las oportunidades que se les ofrecen por casualidad. Y esto se aplica para toda organización, por más básica que sea, de elementos activos en un sistema de mutua interacción.

 

La dinámica de lo vivo combina determinación y azar para alcanzar su fin de vivir y de innovar. Cuando la finalidad converge con el azar, lo nuevo no es cualquier tipo de “cosa nueva”; no es fruto de un proceso “ciego” sino de un proceso, que aún sin estar absolutamente especificado, sí está orientado y tiene una dirección.

 

Existe un orden que combina indeterminación, comportamiento irregular, con la armonización, ordenación regulada, de los ritmos de los diversos sistemas funcionales en la unidad de un organismo vivo.

 

El estudio de los sistemas cooperativos, en los que no sólo se dan acciones entre las partes de un sistema, sino una cooperación unitaria de las partes respecto a una totalidad organizada, se aplica también para la comprensión de los fenómenos biológicos.

 

En conclusión:

 

La ciencia experimental, en razón de su método, no nos dice que hombre y mundo sean por sí mismos la razón suficiente de su existencia y de su propia finalidad.

 

Pero la ciencia no es una especie de tribunal de última instancia capaz de juzgar cualquier otro conocimiento; no es un saber autónomo, independiente del conocimiento ordinario y de la reflexión filosófica. Todos ellos pueden compaginarse, complementándose mutuamente, y de hecho inevitablemente lo hacen, para llegar así a descubrir aspectos más profundos de la realidad y de nosotros mismos.

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La Iglesia Católica y sus dogmas

Ing. Daniel Iglesias Grèzes

Como modesto aporte al debate teológico, lamentablemente muy escaso en nuestro ámbito, en este artículo reproduciré (en letra itálica) parte de una entrevista realizada al R. P. José Aguerre SJ en 2004 por Jacinto Muxí Muñoz (JMM) y Lizardo Valdez Muñoz (LV), intercalando mis comentarios en letra normal. La entrevista completa se encuentra publicada en:

http://www.exalumnosjesuitas.org.uy/revista/Entrevista_Aguerre.rtf

El R. P. José Aguerre, reconocido docente del prestigioso Colegio de los Padres Jesuitas en Montevideo, es también un notable predicador. Por si acaso, aunque debería ser obvio, aclaro que en estas páginas no juzgo su persona, sino algunas de las ideas expresadas por él en la citada entrevista.

LV: ¿Qué pasa con los dogmas?

Aguerre: En la cuestión del dogmatismo hay que distinguir etapas. La actitud de la Iglesia no ha sido siempre la misma. (…)

En esencia, la actitud de la Iglesia Católica hacia el dogma ha sido siempre la misma. El católico cree en la Divina Revelación. Cree que en la persona de Cristo, verdadero Dios y verdadero hombre, Dios ha revelado la verdad acerca de Sí mismo y la verdad acerca del hombre. Cree además que el Espíritu Santo asiste a la Iglesia para que se mantenga fiel a la verdad revelada, la comprenda cada vez más profundamente y la transmita de generación en generación. Puesto que el Espíritu Santo nos recuerda las palabras de Jesús y nos guía hasta la verdad completa, hay en la Iglesia un auténtico desarrollo doctrinal y -a la vez- una firme certeza sobre los dogmas, es decir, sobre las verdades de fe que la Iglesia, guiada por el Espíritu de Dios, determina como contenidos de la Divina Revelación y propone a todos los fieles para ser creídos con fe divina y católica.

Aguerre: Si tú calculas que en los primeros cincuenta años de la Iglesia se escribieron 65 evangelios, de los cuales la Iglesia fue depurando de algunas cosas que eran puramente fantasiosas…

El proceso histórico que llevó a la redacción de los cuatro Evangelios canónicos fue el contrario al descrito por el P. Aguerre. Pocos años después de la Ascensión de Jesús al Cielo, con base en los recuerdos de testigos oculares, se empezaron a escribir los Evangelios de Mateo, Marcos, Lucas y Juan. Hacia el año 90 (en el peor de los casos), los cuatro Evangelios canónicos estaban completos, salvo quizás el final actual de Marcos. En los siglos II y III surgieron muchos otros evangelios, que la Iglesia llamó “apócrifos” para destacar su inautenticidad. La mayoría de los evangelios apócrifos corresponden a diversas formas de la herejía gnóstica. La definición del canon del Nuevo Testamento no fue la construcción artificial y tardía de un orden a partir de un caos originario, sino la conservación fiel de testimonios fidedignos sobre el “acontecimiento Jesús”.

Aguerre: … y luego de tres siglos, se llegó más o menos al primer Concilio de Nicea, a una serie de formulaciones que ya empezaba a tener como finalidad aclarar el caos, los dogmas cristológicos, la distinción entre naturaleza y persona en Cristo y la Santísima Trinidad. (…)

La tarea teológica, es decir el esfuerzo orgánico de la comunidad de los creyentes por comprender cada vez más y mejor la Divina Revelación en Cristo, existió desde el principio. Por ejemplo, San Juan y San Pablo son dos de los mayores teólogos de la historia de la Iglesia. Después de la época apostólica, hubo una sucesión ininterrumpida de “Padres de la Iglesia” y de otros grandes escritores eclesiásticos que prosiguieron con empeño y fidelidad la tarea de desentrañar los contenidos de la Palabra de Dios. El Concilio de Nicea y los subsiguientes Concilios ecuménicos se inscriben dentro de esa corriente histórica de transmisión de la Divina Revelación en la vida misma de la Iglesia, que llamamos “Sagrada Tradición”. Hubo, en todas las épocas, “herejías”, es decir errores en materia de fe sostenidos con pertinacia, desviaciones de la fe verdadera que causaron el desprendimiento de muchas ramas de la vid de la Iglesia. Las definiciones dogmáticas de Nicea, Constantinopla I, Éfeso, Calcedonia etc. expresaron con palabras nuevas la fe católica de siempre, rechazando explícitamente las principales doctrinas heréticas e impulsando una verdadera evolución del dogma, un crecimiento auténtico de la doctrina cristiana. La verdad que sustenta a la Iglesia –o sea, Jesucristo- es la misma ayer, hoy y siempre.

Aguerre: Otro dato que a la Iglesia Católica la ha hecho particularmente antipática para el intelectual es que esas formulaciones cuando se están tocando las cosas de Dios, pretenden ser exactas y fueron bautizadas con el nombre de dogmas, que en griego significan certezas, eso no se discute, esto está claro, esto está puesto para ser aceptado. Entonces comienzan las catequesis: vamos a proponerle a la gente estas cosas digeridas.

La Iglesia Católica ha sabido y enseñado siempre que nuestro conocimiento de Dios es imperfecto y que nunca llegamos a abarcar totalmente en nuestra mente el infinito misterio de Dios. Sin embargo, el lenguaje cristiano acerca de Dios, aunque analógico, no es falso. Expresa, dentro de la limitación propia de la palabra humana, la verdad acerca de Dios revelada por el mismo Dios en Cristo a nosotros los hombres para nuestra salvación, o sea para que lleguemos a la comunión eterna de amor con Dios para la que fuimos creados. No tendría ningún sentido que Dios hubiera revelado a los hombres la verdad acerca de Sí mismo si los hombres fueran totalmente incapaces de comprenderla. La antropología cristiana dice que el hombre es “capaz de Dios”, es decir capaz de conocer y amar a Dios, porque ha sido creado por Dios a Su imagen y semejanza. Por eso, según la concepción cristiana, la fe es certeza; es la firme adhesión a la verdad revelada por Dios, quien no puede ni engañarse ni engañarnos cuando nos dirige una Palabra de salvación. El conocimiento cierto que proviene de la fe sobrenatural del cristiano causa alergia a los intelectuales racionalistas, es decir a aquellos que endiosan su inteligencia finita y rechazan todo aquello que la sobrepasa. La catequesis, en cambio, enseña sistemáticamente la doctrina cristiana, haciendo eco a la Palabra divina transmitida por Cristo, los Apóstoles y la Iglesia.

LV: ¿Qué pasó con los concilios?

Aguerre: A pesar de que aparece como un elemento democrático, los concilios fueron reuniones de los Obispos, que se llaman ecuménicos porque lo ecumene es la totalidad del universo, que para ese momento era muy fácil porque era la cuenca del Mediterráneo; entonces venían obispos de todos lados, se proponían las cosas, se discutían y eventualmente, ahí comienza la historia del autoritarismo, la figura de Pedro, como cabeza del cuerpo apostólico…

La Iglesia es una sociedad de orden religioso, no político; de ahí que su estructura esencial no sea democrática, sino jerárquica. Los Concilios no son un “elemento democrático”, sino una instancia extraordinaria del oficio magisterial y pastoral del Colegio de los Obispos, sucesores de los Apóstoles, columnas de la Iglesia de Cristo. La Cabeza de ese Colegio es el Papa, Sucesor del Apóstol San Pedro. La historia del Papado y de su relación con los Concilios ecuménicos no se identifica con “la historia del autoritarismo”. Esencialmente es la historia del ejercicio legítimo y conveniente del primado, un poder otorgado por el mismo Jesucristo a Pedro y transmitido a sus sucesores.

Aguerre: (Pedro) es la figura del apóstol mejor descrita en los evangelios, tiene una enorme cantidad de intervenciones, reproches y de contradicciones vivientes de Pedro, parece ser como el que después en el Evangelio de San Mateo, que se escribe como en los años 90, aparece como el punto de referencia de los apóstoles, los textos se van seleccionando y la figura de Pedro quedó predominante. (…)

El P. Aguerre no toma en cuenta recientes estudios exegéticos y papirológicos que inducen a reconsiderar la cronología convencional de la formación de los escritos del Nuevo Testamento. Por caminos muy distintos entre sí, grandes exegetas como Robinson, Carmignac y Tresmontant y notables papirólogos como O’ Callaghan y Thiede han llegado a una conclusión convergente: los evangelios canónicos fueron redactados pocas décadas después de la Pascua de Cristo, en fechas mucho más tempranas que las que hasta ahora se solía manejar.

Consideremos, por ejemplo, el caso del papiro P64 o "Papiro Magdalen", llamado así porque es conservado en el Magdalen College de Oxford. En 1901 el Rev. Charles Huleatt dató a P64 como del siglo III. En 1953 C. H. Roberts lo redató alrededor del año 200. En 1995, Carsten Peter Thiede y Philip Comfort demostraron que los papiros P64 y P67 (este último conservado en Barcelona) son dos fragmentos del mismo manuscrito original, que contiene parte del Evangelio de Mateo. Además, usando técnicas modernas y los rollos del Mar Muerto, Thiede reasignó a P64/P67 la fecha del año 60.

Este descubrimiento es muy importante porque según la mayoría de los exégetas actuales el Evangelio de Mateo habría sido escrito hacia el año 80. Como además una mayoría todavía más contundente de los expertos atribuye la mayor antigüedad al Evangelio de Marcos, resulta que la redacción de Mateo y de Marcos habría tenido lugar al menos veinte o treinta años antes de lo generalmente admitido en medios académicos. Este descubrimiento tiene grandes consecuencias, que apenas han comenzado a ser evaluadas, en la cuestión de la historicidad de los Evangelios. Es un duro golpe a las teorías sobre el supuesto origen mitológico del cristianismo, porque la formación de un mito requiere, entre otras cosas, bastante tiempo, un tiempo que no puede haber existido si, como sostiene la tradición católica desde siempre, los Evangelios sinópticos fueron compuestos mientras aún vivían San Pedro y los demás apóstoles, testigos oculares de los acontecimientos de la vida de Jesús.

 

En cuanto a la cuestión particular del primado de Pedro, estos nuevos descubrimientos refuerzan la tesis tradicional, según la cual este primado se origina en una elección del mismo Jesús de Nazaret, no en opciones posteriores y contingentes de la primitiva comunidad cristiana.

Aguerre:… Y después se elige, cosa que no pasó con ningún otro apóstol, su sucesor en la Catedral de Roma, que parecía privilegiar el oficio de vicario de Pedro. (…)

No resulta claro el sentido de esta frase. En los primeros tiempos de la Iglesia, los cristianos no tenían catedrales, porque eran un grupo pequeño y perseguido por la autoridad pública. Se reunían en casas o en catacumbas. Las catedrales se construyeron sobre todo a partir del siglo IV, cuando cesaron las persecuciones. A partir de esa época, todos los Obispos, no sólo el de Roma, fueron ordenados en catedrales. 

Quizás el P. Aguerre dijo “cátedra”, no “catedral”. Pero no sólo Pedro, sino todos los Apóstoles tuvieron sucesores en sus “cátedras”. Por ejemplo, San Pablo ordenó Obispos a Timoteo y a Tito. Es verdad que sólo en Roma, por la importancia capital de esta Sede Apostólica para la Iglesia universal, se conservó un registro histórico completo de la sucesión apostólica. Se conoce toda la serie de los Papas: Pedro, Lino, Cleto, Clemente, etc., hasta llegar al Papa actual, Benedicto XVI.

Aguerre:… Pero comenzó la concepción monárquica de la Iglesia y después se complicó por los problemas de carácter político, identificándose con Roma porque era capital del Imperio; cayó Roma y surge Constantinopla, que reclama para sí las potestades que tenía el Imperio. Los Patriarcas se excomulgan mutuamente: el cisma de occidente. (…)

Seguramente el P. Aguerre se refiere al “Cisma de Oriente”, que comenzó con la excomunión mutua entre el Papa (que no es un simple Patriarca más) y el Patriarca de Constantinopla.

Aguerre:… Pero los concilios seguían siendo la reunión de los obispos pero con la presencia del Papa cada vez más imperativa, entonces ¿hay dos cabezas en la Iglesia? ¿El Concilio es una institución democrática y el Papa es la autocrática?, y si están las dos en conflicto ¿quién gana? Las querellas del papado fueron célebres.

Hubo un desarrollo histórico del ejercicio del poder del primado de Pedro. Este poder, sin embargo, no fue ejercido de modo esencialmente autocrático, sino al servicio de toda la Iglesia, en fidelidad a Cristo. En el siglo XV se produjo un conflicto entre el Papado y los Concilios debido al surgimiento de la doctrina “conciliarista”, según la cual el Concilio ecuménico tenía una autoridad mayor que la del Papa. Esta doctrina fue pronto descartada por el Magisterio de la Iglesia. El Concilio Vaticano II desarrolló la doctrina de la colegialidad episcopal, manteniendo (a la vez) firmemente el primado de Pedro.

LV: Me acuerdo que el P. Montes decía que la mejor prueba que la Iglesia es verdadera es estudiar la historia de los Papas.

Aguerre: Eso no lo inventó Montes, eso lo dijo Ludwig Pastor que es el autor de los 37 volúmenes de la Historia de los Papas, que era luterano y en el siglo XIX pidió permiso a Roma para investigar los archivos. Y cuando terminó de escribir la Historia de los Papas se convirtió al catolicismo; entonces le preguntaron si se había sentido profundamente conmovido por la verdad de la Fe: “No, una institución que ha aguantado tanta basura a lo largo de los siglos no puede menos que tener la asistencia del Espíritu Santo”.

En la Iglesia abunda el pecado, pero sobreabunda la gracia. La Iglesia, aunque en su porción terrenal está siempre necesitada de purificación por los pecados de sus miembros, se mantiene siempre santa, porque por gracia de Dios es la Esposa inmaculada del Cordero, Jesucristo. La Iglesia celestial, en cambio, ha alcanzado el triunfo y ya no necesita ninguna purificación. La santidad de la Iglesia no es una mera entelequia, sino que se manifiesta visiblemente en constantes frutos de santidad.

Aguerre: Pero la crisis fundamental vino en el último Concilio Vaticano de 1870, estaba Italia en armas por la unificación italiana, con Giusseppe Garibaldi, con los Reyes, que sé yo, y el papado impedía la unión de los distintos reinos en Italia, hay que sacarlo del medio. Regía la Iglesia en aquel momento Pío Nono, un Papa que fue beatificado últimamente por Juan Pablo II. Era un autócrata desde todo punto de vista, empezó bien el papado, un papado larguísimo, (no como este Papa que lleva 27), pero fue largo. (…)

El pontificado del Beato Pío IX fue el más largo de la historia de la Iglesia, después del de San Pedro. Duró 32 años (1846-1878), cinco años más que el de Juan Pablo II (1978-2005).

Al principio de su pontificado, muchos liberales apreciaron a Pío IX, pero cuando desplegó más claramente su magisterio anti-liberal lo repudiaron totalmente. Quizás el documento más conocido del Papa Pío IX es el Syllabus, en el cual rechaza la posibilidad de llegar a un entendimiento entre el catolicismo y una cultura moderna caracterizada por el auge del racionalismo, el liberalismo y la masonería. Creo que es un documento que habría que releer con buena voluntad, para comprobar que, más allá de su lenguaje anticuado y de aspectos secundarios contingentes que han caducado, expresa algunas verdades permanentes muy relevantes, que podríamos resumir así: el individualismo que vicia la vertiente principal de la cultura occidental moderna es radicalmente incompatible con la antropología cristiana. 

Aguerre: (Pío IX) Reúne el Concilio Vaticano para pedir que el Concilio legitimara entre otras cosas, las pretensiones papales de infalibilidad en materia dogmática, es decir, enunciados como verdades absolutas fuera de discusión. El Concilio dijo: la infalibilidad la tiene la Iglesia, la Fe de la Iglesia es infalible; el Papa como individuo, primero, antes de afirmar una cosa tiene que averiguar si la Fe de la Iglesia es ésa y no simplemente porque se le ocurre, o el Espíritu Santo lo iluminó. Al final se aprobó un texto de compromiso. El Papa, cuando habla como doctor universal de la Iglesia, en materia de Fe y costumbres goza por asistencia del Espíritu Santo, de la misma infalibilidad que goza la Iglesia, es un derivado de la Iglesia. (…)

No resulta convincente la tesis de que el dogma del Concilio Vaticano I sobre la infalibilidad papal fue el resultado de un “compromiso” entre dos sectores, uno de los cuales respondía al propio Papa Pío IX, quien habría pretendido una definición más amplia o ambiciosa de su infalibilidad. Según testimonios de la época, el Concilio se desarrolló exactamente de acuerdo con las expectativas del Papa. La verdadera discusión ocurrida en el aula conciliar no fue entre “infalibilistas” y “falibilistas”, ni entre una forma radical y una forma moderada de “infalibilismo”, sino entre una mayoría partidaria de la definición dogmática y una minoría “inoportunista”, que aceptaba la doctrina tradicional sobre la infalibilidad papal, pero consideraba inoportuna la definición dogmática, por razones ecuménicas, políticas o de otra clase. Se produjo una clara victoria de la mayoría y la minoría finalmente aceptó la decisión sin mayores problemas, exceptuando el cisma del pequeño grupo de los “viejo-católicos”.

Aguerre:… La prueba está que cuando se muere el Papa la Iglesia sigue existiendo. Hubo épocas de conflicto, donde el Papa no existió o hubo dos o tres Papas, uno era Papa en Avignon, el otro en Roma. ¿Cuál era Papa y cuál no, cuál mandaba? (…)

El P. Aguerre tiene razón al subrayar que la infalibilidad papal (que es un don de Dios) está al servicio de la indefectibilidad de la fe de la Iglesia. La Iglesia, considerada como un Cuerpo, goza del don de la infalibilidad, pero esa infalibilidad radica concretamente en el Papa. Sin embargo, la forma en que Aguerre presenta esta verdad suscita algunas interrogantes, que no me parece bueno dejar sin respuesta.

Aunque naturalmente se dieron y se dan intervalos mayores o menores entre la muerte de un Papa y la elección del siguiente, el Papa no es prescindible en la Iglesia. Hubo varias épocas en las cuales existió un Papa y un antipapa (o dos); hubo también algunas situaciones en las cuales no es fácil discernir cuál fue el Papa legítimo y cuál o cuáles los antipapas; pero ninguno de estos hechos permite negar la existencia de una verdadera sucesión apostólica en la Santa Sede.

Aguerre:… Y Juan XXIII, citó el Concilio Vaticano II y ahí, en lugar de hacer declaraciones dogmáticas, textos precisos y concretos de cada cosa, dio otra visión diferente: textos pastorales, docentes y abiertos. Hubo muchísima discusión, vinieron los obispos de todo el mundo y se invitaron observadores protestantes, ortodoxos, judíos para que estuvieran, no en el voto, pero sí en la observación, para que hicieran sugerencias. De modo que desde ese punto de vista el dogmatismo de la Iglesia cayó y los catecismos que antes eran preguntas y respuestas exactas cambiaron de formato. (…)

Este párrafo parece denotar una interpretación rupturista del Concilio Vaticano II, que no responde a la visión de Juan XXIII y Pablo VI acerca del Concilio y que ha sido rechazada recientemente por el Papa Benedicto XVI. El Concilio Vaticano II se presenta a sí mismo como un Concilio que está en plena comunión y continuidad doctrinal con los Concilios anteriores (especialmente con los últimos dos: el de Trento y el Vaticano I). Reafirma explícitamente sus definiciones dogmáticas y las cita en varias ocasiones. Si bien el Concilio fue definido como “pastoral”, esto no implica en modo alguno una “caída del dogmatismo de la Iglesia”. Dos de los documentos conciliares (Lumen Gentium y Dei Verbum) son “constituciones dogmáticas”. Aunque estos y otros documentos del Vaticano II no definan dogmas nuevos y aunque evidencien un desarrollo de algunos aspectos de la doctrina católica, su tono general es de fidelidad a la Tradición, no de “ruptura” o “caída” del “dogmatismo”.

El Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica volvió a utilizar el formato tradicional de preguntas y respuestas, lo cual merece ser bienvenido, porque representa una excelente ayuda pedagógica en tiempos de una gran confusión doctrinal e ideológica.

Aguerre:… Esa idea que vos dijiste de la certeza es una evolución muy clara del cartesianismo, ¿qué es verdad? aquello que en mi mente aparece como una idea clara y distinta. Confundir verdad con certeza ha sido un equívoco de todo el mundo, inclusive los psiquiatras.

La filosofía cristiana nunca ha confundido verdad y certeza y no depende del cartesianismo, que es en cambio un hito fundamental en el proceso de divorcio entre el pensamiento moderno y la fe católica. La más tradicional filosofía cristiana enseña que la verdad es "adecuación entre la mente y la realidad", mientras que la certeza es "afirmación de una parte de una alternativa sin temor a que la otra sea verdadera.", es decir, exclusión de duda. Por eso se puede estar cierto de algo falso o estar en duda respecto de algo verdadero. En el primer caso, no dudo de que la alternativa verdadera sea A, cuando en realidad es No-A; en el segundo caso, dudo de si será A, cuando en realidad es A.

LV: Yo creo que en este momento hay una cosa de oscilaciones, que lo de preguntarte también te crea mucha ansiedad, mucha angustia. Si me das a elegir prefiero la certeza.

Con mucha sensatez, LV se aferra al punto de partida de la metafísica de Aristóteles y de la gran tradición del pensamiento de Occidente: el ser humano desea naturalmente conocer la verdad. No hay verdadero conocimiento que no sea un conocimiento cierto. El que duda, no conoce (al menos en cuanto que duda).

Aguerre: Pero la certeza tiene un componente subjetivo enorme. Hay frases, como por ejemplo, “yo siempre digo” que ya está indicando a dónde vamos a parar; “no estoy de acuerdo contigo pero puedo estar equivocado”. Es una manera de decir que estás equivocado, que el que tengo la razón soy yo. El déspota psicológico no se da cuenta de que una cosa es tu testimonio, (tenés todo el derecho del mundo a ser entusiasta y convincente) con tal de que simultáneamente estés formando la conciencia y estés formando la mente. No puedo imponer una cosa simplemente “Cristo dijo tal cosa”, si hay cuatro Evangelios, con versiones variadas de lo que dijo, donde lo dijo y cómo. Pero eso no significa enseñar a ser relativista. En nuestra formulación contemporánea afirmamos que hay verdades absolutas, pero sólo podemos conocerlas relativamente a circunstancias de tiempo, espacio, cultura, educación, etc... A veces hay una especie de matizar las cosas, pero todo el mundo, en el fondo, o es dogmático, velado o absoluto, o es un débil que no se atreve a afirmar absolutamente nada y vive en un temblor permanente.

Hoy se tiende a etiquetar fácilmente de “fundamentalista” (una forma eufemística de decir “fanático”) a quien está firmemente convencido de que su religión es verdadera. El intento de convencer a otros de la verdad de la propia fe es considerado comúnmente como un “proselitismo” que falta el respeto a la libertad ajena. Esta actitud merece ser llamada “dictadura del relativismo”. Se supone falsamente que el relativismo es una condición necesaria de la convivencia pacífica en una sociedad democrática. El verdadero creyente es visto como alguien peligroso, porque la religión divide a los hombres, mientras que el trabajo colectivo en pos de la prosperidad material los une.

Pero en verdad sucede lo contrario: la falta de una meta común trascendente desune a los pueblos, que se asemejan cada vez más a masas anónimas reunidas de un modo fortuito, que comparten circunstancialmente algún interés concreto. La fe cristiana, en cambio, busca hermanar a todos los hombres en una sola familia: la Iglesia, formada por todos aquellos que reconocen como Dios y Padre nuestro al Padre de Nuestro Señor Jesucristo. 

Por su misma esencia, la fe cristiana excluye la duda e impone la obligación moral de dar testimonio de Cristo a los no cristianos, a fin de que se conviertan y crean. El acto de fe es -intrínsecamente- un acto libre. El creyente no impone su fe a los demás, sino que la propone con respeto y amor. Esto es así, no a pesar de la certeza que tiene de la verdad de su fe, sino a causa de ella. El creyente que no anuncia el Evangelio a los demás, o no cree lo suficiente, o no los ama de verdad. No tomemos como “tolerancia” lo que en el fondo no es más que indiferencia por los otros. La “tolerancia” (es decir, el respeto al diferente) no nace de la duda (como piensan los masones), sino del amor.

Tenemos certeza de determinadas verdades de orden religioso o moral porque Cristo las enseñó. Por supuesto, la conclusión de que determinada cosa es verdad porque Cristo la dijo se basa en algunas premisas: la fe en la divinidad de Cristo y la fe en la Iglesia como sacramento universal de salvación, que prolonga en el tiempo y en el espacio la obra redentora de Cristo. Cristo ha dado autoridad al Magisterio de la Iglesia para interpretar con su autoridad la Sagrada Escritura. Por eso la Iglesia, a pesar de las diferencias de detalle entre los cuatro Evangelios, es capaz de determinar con certeza la voluntad de Dios manifestada en Jesús, nuestro Salvador.

En definitiva, el verdadero cristiano no es “dogmático” en el sentido de “fanático intransigente”, pero sí es necesariamente “dogmático” en el sentido de que se adhiere totalmente a la verdad revelada por Dios en Cristo, transmitida por la Iglesia y expresada en sus dogmas.

JMM: ¿Cómo evolucionó la catequesis de la Iglesia hasta el día de hoy?

Aguerre: Como de costumbre, cuando tú niegas un extremo te vas al otro, cada uno enseña lo que quiere, dice lo que quiere. Cuando esto empezó, Pablo VI se asustó del liberalismo emanado del Concilio Vaticano II, y empezó a poner los frenos por todos lados. (…)

La actual crisis de la Iglesia, que como bien dice el P. Aguerre incluye entre otras cosas cierto grado de anarquía y de pluralismo ilegítimo, no emana del Concilio Vaticano II que, tanto en su letra como en su espíritu, fue un Concilio católico ortodoxo, no liberal. No obstante, fuerzas oscuras y centrífugas, ya insinuadas durante el Concilio, se desataron durante el post-Concilio, causando grandes daños. A partir de 1968, el Papa Pablo VI tomó mayor conciencia de esto y adoptó varias medidas para contrarrestar esas fuerzas. Su pontificado, pese a todas sus limitaciones, tuvo el gran mérito de conservar intacto el depósito de la fe en un tiempo muy turbulento, en medio de una confusión de enormes proporciones.

Aguerre:… Y Juan Pablo II es un dogmático clásico cuya relatividad viene de haberse formado en el mundo del Este y en una lucha permanente contra el error (…)

El P. Aguerre califica negativamente al Papa que muchísimos católicos llamamos ya Juan Pablo II “el Grande”, colocándolo así dentro de la serie de grandes Papas como San León Magno y San Gregorio Magno. Sin embargo, el sentido exacto de su crítica es incierto, ya que él no define con precisión qué quiere decir al llamar “dogmático” a alguien.

Como ya hemos visto, en función del sentido católico de la palabra “dogma”, el adjetivo “dogmático” aplicado a una persona (aunque no se usa así en el lenguaje católico tradicional) debería ser un elogio, ya que el verdadero creyente debe adherirse firmemente al dogma y, en ese sentido, ser “dogmático”. Es evidente que el Papa Juan Pablo II fue un gran creyente, pero el P. Aguerre no se refiere a esto al llamarlo “dogmático”.

Por otra parte, en el lenguaje corriente actual, influido por prejuicios anticristianos, “dogmático” significa usualmente “ultra-conservador”, “intransigente”, “cerrado” o cosas por el estilo. Según abundantísimos y calificados testimonios, Juan Pablo II estuvo muy lejos de ser “dogmático” en ese sentido.

El P. Aguerre usa aquí una táctica clásica del “progresismo católico”, la de relativizar el magisterio de Juan Pablo II en función de su nacionalidad polaca. Pero el Papa es el Vicario de Cristo aunque sea polaco, alemán, italiano o de cualquier otra nacionalidad.

Aguerre:… y la única defensa que tenían era la afirmación incuestionable de la centralidad de la figura del Papa, que era lo que mantenía la identidad de Polonia. (…)

La identidad de la nación polaca está fuertemente relacionada con la fe católica del pueblo polaco, que va mucho más allá de su firme adhesión al Papa.

Aguerre:… Bueno, la psicología del polaco es así y los años del dominio comunista fortalecieron tremendamente la fe y nunca tuvieron más vocaciones que en ese tiempo. Se terminó el yugo comunista de 1989, la fe de Polonia empieza a flaquear, descienden el número de vocaciones, se proponen leyes a favor del aborto y el divorcio y las aprueban por mayorías y la Iglesia, en ese tiempo, no formó conciencias. Simplemente estaba en contra del comunismo. (…)

Esta crítica del P. Aguerre a la Iglesia polaca me parece una grosera e injusta descalificación de uno de los pueblos más católicos del mundo. Aún hoy, Polonia es la mayor reserva moral de una Europa que está en decadencia debido al predominio del liberalismo individualista.

En cuanto a la actual ley polaca sobre el aborto, si bien es innegablemente mala como lo son todas las leyes que permiten algunas clases de aborto, cabe subrayar que es muchísimo más restrictiva que las leyes análogas de otros países de Europa y que la ley que regía en la misma Polonia durante el régimen comunista.

Aguerre:… Las tres visitas del Papa a Polonia levantaron millones de personas, pero en el fondo el Papa se quejó de “ya no me hacen caso”, es una figura folklórica. Entonces, la dimensión dogmática de la Iglesia actualmente está muy desmonetizada.

El alegato anti-dogmático y pro-liberal del P. Aguerre permanece ambiguo hasta el final. Acoto que, en la medida en que el liberalismo teológico se entienda (en el sentido clásico) como anti-dogmatismo, todo católico debe ser anti-liberal.

LV: Salvo la figura del Papa.

Aguerre: Bueno, pero como figura carismática del Papa, que reúne multitudes donde quiera que va, y la muchachada donde quiera que va. Después si le dan bolilla o no, habría que verlo. Bueno, no hay precedente en la historia como éste, pero en cuanto al contenido de su gestión y su estilo, ha ido delegando en figuras tremendamente autoritarias como el Cardenal Ratzinger (…)

Suponiendo que la opinión del P. Aguerre no haya cambiado, y dado que Joseph Ratzinger no ha cambiado esencialmente su manera de pensar y de actuar, tendríamos aquí otra dura crítica a un Papa (el cuarto, en pocas páginas). Pienso que esta última crítica se basa en una burda tergiversación de la obra providencial del Cardenal Ratzinger como Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, sobre todo por su firme defensa de la ortodoxia católica. 

Aguerre:… y se sigue mandando documentos sobre “la verdad de las cosas, la verdad de las cosas...” (…)

Gracias a Dios, la Iglesia Católica, gobernada por el Sucesor de Pedro, sigue anunciando sin miedo y sin dudas la verdad revelada acerca de Dios y del hombre. Este magnífico servicio de la Iglesia a la humanidad le parece lamentable al P. Aguerre.

Aguerre:… Una cosa es la certeza por la fe, que es un juicio de valor, y todo juicio de valor es un riesgo, (…)

La fe no es un riesgo, ni una apuesta sino una firme certeza. Es confianza en Aquel que merece toda confianza.

Aguerre:… la prueba está que haciendo un balance, el 20% de la humanidad cree en Cristo resucitado y el 80 no, entonces cómo se va a hacer estadísticamente una afirmación que arrasa con la mente de toda la gente, cuando el 80% no presta atención; (…)

Los cristianos somos un tercio de la humanidad, no un 20%. Pero, más allá de este hecho estadístico, debo responder que la verdad no se decide por votación y que el cristiano tiene el derecho y el deber de proclamar su fe en toda circunstancia, sea mayoritaria o minoritaria. Si los primeros cristianos hubieran seguido el absurdo criterio estadístico planteado aquí, el cristianismo jamás se habría difundido. 

Aguerre:… y del 20% que dice afirmar que cree en Cristo resucitado, ¿cuántos hay convencidos? Pero no solamente convencidos. Hay dos clases de catequesis: 1) un llamado a la emoción: aparece Cristo que nos perdonó nuestros pecados, sufriendo y muriendo, (como pasó con la película de Mel Gibson, que como dijo Billy Graham vale más que mil sermones porque todo el mundo llora, se estremece) La emoción dura una semana, después...? y la otra 2) es la docencia, para lo cual el cura tiene que estudiar, leer, que no es frecuente, los curas siempre están apurados. Por eso hay un folleto, el CLAM, donde están las lecturas del mes y que a continuación de las lecturas se ponen una serie de comentarios, para que el cura los lea.

Los seres humanos somos seres racionales, pero no somos sólo razón. Tenemos también voluntad, sentimientos, emociones, etc. La catequesis debe formar al hombre entero, apelando a la razón, la voluntad, los sentimientos, etc. Esos distintos aspectos de la catequesis se pueden distinguir, pero sería un serio error separarlos u oponerlos. El catolicismo se caracteriza por mantener siempre unidos los distintos elementos que integran una totalidad: fe y vida, palabras y obras, contemplación y acción, etc. Además, la doctrina del perdón de los pecados no es simplemente una llamada a la emoción. Es el núcleo mismo de la doctrina cristiana de la salvación tal como se encuentra en el Nuevo Testamento y en toda la tradición cristiana.

LV: Esto se ve en todos los ámbitos, el estudio realmente lo termina haciendo muy poca gente, porque también se da en el ámbito universitario, en el político ni que hablar.

Aguerre: (…) Acá pasa algo parecido, la gente “piadosa” viene a pedir permiso para pensar, permiso para actuar, usted dígame si lo que voy a hacer está bien o está mal, y si tú te dedicas a formarle la conciencia se aburren. Buscan una respuesta clara: sí o no. Después haré caso o no. Es un poco farra. Y suponen que como el cura no tiene nada que hacer, la gente viene a conversar. Estos salones están llenos de ellos, lo que antes se hacía en los confesionarios. Pensá en tipos como el Padre Barlén que se pasaba 14 horas diarias en el confesionario o el Padre Doussinague o el Padre Juan Carlos Bazzano. Y ahí venía la gente, y hablaban, hablaban y hablaban. Y a veces en las misas de alumnos, los alumnos eran rapiditos, pero a veces había viejas que estaban confesándose, con cola de alumnos esperando, y no terminaba de hablar. Y uno se preguntaba, qué tendrá esta vieja que va para tan largo y no entendíamos nada. Es gente que venía a desahogarse. Si tú le decías a una persona, mire, yo acá en el confesionario no puedo, concertamos una entrevista, venga a la portería del Colegio, a la sala de visitas que la atendemos, no venía nunca más. Era un momento, la receta hecha. Luchar contra esa mentalidad, pedir certeza sin responsabilidad, (si me voy al infierno la responsabilidad es suya porque me dio mal consejo), es el gran desafío de la catequesis actual.

Resulta muy penosa la forma despectiva en la que el P. Aguerre se refiere a los fieles católicos militantes comunes y corrientes, caricaturizándolos. Esos fieles confían en la palabra del sacerdote como representante de la Iglesia y confían en la Iglesia como portadora del mensaje de salvación de Cristo. Por eso a menudo les basta que el sacerdote les recuerde las normas de la moral católica. No sienten la necesidad de largas argumentaciones para fundamentar la validez de esas normas, porque intuitivamente captan que tienen mucho sentido y que encajan perfectamente en la trama de todo lo que creen, saben y viven.

Los fieles católicos siguen necesitando, tanto hoy como ayer, recibir el sacramento del perdón, pero en la actualidad pocos sacerdotes dedican un tiempo suficiente a este ministerio fundamental, quizás porque les aburre escuchar las confesiones de pecados que usualmente son bastante parecidos entre sí. Probablemente no valoran en su justa medida el enorme don de la misericordia divina que se canaliza sacramentalmente a través de la absolución.  

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Estadísticas sobre el clero católico en América Latina (2000-2005)

 

Ing. Daniel Iglesias Grèzes

 

Hace poco publiqué un artículo titulado La Iglesia Católica en Uruguay en números (1950-2004). Allí, a partir de datos extraídos del sitio web Catholic Hierarchy, mostré la evolución de algunos indicadores básicos de la Iglesia Católica en las diez Diócesis del Uruguay a lo largo del período 1950-2004. En el presente artículo, partiendo de datos extraídos de un reciente informe del Observatorio Pastoral del CELAM (Consejo Episcopal Latinoamericano), que a su vez se basa en datos del Annuarium Statisticum Ecclesiae (Ciudad del Vaticano, 2006), complementaré lo dicho en mi primer artículo.

 

Cuadro 1 – Sacerdotes, religiosos y seminaristas en Uruguay

 

Año

Sac. Dioc.

Sac. Rel.

Total Sac.

Relig. Laicos

Reli-giosos

Reli-

giosas

Sem. Dioc.

Sem. Rel.

Total Sem.

2000

221

277

498

96

373

1.281

41

45

86

2001

208

281

489

94

375

1.208

42

58

100

2002

205

268

473

92

360

1.126

43

35

78

2003

222

257

479

95

352

1.089

41

39

80

2004

210

274

484

103

377

1.014

45

45

90

2005

220

244

464

98

342

977

41

32

73

Variación

-0,5%

-11,9%

-6,8%

2,1%

-8,3%

-23,7%

0,0%

-28,9%

-15,1%

 

Los datos tomados del informe del CELAM corresponden a los siguientes campos:

Sacerdotes Diocesanos (Sac. Dioc.), Sacerdotes Religiosos (Sac. Rel.), Religiosos Laicos (Relig. Laicos), Religiosas, Seminaristas Diocesanos (Sem. Dioc.) y Seminaristas Religiosos (Sem. Rel.).

 

Los demás datos fueron calculados por mí:

·        Total de Sacerdotes (Total Sac.) = Sac. Dioc. + Sac. Rel.

·        Religiosos = Sac. Rel. + Relig. Laicos

·        Total de Seminaristas (Total Sem.) = Sem. Dioc. + Sem. Rel.

·        La fila “Variación” muestra la variación porcentual de cada indicador del año 2000 al año 2005.

 

El informe del CELAM incluye también las cantidades de ordenaciones, defunciones y abandonos en cada país. No me queda claro si esas cantidades se refieren sólo a los sacerdotes diocesanos o a todos los sacerdotes. Según esos datos, Uruguay tiene un promedio de 5 ordenaciones por año. Las cantidades anuales de defunciones parecen demasiado bajas, teniendo en cuenta la edad promedio de los sacerdotes. Además, los valores de la variable Ordenaciones – Defunciones – Abandonos son demasiado diferentes a las variaciones interanuales de las cantidades de sacerdotes (diocesanos o totales), por lo cual, para que ambas series de datos fueran coherentes entre sí, deberían darse cantidades demasiado altas de emigraciones o inmigraciones de sacerdotes. Esto parece muy improbable, sobre todo en relación con los sacerdotes diocesanos. Por todas estas razones no considero los datos de ordenaciones, defunciones y abandonos. 

 

Los datos de este Cuadro 1 provienen de una fuente distinta a los del Cuadro 1 de mi primer artículo. Aunque ambos conjuntos de datos presentan algunas diferencias, son bastante similares entre sí. Esta convergencia refuerza la credibilidad de esos datos y de las consideraciones que, a partir de ellos, hice en mi primer artículo.

 

Por lo tanto, es posible asegurar que en el Uruguay de la primera década del siglo XXI continúa existiendo una grave crisis de la vida religiosa. Extrapolando estos datos, se deduce que, de mantenerse la actual tendencia, en el año 2020 las religiosas casi se habrán extinguido y los sacerdotes religiosos se habrán reducido a poco más de la mitad de los del año 2000.

 

En cambio el clero diocesano parece haber superado la crisis: la cantidad de sacerdotes diocesanos disminuyó en una sola unidad y la de seminaristas diocesanos se mantuvo constante.

 

Extrapolando estos números, resulta que el efecto combinado de ambos fenómenos (estabilidad del clero diocesano y agudo descenso del clero religioso) haría que en la década 2000-2010 la Iglesia uruguaya pierda un 13,6% de sus sacerdotes. Desde este punto de vista, la presente década sería la peor al menos desde 1950 (y probablemente desde mucho antes)..   

 

Cuadro 2 – Clero secular y religioso en los países de América Latina

 

País

Sac. Dioc. 2000

Sac. Rel. 2000

Tot. Sac. 2000

Sac. Dioc. 2005

Sac. Rel. 2005

Tot. Sac. 2005

Variación

Argentina

3.608

2.260

5.868

3.817

2.028

5.845

-0,4%

Bolivia

453

603

1.056

526

666

1.192

12,9%

Brasil

9.240

7.358

16.598

10.789

7.298

18.087

9,0%

Chile

1.113

1.185

2.298

1.171

1.155

2.326

1,2%

Colombia

5.470

2.381

7.851

6.016

2.272

8.288

5,6%

Costa Rica

547

223

770

554

205

759

-1,4%

Cuba

166

130

296

200

145

345

16,6%

Ecuador

1.019

817

1.836

1.198

815

2.013

9,6%

El Salvador

430

233

663

501

235

736

11,0%

Guatemala

360

610

970

508

484

992

2,3%

Haití

340

271

611

459

286

745

21,9%

Honduras

168

214

382

212

211

423

10,7%

México

10.421

3.628

14.049

11.306

3.763

15.069

7,3%

Nicaragua

247

171

418

358

159

517

23,7%

Panamá

181

211

392

214

193

407

3,8%

Paraguay

355

428

783

353

771

1.124

43,6%

Perú

1.401

1.389

2.790

1.598

1.252

2.850

2,2%

Puerto Rico

374

387

761

359

355

714

-6,2%

Rep.Dominicana

390

427

817

451

442

893

9,3%

Uruguay

221

277

498

220

244

464

-6,8%

Venezuela

1.364

956

2.320

1.578

950

2.528

9,0%

Total

37.868

24.159

62.027

42.388

23.929

66.317

6,9%

 

El Cuadro 2 muestra las cantidades de sacerdotes diocesanos y sacerdotes religiosos en los años 2000 y 2005, según el citado informe del CELAM. He calculado la cantidad total de sacerdotes en 2000 y 2005 y la variación porcentual de esa cantidad de 2000 a 2005 (columna “Variación”).

 

Dicho informe incluye datos de 22 países de América Latina y el Caribe. Excluyendo a Belice (pequeño país anglo-parlante de América Central), presento aquí datos de 21 países de América Latina, a saber: los 19 países hispanoamericanos más Brasil y Haití.

 

En general los datos del informe del CELAM parecen razonables, exceptuando la serie histórica correspondiente a la cantidad de sacerdotes religiosos en Paraguay: 428, 442, 764, 766, 769, 771. Es muy improbable que esa cantidad haya crecido tan bruscamente de 2001 a 2002 y luego haya crecido tan lentamente, por lo cual se puede dar por cierto que una de las dos partes de la serie (los dos primeros años o los últimos cuatro años) es errónea. 

 

El análisis de la columna “Variación” muestra lo siguiente:

·        En general, la Iglesia Católica en América Latina ha superado la crisis del clero ocurrida sobre todo en las primeras décadas del período post-conciliar.

·        Sin embargo, cuatro países (Argentina, Costa Rica, Puerto Rico y Uruguay) continúan perdiendo sacerdotes. Cabe subrayar que se trata de cuatro países más desarrollados que el promedio de América Latina. Una posible explicación de esto es que el actual desarrollo económico y social está (de hecho) siendo acompañado por una secularización creciente de la sociedad.

·        De esos cuatro países, Uruguay exhibe la mayor caída porcentual del número de sacerdotes. A mi juicio esto tiene dos causas principales:

o       Por una parte, Uruguay es el país más secularizado de América Latina (exceptuando a Cuba). Por ejemplo, es el único país de América Latina en el cual el 25 de diciembre no se celebra oficialmente la Navidad, sino el “Día de la Familia”; también es el único que ha dado reconocimiento legal a las uniones homosexuales.

o       Por otra parte, Uruguay es quizás el país de América Latina en el que menos progresos ha hecho la reforma de la Iglesia impulsada por los Papas Juan Pablo II y Benedicto XVI. En buena parte de la Iglesia uruguaya continúan predominando mentalidades y modalidades de acción pastoral que están siendo superadas en otros países, por su notoria esterilidad espiritual y religiosa.

 

Católicos uruguayos de hoy: ¿qué vamos a hacer para contribuir a cambiar el momento más desfavorable del lugar más desfavorable para la Iglesia en América Latina?

 

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Salmo 8

 

Del maestro de coro. Según la... de Gat. Salmo. De David.

 

¡Oh Yahveh, Señor nuestro,

qué glorioso tu nombre por toda la tierra!

Tú que exaltaste tu majestad sobre los cielos,

en boca de los niños, los que aún maman,

dispones baluarte frente a tus adversarios,

para acabar con enemigos y rebeldes.

Al ver tu cielo, hechura de tus dedos,

la luna y las estrellas, que fijaste tú,

¿qué es el hombre para que de él te acuerdes,

el hijo de Adán para que de él te cuides?

Apenas inferior a un dios le hiciste,

coronándole de gloria y de esplendor;

le hiciste señor de las obras de tus manos,

todo fue puesto por ti bajo sus pies:

ovejas y bueyes, todos juntos,

y aun las bestias del campo,

y las aves del cielo, y los peces del mar,

que surcan las sendas de las aguas.

¡Oh Yahveh, Señor nuestro,

qué glorioso tu nombre por toda la tierra!

 

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