La Iglesia Católica en
Uruguay en números (1950-2004)
Ing.
1.
Síntomas de
una realidad preocupante
El siguiente cuadro muestra la
evolución de algunos indicadores básicos de la situación de la Iglesia Católica
en
Cuadro 1 – Evolución de indicadores básicos
|
Año |
Católicos |
Población Total |
% Cat. |
Sac. Dioc. |
Sac. Rel. |
Total Sac. |
Cat. / Sac. |
Diác. Perm. |
Reli-giosos |
Reli-giosas |
Parro-quias |
|
1950 |
1.835.000 |
2.200.000 |
83,4% |
152 |
510 |
662 |
2.772 |
0 |
658 |
1.313 |
130 |
|
1966 |
2.158.380 |
2.700.000 |
79,9% |
245 |
417 |
662 |
3.260 |
0 |
618 |
2.031 |
203 |
|
1970 |
2.256.665 |
2.800.000 |
80,6% |
227 |
409 |
636 |
3.548 |
2 |
641 |
2.133 |
208 |
|
1976 |
2.356.770 |
2.800.000 |
84,2% |
206 |
395 |
601 |
3.921 |
6 |
617 |
1.905 |
221 |
|
1980 |
2.236.200 |
2.900.000 |
77,1% |
189 |
366 |
555 |
4.029 |
12 |
536 |
1.548 |
224 |
|
1990 |
2.383.350 |
3.100.000 |
76,9% |
216 |
322 |
538 |
4.430 |
37 |
479 |
1.627 |
225 |
|
1999 |
2.400.640 |
3.300.000 |
72,7% |
236 |
282 |
518 |
4.634 |
65 |
422 |
1.518 |
230 |
|
2000 |
2.325.148 |
3.300.000 |
70,5% |
217 |
272 |
489 |
4.755 |
63 |
426 |
1.395 |
228 |
|
2001 |
2.360.291 |
3.300.000 |
71,5% |
215 |
271 |
486 |
4.857 |
63 |
398 |
1.281 |
228 |
|
2002 |
2.312.120 |
3.300.000 |
70,1% |
208 |
274 |
482 |
4.797 |
65 |
395 |
1.208 |
227 |
|
2003 |
2.288.160 |
3.300.000 |
69,3% |
205 |
267 |
472 |
4.848 |
65 |
390 |
1.126 |
227 |
|
2004 |
2.316.495 |
3.300.000 |
70,2% |
203 |
256 |
459 |
5.047 |
76 |
382 |
1.089 |
226 |
Estos datos, con las salvedades expuestas a continuación, surgen del muy interesante sitio web Catholic Hierarchy (www.catholic-hierarchy.org), sumando los datos de todas las Diócesis del Uruguay:
· Para algunas Diócesis tuve que hacer pequeños ajustes en la serie temporal, a fin de que todas las series fueran iguales. Por ejemplo, para algunas Diócesis faltaban los datos de 1970 y había datos de 1968. En esos casos tomé los datos de 1968 como si fueran de 1970.
· Corregí cinco datos evidentemente erróneos: la cantidad de católicos de la Diócesis de Canelones en 1966, que era mayor que la población; las cantidades de católicos de la Arquidiócesis de Montevideo en 1966 y 1970, exageradamente más altas que los datos anterior y posteriores; y las cantidades de sacerdotes religiosos y religiosos varones de la Arquidiócesis de Montevideo en 1990, enormemente más altas que las cantidades anteriores y posteriores.
· Corregí la columna “Población Total” teniendo en cuenta datos del Instituto Nacional de Estadística.
· Recalculé los siguientes campos: “% Cat.” (Porcentaje de Católicos), “Total Sac.” (Total de Sacerdotes) y “Cat. / Sac.” (Católicos por Sacerdote).
Los datos del Cuadro 1 me merecen las siguientes consideraciones:
· Dudo mucho que las cantidades de católicos indicadas sean más que estimaciones gruesas, dado que las respectivas series temporales de las Diócesis presentan a veces variaciones poco razonables. Sin embargo, pienso que, al sumar los datos de todas las Diócesis, esos errores probablemente se compensen (más o menos) los unos a los otros, salvo los que tuve que corregir para evitar aberraciones estadísticas.
· Supongo que las cantidades de católicos se computan siguiendo el criterio propio del derecho canónico: es católica la persona bautizada en la Iglesia Católica que no se ha apartado de ella mediante un acto formal de cisma, herejía o apostasía. Las últimas encuestas sobre la religión en Uruguay dan porcentajes de católicos bastante menores (en torno al 50% ó 60%), pero generalmente se basan en el criterio (sociológico) de la auto-definición religiosa.
· De todos modos, parece clara la existencia de una tendencia decreciente del porcentaje de católicos en el Uruguay en el período analizado. En 54 años, el porcentaje de católicos bajó un 13% (del 83% al 70%). Buena parte de este descenso (un 6%) se dio en la década de los ’90. El ritmo de descenso parece haberse aminorado bastante a partir del año 2000.
· Los datos de las columnas “Sac. Dioc.” (Sacerdotes Diocesanos), “Sac. Rel.” (Sacerdotes Religiosos), “Diác. Perm.” (Diáconos Permanentes), “Religiosos” (varones, sacerdotes o no sacerdotes), “Religiosas” y “Parroquias” parecen confiables, ya que, salvo los dos casos ya explicados, no presentan irregularidades importantes.
· De 1950 a 1966 la cantidad total de sacerdotes en el Uruguay se mantuvo constante (en 662). Sin embargo, esta constancia se logra a través de un aumento muy importante de los sacerdotes diocesanos, compensado por un descenso igual de los sacerdotes religiosos.
· De 1966 a 2004 (la época post-conciliar) las cantidades de sacerdotes sufren un brusco descenso. En 38 años la cantidad total de sacerdotes disminuyó un 31%. La caída fue mayor en el clero religioso que en el clero secular (39% y 17%, respectivamente).
· La cantidad de católicos por sacerdote creció casi continuamente a lo largo del período analizado. En todo el período aumentó un 82%.
· El diaconado permanente fue restaurado por el Concilio Vaticano II (1962-1965). Por eso en 1950 no existían diáconos permanentes. La cantidad de diáconos permanentes del Uruguay creció rápidamente de 1970 a 1999. Desde entonces se mantuvo más o menos constante, salvo un importante aumento en el último año (2004).
· De 1950 a 1966 la cantidad de religiosos bajó un 6%, mientras que la de religiosas tuvo un gran crecimiento (55%). También la cantidad de parroquias aumentó mucho (56%).
· En cambio, en el post-concilio (de 1966 a 2004), las cantidades de religiosos descendieron drásticamente: se perdió un 38% de los religiosos y un 46% de las religiosas (cerca de la mitad en 38 años). No obstante, la cantidad de parroquias siguió creciendo, aunque moderadamente (11%).
El siguiente cuadro muestra la evolución de la cantidad total de sacerdotes en cada una de las diez Diócesis del Uruguay: Canelones, Florida, Maldonado, Melo, Mercedes, Minas, Montevideo, Salto, San José y Tacuarembó.
En 1950 existían sólo tres Diócesis en Uruguay: Montevideo, Salto y Florida-Melo. Entre 1950 y 1966 se crearon las restantes siete Diócesis, subdividiendo los territorios de las tres primeras.
Cuadro 2 – Evolución de la cantidad total de sacerdotes por Diócesis
|
Año |
Can. |
Flor. |
Mald. |
Melo |
Merc. |
Minas |
Mont. |
Salto |
S.J. |
Tac. |
Total |
|
1950 |
0 |
54 |
0 |
0 |
0 |
0 |
547 |
61 |
0 |
0 |
662 |
|
1966 |
70 |
30 |
16 |
29 |
34 |
14 |
353 |
60 |
27 |
29 |
662 |
|
1970 |
58 |
29 |
15 |
27 |
37 |
16 |
353 |
53 |
21 |
27 |
636 |
|
1976 |
63 |
24 |
16 |
25 |
30 |
18 |
348 |
33 |
11 |
33 |
601 |
|
1980 |
62 |
25 |
18 |
22 |
26 |
19 |
301 |
45 |
12 |
25 |
555 |
|
1990 |
53 |
21 |
19 |
23 |
27 |
14 |
290 |
51 |
17 |
23 |
538 |
|
1999 |
40 |
29 |
19 |
22 |
31 |
18 |
273 |
39 |
20 |
27 |
518 |
|
2000 |
37 |
28 |
17 |
20 |
27 |
16 |
262 |
37 |
19 |
26 |
489 |
|
2001 |
38 |
30 |
15 |
22 |
26 |
16 |
260 |
36 |
19 |
24 |
486 |
|
2002 |
39 |
29 |
16 |
21 |
25 |
14 |
258 |
37 |
19 |
24 |
482 |
|
2003 |
47 |
29 |
15 |
21 |
25 |
14 |
249 |
30 |
19 |
23 |
472 |
|
2004 |
44 |
27 |
14 |
19 |
23 |
14 |
244 |
31 |
20 |
23 |
459 |
|
Pérdida |
37% |
10% |
13% |
34% |
32% |
0% |
31% |
48% |
26% |
21% |
31% |
La fila llamada “Pérdida” indica el porcentaje de descenso de la cantidad de sacerdotes en el período post-conciliar (1966-2004).
Se puede apreciar que, exceptuando la Diócesis menos poblada (Minas), que mantuvo sus 14 sacerdotes, todas las Diócesis tuvieron pérdidas más o menos importantes. El porcentaje de pérdida del Uruguay (31%) coincide con el de Montevideo, la Diócesis más poblada del país. En algunas Diócesis (Canelones, Melo, Mercedes, Salto) la pérdida fue aún mayor. En el peor caso (Diócesis de Salto), se perdió casi la mitad de los sacerdotes (48%).
Si nos referimos a la cantidad total de sacerdotes en el Uruguay, la peor década fue la de los años ’70: de 1970 a 1980 hubo una pérdida del 13%. Sin embargo, la situación no parece haber mejorado mucho desde entonces, salvo la desaceleración de la caída en los años ’80: de 1980 a 1990 la pérdida fue de sólo un 3%, pero de 1990 a 2000 volvió a subir hasta un 9%; y lo peor es que, en lo que va del Siglo XXI, la caída continúa. En sólo cuatro años (de 2000 a 2004) se perdió un 6% de la cantidad total de sacerdotes. De continuar esa tendencia, la década 2000-2010 será aún peor que la década 1970-1980.
Hasta 1986, cuando la lectura del célebre libro “Informe sobre la fe” (del Cardenal Joseph Ratzinger -actual Papa Benedicto XVI- y el periodista Vittorio Messori) me despertó de mi ensueño “optimista”, yo era uno de los muchos católicos militantes “neo-triunfalistas”. Pensaba que en general todo iba muy bien en la Iglesia Católica en la época post-conciliar, la época mejor y más brillante de su bimilenaria historia. Creo que los dos cuadros de datos analizados muestran que yo estaba bastante equivocado y que la situación de la Iglesia (en particular en nuestro país) presenta unos cuantos aspectos muy preocupantes.
· Supongamos, por el absurdo, que se pudiera admitir que la evolución de la Iglesia en el post-concilio fue una auténtica marcha triunfal;
· y prescindamos por un instante de la visión de fe sobrenatural, que nos asegura que el Espíritu de Dios sostiene siempre a la Iglesia de Cristo, incluso durante sus crisis más graves;
·
creo que, en ese caso, al sopesar los notables
descensos de los porcentajes de católicos y de las cantidades de sacerdotes, de
religiosos y de religiosas en Uruguay en las últimas décadas, tendríamos que
imitar la famosa frase que Pirro, rey de Epiro, pronunció después de vencer a
los romanos en la sangrienta batalla de Ausculum
(en 279 AC), y así exclamar: “¡Otra
victoria como ésta y estaremos perdidos!”
2.
Un
diagnóstico autorizado
“No son, pues, ni el
Vaticano II ni sus documentos (huelga casi mencionarlo) los que constituyen el
problema. En todo caso, a juicio de muchos —y Joseph Ratzinger se encuentra
entre éstos desde hace tiempo—, el problema estriba en muchas de las
interpretaciones que se han dado de aquellos documentos, interpretaciones que
habrían conducido a ciertos frutos de la época posconciliar.
Desde hace mucho
tiempo, el juicio de Ratzinger sobre este período es tajante: «Resulta
incontestable que los últimos veinte años han sido decisivamente desfavorables
para la Iglesia católica. Los resultados que han seguido al Concilio parecen
oponerse cruelmente a las esperanzas de todos, comenzando por las del papa Juan
XXIII y, después, las de Pablo VI. Los cristianos son de nuevo minoría, más que
en ninguna otra época desde finales de la antigüedad».
Así explica el cardenal
este severo juicio (que ha repetido a lo largo del coloquio, pero que no
debería sorprender a nadie, sea cual sea la opinión que merezca, puesto que ha
sido reiterado por él en numerosas ocasiones): «Los Papas y los Padres
conciliares esperaban una nueva unidad católica y ha sobrevenido una división
tal que —en palabras de Pablo VI— se ha pasado de la autocrítica a
Seguía diciendo
Ratzinger hace diez años: «Hay que afirmar sin ambages que una reforma real de
la Iglesia presupone un decidido abandono de aquellos caminos equivocados que
han conducido a consecuencias indiscutiblemente negativas».
En cierta ocasión
escribió: «El cardenal Julius Döpfner decía que la Iglesia del posconcilio es
un gran astillero. Pero un espíritu crítico añadía a esto que es un gran
astillero donde se ha perdido de vista el proyecto y donde cada uno continúa
trabajando a su antojo. El resultado es evidente».
Pero no deja de repetir
con la misma claridad que «en sus expresiones oficiales, en sus documentos
auténticos, el Vaticano II no puede considerarse responsable de una evolución
que —muy al contrario— contradice radicalmente tanto la letra como el espíritu
de los Padres conciliares».
Dice: «Estoy convencido
de que los males que hemos experimentado en estos veinte años no se deben al
Concilio «verdadero», sino al hecho de haberse desatado en el interior de la
Iglesia ocultas fuerzas agresivas, centrífugas, irresponsables o simplemente
ingenuas, de un optimismo fácil, de un énfasis en la modernidad, que ha
confundido el progreso técnico actual con un progreso auténtico e integral. Y,
en el exterior, al choque con una revolución cultural: la afirmación en
Occidente del estamento medio-superior, de la nueva «burguesía del terciario»,
con su ideología radicalmente liberal de sello individualista, racionalista y
hedonista».
La consigna, la
exhortación de Ratzinger a todos los católicos que quieran seguir siendo tales,
no es ciertamente un «volver atrás», sino un «volver a los textos auténticos
del auténtico Vaticano II». Para él, insiste «defender hoy
(Card. Joseph Ratzinger – Vittorio Messori, Informe sobre la Fe, 1986, Capítulo II – Descubrir de nuevo el Concilio, Sección 2 – “Descubramos el verdadero Vaticano II”).
Fuente: www.conoze.com/doc.php?doc=7260 .