Fe
y Razón
Revista virtual gratuita
Desde Montevideo (Uruguay), al servicio de la
evangelización de la cultura
Nº 14 – Mayo de 2007
“Omne
verum, a quocumque dicatur, a Spiritu Sancto est”
“Toda verdad, dígala quien la diga,
procede del Espíritu Santo” (Santo Tomás de Aquino)
Sitio web original: “Fe y Razón” – www.feyrazon.org - Lo invitamos a visitar “Fe y
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Equipo de Dirección: Diác.
Colaboradores: Dr.
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Sección |
Título |
Autor o Fuente |
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Editorial |
Equipo
de Dirección |
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Tema
central |
Pbro. Dr. Jaime Fuentes |
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Tema
central |
Dr. Pedro Gaudiano |
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Documentos |
Congregación
para la Doctrina de la Fe |
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Iglesia |
Desafío latinoamericano: frente a chamanes y hechiceros, custodiar la "gran tradición católica" |
Zenit
– Forum Libertas |
|
Familia
y Vida |
Declaración sobre el proyecto de ley de regulación de la unión
concubinaria |
Conferencia
Episcopal del Uruguay |
|
Familia
y Vida |
Razones
para votar en contra del proyecto de legalización de las uniones
concubinarias |
Instituto Pastoral de Bioética
Juan Pablo II |
|
Doctrina
Social |
Mons. Mario De Gasperín |
|
|
Oración |
Catecismo
de la Iglesia Católica - Compendio |
Equipo de Dirección
1. El mes de María.
“¿Por qué ha sido escogido el mes de mayo como el mes durante el cual
ponemos más especialmente a lo vivo nuestra devoción a
Seguramente es porque en el mes de mayo [en el hemisferio norte] es cuando la tierra se adorna con hierba
nueva llena de frescura; ya han pasado los fríos desapacibles, el ambiente
desabrido del invierno; incluso las molestias del viento fuerte y de las
lluvias del comienzo de la primavera han quedado atrás. Es porque árboles,
plantas, jardines enteros se llenan de flores. Es porque los días son más
largos, el sol despierta antes y se acuesta más tarde. Esta explosión de
alegría que se exterioriza en la naturaleza se hace compañera espontánea de
nuestra devoción a Aquella que es llamada Rosa mística y Casa de Oro.
Incluso en latitudes en las cuales el mes de mayo arrastra aún
inclemencias del tiempo, sigue siendo el mes de las promesas y de la esperanza:
nos anuncia, como un buen presagio, la luz y el sol. El buen
tiempo llegará. “La explosión de la hermosura –dice el profeta- aparecerá y no
nos engañará; si tarda, aguardadla, porque con seguridad vendrá, y no faltará”.
Así pues, mayo es el tiempo, si no de la realización, al menos sí de
las promesas: ¿y no es éste el
aspecto bajo el que podemos, con razón, considerar a
También dijo el profeta: “brotará un tallo de la raíz de Jesé, y una
flor surgirá de la raíz”. ¿Quién es la flor, sino nuestro Señor? ¿Cuál es el
tallo, la hermosa planta donde se abre la flor, sino María, Madre de nuestro
Señor; María, Madre de Dios?
Está predicho que Dios vendría a
Por todo esto, el mes de mayo ha de ser, con un título especial, el mes
de María”.
(Cardenal John Henry Newman, Rosa Mística, Ediciones Palabra, Madrid, 1982, pp. 31-32).
En este número de “Fe y Razón”,
dedicado a
2. Una grave amenaza contra la familia en el
Uruguay.
Según los informes de la prensa uruguaya, sería inminente la aprobación del proyecto de ley de unión concubinaria por parte de la Cámara de Representantes. Dicho proyecto de ley, que cuenta con media sanción en el Senado desde el año pasado, daría reconocimiento legal a las uniones concubinarias heterosexuales u homosexuales y les concedería derechos análogos a los del matrimonio. Además suprimiría el deber de fidelidad conyugal cuando los esposos no viven de consuno.
Por esta razón, publicamos la
Declaración de
Además, en la sección
“Documentos” publicamos
“Cuando la acción política tiene que ver con principios morales que no
admiten derogaciones, excepciones o compromiso alguno, es cuando el empeño de
los católicos se hace más evidente y cargado de responsabilidad. Ante estas exigencias
éticas fundamentales e irrenunciables, en efecto, los creyentes
deben saber que está en juego la esencia del orden moral, que concierne al bien
integral de la persona. […]
Análogamente, debe ser salvaguardada la tutela y la promoción de la familia,
fundada en el matrimonio monogámico entre personas de sexo opuesto y protegida
en su unidad y estabilidad, frente a las leyes modernas sobre el divorcio. A la
familia no pueden ser jurídicamente equiparadas otras formas de convivencia, ni
éstas pueden recibir, en cuanto tales, reconocimiento legal.”
Según la doctrina de la Iglesia, entonces, el rechazo del proyecto de ley de unión concubinaria es una exigencia ética fundamental e irrenunciable.
A quienes quieran movilizarse contra este proyecto, les recomendamos visitar el sitio web “Cultura de la vida”, en: http://es.geocities.com/yazgur1/index.htm . Desde allí se puede enviar mails a los legisladores uruguayos.
3. Dos buenas noticias del Equipo de “Fe y
Razón”.
Tenemos el agrado de comunicarles dos buenas noticias relativas al Equipo de “Fe y Razón”:
·
El domingo 29 de abril nuestro colaborador
·
Se ha incorporado como colaborador de “Fe y
Razón” el Pbro.
Como conclusión, rogamos a
Vuelve
a la Tabla de Contenidos
El Magisterio mariano de Juan Pablo
II
Jaime Fuentes
Si analizamos el arco completo del magisterio
mariano de Juan Pablo II (1), salta a la vista un hecho que reclama
explicación: todo el magisterio de Juan
Pablo II está empapado en la mediación materna de
La corona de la Iglesia
Es imprescindible, a mi juicio,
mirar atrás y revivir lo que ocurrió en Roma hace más de cuarenta años,
exactamente el 21 de noviembre de 1964. Acababa de terminar la tercera sesión
del Concilio Vaticano II, en la que había sido aprobada por los obispos y
promulgada por el Papa Pablo VI la Constitución dogmática sobre la Iglesia, Lumen gentium, el documento más
importante de todo el magisterio conciliar, que en su capítulo octavo y último
trata de “
Reunidos los obispos en la
Basílica de Santa María la Mayor, Pablo VI pronuncia un discurso que pasará a
la historia, porque en él proclamó solemnemente a la Virgen “Madre de la
Iglesia”. Antes de hacerlo, y esto tiene especial importancia, explica que todo el capítulo octavo de la Lumen gentium es “el vértice y la corona” (2) de la Constitución sobre la Iglesia, lo cual
quiere decir que, para comprender el misterio de la Iglesia, hay que comprender
el misterio de la Virgen: porque, agregó el Papa, “el conocimiento de la verdadera doctrina católica sobre María será
siempre la llave de la exacta comprensión del misterio de Cristo y de la
Iglesia”. (3)
Cuando Juan Pablo II comienza su
misión de Sucesor de Pedro, el propósito que lo guía –así lo explica desde su
primera encíclica hasta la Novo millenio
ineunte- es que se haga vida en la Iglesia el magisterio del Concilio.
Teniendo esto presente, se ve la trascendencia de la declaración que hizo en
Polonia apenas cinco meses después de comenzar su pontificado: interpretando auténticamente (es decir, con su
autoridad de Pastor supremo de la Iglesia) el capítulo octavo de la Lumen gentium, lo sintetizó en esta
íntegra expresión: “¡Todo por medio de María!”
Considerando esta totalidad, ¿cómo sorprenderse de que en el
magisterio del Papa siempre esté
presente la mediación materna de
La totalidad abarca las realidades grandes y menudas que componen la vida
física y la vida espiritual de cada uno de los hombres. María es para la mujer
su modelo y quien le enseña el divino misterio de la maternidad; la Madre
explica a sus hijos el sentido del dolor y los consuela, precediéndoles, cuando
lo sufren; Ella intercede por quienes no tienen libertad; María es la que
enseña a contemplar a su Hijo en la Eucaristía, para continuar en el mundo la
obra redentora de la Iglesia, nacida del misterio de la Cruz con su
cooperación: ¡Ella es la Madre de la Iglesia!...
A lo largo de su pontificado, de la fuente de
La idea clave del Papa es que la mediación de la Virgen es una mediación materna. Se justifica repetirlo una vez más, porque es aquí –en el hecho de la mediación y en su carácter materno- donde el magisterio pontificio ha marcado el énfasis.
El cardenal Ratzinger, comentando
La misión de María, como repetidamente lo ha enseñado
Juan Pablo II, ha sido traer al mundo a Jesucristo y, poniéndose al servicio de
su obra redentora y cooperando activamente con ella, ayudar a que Cristo viva
en los hombres. Su mediación materna está “ordenada
al nacimiento continuo de Cristo en el mundo”. Hay que percibir, en
consecuencia, que “la vida surge, no por
el hacer, sino dando a luz, y exige, por tanto, dolores de parto”. (5)
La comprensión del quehacer de María, paradigma del obrar de la
Iglesia, debe necesariamente reflejarse en nuestro tiempo: la “nueva
evangelización” predicada incansablemente por el Papa se concretará, en
definitiva, en la medida en que Cristo viva en los hombres e informe su
existencia y su cultura. Este es un verdadero “trabajo de parto”, que
necesariamente lleva consigo el dolor.
La humanidad, a pesar de las apariencias, sigue esperando la revelación
de los hijos de Dios y vive de esta esperanza, como se sufren los dolores del
parto, según la imagen utilizada con tanta fuerza por San Pablo en la carta a
los Romanos (cf. 8, 19-22) (6) y
a la que el Apóstol recurre también en la carta a los Gálatas: “Hijos míos, por quienes sufro de nuevo dolores de parto, hasta ver a
Cristo formado en vosotros” (4, 19). En esta imagen descubre el Papa “la conciencia materna de la Iglesia
primitiva (que) permitía y permite
constantemente a la Iglesia ver el misterio de su vida y de su misión a ejemplo
de
Captar el misterio de la Iglesia reclama,
previamente, considerar que “Iglesia es
más que “pueblo”, más que estructura y acción: en ella vive el misterio de la
maternidad y del amor nupcial, que hace posible la maternidad” (8), y este misterio sólo puede tratarse con
el amor de una madre.
Bajo esta luz adquiere un precioso relieve la
exhortación del Concilio a mirar a la Virgen como “ejemplo de aquel amor maternal
con que es necesario que estén animados todos aquellos que, en la misión
apostólica de la Iglesia, cooperan a la regeneración de los hombres”. (9)
Nos encontramos, pues, ante un hecho de indescriptible grandeza: “si nos identificamos con María, si imitamos
sus virtudes, podremos lograr que Cristo nazca, por la gracia, en el alma de
muchos que se identificarán con Él por la acción del Espíritu Santo. Si
imitamos a María, de alguna manera participaremos en su maternidad espiritual”.
(10)
Como se ve después de estudiar el magisterio
mariano pontificio, la “manifiesta mente y voluntad” del Papa es que la
mediación materna de
No se trata de una propuesta novedosa. Ya en
1922 el Papa Pío XI había nombrado tres comisiones de teólogos, en Roma,
Bélgica y España para que estudiasen la posibilidad de definir la mediación de
la Virgen, según lo pedía un movimiento encabezado por el cardenal belga
Mercier, arzobispo de Malinas. Las comisiones belga y española dieron su parecer afirmativo a la
definición; de la comisión romana, hasta hoy no se han conocido quiénes la
componían, así como tampoco su dictamen. (12) En todo caso, la petición del
cardenal Mercier, así como la que llegó al Concilio Vaticano II, (13) no
prosperó.
A comienzos de la década de los noventa, el
profesor de Teología y Mariología, Dr. Mark I. Miravalle, de la Universidad de
Steubenville (USA) comenzó el movimiento Vox
Populi Mariae Medriatrici, con el objeto de solicitar al Papa la definición
dogmática de los títulos marianos “Corredentora, Mediadora y Abogada”. En un
libro suyo (14), se puede leer el texto de la PETICIÓN dirigida al Santo Padre:
“Su Santidad: con
amor filial, los fieles deseamos pedir humildemente que usted, como Vicario de
Cristo, solemnemente defina como dogma cristiano la constante enseñanza de la
Iglesia sobre el oficio corredentor de María con Cristo, el Redentor de
La iniciativa de Vox Populi Mariae Mediatrici tuvo un eco favorable, pues en poco
tiempo consiguió reunir más de 5 millones de firmas de más de 150 países, entre
ellas las de más de 500 obispos y 42 cardenales. (15) Esto llevó a que en
agosto de 1996, con ocasión del XII Congreso Mariológico Internacional que se
iba a celebrar en Czestochowa,
Como fruto de su trabajo, la Comisión emitió una
breve Declaración, publicada en L’Osservatore Romano casi un año más
tarde, que en síntesis afirma:
1) “Los títulos, tal como son
propuestos, resultan ambiguos, ya que pueden entenderse de maneras muy
distintas”.
2) “Por lo que atañe al título de
Mediadora”, recuerda que
3) Los títulos y la doctrina contenida en ellos “necesitan aún una mayor profundización
en una renovada perspectiva trinitaria, eclesiológica y antropológica”.
4) “Los teólogos, y de modo
especial los no católicos, se manifestaron sensibles a las dificultades
ecuménicas que implicaría una definición de dichos títulos”.
Como se ve, la PAMI respondió con exactitud a lo que
se le había solicitado: se opone a la definición dogmática de los tres títulos,
tal como eran propuestos (17).
Importa especialmente esta precisión, desde el momento en que teólogos de
prestigio afirman con autoridad que el título de “Corredentora” y el término
“corredención”, aunque han sido evitados en los documentos del magisterio desde
Pío XII (Juan Pablo II prácticamente tampoco los ha utilizado) “son los que mejor expresan la doctrina del
Concilio Vaticano II sobre la naturaleza de la cooperación de la Virgen a la
obra de la salvación” (18): el cardenal Georges Cottier, teólogo de
No obstante estas divergencias de enfoques
teológicos, se impone el hecho indudable de que un movimiento como Vox Populi Mariae Mediatrici, adquirió
en pocos años una adhesión muy significativa: 5 millones de fieles de todo
el mundo, 500
obispos y 40 cardenales firmaron la carta al Papa. Esto expresa un sentimiento
de fe cuya
importancia debemos valorar ahora en su justo relieve.
Las razones del corazón
El 30 de diciembre de 1991, la revista
norteamericana TIME, siguiendo su praxis habitual, publicó en el último número
del año las fotografías de los acontecimientos de mayor relieve internacional:
la guerra del Golfo, el exterminio de los kurdos, el intento de golpe de Estado
en Rusia, la guerra en Yugoslavia, la revolución de Etiopía, el éxodo de cien
mil albaneses en busca de la libertad… En la tapa de la revista, una
reproducción de la Madonna del Granduca, de
Rafael, contrastaba la paz de su rostro con la crueldad de la vida de los
hombres.
El título de la ilustración era sorprendente: The search for Mary, la búsqueda de
María. En el artículo de fondo de la revista se encuentran afirmaciones como
éstas: “Aunque la presencia de la Virgen
ha empapado a Occidente durante centenares de años, todavía queda sitio para
admirarla, ahora tal vez más
que nunca (…) Un renacimiento popular de la fe en la
Virgen se está dando a lo largo de todo el mundo. Millones de devotos llenan
sus santuarios, muchos de ellos gente joven” (p. 48).
Para probar su afirmación, TIME se fija en cinco
ejemplos, cuatro de ellos europeos y uno de Estados Unidos:
“En Lourdes, el mayor de los 937 santuarios de peregrinación de Francia, la
asistencia anual en los últimos dos años ha aumentado en un 10%, alcanzando los
5 millones y medio de fieles. Muchos nuevos visitantes proceden de Europa
Oriental, ahora que tienen libertad de expresar su fe y de viajar. A pesar de
la irresistible atracción que tiene Lourdes para los enfermos y los ancianos,
un 10% de los fieles, en estos días, son de 25 años o menores.
En Knock, Irlanda, las colas de fieles se alargaron notablemente después de la
visita que hizo el Papa Juan Pablo II al santuario en 1979. Desde entonces, la
asistencia se ha duplicado, alcanzando un millón y medio de personas por año.
Fátima, en Portugal, atrae a una constante multitud
de 4 millones de peregrinos cada año, de una variedad de países cada vez más
amplia”.
En Czestokowa, Polonia, la asistencia al santuario de
En Emmitsburg, Maryland, la asistencia se ha duplicado el año pasado, alcanzando los
500.000 fieles en uno de los más antiguos de los 43 principales santuarios
marianos de Estados Unidos: el Santuario Nacional de Nuestra Señora de Lourdes”
(p. 48).
La información de TIME tiene interés, tratándose de
un medio de prensa de los más influyentes del mundo, que “en los temas doctrinales y éticos, en la información sobre la Iglesia
Católica, etc., bajo una apariencia de objetividad puede calificarse de
materialista sin estridencias, con un cierto fondo de indiferentismo religioso,
a veces irónico”. (20) No obstante su orientación, la revista terminaba así
el artículo:
“Parece
claro que el mundo está implorando muchas cosas a María y que de alguna manera
las está recibiendo. (…) Cualquiera que sea el aspecto de María que la gente
prefiera destacar y abrazar, es seguro que todos los que la buscan
encuentran en ella algo que sólo una madre santa puede dar”
(p. 52).
Decíamos que la adhesión recogida por el movimiento Vox Populi Mariae Mediatrici era reflejo
de un sentimiento de fe digno de destacarse. El descubrimiento de la revista
norteamericana -ajena en sus enfoques al mundo católico-, de la búsqueda de
María en todo el mundo, es también una expresión que va en la misma línea. (En
Uruguay, país “laico”, la Virgen de los Treinta y Tres, a quien el Papa visitó
en Florida en 1988; la Virgen del Verdún, en Minas; los santuarios de Nuestra
Señora de Lourdes y de
Este recurso extraordinario a la Madre de Dios debe,
a nuestro juicio, valorarse teológicamente como la expresión no sólo del
sentido sobrenatural de la fe (sensus
fidei) que siempre han vivido las generaciones de cristianos en la
intercesión maternal de María, sino, más aún, de un sentimiento común de
todo el pueblo cristiano que, en las horas inciertas del fin de siglo y del comienzo del nuevo
milenio, busca como por instinto su refugio en la mediación de la Madre.
Dicho de otra manera, se está verificando por la vía
afectiva (21) que el sensus
fidei sobre la mediación materna de la Virgen ha llegado a ser un consensus fidelium, un verdadero
consentimiento unánime de los fieles. ¿Cuál es la valoración de este hecho? La
respuesta se encuentra en la Lumen
gentium:
“La
totalidad de los fieles, que tienen la unción del Santo (cf. I Io 2, 20 y 27), no
puede equivocarse cuando cree, y esta prerrogativa
peculiar suya la manifiesta mediante el sentido sobrenatural de la fe de todo
el pueblo, cuando ‘desde los Obispos hasta los últimos fieles laicos’ (S.
Agustín, De Praed. Sanct. 14, 27) presta su
consentimiento universal en las cosas de fe y costumbres” (n. 12).
Una tomografía de nuestro tiempo
1991 fue el año en que Juan Pablo II viajó por
segunda vez a Fátima, con el doble propósito de agradecerle a la Virgen su
mediación materna en la caída del comunismo y para rogarle por este incierto
tiempo nuestro… ¿Cómo han evolucionado las cosas desde entonces hasta hoy?
En la Audiencia general del 24 de marzo de 2004
víspera de la fiesta de la Anunciación del Señor, Juan Pablo II iba con su
pensamiento a algunos momentos significativos del inicio de su pontificado: “al 8 de diciembre de 1978, cuando en Santa
María la Mayor, consagré la Iglesia y el mundo a la Virgen; al 4 de junio del
año siguiente, cuando renové esa consagración en el santuario de Jasna Gora. En
particular, pienso en el 25 de marzo de 1984, Año santo de
La humanidad vivía entonces momentos difíciles, de gran preocupación e
incertidumbre. A veinte años de distancia, el mundo
sigue aún terriblemente marcado por el odio, la violencia, el terrorismo y
(…) Mucha
sangre se sigue derramando hoy en numerosas regiones del mundo. Sigue habiendo
urgente necesidad de que los hombres abran su corazón a un esfuerzo valiente de
comprensión recíproca. Cada vez resulta más grande el anhelo de justicia y paz
en todas las partes de la tierra.” (22)
El panorama del mundo, sin exageración y en dos palabras, puede
describirse como una densa noche.
En junio de 2003, recogiendo las opiniones de los obispos europeos,
Juan Pablo II publicó
La época que estamos
viviendo, con sus propios retos, resulta en cierto modo desconcertante. Tantos hombres
y mujeres parecen desorientados, inseguros, sin esperanza, y muchos cristianos
están sumidos en este estado de ánimo. (…)
Entre los muchos aspectos
indicados con ocasión del Sínodo, quisiera recordar la pérdida de la memoria y
de la herencia cristianas, unida a una
especie de agnosticismo práctico y de indiferencia religiosa, por lo cual muchos europeos dan la impresión de vivir
sin base espiritual y como herederos que han despilfarrado el patrimonio
recibido a lo largo de la historia.
(...) En el Continente
europeo no faltan ciertamente símbolos prestigiosos de la presencia cristiana,
pero éstos, con el lento y progresivo
avance del laicismo, corren el
riesgo de convertirse en mero vestigio del pasado. Muchos ya no logran integrar
el mensaje evangélico en la experiencia cotidiana; aumenta la dificultad de
vivir la propia fe en Jesús en un contexto social y cultural en que el proyecto de vida cristiano se ve
continuamente desdeñado y amenazado; en muchos ambientes públicos es más
fácil declararse agnóstico que creyente; se tiene la impresión de que lo obvio es no creer, mientras que
creer requiere una legitimación social que no es indiscutible ni puede darse
por descontada.
Esta pérdida de la
memoria cristiana va unida a un cierto
miedo en afrontar el futuro. La imagen del porvenir que se propone resulta
a menudo vaga e incierta. Del futuro se tiene más temor que deseo. Lo
demuestran, entre otros signos preocupantes, el vacío interior que atenaza a
muchas personas y la pérdida del sentido
de
Se está dando una difusa
fragmentación de la existencia; prevalece una sensación de soledad; se
multiplican las divisiones y las contraposiciones. Entre otros síntomas de este
estado de cosas, la situación europea actual experimenta el grave fenómeno de
las crisis familiares y el deterioro del
concepto mismo de familia, la persistencia y los rebrotes de conflictos
étnicos, el resurgir de algunas actitudes racistas, las mismas tensiones
interreligiosas, el egocentrismo que encierra en sí mismos a las personas y los
grupos, el crecimiento de una
indiferencia ética general y una búsqueda obsesiva de los propios intereses y
privilegios. Para muchos, la globalización que se está produciendo, en vez
de llevar a una mayor unidad del género humano, amenaza con seguir una lógica que margina a los más
débiles y aumenta el número de los pobres de la tierra. (…)
En la raíz de la pérdida
de la esperanza está el intento de hacer
prevalecer una antropología sin Dios y sin Cristo. Esta forma de pensar ha
llevado a considerar al hombre como el centro absoluto de la realidad,
haciéndolo ocupar así falsamente el lugar de Dios y olvidando que no es el
hombre el que hace a Dios, sino que es Dios quien hace al hombre. El olvido de
Dios condujo al abandono del hombre, por lo que no es extraño que en este
contexto se haya abierto un amplísimo campo para el libre desarrollo del nihilismo, en la filosofía; del relativismo en la gnoseología y en
la moral; y del pragmatismo y hasta
del hedonismo cínico en la
configuración de la existencia diaria. La
cultura europea da la impresión de ser una apostasía silenciosa por parte del
hombre autosuficiente que vive como si Dios no existiera.
(…) De esta cultura forma
parte también un agnosticismo religioso
cada vez más difuso, vinculado a un relativismo moral y jurídico más profundo,
que hunde sus raíces en la pérdida de la verdad del hombre como fundamento de
los derechos inalienables de cada uno. Los signos de la falta de esperanza se
manifiestan a veces en las formas preocupantes de lo que se puede llamar una
"cultura de muerte". (23)
Conocido el diagnóstico, ¿existe algún remedio para enfrentar con éxito
esta grave enfermedad que ya es epidemia? En la Audiencia del 24 de marzo de
2004 Juan Pablo II respondía:
“Recurriendo a Cristo, por medio
de María. A
Madre de Cristo, aparezca, una
vez más, en la historia del mundo el infinito poder salvador de la Redención:
poder del Amor misericordioso. Que éste detenga el mal. Que transforme las
conciencias. Que en tu Corazón Inmaculado se abra a todos la luz de la
esperanza”. (24)
“Recurrir a Cristo por medio de María” pide el Papa
con razón. Porque, ¿cómo dudar de la eficacia de su mediación materna después
de “la caída del muro”, gracias a la cual millones de hombres y mujeres hoy
disfrutan de libertad? A su vez, ¿cómo no recordar que Juan Pablo II, además de
la oración, puso todos los medios a su alcance para alcanzarla?
El llamamiento del Papa a llevar a cabo la “nueva
evangelización” del mundo (trabajo que costará gozosos “dolores de parto”), y
la necesidad de que todos en la Iglesia nos lancemos “mar adentro”, a un
apostolado incisivo, es la respuesta a
Hace ocho años la PAMI dio su parecer negativo a la
propuesta de definición dogmática de tres títulos marianos, recomendando una
mayor profundización. Desde entonces hasta hoy se puede verificar que:
PRIMERO: la Iglesia goza de la clarificación
doctrinal, hecha por Juan Pablo II, de todos los aspectos teológicos discutidos
acerca de la mediación materna de
SEGUNDO: el diagnóstico de los obispos europeos,
asumido por el Papa en Ecclesia in
Europa, afecta a todo el mundo (con excepción de África, esperanza ignorada
de Occidente).
TERCERO: cada día aparece con mayor evidencia
(corrupción a todos los niveles, mentiras, odios, violencias inauditas…) que
debemos luchar “contra las dominaciones
de este mundo de tinieblas” (Ef 6, 12).
CUARTO: movidos por el magisterio pontificio
(“palabras” y “hechos”), se verifica un verdadero consenso de los fieles en el recurso a la
mediación maternal de la Virgen.
En este contexto, pues, hay que subrayar que “ese sentimiento común del pueblo fiel es por sí solo criterio suficiente, aun sin el raciocinio teológico, para que el pontífice o el
concilio, bajo la asistencia infalible del Espíritu
Santo, puedan definir tal verdad como dogma de fe, como legítimo desarrollo dogmático. (…) Cualquier medio humano que le
certifique
(a la Iglesia) de la existencia explícita
o implícita de una verdad en el depósito revelado es medio suficiente para que,
asistida por el Espíritu Santo, pueda definir esa verdad. Entre esos medios
figura el sentir del pueblo fiel tanto o más que el raciocinio teológico”. (27)
Conviene recordar, no obstante, como afirmaba la Declaración de Chestochowa que “los teólogos, y de modo especial los no
católicos, se manifestaron sensibles a las dificultades ecuménicas que
implicaría una definición dogmática”. Es una advertencia prudente, ya que
los logros ecuménicos alcanzados durante el actual pontificado podrían
frustrarse con un paso en falso.
Pero, al mismo tiempo, no se puede olvidar que ha
sido precisamente Juan Pablo II, universalmente reconocido por los históricos
avances conseguidos a favor de la unidad de los cristianos, quien en el
documento más audaz que se haya escrito sobre el ecumenismo reafirmó la
infalibilidad papal –no podía no hacerlo- como un servicio a la unidad
de los cristianos:
“Corresponde al Sucesor de Pedro
recordar las exigencias del bien común de la Iglesia, si alguien estuviera
tentado de olvidarlo en función de sus propios intereses. Tiene el deber de
advertir, poner en guardia, declarar a veces inconciliable con la unidad de fe
esta o aquella opinión que se difunde. Cuando las circunstancias lo exigen,
habla en nombre de todos los Pastores en comunión con él. Puede incluso -en condiciones bien precisas,
señaladas por el Concilio Vaticano I- declarar ex cathedra que una doctrina
pertenece al depósito de
Por lo demás, el mismo autor antes citado,
explicando cómo se verifica en la Iglesia el desarrollo de los dogmas, añade
una ulterior consideración:
“Parece como
si los dogmas todos referentes a María hubiesen
sido confiados a la custodia y explicación del corazón amante del
sencillo y fiel pueblo cristiano, tanto o más que al
raciocinio de la teología especulativa. Es que (…) los dogmas todos referentes
a la Virgen tienen por fuente su digna maternidad divina, y los requisitos o
postulados de la “digna maternidad” se perciben mejor con el amante y vivo
corazón del hijo que con la fría y seca lógica del sabio”. (29)
Un asunto de familia
Es posible que, nada más mencionar la posibilidad de
definir el dogma de la mediación materna de la Virgen, renueve reacciones como
esta que André Frossard –“mi querido
amigo, ya desaparecido”, lo recordaba el Papa (30)- retrataba con su agudo
buen humor:
“Hace unos
veinte años, cuando se trató de promulgar el dogma de “María Mediadora”, en
todos los periódicos (de Francia) resonaron las protestas, lo cual me llenó de
estupor. Porque, a fin de cuentas, la mediación es natural en
En todo caso, es verdad que una definición dogmática
requiere considerar otros factores. Por una parte, como señala Schmaus, “la historia de la Iglesia enseña que, pese
a ciertas apariencias en contrario, ha sido siempre una situación de amenaza para la Iglesia la que ha conducido a la formulación de dogmas” (32). En este sentido, ¿es
necesario abundar en la gravedad del diagnóstico de los obispos europeos,
recogido en Ecclesia in Europa?
Por otro lado, como dice el mismo autor, “de la infalibilidad de una decisión
eclesiástica hay que distinguir su oportunidad. La infalibilidad no garantiza en todos los casos su oportunidad”.
(33) En otras palabras, ¿sería oportuna la definición dogmática de la mediación
materna de
Tratándose de la Madre no se puede, a mi juicio,
pasar por alto un hecho de orden afectivo, una demostración de amor filial que
la Iglesia debe a la Virgen desde hace cuarenta años. ¿Cómo olvidar que el Concilio no
hizo suyo el deseo de Pablo VI de que María fuera proclamada “Madre de la
Iglesia”? Es verdad que los obispos aplaudieron entusiasmados cuando el Papa
tomó la decisión de hacerlo por su propia iniciativa, al terminar la tercera
sesión; pero no lo hizo el Concilio. (34)
La Madre olvida los desaires de sus hijos… Pero, así
como la Iglesia ha pedido perdón por los errores cometidos por sus hijos a lo
largo de la historia, y teniendo a la vista los cuidados maternales de María,
especialmente con nuestra generación “posconciliar”, ¿no debería reconocerlo y
proclamar solemnemente su mediación materna?
El cardenal
Ratzinger ilumina otro aspecto del problema:
“Una eclesiología puramente estructural hará degenerar a la
Iglesia en un programa de actuación. Sólo
mediante lo mariano se concreta también plenamente el ámbito afectivo en la fe,
y con ello se alcanza la correspondencia humana a la realidad del Logos
encarnado. En este punto veo yo la verdad de la expresión “María, vencedora de
todas las herejías”: donde se da ese
enraizamiento afectivo, existe la vinculación “ex toto corde” –desde el
fondo del corazón- con el Dios personal y su Cristo, y resulta
imposible la refundición de la cristología en un “programa” de Jesús, que puede
ser ateo y puramente material: la
experiencia de estos últimos años corrobora hoy de manera asombrosa lo acertado
de estas viejas palabras.” (35)
La
experiencia de estas últimas décadas, en las que la Iglesia ha sufrido y sufre
el avance imparable de las sectas, el desafecto y la apostasía, han llevado a
reaccionar planificando estrategias, multiplicando estructuras eclesiásticas… ¿No
habrá llegado el tiempo de que recupere su conciencia materna, según el modelo
de María, disfrutando de la certeza revelada de su mediación?
Por otra
parte, si la Iglesia del siglo XXI necesita, sobre todo, mujeres formadas a semejanza de su Madre (generosas hasta el
heroísmo, abnegadas hasta amar la Cruz, audaces y perseverantes, amantes de la
familia y expertas en humanidad) que las precede, intercede por ellas y las
anima: ¿no sería un motivo de luminosa esperanza gozar de la seguridad
infalible de la mediación materna de Aquella a quien invocamos en Uruguay como
“Capitana y Guía?”
Vivimos en una época de “pensamiento débil”, de un
subjetivismo que todo lo relativiza y, simultáneamente, la nuestra es una época
de credulidad, en la que encuentran su
lugar “de fe” las fantasías más asombrosas. ¿No es razonable pensar que muchas
personas sedientas de certezas se acercarían a la Iglesia, atraídas por la
seguridad divina de la mediación materna de la Virgen?
Por otra parte, frente a los fanatismos que promueven
el odio y la violencia, y frente a la realidad de un pluralismo religioso cada
día mayor, ¿no supondría una maternal invitación a la convivencia fraterna
proclamar y celebrar que la Madre que intercede ante Dios es Madre de
cada mujer y de cada hombre de nuestro planeta?
Se podría objetar: si el Papa no
intervino con un acto de magisterio extraordinario en temas de tanta relevancia
como el aborto y la eutanasia, ¿por qué habría de hacerlo definiendo la
mediación materna de la María, que es pacíficamente aceptada y vivida en la
Iglesia?
Habría que considerar que, en los
temas mencionados, la enseñanza del Papa, fundamentada en la Revelación y en la
razón, se dirige a todos los hombres; en el caso que nos ocupa, se trata de
un serio y amable “asunto de familia”…
Es tiempo de
desafíos
¿Qué
podemos esperar? Sólo el Espíritu Santo lo sabe… (A la vuelta de 40 años de la
clausura del Concilio Vaticano II, en el que participaron cono observadores
miembros de las Iglesias hermanas y de distintas Confesiones cristianas, de a
ratos pienso en un encuentro ecuménico
mariano, unidos todos en la alabanza a
Al terminar su profundo “Ensayo sobre el desarrollo del dogma
mariano” escribió:
“Antes de llegar a tomar plena conciencia de los efectos de la Redención,
y de poder formularlos explícitamente (en las definiciones dogmáticas) la Iglesia debe comenzar por probarlos en su propia carne. Es después
de haberlos comprobado, después de haber tomado conciencia, de habérselos
explicitado a sí misma, que ella puede comprender, por el mismo movimiento, en
virtud de un conocimiento por connaturalidad, y como por intuición, lo que esos
efectos de la Redención han podido ser en María, la primera de los redimidos y
destinada a dar a luz no sólo cristianos, sino a Cristo”.
No se pueden leer estas palabras sin recordar lo que
Juan Pablo II escribió en su primera encíclica –la Iglesia siempre y en
especial en nuestros tiempos tiene necesidad de una Madre (37) y la conciencia de
maternidad que ella debe cultivar para llevar a cabo su misión.
Por otra parte, “para la Iglesia el tiempo es necesario, las
pruebas le son necesarias y los “desafíos” que tiene que enfrentar, no sólo de
parte de sus adversarios, sino también de la ignorancia, de la torpeza, de la mediocridad, de los pecados de
sus hijos. Incluso, todo el devenir de la historia,
sus progresos, sus catástrofes, le son necesarios a la Iglesia, para obligarla
a tomar conciencia, en forma progresiva, cada vez más amplia y más explícita de
su propio misterio”.
¿Cómo no recordar el tiempo inmediato posterior al
Concilio, del que Pablo VI se lamentaba con tristeza, llorando porque la
Iglesia estaba “destruyéndose a sí misma”? Negaciones de las verdades de la fe,
innovaciones litúrgicas arbitrarias, defecciones sacerdotales y religiosas,
desobediencias… Después de un cuarto de siglo las aguas se han serenado, y Juan
Pablo II ha señalado a la Iglesia que el gran
desafío que tenemos ante nosotros en el milenio que comienza es hacer de la
Iglesia la casa y la escuela de la comunión: (38) un verdadero hogar en el
que conviven los hermanos, hijos de una misma Madre, unidos en un idéntico
propósito corredentor. Si faltara este espíritu nos encontraríamos indefensos
frente a las tentaciones egoístas que
continuamente nos acechan y engendran competitividad, ganas de hacer carrera,
desconfianza y envidias. (39)
“En la misma medida, continúa Journet, el tiempo, las pruebas, los “desafíos”, el devenir de la historia, sus
progresos y sus catástrofes, le son necesarios a la Iglesia para que ella pueda
conocer, de alguna manera por vía de inclinación, de conocimiento experimental
y afectivo, lo que era cuando, frente a Cristo, se encontraba enteramente
recapitulada en María; y también para que ella (la Iglesia) pueda conocer todo lo que es ahora por
María. En efecto, ha sido necesario, en un momento, que la Iglesia fuese lo que
era por medio de María, para que sea lo que es hoy por sí misma. En el orden de
la santidad, que es la mayor de las dignidades, María es, alrededor de Cristo,
como la primera ola de la Iglesia, generadora de todas las otras, hasta el fin
de los tiempos”.
De la situación interior de la Iglesia se ha pasado
a su relación con el mundo. Estamos ya en el tercer milenio y somos testigos de
cambios que nadie pudo predecir: mientras naciones enteras, que estuvieron
cerradas durante décadas a la predicación del Evangelio, de la noche a la
mañana abrieron sus puertas a Cristo, otros países, de raíces profundamente
católicas, parecen aborrecer la fe recibida en herencia. En ellos parece
dominar, en el mejor de los casos, la moda del “believing without belonging”: “creo en Dios pero no en la
Iglesia”; “creo en un Ser Superior”; “soy creyente a mi manera”…
Así, recapitulada en María, se encontraba la Iglesia
cuando Cristo entregó su vida para redimir a todos los hombres: sola ante el
rechazo de Jesús por parte de los hombres, María es, sin embargo, la que
sostendrá la fe y la esperanza de sus discípulos (hijos suyos son), y mantendrá
encendido el fuego apostólico de los primeros cristianos.
Journet se ha referido a los “terribles desafíos”
que el mundo le lanza a
“Cada vez la causa de María será la causa de la Iglesia y del pueblo
cristiano; y cada vez la causa del pueblo cristiano será la causa de María; y
estas dos causas,
La “causa de Cristo” son sus ansias de nacer y vivir
en los corazones de los hombres y mujeres de este tiempo nuestro: hay que darlo
a luz, con dolores de parto, y es por completo necesaria, con “necesidad de
medio”, (40) la cooperación materna de María.
Journet ilustraba con ejemplos de la historia cómo
las definiciones del dogma mariano
“se corresponden secretamente con los grandes acontecimientos de
la Iglesia. (…) En Éfeso, donde se definió la divinidad
de Cristo y la Maternidad divina de María, lo que estaba inmediatamente en
juego era la naturaleza de Cristo, cabeza de la Iglesia, y las dos
realizaciones de su Cuerpo místico, una personal en María, otra colectiva en la
Iglesia.
Más tarde, después de la catástrofe de la cristiandad medieval, es la
necesidad de la redención de Cristo por todos los hombres, la santidad de esta
redención, la firmeza de sus efectos en la Iglesia y en María; en resumen, toda
la realización del Reino que no es de este mundo, lo que el dogma de
En su ensayo, escrito apenas cuatro años después de
la definición dogmática de la Asunción corporal de María a los cielos, Journet
se adelantaba a nuestro tiempo:
“La doctrina de la mediación corredentora de
la Virgen, que quizás será definida el día de mañana, recordará
a los cristianos que, a imagen de María, unida al sacrificio redentor que su
Hijo ofrecía en el Calvario por toda la humanidad, ellos son invitados, en
un universo cada vez más solidario económicamente pero cada vez más dividido
espiritualmente, a ser en Cristo y por
Cristo con toda la Iglesia, no solamente miembros “salvados”, sino
miembros “salvadores” de este mundo contemporáneo que les es hostil, y de los
millones de almas que encierra”. (41)
Una conclusión abierta
El último libro de Juan Pablo II, “¡Levantaos! ¡Vamos!”, tuvo como
directos destinatarios a los obispos de
Esta meditación se puede entender, a mi juicio, como
la síntesis del papel que la Providencia quiso reservarle en esta etapa de la
historia de la Iglesia y, además de encerrar una riquísima enseñanza para
cuantos la lean, cabe comprenderla en el ámbito de su magisterio sobre
Por una parte, hace ver que la fe, la responsabilidad y la valentía de cada uno de nosotros se inserta en el misterio de la plenitud del designio divino, lo cual es válido para todos: obispos, sacerdotes, religiosos y fieles laicos. Y, además, advierte a los obispos que se necesita nuestra fe, nuestra responsabilidad y firmeza para que el don de Cristo al mundo pueda manifestarse en toda su riqueza.
La fe puede expresarse de innumerables maneras... El
Papa se refiere a una fe que no sólo conserve intacto en la memoria el
tesoro de los misterios de Dios, sino que también tenga la audacia de abrir y
manifestar de modo siempre nuevo este tesoro a los hombres. (43)
Así es como ha actuado Juan Pablo II en su enseñanza
sobre
Pienso en Juan Pablo II y veo al montañero de
Wadowice… Con blanco y rojo marcan en los montes de Europa las “grandes rutas”
de montaña; con blanco y amarillo las ascensiones a los picos. Así, al golpe de
sus pisadas y con sangre, el Papa ha señalado el camino que lleva a la cumbre
de la Iglesia -la Cruz y la Virgen- para que nadie se pierda en su ascenso.
Pienso en Juan Pablo II y contemplo, en un silencio
asombrado, la relación de un hijo muy querido con su Madre. Durante veinticinco
años largos este hijo formó a la Iglesia en un amor filial a
Seguramente han habido,
entre la Madre y el hijo, confidencias íntimas que nunca conoceremos. Pero las
que el hijo comunicó a la Iglesia están afirmadas con tal sello de
autenticidad, que su calificación teológica -¿“magisterio ordinario”,
“magisterio informal”?- termina por parecer un tecnicismo superfluo.
“El modo en que María participa en la victoria de Cristo yo lo he
conocido sobre todo por la experiencia de mi nación”, escribió Juan Pablo II recordando lo que en
una ocasión había dicho el cardenal August Hlond, antecesor del cardenal
Wyczsinki: “La victoria, si llega,
llegará por medio de María”.
En efecto, durante los años que estuvo trabajando
por la Iglesia en Polonia, el obispo Karol Wojtyla fue testigo del modo
en que aquellas palabras se iban realizando. “Después del
16 de octubre de 1978, mientras
entraba en los problemas de la Iglesia universal, al ser elegido Papa, llevaba
en mí una convicción semejante: que también en esta dimensión universal la
victoria, si llega, será alcanzada por María.”
No termina aquí
1) Lo hemos hecho en J. FUENTES, Todo por medio de María. La
confianza de Juan Pablo II en
2) PABLO VI, María, Madre de la
Iglesia, Discurso del 21-XI-1964, n. 20, en CONCILIO VATICANO II, Constituciones. Decretos, Declaraciones.
Legislación posconciliar, Madrid 7ª, 1970, p. 1077.
3) Ibid.
4) J. RATZINGER-H.U. VON BALTASAR, María,
Iglesia naciente, Madrid 1999, p. 33.
5) Ibid., p. 41.
6) Carta ap. Tertio millenio
ineunte, n. 23.
7) Enc. Redemptoris Mater, n. 43.
8) J. RATZINGER, o.c., p. 18.
9) Const. Lumen gentium, n. 65. El subrayado es nuestro.
10) SAN JOSEMARÍA ESCRIVÁ, Madre
de Dios, Madre nuestra, en Amigos de
Dios, Madrid 1977, 23ª, n. 281.
11) Homilía de Juan Pablo II en Polonia, 4-VI-1979, en L’Osservatore
Romano, 10-VI-1979, p. 12.
12) Cfr. J.L. BASTERO DE ELEIZALDE, Virgen
singular. La reflexión teológica mariana en el siglo XX, Madrid 2001, p.
236s.
13) "Es (...) llamativo el
elevado número de peticiones ‑algunos centenares‑ que se encuentran
en las propuestas que durante la fase antepreparatoria del Concilio Vaticano II
hicieron numerosos obispos, superiores religiosos y ateneos teológicos, en
favor de una definición dogmática de la mediación de
14) M.I. MIRAVALLE, S.T.D., María, Corredentora, Mediadora, Abogada,
Santa Barbara 1993, 80 págs.
15) J.L. BASTERO DE ELEIZALDE, o.c., p. 232. Sobre la relación del
movimiento con las supuestas revelaciones de la vidente holandesa Ida
Peerdeman, vid. G. SERNANI, Los dogmas de
María. Las piedras más preciosas de su su corona, Buenos Aires 2003, pp.
199ss y R. LAURENTIN, Pétitions
internationales pour une définition dogmatique de la médiation et la
corédemption, en “Marianum” 48
(1996), pp. 446ss.
16) Declaración de la Comisión
teológica del Congreso mariológico de Czestochowa, en L’Osservatore Romano, ed. en castellano, 13-VI-1997, p. 12. La
Comisión, (se echa de menos en ella la presencia femenina), estaba formada por:
P. Paolo Melada y P. Stefanno Cecchin, o.f.m., presidente y secretario de la
PAMI; P. Cándido Pozo, s.j. (España); P. Ignazio Calabuig, o.s.m. (Marianum,
Roma); P. Jesús Castellano Cervera, o.c.d. (Teresianum, Roma); P. Franz Courth,
s.a.c. (Alemania); P. Stefano De Fiores, s.m.m. (Italia); P. Miguel Angel
Delgado, o.s.m. (México); Pbro. Manuel Felicio da Rocha (Portugal); P. George
Gharib, melquita (Siria); P. René Laurentin (Francia); P. Jan Pach, o.s.p.p.e.
(Polonia); Pbro. Adalbert Rebic (Croacia); Pbro. Jean Rivain (Francia); P.
Johannes Roten, s.m. (Estados Unidos); P. Ermanno Toniolo, o.s.m. (Italia);
mons. Teofil Siudy (Polonia); Pbro. Anton Ziegenaus (Alemania); canónigo Roger
Greenacre, anglicano (Inglaterra); Dr. Hans Ch. Schmidt-Lauber, luterano
(Austria); P. Gennadios Limouris, ortodoxo (Constantinopla); P. Jean Kawak,
ortodoxo (Siria); prof. Constantin Charalampidis, ortodoxo (Grecia).
17) “El prof. Miravalle contestó
a esta Declaración de una forma correcta, pero tajante en el fondo, en la que
se ratifica en sus propias posiciones y reafirma la voluntad de proseguir en el
empeño por lograr la definición dogmática” (J. BASTERO DE ELEIZALDE, o.c.,
p. 235). Vid. M. MIRAVALLE, In Continued
Dialogue with the Czestochowa Commision, 24-VIII-2002, en International Symposium on Marian coredemption
entitled “Maria Mater Unitatis”, Downside Abbey, Stratton-on-the-Fosse (www.christendom-awake.org)
18) I. CALABUIG, O.S.M., Un
dossier inedito: gli studi di due Commisioni Pontificie sulla definibiltà della
mediazione universale di Maria, en “Marianum”
133 (1985) I-II, p. 10s).
19) Se puede consultar en www.clerus.org
El artículo fue publicado en la edición italiana de L’Osservatore Romano, 4-VI-2002. Vid. también la obra de JEAN GALOT, Maria, la donna nell’opera della salvezza,
Roma, 1991, pp. 239-292 y PIETRO PARENTE, María
con Cristo en el designio de Dios, Madrid 1986, pp. 115-129.
20) P.J. DE IRAZAZABAL, voz TIME
en GER, vol. XXII, p. 469.
21) Se debe sobre todo al
gran teólogo Francisco Marín-Sola, O.P. el desarrollo de la “vía afectiva” como
camino para un progreso homogéneo del dogma católico. Vid. C. GARCIA EXTREMEÑO,
O.P., El “sentido de la fe” en la
teología del progreso dogmático de F. Marín-Sola (1873-1932), en “Studium” (1991), vol. XXXI, fasc. 2,
págs. 199-243.
22) Audiencia general, 24-III-2004, en L’Osservatore Romano, 26-III-2004, p. 12. Subrayado nuestro.
23) Exhort. Ap. Ecclesia in Europa, 28-VI-2003, ns. 7-9.
Los subrayados son nuestros.
24) Ibid.
25) Catecismo de la Iglesia Católica, n. 89.
26) Junto con la Declaración de Czestochowa, en la misma
página de L’Osservatore Romano fue
publicado un comentario de la Declaración, sin firma, que sorprende por su tono
casi “dogmático” afirmando, por ejemplo, que
“en el caso de la mediación de María, en muchos de sus aspectos se está ante
una verdadera ‘cuestión disputada’”. Después de veinticinco años de
magisterio pontificio sobre este particular, pienso, por el contrario, haber
mostrado en mi libro que es una cuestión
resuelta.
27) F. MARIN-SOLA, O.P., o.c.,
p. 399.
28) Enc. Ut unum sint, 25-V-1995, n. 94. Subrayado nuestro.
29) Ibid., p. 405.
30) JUAN PABLO II, ¡Levantaos!, ¡Vamos!, o.c., p. 131
31) JUAN PABLO II, No tengáis miedo, o.c., p. 36.
32) M. SCHMAUS, La Verdad,
encuentro con Dios, Madrid 1966, p. 135.
33) M. SCHMAUS, Teología
Dogmática, IV, La Iglesia, Madrid 1960, p. 765.
34) Vid. C. POZO, María en la
obra de la salvación, Madrid 1990, 2ª, págs. 56-64.
35) J. RATZINGER, María, Iglesia
naciente, o.c., p. 19.
36) CHARLES JOURNET (Ginebra, 1891-Friburgo, 1975), sacerdote desde
1917, estuvo estrechamente relacionado con el movimiento de renovación tomista,
y particularmente con Maritain. La obra a la que debe mayor fama mundial como
teólogo es L'Église du Verbe Incarné
(3 vols). Fue perito conciliar del Vaticano II. Pablo VI lo creó cardenal en
1965. Vid. J.L. ILLANES-J.I. SARANYANA, Historia
de la Teología, Madrid 1995, y J. POLO CARRASCO, voz Journet en GER, XXV, 1085-1090.
37) Enc. Redemptor hominis, 4-III-1979, n. 22.
38) Carta Ap. Novo Millennio
Ineunte, n. 43.
39) Ibid. J. RATZINGER, en María,
Iglesia naciente, o.c., p. 18, escribe: “Iglesia
es más que “pueblo”, más que estructura y acción: en ella vive el misterio de
la maternidad y del amor nupcial, que hace posible
40) María “estuvo asociada a Cristo porque una obra de amor como la Redención del
mundo no podía realizarse sin el corazón de una mujer. No es que Cristo sea
insuficiente, pero es verdad que el Verbo encarnado no se concibe sin María”
(P. PARENTE, o.c., p. 127).
41) CH. JOURNET, Esquisse du dévelopment du dogme marial,
42) JUAN PABLO II, ¡Levantaos!¡Vamos!, Buenos Aires, 2004, p. 178.
43) Ibid., p. 179.
44) JUAN PABLO II, Cruzando el umbral de la esperanza, Barcelona 1994, p. 215.
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El Santuario mariano
uruguayo-argentino en Tierra Santa
Pedro Gaudiano
p_gaudiano@yahoo.es
Parece una “locura”,
especialmente en estos tiempos, pero es una realidad. Muy cerca de Belén, en
Tierra Santa, y fuera de los circuitos turísticos habituales que se organizan
desde los países del Río de
“Una gracia singular de
En la partida de bautismo de
Soler, que se guarda en el Archivo de
Una experiencia muy particular
marcaría la infancia del futuro arzobispo de Montevideo: en 1854 se salvó
milagrosamente de morir ahogado. Él mismo consignó aquel hecho de su puño y
letra en el siguiente texto firmado por él, que consta en el primer libro de
visitas de
“Siendo de la edad de ocho años, caído en un
pozo del arroyo de San Carlos (R.O.) donde me estaba bañando, después de
inútiles esfuerzos por salir del peligro, y casi sin sentido por el agua que
había tragado, al terminar una Salve a
Mariano, porque nació el día de María; y más mariano aún porque María le salvó la vida.
El “Huerto Cerrado” y
“Huerto cerrado eres, María, Huerto cerrado, Fuente sellada; y tus perfumes, aromas de Paraíso”. Con estas palabras del libro bíblico del Cantar de los Cantares (4,12-13), Mariano Soler comienza a desarrollar el tema “María del Huerto en Tierra Santa”, apéndice de su obra Hiperdulía: Motivos eficaces para amar y honrar a María Madre de Dios, publicada en Montevideo en 1890. Explica Soler:
“Muchos creen que el Huerto Cerrado y
ETHAM.
A diez kilómetros de Jerusalén, y a corta
distancia de Belén, existe un pequeño oasis rodeado por un árido desierto, en
el lugar denominado por los árabes Urthas, que es el antiguo Etham de
En mis viajes a Tierra Santa tuve la
satisfacción de visitar ese lugar, que además de ameno es clásico en las
Sagradas Escrituras; y la impresión que experimenté no se me borrará jamás. ¡Un
jardín en medio del desierto, un vergel florido cercado de áridas montañas! Es
la imagen de María, bella, hermosa e inmaculada, en el desierto árido de este
mundo.
Encuéntranse en este lugar tres grandes
recuerdos clásicos del reinado de Salomón: los estanques, la fuente sellada y el
huerto cerrado, con la particularidad de que el Huerto Cerrado y
A continuación
Soler describe los tres estanques de Salomón, que contenían “en total cuarenta y dos millones doscientos treinta mil litros de agua”;
Aquel lugar aún
hoy es conocido por los árabes como Bestan
Suleiman, Jardines de Salomón, y se halla en el fondo de un valle rodeado
por montañas. En una de las laderas occidentales se levanta la aldea de Urthas
u Ortás, que hacia 1897 contaba con unos seiscientos habitantes. Aquellos
jardines producen verdadera admiración a los peregrinos de todo el mundo que frecuentemente
acuden a visitarlo. Soler los describía como un oasis encantador en medio del
desierto, en el cual se ven “al lado de
gayas flores, naranjos y limoneros de Oriente, granados y almendros frondosos,
junto con higueras y perales soberbios con la vegetación tropical, y en donde
se recogen cuatro cosechas al año. ¡Cosa rarísima en Judea!”
La inspiración
Mariano Soler
fue el blanco predilecto de una de las más violentas persecuciones anticlericales
que se vivió en el Uruguay, ocurrida durante el gobierno del general Máximo Santos
(1882-1886). El obispo de Montevideo, Monseñor Inocencio María Yéregui, llegó a
tomar una medida sin precedentes: en
Por esas fechas se le llegó a notificar anónimamente a Soler que su misma vida corría peligro. Fue por eso que Monseñor Yéregui, prudentemente, decidió enviar a su vicario general fuera del país durante algún tiempo.
Soler partió a su exilio el 9 de mayo de 1885. Fue a Roma, y desde allí emprendió su primera peregrinación a Tierra Santa. Un fraile llamado Lavinio lo llevó a visitar los Jardines de Salomón. Al señalar aquel rincón fecundo y hermoso, el guía árabe de la excursión mencionó las palabras inspiradoras: “¡Huerto cerrado...!”, “¡Fuente sellada...!” Entonces Soler vivió lo que él mismo llamó un “momento solemne”, una experiencia religiosa inefable que lo acompañaría el resto de su vida:
“Al oír esas palabras, así... de improviso,
en aquel lugar... en presencia de aquel mismo Huerto y de aquella Fuente,
que constituyeron el encanto y las delicias del gran Rey que hacía tres mil
años, las había celebrado como imágenes y figuras de María en lo que
constituyen de
“Palabras que son intraducibles, porque
jamás podré describir la impresión sublime que en aquel momento dichoso se
apoderó de todo mi ser. Parecíame oír en notas angélicas el cantar divino: Hortus conclusus, ¡Oh! María, Hortus
conclusus, Fons signatus; emissiones tuae paradisus! Mientras que como en
vaporosa y perfumada nube se presentaba envuelta la imagen de María del Huerto,
embalsamando el ambiente de aquel Edén terrenal, en cuyas flores
En efecto,
como parte de esa fuerte conmoción religiosa, el sacerdote relata que le pareció
“que veía flotar sobre las flores de
aquel edén la imagen de María del Huerto,
que reclamaba la erección de un Santuario de parte del Instituto Religioso,
único que en el cristianismo lleva la gloria de su nombre: Las Hijas de María del Huerto”.
Las Hijas de Nuestra Señora del Huerto y las monjas Visitandinas o Salesas, fueron las dos primeras congregaciones femeninas que se establecieron en el territorio uruguayo. Arribaron al puerto de Montevideo en el mismo barco el 18 de noviembre de 1856. En el 2006, pues, se cumplieron 150 años del inicio de la vida consagrada femenina en el Uruguay.
La imagen de Nuestra Señora del Huerto fue pintada en el año 1500 en el muro de un huerto de Chiavari, pequeña ciudad de las afueras de Génova, y en 1829 dio el nombre a la nueva congregación religiosa que fundaba el sacerdote Antonio María Gianelli.
Hacia 1890, las
Hijas de María del Huerto se encargaban en Montevideo del Hospital de Caridad
(conocido como Hospital Maciel), el Manicomio, el Asilo de Huérfanos, los
Asilos maternales y otras múltiples instituciones de enseñanza y caridad en
toda
León XIII y el Santuario en Tierra Santa
Siendo aún obispo de Montevideo, Monseñor Soler, en una audiencia, dio cuenta al Papa León XIII del proyectado santuario. Y lo hizo de la siguiente manera:
“Padre Santo: al viajar por Palestina, me
encontré con el delicioso Edén de Salomón, denominado Hortus Conclusus, mencionado en el Cantar de los Cantares que, como
Vuestra Santidad sabe, es figura de
Al mismo tiempo, Soler hizo notar al Papa que “Santo Toribio, Arzobispo de Lima, había sido el primero que, en unas letanías de María, compuestas por él y aprobadas por Paulo V, había introducido y recordado esta invocación: Hortus Conclusus, ora pro nobis”. Entonces el Papa León XIII no sólo bendijo y aplaudió el proyecto, sino que aprobó la elección del lugar:
“Pues bien, nos contestó León XIII, si Santo
Toribio ha sido el primero en honrar a María en las letanías con la invocación
simbólica de Hortus Conclusus, usted
tendrá el honor de ser el primero en procurar se le erija un Santuario en el mismo lugar simbólico de su
maternidad virginal, en Hortus Conclusus,
y en ningún lugar se encontrará mejor María del Huerto”.
La autorización del Sultán de Turquía
Al principio los musulmanes se opusieron fuertemente al proyecto de construir un santuario en aquellas tierras. El principal opositor era el jeque beduino de Orthas, la pequeña población musulmana ubicada en la colina pedregosa a orillas del huerto profético. Se invocaba la preferencia que la ley acordaba a los turcos para la adquisición de tierras en Palestina. Para emprender la obra del santuario, pues, era necesario obtener el “firmán” imperial, es decir, el permiso del Sultán de Turquía, Abdul-Hammid II.
Después de tocar
todos los resortes que él sabía eficaces para obtener aquel permiso imperial,
Soler se unió a una caravana y durante 38 días recorrió el desierto de Arabia,
siguiendo las huellas de Moisés durante el éxodo del pueblo hebreo, desde
Egipto hasta
“A vos, Ibrahim
Bajá, Gobernador de Jerusalén, condecorado con la dignidad de Beilerbey de
Rumelia y del segundo grado del Orden Imperial de Osmanié y de Mejidié, llegará
este nuestro Firmán Imperial:
Sabed, por tanto, que el patriarca
Armeno-Católico, Saidna Azarián, ha solicitado nuestra autorización imperial,
como corresponde, para la construcción de un Santuario en el lugar denominado Hortus Conclusus en los Sebasten Suleymán, Jardines de Salomón,
en las inmediaciones de la población de Orthas, a tres cuartos de distancia de
Belén; y así como en respuesta a la información oficial, el Consejo
administrativo del Mutasarefato envió la relación correspondiente; y habiendo
éste sido sometido al Consejo de Estado; y, conforme al proceso verbal del
mismo, constató que el mencionado terreno no está sujeto a ningún destino del
Islam, y que nada obsta a la construcción del edificio allí proyectado para uso
nazareno, aconsejándonos que es el caso de conceder mi imperial Firmán de
autorización, necesario en todo el Imperio de
Por tanto, tú, que eres el mencionado
Mutesarif, debes procurar que, en nuestro nombre, y por nuestra autoridad
sublime, no se ponga dificultad alguna por ninguno de nuestros súbditos a la
construcción de dicho Santuario, con tal que no se excedan las medidas métricas
del plano presentado. Y no permitas que se haga cosa alguna contra mi sublime
autoridad e imperial voluntad.
(Timbre de
El 13 Scewal 1314 (17 de Marzo de 1897).
El Sultán
ABDUL-HAMMID II”.
La piedra angular
Apenas llegado a Jerusalén, Soler recibió la autorización imperial y enseguida se dirigió solemnemente con una comitiva al Hortus Conclusus. El jeque de Orthas salió a su encuentro con el vecindario, y puso su firma en el acta de la piedra fundamental. Soler arrojó la piedra angular del Santuario mariano en Tierra Santa, que contenía un pergamino con el siguiente texto:
“PARA PERPE+TUA MEMORIA.
“Huerto
Cerrado y Fuente Sellada eres, María” (Antíf. de los Cánticos de Salomón).
Para mayor gloria de Dios, y en honor de
El templo y el edificio que aquí se
construyen, se deben a la generosidad piadosa de argentinos y uruguayos, que
erigen este Santuario, así en testimonio de su devoción a
La construcción
La inspiración
inicial que tuvo Mariano Soler habría sido honrar solamente al Uruguay con la
construcción del Santuario mariano en Tierra Santa. Pero por las necesidades económicas
de la época –y también por la magnitud de la obra–, Soler tuvo que acudir a la
generosidad de los católicos argentinos. Y fue así que en ambas márgenes del
Río de
El 19 de abril de 1897 Mariano Soler recibió en Roma el palio arzobispal. Llegó a Montevideo como primer arzobispo el 28 de junio de 1897, trayendo la cuchara de plata y marfil que utilizó para sellar con cemento romano la piedra angular del Santuario. El 31 de julio siguiente fechó una carta circular pidiendo ayuda económica para la construcción del santuario Hortus Conclusus. Todos los obispos argentinos manifestaron su adhesión a dicha circular y recomendaron aquella obra.
Soler, en diversas oportunidades, reiteró los antecedentes de su proyecto con el fin de impulsar la generosidad de los católicos argentinos y uruguayos. El estado de la obra avanzaba según los recursos que se enviaban a Palestina. En setiembre de 1898, Soler detallaba los importantes trabajos preparatorios que ya se habían realizado. Se había tallado la montaña en una extensión de setenta metros de largo por 36 de ancho y diecisiete de alto para asentar el edificio. En este trabajo se empleó un año y 2.000 kilos de pólvora. Alrededor de todo el terreno comprado se había construido con piedra de sillería un gran muro de setenta metros de largo por trece de alto, para separar el edificio del jardín y formar la plataforma del santuario. Se había construido un puente de ochenta metros de largo por siete de alto y tres metros y medio de ancho, sobre dieciséis arcos. El puente atravesaba todo el jardín y servía para la comunicación del santuario con la villa inmediata de Ortás. Además se construyó un gran muro central que cubría el frente de la montaña en la parte que serviría de terrazo del edificio y un gran canal para desagüe de las lluvias torrenciales del invierno, que atravesaba el valle, a fin de no invadir el Huerto propiamente dicho. Se habían preparado y acumulado los materiales para continuar la obra –gran cantidad de cal y piedras labradas– en los galpones correspondientes.
La monumental obra quedó terminada en cinco años. El santuario propiamente dicho (ver Fig. 2 - Edificio del Santuario, cuya piedra fundamental fue colocada por Monseñor Soler en 1897) quedó entre dos cuerpos de edificio, uno para las religiosas del Huerto, y otro que serviría de asilo u hospicio. El capellán tenía su casa aparte con hospedería, separada del santuario con el jardín por medio.
La inauguración
Las Hijas de María del Huerto tomaron posesión del Hortus Conclusus el 12 de noviembre de 1901 (Ver Fig. 3 - Junto al portal del Santuario, del lado izquierdo, esta piedra de mármol de cuatro metros de longitud recuerda la inauguración del Santuario realizada en 1901). El establecimiento se inauguró solemnemente el 2 de julio de 1902, ocasión en la cual el cardenal Mariano Rampolla envió un telegrama a la superiora, en nombre del Papa León XIII, que decía: “El Padre Santo envía la bendición a las Religiosas y asistentes a la fiesta inaugural del Santuario Hortus Conclusus”, consagrando así el título de santuario mariano.
El 25 de marzo de 1903 fue inaugurado el Asilo de Huérfanas, con cinco niñas armenias de Belén. Se eligió esa fecha porque era el cumpleaños del arzobispo Soler, fundador del santuario. El número de niñas fue creciendo rápidamente. Al año siguiente ya eran veintiséis; las religiosas se vieron en la necesidad de rechazar a varias por falta de local. Además del asilo, atendían a muchos enfermos de Ortás en el dispensario. El sostén económico, en aquellos años iniciales, provenía de los bienhechores americanos.
El santuario Hortus Conclusus fue la primera obra de
Mariano Soler como primer arzobispo metropolitano del Uruguay. Un gran
monumento, que es el reflejo y el símbolo de piedra de un gran espíritu. Dirá
Zorrilla de San Martín: “La erección del
arzobispado de Montevideo, y
Muchos que han tenido y tienen la oportunidad de viajar a Tierra Santa, desconocen totalmente este santuario, fruto de la “locura” uruguayo-argentina y de la “marianidad” de Mariano Soler.
Nota:
1) Sobre Mariano Soler (1846-1908), vid. Pedro Gaudiano, Presidentes,
relatores y miembros del Concilio Plenario de América Latina, en: Pontificia
Commissio pro America Latina, Los
Últimos Cien Años de
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Nota
doctrinal sobre
algunas cuestiones relativas
al compromiso y la conducta de
los católicos en la vida política
Congregación para la Doctrina de la Fe
La Congregación para la Doctrina de la Fe, oído el
parecer del Pontificio Consejo para los Laicos, ha estimado oportuno publicar
I. Una enseñanza constante
1. El compromiso del cristiano en el mundo, en dos mil años de historia, se ha expresado en diferentes modos. Uno de ellos ha sido el de la participación en la acción política: Los cristianos, afirmaba un escritor eclesiástico de los primeros siglos, «cumplen todos sus deberes de ciudadanos»(1). La Iglesia venera entre sus Santos a numerosos hombres y mujeres que han servido a Dios a través de su generoso compromiso en las actividades políticas y de gobierno. Entre ellos, Santo Tomás Moro, proclamado Patrón de los Gobernantes y Políticos, que supo testimoniar hasta el martirio la «inalienable dignidad de la conciencia»(2). Aunque sometido a diversas formas de presión psicológica, rechazó toda componenda, y sin abandonar «la constante fidelidad a la autoridad y a las instituciones» que lo distinguía, afirmó con su vida y su muerte que «el hombre no se puede separar de Dios, ni la política de la moral»(3).
Las actuales sociedades democráticas, en las que loablemente(4) todos son hechos partícipes de la gestión de la cosa pública en un clima de verdadera libertad, exigen nuevas y más amplias formas de participación en la vida pública por parte de los ciudadanos, cristianos y no cristianos. En efecto, todos pueden contribuir por medio del voto a la elección de los legisladores y gobernantes y, a través de varios modos, a la formación de las orientaciones políticas y las opciones legislativas que, según ellos, favorecen mayormente el bien común(5). La vida en un sistema político democrático no podría desarrollarse provechosamente sin la activa, responsable y generosa participación de todos, «si bien con diversidad y complementariedad de formas, niveles, tareas y responsabilidades»(6).
Mediante el cumplimiento de los deberes civiles comunes, «de acuerdo con su conciencia cristiana»(7), en conformidad con los valores que son congruentes con ella, los fieles laicos desarrollan también sus tareas propias de animar cristianamente el orden temporal, respetando su naturaleza y legítima autonomía(8), y cooperando con los demás ciudadanos según la competencia específica y bajo la propia responsabilidad(9). Consecuencia de esta fundamental enseñanza del Concilio Vaticano II es que «los fieles laicos de ningún modo pueden abdicar de la participación en la “política”; es decir, en la multiforme y variada acción económica, social, legislativa, administrativa y cultural, destinada a promover orgánica e institucionalmente el bien común»(10), que comprende la promoción y defensa de bienes tales como el orden público y la paz, la libertad y la igualdad, el respeto de la vida humana y el ambiente, la justicia, la solidaridad, etc.
II. Algunos puntos críticos en el actual debate cultural y político
2. La sociedad civil se encuentra hoy dentro de un complejo proceso cultural que marca el fin de una época y la incertidumbre por la nueva que emerge al horizonte. Las grandes conquistas de las que somos espectadores nos impulsan a comprobar el camino positivo que la humanidad ha realizado en el progreso y la adquisición de condiciones de vida más humanas. La mayor responsabilidad hacia Países en vías de desarrollo es ciertamente una señal de gran relieve, que muestra la creciente sensibilidad por el bien común. Junto a ello, no es posible callar, por otra parte, sobre los graves peligros hacia los que algunas tendencias culturales tratan de orientar las legislaciones y, por consiguiente, los comportamientos de las futuras generaciones.
Se puede verificar hoy un cierto relativismo cultural, que se hace evidente en la teorización y defensa del pluralismo ético, que determina la decadencia y disolución de la razón y los principios de la ley moral natural. Desafortunadamente, como consecuencia de esta tendencia, no es extraño hallar en declaraciones públicas afirmaciones según las cuales tal pluralismo ético es la condición de posibilidad de la democracia(12). Ocurre así que, por una parte, los ciudadanos reivindican la más completa autonomía para sus propias preferencias morales, mientras que, por otra parte, los legisladores creen que respetan esa libertad formulando leyes que prescinden de los principios de la ética natural, limitándose a la condescendencia con ciertas orientaciones culturales o morales transitorias(13), como si todas las posibles concepciones de la vida tuvieran igual valor. Al mismo tiempo, invocando engañosamente la tolerancia, se pide a una buena parte de los ciudadanos –incluidos los católicos– que renuncien a contribuir a la vida social y política de sus propios Países, según la concepción de la persona y del bien común que consideran humanamente verdadera y justa, a través de los medios lícitos que el orden jurídico democrático pone a disposición de todos los miembros de la comunidad política. La historia del siglo XX es prueba suficiente de que la razón está de la parte de aquellos ciudadanos que consideran falsa la tesis relativista, según la cual no existe una norma moral, arraigada en la naturaleza misma del ser humano, a cuyo juicio se tiene que someter toda concepción del hombre, del bien común y del Estado.
3. Esta concepción relativista del pluralismo no tiene nada que ver con la legítima libertad de los ciudadanos católicos de elegir, entre las opiniones políticas compatibles con la fe y la ley moral natural, aquella que, según el propio criterio, se conforma mejor a las exigencias del bien común. La libertad política no está ni puede estar basada en la idea relativista según la cual todas las concepciones sobre el bien del hombre son igualmente verdaderas y tienen el mismo valor, sino sobre el hecho de que las actividades políticas apuntan caso por caso hacia la realización extremadamente concreta del verdadero bien humano y social en un contexto histórico, geográfico, económico, tecnológico y cultural bien determinado. La pluralidad de las orientaciones y soluciones, que deben ser en todo caso moralmente aceptables, surge precisamente de la concreción de los hechos particulares y de la diversidad de las circunstancias. No es tarea de la Iglesia formular soluciones concretas –y menos todavía soluciones únicas– para cuestiones temporales, que Dios ha dejado al juicio libre y responsable de cada uno. Sin embargo, la Iglesia tiene el derecho y el deber de pronunciar juicios morales sobre realidades temporales cuando lo exija la fe o la ley moral(14). Si el cristiano debe «reconocer la legítima pluralidad de opiniones temporales»(15), también está llamado a disentir de una concepción del pluralismo en clave de relativismo moral, nociva para la misma vida democrática, pues ésta tiene necesidad de fundamentos verdaderos y sólidos, esto es, de principios éticos que, por su naturaleza y papel fundacional de la vida social, no son “negociables”.
En el plano de la militancia política concreta, es importante hacer notar que el carácter contingente de algunas opciones en materia social, el hecho de que a menudo sean moralmente posibles diversas estrategias para realizar o garantizar un mismo valor sustancial de fondo, la posibilidad de interpretar de manera diferente algunos principios básicos de la teoría política, y la complejidad técnica de buena parte de los problemas políticos, explican el hecho de que generalmente pueda darse una pluralidad de partidos en los cuales puedan militar los católicos para ejercitar –particularmente por la representación parlamentaria– su derecho-deber de participar en la construcción de la vida civil de su País(16). Esta obvia constatación no puede ser confundida, sin embargo, con un indistinto pluralismo en la elección de los principios morales y los valores sustanciales a los cuales se hace referencia. La legítima pluralidad de opciones temporales mantiene íntegra la matriz de la que proviene el compromiso de los católicos en la política, que hace referencia directa a la doctrina moral y social cristiana. Sobre esta enseñanza los laicos católicos están obligados a confrontarse siempre para tener la certeza de que la propia participación en la vida política esté caracterizada por una coherente responsabilidad hacia las realidades temporales.
La Iglesia es consciente de que la vía de la democracia,
aunque sin duda expresa mejor la participación directa de los ciudadanos en las
opciones políticas, sólo se hace posible en la medida en que se funda sobre una
recta concepción de la persona(17). Se trata de
un principio sobre el que los católicos no pueden admitir componendas, pues de
lo contrario se menoscabaría el testimonio de la fe cristiana en el mundo y la
unidad y coherencia interior de los mismos fieles. La estructura democrática
sobre la cual un Estado moderno pretende construirse sería sumamente frágil si
no pusiera como fundamento propio la centralidad de
4. A partir de aquí se extiende la compleja red de
problemáticas actuales, que no pueden compararse con las temáticas tratadas en
siglos pasados. La conquista científica, en efecto, ha permitido alcanzar
objetivos que sacuden la conciencia e imponen la necesidad de encontrar
soluciones capaces de respetar, de manera coherente y sólida, los principios
éticos. Se asiste, en cambio, a tentativas legislativas que, sin preocuparse de
las consecuencias que se derivan para la existencia y el futuro de los pueblos
en la formación de la cultura y los comportamientos sociales, se proponen
destruir el principio de la intangibilidad de la vida humana. Los católicos, en
esta grave circunstancia, tienen el derecho y el deber de intervenir para
recordar el sentido más profundo de la vida y la responsabilidad que todos
tienen ante ella. Juan Pablo II, en línea con la enseñanza constante de la
Iglesia, ha reiterado muchas veces que quienes se comprometen directamente en
la acción legislativa tienen la «precisa
obligación de oponerse» a toda ley que atente contra la vida humana. Para
ellos, como para todo católico, vale la imposibilidad de participar en campañas
de opinión a favor de semejantes leyes, y a ninguno de ellos les está permitido
apoyarlas con el propio voto(19). Esto no impide, como
enseña Juan Pablo II en
En tal contexto, hay que añadir que la conciencia cristiana
bien formada no permite a nadie favorecer con el propio voto la realización de
un programa político o la aprobación de una ley particular que contengan
propuestas alternativas o contrarias a los contenidos fundamentales de la fe y
Cuando la acción política tiene que ver con principios
morales que no admiten derogaciones, excepciones o compromiso alguno, es cuando
el empeño de los católicos se hace más evidente y cargado de responsabilidad.
Ante estas exigencias éticas fundamentales e irrenunciables, en efecto,
los creyentes deben saber que está en juego la esencia del orden moral, que
concierne al bien integral de
III. Principios de la doctrina católica acerca del laicismo y el pluralismo
5. Ante estas problemáticas, si bien es lícito pensar en la
utilización de una pluralidad de metodologías que reflejen sensibilidades y
culturas diferentes, ningún fiel puede, sin embargo, apelar al principio del
pluralismo y autonomía de los laicos en política, para favorecer soluciones que
comprometan o menoscaben la salvaguardia de las exigencias éticas fundamentales
para el bien común de
6. La frecuente referencia a la “laicidad”, que debería guiar el compromiso de los católicos, requiere una clarificación no solamente terminológica. La promoción en conciencia del bien común de la sociedad política no tiene nada que ver con la “confesionalidad” o la intolerancia religiosa. Para la doctrina moral católica, la laicidad, entendida como autonomía de la esfera civil y política de la esfera religiosa y eclesiástica –nunca de la esfera moral–, es un valor adquirido y reconocido por la Iglesia, y pertenece al patrimonio de civilización alcanzado(23). Juan Pablo II ha puesto varias veces en guardia contra los peligros derivados de cualquier tipo de confusión entre la esfera religiosa y la esfera política. «Son particularmente delicadas las situaciones en las que una norma específicamente religiosa se convierte o tiende a convertirse en ley del Estado, sin que se tenga en debida cuenta la distinción entre las competencias de la religión y las de la sociedad política. Identificar la ley religiosa con la civil puede, de hecho, sofocar la libertad religiosa e incluso limitar o negar otros derechos humanos inalienables»(24). Todos los fieles son bien conscientes de que los actos específicamente religiosos (profesión de fe, cumplimiento de actos de culto y sacramentos, doctrinas teológicas, comunicación recíproca entre las autoridades religiosas y los fieles, etc.) quedan fuera de la competencia del Estado, el cual no debe entrometerse ni para exigirlos ni para impedirlos, salvo por razones de orden público. El reconocimiento de los derechos civiles y políticos y la administración de servicios públicos no pueden ser condicionados por convicciones o prestaciones de naturaleza religiosa por parte de los ciudadanos.
Una cuestión completamente diferente es el derecho-deber
que tienen los ciudadanos católicos, como todos los demás, de buscar
sinceramente la verdad y promover y defender, con medios lícitos, las verdades
morales sobre la vida social, la justicia, la libertad, el respeto a la vida y
todos los demás derechos de
Con su intervención en este ámbito, el Magisterio de la
Iglesia no quiere ejercer un poder político ni eliminar la libertad de opinión
de los católicos sobre cuestiones contingentes. Busca, en cambio –en
cumplimiento de su deber– instruir e iluminar la conciencia de los fieles,
sobre todo de los que están comprometidos en la vida política, para que su
acción esté siempre al servicio de la promoción integral de la persona y del
bien común. La enseñanza social de la Iglesia no es una intromisión en el
gobierno de los diferentes Países. Plantea ciertamente, en la conciencia única
y unitaria de los fieles laicos, un deber moral de coherencia. «En su existencia no puede haber dos vidas
paralelas: por una parte, la denominada vida “espiritual”, con sus valores y
exigencias; y por otra, la denominada vida “secular”, esto es, la vida de
familia, del trabajo, de las relaciones sociales, del compromiso político y de
En las sociedades democráticas todas las propuestas son discutidas y examinadas libremente. Aquellos que, en nombre del respeto de la conciencia individual, pretendieran ver en el deber moral de los cristianos de ser coherentes con la propia conciencia un motivo para descalificarlos políticamente, negándoles la legitimidad de actuar en política de acuerdo con las propias convicciones acerca del bien común, incurrirían en una forma de laicismo intolerante. En esta perspectiva, en efecto, se quiere negar no sólo la relevancia política y cultural de la fe cristiana, sino hasta la misma posibilidad de una ética natural. Si así fuera, se abriría el camino a una anarquía moral, que no podría identificarse nunca con forma alguna de legítimo pluralismo. El abuso del más fuerte sobre el débil sería la consecuencia obvia de esta actitud. La marginalización del Cristianismo, por otra parte, no favorecería ciertamente el futuro de proyecto alguno de sociedad ni la concordia entre los pueblos, sino que pondría más bien en peligro los mismos fundamentos espirituales y culturales de la civilización(26).
IV. Consideraciones sobre aspectos particulares
7. En circunstancias recientes ha ocurrido que, incluso en el seno de algunas asociaciones u organizaciones de inspiración católica, han surgido orientaciones de apoyo a fuerzas y movimientos políticos que han expresado posiciones contrarias a la enseñanza moral y social de la Iglesia en cuestiones éticas fundamentales. Tales opciones y posiciones, siendo contradictorios con los principios básicos de la conciencia cristiana, son incompatibles con la pertenencia a asociaciones u organizaciones que se definen católicas. Análogamente, hay que hacer notar que en ciertos países algunas revistas y periódicos católicos, en ocasión de toma de decisiones políticas, han orientado a los lectores de manera ambigua e incoherente, induciendo a error acerca del sentido de la autonomía de los católicos en política y sin tener en consideración los principios a los que se ha hecho referencia.
La fe en Jesucristo, que se ha definido a sí mismo «camino, verdad y vida» (Jn 14,6), exige
a los cristianos el esfuerzo de entregarse con mayor diligencia en la
construcción de una cultura que, inspirada en el Evangelio, reproponga el
patrimonio de valores y contenidos de la Tradición católica. La necesidad de
presentar en términos culturales modernos el fruto de la herencia espiritual,
intelectual y moral del catolicismo se presenta hoy con urgencia impostergable,
para evitar además, entre otras cosas, una diáspora cultural de los católicos.
Por otra parte, el espesor cultural alcanzado y la madura experiencia de
compromiso político que los católicos han sabido desarrollar en distintos
países, especialmente en los decenios posteriores a
La fe nunca ha pretendido encerrar los contenidos socio-políticos en un esquema rígido, consciente de que la dimensión histórica en la que el hombre vive impone verificar la presencia de situaciones imperfectas y a menudo rápidamente mutables. Bajo este aspecto deben ser rechazadas las posiciones políticas y los comportamientos que se inspiran en una visión utópica, la cual, cambiando la tradición de la fe bíblica en una especie de profetismo sin Dios, instrumentaliza el mensaje religioso, dirigiendo la conciencia hacia una esperanza solamente terrena, que anula o redimensiona la tensión cristiana hacia la vida eterna.
Al mismo tiempo, la Iglesia enseña que la auténtica libertad no existe sin la verdad. «Verdad y libertad, o bien van juntas o juntas perecen miserablemente», ha escrito Juan Pablo II(27). En una sociedad donde no se llama la atención sobre la verdad ni se la trata de alcanzar, se debilita toda forma de ejercicio auténtico de la libertad, abriendo el camino al libertinaje y al individualismo, perjudiciales para la tutela del bien de la persona y de la entera sociedad.
8. En tal sentido, es bueno recordar una verdad que hoy la
opinión pública corriente no siempre percibe o formula con exactitud: el
derecho a la libertad de conciencia, y en especial a la libertad religiosa,
proclamada por
V. Conclusión
9. Las orientaciones contenidas en
El Sumo Pontífice Juan Pablo II, en la audiencia del 21
de noviembre de 2002, ha aprobado
Dado en Roma, en la sede de la Congregación para la Doctrina de la Fe, el 24 de noviembre de 2002, Solemnidad de N. S Jesús Cristo, Rey del universo.
XJOSEPH CARD. RATZINGER - Prefecto
XTARCISIO BERTONE, S.D.B. - Arzobispo emérito de Vercelli - Secretario
Notas
1) CARTA A DIOGNETO, 5, 5, Cfr. Ver también Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2240.
2) JUAN PABLO II, Carta Encíclica Motu Proprio dada para la proclamación de Santo Tomás Moro Patrón de los Gobernantes y Políticos, n. 1, AAS 93 (2001) 76-80.
3) JUAN PABLO II, Carta Encíclica Motu Proprio dada para la proclamación de Santo Tomás Moro Patrón de los Gobernantes y Políticos, n. 4.
4) Cfr. CONCILIO VATICANO II, Constitución Pastoral Gaudium et spes, n 31; Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1915.
5) Cfr. CONCILIO VATICANO II, Constitución Pastoral Gaudium et spes, n 75.
6) JUAN PABLO II, Exhortación Apostólica Christifideles laici, n. 42, AAS 81 (1989) 393-521. Esta nota doctrinal se refiere obviamente al compromiso político de los fieles laicos. Los Pastores tienen el derecho y el deber de proponer los principios morales también en el orden social; «sin embargo, la participación activa en los partidos políticos está reservada a los laicos» (JUAN PABLO II, Exhortación Apostólica Christifideles laici, n. 69). Cfr. Ver también CONGREGACIÓN PARA EL CLERO, Directorio para el ministerio y la vida de los presbíteros, 31-I-1994, n. 33.
7) CONCILIO VATICANO II, Constitución Pastoral Gaudium et spes, n 76.
8) Cfr. CONCILIO VATICANO II, Constitución Pastoral Gaudium et spes, n 36.
9) Cfr. CONCILIO VATICANO II, Decreto Apostolicam actuositatem, 7; Constitución Dogmática Lumen gentium, n. 36 y Constitución Pastoral Gaudium et spes, nn. 31 y 43.
10) JUAN PABLO II, Exhortación Apostólica Christifideles laici, n. 42.
11) En los últimos dos siglos, muchas veces el Magisterio Pontificio se ha ocupado de las cuestiones principales acerca del orden social y político. Cfr. LEÓN XIII, Carta Encíclica Diuturnum illud, ASS 20 (1881/82) 4ss; Carta Encíclica Immortale Dei, ASS 18 (1885/86) 162ss, Carta Encíclica Libertas præstantissimum, ASS 20 (1887/88) 593ss; Carta Encíclica Rerum novarum, ASS 23 (1890/91) 643ss; BENEDICTO XV, Carta Encíclica Pacem Dei munus pulcherrimum, AAS 12 (1920) 209ss; PÍO XI, Carta Encíclica Quadragesimo anno, AAS 23 (1931) 190ss; Carta Encíclica Mit brennender Sorge, AAS 29 (1937) 145-167; Carta Encíclica Divini Redemptoris, AAS 29 (1937) 78ss; PÍO XII, Carta Encíclica Summi Pontificatus, AAS 31 (1939) 423ss; Radiomessaggi natalizi 1941-1944; JUAN XXIII, Carta Encíclica Mater et magistra, AAS 53 (1961) 401-464; Carta Encíclica Pacem in terris AAS 55 (1963) 257-304; PABLO VI, Carta Encíclica Populorum progressio, AAS 59 (1967) 257-299; Carta Apostólica Octogesima adveniens, AAS 63 (1971) 401-441.
12) Cfr. JUAN PABLO II, Carta Encíclica Centesimus annus, n. 46, AAS 83 (1991) 793-867; Carta Encíclica Veritatis splendor, n. 101, AAS 85 (1993) 1133-1228; Discurso al Parlamento Italiano en sesión pública conjunta, en L’Osservatore Romano, n. 5, 14-XI-2002.
13) Cfr. JUAN PABLO II, Carta Encíclica Evangelium vitæ, n. 22, AAS 87 (1995) 401-522.
14) Cfr. CONCILIO VATICANO II, Constitución Pastoral Gaudium et spes, n 76.
15) CONCILIO VATICANO II, Constitución Pastoral Gaudium et spes, n 75.
16) Cfr. CONCILIO VATICANO II, Constitución Pastoral Gaudium et spes, nn. 43 y 75.
17) Cfr. CONCILIO VATICANO II, Constitución Pastoral Gaudium et spes, n 25.
18) CONCILIO VATICANO II, Constitución Pastoral Gaudium et spes, n 73.
19) Cfr. JUAN PABLO II, Carta Encíclica Evangelium vitæ, n. 73.
20) JUAN PABLO II, Carta Encíclica Evangelium vitæ, n. 73.
21) CONCILIO VATICANO II, Constitución Pastoral Gaudium et spes, n 75.
22) Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2304.
23) Cfr. CONCILIO VATICANO II, Constitución Pastoral Gaudium et spes, n 76.
24) JUAN PABLO II, Mensaje para la
celebración de
25) JUAN PABLO II, Exhortación Apostólica Christifideles laici, n. 59. La citación interna proviene del Concilio Vaticano II, Decreto Apostolicam actuositatem, n. 4
26) Cfr. JUAN PABLO II, Discurso al
Cuerpo Diplomático acreditado ante
27) JUAN PABLO II, Carta Encíclica Fides et ratio, n. 90, AAS 91 (1999) 5-88.
28) Cfr. CONCILIO VATICANO II,
Declaración Dignitatis humanae, n. 1: «En primer lugar, profesa el sagrado Concilio que Dios manifestó al
género humano el camino por el que, sirviéndole, pueden los hombres salvarse y
ser felices en Cristo. Creemos que esta única y verdadera religión subsiste en
la Iglesia Católica». Eso no quita que la Iglesia considere con sincero
respeto las varias tradiciones religiosas, más bien reconoce «todo lo bueno y verdadero» presentes en
ellas. Cfr. CONCILIO VATICANO II, Constitución Dogmática Lumen gentium,
n. 16; Decreto Ad gentes, n. 11; Declaración Nostra ætate,
n. 2; JUAN PABLO II, Carta Encíclica Redemptoris missio,
n. 55, AAS 83 (1991) 249-340; CONGREGACIÓN PARA
29) PABLO VI, Discurso al Sacro
Colegio y a
30) Cfr. PÍO IX, Carta Encíclica Quanta
cura, ASS 3 (1867) 162; LEÓN XIII, Carta Encíclica Immortale Dei,
ASS 18 (1885) 170-171; PÍO XI, Carta Encíclica Quas primas, AAS 17
(1925) 604-605; Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2108; CONGREGACIÓN
PARA
31) CONCILIO VATICANO II, Constitución Pastoral Gaudium et spes, n 43. Cfr. también JUAN PABLO II, Exhortación Apostólica Christifideles laici, n. 59.
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Desafío
latinoamericano: frente a chamanes y hechiceros, custodiar la "gran tradición católica"
El laico de
"mayor rango" en el Vaticano, el uruguayo
El
desafío crucial que interpela a los obispos que se reunirán en
Lo afirma en una entrevista publicada en el último número de la revista
italiana «Il Consulente Re» el profesor Guzmán M. Carriquiry Lecour,
subsecretario del Consejo Pontificio para los Laicos y primer laico que accede
a tal cargo en un dicasterio vaticano.
Nombrado por Benedicto XVI perito para la Conferencia que el mismo Papa
inaugurará el 13 de mayo, el profesor de 63 años de origen uruguayo ha podido
seguir de cerca los preparativos del evento, que reunirá a 300 participantes
entre obispos delegados y enviados especiales, y cuyas conclusiones servirán
para orientar las acciones pastorales de la Iglesia en la región en los
próximos años.
La
unidad latinoamericana no está en los símbolos indígenas
En la entrevista, al comentar los intentos actuales en el continente de
revitalizar antiguas prácticas de las civilizaciones precolombinas, el profesor
Carriquiry afirma que «los grandes
símbolos de la unidad latinoamericana no son los indígenas, dado que antes de
la llegada de españoles y portugueses el continente estaba totalmente
fragmentado»: «una “babel” sin la más
mínima autoconciencia».
«Símbolos verdaderos son Nuestra Señora
de Guadalupe, el Cristo de los Andes: la Iglesia como sacramento de unidad de
nuestros pueblos en
El
fenómeno al que se asiste en el subcontinente -prosigue- es el de «un gran movimiento de inclusión en la
escena pública de sectores indígenas, de campesinos empobrecidos y migrantes
hacia las megalópolis desequilibradas, sectores durante demasiado tiempo
humillados, explotados, marginados».
«Los indígenas exigen respeto, dignidad,
poder gozar de todos los beneficios de la educación, del trabajo, del progreso
cultural, de una auténtica promoción humana, de solidaridad y de justicia hacia
los más necesitados, de ser verdaderamente integrados en las sociedades
nacionales y de participar como ciudadanos de pleno derecho en la construcción
de las naciones», subraya.
Un
arcaísmo arbitrario: pretender hacer resurgir chamanes y hechiceros
«Algo profundamente distinto es en cambio
pretender hacer resurgir hechiceros, chamanes, las viejas cosmogonías
indígenas: intento de un arcaísmo arbitrario, fruto más de manipulación
ideológica que de verdadera respuesta a las necesidades y las demandas de las
comunidades indígenas», observa.
Sobre el hecho de que por primera vez los representantes de los episcopados de
los Estados Unidos, Canadá, España y Portugal, invitados a
«Aparecida será evento católico. En
realidad, la impronta católica se da sobre todo por el hecho de que ha sido el
Papa quien ha convocado la Conferencia, ha elegido el tema y ha querido
inaugurar personalmente las jornadas de Aparecida, que será “conferencia del
Episcopado”, de impulso colegial, en comunión con el sucesor de Pedro»,
indica.
«La cuestión crucial para los obispos de
América Latina es custodiar y reproducir la gran tradición católica de nuestros
pueblos -apunta-. Tal tradición, el
mayor don para América Latina, la mayor riqueza de sus pueblos, está asediada y
a veces erosionada por los rasgos culturales dominantes, transmitidos por los poderes
mediáticos transnacionales, cada vez más hostiles al catolicismo»
Sobre la proliferación de grupos evangélicos y pentecostales, el profesor
Carriquiry comenta que, en su opinión, no se trata del «desafío principal». «Es
fundamental volver a las fuentes de nuestra fe, realizar aquella
“esencialización” de la que escribía el cardenal Ratzinger, para no dejarse
prender por las cuestiones secundarias», advierte.
En este sentido –añade- «lo primero que
hay que hacer es mirar dentro de nosotros, en nuestra casa, para ver si y cómo
el acontecimiento de la presencia de Cristo es hecho sorprendente y decisivo en
la vida de las personas, de las familias, de las comunidades y de las
naciones».
Signos
de muerte en América Latina
Entre los «signos de muerte»
presentes en América Latina, el subsecretario del dicasterio vaticano señala el
hambre, las enfermedades, la miseria, el narcotráfico, «la violencia política sin reglas, de las guerrillas e incluso de los
métodos terroristas».
«El continente crece económicamente, tal
vez con grandes “puestas en escena”, pero la lucha contra la pobreza y el
escándalo de las enormes desigualdades no son afrontados adecuadamente»,
reflexiona.
«En las grandes ciudades, la inseguridad
y la delincuencia son cotidianas -lamenta-. Se difunde también una “cultura global” y se ejercen potentes
presiones que se orientan a dejar pasar y banalizar incluso los crímenes
abominables de la práctica abortiva de masas, la propuesta de la eutanasia y
las manipulaciones genéticas».
«Nuestras democracias gracias a Dios
resisten -constata-, pero surgen cada
vez más desviaciones autocráticas, con el riesgo de sofocar gradualmente
aquellas libertades democráticas reconquistadas en los años ‘80 con tantos
sufrimientos y sacrificio, incluso de vidas humanas».
Entre los problemas que se afrontarán en Aparecida, el subsecretario de Consejo
Pontificio para los Laicos indica que «una
idea lanzada por el CELAM es la de una gran misión evangelizadora continental
“post-Aparecida”».
«Por el momento los perfiles no está
todavía definidos. Es importante que la Conferencia logre llegar verdaderamente
al corazón de los latinoamericanos, suscitando una gran movilización espiritual
y misionera», concluye.
Las Conferencias Generales del CELAM han desempeñado un papel decisivo en la
historia de la Iglesia en América Latina en la segunda mitad del siglo XX. Se
han celebrado en Río de Janeiro (1955), Medellín (1968), Puebla (1979) y Santo
Domingo (1992).
Fuentes: Zenit – Forum Libertas.
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Declaración sobre el proyecto de ley
de regulación de la unión concubinaria
Conferencia Episcopal del Uruguay
La promoción y la defensa de la institución
familiar ha sido siempre preocupación de
1.
En consecuencia, el proyecto de ley
que regula la unión concubinaria nos merece serios reparos. Si bien procuraría
proteger algunos derechos de los compatriotas que viven en esta situación o son
afectados por ella, no puede aceptarse la equiparación de la unión de hecho con
el matrimonio que comporta un conjunto de previsiones que protegen su
finalidad, su armonía y su estabilidad, a través de la mutua fidelidad.
2. Otra valoración merece la inclusión
de las parejas homosexuales en la categoría de uniones concubinarias. De
ninguna manera puede aceptarse que la convivencia homosexual, que no reúne las
condiciones básicas que definen el matrimonio, se equipare con él.
Pensamos que el bien que se pretende
a favor de las situaciones que existen desde hace tiempo en nuestro medio no
debe afectar negativamente a la institución familiar reconocida por nuestra Constitución y
necesitada hoy de todo el cuidado y el estímulo que le debe ofrecer la sociedad
en su conjunto.
3. No es positivo ni aceptable
desdibujar o debilitar la imagen del matrimonio como base de
Reconocemos en cambio los variados
esfuerzos que desde distintos ámbitos procuran fortalecer a la familia.
Florida, 27 de
abril de 2007.
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Razones para votar en contra del proyecto
de legalización
de las uniones concubinarias
Instituto Pastoral de Bioética Juan Pablo II
El Parlamento está discutiendo en estos días, el proyecto de legalización de las uniones concubinarias. A continuación exponemos algunas de las razones por las cuales no se debería aprobar esta ley.
Ante todo hay que recordar que "Con el reconocimiento público de las
uniones de hecho, se establece un marco jurídico asimétrico: mientras la
sociedad asume obligaciones respecto a los convivientes de las uniones de
hecho, éstos no asumen para con la misma las obligaciones esenciales propias
del matrimonio. La equiparación agrava esta situación puesto que privilegia a
las uniones de hecho respecto de los matrimonios, al eximir a las primeras de
deberes esenciales para con
"A la familia no pueden ser jurídicamente equiparadas otras formas de convivencia, ni éstas pueden recibir, en cuanto tales, reconocimiento legal."(2)
Una ley absurda
Surge del proyectado "Artículo 1º. (Ámbito de
aplicación)” que:
“La convivencia interrumpida de al menos cinco años en unión
concubinaria more uxorio genera los derechos y obligaciones que se establecen en
la presente ley (artículos 2º al 13); sin perjuicio de la aplicación de
las normas sustantivas pertinentes a las uniones de hecho no reguladas por la
presente norma."
Debemos preguntarnos por que razón quien toda su vida quiso vivir en la informalidad y evadir responsabilidad bajo el lema "hay cosas más importantes que la libreta de matrimonio", ahora va a optar por registrarse como concubino para obtener ciertos derechos. Quien resuelva cambiar de punto de vista y regularizar su situación mejor es que se case y no que formalice el concubinato.
Parece absurdo querer formalizar lo que por voluntad de los propios involucrados es informal. No parece razonable legalizar una unión de hecho por vía de esta ley, cuando ya existe una ley que permite formalizar las uniones concubinarias -una vez disuelto el eventual vínculo anterior-, que se llama matrimonio.
Para calibrar el alcance de esta ley, basta evaluar qué pasaría, una vez aprobada esta ley, con las uniones libres no registradas oficialmente. En otras palabras, no queda claro donde está el límite entre la relación formal y la informal, una vez borrada la línea que separa el matrimonio civil (unión formal) del concubinato (unión informal).
Legalización de la poligamia
En el Artículo 2º del proyecto se establece:
"(Caracteres). A los efectos de esta ley se considera unión
concubinaria "more uxorio" a la situación de hecho derivada de la
comunidad de vida de dos personas -cualquiera sea su sexo, identidad,
orientación u opción sexual- que mantienen una relación afectiva de índole
sexual, de carácter exclusiva, singular, estable y permanente, sin estar unidas
por matrimonio entre sí y que no resulta alcanzada por los impedimentos
dirimentes establecidos en los numerales 1º, 2º, 4º y 5º del artículo 91 del Código
Civil."
En forma sutil se ha salteado el inciso 3 que dice: "el vínculo no disuelto de un matrimonio anterior". O sea que no opera como impedimento de la formalización del nuevo vínculo heterosexual u homosexual el estar previamente unido en matrimonio.
Esto trae como lógica consecuencia
que se puede formalizar una relación concubinaria o más sin haber disuelto el vínculo
matrimonial anterior acumulando formalmente dos o mas
vínculos dentro de
No parece necesario aquí explicar los
inconvenientes de una sociedad en la que reine
En el proyectado artículo 15º se establece:
"Agrégase al artículo 127 del Código Civil, el siguiente inciso:
La obligación de fidelidad mutua cesa, si los cónyuges no viven de
consuno."
Se desprecia aquí el deber esencial del vínculo matrimonial y familiar que es el de la fidelidad entre esposos y se pretende legalizar la omisión de este deber sin dar ningún tipo de explicación ni fundamento. La pregunta que nos queda por hacer es: ¿para qué contraer matrimonio si no va a regir el deber de fidelidad?
Todo lo expuesto es el más claro y grave atentado que se ha cometido en proyectos de ley contra la familia uruguaya desde que existe el Parlamento uruguayo, tratando de destruir sus mismos fundamentos.
Adviértase que concebir el matrimonio como una relación heterosexual y manifestar que la fidelidad es el sustento del vinculo matrimonial no es patrimonio exclusivo de los cristianos, sino que estos criterios son propios de la misma naturaleza humana y deben defenderse más allá de los credos y las religiones por todos quienes realmente se preocupen por el futuro de su familia y del país.
No sólo se intenta legalizar la poligamia (art. 2), sino que al cesar la obligación de fidelidad mutua se legaliza el adulterio. Pensemos en el panorama que eso abre para los hijos que eventualmente nacerán de estas uniones. Nacer dentro de una familia integrada por un padre y una madre claramente identificables, será algo extraño. ¿Acaso el objetivo que se busca es que las mujeres "produzcan hijos" al margen de una familia para que los eduque el Estado?
Uniones homosexuales
La persona homosexual merece el máximo respeto. Pero una cosa es la persona y otra los actos que se pretenden legalizar con esta ley que son claramente atentatorios contra la ley moral natural.
El proyecto apunta a legalizar las uniones homosexuales. Lo paradójico del caso es que uno de los firmantes del proyecto original (octubre de 2003), con anterioridad a esa fecha afirmó que el concepto de concubinato en la legislación uruguaya, es derivado del concepto de matrimonio y que, por tanto, sólo puede aplicarse a la unión entre un hombre y una mujer(3). Así, ni siquiera se podría denominar a la ley "de unión concubinaria", porque este término lo reserva el Derecho uruguayo exclusivamente para las uniones de hecho heterosexuales.
Aclaramos por otra parte, que el ordenamiento jurídico vigente permite a los homosexuales proteger sus derechos civiles. Pueden establecer sociedades civiles en las que las partes convengan a qué derechos y deberes se obligan, pudiendo variar la forma del contrato en cada caso. La libertad y variedad de sociedades es muy amplia. Igualmente, las parejas homosexuales tienen la posibilidad de hacer testamentos recíprocos que beneficien mutuamente a ambos interesados.
A nuestro juicio, la única justificación para no aprovechar las leyes civiles vigentes y promover una ley que empiece a equiparar los deberes y derechos del matrimonio con los de las parejas homosexuales, es la importancia que estas parejas dan a la adopción de niños. No abundaremos en detalles sobre la inconveniencia de esta práctica. Sólo diremos que está más que comprobada la importancia que tiene para los niños la presencia simultánea de las figuras paterna y materna en el hogar.
Se trata de un proyecto de ley claramente inconstitucional
En la Exposición de Motivos del proyecto original, se afirma lo siguiente:
"El
artículo 40 de la
Constitución establece que: "La familia es la base de nuestra
sociedad" e impone al Estado la obligación de velar "por su
estabilidad moral y material". Dicho precepto constitucional no hace
referencia a un modelo de familia determinado ni predominante, lo que hace
necesaria una interpretación amplia de lo que debe entenderse como tal, consecuente
con la realidad social actual."
En realidad, lo que dice el Art. 40 de la Constitución, es lo siguiente:
"La familia es la base de nuestra sociedad. El Estado velará por su estabilidad moral y material, para la mejor formación de los hijos dentro de la sociedad." ¿Por qué se amputó intencionalmente esta parte del articulo? La intención es obvia: querer presentar a la familia desvinculada de los hijos, lo que no sólo es antinatural sino inconstitucional.
Con sólo consultar los antecedentes
de esta norma (Acta 39 de
Por si alguna duda quedare, la sistemática con el art. 41 del mismo cuerpo normativo confirma este criterio al sobrentender a la familia como una relación humana de la que puedan nacer hijos. Por esta razón la norma referida señala que el cuidado y educación de los hijos es un deber y un derecho de los padres. Es obvio entonces que lo que la Constitución entiende por familia es una institución basada en el matrimonio e integrada por un padre, una madre y sus hijos (naturales o legales).
La conclusión obvia es que si un
proyecto de ley pretende asimilar en derechos a las relaciones homosexuales y
las heterosexuales es inconstitucional, pues
Discriminar es tratar igual a los desiguales
Los partidarios del proyecto han manifestado que a lo que se aspira es a eliminar discriminaciones injustas, pues deben protegerse los sentimientos de las parejas homosexuales de la misma forma que se protegen los sentimientos en las relaciones heterosexuales. En realidad, con la familia heterosexual no se protegen sentimientos sino la base de la misma sociedad como ámbito en el que se pueden y deben formar los hijos. Pero lo que es realmente discriminatorio es pretender un trato igual para relaciones sustancialmente diferentes.
El matrimonio como vínculo de un hombre y una mujer es la familia que hoy y siempre será la base de la sociedad
Para terminar, hay que decir que las parejas unidas en matrimonio, contribuyen a “garantizar el orden de la procreación”. “El derecho civil les confiere un reconocimiento institucional” porque son “de eminente interés público". Por eso "constituye una grave injusticia sacrificar el bien común y el derecho de la familia con el fin de obtener bienes que pueden y deben ser garantizados por vías que no dañen a la generalidad del cuerpo social."
Por lo expuesto, ante un proyecto de ley que promueva la legalización de las uniones homosexuales, "el parlamentario católico tiene el deber moral de expresar clara y públicamente su desacuerdo y votar contra el proyecto de ley. Conceder el sufragio del propio voto a un texto legislativo tan nocivo del bien común de la sociedad es un acto gravemente inmoral"(4).
Conclusión
Este
proyecto de ley es un síntoma del estado actual de nuestra cultura. No hemos
superado el hambre y la pobreza, pero nos damos el lujo de perder tiempo y
energía discutiendo leyes que, como ésta, no contribuyen en lo más mínimo al
bien común de
Notas:
1) Pontificio Consejo para la Familia, Familia, Matrimonio y Uniones de Hecho, 26 de julio de 2000, n. 16.
2) Congregación para la Doctrina de la Fe, Nota doctrinal sobre algunas cuestiones relativas al compromiso y la conducta de los católicos en la vida política, 24 de noviembre de 2002, n. 4.
4) Congregación para la Doctrina de la Fe, Consideraciones acerca de los proyectos de reconocimiento legal de las uniones entre personas homosexuales, 3 de junio de 2003, nn. 9 y 10.
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Carta Pastoral
del Obispo de Querétaro (Mons. Mario De Gasperín)
Carta Pastoral para reafirmar y aclarar algunos conceptos que utiliza
el Magisterio eclesiástico en el campo de lo social y estimular a los fieles
laicos a asumir más plenamente sus responsabilidades en la vida pública.
[Para acceder al
texto completo, haga click sobre el título].
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|
Reina del cielo alégrate, aleluya.
Oremos Oh Dios, que por la resurrección de tu Hijo, nuestro Señor
Jesucristo, |
Regina caeli laetáre, allelúia. Orémus Deus, qui per resurrectiónem Fílii tui |
Fuente: Catecismo de la Iglesia
Católica – Compendio, Apéndice, A) Oraciones comunes.
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