Fe y Razón
Revista virtual gratuita
Desde Montevideo (Uruguay), al servicio de la
evangelización de la cultura
Nº 9 – Octubre de 2006
“Omne verum, a quocumque dicatur, a Spiritu
Sancto est”
“Toda
verdad, dígala quien la diga, procede del Espíritu Santo” (Santo Tomás de
Aquino)
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Equipo de “Fe
y Razón”
Equipo de Dirección: Diác.
Colaboradores: Dr.
Damos una cálida bienvenida al Equipo de “Fe y Razón” al Cr. Rafael Menéndez,
miembro de
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Sección |
Título |
Autor o Fuente |
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Editorial |
Uruguay, tierra de misión que sufre
una amplia ofensiva contra la familia y la vida |
Equipo
de Dirección |
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Tema
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Varios
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Tema
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Cardenal
Joseph Ratzinger |
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Tema
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Catecismo
de la Iglesia Católica - Compendio |
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Familia
y Vida |
Pontificio
Consejo para la Familia |
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Familia
y Vida |
Lic.
Néstor Martínez |
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Familia
y Vida |
Asociación Civil “Derecho y Vida” |
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Familia
y Vida |
Asociación Civil “Derecho y Vida” |
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Familia
y Vida |
Dra. Dolores Torrado |
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Teología |
Papa Benedicto XVI |
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Oración |
Catecismo
de la Iglesia Católica - Compendio |
Uruguay, tierra de misión que sufre una amplia ofensiva contra la
familia y la vida
Equipo de Dirección
Dado que la Iglesia Católica considera a octubre como un mes dedicado especialmente a las misiones, desde hace tiempo habíamos decidido dedicar el tema central de este número de “Fe y Razón” al estado de la misión evangelizadora de la Iglesia Católica en nuestro país, el Uruguay. Como veremos luego, una serie de importantes acontecimientos recientes nos han impulsado a agregar un segundo tema principal, referido a tres inicitivas legislativas tendentes a legalizar en el Uruguay respectivamente las “uniones concubinarias”, el “testamento vital” y el aborto y la “perspectiva de género”.
1. Uruguay, tierra de misión.
En su edición del día 21/07/2006, el diario “El País” de Montevideo informó lo siguiente:
“Según
"¿Cómo se definiría usted desde el
punto de vista religioso?", fue una de las preguntas en
Esta encuesta –que, hasta donde sabemos, sería la primera encuesta del INE en abordar el fenómeno religioso- muestra que, probablemente por primera vez en la historia, los católicos somos minoría en el Uruguay. Una minoría muy importante: casi la mitad de la población, que representa a la vez una amplia mayoría relativa dentro de las distintas definiciones en materia religiosa; pero minoría al fin.
Los datos sociológicos sobre el porcentaje notoriamente decreciente de católicos en Uruguay en las últimas décadas nos invitan a pensar acerca del estado de la misión de la Iglesia Católica en nuestro país. Con motivo del IV Sínodo Arquidiocesano de Montevideo, celebrado el año pasado, tuvimos ocasión de reflexionar sobre ese asunto, aunque acotado a nuestra diócesis, que reúne a algo menos de la mitad de la población del Uruguay. Si bien el tema de la relación de la Iglesia con los católicos más o menos alejados de ella, los cristianos no católicos, los creyentes no cristianos y los no creyentes no fue uno de los temas que acapararon en mayor grado la atención de este Sínodo, en definitiva tampoco estuvo ausente. En este número publicamos pues dos aportes presentados al Sínodo (uno de ellos en una versión revisada) que de distintas maneras se aproximan a nuestro tema. Incluimos además una reflexión a partir del Instrumentum Laboris de la 11ª Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos (celebrada en Roma en octubre de 2005) y un texto del Cardenal Ratzinger (actual Papa Benedicto XVI), que nos parece iluminador acerca del mismo tema.
2. La nueva evangelización requiere el nuevo
ardor de los católicos.
Los problemas que queremos tratar aquí no son exclusivos del Uruguay. A continuación citaremos dos pasajes de un libro de Scott Hahn, pastor y teólogo presbiteriano de los Estados Unidos convertido al catolicismo. Estos pasajes describen de un modo impactante la situación de debilitamiento del impulso misionero en buena parte de la Iglesia Católica en el período post-conciliar.
El primer pasaje se refiere a la época en que Scott Hahn era un joven protestante fervorosamente anticatólico:
“Me dedicaba con especial entusiasmo a los católicos, por compasión hacia sus errores y supersticiones. Cuando dirigía estudios sobre la Biblia para alumnos de Secundaria, preparaba estratégicamente mi charla para llegar a los chicos católicos, que me parecían tan perdidos y confusos. Lo que más me alarmaba era su ignorancia, no sólo de la Biblia, sino de las enseñanzas de su propia Iglesia. Me daba la impresión de que los estaban tratando como conejillos de indias en sus propios programas de catequesis. Por tanto, hacerles ver los errores de su Iglesia resultaba tan fácil como acertar a patitos de plástico metidos en un barril.” (Scott y Kimberly Hahn, Roma, dulce hogar. Nuestro camino al catolicismo, Ediciones Rialp, Madrid 2001, p. 30).
El segundo pasaje narra dos hechos ocurridos en una época en que las creencias protestantes de Scott Hahn habían sufrido grandes conmociones y se sentía atraído por la verdad cristiana que comenzaba a percibir en el catolicismo:
“Fue duro, porque ella [su esposa, Kimberly] no quería saber nada de la Iglesia católica, y resultó más duro aún
porque varios sacerdotes a los que visité tampoco querían hablar sobre su
Iglesia. Cada dos por tres yo me escapaba en busca de un sacerdote que pudiera
contestar a algunas de las dudas que aún me quedaban; pero uno tras otro me
desilusionaban. A uno de ellos le pregunté:
-Padre Jim, ¿qué debo hacer, convertirme al catolicismo?
-Antes que nada –me dijo-, no me llame “padre”, por favor. En segundo
lugar, creo que en realidad usted no necesita convertirse. Después del Vaticano
II eso no es muy ecuménico. Lo mejor que puede hacer es, simplemente, ser mejor
como presbiteriano. Le hará más bien a la Iglesia católica si usted se mantiene
en lo que es.
Asombrado, le contesté:
-Mire, padre, yo no estoy pidiendo que me tome del brazo y me haga
católico a
Él contestó fríamente:
-Bueno, si lo que quiere es alguien que le ayude en su conversión, yo
no soy la persona adecuada.
Me quedé helado.
De vuelta a casa le pedí al Señor que me guiara hacia alguien que
pudiera resolver mis dudas y mis inquietudes, y de repente tuve una idea: tal
vez debía inscribirme en cursos de teología de una universidad católica.
Envié mi solicitud para el programa de doctorado de Duquesne
University, en Pittsburgh, donde me aceptaron y me ofrecieron una beca. Cada
semana viajaba hasta allí en coche para asistir a las clases. En algunos de los
seminarios era el único protestante, y el único estudiante que defendía al Papa
Juan Pablo II. ¡Eso era lo paradójico! Al final me vi explicándoles a los
sacerdotes (e incluso a ex sacerdotes) cómo ciertas creencias católicas tenían
su fundamento en la Biblia, especialmente en su teología de
Finalmente Scott primero y
Kimberly después fueron incorporados a la plena comunión con
3. Una amplia ofensiva contra la familia y la
vida.
El pasado 12 de septiembre el Senado uruguayo aprobó (con 25 votos a favor y sólo dos en contra) un proyecto de ley que otorga reconocimiento y protección legal a las uniones concubinarias con al menos cinco años de convivencia, concediendo a dichas uniones, tanto heterosexuales como homosexuales, derechos y deberes análogos a los del matrimonio. El artículo correspondiente a las uniones homosexuales fue aprobado con 16 votos a favor y 12 en contra. Según el proyecto aprobado, una persona casada podría unirse en concubinato legal con otra persona distinta de su cónyuge, por lo cual se estaría legalizando una especie de bigamia. Además dicho proyecto no establece ninguna clase de impedimentos dirimentes, por lo cual las uniones concubinarias legales podrían ser incestuosas o involucrar a menores, por ejemplo.
El art. 40 de
Ahora este proyecto de ley debe ser considerado por la Cámara de Representantes. Te invitamos a enviar un mensaje a todos los Diputados, pidiéndoles que rechacen este proyecto de ley gravemente injusto e inconstitucional. Puedes hacerlo desde la siguiente página web: http://es.geocities.com/yazgur1/index.htm
Además, a principios del mismo mes de septiembre, dio un nuevo paso en el Parlamento uruguayo un proyecto de ley que permite a una persona negarse a recibir tratamientos que prolonguen artificialmente su vida cuando se encuentre en estado terminal. La propuesta, elaborada por los Diputados Luis Gallo y Washington Abdala fue aprobada por unanimidad en la Comisión de Salud de la Cámara de Representantes. La persona podrá oponerse por escrito a la aplicación de tratamientos médicos que prolonguen su vida "con dolor, angustia o daño", cuando esté en el estado terminal de una enfermedad "crónica, incurable o irreversible". El procedimiento, llamado ahora "voluntad anticipada" y ya no “testamento vital”, requerirá la firma del titular y de dos testigos. En caso de que la persona no haya expresado su deseo y se encuentre incapacitada de hacerlo, el médico tratante podrá tomar la decisión, con el aval de los familiares directos.
Este proyecto de ley está redactado en términos tan amplios e imprecisos que abre las puertas no sólo a la adistanasia (rechazo al encarnizamiento terapéutico), lo cual es su intención declarada, sino también a la eutanasia, violando así el fundamental derecho humano a la vida.
Por último, la prensa ha informado que varios legisladores del partido de gobierno, haciendo caso omiso del anunciado veto presidencial, insistirán para que el Parlamento trate lo antes posible el proyecto de ley que legalizaría el aborto e impondría la “perspectiva de género” como ideología oficial del Estado uruguayo.
Estas tres iniciativas legislativas, que convergen en un corto espacio de tiempo, son las puntas de lanza de una amplia ofensiva contra el derecho a la vida y los derechos de la familia en nuestro país. Todos los católicos fieles al Magisterio de la Iglesia debemos esforzarnos por hacer frente a esta ofensiva y por hacerlo juntos, con la fuerza de la razón.
¡Que el Señor ilumine a nuestros gobernantes y a todos nosotros, ciudadanos del Uruguay, para que estemos a la altura de los acontecimientos de esta hora crítica!
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Contenidos
Consideraciones generales sobre la situación
de la Iglesia Católica
en Montevideo
Varios miembros sinodales
1)
Contexto social
La sociedad uruguaya (y sobre todo la
montevideana) está fuertemente secularizada desde hace más de un siglo. En
nuestra cultura predomina un secularismo radical, que pretende excluir
totalmente a la religión del espacio público. En este contexto los cristianos,
aunque somos una mayoría cuantitativa, vivimos como una minoría cualitativa,
sin una influencia predominante en
La post-modernidad ha traído consigo un
auge del relativismo, ideología que cada vez más tiende a ser considerada
erróneamente como un requisito básico para la convivencia democrática. Quien
tiene la certeza de conocer la verdad acerca de asuntos religiosos, filosóficos
o morales es fácilmente tachado de fundamentalista e intolerante. La mayoría de
los medios de comunicación social contribuyen a difundir la mentalidad
relativista.
Las sucesivas crisis económicas de las
últimas décadas han provocado el empobrecimiento de una parte considerable de
la población de Montevideo (y también del Interior de la República) y han
convertido al Uruguay en un país de emigración.
También ha crecido en nuestra diócesis la llamada “cultura de la muerte”, que desconoce el derecho a la vida y los demás derechos naturales de la familia y procura destruir la concepción cristiana del matrimonio y la familia.
2) Situación eclesial
En los 40 años posteriores a la finalización del Concilio Vaticano II ha crecido notablemente el influjo del secularismo dentro de nuestra Iglesia local. En particular, la teología de la liberación de inclinación marxista tendió a secularizar la esperanza cristiana, asignando al sistema socialista la virtud salvífica que corresponde al Reino de los Cielos.
Esto condujo, sobre todo
durante el período 1965-
Todo esto produjo en la Iglesia de Montevideo conflictos y hasta divisiones que aún no han terminado de sanar. Salvo casos aislados, no se contesta abiertamente al Magisterio de la Iglesia, pero a menudo no se lo asume íntegramente con lealtad. Se tiende a subestimar los logros del período pre-conciliar (por ejemplo, caracterizando el período 1920-1960 de la historia de la Iglesia uruguaya como el del “ghetto católico”) y a considerar el último Concilio casi como un nuevo comienzo absoluto.
En la Pastoral de Conjunto
de la Iglesia montevideana se aprecia un predominio excesivo del principio
parroquial-territorial y una acentuación unilateral de una forma específica de
participación en la Iglesia: la de las pequeñas comunidades en
Los problemas se multiplican: Muchos colegios católicos y muchas otras organizaciones católicas (por ejemplo, de promoción humana) enfrentan una crisis de su identidad católica. Abundan los divorcios y escasean las vocaciones al sacerdocio y a la vida religiosa. La grave amenaza de la “cultura de la muerte” no es enfrentada adecuadamente debido a la división y la debilidad política de los católicos.
3)
Situación religiosa
Por lo común los católicos montevideanos tienen un nivel de formación doctrinal muy inferior al correspondiente a su cultura general, lo cual contribuye a que la mayoría cuantitativa de católicos se manifieste como una minoría cualitativa.
Muchos católicos
montevideanos están alejados de la Iglesia: no creen en dogmas fundamentales de
la fe cristiana o tienen opiniones contrarias a aspectos esenciales de la moral
católica. Además, la gran mayoría de los católicos montevideanos no practica la
oración personal ni participa en
Por otra parte, muchas
sectas y nuevos movimientos religiosos han arraigado y crecido en Montevideo en
las últimas décadas, ofreciendo respuestas a las cuestiones religiosas a
quienes ya no las buscan o encuentran en
4)
Propuestas generales
Creemos que, ante esta difícil
situación, resulta necesario asumir como primera prioridad pastoral la vocación
universal a la santidad, según lo planteado por el Papa Juan Pablo II en la
carta apostólica Novo Millennio Ineunte nn. 30-31 y lo expuesto por
nuestro Arzobispo en la 3ª Reunión de
En segundo lugar, creemos
necesario renovar el impulso misionero de nuestra Iglesia (bastante alicaído en
las últimas décadas), dejándonos guiar por el Magisterio del Papa Juan Pablo
II, quien llamó a toda la Iglesia a una evangelización nueva en su ardor, en
sus métodos y en su expresión. La comunión con Cristo conduce a
En tercer lugar, opinamos que se requiere dar pasos concretos para cumplir efectivamente lo dispuesto en el Plan Pastoral San Felipe y Santiago Siglo XXI (cf. n. 4,4) acerca de la incidencia transversal de la familia en toda la pastoral de conjunto, tomando en cuenta debidamente las relaciones familiares de cada ser humano alcanzado por nuestras acciones pastorales.
Por último, nos parece
imprescindible realizar un esfuerzo masivo para mejorar la formación doctrinal
de los católicos montevideanos, en plena sintonía con el Magisterio de
[Nota de Fe y Razón: Omitimos los párrafos finales del documento porque se refieren a temas internos del Sínodo que en este momento carecen de interés general].
IV Sínodo Arquidiocesano de Montevideo, 8 de julio de
2005.
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a la Tabla de Contenidos
Algunas reflexiones pastorales a
partir del Instrumentum Laboris
·
“La Eucaristía es también el punto culminante de cada proyecto
pastoral, de cada actividad misionera, y es el núcleo de la evangelización y de
la promoción humana.” (Instrumentum Laboris, n. 91). Por consiguiente:
o Dado que la Eucaristía es
fuente y cumbre de la vida y de la misión de la Iglesia, ella debe estar en el
centro de todo plan pastoral; y la promoción de una adecuada participación de
los fieles cristianos en la Eucaristía (sobre todo dominical) debe ser
considerada como una prioridad pastoral de máxima importancia.
o Dado que la Eucaristía es
fuente de la vida de la Iglesia, ella debe producir en el fiel cristiano frutos
de santidad y justicia, lo cual incluye las obras de misericordia corporal y
espiritual; y dado que la Eucaristía es cumbre de la vida de la Iglesia, toda
acción pastoral (incluso la pastoral social) debe conducir hacia la comunión
eucarística.
·
La participación asidua en la Eucaristía
dominical es muy baja en Montevideo. Según
· En algunos ámbitos, los expertos en catequesis suelen denunciar la catequesis “sacramentalista”. Esta denuncia puede ser compartida si el “sacramentalismo” se entiende como un ritualismo legalista, vacío de genuino contenido espiritual; no obstante, pensamos que a menudo esta denuncia tiende a oponer falsamente liturgia y vida, espiritualidad y compromiso social, etc. Desde los primeros siglos de la historia de la Iglesia la catequesis ha estado relacionada con la preparación para la recepción de los sacramentos y es natural que así sea. Si esa preparación es adecuada, no hay que temer que conduzca de por sí a una práctica sacramental divorciada de la vida cotidiana.
· A menudo nuestras celebraciones litúrgicas manifiestan diversos signos de descuido en su preparación: demasiados lectores leen mal; demasiados cantores cantan mal; demasiados cantos son inadecuados o deficientes desde el punto de vista litúrgico; demasiadas homilías son improvisadas o rutinarias. Sería conveniente ofrecer cursos periódicos a las personas que cumplen distintos ministerios o servicios en la liturgia, para capacitarlos específicamente para el ejercicio de sus respectivas funciones.
·
Nos hace falta cultivar más el sentido del
misterio y la actitud de reverencia ante la grandeza y la santidad de la acción
sagrada realizada en
·
El debilitamiento del sentido del misterio en la
liturgia es correlativo al debilitamiento del sentido del misterio de
·
Hoy muchos sacerdotes tienden a no manifestar
visiblemente su condición de tales (por ejemplo en su vestimenta) y a no
acentuar el carácter diferencial de su vocación particular con respecto al
sacerdocio común de los fieles. A menudo se enfatiza tanto la
corresponsabilidad pastoral con los fieles laicos que se pierde de vista o se
teme ejercer la responsabilidad última del pastor en materia pastoral (por
ejemplo, la del párroco en su parroquia). Algunos incluso desestiman la palabra
“sacerdote” y prefieren utilizar exclusivamente el término “presbítero”. Éstos
son sólo algunos de los signos de cierta crisis de la identidad sacerdotal que
afecta también necesariamente a la celebración eucarística (por ejemplo, cuando
sin necesidad se recurre a fieles laicos para la distribución de la comunión en
·
Nos parece muy desacertada la tendencia a
postergar cada vez más la recepción de los sacramentos de la Eucaristía y
·
También en Uruguay se constata una “gran
desproporción entre los muchos que comulgan y los pocos que se confiesan” (Instrumentum
Laboris, n. 23). Entre las diversas causas de este fenómeno podemos señalar
la escasa dedicación de muchos sacerdotes al sacramento de la Reconciliación y
la pobre formación de muchos fieles en lo que respecta a la Eucaristía, el
pecado y
· En nuestro país el ayuno eucarístico casi ha caído en desuso. Probablemente la mayoría de los católicos jóvenes ni siquiera es consciente de la existencia de esa norma. Nos parece muy oportuna la idea de restablecer “la obligación de las tres horas de ayuno eucarístico” (Instrumentum Laboris, n. 24).
· “Es importante salvaguardar el domingo como día no laborable, sobre todo en los países con raíces cristianas.” (Instrumentum Laboris, n. 71). En Uruguay, país fuertemente secularizado desde hace aproximadamente un siglo, mucha gente trabaja los domingos. Uno de los objetivos inmediatos de la acción política de los católicos debería ser el restablecimiento, en la medida de lo posible, del descanso dominical de los trabajadores.
·
Nos parece excelente la idea de promover las “homilías
temáticas, que durante el curso de un año litúrgico puedan presentar
los grandes temas de la fe cristiana: el Credo; el Padre Nuestro; la estructura
de
· Considerando las características geográficas y demográficas de Montevideo y la cantidad total de sacerdotes del clero arquidiocesano secular y religioso, pensamos que, mediante una generosa respuesta de los sacerdotes y una buena organización, sería posible reducir a un mínimo la cantidad de comunidades católicas que se ven privadas de la celebración eucarística dominical.
· “Es necesario reconsiderar los cantos actualmente en uso. La música instrumental y vocal, si no posee contemporáneamente el sentido de la oración, de la dignidad y de la belleza, se excluye a sí misma del ámbito sacro y religioso.” (Instrumentum Laboris, n. 61). Podría ser conveniente publicar un libro de cantos oficial en cada Diócesis o uno para todo el país, seleccionando cuidadosamente los cantos incluidos.
·
“Cada parroquia, por otra parte, podría
organizar un día solemne de exposición del Santísimo Sacramento, de modo tal
que en las diócesis, sobre todo en aquellas de una cierta grandeza, cada semana
el Pueblo de Dios pudiera adorar al Señor-Eucaristía en una de las parroquias.”
(Instrumentum Laboris, n. 66). Esta interesante propuesta es aplicable
en Montevideo, donde hay unas 77 parroquias (se requieren 52 para organizar un
ciclo anual).
·
“Existen católicos que no comprenden por qué
es pecado sostener políticamente un candidato abiertamente favorable al aborto
o a otros actos graves contra la vida, la justicia y la paz.” (Instrumentum
Laboris, n. 73). Es necesario mejorar la formación y la información de los
fieles al respecto, superando cualquier falso respeto humano o indebido interés
partidista.
· “Sin embargo, hay respuestas que indican algunos aspectos menos alentadores: ...; la clausura de las iglesias, a veces, por temor a los robos, durante gran parte de la jornada, impidiendo la adoración eucarística privada de los fieles.” (Instrumentum Laboris, n. 75). Este problema podría ser superado mediante la organización de grupos de fieles que se comprometan a rezar periódicamente en las iglesias, haciéndose cargo a la vez de la vigilancia durante sus respectivos turnos.
· “Sería deseable que los cristianos de todos los países supieran rezar y cantar en latín algunos textos fundamentales de la liturgia, como el Gloria, el Credo y el Padre Nuestro.” (Instrumentum Laboris, n. 81). ¿No será posible lograr esto en Uruguay, país latino-americano?
·
“La Eucaristía es la respuesta a los signos
de los tiempos de la cultura contemporánea. A la cultura de la muerte, la
Eucaristía responde con la cultura de
Montevideo, 23 de septiembre de 2005.
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a la Tabla de Contenidos
La religiosidad de los montevideanos
Plantearemos algunas reflexiones y propuestas
pastorales a partir de los datos estadísticos sobre la religiosidad de los
montevideanos aportados por los siguientes dos libros:
·
Néstor
Da Costa - Guillermo Kerber -
·
Néstor
Da Costa, Religión y Sociedad en el Uruguay del siglo XXI. Un estudio de la
religiosidad en Montevideo, CLAEH - CUM, Montevideo, 2003 (en adelante
citado como NDC).
Las encuestas en las que se basan dichos libros fueron realizadas en 1994
y 2001 respectivamente.
1. Datos principales.
En este capítulo presentaremos los datos acerca de la religiosidad de los montevideanos que consideramos más importantes, según los resultados de las encuestas referidas, clasificándolos como positivos o negativos para la fe católica y añadiéndoles en ocasiones algún comentario. Es preciso tener en cuenta que dichos resultados se refieren a la autodefinición religiosa de las personas encuestadas.
1.1 Aspectos positivos.
· Uruguay seguía siendo un país de población mayoritariamente católica:
Los católicos eran el 47,9% de la población de Montevideo en 1994 (DKM p. 55) y el 54,0% en 2001 (NDC p. 91). Dado que es muy probable que el porcentaje de católicos del Interior de la República sea algo superior al de Montevideo, consideramos seguro afirmar que en esos años los católicos eran mayoría absoluta en el Uruguay.
· Una amplia mayoría de los montevideanos se auto-definen como cristianos: el 60,5% en 1994 (DKM p. 55) y el 65,6% en 2001 (NDC p. 91). Hemos sumado los porcentajes de los católicos y de los cristianos no católicos, incluyendo en este último grupo a los cristianos de otras denominaciones y a los cristianos no afiliados a ninguna denominación.
· Una amplísima mayoría de los montevideanos creen en la existencia de Dios: el 80,6% en 1994 (DKM p. 60) y el 81,0% en 2001 (NDC p. 86).
·
Casi la mitad de los montevideanos realizan una
evaluación positiva o muy positiva de la Iglesia Católica: el 48,9% en 1994
(DKM p. 78) y el 48,3% en 2001 (NDC p. 147). Dado que las evaluaciones
negativas o muy negativas son minoritarias, el saldo final de imagen de la
Iglesia Católica es muy positivo. También el Papa, los Obispos, los sacerdotes
y las religiosas tienen saldos de imagen positivos (DKM p. 83; NDC p. 147).
·
La Iglesia Católica es, con mucha ventaja, la
institución en la que los montevideanos confían más. Además de la Iglesia, la
única institución con saldo positivo de confianza es el Poder Judicial. Los
cultos afro-brasileños y las iglesias pentecostales cierran la lista de
instituciones evaluadas, presentando saldos de confianza muy negativos (NDC p.
163; datos similares en DKM p. 87), lo cual hace pensar que difícilmente puedan
seguir ganando muchos adeptos a mediano plazo.
· Alta valoración de la familia: el 82,1% de los montevideanos le asigna mucha importancia. La familia es, con bastante ventaja, el más valorado de los ámbitos de la vida social (DKM p. 47).
1.2 Aspectos negativos:
·
Los católicos disminuyen: En los últimos
cincuenta años el porcentaje de católicos ha seguido, con altibajos, una clara
tendencia decreciente: 67,0% en 1955, 72% en 1964, 47,9% en 1994 y 54,0% en
2001 (NDC p. 107). La encuesta de 1955 parece haber sido menos precisa: la
unidad en estudio era la familia, por lo cual un solo integrante de la familia
aportaba los datos de todos los integrantes de la misma (NDC p. 101). Dejando
pues de lado esa encuesta, resulta que en un período de 37 años (de
·
Hay malas perspectivas para el futuro próximo:
el porcentaje de católicos decrece sistemáticamente a medida que decrece la
edad de los montevideanos. Mientras que entre las personas de 65 años o más los
católicos ascienden al 61,9%, entre las personas de
· Amenazas internas:
Las encuestas consideradas abundan en datos preocupantes acerca del bajo grado de adhesión a la Iglesia de muchos montevideanos que se definen como católicos. A continuación mencionaremos algunos de esos datos, agrupándolos según se refieran a la doctrina, a la liturgia o la oración personal o a la moral.
· Católicos “a la carta”:
Muchos católicos no creen en doctrinas católicas fundamentales:
o El 79,1% de los católicos cree que Jesús es el Hijo de Dios hecho hombre (DKM p. 64).
o El 42,3% de los católicos opina que después de la muerte se resucita o se produce un encuentro con Dios (DKM p. 68). Sin embargo muchos creen en la reencarnación: 8,6% en 1994 (DKM p. 68) y 28% en 2001 (NDC p. 96).
o El 75% de los católicos cree en el alma, el 64% en el pecado, el 48% en el Paraíso, el 27% en el diablo, el 24% en el infierno y el 21% en la infalibilidad papal (NDC p. 96).
o El 24% de los católicos opina que la religión es el opio de los pueblos y el 28% que es un consuelo que se inventa la gente (NDC p. 99).
En general el grado de incongruencia con la doctrina católica no se reduce mucho si nos limitamos a considerar a los católicos practicantes o muy practicantes.
· Católicos “no practicantes”:
El grado de práctica del culto católico es muy bajo:
o Sólo el 14,4% de los católicos se define a sí mismo como practicante o muy practicante. El 36,1% se define como “no muy practicante” (o sea, poco practicante) y el 47,7% como no practicante (NDC p. 94). Sin embargo, un 51,9% de los católicos participa en expresiones de religiosidad popular católicas (NDC p. 141).
o El 55,8% de la población de Montevideo asistió de niño o de joven a una parroquia católica pero no lo hace actualmente. El 30,5% de la población y el 45% de los católicos afirma que acude actualmente a parroquias católicas. Sin embargo, dentro de ese grupo, el 14% (o sea, el 6,3% de los católicos o 3,4% de la población) asiste a Misa asiduamente, el 53% asiste ocasionalmente y el 32% no asiste a Misa (NDC pp. 124-125).
o El 93% de los católicos opina que se puede ser buen religioso sin ir a la iglesia todas las semanas (NDC p. 97).
o El 80% de los católicos opina que no hay necesidad de sacerdotes en tanto cada individuo puede encontrarse con Dios directamente (NDC p. 98).
o Sólo el 18,3% de los montevideanos se consideran vinculados a la Iglesia Católica (DKM p. 76).
o
El porcentaje de la población de Montevideo que
recibió los sacramentos de la Iglesia Católica bajó mucho de
o El alejamiento de los fieles católicos del culto creció mucho en las últimas décadas: Mientras que en 1964 el 25% de los creyentes no concurría nunca al culto o lo hacía muy excepcionalmente, en 2001 el 59,6% no concurría (NDC p. 109).
o Sobre el total de creyentes en Dios, el 29,4% reza casi todos los días, el 29,4% reza con menor frecuencia y el 39,0% no reza (NDC p. 133).
· Católicos “mundanos”:
Muchos católicos se han apartado de la doctrina moral de la Iglesia (DKM p. 51):
o Con respecto al divorcio, el 70,2% de la población de Montevideo se manifiesta en acuerdo total y el 11,1% en desacuerdo total.
o Con respecto a las relaciones prematrimoniales, el 60,3% se manifiesta en acuerdo total y el 13,8% en desacuerdo total.
o Con respecto al rechazo de la educación religiosa en escuelas públicas, el 44,3% se manifiesta en acuerdo total y el 24,6% en desacuerdo total. La arraigada tradición laicista del Uruguay hacía temer un resultado peor en este punto.
o Con respecto a la legalización del aborto, el 45,9% se manifiesta en acuerdo total y el 38,5% en desacuerdo total.
· Amenazas externas:
· Secularismo:
· En 1994 sólo el 23,5% de los montevideanos asignaba mucha importancia a lo religioso (DKM p. 47).
· En 2001 sólo el 47,3% de los montevideanos se definía como una persona religiosa, mientras que el 34,5% se definía como indiferente hacia lo religioso y el 11,5% como atea convencida (NDC p. 86).
· En general los porcentajes de montevideanos que afirman que lo religioso influye en diversos aspectos de su vida cotidiana son bajos: en un extremo de la escala, el 59,0% afirma que lo religioso influye en los momentos difíciles; en el otro extremo, el 13,9% afirma que influye en las decisiones políticas (DKM p. 71).
· Sólo el 26,6% de los montevideanos se considera vinculado con una organización religiosa (DKM p. 76).
· Superstición y ocultismo:
· Un 10% de los montevideanos son muy propensos a creer en supersticiones, cábalas y prácticas anticipatorias del futuro. Otro 30% manifiesta una propensión menor al ocultismo (DKM p. 47).
· Casi el 30% de los montevideanos consultó alguna vez a un adivino o vidente para que le predijera su futuro (NDC p. 161).
· Ateísmo, agnosticismo y deísmo:
El ateísmo es la postura más frecuente ante el “problema religioso” después del catolicismo.
·
En 1994 los ateos eran el 14,4% de los
montevideanos, ascendiendo al 23,2% entre los hombres y al 24,3% entre las
personas de
· En 2001 los ateos eran el 12,8%, los agnósticos el 3,0% y los creyentes en Dios no afiliados a ninguna confesión religiosa (“deístas”) el 9,0%.
·
·
La encuesta de 1994 no permite determinar el
porcentaje de seguidores de
·
Sin embargo, la influencia de
· Umbanda:
· Los cultos afro-brasileños constituyen la principal religión no cristiana en Montevideo, concitando la adhesión de un 2,0% de los encuestados (NDC p. 91). La encuesta de 1994 no permite determinar el porcentaje de adherentes a esta religión. Seguramente existe una fuerte correlación entre el umbandismo y las creencias mágicas y supersticiosas.
· La práctica del umbandismo parece haber experimentado un retroceso en los últimos años. El porcentaje de montevideanos que participaba con cierta frecuencia en cultos afro-brasileños ascendía al 4,3% en 1994 y al 3,0% en 2001, mientras que el porcentaje de la población que afirmaba haber participado en ellos por lo menos una vez era del 20,2% en 1994 y el 13,3% en 2001 (DKM p. 88; NDC p. 143).
· Evangélicos y pentecostales:
· Los cristianos no católicos ascendían al 12,6% en 1994 (DKM p. 55) y al 11,6% en 2001 (NDC p. 91, sumando “evangélicos” y armenios ortodoxos). Esta última encuesta discrimina dentro del subgrupo erróneamente denominado “evangélicos” un 5,0% de cristianos no católicos sin denominación (“cristianos sin Iglesia”). Probablemente se trata de ex católicos que tampoco se consideran evangélicos o protestantes. Además discrimina un 5,6% de evangélicos (sumando evangélicos, evangélicos pentecostales y evangélicos bautistas). Es muy probable que la mayoría de estos evangélicos pertenezca a grupos más o menos sectarios, que han tenido un gran crecimiento en los últimos años: Asambleas de Dios, Ondas de Amor y Paz, Dios es Amor, Iglesia Nueva Apostólica, Iglesia Universal del Reino de Dios, etc.
· El porcentaje de montevideanos que participaba con cierta frecuencia en cultos pentecostales ascendía al 2,1% en 1994 y al 1,8% en 2001, mientras que el porcentaje de la población que afirmaba haber participado en ellos por lo menos una vez era del 6,9% en 1994 y el 7,3% en 2001 (DKM p. 89; NDC p. 145). Estas cifras parecen algo bajas, pero se debe tener en cuenta que el término “cultos pentecostales” es ambiguo y restrictivo.
· En cuanto al porcentaje de montevideanos vinculados a organizaciones religiosas, las Iglesias Evangélicas ocupan el segundo puesto con el 1,7% (DKM p. 76).
· ¿Un problema de identidad?
La Iglesia es vista como una organización filantrópica: la gran mayoría
de los montevideanos (66,8%) opina que el cometido principal de la Iglesia
Católica es ayudar a los pobres y necesitados (41,7%) o combatir la injusticia
defendiendo los derechos de las personas (25,1%) (DKM p. 80). El aspecto
positivo de esto es que parece haber una alta valoración del compromiso
católico con la justicia social.
2. Propuestas pastorales.
En este capítulo plantearemos
algunas propuestas pastorales que apuntan a fortalecer los aspectos positivos
de la realidad religiosa de Montevideo y a contrarrestar los negativos.
2.1 Errores a evitar.
A nuestro juicio los católicos montevideanos deberíamos poner más empeño en evitar los siguientes errores:
· El “neo-triunfalismo”, actitud auto-complaciente que genera inmovilidad.
· La excesiva priorización de los aspectos políticos, sociales y económicos del cristianismo (la conversión individual tiene una prioridad ontológica frente a la conversión de la sociedad).
· El influjo de las teologías de la liberación de orientación marxista (aún relevante en Uruguay).
· Las tendencias de la pastoral de conjunto a una excesiva uniformización y a un excesivo énfasis en las instancias territoriales (parroquias y zonas pastorales).
2.2 Hacia una nueva evangelización.
Creemos que los católicos montevideanos podríamos avanzar hacia la “nueva evangelización” impulsada por el Papa Juan Pablo II, por medio de una mayor insistencia en los siguientes elementos de la vida cristiana:
· Retorno a lo esencial:
· La constante proclamación de los principales misterios de la fe (Trinidad, Encarnación, Gracia, etc.).
· El encuentro personal con Jesucristo vivo, el Camino, la Verdad y la Vida
(la vida moral es siempre “acto segundo”: respuesta a la gracia de Dios).
· El anuncio gozoso de Jesucristo como único Salvador del mundo.
· La fe en la Iglesia, misterio de comunión entre Dios y los hombres, dotada de un vínculo indisoluble con Jesucristo y de una misión de índole escatológica
(la forma más eficaz de realizar la promoción humana de los pobres es anunciarles el Evangelio de Jesucristo).
· La consideración de la santidad como primera prioridad pastoral (cf. Juan Pablo II, carta apostólica Novo Millennio Ineunte, nn. 30-31).
· Los medios de crecimiento de la vida cristiana (cf. ídem, nn. 32-41): lectura de la Biblia, sacramentos (especialmente reconciliación y eucaristía), oración personal, dirección espiritual, retiros o ejercicios espirituales, pequeñas comunidades cristianas unidas en Jesucristo.
· La evangelización de las familias: especialmente a través de la pastoral familiar (instrumento central de la nueva evangelización), la catequesis familiar (medio de renovación de la catequesis) y la formación de comunidades de familias cristianas, ámbitos de comunión para niños, jóvenes, adultos y ancianos.
· La enseñanza de los aspectos morales de la vida cristiana: indisolubilidad del matrimonio, rechazo de las relaciones sexuales prematrimoniales, práctica de las virtudes humanas y cristianas, compromiso con los pobres y la justicia (fundamentado teológicamente), dignidad de la vida humana (contra el aborto, la eutanasia, etc.), etc.
· La evangelización de la cultura: especialmente a través de una mayor formación teológica de los fieles (sobre todo catequistas, profesores de religión y otros agentes pastorales), un mayor y mejor uso de los medios de comunicación social, una reforma de la educación católica y un impulso decidido de la educación religiosa en las escuelas públicas con carácter optativo. Esta última iniciativa pondría en jaque al instrumento básico del secularismo: la escuela pública prescindente de lo religioso. Su puesta en marcha debería ser gradual, debido a su gran complejidad.
· La defensa y propagación de la fe: especialmente a través de un mayor énfasis en la razonabilidad de la fe cristiana (se necesita una “nueva apologética”, sin excesos polémicos ni tendencias racionalistas), el combate contra los errores de las sectas, el rechazo radical de las creencias mágicas y supersticiosas (¿por qué no en las propias promesas bautismales?), la promoción de un testimonio cristiano entusiasta, razonable, comprometido y coherente (los fieles deben proponer la fe cristiana en todo tiempo) y el cultivo del sentido crítico frente a las propuestas de los medios de comunicación social (¿por qué no practicar la abstinencia de televisión los viernes del tiempo ordinario?).
· La renovación de las comunidades cristianas, en pos de un mayor entusiasmo, una espiritualidad más profunda, una participación más activa de los fieles en la liturgia, una vivencia más fuerte de la comunión eclesial y un mayor impulso misionero. En este sentido creemos conveniente una mayor apertura al aporte de los nuevos movimientos, comunidades y asociaciones eclesiales, cuya presencia y acción constituyen uno de los mayores signos de vitalidad de la fe católica en Montevideo.
Nota: La versión original de este artículo fue presentada el día
2/04/2005 como aporte al IV Sínodo Arquidiocesano de Montevideo. Ahora
publicamos una nueva versión -algo modificada- de dicho aporte.
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Cardenal Joseph Ratzinger
Hablamos de los misioneros de ayer y del catolicismo ya implantado, aunque con todos sus problemas. En estos años de post-concilio, no obstante, parece que el debate se hubiera invertido contra las propias razones del actual esfuerzo de la Iglesia para con los no-cristianos. No es misterio que la crisis de identidad y, tal vez, una declinación de las motivaciones se extendieron con particular crudeza entre los misioneros.
Su respuesta no está exenta de
preocupaciones: “Es doctrina antigua y
tradicional de la Iglesia que todo hombre es llamado a la salvación y puede, de
hecho, salvarse obedeciendo con sinceridad los dictámenes de la propia
conciencia, incluso aunque no sea miembro visible de
Esto, ¿qué consecuencias provocó?
“Semejantes hipótesis evidentemente disminuyeron en mucho la tensión
misionera. Hubo quien comenzó a cuestionarse: “¿Por qué perturbar a los
no-cristianos, induciéndolos al bautismo y a la fe en Cristo, una vez que la
religión de ellos es su camino de
salvación en su cultura, en aquella parte del mundo que es de ellos?” De ese
modo se olvidó, entre otras cosas, el vínculo que el Nuevo Testamento establece
entre salvación y verdad, cuyo conocimiento (lo afirma
Jesús explícitamente) libera y, por consiguiente, salva. O, como dice San
Pablo: “Dios, nuestro Salvador, quiere que todos los hombres se salven y
lleguen al conocimiento de la verdad”. Esta verdad, continúa el Apóstol, consiste
en saber que “uno solo es el mediador entre Dios y los hombres, el hombre
Cristo Jesús, que se entregó en rescate de muchos” (1 Timoteo 2,4-7). Es lo que
debemos continuar anunciando al mundo de hoy, con humildad pero también con
fuerza, siguiendo el ejemplo esforzado de las generaciones que nos precedieron
en la fe.”
Fuente: Joseph Ratzinger / Vittorio
Messori, A fé
(Traducao do
original italiano: Rapporto sulla fede).
Notas:
1) Este libro
fue publicado en español como: Informe
sobre
2) Este texto
fue traducido del portugués para “Fe y Razón” por
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Catecismo de la Iglesia Católica – Compendio, nn. 166-173.
166. ¿Por qué decimos que la Iglesia es católica?
La Iglesia es católica, es decir universal, en cuanto en ella Cristo está presente: «Allí donde está Cristo Jesús, está la Iglesia Católica» (San Ignacio de Antioquía). La Iglesia anuncia la totalidad y la integridad de la fe; lleva en sí y administra la plenitud de los medios de salvación; es enviada en misión a todos los pueblos, pertenecientes a cualquier tiempo o cultura.
167. ¿Es católica la Iglesia particular?
Es católica toda Iglesia particular (esto es la diócesis y la eparquía), formada por la comunidad de los cristianos que están en comunión, en la fe y en los sacramentos, con su obispo ordenado en la sucesión apostólica y con la Iglesia de Roma, «que preside en la caridad» (San Ignacio de Antioquía).
168. ¿Quién pertenece a la Iglesia católica?
Todos los
hombres, de modos diversos, pertenecen o están ordenados a la unidad católica
del Pueblo de Dios. Está plenamente incorporado a la Iglesia Católica quien,
poseyendo el Espíritu de Cristo, se encuentra unido a la misma por los vínculos
de la profesión de fe, de los sacramentos, del gobierno eclesiástico y de
169. ¿Cuál es la relación de la Iglesia católica con el pueblo judío?
La Iglesia
católica se reconoce en relación con el pueblo judío por el hecho de que Dios
eligió a este pueblo, antes que a ningún otro, para que acogiera su Palabra. Al
pueblo judío pertenecen «la adopción como hijos, la gloria, las alianzas, la
legislación, el culto, las promesas, los patriarcas; de él procede Cristo según
la carne» (Rm 9, 4-5). A diferencia de las otras religiones no
cristianas, la fe judía es ya una respuesta a la Revelación de Dios en
170. ¿Qué vínculo existe entre la Iglesia católica y las religiones no cristianas?
El vínculo entre la Iglesia católica y las religiones no cristianas proviene, ante todo, del origen y el fin comunes de todo el género humano. La Iglesia católica reconoce que cuanto de bueno y verdadero se encuentra en las otras religiones viene de Dios, es reflejo de su verdad, puede preparar para la acogida del Evangelio y conducir hacia la unidad de la humanidad en la Iglesia de Cristo.
171. ¿Qué significa la afirmación «fuera de la Iglesia no hay salvación»?
La afirmación «fuera de la Iglesia no hay salvación» significa que toda salvación viene de Cristo-Cabeza por medio de la Iglesia, que es su Cuerpo. Por lo tanto no pueden salvarse quienes, conociendo la Iglesia como fundada por Cristo y necesaria para la salvación, no entran y no perseveran en ella. Al mismo tiempo, gracias a Cristo y a su Iglesia, pueden alcanzar la salvación eterna todos aquellos que, sin culpa alguna, ignoran el Evangelio de Cristo y su Iglesia, pero buscan sinceramente a Dios y, bajo el influjo de la gracia, se esfuerzan en cumplir su voluntad, conocida mediante el dictamen de la conciencia.
172. ¿Por qué la Iglesia debe anunciar el Evangelio a todo el mundo?
La Iglesia debe anunciar el Evangelio a todo el mundo porque Cristo ha ordenado: «Id, pues, y haced discípulos a todas las gentes, bautizándolas en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo» (Mt 28, 19). Este mandato misionero del Señor tiene su fuente en el amor eterno de Dios, que ha enviado a su Hijo y a su Espíritu porque «quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad» (1 Tm 2, 4).
173. ¿De qué modo la Iglesia es misionera?
La Iglesia es
misionera porque, guiada por el Espíritu Santo, continúa a lo largo de los
siglos la misión del mismo Cristo. Por tanto, los cristianos deben anunciar a
todos
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Las uniones de hecho en
el conjunto de la sociedad
Pontificio
Consejo para la Familia
Dimensión social y política del problema de la
equiparación
14. Ciertos
influjos culturales radicales (como la ideología del «gender» a la que antes hemos hecho mención) tienen como
consecuencia el deterioro de la institución familiar. «Aún más preocupante es el ataque directo a la institución
familiar que se está desarrollando, tanto a nivel cultural como en el político,
legislativo y administrativo… Es clara la tendencia a equipar a la familia
otras formas de convivencia bien diversas, prescindiendo de fundamentales
consideraciones de orden ético y antropológico» (17).
Es prioritaria, por tanto, la definición de la identidad propia de
15. Otro
riesgo en la consideración social del problema que nos ocupa es el de
El reconocimiento y equiparación de las uniones de
hecho discrimina al matrimonio
16. Con
el reconocimiento público de las uniones de hecho se establece un marco
jurídico asimétrico: mientras la sociedad asume obligaciones respecto a los
convivientes de las uniones de hecho, éstos no asumen para con la misma las
obligaciones esenciales propias del matrimonio. La equiparación agrava esta
situación puesto que privilegia a las uniones de hecho respecto de los
matrimonios, al eximir a las primeras de deberes esenciales para con
17. La
familia tiene derecho a ser protegida y promovida por la sociedad, como muchas
Constituciones vigentes en Estados de todo el mundo reconocen
(21). Es éste un reconocimiento, en justicia, de la función esencial que la
familia fundada en el matrimonio representa para
18.
Cuantos se ocupan en política deberían ser conscientes de la seriedad del
problema. La acción política actual tiende en Occidente, con cierta frecuencia,
a privilegiar en general los aspectos pragmáticos y la llamada «política de
equilibrios» sobre cosas muy concretas sin entrar en la discusión de los
principios que puedan comprometer difíciles y precarios compromisos entre
partidos, alianzas o coaliciones. Pero dichos equilibrios ¿no deberían, más
bien, estar fundados en base a claridad de los principios, fidelidad a los
valores esenciales, nitidez en los postulados fundamentales? «Si no existe ninguna verdad última que
guía y orienta la acción política, entonces las ideas y las convicciones pueden
ser fácilmente instrumentalizadas con fines de poder. Una democracia sin
valores se convierte con facilidad en un totalitarismo abierto o sutil, como la
historia lo demuestra» (24). La función legislativa corresponde a la responsabilidad
política; en este sentido, es propio del político velar (no sólo a nivel de
principios sino también de aplicaciones) para evitar un deterioro, de graves
consecuencias presentes y futuras, de la relación ley moral-ley civil y la
defensa del valor educativo-cultural del ordenamiento jurídico (25). El modo más eficaz de velar por el interés público
no consiste en la cesión demagógica a grupos de presión que promueven las
uniones de hecho, sino la promoción enérgica y sistemática de políticas
familiares orgánicas, que entiendan la familia fundada en el matrimonio como el
centro y motor de la política social y que cubran el extenso ámbito de los
derechos de la familia (26). A este aspecto
Presupuestos antropológicos de la diferencia entre
el matrimonio y las "uniones de hecho"
19. El
matrimonio, en consecuencia, se asienta sobre unos presupuestos antropológicos
definidos, que lo distinguen de otros tipos de unión y que -superando el mero
ámbito del obrar, de lo «fáctico»- lo enraízan en el mismo ser de la persona de
la mujer o del varón.
Entre
estos presupuestos, se encuentra: la igualdad de mujer y varón, pues «ambos son personas igualmente» (28) (si bien lo son de modo diverso); el carácter
complementario de ambos sexos (29) del que nace la
natural inclinación entre ellos impulsada por la tendencia a la generación de
los hijos; la posibilidad de un amor al otro precisamente en cuanto sexualmente
diverso y complementario, de modo que «este
amor se expresa y perfecciona singularmente con la acción propia del
matrimonio» (30);
la posibilidad -por parte de la libertad- de establecer una relación estable y
definitiva, es decir, debida en justicia (31); y,
finalmente, la dimensión social de la condición conyugal y familiar, que
constituye el primer ámbito de educación y apertura a la sociedad a través de
las relaciones de parentesco (que contribuyen a la configuración de la
identidad de la persona humana) (32).
20. Si
se acepta la posibilidad de un amor especifico entre varón y mujer, es obvio
que tal amor inclina (de por sí) a una intimidad, a una determinada
exclusividad, a la generación de la prole y a un proyecto común de vida: cuando
se quiere eso, y se quiere de modo que se le otorga al otro la capacidad de
exigirlo, se produce la real entrega y aceptación de mujer y varón que
constituye la comunión conyugal. Hay una donación y aceptación recíproca de la
persona humana en la comunión conyugal. «Por
tanto, el amor coniugalis no es sólo ni sobre todo sentimiento; por el
contrario es esencialmente un compromiso con la otra persona, compromiso que se
asume con un acto preciso de voluntad. Exactamente eso califica dicho amor,
transformándolo en coniugalis. Una vez dado y
aceptado el compromiso por medio del consentimiento, el amor se
convierte en conyugal, y nunca pierde este carácter» (33). A
esto, en la tradición histórica cristiana de occidente, se le llama
matrimonio.
21. Por
tanto se trata de un proyecto común estable que nace de la entrega libre y
total del amor conyugal fecundo como algo debido en justicia. La dimensión de
justicia, puesto que se funda una institución social originaria (y originante
de la sociedad), es inherente a la conyugalidad misma: «Son libres de celebrar el matrimonio, después de haberse elegido el
uno al otro de modo igualmente libre; pero, en el momento en que realizan este
acto, instauran un estado personal en el que el amor se transforma en algo
debido, también con valor jurídico» (34). Pueden existir otros modos de vivir
la sexualidad -aun contra las tendencias naturales-, otras formas de
convivencia en común, otras relaciones de amistad -basadas o no en la
diferenciación sexual-, otros medios para traer hijos al mundo. Pero la familia
de fundación matrimonial tiene como específico que es la única institución que
aúna y reúne todos los elementos citados, de modo originario y
simultáneo.
22.
Resulta, en consecuencia, necesario subrayar la gravedad y el carácter
insustituible de ciertos principios antropológicos sobre la relación
hombre-mujer, que son fundamentales para la convivencia humana y mucho más para
la salvaguardia de la dignidad de todas las personas. El núcleo central y el
elemento esencial de esos principios es el amor conyugal entre
dos personas de igual dignidad, pero distintas y complementarias en su
sexualidad. Es el ser del matrimonio como realidad natural y humana el que está
en juego, y es el bien de toda la sociedad el que está en discusión. «Como todos saben, hoy no sólo se ponen en
tela de juicio las propiedades y finalidades del matrimonio, sino también el
valor y la utilidad misma de esta institución. Aun excluyendo generalizaciones
indebidas, no es posible ignorar, a este respecto, el fenómeno creciente
de las simples uniones de hecho (cf. Familiaris
consortio, n. 81) y las insistentes campañas de opinión encaminadas a
proporcionar dignidad conyugal a uniones incluso entre personas del mismo sexo» (35).
Se
trata de un principio básico: un amor, para que sea amor conyugal verdadero y
libre, debe ser transformado en un amor debido en justicia, mediante el acto
libre del consentimiento matrimonial. «A la
luz de esos principios -concluye el Papa- puede establecerse y comprenderse la diferencia esencial que existe
entre una mera unión de hecho, aunque se afirme que ha surgido por amor, y el
matrimonio, en el que el amor se traduce en un compromiso no sólo moral, sino
también rigurosamente jurídico. El vínculo, que se asume recíprocamente,
desarrolla desde el principio una eficacia que corrobora el amor del que nace,
favoreciendo su duración en beneficio del cónyuge, de la prole y de la misma
sociedad» (36).
En
efecto, el matrimonio -fundante de la familia- no es una «forma de vivir la
sexualidad en pareja»: si fuera simplemente esto, se trataría de una forma más
entre las varias posibles (37). Tampoco es simplemente
la expresión de un amor sentimental entre dos personas: esta característica se
da habitualmente en todo amor de amistad. El matrimonio es más que eso: es una
unión entre mujer y varón, precisamente en cuanto tales, y en la totalidad de
su ser masculino y femenino. Tal unión sólo puede ser establecida por un acto
de voluntad libre de los contrayentes, pero su contenido específico
viene determinado por la estructura del ser humano, mujer y varón: recíproca
entrega y transmisión de
Mayor gravedad de la equiparación del matrimonio a
las relaciones homosexuales
23. La
verdad sobre el amor conyugal permite comprender también las graves
consecuencias sociales de la institucionalización de la relación homosexual: «se pone de manifiesto también qué
incongruente es la pretensión de atribuir una realidad conyugal a la unión
entre personas del mismo sexo. Se opone a esto, ante todo, la imposibilidad
objetiva de hacer fructificar el matrimonio mediante la transmisión de la vida,
según el proyecto inscrito por Dios en la misma estructura del ser humano.
Asimismo, se opone a ello la ausencia de los presupuestos para la
complementariedad interpersonal querida por el Creador, tanto en el plano
fisico-biológico como en el eminentemente psicológico, entre el varón y la
mujer...» (39). El matrimonio no puede ser reducido
a una condición semejante a la de una relación homosexual; esto es contrario al
sentido común (40). En el caso de las relaciones
homosexuales que reivindican ser consideradas unión de hecho, las consecuencias
morales y jurídicas alcanzan una especial relevancia (41).
«Las 'uniones de hecho' entre
homosexuales, además, constituyen una deplorable distorsión de lo que debería
ser la comunión de amor y vida entre un hombre y una mujer, en recíproca
donación abierta a la vida» (42). Todavía es mucho
más grave la pretensión de equiparar tales uniones a «matrimonio legal», como
algunas iniciativas recientes promueven (43). Por si
fuera poco, los intentos de posibilitar legalmente la adopción de niños en el
contexto de las relaciones homosexuales añaden a todo lo anterior un elemento
de gran peligrosidad (44). «No puede constituir una verdadera familia el vínculo de dos hombres o
de dos mujeres, y mucho menos se puede atribuir a esa unión el derecho de
adoptar niños privados de familia» (45). Recordar
la trascendencia social de la verdad sobre el amor conyugal y, en consecuencia,
el grave error que supondría el reconocimiento o incluso equiparación del
matrimonio a las relaciones homosexuales no supone discriminar, en ningún modo,
a estas personas. Es el mismo bien común de la sociedad el que exige que las
leyes reconozcan, favorezcan y protegan la unión matrimonial como base de la
familia, que se vería, de este modo, perjudicada (46).
Notas:
17) Juan Pablo II, Alocución al Forum de Asociaciones Católicas de Italia, 27-6-1998.
18) Pontificio Consejo para la Familia, Declaración acerca de la Resolución del Parlamento Europeo sobre equiparación entre familia y 'uniones de hecho', incluso homosexuales, 17-3-2000.
19) S. Agustín, De libero arbitrio, I, 5, 11.
20) «La vida social y su aparato jurídico exige un fundamento último. Si no existe otra ley más allá de la ley civil, debemos admitir entonces que cualquier valor, incluso aquellos por los cuales los hombres han combatido y considerado como pasos adelante cruciales en la lenta marcha hacia la libertad, pueden ser cancelados por una simple mayoría de votos. Quienes critican la ley natural deben cerrar los ojos ante esta posibilidad, y cuando promueven leyes -en contraste con el bien común en sus exigencias fundamentales- deben tener en cuenta todas las consecuencias de sus propias acciones, porque pueden impulsar a la sociedad en una peligrosa dirección». Discurso del Card. A. Sodano durante el IIº Encuentro de Políticos y Legisladores de Europa, organizado por el Pontificio Consejo para la Familia, 22-24 octubre de 1998.
21) En Europa, por ejemplo, en la
Constitución de Alemania: «El matrimonio
y la familia encuentran especial protección en el ordenamiento del Estado»
(Art. 6); España: «Los poderes públicos
aseguran la protección social, económica y jurídica de la familia» (Art.
39); Irlanda: «El Estado reconoce a la
familia como el grupo natural primario y fundamental de la sociedad y como
institución moral dotada de derechos inalienables e imprescriptibles,
anteriores y superiores a todo derecho positivo. Por ello el Estado se
compromete a proteger la constitución y autoridad de la familia como el
fundamento necesario del orden social y como indispensable para el bienestar de
la Nación y el Estado» (Art. 41); Italia: «La República reconoce los derechos de la familia como sociedad natural
fundada en el matrimonio» (Art. 29); Polonia: «El matrimonio, esto es, la unión de un hombre y una mujer, así como la
familia, paternidad y maternidad, deben encontrar protección y cuidado en la
República de Polonia» (Art. 18); Portugal: «La familia, como elemento fundamental de la sociedad, tiene derecho a
la protección de la sociedad y del Estado y a la realización de todas las
condiciones que permitan la realización personal de sus miembros» (Art.
67).
También en Constituciones de todo el mundo: Argentina «...la ley establecerá...la protección integral de la familia» (Art.
14); Brasil: «La familia, base de la
sociedad, es objeto de especial protección por el Estado» (Art. 226);
Chile: «...La familia es el núcleo
fundamental de
22) «Toda
ley hecha por los hombres tiene razón de ley en tanto que deriva de la ley
natural. Si algo, en cambio, se opone a la ley natural, no es entonces ley,
sino corrupción de la ley». Santo Tomás de Aquino, Suma de Teología,
I-II, q.
23) Juan Pablo II, Discurso al IIº Encuentro de Políticos y Legisladores de Europa organizado por el Pontificio Consejo para la Familia, 23-10-1998.
24) Juan Pablo II, Enc. Centesimus annus, n. 46.
25) «Como responsables políticos y legisladores deseosos de ser fieles a la Declaración universal de derechos humanos de 1948, nos comprometemos a promover y a defender los derechos de la familia fundada en el matrimonio entre un hombre y una mujer. Esto debe hacerse en todos los niveles: local, regional, nacional e internacional. Sólo así podremos ponernos verdaderamente al servicio del bien común, tanto a nivel nacional como internacional». Conclusiones del IIº Encuentro de Políticos y Legisladores de Europa sobre los derechos del hombre y de la familia, L'Osservatore Romano, 26-2-1999.
26) «La familia es el núcleo central de la sociedad civil. Tiene ciertamente, un papel económico importante, que no puede olvidarse, pues constituye el mayor capital humano, pero su misión engloba muchas otras tareas. Es, sobre todo, una comunidad natural de vida, una comunidad que está fundada sobre el matrimonio y, por ello, presenta una cohesión que supera la de cualquier otra comunidad social». Declaración final del IIIº Encuentro de Políticos y Legisladores de América, Buenos Aires, 3-5 de agosto de 1999.
27) Cfr. Carta de Derechos de la Familia, Preámbulo.
28) Juan Pablo II, Carta Gratissimam sane (Carta a las Familias), n. 6.
29) Cfr. Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2333; Carta Gratissimam sane (Carta a las Familias), n. 8.
30) Concilio Vaticano II, Const. Gaudium et spes, n. 49.
31) Cfr. Catecismo de la Iglesia
Católica, n. 2332; Juan Pablo II, Discurso
al Tribunal de
32) Juan Pablo II, Carta Gratissimam sane (Carta a las Familias), nn. 7-8.
33) Juan Pablo II, Discurso al Tribunal de
34) Ibíd.
35) Ibíd.
36) Ibíd.
37) «El
matrimonio determina el cuadro jurídico que favorece la estabilidad de
38) Juan Pablo II, Ex. Ap. Familiaris consortio, n. 19.
39) Ibid., infra.
40) «No
hay equivalencia entre la relación entre dos personas del mismo sexo y aquella
formada por un hombre y una mujer. Sólo esta última puede ser calificada de
pareja, porque implica la diferencia sexual, la dimensión conyugal, la
capacidad de ejercicio de la paternidad y
41) Respecto al grave desorden moral intrínseco, contrario a la ley natural, de los actos homosexuales cfr. Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 2357-2359; Congregación para la Doctrina de la Fe, Inst. Persona humana, 29-12-1975; Pontificio Consejo para la Familia, Sexualidad humana: verdad y significado, 8-12-1995, n. 104.
42) Juan Pablo II, Discurso a los participantes de la XIVª Asamblea Plenaria del
Pontificio Consejo para
43) Pontificio Consejo para la Familia, Declaración acerca de la Resolución del Parlamento Europeo sobre equiparación entre familia y 'uniones de hecho', incluso homosexuales, 17-3-2000.
44) «No
se puede ignorar que, según reconocen algunos de sus promotores, esta
legislación constituye un primer paso hacia, por ejemplo, la adopción de niños
por personas que viven una relación homosexual. Tememos por el futuro al tiempo
que deploramos lo sucedido». Declaración del Presidente de
45) Juan Pablo II, palabras pronunciadas durante el Ángelus de 20-2-1994.
46) Cfr. Nota de
Fuente: Pontificio Consejo para la Familia, Familia, matrimonio y “uniones de hecho”, 26 de julio de 2000, Capítulo III - Las uniones de hecho en el conjunto de la sociedad.
Nota: El documento completo se encuentra en:
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Proyecto de
ley antimatrimonial
Lic.
Néstor Martínez
El proyecto de ley de "uniones concubinarias" intenta fundamentarse en la existencia de "nuevas realidades familiares". Citamos de la exposición de motivos:
"La
información censal disponible permite constatar importantes transformaciones en
las modalidades de constitución familiar y un crecimiento sostenido de las
uniones concubinarias en nuestro país (...) Estas uniones dan lugar a
verdaderos núcleos familiares no sujetos actualmente a prácticamente ninguna
regulación jurídica (...) El derecho a contraer matrimonio incluye el derecho a
no contraerlo y optar por un modelo familiar distinto, sin que el ejercicio de
ese derecho deba comportar un trato legal más desfavorable (...) La realidad
social demanda el reconocimiento de que además del matrimonio, elemento
tradicional para la configuración de un hogar, existen otros arreglos
familiares informales pero con igual vinculación afectiva, económica, sexual,
emocional, paternal y hasta figurativamente parental (...) La restricción
interpretativa del postulado constitucional al matrimonio como única vía de la
formación de una familia, produce el desconocimiento de reales familias en
nuestra sociedad que se encuentran en el total desamparo."
Sin embargo, en el art. 1 dice:
"Se
denomina unión concubinaria a la situación de hecho derivada de la convivencia
de dos personas no unidas por matrimonio, cualquiera sea su sexo, identidad
u opción sexual, que compartan un proyecto de vida común basado en
relaciones afectivas de carácter singular y dotadas de estabilidad y
permanencia." (subrayado
nuestro).
Por lo que la argumentación ordenada al reconocimiento de nuevas formas familiares sirve para apoyar el reconocimiento legal de las uniones homosexuales. ¿Una pareja de personas homosexuales constituye una familia? ¿Son ésos los cambios sociales en el concepto de familia que debemos reconocer y que fundamentan este proyecto de ley? ¿Aquí está la "igual vinculación afectiva, económica, sexual, emocional, paternal y hasta figurativamente parental" de que habla la exposición de motivos? ¿Con el argumento de los concubinatos heterosexuales y de lo “parecidos que son en el fondo” a una familia se puede fundamentar el reconocimiento de las uniones homosexuales?
Pero eso no es todo. En primer lugar, el art.
12 deja claro que lo que el proyecto de ley establece tendrá como una condición
de vigencia la
"B)
Concurrencia de ambos concubinos a denunciar la vida en común ante el Registro
de Estado Civil, la que surtirá efectos a partir de la fecha de
inscripción."
Uno se pregunta: si una pareja vive en
concubinato porque no quiere pasar por el Registro Civil para casarse ¿pasará
por el Registro Civil para anotarse como concubinos y asumir todas las
obligaciones que les impone este proyecto de ley? ¿Cuántas lo harán? ¿Y para
qué se está legislando, entonces?
Por otra parte, por si quedaba alguna duda de
que esta ley atenta contra el matrimonio y la familia, véase los arts. 17 y 18:
"Art. 17.-
Si uno o ambos concubinos estuvieren unidos en matrimonio con terceras
personas, los bienes referidos en el artículo 13 no tienen naturaleza
ganancial."
"Art. 18.-
Si uno o ambos concubinos estuvieren unidos en matrimonio con terceras
personas, las deudas sociales derivadas del mismo no afectarán el reparto
igualitario a que hace referencia el artículo 16."
Es decir, se puede estar casado con una
persona y en concubinato con otra, ambas cosas legalmente. Poligamia (un varón,
varias mujeres) o poliandria (una mujer, varios varones) legalizadas.
Hay más aún:
"Art. 20.-
En caso de fallecimiento de un concubino casado con tercero, su cónyuge no
tendrá derechos sucesorios en los bienes obtenidos durante el
concubinato."
O sea, los derechos del concubinato priman
sobre los del matrimonio. Todo lo que el cónyuge adquiera durante su
concubinato con una tercera persona, quedará fuera de los derechos del otro
cónyuge.
Pero la frutilla de la torta en materia de anti-matrimonialidad y anti-familismo es el art. 23:
"Art. 23.-
Agrégase al artículo 127 del Código Civil, el siguiente inciso: "La
obligación de fidelidad mutua cesa, si los cónyuges no viven de consuno."
"
Se siente la tentación de preguntar por qué
no se aprovecha para legislar también sobre las papeleras o la pasta base.
No sólo se incluye en un proyecto sobre concubinos a los homosexuales, dando un
salto lógico impresionante de las nuevas formas de "familia" a las
uniones homosexuales, sino que ahora se legisla también sobre el matrimonio, es
decir, contra el matrimonio.
En la exposición de motivos se dice que "el derecho a contraer matrimonio
incluye el derecho a no contraerlo y optar por un modelo familiar distinto, sin
que el ejercicio de ese derecho deba comportar un trato legal más
desfavorable."
Estamos de acuerdo en que el derecho a
contraer matrimonio incluye el derecho a no contraerlo. Pero que incluya además
el derecho a "optar por un modelo
familiar distinto" no vemos que tenga que nada que ver con el derecho
a contraer o no contraer matrimonio. Suponemos que nada de eso había en la
mente de los que estamparon ese derecho en nuestro sistema legal, debido
seguramente a que tenían la felicidad de vivir en épocas menos "avanzadas"
que la nuestra.
¿No hay un derecho de los que han optado por casarse a que la institución matrimonial sea respetada por la sociedad en vez de ser burdamente atacada como lo es en este proyecto de ley?
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Comunicado Nº 2/06 de “Derecho y Vida”
Asociación Civil (en formación) “Derecho y Vida”
Ante los hechos de pública notoriedad, la asociación civil “Derecho y Vida” considera oportuno realizar las siguientes manifestaciones sobre la eutanasia:
En primer lugar recordamos la
doctrina católica sobre la eutanasia, tal como ésta es presentada sintéticamente
en el Catecismo de
“Aquellos cuya vida se encuentra disminuida
o debilitada tienen derecho a un respeto especial. Las personas enfermas o
disminuidas deben ser atendidas para que lleven una vida tan normal como sea
posible.
Cualesquiera que sean los motivos y los
medios, la eutanasia directa consiste en poner fin a la vida de personas
disminuidas, enfermas o moribundas. Es moralmente inaceptable.
Por tanto, una acción o una omisión que, de
suyo o en la intención, provoca la muerte para suprimir el dolor, constituye un
homicidio gravemente contrario a la dignidad de la persona humana y al respeto
del Dios vivo, su Creador. El error de juicio en el que se puede haber caído de
buena fe no cambia la naturaleza de este acto homicida, que se ha de rechazar y
excluir siempre.
La interrupción de tratamientos médicos
onerosos, peligrosos, extraordinarios o desproporcionados a los resultados
puede ser legítima. Interrumpir estos tratamientos es rechazar el
‘encarnizamiento terapéutico’. Con esto no se pretende provocar la muerte; se
acepta no poder impedirla. Las decisiones deben ser tomadas por el paciente, si
para ello tiene competencia y capacidad o si no por los que tienen los derechos
legales, respetando siempre la voluntad razonable y los intereses legítimos del
paciente.
Aunque la muerte se considere inminente, los
cuidados ordinarios debidos a una persona enferma no pueden ser legítimamente
interrumpidos. El uso de analgésicos para aliviar los sufrimientos del
moribundo, incluso con riesgo de abreviar sus días, puede ser moralmente conforme
a la dignidad humana si la muerte no es pretendida, ni como fin ni como medio,
sino solamente prevista y tolerada como inevitable. Los cuidados paliativos
constituyen una forma privilegiada de la caridad desinteresada. Por esta razón
deben ser alentados.”
(Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 2276-2279).
Esta condena moral de la eutanasia propiamente dicha o “directa”, caracterizada por la intención de matar a un ser humano, abarca tanto la “eutanasia activa” como la “eutanasia pasiva”, vale decir tanto una acción como una omisión orientadas a provocar la muerte; además, abarca tanto la “eutanasia voluntaria” (homicidio consentido o suicidio asistido) como la “eutanasia involuntaria”, cometida sin el consentimiento de la víctima.
Sin embargo, dicha condena no alcanza a la denominada “adistanasia” (rechazo al encarnizamiento terapéutico), cuando ésta es practicada de un modo conforme a la dignidad humana, ni a la impropiamente denominada “eutanasia indirecta” (en la cual la muerte no es pretendida), cuando se aplica correctamente el “principio del doble efecto”, según está expuesto en el texto citado.
La eutanasia
propiamente dicha es pues inmoral. Veamos por qué debe ser también ilegal:
Los derechos
humanos son la contracara de los deberes humanos. Mis derechos son los deberes
que los demás seres humanos tienen para conmigo. Dado que existe el deber moral
de respetar la vida humana, existe también el derecho humano a
Montevideo, 10 de
septiembre de 2006.
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“Cuando se puede tener hijos no se quieren
y cuando se quiere no
se pueden tener”
Comunicado Nº 3/06 de “Derecho y Vida”
Asociación Civil (en formación) “Derecho
y Vida”
Consideramos particularmente interesante y digno de mayor reflexión por su importancia el contenido del artículo publicado en el Diario El Observador del día 10 de setiembre de 2006, titulado “Los que pueden tener hijos, no los quieren; a los que sí quieren ya se les hizo tarde”.
En esta interesante nota se comienza con un dato realmente alarmante y es que en nuestro país los nacimientos vienen bajando año a año. De 58.862 nacimientos en el año 1996 venimos a 47.600 en el año 2005, en una tendencia de disminución continuada año a año. La falta de estos 11.000 ó 12.000 niños en el último año no sólo traerá problemas socio-familiares sino que tendrá una seria e inevitable repercusión en aspectos socioeconómicos en nuestro país. Si a esto agregamos los altos índices de emigración que ha sufrido nuestro país, comenzamos a asumir conciencia de la trascendencia vital del tema considerado.
La situación es realmente preocupante por los graves problemas de futuro que inevitablemente trae. Analizado el tema exclusivamente desde el punto de vista económico está muy claro que si seguimos así llegará un momento en que el sistema previsional o el mutualismo carecerán de jóvenes que trabajen o que colaboren con un menor costo en el sistema asistencial de la salud “afectándose seriamente la necesaria solidaridad entre las generaciones”.
Un país con cada vez mayor número de ancianos y menos jóvenes, como el nuestro, seguramente enfrentará problemas serios con respecto a los cuales urge prever y adoptar algún tipo de soluciones.
En ciertos países de Europa ante problemas similares se vienen adoptando políticas de protección y de fomento a las familias con hijos (exoneraciones o disminuciones fiscales, apoyo en la vivienda, en el trabajo…), conscientes de que las familias numerosas y responsables son la verdadera base y sustento de la misma sociedad. No otra cosa es lo que establece el Art. 40 de la Constitución de la República.
En nuestro país suenan vientos de importantes reformas: de la salud, del sistema tributario, del mismo Estado… Nos preguntamos si no habrá llegado el momento de proponer reformas importantes de respaldo a la familia y a la procreación responsable, aunque más no sea pensando en el tema como un verdadero factor de desarrollo económico.
Urge la aprobación de una ley de protección a la familia numerosa y a
la mujer embarazada.
Debemos primero asumir conciencia de la importancia real y fundamental del tema. Actuar como si el futuro no nos importara porque será problema de otros es un enfoque peligroso y esencialmente egoísta y suicida. Quienes tenemos hijos debemos pensar en el futuro de ellos y en el de nuestros nietos. En fin, no podemos dejar de pensar en nuestra sociedad futura y cuando idealizamos este futuro por lógica el mismo estará supeditado a la existencia de familias sólidas, si es que anhelamos lo mejor.
El Estado tiene el deber de proteger y promocionar la familia y la libertad de los esposos para poder traer a sus hijos al mundo, garantizando el respeto de las vidas inocentes, asegurando que la mujer sea respetada, especialmente en su dignidad de madre.
Montevideo, 11 de septiembre de 2006.
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Dra. Dolores Torrado
Desde mediados del siglo pasado, en los países más
desarrollados del mundo se promociona la eutanasia infantil, con la pretensión
de dar muerte al enfermo grave, al niño recién nacido malformado, y se
justifica también la eutanasia prenatal; se aduce que se quiere evitar al
paciente sufrimientos inútiles y que viva “una vida de mala calidad”, que “no
merece ser vivida” y que será causa de grandes dolores para ellos y para sus
padres. Se sostiene la necesidad de la “piedad ante el sufrimiento
insoportable”, frente a “la vida sin valor”, frente al “enorme peso” que
algunos niños enfermos imponen a la familia y a la sociedad.
La cruda realidad es que se propone la muerte de
niños con criterio selectivo. En
determinados centros médicos europeos se realiza la “selección neonatal”
(infanticidio que se aplica a ciertos niños malformados o deficientes a los que
se les niega alimentación y tratamiento, abandonándolos en sus cunas); se
suprimen seres humanos que serán irremediablemente ineficientes en el curso de
sus vidas.
La
selección social ya se aplica para los recién nacidos malformados (eutanasia
eugenésica neonatal). En realidad la mentalidad eugenésica se aplica con el
aborto; “si se hubiese diagnosticado o
descubierto la enfermedad durante el embarazo probablemente el niño nunca
habría nacido” (1).
Algunos autores unen la eutanasia neonatal de niños deficientes al problema demográfico mundial y la aplican como un “programa” para evitar la superpoblación.
Con
la eutanasia infantil, al igual que sucede con los adultos, se recorren a nivel
popular los siguientes caminos: se pasa de la condena del hecho a la
tolerancia, luego a la aceptación y finalmente a la promoción.
En
julio de 1992
Esta
misma Sociedad acepta la eutanasia en recién nacidos con “una calidad de vida”
muy pobre, en circunstancias excepcionales y bajo condiciones “muy estrictas”.
Para ello siguen los lineamientos de los Dres. Edward Verhagen y Peter Sauer,
de la Universidad de Groningen.
Estos
autores publicaron en el New England Journal of Medicine un protocolo para
realizar eutanasia en lactantes con el
consentimiento de los padres (3). De este modo se involucra a la familia para obtener su aceptación.
Según
estos autores, los recién nacidos y lactantes no pueden expresar con palabras
la intensidad de su dolor; sí lo hacen a través de ciertos comportamientos o
actitudes que reflejan el grado de malestar que sufren, como por ejemplo: el
aumento de la frecuencia cardiaca, el aumento de la presión arterial o patrones
de respiración alterados que demostrarían cuán intolerable es el dolor.
Sabemos
que los pediatras y los neonatólogos son conscientes de que se puede
administrar a los recién nacidos y lactantes anestesia y sedación de forma
segura para calmar el dolor, además de cuidados médicos y de enfermería acordes
a cada patología específica. En la actualidad se logra disminuir el sufrimiento
de los niños y se otorga apoyo psicológico a los padres frente a un recién
nacido gravemente enfermo o malformado.
En
el 2002 se aprobó en el Parlamento de Holanda una ley que permite a los médicos
practicar la eutanasia o colaborar en el suicidio de pacientes mayores de 18
años que la soliciten en forma “explícita, razonada y repetida”. Luego se
autorizó a pacientes de
La
eutanasia no estaba permitida en menores de 12 años en ningún caso en el mundo.
Actualmente en Holanda se puede aplicar a
todos los nacidos sin ningún tipo de consentimiento informado por parte del
interesado (para el caso de los niños, lactantes y recién nacidos). Se trata ni
más ni menos que del homicidio de una persona que no se puede defender, de un
ser humano que no puede manifestar qué es lo que piensa. Se da muerte a los
niños como “solución a su sufrimiento”.
La
alternativa válida sería acompañar y ayudar en su dolor a estos niños y a sus
familiares; sin embargo, se aduce que la eutanasia es más fácil y menos costosa
económica y emocionalmente.
Ahora
el neonatólogo o el pediatra, junto con los padres, puede decidir eliminar a
los niños que considere que no deben vivir. Con este nuevo acuerdo
médico-judicial en Holanda se traspasa el límite prohibido aún para la
experimentación médica según el Código de Helsinski: se consiente la eutanasia
también para los niños de menos de 12 años, incluidos aquellos en edad
neonatal, respecto de los cuales “no se
puede hablar ciertamente de consentimiento válido” (4). Se ha demostrado
que en la actualidad es cada vez mayor el
número de enfermos pediátricos a los que se practica eutanasia sin su
consentimiento.
El
Dr. Verhagen publicó en Pediatrics la lista de situaciones en las que se puede
realizar eutanasia (5). Este protocolo se conoce como “Protocolo de Groningen”.
En éste se establece con “extremo rigor, paso a paso, los procedimientos que
los médicos deben seguir” para afrontar el problema de “liberar del dolor a los
niños” gravemente enfermos, sometiéndoles a la eutanasia (en menores de 12
años).
Establece
las siguientes condiciones:
1. El diagnóstico y pronóstico debe ser certero.
2. El sufrimiento debe ser insoportable.
3. Ambos
padres deben dar su consentimiento
informado.
4. La constatación por parte del médico que atiende al
niño y de un segundo facultativo independiente, de que el paciente sufre una enfermedad incurable que le causa un sufrimiento
insoportable.
5.
La fiscalía
general examinará lo más rápidamente posible el caso a fin de que el médico no permanezca mucho tiempo en una
situación de inseguridad jurídica.
6. El procedimiento debe ser
realizado de acuerdo con los estándares médicos aceptados.
Las
dos condiciones que señala el protocolo de Groningen para la valoración de la
eutanasia en un recién nacido son: “pronóstico sin esperanza” es decir mala
calidad de vida y un “sufrimiento incontrolable” (6).
Los
dividen en varias categorías para decidir la finalización de la vida:
1. Niños sin chance de sobrevivir, que morirían rápidamente
luego de nacer a pesar de un cuidado óptimo con los métodos actuales
(malformaciones cardíacas o renales, anencéfalos).
2. Niños con muy pobre pronóstico y que son
dependientes del cuidado intensivo. Pueden sobrevivir luego de esta terapia
pero las expectativas sobre su futuro son muy graves e inciertas, su futura
calidad de vida sería muy pobre. Son los niños con anomalías cerebrales o que
cursaron una extrema hipoxemia con lesión cerebral consiguiente.
3. Niños con mal pronóstico, con expectativas
de sufrimiento insoportable. No son dependientes de cuidados intensivos pero
tienen muy mala calidad de vida. Es el caso de los niños con espina bífida,
hidrocefalia. Éstos son los casos que más se discuten con los padres; cuando
ambos padres y médicos están convencidos de que existe un pronóstico
extremadamente pobre, concluyen que la muerte sería más humana que continuar la
vida.
Llama
la atención que con total impunidad ocurran estos homicidios, ya que es
reconocido en el mundo “que el médico nunca provocará intencionalmente la
muerte de ningún paciente”.
Esta
situación tuvo repercusiones a nivel mundial, con clara aceptación por algunos
profesores, en particular por Peter Singer, director del Departamento de
Bioética de la Universidad de Princeton, claro defensor de la eutanasia:
“El hecho de pertenecer a la especie
homo sapiens no es relevante desde el punto de vista moral. Si hacemos una
comparación entre un perro o un cerdo y un niño pequeño con serios defectos,
muchas veces vemos que tales seres humanos no tienen capacidades superiores a
aquellos.” (7)
Engelhardt
aduce que las personas tienen derechos, pero que “no todos los seres humanos son personas, porque no todos tienen la
capacidad de razonar”. Los fetos, los bebés, los retrasados mentales profundos
son ejemplo de seres humanos que no son personas. Afirma además que “los costos enormes de criar niños con
graves desventajas físicas y mentales quitan validez a los usuales deberes de
beneficencia hacia una entidad que todavía no es persona en sentido estricto”
(8).
Verhagen
agrega “la historia reciente muestra cómo
la eliminación de personas con discapacidad, en especial retraso mental, era
justificada con el pretendido fin de terminar existencias llenas de
sufrimiento”.
Sin
embargo esta postura abrió el camino para la
eliminación deliberada de pacientes sin riesgo vital pero con lesiones
irreversibles, fundamentalmente neurológicas, como es el caso de los niños
que padecen de encefalopatías crónicas o parálisis cerebral.
En
la actualidad se utiliza a niños anencefálicos para trasplantes. En ellos es
muy difícil constatar el momento de la muerte del tronco encefálico, por lo
cual se opta por compararlos a un animal
(“no son personas”) y usarlos como donantes de órganos desde el momento de su nacimiento sin objeciones, teniendo en
cuenta su escasa sobrevida y la posibilidad de conservarlos como reserva de
órganos, aún cuando no hayan muerto.
En
Holanda en 1995, en un 23% de las muertes de recién nacidos y lactantes se
usaron fármacos para aliviar el dolor que pudieron acortar la duración de la
vida y en 9% se utilizaron fármacos letales en recién nacidos con espina bífida
o hipoxia grave en el parto (9).
Esta
situación muestra la opinión de un número importante de médicos y refleja
además lo que ocurre en la sociedad: cuando una práctica de este tipo está
respaldada por la ley, se produce el efecto de plano inclinado que lleva a que un número creciente de personas
consideren aceptables prácticas que anteriormente no aprobarían; primero se
admite la legitimidad de la ley de la eutanasia en adultos conscientes que la
hayan solicitado en forma explícita y documentada, luego se aplica a los
jóvenes, a los adolescentes con el consentimiento de los padres y finalmente a
los niños pequeños y neonatos sin su consentimiento. También se extiende a los
adultos considerados incapaces de consentir como los enfermos mentales o en
coma persistente o en estado vegetativo.
C.
Bellieri, neonatólogo italiano reflexiona: “la
eutanasia neonatal no cura el sufrimiento de los neonatos, sería más correcto
decir que ayuda a los adultos; pero ¿podemos aceptar la idea de que alguien
pueda ser asesinado para satisfacer las necesidades de otro?”
Con
el fin de pretender controlar jurídicamente una práctica que se lleva a cabo
desde hace años de un modo silencioso en los hospitales holandeses, Verhagen
plantea: “Es tiempo de ser honesto.
Alrededor de todo el mundo los doctores finalizan vidas discretamente, en
secreto, sin compasión”. ¿Si no tengo opción dejo al niño de lado? ¿O realmente
lo ayudo y lo apuro hacia la muerte?”
Tony
Sheldon escribe en el British Medical Journal comentando la situación de estos
países: ¿Realmente los médicos en Holanda están orgullosos de las barbaridades
que hacen? ¿La muerte deliberada es una opción válida? (10).
Se prescinde de la voluntad de la persona que por su edad es incapaz
obviamente de expresar una elección propia y se la sustituye con la voluntad de otros
-parientes o tutores- y por el juicio del médico, que es el que valora el dolor
y el sufrimiento y establece si son tales como para justificar la anticipación
de
Actualmente impera en la cultura occidental una mentalidad utilitarista
de maximizar el placer y minimizar el dolor. También en el campo de la medicina
se valora el gasto en los tratamientos y la asignación de recursos que siempre
son escasos. Esto lleva a considerar prioritarios los programas relativos al
incremento de la riqueza y de la productividad respecto a los deberes siempre
costosos de aliviar al sufriente y de mantener con vida a enfermos en cuidados
paliativos o atenderlos cuando están cercanos a la muerte, sean niños o
adultos.
Se deja de lado la solidaridad con los más débiles e indefensos. Es necesario volver a encontrar la dignidad de todo hombre, embrión, feto, niño, adulto o anciano; se debe valorar a la persona, fuente y fin de la vida social.
Los cuidados paliativos abogan
por la humanización en el trato con los pacientes moribundos para contrarrestar
Notas
1)
Miranda, G., La otra cara de la eutanasia
autorizada (en Holanda): la eugenesia, Zenit, 6-9-2004.
2)
Mosso Gómez, La Eutanasia: una visión
histórica. Publicación interna de
3) Verhagen, E - Sauer, P., The
4)
Sgreccia, E., La eutanasia en Holanda:
¡también para los niños!, Medicina e Morale 2004/5: 895-901.
5) Verhagen, E., Sauer, P., End of life decisions in newborns. An
approach from the
6)
Moreno, J.M., Galiano, M.J., La eutanasia de niños en Holanda:¿el
final de un plano inclinado?, Cuadernos de Bioética. XVI, 2005, No 3:
345-356.
7) Singer, P., Santity of life or quality of life?,
Pediatrics, 1983; 73:128.
8)
Engelhardt, T., Los fundamentos de la
Bioética, Ed. Paidos, Barcelona, 1995: 155, 165, 257.
9)
Van der Heide, A., van der Maas, P. et al., Medical
end of life decisions made for neonates and infants in the Nertherlands, Lancet 350;
1997: 251-255.
10) Sheldon, T., Killing or caring?, British Medical
Journal, Vol. 330, 2005: 560.
Fe, razón y
universidad. Recuerdos y reflexiones (Papa Benedicto XVI)
Haciendo
clic sobre el título podrá acceder a la magnífica conferencia sobre la fe y la
razón dictada por el Papa Benedicto XVI el día 12/09/2006 en la Universidad de
Ratisbona (Alemania), que ha sido objeto de tantas, tan graves y tan
interesadas manipulaciones por parte de sectores laicistas de Occidente y de
sectores fanáticos del Islam.
Además
de la importancia intrínseca de este discurso, nos mueve a reproducirlo su afinidad
temática con una de las preocupaciones centrales del sitio web y la revista
virtual “Fe y Razón”, uno de cuyos antecedentes principales fue un grupo de
estudio sobre
Equipo
de “Fe y Razón”
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|
Dios te
salve, Reina ¡Oh,
clementísima, oh piadosa, |
Salve,
Regina, O
clemens, o pia, |
Fuente: Catecismo de la Iglesia Católica – Compendio, Apéndice, A)
Oraciones comunes.
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