Fe y Razón

Revista virtual gratuita

Desde Montevideo (Uruguay), al servicio de la evangelización de la cultura

Nº 8 – Septiembre de 2006

Omne verum, a quocumque dicatur, a Spiritu Sancto est

“Toda verdad, dígala quien la diga, procede del Espíritu Santo” (Santo Tomás de Aquino)

 

 

Sitio web madre: “Fe y Razón” – www.feyrazon.org - Lo invitamos a visitar “Fe y Razón” con frecuencia.

Blog: Revista Virtual “Fe y Razón” – www.revistafeyrazon.blogspot.com - Aquí podrá encontrar los números anteriores de la revista.

Contacto: contacto@feyrazon.org - Use esta dirección para comunicarse por cualquier asunto, excepto suscripciones.

Suscripciones: suscripcion@feyrazon.org - Por favor indique “Crear suscripción”, “Modificar suscripción” o “Suprimir suscripción” en el “Asunto” e incluya los siguientes datos en el cuerpo del mensaje: nombre completo, ciudad o localidad, país, e-mail.

 

 

Campaña de suscripciones: Al día 25/08/2006 teníamos 392 suscriptores. Aspiramos a alcanzar una cantidad mínima de 500 suscriptores antes del mes de noviembre. Para ello solicitamos a cada uno de ustedes que consiga otro suscriptor. Desde ya, muchas gracias.

Equipo de “Fe y Razón”

 

 

Equipo de Dirección: Diác. Jorge Novoa, Lic. Néstor Martínez, Ing. Daniel Iglesias.

Colaboradores: Dr. Carlos Alvarez Cozzi, Pbro. Dr. Miguel Antonio Barriola, R. P. Lic. Horacio Bojorge, Pbro. Eliomar Carrara, Dr. Eduardo Casanova, Ing. Agr. Álvaro Fernández, Dra. María Lourdes González, Dr. Gustavo Ordoqui Castilla, Sr. Miguel Pastorino, Sr. Juan Carlos Riojas Alvarez, Dra. Dolores Torrado.

 

 

Tabla de Contenidos

 

Sección

Título

Autor o Fuente

Editorial

Septiembre, mes de la Biblia

Equipo de Dirección

Tema central

¿Sola Escritura?

Ing. Daniel Iglesias

Tema central

Cuatro objeciones contra la inspiración bíblica

Ing. Daniel Iglesias

Tema central

La Sagrada Escritura

Catecismo de la Iglesia Católica - Compendio

Tema central

Los libros sagrados en las religiones monoteístas

Dr. Pedro Gaudiano

Familia y Vida

Proyecto de Ley de Promoción Solidaria de la Mujer, el Niño y la Familia

Dr. Esc. Pedro Montano

Familia y Vida

Relación Familia – Estado

Dr. Mariano Brito

Historia de la Iglesia

La Iglesia Católica y el nazismo

Juan Carlos Riojas Alvarez

Doctrina Social

¿Obligación moral de hacer política?

Dr. Ricardo Rovira

Teología de la historia

Carta a mis amigos católicos militantes

Arq. Horacio Terra Arocena

Libros

Sobre Huntington y “sus” civilizaciones

Miguel Argaya

Oración

Acto de fe

Catecismo de la Iglesia Católica - Compendio

 

 

Septiembre, mes de la Biblia

 

Equipo de Dirección

 

El día 30 de septiembre de cada año la Iglesia Católica conmemora a San Jerónimo.

 

San Jerónimo vivió entre los siglos IV y V. Desde su juventud dedicó su vida a la oración y el estudio de la Biblia. Llegó a  dominar muchos idiomas, incluso las lenguas originales de la Biblia. Viajó a Belén y allí, junto a la gruta donde nació Jesús, pasó la mayor parte de su vida, estudiando y traduciendo la Sagrada Escritura. Produjo una traducción completa de la Biblia al latín, a partir de los textos originales en hebreo, arameo y griego. Su traducción latina de la Biblia, llamada Vulgata, fue durante muchos siglos la versión más prestigiosa y difundida de la Sagrada Escritura.

 

Por esta razón la Iglesia Católica celebra en septiembre el mes de la Biblia.

 

En sintonía con esta celebración eclesial, el tema central del Nº 8 de la revista “Fe y Razón” es la Sagrada Escritura.

Presentamos pues cuatro artículos sobre este tema:

 

·        En el primer artículo, Daniel Iglesias critica el principio protestante de “sola Escritura” citando varios párrafos del excelente libro de Scott y Kimberly Hahn titulado Roma, dulce hogar, donde quedan en evidencia las contradicciones y aporías a las que conduce dicho principio.

·        En el segundo artículo, Daniel Iglesias presenta y refuta cuatro de las objeciones más comunes contra la inspiración de la Biblia.

·        El tercer artículo reproduce el párrafo del Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica que resume todo lo que la Iglesia cree acerca de la Sagrada Escritura.

·        En el cuarto artículo, el Dr. Pedro Gaudiano presenta los libros sagrados de las tres grandes religiones monoteístas (judaísmo, cristianismo e islamismo), desde el punto de vista de la fenomenología de la religión.

 

Por otra parte, continuamos publicando los documentos relacionados con la Primera Jornada Arquidiocesana sobre Familia y Vida, que tuvo lugar en Montevideo (Uruguay) el día 23/07/2006. En este número incluimos dos de tales documentos:

·        El proyecto de Ley de Promoción Solidaria de la Mujer, el Niño y la Familia presentado por el Dr. Pedro Montano.

·        La ponencia del Dr. Mariano Brito, Rector de la Universidad de Montevideo, acerca de la relación entre la familia y el Estado.

 

Por último destacamos que, por gentileza de la Sra. Margarita Terra, hemos podido publicar en “Fe y Razón” un escrito inédito del Arq. Horacio Terra Arocena (1894-1985), uno de los fieles laicos más destacados que la Iglesia Católica ha tenido en el Uruguay. Se trata de la Carta a mis amigos católicos militantes, de notable valor teológico e histórico. En este número incluimos un hipervínculo hacia esa carta. Recomendamos vivamente su lectura. 

 

Que a lo largo de este mes el Señor nos conceda encontrar y gustar en la Sagrada Escritura la Verdad que nos hace libres: Jesucristo, Luz del mundo y Redentor del hombre.

 

Vuelve a la Tabla de Contenidos

 

 

¿Sola Escritura?

 

Daniel Iglesias Grèzes

 

Los principios fundamentales en los cuales se basó la Reforma protestante son dos: sola fide (sola fe) y sola Scriptura (sola Escritura):

·        El principio protestante de la sola fe dice que el hombre no es justificado por la fe y las obras (como enseña la Iglesia católica), sino sólo por la fe.

·        El principio protestante de la sola Escritura dice que la Divina Revelación no es transmitida por la Sagrada Escritura y la Sagrada Tradición (como enseña la Iglesia católica), sino sólo por la Sagrada Escritura.

 

Con ejemplos y argumentos tomados del estupendo libro Roma, dulce hogar de Scott y Kimberly Hahn, veremos que muchas doctrinas protestantes contradicen el principio protestante de la sola Escritura. Trataremos siete de estas doctrinas en el orden en que aparecen en esa narración del dramático camino de conversión al catolicismo del pastor y teólogo presbiteriano Scott Hahn y su esposa Kimberly.

 

1. El bautismo de los niños.

 

Dentro del protestantismo hay una fuerte corriente (cuyo origen histórico se encuentra en el movimiento anabaptista del siglo XVI) que niega la validez del bautismo de los niños.

 

A modo de introducción, diremos que Scott Hahn nació y fue criado en un hogar presbiteriano, pero la religión significó poco para él hasta que, durante su juventud, se convirtió gracias al testimonio de la organización protestante Young Life. Luego estudió teología en una universidad protestante, el Grove City College, donde conoció a Kimberly, con quien luego se casó. Escuchemos ahora cómo Scott Hahn llegó a descubrir que la doctrina de la invalidez del bautismo de los niños no es bíblica:

 

“En la residencia, algunos de mis amigos empezaron a hablar de ser “rebautizados”. Todos estábamos creciendo juntos en la fe y asistíamos a la congregación local. El ministro –un orador fantástico- estaba enseñando que aquellos que fuimos bautizados de niños nunca fuimos verdaderamente bautizados, y mis amigos parecían seguirle en todo cuanto decía. Al día siguiente nos reunimos para acordar la fecha en que nos “sumergiríamos de verdad”. Pero antes yo les di mi opinión:

-¿No creéis que deberíamos estudiar la Biblia nosotros mismos para asegurarnos de que él está en lo cierto?

Parecía que no me escuchaban.

-¿Cuál es el problema con lo que dice el ministro, Scott? Después de todo, ¿te acuerdas de tu Bautismo? ¿De qué les vale el Bautismo a los bebés si aún no pueden creer?

Yo no estaba seguro, pero sabía que la respuesta no era jugar a “seguir al líder” y basar las creencias sólo en sentimientos, como parecían hacer ellos. De modo que les dije:

-No sé lo que haréis vosotros, pero yo voy a estudiar la Biblia detenidamente antes de lanzarme a bautizarme de nuevo.

A la semana siguiente, ellos se “rebautizaron”. Mientras tanto, yo fui a ver a uno de mis profesores de Biblia y le expliqué lo que estaba sucediendo, pero no quiso darme su opinión. En cambio, me instó a que estudiara el tema más a fondo:

-Scott, ¿por qué no tratas el tema del bautismo de los niños en tu trabajo de investigación escrito?

Me vi en un aprieto. Para ser honesto, no quería estudiar el tema tan a fondo, pero supongo que el Señor sabía que necesitaba un pequeño empujón. Así que durante los meses siguientes leí todo lo que pude encontrar al respecto.

Por aquel entonces, ya había leído la Biblia tres o cuatro veces y estaba convencido de que la clave para comprenderla era el concepto de Alianza. Está en cada página y Dios establece una en cada época. Estudiar la Alianza me dejó clara una cuestión: durante dos mil años, desde el tiempo de Abraham hasta la venida de Cristo, Dios había mostrado a su pueblo que quería que los niños estuvieran en alianza con Él. El modo era sencillo: bastaba darles el signo de la alianza.

En el Antiguo Testamento el signo de entrada a la alianza con Dios era la circuncisión. En el Nuevo Testamento, Cristo había sustituido ese signo por el Bautismo. Pero en ningún sitio leí que Cristo dijera que los niños debían ser excluidos de la alianza; de hecho, le encontré diciendo prácticamente lo contrario: “Dejad que los niños se acerquen a mí y no se lo impidáis, porque de [los que son como] ellos es el reino de los cielos” (Mt 19, 14).

También hallé a los Apóstoles imitándole. Por ejemplo, en Pentecostés, cuando Pedro acabó su primer sermón, llamó a todos a aceptar a Cristo, entrando en la Nueva Alianza: “Arrepentíos y bautizaos en el nombre de Jesucristo, para remisión de vuestros pecados, y recibiréis el don del Espíritu Santo. Porque para vosotros es esta promesa y para vuestros hijos…” (Hch 2, 38-39).

En otras palabras, Dios quería que los niños estuvieran en alianza con Él y puesto que en el Nuevo Testamento sólo figura el bautismo como signo para entrar en la Nueva Alianza, ¿por qué no debían ser bautizados los niños de los creyentes? No era, pues, de extrañar –como descubrí en mi investigación- que la Iglesia practicase el bautismo de los niños desde que fue instituida.

Mostré a mis amigos los resultados de mi investigación bíblica, pero no quisieron escucharme y mucho menos discutirlo. De hecho, percibí que el solo hecho de que yo estudiara el tema no les había gustado nada.

Ese día hice dos descubrimientos: Por un lado, comprobé que muchos de los llamados “cristianos de la Biblia” prefieren basar sus creencias en sentimientos, sin rezar ni leer detenidamente la Escritura. Por otro lado, descubrí también que la alianza era verdaderamente la clave para comprender toda la Biblia.” (Scott y Kimberly Hahn, Roma, dulce hogar. Nuestro camino al catolicismo, Ediciones Rialp, Madrid 2001, pp. 30-32).

 

2.      La anticoncepción.

 

En la actualidad todas las denominaciones protestantes admiten la anticoncepción.

 

Escuchemos el testimonio de Kimberly Hahn al respecto:

 

“Como protestante, no conocía a nadie que no practicara el control de la natalidad. Había sido orientada e inducida a practicarlo como parte de un comportamiento cristiano razonable y responsable. En los cursos de orientación prematrimonial no nos preguntaban si íbamos a utilizarlo o no, sino qué método pensábamos emplear.” (Ídem, pp. 49-50).

 

Cuando Kimberly estudió el tema a fondo, descubrió que la doctrina moral protestante sobre la anticoncepción no tiene ningún fundamento válido en la Biblia. Veamos qué sucedió cuando Scott se interesó acerca de ese trabajo académico de su esposa:

 

“le pregunté qué era eso tan interesante que había descubierto sobre la anticoncepción. Me dijo que hasta 1930 la postura de todas las iglesias respecto a este tema había sido unánime; la anticoncepción era moralmente mala en cualquier circunstancia.

Mi argumento fue:

-Tal vez les llevó todo ese tiempo desprenderse de los últimos vestigios del catolicismo.

Kimberly avanzó un poco más:

-Pero ¿sabes qué razones dan ellos para oponerse al control de la natalidad? Tienen argumentos de más peso de lo que tú crees.

Tuve que admitir que no conocía sus razones. Kimberly me preguntó si estaba dispuesto a leer un libro sobre el tema y me dio El control de la natalidad y la alianza matrimonial, de John Kippley […] Mi especialidad era la teología de la alianza y creía tener todos los libros en los que figuraba la palabra “alianza” en su portada; así que el hecho de descubrir uno que no conocía picó mi curiosidad.

Lo vi y pensé: “¿Editorial Litúrgica? ¡Este tipo es un católico! ¡Un papista! ¿Qué hace plagiando la noción protestante de la alianza?” Sentí aún más curiosidad por saber lo que decía. Me senté a leer el libro y, al cabo de un rato, empecé a pensar: “Algo está mal aquí. No puede ser… ¡Lo que dice este hombre es muy sensato!” Estaba demostrando cómo el matrimonio no es un mero contrato que implica un intercambio de bienes y servicios. El matrimonio es una alianza que lleva consigo una interrelación de personas. La tesis principal de Kippley era que toda alianza tiene un acto por el cual se lleva a cabo y se renueva; y que el acto sexual de los cónyuges es un acto de alianza. Cuando la alianza matrimonial se renueva, Dios la utiliza para dar vida. Renovar la alianza matrimonial y usar anticonceptivos equivalía a recibir la Eucaristía para luego escupirla en el suelo. […]

Comencé a comprender que cada vez que Kimberley y yo realizábamos el acto conyugal, realizábamos algo sagrado; y que cada vez que frustrábamos con los anticonceptivos el poder de dar vida del amor, hacíamos una profanación […]

La Iglesia católica romana era la única iglesia cristiana en todo el mundo que tenía el valor y la integridad para enseñar esta verdad tan impopular. Yo no sabía qué pensar, así que recurrí a un viejo dicho de familia: “Hasta un cerdo ciego puede encontrar una bellota”. Es decir, después de dos mil años, hasta la Iglesia católica por fin daba en el clavo en algo.

Católica o no, era verdad; así que Kimberley y yo nos deshicimos de los anticonceptivos que estábamos usando y empezamos a confiar en el Señor de un modo nuevo en lo que concernía a nuestro proyecto familiar.” (Ídem, pp. 42-44).

 

3.      “Sola fe”.

 

Tiempo después, Scott Hahn realizó otro importante descubrimiento:

 

“descubrí que en ningún lugar enseñó San Pablo que nos salvamos sólo por la fe. El “por la sola fe” (sola fide) no estaba en la Escritura. […]

Para muchos, este hecho no parecería capaz de provocar una gran crisis, pero para alguien empapado de protestantismo y convencido de que el cristianismo dependía de la doctrina de sólo por la fe (sola fide), esto significaba que el mundo se venía abajo.

Recordaba lo que uno de mis teólogos favoritos, el Dr. Gerstner, había dicho una vez en clase: que si los protestantes estaban errados en lo de sola fide y la Iglesia católica tenía razón al sostener que nos salvamos por la fe y las obras, “yo estaría mañana mismo de rodillas delante del Vaticano para hacer penitencia”. […]

En efecto, toda la Reforma protestante nacía de esa diferencia. Lutero y Calvino habían afirmado frecuentemente que éste era el artículo sobre el cual la Iglesia de Roma se levantaba o se caía; para ellos, ése era el motivo por el cual la Iglesia católica había caído y el protestantismo se levantó de sus cenizas. Sola fide fue el principio esencial de la Reforma y yo estaba llegando ahora al convencimiento de que San Pablo nunca lo enseñó.

En la Carta de Santiago 2, 24, la Biblia enseña que “el hombre se justifica por las obras, y no sólo por la fe”. Además, San Pablo dice en I Corintios 13, 2: “Aunque tenga una fe capaz de mover montañas, si no tengo caridad, no soy nada”.

Para mí supuso una transformación traumática tener que reconocer que en este punto Lutero estaba fundamentalmente equivocado.” (Ídem, pp. 46-48).

 

Acerca de este punto, Kimberley añade lo siguiente:

 

“Poco a poco llegamos a convencernos de que Martín Lutero había dejado que sus convicciones teológicas personales contradijeran la propia Biblia, a la cual supuestamente había decidido obedecer en lugar de a la Iglesia católica. Él había declarado que la persona no se justifica por la fe obrando en el amor, sino sólo por la fe. Llegó incluso a añadir la palabra “solamente” después de la palabra “justificado” en su traducción alemana de Romanos 3, 28 y llamó a la Carta de Santiago “epístola falsificada” porque Santiago dice explícitamente: “Veis que por las obras se justifica el hombre y no sólo por la fe”.

De nuevo, y por mucho que nos extrañara, la Iglesia católica tenía razón en un punto fundamental de la doctrina” (Ídem, p. 57).

 

4.      La Eucaristía.

 

Acerca del sacramento de la Eucaristía, Martín Lutero rechazó el dogma católico de la transubstanciación y enseñó la doctrina de la consubstianciación. No obstante, la mayoría de los protestantes actuales niega la presencia real de Cristo en la Eucaristía, contradiciendo la enseñanza explícita de la Biblia.

 

Veamos qué sucedió cuando el pastor Scott Hahn estudió a fondo el discurso de Jesús en la sinagoga de Cafarnaúm sobre el pan de vida:

 

“me habían contratado como formador a tiempo parcial en el seminario presbiteriano local. El tema de mi primera clase era el Evangelio de San Juan, sobre el cual estaba predicando también una serie de sermones en la iglesia. […] Cuando llegué al capítulo sexto en mi preparación tuve que dedicar semanas de cuidadosa investigación a los siguientes versículos (Jn 6, 52-68): […]

Inmediatamente empecé a cuestionar lo que mis profesores me habían enseñado, y lo que yo mismo estaba predicando a mi congregación, acerca de la Eucaristía como un mero símbolo –un profundo símbolo, es cierto, pero sólo un símbolo-. Después de mucha oración y mucho estudio, vine a darme cuenta de que Jesús no podía hablar simbólicamente cuando nos invitó a comer su carne y beber su sangre; los judíos que le escuchaban no se hubieran ofendido ni escandalizado por un mero símbolo. Además, si ellos hubieran malinterpretado a Jesús tomando sus palabras de forma literal –mientras Él sólo hablaba en sentido metafórico-, le hubiera sido fácil al Señor aclarar ese punto. De hecho, ya que muchos de sus discípulos dejaron de seguirle por causa de esta enseñanza (vers. 60), Jesús hubiera estado moralmente obligado a explicar que sólo hablaba simbólicamente.

Pero Él no lo dijo. Y ningún cristiano, a lo largo de más de mil años, negó la Presencia real de Cristo en la Eucaristía. Eso estaba bien claro.

Así que hice lo que cualquier pastor o profesor de seminario hubiera hecho si quería conservar su trabajo: terminé lo antes que pude mis sermones sobre el Evangelio de San Juan al final del capítulo cinco y prácticamente me salté el seis en mis clases.” (Ídem, pp. 65-66).

 

5.      “Sola Escritura”.

 

Tiempo después, un alumno hizo al profesor Scott Hahn una pregunta embarazosa que él nunca había escuchado: ¿dónde enseña la Biblia que la Escritura es nuestra única autoridad en materia de fe? Scott dio una respuesta débil que no dejó satisfecho al alumno y luego cambió de tema. Veamos lo que sucedió luego:

 

“Mientras volvía a casa aquella noche, miré las estrellas y murmuré: “Señor, ¿qué está pasando? ¿Dónde enseña la Escritura sola Scriptura?”

Eran dos las columnas sobre las que sus protestantes basaban su revolución contra Roma. Una ya había caído y la otra se estaba tambaleando. Sentí miedo.

Estudié durante toda la semana sin llegar a ninguna conclusión. Llamé incluso a varios amigos, pero no hice ningún progreso. Finalmente hablé con dos de los mejores teólogos de América y también con algunos de mis ex profesores. Todos aquellos a los que consultaba se sorprendían de que yo les hiciera esa pregunta y se sentían aún más trastornados cuando yo no quedaba satisfecho con sus respuestas. A un profesor le dije:

-Tal vez sufro de amnesia, pero he olvidado las simples razones por las que los protestantes creemos que la Biblia es nuestra única autoridad.

-Scott, qué pregunta tan tonta.

-Pues déme una respuesta tonta.

-Scott –replicó-, en realidad tú no puedes demostrar la doctrina de sola scriptura con la Escritura. La Biblia no enseña explícitamente que ella sea la única autoridad para los cristianos. En otras palabras, Scott, sola scriptura es en esencia la creencia histórica de los reformadores, frente a la pretensión católica de que la autoridad está en la Escritura y, además, en la Iglesia y la Tradición. Para nosotros, por tanto, ésta es sólo una presuposición teológica, nuestro punto de partida, más que una conclusión demostrada. […]

-Scott, mira lo que enseña la Iglesia católica. Es obvio que la Tradición está equivocada.

-Obviamente está equivocada –asentí-. Pero ¿dónde se condena el concepto de Tradición? Y por otro lado, ¿qué quiso decir Pablo cuando pedía a los Tesalonicenses que se ajustaran a la Tradición tanto escrita como oral? –seguí presionando-. ¿No es irónico? Nosotros insistimos en que los cristianos sólo pueden creer lo que la Biblia enseña; pero la propia Biblia no enseña que ella sea nuestra única autoridad.” (Ídem, pp. 69-70).

 

6.      El canon de la Biblia.

 

Durante su investigación acerca del principio de sola Scriptura, Scott Hahn percibió otras dos gravísimas debilidades de la doctrina protestante: se trata del problema del canon de la Biblia y del problema de la interpretación auténtica de la Biblia. Los consideraremos en ese orden.

 

El principio protestante de sola Scriptura no está en la Escritura, pero podría haberlo estado si Dios lo hubiera querido así. El problema del canon bíblico, en cambio, es metafísicamente insoluble desde el punto de vista protestante.

 

Citaremos a continuación parte del diálogo de Scott Hahn con uno de los teólogos protestantes que consultó en su intento de resolver sus dudas:

 

“Un día me invitó a ir con él a un encuentro con uno de nuestros más brillantes maestros, el doctor John Gerstner, un teólogo calvinista formado en Harvard y de fuertes convicciones anti-católicas. […]

-¿cómo podemos estar seguros de que los veintisiete libros del Nuevo Testamento son en sí mismos la infalible palabra de Dios si fueron falibles Papas y falibles concilios los que nos dieron la lista?

Nunca olvidaré su respuesta:

-Scott, eso sencillamente significa que todo lo que podemos tener es una falible colección de documentos infalibles.

-¿Es eso realmente lo mejor que el cristianismo protestante histórico puede aportar?

-Sí, Scott, todo lo que podemos hacer son juicios probables basados en la evidencia histórica. No tenemos ninguna otra autoridad infalible más que la Escritura.

-Pero, doctor Gerstner, ¿cómo puedo yo saber que realmente es la palabra de Dios infalible la que estoy leyendo cuando abro a Mateo o a Romanos o a Gálatas?

-Como te he dicho, Scott, todo lo que tenemos es una colección falible de documentos infalibles.

De nuevo me sentí muy disconforme con sus respuestas, a pesar de que sabía que él estaba presentando con toda honestidad las tesis protestantes. Mi única respuesta fue:

-Entonces, si las cosas son así, doctor Gerstner, creo que debemos tener la Biblia y la Iglesia. ¡O las dos o ninguna!” (Ídem, pp. 86 y 92).

 

La simple evidencia histórica es incapaz por sí misma de garantizar la verdad de una doctrina de fe sobrenatural: que determinados escritos transmiten sin error la Palabra de Dios revelada por Cristo.

 

7.      El “libre examen” de la Biblia.

 

Según la doctrina católica, el cristiano debe interpretar la Biblia en sintonía con la Tradición de la Iglesia y bajo la guía de su Magisterio.

 

Según la doctrina protestante, cada cristiano debe interpretar la Biblia contando para ello con la asistencia del Espíritu Santo. Ésta es la doctrina conocida como “libre examen”.

 

Veamos ahora otra parte del diálogo de Scott Hahn con el Dr. John Gerstner, a quien Scott estaba consultando (como último recurso) en busca de ayuda para resolver sus serias dudas teológicas:

 

“-Scott, si estás de acuerdo en que ahora poseemos la inspirada e inerrante Palabra de Dios en la Escritura, ¿qué más necesitamos entonces?

Le contesté:

-[…] Desde la época de la Reforma, han ido surgiendo más de veinticinco mil diferentes denominaciones protestantes y los expertos dicen que en la actualidad nacen cinco nuevas a la semana. Cada una de ellas asegura seguir al Espíritu Santo y el pleno sentido de la Escritura. Dios sabe que necesitamos mucho más que eso.

Lo que quiero decir, doctor Gerstner, es que cuando los fundadores de nuestra nación nos dieron la Constitución, no se contentaron sólo con eso. ¿Se imagina lo que tendríamos hoy si lo único que nos hubieran dejado fuera un documento, por muy bueno que sea, junto con la recomendación “Que el espíritu de George Washington guíe a cada ciudadano”? Tendríamos una anarquía, que es precisamente lo que los protestantes tenemos en lo que se refiere a la unidad de la Iglesia… En lugar de eso, nuestros padres fundadores nos dieron algo más que la Constitución; nos dieron un gobierno formado por un presidente, un congreso y una corte suprema, todos ellos necesarios para aplicar e interpretar la Constitución. Y si eso es necesario para gobernar un país como el nuestro, ¿qué será necesario para gobernar una Iglesia que abarca el mundo entero?

Por eso, doctor Gerstner, yo estoy empezando a creer que Cristo no nos dejó sólo con su Espíritu y un libro. Es más, en ninguna parte del Evangelio dice nada a los apóstoles acerca de escribir y apenas la mitad de ellos escribieron libros que fueran incluidos en el Nuevo Testamento. Lo que Cristo sí le dijo a Pedro fue: “Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella”. Por eso me parece más lógico que Jesús nos haya dejado su Iglesia, constituida por el Papa, los obispos y los Concilios, todos ellos necesarios para aplicar e interpretar la Escritura.” (Ídem, pp. 89-90).

 

Scott Hahn fue recibido en la Iglesia católica en la Vigilia Pascual de 1986.

 

Kimberly Hahn fue recibida en la Iglesia católica en la Vigilia Pascual de 1990.

 

Vuelve a la Tabla de Contenidos

 

 

Cuatro objeciones contra la inspiración bíblica

 

Daniel Iglesias Grèzes

 

Presentaremos y refutaremos sucesivamente cuatro objeciones corrientes contra la inspiración bíblica.

 

1. La objeción acerca de la veracidad de la Biblia.

 

Los críticos anticristianos manejan una gran cantidad de objeciones contra la veracidad de la Biblia. Responder detalladamente cada una de sus objeciones sería casi imposible, porque requeriría demasiado espacio y tiempo. Sin embargo, es posible refutar globalmente la gran mayoría de estas objeciones, concretamente las objeciones que no toman en cuenta la finalidad religiosa de la Biblia, ni sus géneros literarios, ni su contexto histórico y cultural.

 

Las objeciones mencionadas se inscriben típicamente dentro de un conjunto de problemas bien conocido, que dio en llamarse “la cuestión bíblica” y fue muy debatido entre los estudiosos de la Biblia desde el siglo XVII hasta mediados del siglo XX. Después de un tiempo de maduración, los principios generales de la solución de la cuestión bíblica fueron aceptados oficialmente por la Iglesia católica en 1943, por medio de la encíclica Divino Afflante Spiritu del Papa Pío XII. De modo que lo menos que puede decirse de estas objeciones anticristianas es que están bastante pasadas de moda.

 

La gran mayoría de los argumentos contrarios a la veracidad de la Biblia pueden ser esquematizados así en forma de silogismo:

 

·        Premisa mayor: Si la Biblia es Palabra de Dios, entonces no puede enseñar ningún error.

·        Premisa menor: Pero la Biblia contiene muchos textos que enseñan cosas contradictorias entre sí o con verdades demostradas por las ciencias naturales o históricas.

·        Conclusión: Por lo tanto, la Biblia no es Palabra de Dios.

 

La premisa mayor es verdadera, pero la premisa menor es falsa; por lo tanto, la conclusión es inválida.

 

Analicemos más de cerca la premisa menor. Ella supone implícitamente una interpretación fundamentalista de la Biblia, es decir algo muy diferente de la interpretación católica de la Biblia. El fundamentalismo (propio de muchas comunidades eclesiales de origen protestante y de algunos grupos semicristianos) rechaza el estudio histórico-crítico de la Biblia y da a la Sagrada Escritura una interpretación simplista y superficial, atada al sentido aparente de los textos. La exégesis católica, en cambio, utiliza la fe y la razón, los resultados del estudio científico de la Biblia iluminados por la fe cristiana.

 

Ilustremos esto con un ejemplo. El capítulo 1 del Génesis relata la creación del universo por obra de Dios. Según este relato, Dios empleó seis días para crear todo lo visible y lo invisible; en el sexto día Dios creó al ser humano y en el séptimo día descansó. Una interpretación fundamentalista de este capítulo lleva a rechazar todos los descubrimientos científicos que suponen una evolución cósmica y biológica de miles de millones de años previa a la aparición del hombre sobre la Tierra. La interpretación católica, en cambio, se basa en los siguientes dos principios:

 

·        "Como todo lo que afirman los hagiógrafos, o autores inspirados, lo afirma el Espíritu Santo, se sigue que los Libros sagrados enseñan sólidamente, fielmente y sin error la verdad que Dios hizo consignar en dichos libros para salvación nuestra." (Concilio Vaticano II, constitución dogmática Dei Verbum, n. 11).

·        "El intérprete indagará lo que el autor sagrado dice e intenta decir, según su tiempo y cultura, por medio de los géneros literarios propios de su época." (Concilio Vaticano II, constitución dogmática Dei Verbum, n. 12).

 

Vale decir que la interpretación católica de la Biblia distingue la verdad salvífica transmitida por la Biblia del "ropaje literario" utilizado como medio de transmisión de dicha verdad. En el ejemplo citado, es claro que las verdades salvíficas que Dios nos transmite por medio de Génesis 1 son cosas muy diferentes de una cosmología arcaica; o sea, Génesis 1 nos transmite verdades tales como las siguientes:

 

·        Todo lo que existe ha sido creado por Dios.

·        Todo lo que Dios ha creado es bueno.

·        El ser humano es la cumbre del universo material.

·        El hombre y la mujer han sido creados a imagen y semejanza de Dios.

·        etc.

 

La necesidad de tomar en cuenta el género literario de un texto para darle una interpretación racional es muy clara. No se puede interpretar una narración épica del mismo modo que un poema, un drama o un ensayo filosófico. Es obvio que sería absurdo rechazar la verdad de la parábola del hijo pródigo con base en que históricamente no existió aquel "padre que tenía dos hijos". Este error es semejante al cometido en la clase de argumentos críticos que estamos comentando.

 

Es muy importante comprender bien el sentido de la doctrina católica sobre la inerrancia de la Biblia. La Iglesia católica cree que la Biblia enseña sin error la verdad que Dios quiso transmitirnos (a nosotros los hombres) para nuestra salvación. Por lo tanto estamos tratando en principio acerca de verdades religioso-salvíficas, no de verdades científicas. La lectura de la Biblia permite conocer la cosmología de los antiguos hebreos, pero también permite conocer algo infinitamente más importante: la verdad sobre Dios y la verdad última sobre el hombre, sobre su origen, su fundamento, su vocación y su destino.

 

La Biblia no es un manual de ciencia y ni siquiera, hablando estrictamente, un libro de historia, sino un libro que nos transmite verdades religiosas importantes para nuestra salvación por medio de géneros literarios propios de una cultura de la Antigüedad. Muchas veces la Biblia nos transmite su mensaje de salvación por medio de la narración de una historia, pero se trata entonces de una "historia teológica", o más bien de una "teología histórica", un descubrimiento profético de la Palabra de Dios a través de los sucesos históricos.

 

Como escribió San Agustín a principios del siglo V, "la Biblia no enseña cómo va el cielo, sino cómo se va al cielo". Si los críticos quieren emitir un juicio sobre la veracidad de la Biblia, deben elevar su mirada y apuntar al verdadero objeto de la enseñanza bíblica, una verdad propiamente religiosa.

 

Al leer la Biblia desde esta perspectiva (la única correcta) se desvanece la falsa impresión de que la Biblia enseña cosas contradictorias. Las afirmaciones aparentemente contradictorias (referidas a cuestiones científicas, históricas etc.) son medios literarios que los autores sagrados utilizan para transmitir verdades religiosas que son siempre verdaderas y coherentes entre sí.

 

2.      La objeción acerca de la autoría humana de la Biblia.

 

Esta objeción tiene la siguiente forma:

 

·        Premisa mayor: Si la Biblia es Palabra de Dios, entonces no puede tener autores humanos.

·        Premisa menor: Pero la Biblia tiene autores humanos (como se demuestra por ejemplo por medio de las influencias de los mitos babilónicos en los relatos bíblicos de la creación y el diluvio).

·        Conclusión: Por lo tanto, la Biblia no es Palabra de Dios.

 

La premisa mayor es falsa; por lo tanto, a pesar de que la premisa menor sea verdadera, la conclusión es inválida.

 

La Biblia es un conjunto de libros escritos por autores humanos inspirados por Dios. Dios es el autor principal de la Biblia; no obstante, los hagiógrafos o escritores sagrados, aunque escribieron todo y sólo lo que Dios quiso que escribieran, son también verdaderos autores.

 

Los cristianos no creemos que nuestra Sagrada Escritura haya sido escrita en el cielo, como lo creen los musulmanes respecto del Corán y los mormones respecto del Libro del Mormón. Tampoco imaginamos la inspiración bíblica como una especie de trance espiritista. Si bien Dios es la causa principal de la Biblia y los hagiógrafos son sus causas instrumentales, éstos no fueron utilizados por Dios del mismo modo que un músico usa su instrumento musical. Los hagiógrafos obraron como instrumentos de Dios, pero conscientes y libres. Cada autor sagrado escribió siguiendo un plan determinado, conforme a su propio estilo de pensamiento y de escritura, utilizando unos géneros literarios escogidos por él dentro del marco de la cultura de su época y de su ambiente. La inspiración bíblica consiste en que el Espíritu Santo iluminó las mentes de los hagiógrafos y los asistió para que transmitieran por escrito y sin error la Divina Revelación. Ni siquiera es necesario que los autores sagrados fueran siempre conscientes de esta inspiración divina mientras escribían la Biblia.

 

3.      La objeción acerca de la santidad de la Biblia.

 

Esta objeción tiene la siguiente forma:

 

·        Premisa mayor: Si la Biblia es Palabra de Dios, entonces no puede aprobar el pecado.

·        Premisa menor: Pero la Biblia aprueba el pecado (como por ejemplo en el relato del incesto de las dos hijas de Lot, en Génesis 19).

·        Conclusión: Por lo tanto, la Biblia no es Palabra de Dios.

 

La premisa mayor es verdadera, pero la premisa menor es falsa; por lo tanto, la conclusión es inválida.

 

La falsedad de la premisa menor es evidente. El hecho de que la Biblia narre un pecado no implica que lo apruebe. A lo largo de toda la Biblia se advierte claramente un rechazo radical del pecado. Esto no es obstáculo para reconocer que la revelación bíblica fue gradual, particularmente en lo que se refiere a la doctrina moral del Antiguo Testamento.

 

4.      La objeción acerca de la historicidad de los Evangelios.

 

Esta objeción tiene la siguiente forma:

 

·        Premisa mayor: Si la Biblia es Palabra de Dios, entonces los Evangelios deben ser biografías exactas de Jesús.

·        Premisa menor: Pero los Evangelios no son biografías exactas de Jesús (como se demuestra por ejemplo por medio de las diferencias entre los relatos evangélicos de la pasión, muerte y resurrección de Jesús).

·        Conclusión: Por lo tanto, la Biblia no es Palabra de Dios.

 

La premisa mayor es falsa; por lo tanto, a pesar de que la premisa menor es verdadera, la conclusión es inválida.

 

La Iglesia católica ha afirmado siempre con firmeza la historicidad de los Evangelios. Sin embargo, esto no equivale a afirmar que los Evangelios son biografías exactas de Jesús en el sentido moderno de esta expresión. Conocer la crónica periodísticamente completa y exacta de la vida y las obras de Jesús de Nazaret no es necesario para nuestra salvación. Por eso no debe preocuparnos el hecho de que los Evangelios no nos permitan reconstruir con plena certeza la cronología y la topografía de las andanzas de Jesús.

 

Los Evangelios narran la historia de una persona determinada en un lugar y una época determinados. La concordancia de las narraciones evangélicas con la geografía, la historia, la lengua y la cultura de la Palestina de comienzos del siglo I es tan perfecta y completa que sitúa a los Evangelios a una distancia abismal de cualquier mitología. Aunque a veces no podamos saber con total seguridad si unas palabras determinadas son las mismísimas palabras originarias de Jesús, los Evangelios nos transmiten la doctrina de Jesús sin deformaciones. La imagen que nos ofrecen de Jesús es la de un personaje singularísimo, inmediatamente reconocible.

 

Los Evangelios nos ofrecen un testimonio de fe sobre Jesús de Nazaret. Fueron escritos por cristianos con la intención de transmitir a otros el Evangelio o Buena Noticia de Jesucristo, el Hijo de Dios. Pero esto no quita valor histórico a dicho testimonio. Los Evangelios en general y los relatos de la pasión, muerte y resurrección de Cristo en particular deben ser considerados testimonios sustancialmente fidedignos desde el punto de vista histórico. Esto se puede demostrar aplicándoles los mismos criterios de historicidad que son utilizados para juzgar los documentos de la historia profana.

 

Vuelve a la Tabla de Contenidos

 

 

La Sagrada Escritura

 

Catecismo de la Iglesia Católica - Compendio, nn. 18-24.

 

18. ¿Por qué decimos que la Sagrada Escritura enseña la verdad?

Decimos que la Sagrada Escritura enseña la verdad porque Dios mismo es su autor: por eso afirmamos que está inspirada y enseña sin error las verdades necesarias para nuestra salvación. El Espíritu Santo ha inspirado, en efecto, a los autores humanos de la Sagrada Escritura, los cuales han escrito lo que el Espíritu ha querido enseñarnos. La fe cristiana, sin embargo, no es una “religión del libro”, sino de la Palabra de Dios, que no es “una palabra escrita y muda, sino el Verbo encarnado y vivo”.

 

19. ¿Cómo se debe leer la Sagrada Escritura?

La Sagrada Escritura debe ser leída e interpretada con la ayuda del Espíritu Santo y bajo la guía del Magisterio de la Iglesia, según tres criterios: 1) atención al contenido y a la unidad de toda la escritura; 2) lectura de la Escritura en la Tradición viva de la Iglesia; 3) respeto de la analogía de la fe, es decir, de la cohesión entre las verdades de la fe.

 

20. ¿Qué es el canon de las Escrituras?

El canon de las Escrituras es el elenco completo de todos los escritos que la Tradición Apostólica ha hecho discernir a la Iglesia como sagrados. Tal canon comprende cuarenta y seis escritos del Antiguo Testamento y veintisiete del Nuevo.

 

21. ¿Qué importancia tiene el Antiguo Testamento para los cristianos?

Los cristianos veneran el Antiguo Testamento como verdadera Palabra de Dios: todos sus libros están divinamente inspirados y conservan un valor permanente, dan testimonio de la pedagogía divina del amor salvífico de Dios y han sido escritos sobre todo para preparar la venida de Cristo Salvador del mundo.

 

22. ¿Qué importancia tiene el Nuevo Testamento para los cristianos?

El Nuevo Testamento, cuyo centro es Jesucristo, nos transmite la verdad definitiva de la Revelación divina. En él, los cuatro Evangelios de Mateo, Marcos, Lucas y Juan, siendo el principal testimonio de la vida y doctrina de Jesús, constituyen el corazón de todas las Escrituras y ocupan un puesto único en la Iglesia.

 

23. ¿Qué unidad existe entre el Antiguo y el Nuevo Testamento?

La Escritura es una porque es única la Palabra de Dios, único el proyecto salvífico de Dios y única la inspiración divina de ambos Testamentos. El Antiguo Testamento prepara el Nuevo, mientras que éste da cumplimiento al Antiguo: ambos se iluminan recíprocamente.

 

24. ¿Qué función tiene la Sagrada Escritura en la vida de la Iglesia?

La Sagrada Escritura proporciona apoyo y vigor a la vida de la Iglesia. Para sus hijos, es firmeza de la fe, alimento y manantial de vida espiritual. Es el alma de la teología y de la predicación pastoral. Dice el Salmista: “lámpara es tu palabra para mis pasos, luz en mi sendero”. Por esto la Iglesia exhorta a la lectura frecuente de la Sagrada Escritura, pues “desconocer la Escritura es desconocer a Cristo”.

 

Vuelve a la Tabla de Contenidos

 

 

Los libros sagrados de las religiones monoteístas

 

Pedro Gaudiano (*)

 

Después de haber analizado “¿Qué es la religión?” (Boletín CIEF N° 29, abril 2004, pp. 10-11) y “La concepción de Dios en las religiones monoteístas” (Boletín CIEF Nº 31, agosto 2004, pp. 12-13), ahora nos vamos a centrar en otro de los elementos básicos para el análisis de cualquier religión –en este caso las monoteístas–, es decir, sus libros sagrados.

Libros sagrados del judaísmo

La Biblia hebrea o Tanak está compuesta por libros inspirados por Dios que contienen lo que Él ha revelado. Consta de los libros del Antiguo Testamento (excepto Judit, Tobías, 1 y 2 Macabeos, Sabiduría, Baruc y Eclesiástico, no considerados por los judíos –ni por los protestantes– como inspirados por Dios), escritos en hebreo y arameo desde el siglo XVI hasta el siglo II a.C. El nombre “Tanak” proviene de las tres divisiones de la Biblia judía en hebreo:

Ø      La Torá (Ley): comprende los cinco libros del llamado “Pentateuco”: Génesis, Éxodo, Levítico, Números y Deuteronomio. Sin embargo, el término “Torá” puede usarse con referencia a la Biblia judía en su totalidad, así como a la ley oral y el Talmud.

Ø      Los Nebi’im (Profetas): recogen la historia y enseñanzas de los profetas de Israel. Incluye los profetas mayores –Isaías, Jeremías y Ezequiel– y los doce profetas menores –desde Oseas hasta Malaquías–.

Ø      Los Ketubim (Escritos): incluyen el resto de los libros del Antiguo Testamento: las obras poéticas (Salmos, Proverbios, Job, Cantar de los Cantares y Lamentaciones) y además los libros de Rut, Eclesiastés, Ester, Daniel, Esdras, Nehemías y Primero y Segundo de Crónicas.

 

Desde el punto de vista gentil, el “Tanak” es el más importante de los escritos sagrados judíos. Sin embargo, el punto de vista judío es diferente. Muchos judíos concordarían con el comentario del rabino Adin Steinsaltz: “Si la Biblia es la piedra angular del judaísmo, entonces el Talmud es la columna central, que se eleva desde los cimientos y sostiene todo el edificio espiritual e intelectual. [...] Ninguna otra obra ha tenido igual influencia en la teoría y práctica de la vida judía” (The essential Talmud).

 

Entonces, ¿qué es el Talmud? Los judíos ortodoxos no sólo creen que Dios dio a Moisés la ley escrita, o Torá, en el monte Sinaí, sino que también Dios le reveló explicaciones específicas de cómo observar aquella Ley, y que éstas habían de trasmitirse oralmente. Esto se llamó la ley oral. El Talmud es el resumen escrito, con comentarios y explicaciones posteriores, de esa ley oral, compilada por distintos rabinos. El Talmud por lo general se divide en dos secciones principales:

Ø      La Misná: una colección de comentarios que complementan la Ley de las Escrituras, basada en las explicaciones de los rabinos llamados Tannaim (maestros). Fue puesta por escrito a fines del siglo II y principios del siglo III d.C.

Ø      La Guemará (originalmente llamada el Talmud): una colección de comentarios sobre la Misná por rabinos de un período posterior (del siglo III al VI d.C.).

Además de estas dos divisiones principales, el Talmud también puede incluir comentarios sobre la Guemará hechos por rabinos hasta ya entrada la Edad Media. Entre estos rabinos se destacaron Rashi (Salomón ben Isaac, 1040-1105), quien hizo mucho más entendible el difícil lenguaje del Talmud, y Rambam (Moisés ben Maimón, mejor conocido como Maimónides, 1135-1204), quien reorganizó el Talmud en una versión concisa (Misné Torá), haciéndolo así accesible a todos los judíos.

 

Libros sagrados del cristianismo

La Biblia recoge casi 2.000 años de historia. Comienza con la figura de Abraham (hacia el año 1.900 a.C.), recorre toda la historia del pueblo de Israel, narra el nacimiento y la vida de Jesús y termina con los acontecimientos de los primeros cristianos (a finales del siglo I d.C.).

La palabra “biblia” viene del griego. Es el plural de la palabra “biblion”, que significa “libro”. Así pues, la palabra “biblia” significa “libros”. La Biblia que utilizan los católicos, aunque sea un solo libro, en realidad es como una pequeña biblioteca. Contiene 73 libros diferentes que se han escrito a lo largo de cientos de años. Originariamente se han escrito en dos lenguas: hebreo y griego, aunque existen algunos fragmentos en arameo.

Todas las biblias que se utilizan hoy son una traducción. Por eso hay algunas diferencias entre ellas, porque cada una matiza de forma distinta la traducción del original.

 

Los records de la Biblia

Ø      Fue el primer libro que se imprimió. Lo hizo Gutenberg en 1456.

Ø      Es el libro más traducido. Desde la invención de la imprenta, ha sido publicada en unas 1.800 lenguas y dialectos diferentes.

Ø      Es el libro más difundido. Entre 1815 y 1975 se distribuyeron 2.500 millones de Biblias.

 

La Biblia políglota. La palabra viene del griego y se compone a su vez de dos palabras: polys (muchos) y glotta (lengua). Así pues, las Biblias políglotas son Biblias en muchas lenguas. La más antigua es la Complutense. Se hizo en Alcalá de Henares por encargo del cardenal Cisneros. Se editó entre 1502 y 1517. Contiene cuatro lenguas: hebreo, arameo, griego y latín.

 

La Biblia católica actual se compone de dos partes:

Ø      El Antiguo Testamento, con 46 libros, recoge la historia del pueblo de Israel desde sus orígenes hasta el nacimiento de Jesús. Está constituido por la Biblia judía o Tanak, a la que se agregaron los siete libros que hemos mencionado al comienzo de este artículo.

Ø      El Nuevo Testamento, con 27 libros, contiene cuatro Evangelios que narran la vida y enseñanzas de Jesús; los Hechos de los Apóstoles y las Cartas, que describen la vida de los primeros cristianos; y el Apocalipsis, último libro de la Biblia.

Los libros que componen la Biblia fueron escritos en épocas muy distintas y con diversos géneros literarios. Se llama géneros literarios a las diferentes maneras de expresión de los autores, según la intención que tuvieron. Los más utilizados en la Biblia son los siguientes: histórico, jurídico, profético, lírico, sapiencial, epistolar y apocalíptico.

Lo más importante de la Biblia es el mensaje religioso que trasmite; por eso no debe considerarse como un libro de historia o un libro científico. La intención de sus autores era muy diferente: querían trasmitir un mensaje religioso. De ahí que, a veces, a la Biblia se le llame Sagradas Escrituras. Dios, que es el autor principal de la Biblia, se ha servido de distintos autores humanos para comunicarse con las personas. Por eso se dice que la Biblia es la Palabra de Dios. En ella se encuentran mensajes para la vida personal, como por ejemplo, para qué vivo, cómo tengo que actuar, qué hay después de la muerte, etc.

 

Libros sagrados del islamismo

El más importante es el “Corán”, palabra árabe que significa “recitación. Es [Nota del editor: según el islamismo] la palabra de Alá recogida por Mahoma, su profeta, que la ha transmitido a sus compañeros. En el Corán, Dios habla en primera persona. La tradición musulmana considera el Corán como la obra misma de Dios. Según la tradición, el ángel Gabriel dictó el Corán a Mahoma tal como estaba previamente escrito en el cielo. Le fue dictado en árabe, por lo que esta lengua se convierte en el idioma de Dios. Todo musulmán, sea cual fuere su lengua materna, ha de leerlo y recitarlo en árabe. Para los musulmanes, cualquier traducción del Corán a otra lengua desfigura el texto. Algunos eruditos islámicos se rehúsan a traducirlo para no traicionarlo.

Se cree que las revelaciones le vinieron a Mahoma durante un período de 20 a 23 años, desde aproximadamente el año 610 d.C. hasta su muerte en 632 d.C. Las fuentes musulmanas explican que Mahoma no sabía leer y que por lo tanto tuvo que aprenderse de memoria cada revelación para luego poder repetirla y recitarla. Esto no le fue difícil, ya que los árabes eran diestros en el uso de la memoria.

El Corán consta de 6.266 versículos o aleyas, agrupados en 114 capítulos (suras o azoras). Su estilo literario es una mezcla de prosa y poesía sin métrica. Constituye para el creyente no sólo una referencia religiosa que le dice lo que hay que creer, sino también un código donde se describe todo lo que debe hacer en su comportamiento social. Por eso, en muchos países musulmanes, el Corán es adoptado también como la ley que rige en el país.

 

En el Corán se mencionan personajes del Antiguo Testamento: Adán, Noé, Abraham, Ismael, Lot, José, Moisés, Saúl, David, Salomón, Elías, Job y Jonás; y también del Nuevo Testamento: Zacarías, Juan el Bautista, Jesús, que es considerado como un profeta nacido milagrosamente de María, la Virgen, que es considerada la mujer más pura de la creación.

 

Otro de los libros sagrados del Islam es el llamado Hadiz o Sunna que, aunque no se considera un libro revelado por Dios, contiene información sobre comportamientos que la tradición atribuye a Mahoma. Así, la forma de obrar de Mahoma pasó a ser la de todos los musulmanes.

La tercera fuente de enseñanza y guía para el Islam es la Sharia o derecho canónico. Se basa en principios del Corán y reglamenta religiosa, política y socialmente toda la vida del musulmán.

 

* Pedro Gaudiano es Doctor en Teología, profesor de Antropología y de Fenomenología de la Religión en la Universidad Católica. En el Centro de Investigación y Estudios Familiares (CIEF) es profesor de Antropología y de Comunicación de Valores en la Familia.

 

Nota: Este artículo fue publicado originalmente en: Boletín CIEF, N° 32, diciembre 2004, pp. 10-12.

 

Vuelve a la Tabla de Contenidos

 

 

Proyecto de Ley de Promoción Solidaria de la Mujer, el Niño y la Familia

 

Dr. Pedro J. Montano

 

Exposición de Motivos

1. La familia

La Carta Magna pone un especial cuidado en jerarquizar y promover a la institución familiar.

"La familia es la base de nuestra sociedad. El Estado velará por su estabilidad moral y material, para la mejor formación de los hijos dentro de la sociedad" (art. 40).

"El cuidado y educación de los hijos, para que éstos alcancen su plena capacidad corporal, intelectual y social, es un deber y un derecho de los padres. Quienes tengan a su cargo numerosa prole tienen derecho a auxilios compensatorios, siempre que los necesiten.

La ley dispondrá las medidas necesarias para que la infancia y juventud sean protegidas contra el abandono corporal, intelectual o moral de sus padres o tutores, así como contra la explotación y el abuso" (art. 41).

La familia es, como señala nuestra Constitución, la célula básica de la sociedad. En ella se gesta y desarrolla la vida de cada persona y se proyecta socialmente. Por ello, la mejor forma de proteger la vida es a través de la promoción de la familia.

Esta promoción tiene que hacerse a través de medios concretos que alienten la acogida de nuevas vidas en el seno familiar, en condiciones adecuadas a la dignidad humana. Es así que, por este proyecto, se proponen medidas a través de las cuales se intenta instaurar un real apoyo y nuevas formas de adopción más ágiles en su trámite que las actuales.

Es de singular importancia hacer notar que nuestro pueblo mantiene su aprecio por la familia y siempre considera al núcleo familiar como la base y célula vital de la sociedad.

La unión y el vínculo afectivo son los elementos que desde el punto de vista de nuestros ciudadanos dan el verdadero sentido a la familia, identificándose su figura con una modalidad de relación, más que con una estructura legal determinada. De la compulsa de los datos demográficos existentes, se pueden extraer varios indicadores de la gravedad de la situación en que se encuentra la familia y, en especial, la mujer y la niñez. Por un lado revelan un muy alto índice de desintegración familiar, un alto número de mujeres abandonadas, madres solteras y adolescentes, y un índice creciente de hijos naturales. Todo esto, en un marco de una tasa de crecimiento de la población que apenas alcanza a la de sustitución generacional. Dentro de estos nacimientos, una muy importante y creciente población pertenece a hogares situados bajo la línea de pobreza.

El Uruguay no tiene problemas de superpoblación; más bien, todo lo contrario. A su vez, la distribución etárea de nuestro pueblo se corresponde con una pirámide invertida, lo cual revela un envejecimiento progresivo de la población, con la evidente consecuencia de una desproporción entre la población activa y la pasiva. Esta tendencia se manifiesta desde las primeras décadas del siglo y va en aumento.

2. La mujer

A nadie escapa el importante papel que desempeña la mujer en el seno de la sociedad actual. Ella afronta una doble tarea: por un lado, es la principal e insustituible protagonista de la vida familiar; por otro lado, su aporte es esencial en el ámbito social, laboral y político. Sin embargo, muchas veces la sociedad no le brinda las condiciones mínimas necesarias para cumplir su importante rol. Por el contrario, se dan situaciones de discriminación y desamparo que no sólo son injustas para ella personalmente, sino contraproducentes para los intereses de la comunidad toda.

La Constitución reconoce la importancia de la maternidad en la sociedad actual: "La maternidad, cualquiera sea la condición o estado de la mujer, tiene derecho a la protección de la sociedad y a su asistencia en caso de desamparo" (inciso 2o. del artículo 42).

Son las mujeres las que, a pesar de las nuevas tendencias, continúan siendo los actores esenciales en la procreación familiar cotidiana y en la socialización de las nuevas generaciones.

También son las madres las que sienten una mayor responsabilidad en contraposición con los padres, tanto en relación al cuidado de los hijos, como con cualquier problemática familiar, sintiendo que su rol no es correctamente desempeñado por tener que dividir su tiempo entre el hogar y el trabajo. Incluso pueden llegar a posponer proyectos personales por considerar que entran en contradicción con los roles de madre y esposa.

El presente proyecto procura atacar también las verdaderas causas del aborto en nuestro país, que surgen de nuestra realidad socio-económica. Existe un gran número de mujeres, particularmente de los sectores más carenciados de la población, que soportan la carga del hogar solas. Para ello, el proyecto pretende rodear a la mujer desamparada de la indispensable protección solidaria, en vez de abandonarla a su propia individualidad. En los proyectos que favorecen el aborto, a una mujer con el problema de un embarazo no querido se le agrega el trauma que supone la realización del mismo, abandonándola a su propia situación y conciencia. En su lugar, se propone acompañarla, y ayudarla a que dicho embarazo sirva para la formación de una familia.

Se entiende que el Estado, que participa en forma tan amplia en la actividad de los particulares, ha padecido una prolongada desatención hacia los sectores más desfavorecidos, invirtiendo el orden de sus prioridades.

3. El proyecto

En este sentido, en el presente proyecto se regulan la ayuda familiar y la asignación familiar de emergencia, la legitimación adoptiva por entrega voluntaria y la adopción internacional, como formas de cumplir debidamente -con efectividad- con el mandato constitucional.

4. La ayuda familiar

El proyecto establece la posibilidad de que terceros puedan ayudar directamente con aportes económicos a familias carenciadas con el especial destino de ser aplicadas a la manutención y educación de los hijos menores. Se trata de que los hijos no sean desvinculados de su hogar natural, pero que puedan recibir una asistencia eficaz cuando la necesiten.

Se establece un mecanismo de fiscalización para verificar que la ayuda sea aplicada para el destino previsto.

5. La asignación familiar de emergencia

Es notorio que la prestación de seguridad social denominada asignación familiar, orgullo de nuestro sistema solidario, se ha visto desvirtuada en su planteamiento original, como consecuencia de la desvalorización monetaria, y la despreocupación de los sucesivos gobiernos al respecto. Es evidente que el proceso de pauperización de esta prestación, ha desvirtuado el principio de suficiencia que debe regir a todas las prestaciones de la seguridad social. Por esta razón la sociedad, en momentos en que se ha reformulado la viabilidad de nuestro sistema de seguridad social, debe introducir mecanismos de verdadera justicia social y solidaridad con los más desamparados. Para ello, el proyecto propone el aumento de esta prestación, y su financiación. Considerando el deterioro de las prestaciones de seguridad social, se opta por introducir un mecanismo que asegure los fines de justicia social y solidaridad que se persiguen con la asignación familiar. El proyecto establece un monto que responda a las necesidades económicas para la manutención de un menor en la actual coyuntura.

Por todo esto, el proyecto regula además, un beneficio de vivienda destinado especialmente a la mujer embarazada carente de recursos, un sistema de suplencias por licencia maternal que crea un estímulo a los empleadores que contraten mujeres, y una red de centros de acogida en los cuales las madres reciban el apoyo integral que necesitan.

6. Vivienda

Se establece en la Constitución, y con carácter general, el derecho a la vivienda decorosa, en su artículo 45.

El tema de la vivienda es uno de los principales problemas que deben resolverse para lograr un adecuado desarrollo de la institución familiar. Este proyecto busca dar preferencia a la mujer embarazada para el acceso a viviendas sociales.

La referencia a las dificultades económicas es reiterada entre las mujeres de nivel socio-económico bajo, e incluso, entre las de nivel medio. Estas dificultades son de diversa índole, pero entre ellas cabe destacar la carencia de vivienda como una preocupación clave, en tanto la necesidad de un espacio físico estable y propio es sentida como fundamental para el desarrollo.

7. Adopción

Respecto de las adopciones en el país, los organismos que trabajan en el tema, han sido contestes en afirmar que el número de parejas que buscan adoptar, es entre cuatro a seis veces superior al de los niños que esperan ser adoptados.

También parece existir un círculo vicioso que hace que los trámites sean desesperadamente lentos en virtud de que la demanda de los adoptantes es imposible de cubrir. Existe, no obstante, una tendencia creciente año a año en los procesos de adopción.

Con la adopción internacional se busca promocionar y dar cauce legal a una situación de ayuda solidaria privada, fomentando la generosidad de quienes están dispuestos a colaborar en la financiación de la crianza de menores de familias más pobres, conociendo en forma directa los beneficios que proporcionan a personas concretas.

Ello se logra con una solución que pretende conjuntar la dignidad de la familia beneficiaria, el contralor por parte del benefactor del destino de su ayuda y el interés del menor, que se mantiene en el seno de su núcleo de vida original, sin ningún cambio que altere su estabilidad afectiva.

8. Centros de acogida maternal

Se recoge también una solución exitosa de la experiencia de otros países, donde se ha logrado cambiar situaciones de eventual riesgo de aborto, por nacimientos en un ambiente adecuado. El propósito de los centros de acogida es que brinden alojamiento y asistencia médica y psicológica a las mujeres embarazadas en situaciones de desamparo, facilitando posteriormente la crianza de sus hijos, con un apoyo que continúa luego del nacimiento, así como la inserción laboral de las madres necesitadas.

Estos centros se financiarían en parte con un fondo público creado a tales efectos. Deberán cumplir con ciertas exigencias que aseguren el logro de los cometidos explicitados.

9. Suplencias por licencia maternal.

Las suplencias por licencia maternal suponen una modificación que coadyuva a proteger a la trabajadora grávida sin causar un perjuicio económico para la empresa donde trabaja. Esta propuesta evitaría la discriminación hacia la mujer, evitando el "handicap" que supone la posibilidad de un embarazo, instrumentando de este modo compromisos internacionales que obligan al país (Convención sobre la eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer, ONU, 1979, Resoluciones de El Cairo y documentos emanados de la Conferencia de Pekín).

10. El embrión humano

A raíz de la aprobación del Pacto de San José de Costa Rica (art. 2 y 4 del mismo) y de la Convención de los Derechos del Niño (Preámbulo), por nuestro país, se impone un especial cuidado para el tratamiento de los embriones humanos. Para ello, se ha establecido la prohibición de investigación científica en ellos, con la salvedad de la investigación terapéutica en su propio beneficio, dado que un ser humano no puede ser nunca instrumentalizado.

Se prohibe asimismo las formas de asistencia a la procreación humana que admiten gametos heterólogos (ajenos a la pareja). Esos sistemas que funcionan en algunos otros países no se conjugan con nuestra tradición tuitiva de los derechos fundamentales del ser humano en los cuales debe considerarse, obviamente, el de conocer a sus progenitores biológicos.

Además, tratándose de fortalecer la familia se busca evitar la irrupción de terceros en la intimidad de la procreación y que el niño nazca en el seno de una pareja compuesta de hombre y mujer, comprobadamente estable. Los supuestos de madres solteras o solas son situaciones a evitar en lo posible, para permitir que los niños nazcan en una familia donde no se desdibujen ni la figura paterna, ni la materna. De hecho, es sabido que el mejor rendimiento escolar y las menores tasas de delincuencia son consecuencia de hogares estables, normalmente constituidos.

 

 

Texto del Proyecto de Ley

 

Artículo 1°. De la ayuda familiar. En los casos en que los padres comprobadamente no puedan atender a la manutención y educación de sus hijos menores por razones económicas, podrán recibir de terceros las ayudas necesarias para mantenerlos y educarlos, sin que esto suponga el desarraigo de su ambiente natural. El destino de dichas ayudas estará fiscalizado por las instituciones referidas en el artículo 8º.

 

Dichos importes están exonerados de todo tributo.

 

Cuando la colaboración económica la provea una familia o persona física, éstas tendrán derecho a visitar la familia beneficiaria, en las condiciones acordadas con las instituciones que fiscalizan el destino de los fondos.

 

La familia beneficiaria deberá rendir cuentas trimestralmente a la institución intermediaria y ésta, en el mismo plazo, a quien proporcione la ayuda.

 

Estas instituciones no podrán financiar su funcionamiento con los fondos que reciban para las ayudas familiares.

 

Artículo 2°. Centros de Acogida a la Vida. Las mujeres embarazadas, que se encuentren en situación de desamparo afectivo o económico que dificulte la prosecución de su embarazo, podrán recibir asistencia en los Centros de Acogida a la Vida.

 

Estos Centros prestarán ayuda a las mujeres beneficiarias, para que el niño nazca y se desarrolle, y para que la madre acceda a una posición digna dentro de la sociedad.

 

El Ministerio de Salud Pública explicitará en su presupuesto un programa tendente a crear un fondo para brindar apoyo económico a estas instituciones.

 

Los Centros de Acogida a la Vida estarán sujetos a los mismos requisitos previstos en el artículo 8°, a excepción del literal "c".

 

Una Comisión Honoraria, formada por un representante del MSP, un representante del INAU y otro designado por las instituciones referidas en el inciso anterior, fiscalizará a las organizaciones que canalicen este beneficio y el destino de los fondos.

 

Artículo 3°. Beneficio de Vivienda. El Ministerio de Vivienda, Ordenamiento Territorial y Medio Ambiente otorgará preferencia en la adjudicación de viviendas sociales a las mujeres amparadas en el beneficio del artículo anterior que carezcan de recursos económicos.

 

Artículo 4°. Asignación Familiar de Emergencia. Las mujeres embarazadas cuyo núcleo familiar perciba un ingreso mensual inferior al importe de una canasta familiar básica, serán beneficiarias de una asignación familiar de emergencia de un monto equivalente a 10 UR, acumulable a la asignación familiar común. Este beneficio se percibirá desde el momento de constatarse el embarazo hasta los dos años del hijo.

 

A estos efectos créase un adicional del 1% al [COFIS o IMESI, u otro impuesto que pueda crearse para gravar la venta de cigarrillos y bebidas, o al juego]. De existir excedentes éstos serán volcados al fondo previsto en el artículo 2°. Estos excedentes no podrán ser afectados a la gestión administrativa del fondo.

 

Artículo 5°. Suplencias por licencia maternal. El trabajo de los suplentes de las trabajadoras en uso de la licencia maternal estará exonerado de la contribución patronal a la seguridad social.

 

Artículo 6°. Premio fomento a la familia uruguaya. Créase el premio fomento a la familia uruguaya, que será otorgado para distinguir a aquella empresa que haya introducido en beneficio de su personal las mejores medidas para favorecer la relación entre su trabajo y su familia. El premio será conferido por el Ministerio de Trabajo y Seguridad Social, en las condiciones que determine la reglamentación, y consistirá en una reducción sustancial en los aportes que deba a la Seguridad Social.

 

Artículo 7°. Intervenciones sobre el embrión humano. Las intervenciones sobre el embrión humano sólo serán permitidas con la finalidad de ejercer una acción médica cuyo objeto sea evaluar, proteger o restablecer su salud.

 

Las intervenciones no constituyen delito si tienen finalidad terapéutica que beneficie directa y objetivamente, según una adecuada ponderación de riesgos y beneficios, al embrión humano, y se cuente con el consentimiento informado, previo y escrito de sus progenitores o de juez competente, en su caso.

 

El transplante de órganos y tejidos del embrión humano se regula por las disposiciones de la Ley Nº 17.668 de 2 de julio de 2003.

 

Se entiende por embrión el óvulo humano fecundado, esto es a partir de la mezcla de los núcleos del óvulo y del espermatozoide, y también, toda célula totipotente tomada de un embrión, la cual por su existencia sumada a los supuestos ulteriores necesarios, es capaz de multiplicarse hasta desarrollar, al menos, un ser humano.

 

Artículo 8°. Legitimación adoptiva por entrega voluntaria. La mujer puede entregar al hijo al INAU o a las instituciones privadas que se ajusten a las condiciones que se establecen en el artículo siguiente, en el plazo de 6 meses contados a partir del nacimiento. Si la entrega es posterior a los 6 meses, regirá el procedimiento previsto en la Ley Nº 10.674.

 

La entrega producirá la pérdida de la patria potestad respecto a los padres en caso de haberla adquirido (art. 275 del Código Civil), sin necesidad de trámite judicial alguno. Esta circunstancia deberá hacérsele saber fehacientemente a quien hace entrega del menor, quien deberá firmar la documentación que la reglamentación fijará.

 

Si el padre reconoció a la criatura, se requerirá su consentimiento, produciéndose con respecto a él las mismas consecuencias.

 

En caso de mujer casada, se requerirá el consentimiento de ambos cónyuges.

 

La entrega del menor por parte de la institución receptora a los padres adoptantes producirá los efectos plenos previstos en el art. 4° de la Ley 10.674 de 20.XI.45 y sus modificativas.

 

Podrán solicitar la adopción de niños las parejas que cumplan con los requisitos establecidos en el art. 1° inc. 3° y 4° de la ley citada. No se requerirá la guarda o tenencia previa del niño por parte de los padres adoptantes.

 

No se aplicarán a esta causal de legitimación adoptiva las disposiciones de la referida ley que se opongan a la presente.

 

Artículo 9°. Condiciones de las instituciones receptoras de menores. El INAU llevará un registro en el que inscribirá a las instituciones que soliciten ser receptoras de menores, siempre que cumplan con los siguientes requisitos:

a) deberán ser personas jurídicas sin fines de lucro;

b) sus autoridades deberán gozar de reconocida solvencia moral.

c) deberán acreditar respaldo patrimonial suficiente.

 

El INAU fiscalizará la actividad de estas instituciones.

 

Ninguna Institución autorizada por el INAU, ni éste, podrán cobrar las gestiones que realizaren en cumplimiento de lo encomendado por esta ley, excepto para gastos mínimos de funcionamiento. Esta circunstancia será controlada por el INAU. La violación a lo preceptuado en este inciso dará lugar a la cancelación de la personería jurídica y al pago de una multa de entre 500 y 1.000 UR.

 

Artículo 10°. Revelación de la identidad de los padres biológicos. Cuando el legitimado según la causal regulada en el artículo primero de la referida Ley Nº 10.674 cumpla 18 años, o cuando graves razones de salud lo hagan imprescindible, podrá ser develada la identidad de sus progenitores al hijo o al médico tratante, por el Juez competente.

 

Artículo 11°. De la adopción internacional. La Convención Interamericana sobre conflicto de leyes en materia de adopción de menores será aplicable a lo regulado por la presente ley en lo pertinente.

 

Artículo 12°. Queda prohibido:

a)      La producción de embriones humanos con fin de investigación o experimentación.

b)      Toda forma de selección con fin eugenésico de los embriones o de los gametos, o procedimientos que puedan alterar el patrimonio genético del embrión.

c)      Intervenciones de escisión precoz del embrión o de ectogénesis con finalidad procreativa o de investigación.

d)      La fecundación de un gameto humano con un gameto de especie diversa y la producción de híbridos o quimeras.

e)      La crioconservación y la supresión de embriones.

f)        Los procedimientos de asistencia a la procreación humana que supongan la utilización de gametos de persona ajena a la pareja.

La violación de lo dispuesto en cualquiera de los literales antecedentes acarreará pena privativa de libertad de dos a ocho años, y la clausura del establecimiento donde se lleven a cabo los hechos, así como de la personería jurídica de la institución rectora.

 

Artículo 13°. De orden. Publíquese, cúmplase, etc.

 

Vuelve a la Tabla de Contenidos

 

 

Relación Familia - Estado

 

Mariano R. Brito (*)

 

1.      La familia contemporánea: su sustantividad se presenta en término y condiciones de reto:

a)      de configuración real;

b)      de configuración formal;

c)      de subsistencia en crisis comprometedora.

 

2.      Diríase de ella también:

·        Que participa de una cultura de la muerte, antes y más bien que de una cultura de la vida (ella, que entraña unión de hombre y mujer, “uno con una y para siempre”, y fuente creadora de la vida);

·        Con lo cual lleva en sí y consigo una trágica paradoja: ella que es centro y fuente de vida, se encuentra, tropieza y desarticula con múltiples formas de muerte. No nos llame la atención ni dudemos de la crisis. ¿O es que ignoramos nuestra vida en una cultura que se vanaglorió de una “teología de la muerte de Dios”, o de una civilización de la muerte?

      Veamos –si subsiste alguna duda en nuestro ánimo- signos tan expresivos como los siguientes:

      “… el descenso de las tasas de matrimonios contraídos y de la natalidad, los incrementos de la contraconcepción, del aborto clandestino y legalizado, de las rupturas matrimoniales de hecho y de derecho, del número de niños abandonados y maltratados, del suicidio infantil y juvenil, de la tasa de psicopatías de los niños y adolescentes de etiología familiar, de la delincuencia, degradación y alcoholismo juvenil, del índice de delitos sexuales, de la tasa de envejecimiento de la población, de las soluciones extrafamiliares para la atención de la infancia o de la tercera edad, del auge de la eutanasia…” (Pedro Juan Viladrich, Agonía del matrimonio legal), y éste, aunque a veces revista formas de acogida semi oculta o simulada bajo el enfermismo de “testamento vital”, ... y las formas de asimilación al matrimonio, de uniones multifacéticas como “matrimonio a prueba”, “uniones libres de hecho” y aun las parejas homosexuales (v. g. legislación holandesa, belga, francesa y la española reciente).

 

3.      ¿Qué ante esa cultura de la muerte?

El bien que el matrimonio y la familia son reclama “cuidado”, y con él, atender, velar, asistir, vigilar y proteger, en su suerte y destino, el compromiso universal:

a)      del hombre (varón y mujer), porque desde el reclamo de su ser creado entraña reclamo de unión para ser una sola carne y con ella abrirse a la trasmisión de la vida;

b)      de las organizaciones y comunidades que al servicio del hombre y para su desarrollo en plenitud son y están;

c)      del Estado y las organizaciones internacionales.

 

Y con todo ello el orden de las relaciones y misiones para cuidar el matrimonio y la familia.

      Cuando de tal orden de relaciones se habla no ha de vérselas como exclusivas cuestiones que atañen al derecho regulador; la respuesta no es sólo del derecho, menos aún sólo del derecho positivo público o privado del Estado. No obremos reductoramente para afincar el reclamo de cuidado en un orden normativo exclusivamente o nos quedaremos sólo con normas –lo fenoménico del derecho; tampoco nos ciñamos exclusivamente a la historicidad de las instituciones, porque entonces nos quedaremos solamente subsumidos en lo coyuntural o episódico, por prolongado que sea, y entonces pretenderemos el uso de un calificativo “tradicional” con efecto inmovilizante, que no es propio o peculiar del matrimonio y de la familia, porque ésta es comunidad de vida, que entraña dinamismo y cambio; vayamos sí al cerno de la familia, aquello por lo cual es unión de personas –originalmente hombre y mujer- que en la proyección de la unión sexual hacen vida, son co-creadores de vida. Vayamos sí al cerno de la familia –comunidad de amor de los esposos- que exige, por su misma naturaleza, la unidad y la indisolubilidad de la comunidad de personas que abarca la vida entera de los esposos: de manera que ya no son dos sino una sola carne (cf. Gen 2, 24). Veamos cómo “la unidad del matrimonio aparece ampliamente confirmada por la igual dignidad personal que hay que reconocer a la mujer y al varón en el mutuo y pleno amor” (GS 49,2).

 

4.      Cuando la familia se hace presente –configurada en el amor unitivo y por su prosecución, la creación de la vida- manifestada en la dimensión y rasgos que concitan su fin (fundamento y razón de ser):

      Ella es “principium et fundamentum societatis” o conforme al texto constitucional uruguayo: “La familia es la base de nuestra sociedad” (Art. 40). Si tal es, puede afirmarse –sin hipérbole- que la causa de la familia es la causa de la humanidad, y con tal, que “¡el futuro de la humanidad se fragua en la familia!” (Juan Pablo II, Familiaris Consortio, 86).

 

5.      La familia no navega sola en el contexto social y en la sociedad política para la operación de su cuidado. Es parte –en estrecha trabazón- de un sistema en el que anida una concepción antropológica, destacándose otros principios en estrechísima armonía intelectual. Uno y otros responden al orden de la verdad, de lo que es, comprometiéndose recíprocamente. Entrañan siempre la comprensión de la familia a la luz de sus raíces, cuanto ella es en la presencia ineludible del matrimonio cuya fuente, a su vez, se halla en la naturaleza personal del hombre (varón y mujer) (Viladrich).

      Se apunta aquí una definición, sin duda piedra de toque para el hallazgo de la misión de cuidado a cargo del Estado:

      “La pérdida de la identidad del ser personal del hombre (en su masculinidad y feminidad), es la causa ideal de la pérdida de la identidad del matrimonio y ésta, a su vez, es la razón principal de la pérdida de identidad de la familia, como cédula natural y básica de toda sociedad auténticamente humana” (Viladrich). Por esto, el cuidado de la familia por el Estado reclama la precisión de la regla de derecho, definiendo su objeto y fin, y las correspondientes políticas de Estado, de estímulo y protectoras.

      Ese ser personal del hombre, que se abre a la trasmisión de la vida, enfrenta al Estado para que opere su misión aseguradora del derecho de la persona humana a ser protegida en el goce de su bien primario (la vida), asiento de todas sus perfecciones actuales y potenciales.

 

6.      Ante las elaboraciones científicas contemporáneas es necesario tener presente que “lo relativo a la biotecnología humana tiene una particularidad y es su especialísima carga ética. Ella supone volver a enfrentar el tópico de las relaciones entre Moral y Derecho” (Pedro Montano).

 

7.      Ver Pacto de San José de Costa Rica, Art. 12 (1); Art. 4.1 (2); Art. 5.1 (3);

Convención sobre los Derechos del Niño, de 6.XII.1989, en su Preámbulo, inc. 9.

 

8.      La familia revela por su ser y misiones, el derecho al cuidado estatal y la operación de éste para asegurar su participación en el bien común, así como su concurrencia a él.

 

9.      Matrimonio, vida y persona humana –bienes jurídicos y morales que en la familia se dan- reclaman una doble postura y actitud del derecho estatal regulador y de las políticas estatales respectivas:

 

A) La postura propia de la abstención debida u obligación de no hacer

a.i      El Estado se cuidará de operar, habilitar o facilitar los mecanismos de interrupción de la gravidez (aborto), de esterilización y de concepción o contracepción al margen del orden natural; también de subterfugios desconocedores de las diferencias radicales entre planificación familiar orientada desde el poder y paternidad responsable radicada en el fuero del matrimonio. Todo esto porque no es suyo, del Estado, el orden de la trasmisión de la vida o la aptitud para ello, así como la vida misma. Aquí, con singular vigor, ha de subrayarse la naturaleza instrumental del Estado; él sólo es –en el punto- “cometido” (tarea) para servir a los fines propios de la familia.

 

a.ii     Está en juego la dignidad personal del hombre (varón y mujer) en quienes radica la aptitud generadora de la vida. Ver Declaración Universal de Derechos Humanos (N.U. 10.XII.1948), Art. 12: “Nadie será objeto de injerencias arbitrarias en su vida privada, su familia...”, y “toda persona tiene derecho a la protección de la Ley contra tales injerencias o ataques”.

Art. 16.3: “La familia es el elemento natural y fundamental de la sociedad y tiene derecho a la protección de la sociedad y del Estado”.

 

a.iii    Tampoco puede ser de recibo la injerencia de la ley con sus prescripciones, de la administración estatal con actuaciones prestadoras de servicios o de la justicia con sus sentencias protectoras de conductas, que invocando la voluntad general o un consenso colectivo o aun el requerimiento personal, obran al margen de aquel “elemento natural” que la familia es. Si así fuera, el Estado se sustituiría al fuero personal del hombre –varón y mujer- incurriendo en injerencia arbitraria en su vida privada y familia (Art. 12 de la Declaración Universal ya citada) o habilitaría una conducta al margen del orden natural, cuya disposición no le pertenece ni compete.

 

a.iv    Nuevamente, se llega a la zona del encuentro de Justicia y Derecho. En la problemática en examen este encuentro constituye el cimiento hacedero de toda la elaboración conceptual que siga en torno a las relaciones hombre-familia-Estado.

Es necesario aquí rescatar y repetir una y otra vez que el derecho del Estado no ha de ser mero producto positivo alentado por las variables históricas y coyunturales o fruto exclusivo de ellas, sino que debe responder, antes y más allá de éstas, a unos asentamientos más sólidos y constantes radicados en la justicia.

También aquí se verifica que “no existe, pues, más que un solo derecho al que está sujeta la sociedad humana, establecido por una ley única: ésta es recta razón en cuanto ella manda o prohíbe, ley que escrita o no, quien la ignore es injusto” (Cicerón).

En esta línea de actuación estatal deben mencionarse las normas constitucionales que operan el reconocimiento del derecho a la intimidad familiar y la libertad de conciencia, con una afirmación radical: los bienes indicados son ajenos al derecho positivo en cuanto objeto originario, propio: sólo puede ocuparse de ellos para su tutela.

               V. Art. 11 Constitución (4).

 

B) Por otro lado, el Estado debe asumir la postura positiva, mediante obligaciones de hacer o de dar en orden al cuidado de la familia.

V. Pacto de San José de Costa Rica: Art. 17.1.

Constitución uruguaya: Art. 40 (5).

 

Conclusiones

 

1.      Revelado el ser de la familia como organismo natural, cuyas misiones le vienen establecidas por la adecuación a sus referencias ontológicas, al Estado corresponde obrar para su cuidado. Lejos estará así el Estado de aquel “afectado agnosticismo”, que “algunas veces lo conduce a gloriarse maliciosamente de la propia ignorancia, en nombre de la cual fue tirano y pisoteó los derechos más sagrados del hombre justamente cuando se gloriaba de saber todo y poder todo”.

 

2.      La acción estatal deberá ser la propia de quien –mediante su régimen jurídico y políticas consecuentes- concurrirá a preservar el ámbito natural de la familia: dimensión personal (varón y mujer, unidos en el matrimonio); reclamo de la indisolubilidad de éste por el fundamento personal apuntado; la trasmisión y cuidado de la vida y educación de los hijos en su seno y concurrencia de la familia al bien común por ser parte y partícipe del mismo.

 

3.      Ante la crisis, que afecta el principium et fundamentum societatis, procede concluir con un reclamo inequívoco de conductas y políticas estatales precisas, claras y concretas en el doble orden de las abstenciones lesivas de la dignidad (naturaleza) de la familia y de actuaciones positivas, protectoras, de apoyo y de estímulo.

 

Notas:

 

*) Rector de la Universidad de Montevideo.

 

1) Libertad de Conciencia y de Religión.

1. Toda persona tiene derecho a la libertad de conciencia y de religión. Este derecho implica la libertad de conservar su religión o sus creencias, o de cambiar de religión o de creencias, así como la libertad de profesar y divulgar su religión o sus creencias, individual o colectivamente, tanto en público como en privado.

2. Nadie puede ser objeto de medidas restrictivas que puedan menoscabar la libertad de conservar su religión o sus creencias o de cambiar de religión o de creencias.

3. La libertad de manifestar la propia religión y las propias creencias está sujeta únicamente a las limitaciones

prescritas por la ley y que sean necesarias para proteger la seguridad, el orden, la salud o la moral públicos o los derechos o libertades de los demás.

4. Los padres, y en su caso los tutores, tienen derecho a que sus hijos o pupilos reciban la educación religiosa y moral que esté de acuerdo con sus propias convicciones.

 

2) Derecho a la Vida. Toda persona tiene derecho a que se respete su vida. Este derecho estará protegido por la ley y, en general, a partir del momento de la concepción. Nadie puede ser privado de la vida arbitrariamente.

 

3) Derecho a la Integridad Personal. Toda persona tiene derecho a que se respete su integridad física, psíquica y moral.

 

4) “El hogar es un sagrado inviolable. De noche nadie podrá entrar en él sin consentimiento de su jefe, y de día, solo de orden expresa de Juez competente, por escrito y en los casos determinados por la ley”.

 

5) “La familia es la base de nuestra sociedad. El Estado velará por su estabilidad moral y material, para la mejor  formación de los hijos dentro de la sociedad”.

 

Vuelve a la Tabla de Contenidos

 

 

La Iglesia Católica y el nazismo

 

Juan Carlos Riojas Alvarez

 

No es novedad encontrarnos de cuando en cuando con expresiones de este tipo:

"La Iglesia siempre veló, aunque discretamente, por los intereses de Hitler. ¿Hasta dónde?, nunca lo sabremos. Hitler fue bautizado por su madre como católico y la Iglesia nunca lo excomulgó, por lo que podemos colocar al más grande asesino de la historia entre ellos. Me pregunto si hubo alguna vez una condena del Vaticano a los nazis".

 

Para responder a esto dejemos que hable el propio Adolf Hitler:

“Yo puedo asegurarte que no hay en Alemania quien con todo su corazón no apruebe un intento honesto por mejorar las relaciones entre Alemania y Francia. Mis propios sentimientos me obligan a tomar la misma actitud... El pueblo alemán tiene la solemne intención de vivir en paz y amistad con todas las naciones civilizadas... Y yo considero el mantenimiento de la paz en Europa como algo especialmente deseable y a la vez asegurado, si Francia y Alemania, sobre las bases de un respeto igualitario a los derechos humanos, llegan a un real entendimiento... La joven Alemania, que yo dirijo y que encuentra su expresión en el Movimiento Nacionalsocialista, tiene sólo el más fervoroso deseo de un entendimiento con las otras naciones europeas” [Adolf Hitler, carta enviada al fascista Hervé y publicada en el nazi Volkischer Beobachter en octubre 26 de 1930].

 

¿Hemos de creer entonces en Hitler "el pacifista", así como hemos de creer en Hitler "el católico”? No, bajo ninguna forma que tenga sentido.

 

Hitler fue un apóstata y, como tal, él ya estaba fuera de la Iglesia. Que no haya habido una excomunión para Hitler no es lo relevante. El propósito de la excomunión es ayudar al pecador a reconocer la seriedad de sus faltas, arrepentirse y buscar el perdón y el retorno a la Iglesia. Algo sin importancia para quien, como Hitler, despreciaba a la Iglesia y se proyectó como la negación total de la revelación cristiana, tanto en sus palabras:

Yo liberé a Alemania de las estúpidas y degradantes falacias de la conciencia y la moralidad” [Adolf Hitler, citado por Ravi Zacharias en ¿Puede el hombre vivir sin Dios?, Caribe/Betania Editores];

como en sus acciones:

El principal objetivo del nacionalsocialismo con respecto a las Iglesias era su eliminación y la sustitución del cristianismo por la ideología del nazismo. La estrategia de Hitler comportaba el empleo de varias tácticas. En los años de la consolidación del poder y en los de la guerra, el Führer no consideró oportuno lanzar un ataque final a las Iglesias. Éstas sólo debían ser sometidas a una presión constante para acotarles el espacio de actuación. Al uso de la violencia mediante amenazas, asesinatos, arrestos y reclusiones en los campos de concentración, se incorporó, a partir de la toma del poder en 1933, una progresiva ofensiva de tipo administrativo. Las exigencias de política internacional o de politica exterior podían inducir a Hitler a moderar esta dirección, como fue el caso de la firma del acuerdo con la Santa Sede de 1933 o durante el primer año de guerra. Sin embargo, la orientación de la política eclesiástica nazi permaneció inmutable. Como sabemos por las anotaciones de Martin Bormann, importante dirigente nazi, el Führer, en las conversaciones que mantuvo en su cuartel general durante el conflicto, no ocultó que la solución final contra la Iglesia había sido aplazada a la posguerra. En diciembre de 1941, Hitler afirmó: “La guerra llegará a su término y yo, ante la solución del problema de la Iglesia, tendré la última gran tarea de mi vida”. A lo que añadiría: “El ministro Kerrl quería hallar un equilibrio entre nacionalsocialismo y cristianismo. Yo no creo que eso es posible” (W. Jochmann, Monologe im Führerhauptquartier, 1941-1944, Hamburgo, 1980).

 

El Anschluss de Austria, la invasión de Checoslovaquia y, por lo tanto, el conflicto mundial permitieron a los nazis aplicar sus sistemas en los territorios anexionados al Reich u ocupados militarmente. Trágicamente emblemático fue el caso, en Polonia, de la región de Poznan, que primero fue anexionada al Reich con el nombre de Reichsgau Polsen y luego con el de Reichsgau Wartheland o Warthegau (región de Warta). El gobernador Arthur Greiser, dotado de cierto poder y que dependía directamente de Hitler, debía ensayar en esta región, como terreno experimental, la aplicación integral de los principios del nazismo. La experiencia de Warthegau es relevante: ése era el modelo de sociedad que el nazismo pretendía construir y que intentó llevar a cabo en condiciones de aislamiento durante la guerra. Este experimento se hubiera extendido, después de la victoria, a todo el Reich y sus posesiones. De lo que se trataba era de construir un mundo sin cristianismo y bajo el dominio del Volk de los nazis.

 

La Iglesia no fue neutral ante el nazismo. La Iglesia fue una victima más del nazismo. La Iglesia sufrió el nazismo. La Iglesia se opuso y denunció al nazismo. La Iglesia se solidarizó con otras víctimas del nazismo.

 

Ya en la Encíclica de 1931, Non abbiano bisogno, el Papa Pío XI criticaba los abusos contra la Iglesia y la concepción fascista, a la que identificaba con todas aquellas ideologías estatolátricas.

 

Por lo que se refiere a la oposición al nazismo, el Vaticano no tenía dudas. De hecho, tras la publicación, el 14 de marzo de 1937, de la Encíclica Mit brennender sorge, a iniciativa del Episcopado alemán, documento que se leyó el domingo 21 de marzo de 1937 en todos los templos católicos alemanes y donde Pío XI denunciaba claramente la incompatibilidad del catolicismo con los presupuestos racistas y paganos del nazismo, ya había empeorado la situación de los católicos y de los judíos en Alemania. La crisis se agudizó en 1938, cuando durante la visita de Hitler a Roma, el Papa abandonó el Vaticano, rechazando entrevistarse con el dictador alemán.

 

Lo que no estaba ya claro entonces era si la publicación de otra encíclica favorecería o empeoraría la situación. El caso de la pastoral de los obispos holandeses contra la deportación de los judíos en julio de 1942 es particularmente significativo: la Gestapo violó inmediatamente la inmunidad de los conventos y edificios religiosos para deportar a los judíos que se habían refugiado en ellos.

 

Si los documentos atestiguan que Pío XI, como persona razonable y buen cristiano, se oponía a las acciones racistas, Pío XII (Eugenio Maria Giovanni Pacelli), su sucesor, también tiene una defensa legítima: la de los propios judíos. Muchos de ellos han contado sus historias y agradecen la labor del vicario de Cristo, que ayudó a que pudieran salvar su vida.

                                                          

Paolo Mieli, uno de los más ilustres protagonistas del periodismo italiano, ex corresponsal de La Stampa y ex director del Corriere della Sera y hoy director de RCS, la casa editorial más grande de Italia, es judío, implacable ante la terrible tragedia del Holocausto. “Vengo de una familia de origen judío y he tenido parientes que murieron en los campos de concentración durante la segunda guerra mundial. Por tanto, hablo de todo esto con mucha dificultad” dijo al intervenir en Roma en la presentación del libro Pío XII. El Papa de los judíos, escrito por Andrea Tornielli, experto en asuntos vaticanos del diario milanés Il Giornale. Y añade: “Durante un largo período de tiempo fueron precisamente los judíos quienes dieron las gracias a ese pontífice por lo que había hecho”, pero en los años 70 algunos grupos con intereses políticos comenzaron a poner en duda la labor de este Papa. Así que finaliza: “Quiero decirlo con la máxima claridad: poner las responsabilidades sobre las espaldas de Pío XII es una auténtica sinvergüencería”.

 

Fueron duros contra el nazismo los discursos del entonces Cardenal Pacelli en Lourdes, Lisieux, París y Budapest, donde viajó como legado papal. El discurso pronunciado en Hungría (citado completo por Ronald J. Rychlak en su libro "Hitler, the War, and the Pope", Columbus, MS, Genesis Press, 2000) inspiraría al eminente historiador judío Jeno Levai a escribir su famosa obra "Pius XII Was Not Silent" (London, Sands and Co., 1968).

 

Según el cálculo del diplomático judío Pinchas Lapide, cónsul israelí en Milán, que había participado como soldado en el ejército británico en la liberación de un campo en Italia, entre 700 y 800 mil judíos fueron salvados por la Iglesia y por este pontífice. Teniendo en cuenta que unos dos millones de judíos en total fueron rescatados de las garras de Hitler, la hazaña de Pío XII y sus nuncios resulta clara.

 

La Fundación Internacional Raoul Wallenberg con sede en Israel también ha reconocido por ejemplo la acción humanitaria del Nuncio Angelo Roncalli -luego Papa Juan XXIII- en el rescate de refugiados perseguidos por el régimen nazi durante la II Guerra Mundial.

 

Y finalizo con el elocuente testimonio de otro judío:

 

“Siendo un amante de la libertad, cuando llegó la revolución a Alemania miré con confianza a las universidades sabiendo que siempre se habían vanagloriado de su devoción por la causa de la verdad. Pero las universidades fueron acalladas. Entonces miré a los grandes editores de periódicos que en ardientes editoriales proclamaban su amor por la libertad. Pero también ellos, como las universidades, fueron reducidos al silencio, ahogados a la vuelta de pocas semanas.

Sólo la Iglesia permaneció de pie y firme para hacer frente a las campañas de Hitler para suprimir la verdad. Antes no había sentido ningún interés personal en la Iglesia, pero ahora siento por ella gran afecto y admiración, porque sólo la Iglesia ha tenido la valentía y la obstinación de sostener la verdad intelectual y la libertad moral. Debo confesar que lo que antes despreciaba ahora lo alabo incondicionalmente.”

 

[Declaración de Albert Einstein, publicada por Time Magazine el 23 de diciembre de 1940, p. 40].

 

Vuelve a la Tabla de Contenidos

 

 

¿Obligación moral de hacer política?

 

Dr. Ricardo Rovira Reich

Hace dos días un buen amigo mío -padre de siete hijos- vio que su niña de tres años salía de la habitación. Pensó que podía ser peligroso dejarla sola -se dirigía hacia la escalera- pero inmediatamente pensó también que había bastantes personas en la casa: algún hermano mayor, su madre, alguien... se tropezaría con ella y tomaría alguna providencia si fuera necesario. Siguió concentrado en lo que estaba haciendo. Un minuto después hubo gritos, portazos... Bajó rápidamente: en la calle su hija estaba... ¡bajo las ruedas de un autobús! No se sabe cómo esa criaturita pudo llegar hasta allí. Gracias a Dios, Carolina no ha muerto. Aún es demasiado pronto para saber cómo quedará. Lo que sí es seguro -conociendo a mi amigo- es que las circunstancias difícilmente van a volver a sorprenderle: jamás va a volver a tranquilizarse pensando que "otros lo harán".

1. Redescubriendo lo obvio.

Todos tenemos derecho a participar en la gestión de lo que es de todos. No existen círculos restringidos, privilegiados, de iniciados que tengan más derechos que otros a ocuparse de la administración del patrimonio común. Es público el poder cuidar del Bien Público. Cuando se fraguó la Independencia Americana en estos pueblos, comenzó a repetirse con deleite: "Cualquier criatura que nace en estas tierras un día podrá ocupar la más alta Magistratura de la Nación".

Lo Común nos afecta a todos. La gestión de lo público puede tener alto efecto multiplicativo. Al incidir en cada uno de los ciudadanos, ninguno de éstos debería desentenderse de lo que le compete e implica. Pero como no podemos participar todos en todo, hay algunos que se ofrecen a prestar este servicio; se especializan y adquieren especial competencia. Algunos incluso harán una profesión de la dedicación a lo general, a lo público.

Quienes administran lo común han recibido una delegación por parte de los demás. Deben ser merecedores de una especial confianza: a) porque nos afecta a todos; b) porque por su amplitud y actual complejidad -dada también la amplia dimensión de lo público- no es fácil la verificación de la fidelidad en ese cometido; y c) porque el daño no lo pagará sólo quien gestiona sino que lo pagaremos -no sólo económicamente- entre todos.

Aunque conceptualmente es una noble actividad -dada también la amplitud de sus fines- todos conocemos bien el desprestigio que esta profesión tiene actualmente aquí y en muchas otras naciones y ha tenido en determinados momentos históricos. Falta de capacidad, aprovechamiento en beneficio propio, falta de veracidad, uso y manipulación de las personas, especulación con las esperanzas y expectativas de los demás, eterno relegamiento de los más débiles o con menor fuerza de negociación... son algunos de los motivos que recurrentemente han alimentado la frustración, el desprecio hacia lo público, un sordo resentimiento en todos los estratos sociales, sin terminar de atisbar un agujero de luz que nos marque una salida. La defensa, el desquite, es volver la espalda, desinteresarse, criticar destempladamente a los políticos, aborrecer esa actividad donde nos parece descubrir mafiosos y aprovechados por todos los rincones. Hasta aquí es un tópico lo que venimos diciendo, como lo es casi el chiste ad hoc, que manifiesta también la abundante picaresca en torno al tema: "la política es algo tan malo, que cuando algo tan bueno como una madre es madre política... ¡se convierte en suegra!"

2. Situación sobre-diagnosticada

Ese desprestigio no perjudica sólo a los políticos profesionales sino que nos vuelve a afectar a todos, ya que provoca el ausentismo de los mejores del quehacer público. Una amplia mayoría de los estudios históricos, sociológicos, económicos que se han volcado en intentar comprender cómo es posible que sobre una base física y humana tan rica como tienen los países de esta región, sin embargo sigan persistiendo estados de postración tan notables, arriban a un primer diagnóstico unánime: una recurrencia histórica en la incapacidad técnica y moral de nuestros dirigentes. Suele ocupar el primer lugar en el ranking de culpables.

Hoy en día hay una nueva y especial perversión: la utilización de lo ético como banderín de enganche político. Pero es un ardid más. No hay voluntad seria de un replanteo en orden a los fines. Se detecta la insatisfacción y se vuelve a manipular a las personas y al “último ideal que quedaba". Se quema esa bandera distintiva de los mejores. Se acaba con el último cartucho que podía hacer ganar la última batalla. Electoralmente todas las promesas están desgastadas.

3. ¿Hay solución?

También parece obvia. Se desprende sola del unánime diagnóstico. Todos hablan de ella, pero una observación un poco -no hace falta demasiado- atenta lleva a detectar que nadie hace nada. O casi nadie.

Hemos comenzado hablando del derecho a intervenir. Ahora, vista la situación, ¿puede hablarse de una obligación moral de intervenir? ¿Quiénes tendrían en primer lugar ese deber, en caso de respuesta afirmativa?

Cuando uno se enfrenta con las consecuencias de una omisión y las sufre en carne propia, no hacen falta demasiados razonamientos para captar la urgente responsabilidad de intervenir, sin esperar a que alguien te demuestre la maldad del pecado de omisión. Al padre de Carolina nadie le tiene que explicar ya nada... Descargar nuestra responsabilidad en los otros es hacer una vez más lo del avestruz. Hay que ocupar espacios de responsabilidad: "¡la audacia de los malos es la cobardía de los buenos!"

Si -excluidas las dramatizaciones efectistas- la barca común amenaza hundirse, TODOS tienen obligación moral de salvarse y salvar a los demás. Primero habrían de intentarlo los más aptos, los más fuertes. ¿Quiénes son?

4. Un primer perfil de quien tiene obligación moral de ser dirigente público.

Quien tiene experiencia, quien conoce el oficio. Quien se siente con vocación, con ganas, con condiciones. Quien tiene una situación en la vida de relativo alivio de otras obligaciones morales próximas, inmediatas, urgentes. Quien ha recibido una mejor formación gracias a su familia o al todo social... Ya se va perfilando un tipo humano de quien ante la severidad del diagnóstico debe sentir la urgencia de ponerse al servicio de los demás, entregando lo que es, lo que tiene, lo que sabe y lo que puede; manteniendo a la vez la serenidad, la objetividad, el conocimiento de las propias limitaciones que hacen detestar cualquier idea de mesianismo personal.

Una persona joven, con lo que ello supone de tiempo por delante y de energías para el trabajo. Quien está buscando dar una orientación de dedicación futura a su vida. No teniendo inmediatas y urgentes obligaciones familiares o de otro tipo que cumplir. Con el acceso a los bienes superiores de la cultura y la visión general de la vida que puede ofrecer la formación universitaria. Este tipo de situaciones personales va configurando quién debe sentirse en conciencia comprometido con el servicio a los demás a través de lo público.

La persona joven, además de su propensión a la generosidad, el necesario optimismo y alegría para emprender el bien arduo, tiene más facilidad para poseer el descaro de asumir el riesgo de la actual impopularidad de ese oficio hasta poder demostrar con los hechos su grandeza. Junto a ese desprendimiento del propio prestigio -más difícil para el padre de familia, "más instalado" socialmente- necesita ese fuego sagrado del desprendimiento del propio yo, que le lleve a evitar el riesgo tan frecuente en la vida política de la auto-afirmación; a encarar su existencia con el alto contenido del servicio a los demás de gran efecto multiplicativo. Para ello, contrariando la propia inclinación natural, hace falta una suerte de formación ascética. Emparentado con el ascetismo estará también la sobriedad necesaria: por ejemplaridad social y por necesidad; un joven necesita menos para vivir y los sueldos públicos seguirán siendo magros por mucho tiempo para quien no busca otro tipo de "compensaciones" monetarias.

Luego vendrá la idoneidad técnica, que se consigue con el estudio serio, perseverante, buscando, junto a una visión completa de los problemas, una especialización en algunos de los campos en que se divide el servicio público. Quien tiene un activo profesional propio y específico, accede a un cargo público no solamente teniendo algo bien concreto que aportar, sino con la libertad interior de no tener que aferrarse a ese puesto para sobrevivir dignamente.

Aunque sea hoy moneda manoseada sigue existiendo la necesidad de idoneidad ética. No se logra con declamaciones, ni siquiera con un recto voluntarismo. Supone toda una ardua educación de la mente, del corazón, del propio espíritu. Es ir enderezando todos nuestros actos en orden a los auténticos fines. Será de gran ayuda la familiaridad con la vida y el pensamiento de los clásicos. Incluye mucho estudio personal de temas concretos. Una actitud estructural de rectitud de fondo junto a un enérgico entrenamiento en las virtudes ayuda a resistir el tirón de las pasiones y la seducción de las razonadas sinrazones.

5. Algunas conclusiones

Sin agotar el tema, ya vemos que concurren: vocación; idoneidad personal -hay que tener condiciones y virtudes políticas-; preparación específica: capacidad de gestión, visión general de los problemas, cultura histórica, experiencia... Pero quizás por encima: rectitud de intención y mucha determinación en la propia mente y en la voluntad.

"La Universidad no puede contentarse con formar personas que luego consuman egoístamente los beneficios alcanzados con unos años de esfuerzo, sino que continuamente estará intentando transformar -mejorándola- la sociedad a la que pertenece". Es más o menos el ideal que intuimos debe resonar continuamente dentro de quienes queremos ser genuinos universitarios y no hemos acudido a las aulas del Alma Mater simplemente para conseguir después un mejor empleo. La condición de joven y universitario compromete. Para algunos compromete tanto que sienten la obligación moral de aportar todos los recursos personales en la contribución a la solución de los problemas públicos. Para muchos, desentenderse es un pecado de omisión. Y siguiendo con la terminología teológica utilizada por el Concilio Vaticano II: "la acción política puede entenderse en ocasiones como un ejercicio heroico de la virtud de la caridad".

Por eso, atendiendo a las particulares condiciones personales, históricas y a las privilegiadas características locales donde ha surgido CIVILITAS, he insistido tanto a los jóvenes de esa Institución en que deberían pensar, cara a ese compromiso político, en algo que a fuerza de repetirlo algunos ya lo han tomado como un slogan casi jocoso, pero insisto en que una vez más lo piensen:

"Si no somos nosotros, ¿quiénes? Si no es aquí, ¿dónde? Si no es ahora, ¿cuándo?"

Nota: Reflexión del Dr. Ricardo Rovira Reich en un curso de formación de dirigentes de Civilitas.

Vuelve a la Tabla de Contenidos

 

Carta a mis amigos católicos militantes

Horacio Terra Arocena

[Para acceder a este escrito inédito, haga clic en el título].

Vuelve a la Tabla de Contenidos

 

 

Sobre Huntington y “sus” civilizaciones

 
Miguel Argaya

 

No es impropio de mí desconfiar de todo aquello que el Sistema promueve y airea sin escatimar esfuerzo. Supongo que se trata de una costumbre que me habrá llevado a veces a suponer más de lo que hay y aun al error; pero no dudo de que muchas más me ha permitido escapar del conformismo bobalicón, ese otro gran enemigo de la verdad.


Me ha pasado últimamente con un libro muy difundido y conocido -pero poco leído, al parecer-: El choque de civilizaciones, de Samuel Huntington (Barcelona, Paidós, 2001), del que se me ha hablado muy bien desde posiciones políticas diversas. Lo que traigo aquí son ni más ni menos que mis anotaciones, comenzando por un resumen -forzosamente breve, de sólo siete párrafos, pero espero que riguroso- de las tesis de Huntington.


1º- Huntington prevé un orden internacional nuevo en que los conflictos no son ya de clases o ideológicos, sino “entre civilizaciones”. “Las relaciones entre civilizaciones han pasado, de una fase dominada por la influencia unidireccional de una civilización sobre todas las demás, a otra de interacciones intensas, sostenidas y multidireccionales entre todas las civilizaciones” (p. 60). “Las civilizaciones son las últimas tribus humanas y el choque de civilizaciones es un conflicto tribal a escala planetaria” (p. 247). “El mundo, o se ordenará de acuerdo a las civilizaciones o no tendrá orden alguno” (p. 186).


2º- Huntington define la “civilización” como “el agrupamiento cultural humano más elevado y el grado más amplio de identidad cultural que tienen las personas, si dejamos aparte lo que distingue a los seres humanos de otras especies. Se define por elementos objetivos comunes, tales como lengua, historia, religión, costumbres, instituciones, y por la autoidentificación subjetiva de la gente” (p. 40). Elementos de entre los cuales, sin embargo, “el más importante suele ser la religión” (p. 47).


3º- De acuerdo a lo anterior, cataloga un máximo de 8 grandes “civilizaciones” contemporáneas: Japonesa; Sínica o Confuciana; Hindú; Budista; Musulmana; Cristiano-Ortodoxa; Africana; Latinoamericana; y Occidental o Cristiano-Occidental (p. 50-53). A ésta última la llama también, en otros sitios, Civilización Noratlántica (p. 52-53).


4º- Son características de la Civilización Occidental, según Huntington: el legado clásico, la pluralidad de lenguas, la separación de la autoridad espiritual y temporal, el imperio de la ley, el pluralismo social, los cuerpos representativos y el individualismo (p. 81.83), pero sobre todo “el cristianismo occidental, primero catolicismo y después catolicismo y protestantismo" (p. 81). Se trata de “Europa y Norteamérica, más otros países de colonos europeos como Australia y Nueva Zelanda”, que han sentido “los efectos de la Reforma y han combinado la cultura católica y protestante” (p. 52). Para Huntington, la Civilización Occidental surgió en los siglos VIII y IX y desarrolló sus características propias en los siglos siguientes, aunque no comenzó a modernizarse hasta los siglos XVII y XVIII (p. 81).


5º- Los conflictos importantes a los que debe hacer frente la Civilización Occidental son, inevitablemente, con las civilizaciones más orientales. “Sus relaciones con Latinoamérica y África, civilizaciones más débiles que han sido dependientes de Occidente en alguna medida, registran grados muy inferiores de conflicto, particularmente con Latinoamérica” (p. 218). Las diferencias que H. establece con ésta son, en todo caso, claras: aunque la civilización Latinoamericana está “íntimamente emparentada con Occidente” (p. 52), Huntington alega que “incorpora elementos de las viejas civilizaciones indígenas” (p. 51) y que “ha tenido una cultura corporativista y autoritaria que Europa tuvo en mucha menor medida y Norteamérica no tuvo en absoluto” (p. 52). Curiosamente, Huntington minusvalora el componente católico en el ámbito latinoamericano. Es cierto que no lo desdeña, pero lo relativiza al afirmar que “Latinoamérica ha sido sólo católica, aunque esto puede estar cambiando” (p. 52) hacia una “protestantización” (p. 117). Se establecen también diferencias con la Civilización Ortodoxa, emparentada con el ámbito bizantino y marcada por “el despotismo burocrático y las limitadas influencias del Renacimiento, la Reforma, la Ilustración y demás hitos de la cultura occidental” (p. 51).

 
6º- Las grandes superpotencias de la Guerra Fría pasan a capitanear a su vez, como verdaderos “Estados centrales” (p. 185), las Civilizaciones de las que forman parte, actuando dentro de ellas como “fuentes de orden” (p. 186). “Estos procesos son muy claramente visibles por lo que respecta a las civilizaciones occidental, ortodoxa y sínica” (p. 185).


7º- Ante el nuevo “orden” de civilizaciones, Occidente, según Huntington, debe esforzarse en tres objetivos: mantener su superioridad militar; promover la democracia occidental entre las demás civilizaciones; y controlar y restringir la inmigración en Occidente de los no occidentales (p. 220).


Hasta aquí, Huntington. No cabe duda de que nos encontramos ante un argumentador brillante... y no poco tramposo. Veamos dónde está la “trampa”.


*1ª trampa: Señalar a las viejas superpotencias de la Guerra Fría como inequívocos “Estados centrales” de tres de las civilizaciones catalogadas (precisamente las más activas y capaces, hoy en día: la occidental, la ortodoxa y la sínica). Da a entender, sobre todo, que Huntington no acaba de creerse su teoría de la “sustitución” del “antiguo” orden por uno “nuevo”. Más bien parece que aboga por conservar y consolidar viejas y ya muy malgastadas “capitanías”; en el caso “occidental”, sin duda, la estadounidense. Llamar “noratlántica” a la civilización occidental es, por otra parte, una perversión retórica que nos retrotrae subliminalmente a la OTAN, a la que por cierto se cita no pocas veces en el libro.


*2ª trampa: Determinar como objetivos defensivos de Occidente sólo los tres que recoge el punto 7º, es traicionar la esencia misma del concepto de “civilización” planteado por Huntington, y cuyo elemento más importante (según veíamos en el punto 2º) es la “religión”. Al parecer ésta no merece consideración defensiva alguna; como sí, en cambio, la “democracia occidental”, que debe ser incluso -según el autor- “exportada” y promovida. Se diría que para Huntington aquélla -la religión- figura como excusa y ésta -la democracia liberal- como “fundamento” de la Civilización Occidental.


*3ª trampa: ¿No es mucho decir que la Civilización Latinoamericana se distingue de la “Occidental” porque “ha tenido una cultura corporativista y autoritaria que Europa tuvo en mucha menor medida”? ¿Habrá que recordar dónde surgieron las primeros ensayos autoritarios y corporativistas y dónde alcanzaron su desarrollo más perfecto (el totalitarismo) y hasta qué punto Latinoamérica no hizo sino importar lo que le vino de fuera?


*4ª trampa: ¿Por qué, a la hora de definir su “civilización latinoamericana”, minusvalora Huntington el componente católico? El hecho de que pueda efectivamente estar cambiando hacia una protestantización no desvirtúa que la razón fundacional de la Civilización Latinoamericana sea -si es verdad que las civilizaciones se definen, como quiere Huntington, por su elemento religioso- la religión católica. También la Civilización Occidental está cambiando, si no ha cambiado ya, hacia una secularización muy notable, y el ideólogo norteamericano no duda en catalogarla todavía como “cristiano-occidental”. Se diría que de un modo u otro se quiere evitar que la Catolicidad se constituya por sí en eje vertebrador de una “civilización”. Parece quererse que sólo tenga efecto en cuanto que “participe” de la cristiandad occidental a la sombra del protestantismo, verdadera “cabeza” intelectual y política del modelo.


*5ª trampa: ¿Por qué fijar el inicio de la Civilización Occidental en los siglos VIII-IX? Si es verdad que se considera la “Cristiandad” como razón fundamental de Occidente, ¿por qué no incluir también en ella los siglos IV-VII? ¿Por qué dejar fuera a San Agustín, a San Atanasio, a Orígenes, a Clemente de Alejandría, a San Isidoro, a Boecio, a San Beda, la labor del monacato oriental o la de San Gregorio Magno? ¿Tal vez porque de esta manera es más fácil disociar -como quiere Huntington- el Cristianismo occidental del oriental? Si es verdad que la Ortodoxia no se ha impregnado de la Reforma ni de la Modernidad, sino superficialmente, también lo es que ha vivido como parte -y parte sustancial- de la Cristiandad durante casi ochocientos años, cuando lo cierto es que Reforma y Modernidad no tienen aún más de cuatro siglos de vida. Claro, que aquellos ocho anteriores la vinculan no poco con una catolicidad que Huntington parece querer desdeñar como factor civilizatorio fundamental.


Es obvio que al señor Huntington “no le salen las cuentas” en cuanto introduce en su tramposo universo la Catolicidad. Por eso la devalúa, la mistifica como “parte” de algo o la niega, según conveniencia, cosa que no hace con ningún otro “factor civilizatorio”. Desgraciadamente para el norteamericano, la historia y el sentido común se resisten a sus simplificaciones. Todo cobra, en cambio, significación, si se entiende como dos cosas enteramente diferentes la Cristiandad y la Modernidad. Por de pronto, vale señalar que varias de las características con que Huntington define “su” Civilización Occidental son propias tan sólo de la cultura protestante, no de la católica: la separación westfaliana de religión y política, por ejemplo, “producto idiosincrático -según el autor- de la civilización occidental” (p. 61), se debe menos a la tesis “gelasiana” (explicitada en 494, en una carta del Papa Gelasio al Emperador oriental, y que contemplaba dos autoridades diferentes -detentadas por potestades distintas- pero complementarias: el Sacerdotium, de carácter espiritual, y el Imperium, de carácter temporal) que a la teoría luterana de la “doble moral”, que plantea una radical separación entre “moral privada” (sometida a los valores cristianos) y “moral pública” (secularizada). De hecho, la separación de la autoridad espiritual y la temporal, por la que la Iglesia había luchado hasta el siglo XVI, se esfuma en cuanto el protestantismo concede al soberano la primacía religiosa de la Nación. Lo único que “vuelve” en Westfalia es Maquiavelo. Y lo único con lo que Huntington “choca” es con la realidad de una “Civilización Católica” que fue hegemónica entre los siglos IV y XVI, que fue vencida en el XVII, que inundó la España Americana y que tuvo y tiene aún en el ámbito hispanoamericano su reserva de futuro. De ahí, sin duda, la agresiva “protestantización” que sufre desde hace medio siglo desde el norte y que Huntington perspicazmente detecta.


Si en este siglo XXI ha de haber un “choque de civilizaciones”, cuéntese con esa “Civilización Católica”, que es evidentemente iberoamericana, pero también más que iberoamericana en cuanto que nace y se desarrolla en origen como un imperio oceánico y transcontinental, y hereda vía España la vieja Cristiandad, la Civilización Occidental. Sin ella, las tesis de Huntington no pasan de fiasco. Dígase, para que no triunfe la mentira.


[Texto revisado por el autor el 28 de febrero de 2006].

 
Fuente: http://www.hazteoir.org/foro/viewtopic.php?t=10771

 

Vuelve a la Tabla de Contenidos

 

 

Acto de Fe

 

Dios mío, porque eres verdad infalible, creo firmemente todo aquello que has revelado y la Santa Iglesia nos propone para creer.

 

Creo expresamente en Ti, único Dios verdadero en tres Personas iguales y distintas, Padre, Hijo y Espíritu Santo.

 

Y creo en Jesucristo, Hijo de Dios, que se encarnó, murió y resucitó por nosotros, el cual nos dará a cada uno, según los méritos, el premio o el castigo eterno.

 

Conforme a esta fe quiero vivir siempre.

 

Señor, acrecienta mi fe.

 

[Catecismo de la Iglesia Católica – Compendio, Apéndice, A) Oraciones comunes].

 

Vuelve a la Tabla de Contenidos

 

 

Este mensaje no es un SPAM. Si desea cancelar su suscripción, por favor escríbanos a: suscripcion@feyrazon.org