Carta a mis amigos católicos militantes
Horacio Terra Arocena
En la década de los años
70 el Arq. Horacio Terra Arocena (1894-1985) escribió estas reflexiones, que
quiso hacer conocer entre sus amigos. Es la impresión de un anciano de más de
80 años sobre las crisis en el último cuarto del siglo XX. A más de veinte años
de la muerte de su autor, puede ser de interés esta publicación.
Estimado amigo:
Pongo a su consideración, para tener en cuenta en la actual crisis
"religiosa - civil" del mundo, algunas ideas que considero de
interés.
1- Afirmo como un hecho la apostasía de la civilización occidental, aún hoy
llamada "civilización cristiana". Es un proceso de siglos, lento,
pero permanentemente corrosivo, que abarca todos los campos. Los teóricos:
filosóficos, sociológicos, jurídicos y científicos; y los prácticos:
estructuras sociales como la familia y la escuela; y, con ellas, el libro, la
revista, el espectáculo, las costumbres, las modas... y también estructuras
políticas: el derecho y la fuerza, la ley y la subversión, el respeto a la fama
del adversario, a su integridad -física o psíquica- y a su vida; y el respeto a
su trabajo, a sus medios de vida, a sus vínculos familiares. Y a la información
fidedigna y a la libertad de enseñanza... Junto a todo ello, vemos actuar
agudamente el terrorismo, el secuestro, el sacrificio brutal de rehenes, el
asesinato individual y global y defender todo esto como un derecho, como el
servicio de un ideal. Es todo un panorama de crisis de los principios básicos cristianos.
Pero la apostasía de
Quien los violaba, sabía que los violaba culpablemente: no lo hacía en
función de teorías o de normas opuestas; sino clara y abiertamente en función
de su egoísmo, de su pecado, de su vicio: de su orgullo dominador o de su
sensualidad vencedora.
Cuando hablo de apostasía de la Civilización, tampoco me refiero a una
apostasía personal o colectiva de los fieles de
Pero la Iglesia no es el "Mundo". No es el orden temporal
cuyas estructuras puede penetrar más o menos con los principios morales y
religiosos que tiene la misión de trasmitir. La Iglesia no es
No. No hablo de apostasía de los fieles de la Iglesia, aunque exista en
alguna medida, como existió en todo tiempo. Y aunque se admita que la
civilización exterior pudo influir en ella. La estructura de la Iglesia
permanece intacta: su enseñanza, la distribución de los sacramentos, el culto,
la jerarquía, pueden sufrir accidentalmente la agitación de las corrientes
hostiles que se mueven en el cuadro de la civilización temporal. Pero el árbol
resiste los vientos, reacciona y se fortalece. Es un organismo que no es ajeno
al ambiente en que actúa y que ha de cambiar actitudes y adaptarse a las nuevas
situaciones externas para continuar con eficacia su propia misión. Pero que no
es de ningún modo esclavo de esas situaciones externas; y diría que en esta
lucha se enriquece constantemente y se afirma, acumulando experiencias,
reflexiones, lecciones seculares, sin dejar de ser ella misma.
Repito: es a otra apostasía a la que me refiero: a algo que puede quedar
registrado en un proceso histórico de la propia civilización temporal, y que
afecta, si se pudiera aplicar esta comparación, más a las intenciones del mundo
actual. La Sensualidad, por su parte, ha reivindicado sus "reclamos
sagrados", los de la diosa "Naturaleza", en el arte, en el
derecho a la expansión vital y primaria y al goce de la vida.
Así, la eutanasia prenatal, la píldora científica, el divorcio
corriente, el amor libre. Si se duda, considérese el sentido profundo que, en
países de seculares tradiciones cristianas, tienen los plebiscitos sobre el
aborto y el divorcio. Tómense las revistas y libros que todos leen y la mayoría
acepta: que divulgan el desborde sexual, justificándolo con preceptos solemnes
de interpretación freudiana, u otros pseudo científicos. Obsérvese la cortina
del silencio sobre lo que dice la Iglesia, el Papa.
Sígase con el cine, las playas, las "boites", la familiaridad pública de los sexos... Los
escándalos callejeros... No sólo son hechos: todos tienen el orgullo de sus
"teorías justificativas" y las pregonan.
Junto a la familia, otro campo de batalla: la escuela; primero neutra,
después hostil, al fin pagana. También con sus doctrinas: antes, el respeto de
las conciencias de los disidentes y la ausencia religiosa; luego "el
derecho" a imponerse en nombre de la unidad social. Ahora ya además el
encumbramiento del culto del cuerpo y de la fuerza física... Teorías
"psicológicas", "pedagógicas", "sociológicas".
Recordemos nuestra difícil lucha por la libertad de enseñanza, por el derecho de los hijos de los pobres a que
éstos eligieran, sin gravámenes, la escuela religiosa. Las doctrinas adversas
no cedieron un paso.
Hoy, dentro de nuestras mismas escuelas han penetrado el derrotismo y la
sumisión, que averían gravemente, desde dentro, el objeto de nuestras
constantes luchas.
La apostasía de
Hay también el orgullo de la fuerza física junto al culto idolátrico del
deporte y el orgullo de las armas dominadoras. Y ahora estas
"escuelas" de defensa y agresión personal que se generalizan.
Pero otra dominación se expande paralelamente por el Occidente que está
destinada a una alianza inevitable con la fuerza de las armas y que ya existe
en las grandes potencias: la dominación
y el orgullo plutológicos: el Poder abrumador del dinero que sobrepasa
fronteras y desafía el poder de los estados débiles. El fin exclusivo de la
ganancia, el éxito de la técnica de la producción, llevaron primero al ansia de
los monopolios expoliadores y luego a la acumulación creciente, sin limites, de
los capitales. Como todo se organizó para la ganancia y el Poder dominador y
expoliador del dinero, el fin de la Economía, que es la producción al servicio
de las necesidades del consumo, se convirtió en el fin del crecimiento de la
riqueza de los productores y financiadores poderosos, a través de la creación
de necesidades artificiales, para poner el consumo al servicio de Poder
Productor. El hombre trabaja más y más cada día -hasta la esclavitud- para
satisfacer la necesidad de producir y producir; y para aumentar cada vez más -los
que trabajan- sus consumos superfluos.
Ejemplo son los hogares donde se ha impuesto una ley según la cual las
madres han de dejar a sus hijos en las guarderías en manos de extraños, o en la
calle, sin hogar propio, para poder completar los ingresos, siempre insuficientes,
del esposo: evidencia de un sistema económico antihumano.
La maquina plutológica es mundial y funciona como un inmenso Poder de
esclavizar al hombre a los bienes materiales y a la sensualidad y a la vanidad,
multiplicando a la vez las exigencias de trabajo. Pero también como el poder de
succionar los bienes, expoliando a los débiles, empresas o personas, regímenes
o naciones, hasta la miseria.
Hace ya tiempo que este sistema plutológico violó todos los principios
cristianos de la civilización y contaminó el mundo de los negocios, del cambio
y del trabajo y sembró el odio y
¿No es éste uno de los síntomas más claros de la apostasía de la
civilización "cristiana"?
Aunque estas reflexiones se refieren a la civilización y al capitalismo
occidental, no dejo de tener en vista el Sistema Oriental que, en la apariencia
visible de las cosas, se le opone. La deriva del Capitalismo Occidental se
dirige, bajo otra forma, a la confluencia con el Poder político y militar, como
en los regímenes colectivistas donde forman una sola cosa. También esos
regímenes hace tiempo que quebrantaron abiertamente las normas de una
Civilización Cristiana, se proclamaron abiertamente ateos, y
Reafirmo la apostasía de nuestra Civilización como un hecho básico de estos
siglos últimos; no es “lo externo”, no es “el mundo” lo que alarma, sino la
indiferencia y la insensible adaptación de los cristianos a los principios y
métodos reinantes, así como la penetración del principio del odio para encarar
las injusticias y opresiones y las mismas luchas internas de intereses, propios
de la civilización paganizada.
2- ¿Qué consecuencias tiene este hecho magno?
1- ¿En la
Civilización misma y su destino?
2- ¿En la
Iglesia y en la actitud de los Cristianos?
Antes, quiero intercalar una advertencia:
3- Pero me planteo las consecuencias de la apostasía para esta misma
Civilización que nos envuelve.
La Civilización que ha conocido el Evangelio no puede ya repudiarlo
sin destruirse. Entre otras cosas, el poder Plutológico lleva a la guerra o a
La otra alternativa posible es la autodestrucción de ese Poder
industrial y financiero, a causa del agotamiento de las materias primas del
Planeta, gastado locamente en Oriente y Occidente, sin previsión alguna, o en
fin, por esa nube creciente de la polución que mata la vida en las aguas, los
aires y los campos. Eso sería como un terremoto universal en la Historia.
Pero antes de que algo de eso suceda, ya hoy, ninguna empresa cultural
o religiosa... que naturalmente no puede dedicarse a crear poder económico, ni
someterse a vivir para la producción o las finanzas, alcanzaría el dominio de
los medios de la comunicación y difusión social. Éstos están monopolizados por
las grandes empresas económicas y de publicidad. La civilización perderá los
instrumentos de toda cultura que no sea técnica y de interés material.
Desaparece lo humano. Hoy mismo, vemos afectada gravísimamente a la Iglesia y a
su misión. La prensa, las agencias informativas internacionales, la radio, los
satélites, el cine, el libro mismo, responden a la publicidad de los grandes
negocios, al halago interesado de la sensualidad y a la difusión de las teorías
no cristianas imperantes. Y viven de los fuertes capitales.
En manos de una empresa espiritual, los medios de comunicación social
languidecen, apenas sobreviven o mueren. Toda la publicidad que los alimenta
está al servicio de la civilización apóstata, pregona todas las normas
anticristianas y difunde los ejemplos de su influencia real. El libro –lo que
la gente lee de las editoriales y lo que éstas producen- es un ejemplo para
meditar. No nos apercibimos de esto, porque los años nos han sumergido
lentamente en este ambiente que nos parece normal, el de la civilización que
vivimos, cada día menos viva espiritualmente.
En cuanto al poder Plutológico que nos domina, él puede ser también destruido por la misma obra de sensualidad y vicios que difunde, y por las mismas pasiones que fomenta. La gran industria requiere la paz social, pero cada día está más amenazada por la Revolución, como ya lo insinuamos. Requiere además de la ciencia, es decir, el hombre con vocación y dedicación intelectual y técnica, pero la vida de sensualidad que ella fomenta, los vicios que explota en el afán de la ganancia, disminuyen progresivamente la base moral del interés y del estudio científico, de todo lo que exige sacrificio desinteresado.
La destrucción de la familia que
Pero el colectivismo es el despotismo, es decir, una socialización
forzada, planteada y dirigida contra toda la vida espontánea de una sociedad
humana.
Si los Romanos hubieran poseído los medios técnicos de dominación
modernos y la capacidad de los "organismos de inteligencia" que todo
lo penetran, el Paganismo habría conocido una opresión mucho peor que la que
conoció. Por esto, el regreso al Paganismo que vemos hoy es capaz de crear una
opresión terrible y con carácter universal. La Civilización no puede pues ya
repudiar el Evangelio, sin suicidarse.
Pero además hay un fenómeno curioso y contradictorio de
He aquí por qué la Civilización materialista que mueve la sensualidad
y el orgullo no podrá alcanzar nunca una verdadera socialidad de personas
libres. Fracasará: hará una colectividad forzada, apoyada en la ignorancia de
los derechos y de los valores humanos, o ella misma sucumbirá en la anarquía y
en la barbarie.
4- Yo veo que toda esta materia social constituye hoy el campo de
nuestras luchas. Familia, divorcio, amor libre, escuela sin Dios, culto de la
fuerza colectiva ciega, multitudinaria, poder plutológico mundial abrumador,
uso creciente de la violencia y de las armas... La misma lucha del Capitalismo
de Occidente y del Colectivismo Oriental en el plano común a–cristiano en que se
debate y desarrolla.
Y todo esto, que es social, es el campo obligado de nuestras luchas de
hoy en defensa de los principios cristianos; porque –y esto quiero subrayarlo-
vivimos para la Iglesia la etapa
histórica de las herejías sociales.
Tengo una teoría personal, que sólo vale para ustedes como sugerencia, sobre el desarrollo de “trigo – cizaña” o de “Cristo – anticristiano” a través de la historia.
Para mí, hasta ahora, este desarrollo se divide en cuatro grandes etapas. Duran siglos
cada una: 1, Cristo; 2, la Iglesia; 3, el hombre cristiano; 4, la sociedad
cristiana.
En una segunda Etapa, concluida la dominación política bizantina, la Iglesia, en Roma, independiente del
Estado, se define actuando ella misma contra todos los obstáculos que tienden a
deformarla en su carácter y misión propias. Y por lo
mismo en su imagen externa. Llega el momento en que la personalidad, diremos,
de la Iglesia, su misión, su libertad y sus derechos actúan indeformables,
coincidiendo con una civilización Occidental que es ya cristiana en su escala
de valores; Culto, Sacramentos, Jerarquía, Libertad de la Iglesia quedan
definidos para
Pero desde este último siglo, la definición del humanismo cristiano
queda firme; y ya no logra el Concepto anticristiano del hombre filtrarse en
Hoy ya estamos en otra Etapa, en
Por esto mismo, la descristianización de
la sociedad que integra la antes llamada “Civilización cristiana” es
progresiva, precisamente en este campo. El concepto cristiano de “lo social” es
y será severamente combatido. Actúa aun el “Liberalismo” totalizador que, bajo
el rótulo de la libertad individual, monopolizó la escuela, la hizo laicista,
creó la fórmula también laicista del matrimonio civil (“el único valido”) y lo
desprestigió luego con la marcha progresiva del divorcio; sin contar con que
este liberalismo, en lo económico, se da la mano con los monopolios
plutológicos que agitan el mundo y exprimen al hombre económicamente débil y al
mundo “subdesarrollado”, y que absorbió también para la irreligión
prácticamente los medios financiadores de la Evangelización y los entregó a la
publicidad sensual y adversa. Con el Liberalismo actúa pues el Capitalismo en
su sentido peyorativo, cuya escala de valores se mide en dinero y bienes
materiales y se caracteriza también por la concentración y la absorción
opresiva. Actúan el Fascismo y su
hermano el Nazismo, aparentemente
vencidos, siempre amenazadores en unión con la fuerza, con su teoría particular
de
El parentesco entre esas herejías sociales, distintas y aparentemente
opuestas, es bien claro; y señala una flecha hacia esa unión consolidada del
Poder económico y la coacción de las estructuras políticas que es el “Totalitarismo”.
Pero no me sorprendería que surgieran todavía nuevas formas o
desarrollos de las teorías sociales que alcanzan en los hechos, bajo cualquier
título nuevo, una extensión mundial del totalitarismo
opresor. De lo cual yo deduzco sin esfuerzo que es muy posible que nos
espere en un futuro, que no puedo prefijar,
Tal es como veo yo la marcha de esta Civilización que rechazó los
principios cristianos y en la cual todavía nos movemos. Pero ya sintiendo el
fragor de las olas y la inseguridad del suelo.
5- Este cuadro, que parece pesimista y, para algunos, imposible, no lo parecerá
tanto si consideramos lo que fueron los siglos de
Pero la visión de la Iglesia
no es en modo alguno pesimista. No lo era
La Iglesia sobrevive en efecto en civilizaciones
adversas; pequeño o gran rebaño, sobrevivirá a la “gran opresión”, si
ella viene. Pero sus actitudes, las formas externas del apostolado, los medios
de defensa y de Evangelización cambiarán según las circunstancias exteriores.
De una civilización casi Eclesiástica que domina el siglo XIII, ha ido
llegando paso a paso a vivir en medio de la heterogeneidad religiosa y Cultural
primero; y luego frente a la hostilidad más o menos localizada.
Hoy, universalmente, la Iglesia se prepara para vivir en la
heterogeneidad universal, sin respaldo de estructuras profanas, en
desprendimiento absoluto respecto de una civilización que abandona claramente
al cristianismo. Ello coincide hoy con el movimiento histórico hacia la planetización
universal. Bajo otro aspecto coincide también con la consagración de la misión
de los laicos en la Iglesia, que será muy importante en los cambios futuros: los
que alejarán a las estructuras de la Iglesia.
Tal es, para mí, unos de los sentidos más importantes del Concilio
Vaticano II y que le da la proyección histórica de una liberación en sus
propios caminos. Ante el hecho de la planetización, la Iglesia universal
acentúa su capacidad de vivir
Se estructura para actuar sobre las culturas del mundo con los
principios evangélicos, con espíritu de servicio, libre de toda convivencia con
las estructuras profanas.