FE Y RAZÓN

"Omne verum, a quocumque dicatur, a Spiritu Sancto est"

Toda verdad, dígala quien la diga, viene del Espíritu Santo

(Santo Tomás de Aquino)


SANTO TOMÁS DE AQUINO. (1.225 - 1.274)

(Lic. Néstor Martínez)

Extractado de :

MANSER, G.M., O.P., La esencia del tomismo, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, Madrid, 1947. Excelente introducción histórica y sistemática al pensamiento de Santo Tomás.

WEISHEIPL, J. A.,. O.P., Tomás de Aquino. Vida, obras y doctrina, EUNSA, Pamplona, 1994. Una de las más actuales y cientificas biografías de Santo Tomás.

FABRO, Cornelio, artículo TOMMASO d' AQUINO, santo, en Enciclopedia Cattolica, publicada por el Ente per l'Enciclopedia Cattolica e per il libro cattolico, de la Ciudad del Vaticano, Ed. G. C. Sansoni, Florencia, 1954.

PIEPER, Josef, Filosofia medieval y mundo moderno, Rialp S.A., Madrid, 1.979.

 

VIDA.

1.225 - Nace en el castillo de Aquino, en Rocaseca, cerca de la ciudad de Aquino, en Nápoles. Sus padres son los condes de Aquino, hidalgos de rango nobiliario inferior.

1.230 - Ingresa como oblato en la abadía benedictina de Montecasino. Los planes eran que llegara a ser Abad. Allí recibe la instrucción primaria, es decir, religiosa, según la regla de San Benito, latín, la gramática de la lengua vernácula, lectura, escritura, matemática elemental y armonía. Se cuenta que sorprendía a sus maestros preguntándoles de improviso: "¿Qué es Dios?".

1.239 - Abandona Montecasino y pasa a la Universidad de Nápoles. El Estudio General de Nápoles, posteriormente Universidad, fue fundado por el emperador Federico II para competir con el estudio pontificio de Bolonia. Según la orientación paganizante de la corte de Federico, se enseñaba en Nápoles la filosofía de Aristóteles, el profesor era Pedro de Hibernia, con quien Tomás estudió la filosofía aristotélica cuando aún estaba prohibida en París. En Nápoles toma contacto por primera vez con los dominicos, enviados en calidad de estudiantes a la Universidad. El ideal de pobreza evangélica y vida dedicada a la oración, el estudio y la predicación del Evangelio seduce al joven Tomás. Los biógrafos describen a Santo Tomás joven como de gran corpulencia y altura, silencioso y retraído, y muy dado a la oración y al estudio. Él mismo, que tanto había leído, dirá más tarde que había aprendido más en la oración que en el estudio.

1.243 - Muere Landulfo, su padre.

1.244 - Ingresa como novicio en el Convento de Santo Domingo de Nápoles. Después pasa a Roma. Mientras se dirige con otros frailes al capítulo de la Orden en Bolonia, sus hermanos de sangre lo hacen prisionero en Acquapendente y lo confinan en Rocaseca, por orden de su madre, probablemente decepcionada de que Tomàs despreciase la rica abadía de Montecasino para convertirse en un miembro de la novísima orden de Predicadores, viviendo en la pobreza como fraile mendicante. Allí se hicieron diversos intentos de hacerlo cambiar de parecer respecto de su vocación. Sus hermanos llegaron a introducir una mujer de vida alegre en su cuarto, pero Tomás la hizo huir agitando un tronco encendido que tomó de la chimenea. Otra vez quisieron quitarle el hábito dominico, pero los hizo rodar por tierra (era un hombre muy alto y fornido). Enviaron a su hermana Marotta para que lo convenciera. Después de varias discusiones, Tomás la convenció de que renunciara al mundo y se hiciera monja benedictina. Llegó a ser priora de Santa María de Capua, en 1.252. Santo Tomás estuvo confinado cerca de un año, durante el cual estudió la Biblia y las Sentencias de Pedro Lombardo. Algunos sostienen que llegó a escribir allí unos pequeños tratados de lógica.

1.245 - Se fuga de Rocaseca y vuelve a Nápoles. La versión tradicional es que se descolgó por una cuerda tendida desde la ventana de la torre, al estilo de San Pablo, mientras su madre, ya resignada, hacía la vista gorda. Wiesheipl cree que sólo hubo una despedida normal. Chesterton anota que en todo caso la cuerda debió de haber sido muy resistente.

1.247 - Es enviado a estudiar a París con Alberto Magno. San Alberto Magno, dominico, alemán, en ese momento era considerado el hombre más sabio de Europa, llamado por sus contemporáneos "Doctor Universalis". Dotado de una curiosidad universal, fue él el primero en concebir el proyecto de asimilar cristianamente el aristotelismo que llegaba de manos de los árabes, si bien su aristotelismo conserva aún fuertes influencias neoplatónicas. No se limitaba a aprender de las obras científicas de Aristóteles, sino que confrontaba sus afirmaciones con la experiencia, de donde le vino el ser declarado posteriormente patrono de los que se dedican a las ciencias naturales. Su ideal de "cristianizar" a Aristóteles lo llevó a la práctica su mejor alumno, Tomás. Es famosa la frase de San Alberto en la que se refiere a los que, aún dentro de la orden dominicana, se oponían al estudio de los filósofos:

"Hay ciertas gentes que son totalmente ignorantes y que desean combatir el uso de la filosofía; esto es especialmente verdadero entre los dominicos, donde nadie se levanta en oposición a ellos. Son como animales brutos que blasfeman contra cosas que desconocen".

En la escuela de Alberto, los condiscípulos de Tomás, impresionados por su corpulencia, su seriedad y su silencio, lo llaman "el buey mudo de Sicilia", y creen que su silencio se debe a su perplejidad por no entender las materias. Hasta que le toca responder a su maestro Alberto en una "cuestión disputada", y lo hace tan bien, que Alberto dice a sus compañeros: "Ustedes lo llaman el buey mudo, yo les digo que este buey mugirá tan alto, que con sus mugidos llenará el mundo".

1.248 - Se traslada a Colonia y prosigue allí sus estudios con Alberto Magno. Weisheipl duda que Alberto haya sido maestro de Tomás en París, y cree que sólo fue en Colonia. Según él, la estancia de tres años en París fue de oración y estudio personal en una convento de la Orden. Con Alberto en Colonia Tomás se desempeña como "Cursor biblicus", es decir, bachiller bíblico, que debía hacer una lectura "cursiva", es decir, rápida y con explicaciones sin demasiada profundidad, de todos los libros de la Biblia, para familiarse a sí mismo y a sus estudiantes con la Sagrada Escritura.

1.251 - Se ordena sacerdote en Colonia.

1.252 - Según Mandonnet, ocupa como Bachiller bíblico la cátedra de extranjeros en el Estudio General de Santiago de París, de la Orden Dominicana. Según Weisheipl, comenzó directamente como Bachiller sentenciario. El papel del bachiller era aprender bajo un maestro, leer cursoriamente las Sentencias durante dos o cuatro años, y responder a las objeciones del publico o del maestro en las cuestiones disputadas que promovía el maestro, sin poder determinar las soluciones, cosa que solo correspondía al maestro. Al llegar a París, Tomás se encuentra con el conflicto existente entre el clero secular y los mendicantes (franciscanos y dominicos) a propósito de las cátedras universitarias. Existía en el clero secular un partido anti - menticante, originado por la competencia que los religiosos representaban para los curas seculares, en la predicación y en la docencia. Además, los dominicos y franciscanos se habían negado a participar en una huelga de la Universidad que duró de 1.229 a 1.231, y durante la huelga, los dominicos habían obtenido una segunda cátedra en teología (los estatutos de la Universidad permitían hasta entonces sólo una cátedra para cada orden mendicante). El jefe de este partido era Guillermo del Santo Amor, sacerdote secular. Tomás había llegado justamente para ocupar esa segunda cátedra, por lo que su nombramiento encontró la oposición de los seculares y tuvo que ser ratificado por el Papa.

1.254 - Según Mandonnet, comienza su enseñanza como Bachiller Sentenciario, según Weisheipl, la continúa. La enseñanza de Tomas en París causa sensación por la claridad y concisión de su exposición, la capacidad de ir al núcleo mismo de la cuestión, y la novedad de los puntos de vista y los argumentos. Es famosa y muy citada la frase de su biógrafo Bernardo Gui: 

"Dios agració su enseñanza tan abundantemente que empezó a causar una impresión maravillosa en los estudiantes. Porque todo parecía tan nuevo: nueva ordenación de la materia, nuevos métodos de prueba, nuevos argumentos aducidos para las conclusiones, en pocas palabras, nadie que le escuchara podía dudar que su mente estaba llena de una nueva luz procedente de Dios". 

Por este tiempo escribe el "Scriptum super libros Sententiarum", que es su primer comentario a las Sentencias de Lombardo, fruto de su actividad docente.

1.256 - Es nombrado Maestro "in sacra pagina", si bien sólo es recibido en el "consortium" de los maestros universitarios en 1.257. Ese mismo año Guillermo del Santo amor escribe "De periculis novissimorum temporum", contra la existencia misma de las órdenes mendicantes, que según él son ministros del Anticristo. Hubo ataques físicos contra los frailes en París. Le contestan San Buenaventura y Tomás de York. Santo Tomás escribe en defensa de las órdenes mendicantes el "Contra impugnantes Dei cultum et religionem" (1.256). Todo esto preocupó mucho a Tomás, que se sentía, además, completamente incapacitado para el cargo de maestro por su edad (31 años, menos de la requerida usualmente, 35 años) y su falta de experiencia. Sólo por la fuerza de la oración pudo decidirse a tomar el cargo de maestro en circunstancias tan difíciles, en obediencia a órdenes terminantes que venían del Papa mismo. Ese mismo año el "De periculis" de Guillermo había sido condenado en Roma por una comisión de obispos. La función del Maestro en Teología se resumía en la "lectio", la "disputatio" y la "predicatio". El texto de base era la Sagrada Escritura, la "sacra pagina". El texto se leía en voz alta, se dividía en partes para poder comprenderlo, se explicaba cada línea y cada palabra acudiendo a las fuentes pertinentes, y ante las aparentes contradicciones, se citaban brevemente los argumentos de cada parte y se buscaba mediante distinciones los sentidos en que ambas "auctoritates" podían ser verdaderas, lo que llevaba a profundizar el significado de la Escritura. Es difícil datar con precisión las diez obras escriturísticas que son fruto de la enseñanza de Santo Tomás. Durante esta época escribe tambien su comentario al libro de Boecio sobre la Trinidad, y al "De Hebdomadibus", donde aparece la distinción boeciana entre el "quo est" y el "quod est". También las Cuestiones Disputadas "De Veritate".

1.259 - A comienzos del año, empieza la "Summa contra Gentiles", no como fruto de su enseñanza, sino, según algunos, en respuesta a un pedido del general de la Orden que quería un manual apologético para los misioneros que iban a España y se enfrentaban con la influencia de la cultura musulmana. Participa en la redacción de la "Ratio studiorum" de los dominicos. A fines del año, abandona la Universidad de París y vuelve a Italia. Comienza su estancia en Anagni (Mandonnet) o Nápoles (Weisheipl).

1.260 - Estancia en Anagni, según Mandonnet. Según Weisheipl, va de Paris a Nápoles. Alli continúa la "Summa contra Gentiles".

1.261 - Termina su estancia en Anagni y se traslada a Orvieto como "lector". Allí residía por entonces el Papa Urbano IV. Tomas desarrolla gran amistad con el Papa y descubre en la corte pontificia, empeñada en la tarea de lograr la reconciliación con los griegos, la traducción de muchas obras patrísticas griegas, que le abren el horizonte de la teología oriental. Allí escribe la "Catena Aurea", comentario seguido a los cuatro Evangelios utilizando citas de los Padres latinos y griegos, y el "Contra errores graecorum", donde refunde un escrito ya existente de Nicolás de Durazzo, en el que se trataba de demostrar que los Padres griegos habían enseñado la doctrina del "filioque". No llega a rectificar todas las inexactitudes históricas del primer autor. Santo Tomás fue el primer escritor latino que utilizó al pie de la letra las actas de los cinco primeros concilios ecuménicos. No sabía griego, por lo que dependía de las traducciones que realizaban sus contemporáneos.

1.262 - Estancia en Orvieto. A petición de Urbano IV, compone la liturgia de Corpus Christi, que por ese entonces se convierte en fiesta de la Iglesia Universal.

1.265 - Termina su estancia en Orvieto y pasa a residir en Roma, con la misión de abrir un "studium" dominicano. Por esta fecha escribe el "De Regno" o "De regimine principium", sobre el gobierno de los reinos y la relación Iglesia - Estado. Funda en Roma el estudio de Santa Sabina, donde enseña Teología a los jóvenes dominicos, al principio siguiendo las Sentencias de Lombardo, hasta darse cuenta de que eran muy difíciles para los estudiantes. Comienza a redactar aquí las Cuestiones Disputadas "De Potentia", "De Malo", "De Spiritualibus Creaturis", y continúa trabajando en la "Catena Aurea". Decide elaborar un nuevo manual de Teología más apto para los principiantes que las Sentencias del Lombardo. Ése es el origen de la Summa Theologica, la obra máxima de Santo Tomás y de toda la teología católica.

ESTRUCTURA DE LA SUMMA THEOLOGIAE.

Según Sto. Tomás, la Teología es la ciencia que trata de Dios, tal como se da a conocer por la Revelación realizada en Cristo. A Dios se lo puede considerar en sí mismo, y también en relación con las creaturas, es decir, según que es principio y fin de las mismas, especialmente de la creatura racional. De ahí las tres grandes Partes de la Summa, que tratan:

Ia. Parte: De Dios. Aquí trata de tres temas: Dios Uno, Dios Trino, y la procesión de las creaturas a partir de Dios. Es decir, Dios en Sí mismo, y como principio del que proceden las creaturas.

IIa. Parte: Del movimiento de la creatura racional. hacia Dios. Es decir, Dios como fin al cual tienden las creaturas, especialmente las racionales. Es la parte moral de la Summa, donde se vale del esquema de la Ética de Aristóteles para vaciar en él, transfigurándolo, todo el contenido de la ética cristiana, centrada en el amor. Se subdivide en dos subpartes:

Ia - IIae, o sea, "Prima Secundae", primera parte de la segunda parte. Es lo que hoy llamaríamos "Moral fundamental". Trata de los fundamentos del orden moral, o sea, los actos humanos en general, y las definiciones generales de la virtud, el vicio, la ley, la gracia, el pecado, etc.

IIa - IIae, o sea, "Secunda Secundae", segunda parte de la segunda parte, es lo que hoy llamaríamos "Moral Especial", donde trata de los actos humanos en particular, es decir, las virtudes y los mandamientos en concreto.

IIIa. Parte: De Cristo, que, en cuanto hombre, es vía por la que nosotros tendemos hacia Dios. Cristo como Camino hacia nuestro fin que es Dios. Aquí está la Cristologia y Mariología, la Sacramentología, y la Escatología del Aquinate, si bien él sólo escribió hasta el sacramento de la penitencia, después de lo cual tuvo su famosa revelación que le impidió seguir escribiendo. El resto fue terminado por sus discípulos con pasajes de obras suyas anteriores.

Cada Parte se subdivide en Cuestiones, así, por ejemplo, la Prima Pars, en el primer apartado que trata de Dios Uno, tiene 26 Cuestiones, incluyendo la cuestión introductoria N1 1, sobre la ciencia teológica. Algunas de estas cuestiones: Si hay Dios, Sobre la simplicidad de Dios, Sobre la Perfección de Dios, Sobre la Bondad de Dios, Sobre la Infinidad de Dios, Sobre la Inmutabilidad de Dios, etc.

Y cada Cuestión se subdivide en Artículos, en los que se discuten los aspectos particulares de la cuestión general. Así , por ejemplo, la cuestión II, Si hay Dios, se dividen en tres artículos: Si la existencia de Dios es evidente, Si la existencia de Dios es demostrable, Si hay Dios. En este último artículo es que vienen las famosas "cinco vías".

A su vez, en cada Artículo podemos discernir las siguientes partes, que expresan la estructura de la "disputatio" escolástica:

1) El enunciado del problema, que empieza con la palabra latina "utrum..." ("si..."), por ejemplo, "Utrum Deum esse sit per se notum": Si es evidente que hay Dios.

2) Una serie de argumentos que apoyan la tesis contraria de la que Santo Tomás quiere defender, encabezados por la palabra "Videtur::" ("Parece que..."). En nuestro ejemplo: "Videtur quod Deum esse sit per se notum": Parece que la existencia de Dios es evidente. Siguen tres argumentos que intentan llegar a esa conclusión.

3) Un nuevo argumento o serie de argumentos en los que se apoya la tesis contraria, que será finalmente la de Santo Tomás, encabezados con la frase "Sed contra..." ("Pero contra esto, o por la contraria..."). Suele tratarse aquí de autoridades, o sea, citas bíblicas o patrísticas (sobre todo San Agustín y Dionisio), o, si viene al caso, de Aristóteles. En nuestro ejemplo, el "Sed contra" llega a la conclusion de que Dios no es evidente para nosotros en esta vida, por medio de un silogismo, una de cuyas premisas es una frase de la Metafísica, y la otra, un versículo del Salmo 52.

4) El cuerpo ("Corpus") del artículo, en el cual Santo Tomás da su argumentación principal y definitoria respecto del problema en cuestión, apoyando por lo general la afirmativa o la negativa, (la apoyada en el "Sed contra", contraria de la apoyada en el "Videtur", o, más raramente, dando la razón a cada una en un sentido diferente de la otra, por medio de una distinción. Comienza siempre con las palabras: "Respondeo dicendum quod...": (Respondo que debe decirse que...). Es una argumentación más extensa que las otras, donde Santo Tomás intenta llegar a las raíces mismas del problema.

5) Finalmente, la respuesta a los argumentos del "Videtur", que no pueden ser concluyentes desde se oponen a las autoridades expuestas en el "Sed Contra", y a la razón, que demuestra en el "Corpus" lo mismo que enseñan esas autoridades. Por tanto, hay que refutarlos, mostrando porqué no concluyen. Eso se hace tomándolos uno por uno en el mismo orden en que fueron propuestos, y aduciendo las distinciones necesarias. Cada respuesta es encabezada con las expresiones "Ad primum" (Al primer argumento..), "Ad secundum" (Al segundo argumento...), dicendum quod (hay que decir que...).

Por eso, cuando se cita la Summa, se sigue un método que consiste en indicar la parte, la cuestión, el artículo, y la parte del artículo. Por ejemplo:

I q. 14, a. 11, c. Quiere decir: Primera Parte, Cuestión 14, Artículo 11, Corpus.

Ia. IIae, q. 15, a. 2, ad 1um. Quiere decir: Primera parte de la Segunda Parte, Cuestión 15, Artículo 2, respuesta al primer argumento.

La Summa Theologiae consta de 512 cuestiones, 2.669 artículos, y cerca de 10.000 objeciones con sus respuestas. La finalidad de Santo Tomás al redactarla fue presentar a los estudiantes de Teología toda la doctrina sagrada de un modo ordenado y coherente, sin repeticiones fastidiosas, y reduciéndolo todo a lo esencial. De hecho, si bien la obra va inmensamente más allá de un simple manual para principiantes, no es en la Summa donde hay que buscar el pensamiento más profundo de Santo Tomás, sino en las Cuestiones Disputadas, donde no escribe para estudiantes, sino para profesores, y en vez de apuntar a la síntesis y a la brevedad, apunta a agotar en lo posible los temas. Así, mientras que en la Summa por lo general hay 3 o 4 argumentos en el "Videtur" y 1 o 2 en el "Sed Contra", en las Cuestiones Disputadas suele haber 13 o 15 o más argumentos de cada lado. Pero donde la Summa Theologiae representa una cumbre inigualada en la obra de Santo Tomás y de todo el pensamiento cristiano es en la grandiosa capacidad de síntesis y organización lógica del inmenso material de la Teología, que por momentos asombra por la precisión, la claridad, la sencillez, la concisión, el orden inigualables, fruto de una inteligencia genial en lo humano y santa en lo cristiano, providencialmente adornada por Dios con dones extraordinarios de naturaleza y de gracia. Santo Tomás escribió la Prima Pars de la Summa durante su estancia en Roma y Viterbo, entre los años 1.266 y 1.268.

1.267 - Se traslada a Viterbo. Alli residía el Papa Clemente IV. El deseo de los superiores dominicos de Santo Tomás era proveer al convento que se hallaba donde la Curia de un "lector" apropiado a las necesidades de la Curia. El Papa ofreció a Tomás el arzobispado de Nápoles, junto con las rentas de un monasterio, pero él lo rechazó y rogó que no se le hicieran más tales ofrecimientos. Por entonces hizo amistad con Guillermo de Moerbeke, fraile dominico conocedor de la lengua griega, cuyas traducciones de Aristóteles directamente del griego, muy superiores a las usuales traducciones del árabe, fueron aprovechadas por Santo Tomás para sus obras. Parece que de esta época son las Cuestiones Disputadas "De Spiritualibus Creaturis".

1.269 - Vuelve a la Universidad de París. Medida extraordinaria, pues no se acostumbraba que un maestro tuviera más de un período de enseñanza en París. Santo Tomás es llamado allí para hacer frente a los averroístas latinos, según Mandonnet. Según Weisheipl, el motivo fue mas bien el recrudecimiento de los ataques de los seguidores de Guillermo del Santo Amor contra los franciscanos y dominicos. Si bien al llegar allí, Santo Tomás se dio cuenta del peligro del averroísmo latino para la fe católica, y lo combatió tenazmente. También es de esta época el conflicto con los agustinianos, de la orden franciscana y también de la dominica, que veían con alarma la apertura de Santo Tomás a las ideas aristotélicas. En esta época, por tanto, tenemos a Santo Tomás combatiendo en tres frentes a la vez, lo que no le impide continuar con la redacción de sus grandes obras. Solía dictar a tres o cuatro secretarios a la vez, encargados de distintas obras. Su memoria era prodigiosa y retenía firmemente todo cuanto leía u oía. Comía y dormía poco, consagrando sus energías a escribir, dictar, enseñar y rezar, así como leer las obras de otros autores antiguos y contemporáneos. Tenía gran capacidad de abstracción y recurría a ella cuando debía someterse a algún tratamiento médico doloroso: entraba en contemplación para no sentir el dolor. Dotado de gracias místicas que escondía celosamente prohibiendo a su "socius" Reginaldo que revelase nada antes de su muerte. Cuando los problemas filosóficos y teológicos eran demasiado difíciles acudía invariablemente a la oración, de la que salía siempre con la solución de la dificultad. En realidad la tradición da cuenta de apariciones de San Pablo o del profeta Isaías, que venían a esclarecer al atribulado maestro "in sacra pagina", así como de escenas de levitación, y otras menos espectaculares, en que Santo Tomás, rezando con una vela en la mano por la solución de una dificultad, no siente el calor de la vela que se consume enteramente hasta chamuscarle la mano sin que él se dé cuenta, absorto en la contemplación de la verdad. En esta época además, según Weisheipl, se produce una maduración espiritual e intelectual en Santo Tomas en el sentido de una mitigación del excesivo intelectualismo que alentaba en sus años juveniles.

Por esta época escribe el Comentario al Evangelio de San Juan, que para Weisheipl es la máxima obra escriturística de Santo Tomás y un monumento eterno de la exégesis bíblica: "ningún comentario moderno a San Juan puede reemplazar las sublimes dimensiones teológicas de la "lectura" de Aquino". También es de esta época, al parecer, el comentario de Santo Tomás a la Carta a los Romanos, "soberbia obra de arte", según Weisheipl, necesaria para conocer a fondo la doctrina tomista sobre la gracia y la justificación. Las Cuestiones Disputadas de este período son "De Anima", donde combate al averroísmo, "De Virtutibus", y "De Unione Verbi Incarnati". En esta época, según la costumbre, tuvo también sus Cuestiones Quodlibetales. Once en total en toda su carrera.

En esta época se suele situar el famoso incidente de la disputa sobre la unicidad de la forma sustancial en el hombre, en la que según Bartolomé de Capua Santo Tomas fue atacado verbalmente por el franciscano agustiniano John Peckham con "con palabras pomposas y arrogantes", a las que Tomás habría respondido con humildad y cortesía. La versión del propio Peckham es diferente: él habría defendido a Tomás que estaba solo ante todos sus adversarios. Wesiheipl concede que puede haber exageración de parte de Bartolomé, pero recuerda que efectivamente Peckham fue uno de los adversarios mas constantes de la doctrina tomista, especialmente en este punto.

Por este entonces concluye la Secunda Pars de la Summa, que según Weisheipl es la contribución más original de Santo Tomás a la Teología. Recordar que para Santo Tomás ésta no es propiamente una "Teología moral", ya que para él y todos sus contemporáneos la Teología es una sola, y siempre habla de Dios, también cuando estudia los actos humanos por los que el hombre se encamina a Dios.

En cuanto a la polémica con los "antimendicantes", consistió en una serie de obras (quodlibetos, opúsculos, etc.) de ambas partes que se replicaban unos a otros. Intervinieron también en defensa de los mendicantes San Buenaventura y John Peckham. Las obras de Santo Tomás aquí son : "De perfectione spiritualis vitae", en que defiende el ideal de las Órdenes religiosas, "Contra doctrinam retrahentium a religione", refutación de todos los argumentos utilizados para retraer a los jóvenes de entrar en las órdenes religiosas, y dos Cuestiones Disputadas sobre "De ingresu puerorum in religione".

La polémica antiaverroísta. Cfr. lo ya dicho sobre el averroísmo latino y Siger Brabante. Santo Tomás responde a la tesis de la unicidad del intelecto posible con "De unitate intellectus contra averroistas", escrito en esta época. El problema era que los jóvenes estudiantes de la Facultad de Artes debían aprender el pensamiento aristotélico, y no tenían a mano más que los comentarios de Averroes, los cuales llevaban a la herejía. Según Weisheipl, fue esto lo que movió a Santo Tomás a redactar sus Comentarios a las principales obras de Aristóteles, que son casi todos de esta época. Así, como Averroes fue llamado el Comentador, se conocería a Santo Tomás como el Expositor. Los comentarios tomistas estuvieron en venta en la Facultad de Artes de París hasta 1.304, y los maestros en Artes se apoyaron mucho en ellos, del siglo XIV al XVI.

La polémica con los agustinianos. Temas en discusión (cfr. arriba, "Agustinismo medieval").

"De aeternitate mundi contra murmurantes". Ya en la Prima Pars de la Summa Sto. Tomás ha defendido la posibilidad de un mundo "ab aeterno", y aquí vuelve sobre el tema ante las críticas de los agustinianos, especialmente John Peckham.

Dice Peckham:

"Yo en modo alguno desapruebo los estudios filosóficos, en la medida en que ellos sirven a los misterios teológicos, pero sí desapruebo las innovaciones irreverentes en el lenguaje, introducidas en los últimos veinte años, en el corazón de la teología contra la verdad filosófica y en detrimento de los Padres, cuyas opiniones son desdeñadas y abiertamente despreciadas. ¿Qué doctrina es más sana, la doctrina de los hijos de San Francisco (...) o aquella otra tan reciente y casi totalmente contraria, que llena toda la tierra con discusiones de palabras, debilitando y destruyendo con toda su fuerza lo que Agustín enseña referente a las razones eternas y la luz divina inalterable, las facultades del alma, las razones seminales incluídas en la materia, e innumerables cuestiones de la misma clase?"  (John Peckham, carta al Obispo de Lincoln, 11 de Julio de 1.285).

Las tesis agustinianas que Peckham ve atacadas por el tomismo son:

La iluminación divina.

La identidad de las facultades del alma con el alma misma.

Las razones seminales.

Pero sobre todo, la tesis tomista más atacada es la de la UNICIDAD DE LA FORMA SUSTANCIAL, que los agustininanos creen que esto llevaría a decir que el cuerpo de Cristo en la Cruz no sería el mismo que el cuerpo de Cristo en el sepulcro. Para Santo Tomás, la identidad del cuerpo de Cristo "in triduo mortis" no viene de que la "forma corporeitatis" sea la misma, como sostiene Peckham, sino de que en todo momento ese cuerpo está asumido hipostáticamente por el Verbo.

1.272 - Termina su estancia en París y se traslada a Nápoles. El Capítulo de la orden dominicana ha encargado a Tomás de fundar un "estudio teológico" de la provincia de Roma, y le ha dado la posibilidad de elegir dónde, ha elegido Nápoles. Se cuenta que en el camino a Nápoles, Tomas y su "socius" Reginaldo cayeron con fiebre, de la cual Reginaldo no sanaba, al punto de que los médicos renunciaron a toda esperanza. Santo Tomás le dio a Reginaldo unas reliquias de Santa Inés mártir, y le dijo que tuviera confianza, Reginaldo se restableció.

En esta época termina la Tertia Pars de la Summa, en la que perfecciona el pensamiento cristológico ya expresado antes en la Cuestión Disputada "De unione Verbi Incarnati", y los comentarios a Aristóteles. Llega a dictar a varios secretarios a la vez, se conocen siete de ellos en este período. Sus momentos de abstracción aumentan, vive concentrado en sus obras y en la oración. Por esta época escribe el "Compendium Theologiae", dedicado a Reginaldo, y que encierra toda la fe y la moral cristianas en torno a las tres virtudes de fe, esperanza, y caridad ; y la Cuestión Disputada "De Sustantiis Separatis". Predica también con gran éxito en Nápoles, y ha quedado el texto de sus sermones.

1.273 - Enseña en la Universidad de Nápoles. El 6 de Diciembre, fiesta de San Nicolás, vuelve de la celebración matutina de la Misa incapacitado para seguir escribiendo. Al preguntarle Reginaldo porqué no escribe más, responde:

" Todo lo que he escrito me parece paja comparado con lo que Dios me ha revelado".

Y le ordenó que no dijera nada de eso hasta su muerte.

Por ese entonces es llamado por el Papa a participar en el II Concilio de Lyon en que se discutirá la reunión con los griegos. Se le pide que lleve un ejemplar de su "Contra errores Graecorum". Agotado y enfermo, se pone en camino por obediencia. En el camino recibe un fuerte golpe en la cabeza de una rama de árbol cruzada en el camino. Se detuvo unos días en casa de una de sus hermanas, sintiéndose mal. Con todo, celebró allí Misa, como de costumbre con extraordinaria devoción y muchas lágrimas. Hacia fines de febrero pidió ser llevado a la abadía cisterciense de Fossanova. Se cuenta que para agradecer a los monjes sus cuidados, comentó brevemente para ellos el Cantar de los Cantares. Hizo confesión general, y el confesor (Reginaldo) salió murmurando que había sido la confesión de un niño de cinco años. Se conserva la oración que rezó al recibir por última vez la Eucaristía:

"Te recibo, precio de la redención de mi alma, te recibo, viático de mi peregrinación, por cuyo amor he estudiado, velado y trabajado; te he predicado y enseñado. Jamás he dicho nada contra ti, pero si acaso lo hubiera dicho, ha sido de buena fe y no sigo obstinado en mi opinión. Si algo menos recto he dicho sobre éste y los demás sacramentos, lo confío completamente a la corrección de la Santa Iglesia romana, en cuya obediencia salgo ahora de esta vida".

El 7 de Marzo de 1.274 pasó apaciblemente desde esta vida a su recompensa eterna. Tras su muerte, el acta de canonización recoge testimonios de muchos milagros obrados por su intermedio. La Facultad de Artes en pleno solicitó que se permitiese que los restos de Santo Tomás descansasen en París.

La condena que hace el obispo de París Esteban Tempier en 1.277 de 219 tesis, la mayoría de ellas averroístas, se realiza un 7 de Marzo, en el tercer aniversario de la muerte de Santo Tomás, y no por casualidad, pues al parecer algunas de las tesis incluidas en esa condena son tomistas. Si bien Gilson observa que la lista de tesis supuestamente tomistas condenadas es más larga o más corta según la elabore un franciscano o un dominico Algunas de esas tesis son, al parecer :

- La individuación por la materia, y la imposibilidad por tanto de que los ángeles, seres inmateriales, sean mas de un individuo para cada especie.

- La subordinación de la voluntad a la inteligencia.

Once días después, el dominico Robert Kildwarby, Arzobispo de Canterbury, agustiniano, condena treinta proposiciones, algunas de las cuales se referían al tema más discutido en vida de Santo Tomás: la unicidad de la forma sustancial, y otras a otros temas:

- Que las almas vegetativa, sensitiva e intelectiva existen simultáneamente en el tiempo en el embrión.

- Cuando el alma intelectiva se introduce, las almas vegetativa y sensitiva se corrompen.

- Que las almas vegetativa, sensitiva e intelectiva constituyen una única forma.

- La forma intelectiva se une a la materia prima.

- Que en la materia no hay ninguna potencia activa.

Peckham renovó esa condena al asumir como sucesor de Kildwarby. Hacia 1.279, el franciscano Guillermo de la Mare, por orden de sus superiores, alarmados al parecer por la difusión de doctrinas tomistas entre los frailes, escribió el "Correctorium fratris Thomae", en el que se señalan como contrarias a la verdad 17 proposiciones extraídas de las obras de Santo Tomás. Se dispuso que los frailes franciscanos no leyeran las obras de Santo Tomas sin acompañarlas del "Correctorio" de de la Mare. Los dominicos salieron en defensa de Santo Tomás, a quien ya en 1.278 el capítulo general de la Orden había prohibido que los frailes mostraran desprecio por sus obras, y llamaron a la obra de de la Mare "Corruptorium", así , publicaron una serie de escritos llamados "Correctorium corruptorii" (Correctorio del corruptorio). Se puede decir que estas obras representan la prehistoria de la escuela tomista, en la cual se incluyen nombres de prestigiosos discípulos de Santo Tomás hasta nuestros días: Capreólo, Cayetano, Juan De Santo Tomás, Báñez, Ceferino González, Santiago Ramírez, Reginaldo Garrigou - Lagrange, A. D. Sertillanges, Cornelio Fabro, Manser, Pieper, Maritain, Gilson, Copleston, A. Lobato, E. Forment, por nombrar sólo a algunos.

El 18 de julio de 1.323 Santo Tomás fue canonizado por el Papa Juan XXII en Avignon. En la bula de canonización aparece ya la frase que Pío XI repitió en la "Studiorum ducem":

"Ipse plus illuminavit Ecclesiam, quam omnes alii doctores".

El 14 de Febrero de 1.325 el Obispo de Paris, Etienne Bourret, revocó la condena de 1.277 " en la medida en que afecta o parece afectar la doctrina del mencionado bienaventurado Tomás".

La doctrina y el método de Santo Tomas han sido alabados constantemente por los Papas desde su canonización hasta hoy día. Una lista bastante exhaustiva de testimonios se puede leer en RAMÍREZ, Santiago, O.P., Introducción a Santo Tomás de Aquino, B.A.C, Madrid, 1975 .

El hito más importante en la historia del magisterio eclesiástico sobre Santo Tomas lo constituye sin duda la Encíclica "Aeterni Patris" de León XIII, del 4 de Agosto de 1879. Tras un período de desconcierto en la teologia y filosofía católicas, debida a la irrupción de las filosofías post-cartesianas en medio de la crisis generalizada posterior a la Revolución Francesa, el Papa pone como remedio el retorno a la sabiduría del Aquinate., en quien ve la culminación, hasta el presente, del secular esfuerzo de la sabiduría cristiana, iniciado con los Apóstoles y los Padres de la Iglesia. En esa Encíclica, y en las de los sucesores de León XIII, que continuaron su programa, se afirma claramente la primacía doctrinal de Santo Tomás sobre todos los otros doctores católicos, lo cual no expresa una exclusividad, sino una preferencia.

Pío XI, en la "Studiorum ducem", le otorga el título de "Doctor Común o Universal de la Iglesia".

El Concilio Vaticano II declara que la teología debe estudiarse "magistro Sancti Thomae", bajo el magisterio de Santo Tomás, expresión que retoma el nuevo Código de Derecho Canónico.

El mejor comentario en todo este tema es la carta que el Papa Pablo VI escribió, con ocasión del séptimo centenario de la muerte de Santo Tomas, en 1.974, al Superior General de los dominicos, llamada "Lumen Ecclesiae". Es necesario leer detenidamente este documento para comprender el lugar que Santo Tomás ocupa en la enseñanza de la Iglesia. El Papa Juan Pablo II ha conferido a Santo Tomás el título de "Doctor Humanitatis". Cerramos esta sección con algunos pasajes de los muchos documentos en que los Papas alaban la doctrina de Santo Tomás:

LEÓN XIII: "...distinguiendo netamente, como debe ser, la razón y la fe, y conciliándolos armónicamente, salvaguardó los derechos y tuteló la dignidad de ambas, de suerte que la razón, remontándose en alas de su genio a las más altas posibilidades, ya apenas puede elevarse más; y la fe no puede casi esperar de la razón ayudas más numerosas y valiosas que las conseguidas gracias a Santo Tomás". (Encíclica "Aeterni Patris").

SAN PIO X : "Como ya dijimos, apartarse de Santo Tomás, principalmente en materia filosófica y teológica, no puede ser sin grave daño; seguirlo es vía segurísima al conocimiento profundo de las cosas divinas" (Motu propio "Praeclara")

"Es evidente que aquellos que se separan de Santo Tomás, si continúan ese camino hasta el fin, se apartan de la Iglesia." (Carta al Rev. Fr. Pègues)

PIO XI: "En el tomismo se encuentra , por así decir, una especie de evangelio natural, un cimiento incomparablemente firme para todas las construcciones científicas, porque el tomismo se caracteriza ante todo por su objetividad; las suyas no son construcciones o elevaciones del espíritu puramente abstractas, sino construcciones que siguen el impulso real de las cosas...Nunca decaerá el valor de la doctrina tomista, pues para ello tendría que decaer el valor de las cosas". (Discurso a jóvenes universitarios).

PIO XI: "A todo el mundo cristiano interesa que esta conmemoración centenaria se celebre dignamente, porque honrando a Santo Tomás no sólo se manifiesta estima hacia él, sino que se reconoce también la autoridad de la Iglesia docente". (Encíclica "Studiorum ducem")

PABLO VI: "Es tanta la penetración del ingenio del Doctor Angélico, tanto su amor sincero a la verdad y tanta la sabiduría en la investigación, explicación y reducción a la unidad de las verdades más profundas, que su doctrina es un instrumento eficacísimo no sólo para salvaguardar los fundamentos de la fe, sino también para lograr útil y seguramente los frutos de un sano progreso" (Alocución a la Universidad Gregoriana, del 12 de Marzo de 1964).

PABLO VI: "...la filosofía de Santo Tomás posee una aptitud permanente para guiar al espíritu humano al conocimiento de lo verdadero, la verdad del mismo ser, que es su primer objeto; al conocimiento de los primeros principios y el descubrimiento de su causa trascendente, Dios. Por esto sobrepasa la situación histórica particular del pensador que la ha logrado e ilustrado como la metafísica natural de la inteligencia humana. Por eso Nos hemos podido decir que, reflejando las esencias de las cosas realmente existentes en su verdad cierta e inmutable, ella no es medieval ni propia de nación alguna particular, sino que trasciende el tiempo y el espacio, y no tiene menos valor para todos los hombres de hoy". (Alocución "Nous sommes particulièrment heureux" al VI Congreso Internacional Tomista, del 10 de Setiembre de 1965, AAS 57 (1965), 789 - 791 ).

PABLO VI: "Al declararlo Doctor Común y hacer de su doctrina la base de la enseñanza eclesiástica, el magisterio de la Iglesia no ha pretendido constituirlo maestro exclusivo, ni imponer cada una de sus tesis, ni excluir la legítima diversidad de escuelas y de sistemas, y menos aún proscribir la justa libertad de investigación. La preferencia dada al Aquinate - preferencia y no exclusividad - se refiere tanto a la realización ejemplar de la sabiduría filosófica y teológica como al armonioso acuerdo que él ha sabido establecer entre la razón y la fe". (Alocución "Nous sommes particulièrment heureux" al VI Congreso Internacional Tomista, del 10 de Setiembre de 1965, AAS 57 (1965), 789 - 791 ).

PABLO VI: "La Iglesia, para decirlo brevemente, convalida con su autoridad la doctrina del Doctor Angélico y la utiliza como instrumento magnífico, extendiendo de esta manera los rayos de su Magisterio al Aquinate, tanto y más que a otros insignes doctores suyos". (Carta "Lumen Ecclesiae").

PABLO VI. "La Iglesia ha preferido la doctrina de Santo Tomás, proclamándola como propia, sin afirmar con ello que no sea lícito seguir otra escuela que tenga derecho de ciudadanía en la Iglesia, y la ha favorecido a causa de su experiencia multisecular" (Carta "Lumen Ecclesiae").

PABLO VI: "Sabemos que hoy día no todos están de acuerdo en esto. Pero no se nos oculta que muchas veces el recelo o aversión que se siente hacia Santo Tomás deriva de un contacto superficial y saltuario con su doctrina, más aún, del hecho de que no se leen ni se estudian sus obras. Por eso, también nosotros, como hizo Pío XI, recomendamos a todos los que deseen formarse un criterio maduro acerca de la postura que hay que adoptar en esta materia: ¡ Id a Tomás ! Buscad y leed las obras de Santo Tomás - repetimos con gusto - no sólo para encontrar alimento espiritual seguro en aquellos opulentos tesoros, sino también y ante todo, para daros cuenta personalmente de la incomparable profundidad, riqueza e importancia de la doctrina que contienen". (Carta "Lumen Ecclesiae") (subrayado nuestro).

CONCILIO VATICANO II, Decreto "Optatam totius" sobre la formación sacerdotal, n. 16: "Para explicar de la forma más completa posible los misterios de la salvación, aprendan los alumnos a profundizar en ellos y a descubrir su conexión, por medio de la especulación, bajo el magisterio de Santo Tomás".

CONCILIO VATICANO II, Declaración "Gravissimum educationis" sobre la educación cristiana, n. 10. El documento exhorta a las escuelas de grado superior a que "cada disciplina se cultive según sus propios principios, sus propios métodos y la propia libertad de investigación científica, a fin de que cada día sea más profunda la comprensión que de ella se alcance y, teniendo en cuenta con esmero las investigaciones más recientes del progreso contemporáneo, se perciba con profundidad mayor cómo la fe y la razón tienden a la misma verdad, siguiendo las huellas de los doctores de la Iglesia, sobre todo de Santo Tomás de Aquino".

Frente a estas dos citas del Concilio, PABLO VI señala en la "Lumen Ecclesiae":

"Es la primera vez que un concilio ecuménico recomienda a un teólogo, y éste es Santo Tomás".

El canon 252, 3 del nuevo Código de Derecho Canónico al tratar de la formación teológica de los aspirantes al sacerdocio recoge la recomendación de la "Optatam Totius".

JUAN PABLO II, Discurso del 17 de Noviembre de 1979 al Pontificio Ateneo "Angelicum" en el primer centenario de la encíclica "Aeterni Patris". "La filosofía de Santo Tomás en espíritu de apertura y universalismo".

"La filosofía de Santo Tomás merece estudio atento y aceptación convencida por parte de la juventud de nuestro tiempo, por su espíritu de apertura y de universalismo, características que es difícil encontrar en muchas corrientes del pensamiento contemporáneo. Se trata de la apertura al conjunto de la realidad en todas sus partes y dimensiones, sin reducciones o particularismos, (sin absolutizaciones de un aspecto determinado), tal como lo exige la inteligencia en nombre de la verdad objetiva e integral, concerniente a la realidad. Apertura ésta que es también una significativa nota distintiva de la fe cristiana, de la que es signo específico la catolicidad. Esta apertura tiene su fundamento y su fuente en el hecho de que la filosofía de Santo Tomás es filosofía del ser, esto es del "actus essendi", cuyo valor trascendental es el camino más directo para elevarse al conocimiento del Ser subsistente y Acto puro que es Dios. Por este motivo, esta filosofía podría ser llamada incluso filosofía de la proclamación del ser, canto en honor de lo existente."

JUAN PABLO II, Discurso del 13 de Setiembre de 1980 a los participantes en el VIII Congreso Tomista Internacional. "El método y la doctrina de Santo Tomás en diálogo con la cultura contemporánea".

"Este método realista e histórico, fundamentalmente optimista y abierto, hace de Santo Tomás no sólo el "Doctor Communis Ecclesiae", como lo llama Pablo VI en su hermosa carta "Lumen Ecclesiae", sino el "Doctor Humanitatis", porque está siempre dispuesto y disponible a recibir los valores humanos de todas las culturas".

JUAN PABLO II, Discurso del 4 de Enero de 1986 a los participantes del Congreso Internacional "De anima in doctrina Sancti Thomae de homine".

"La doctrina antropológica como "la unidad del alma y del cuerpo" ha sido tomada de nuevo por el Concilio Vaticano II; por tanto, este Concilio puede encontrar en el pensamiento del Angélico un intérprete particularmente adecuado".

JUAN PABLO II, Discurso del 14 de Octubre de 1990 a los participantes del IX Congreso Tomista Internacional.

"El hecho de que no se haya insistido en los textos conciliares y postconciliares sobre el aspecto vinculante de las disposiciones sobre el seguimiento de de Santo Tomás como "guía de los estudios" - según quiso llamarlo Pío XI en la encíclica Studiorum Ducem - lo han interpretado bastantes como autorización para dejar la cátedra del antiguo Maestro y abrirse así a los criterios del relativismo y del subjetivismo en los diversos campos de la "sagrada doctrina". Sin duda, el Concilio quiso estimular el desarrollo de los estudios teológicos y reconocer para los que los cultivan un legítimo pluralismo y una sana libertad de investigación, pero con la condición de permanecer fieles a la verdad revelada, que se contiene en la Sagrada Escritura, se trasmite en la Tradición cristiana, la interpreta con autoridad el Magisterio de la Iglesia, y la profundizan teológicamente los Padres y los doctores, sobre todo Santo Tomás. En cuanto a su función de guía de los estudios, la Iglesia ha preferido, al confirmarla, apoyarse más que en las directrices de tipo jurídico, en la madurez, y sabiduría de los que intentan acercarse a la Palabra de Dios con deseo sincero de descubrir y conocer cada vez más a fondo su contenido y comunicarlo a los demás, especialmente a los jóvenes que se le confían para que les enseñe."

JUAN PABLO II, Discurso del 28 de Setiembre de 1991 al III Congreso de la Sociedad Internacional Tomás de Aquino sobre el tema "Ética y sociedad contemporánea".

"Ya sabéis que el Concilio Vaticano II se refirió a Tomás como guía segura para el trabajo en la teología dogmática (Optatam Totius, 16). Pero su mérito no es menor en el campo de la teología moral. En efecto, en la Summa Theologiae el tratado de la moral ocupa un lugar central. Con esa obra él dio comienzo a una nueva era en la teología moral, puesto que logró incorporar el pensamiento ético clásico a una nueva antropología cristiana y logró inculturar la moral en una visión teológica. Este gran servicio a la moral aún no ha sido valorado suficientemente."

Y obviamente debemos terminar esta reseña haciendo referencia a la Encíclica "Fides et Ratio" de Juan Pablo II, en la que se trata justamente de la fe y la razón y la relación entre ambas, y donde sobresale el lugar reconocido a Santo Tomás en esta tarea secular. Extractamos aquí algunos pasajes: 

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"Un puesto singular en este largo camino corresponde a santo Tomás, no sólo por el contenido de su doctrina, sino también por la relación dialogal que supo establecer con el pensamiento árabe y hebreo de su tiempo. En una época en la que los pensadores cristianos descubrieron los tesoros de la filosofía antigua, y más concretamente aristotélica, tuvo el gran mérito de destacar la armonía que existe entre la razón y la fe. Argumentaba que la luz de la razón y la luz de la fe proceden ambas de Dios; por tanto, no pueden contradecirse entre sí.

La gracia supone la naturaleza, y la fe, la razón.

Más radicalmente, Tomás reconoce que el conocimiento de la naturaleza, objeto propio de la filosofía, puede contribuir a la comprensión de la revelación divina. La fe, por tanto, no teme la razón, sino que la busca y confía en ella. Como la gracia supone la naturaleza y la perfecciona, así la fe supone y perfecciona la razón. Esta última, iluminada por la fe, es liberada de la fragilidad y de los límites que derivan de la desobediencia del pecado y encuentra la fuerza necesaria para elevarse al conocimiento del misterio de Dios Uno y Trino. Aun señalando con fuerza el carácter sobrenatural de la fe, el Doctor Angélico no ha olvidado el valor de su carácter racional, sino que ha sabido profundizar y precisar este sentido. En efecto, la fe es de algún modo «ejercicio del pensamiento»; la razón del hombre no queda anulada ni se envilece dando su asentimiento a los contenidos de la fe, que en todo caso se alcanzan mediante una opción libre y consciente.

La Iglesia propone a Santo Tomás como maestro de pensamiento y modelo del quehacer teológico.

Precisamente por este motivo la Iglesia ha propuesto siempre a santo Tomás como maestro de pensamiento y modelo del modo correcto de hacer teología. En este contexto, deseo recordar lo que escribió mi predecesor, el siervo de Dios Pablo VI, con ocasión del séptimo centenario de la muerte del Doctor Angélico: «No cabe duda que santo Tomás poseyó en grado eximio audacia para la búsqueda de la verdad, libertad de espíritu para afrontar problemas nuevos y la honradez intelectual propia de quien, no tolerando que el cristianismo se contamine con la filosofía pagana, sin embargo no rechaza a priori esta filosofía. Por eso ha pasado a la historia del pensamiento cristiano como precursor del nuevo rumbo de la filosofía y de la cultura universal. El punto capital y como el meollo de la solución casi profética a la nueva confrontación entre la razón y la fe, consiste en conciliar la secularidad del mundo con las exigencias radicales del Evangelio, sustrayéndose así a la tendencia innatural de despreciar el mundo y sus valores, pero sin eludir las exigencias supremas e inflexibles del orden sobrenatural».

La Sabiduría del Espíritu Santo.

44. Una de las grandes intuiciones de santo Tomás es la que se refiere al papel que el Espíritu Santo realiza haciendo madurar en sabiduría la ciencia humana. Desde las primeras páginas de su Summa Theologiae el Aquinate quiere mostrar la primacía de aquella sabiduría que es don del Espíritu Santo e introduce en el conocimiento de las realidades divinas. Su teología permite comprender la peculiaridad de la sabiduría en su estrecho vínculo con la fe y el conocimiento de lo divino. Ella conoce por connaturalidad, presupone la fe y formula su recto juicio a partir de la verdad de la fe misma: «La sabiduría, don del Espíritu Santo, difiere de la que es virtud intelectual adquirida. Pues ésta se adquiere con esfuerzo humano, y aquélla viene de arriba, como Santiago dice. De la misma manera difiere también de la fe, porque la fe asiente a la verdad divina por sí misma; mas el juicio conforme con la verdad divina pertenece al don de la sabiduría».

La prioridad reconocida a esta sabiduría no hace olvidar, sin embargo, al Doctor Angélico la presencia de otras dos formas de sabiduría complementarias: la filosófica, basada en la capacidad del intelecto para indagar la realidad dentro de sus límites connaturales, y la teológica, fundamentada en la Revelación y que examina los contenidos de la fe, llegando al misterio mismo de Dios.

La pasión por la verdad.

Convencido profundamente de que «omne verum a quocumque dicatur a Spiritu Sancto est», santo Tomás amó de manera desinteresada la verdad. La buscó allí donde pudiera manifestarse, poniendo de relieve al máximo su universalidad. El Magisterio de la Iglesia ha visto y apreciado en él la pasión por la verdad; su pensamiento, al mantenerse siempre en el horizonte de la verdad universal, objetiva y trascendente, alcanzó «cotas que la inteligencia humana jamás podría haber pensado». Con razón, pues, se le puede llamar «apóstol de la verdad». Precisamente porque la buscaba sin reservas, supo reconocer en su realismo la objetividad de la verdad. Su filosofía es verdaderamente la filosofía del ser y no del simple parecer." (...)

Santo Tomás, guía y modelo de los estudios teológicos.

"A la luz de estas reflexiones, se comprende bien por qué el Magisterio ha elogiado repetidamente los méritos del pensamiento de santo Tomás y lo ha puesto como guía y modelo de los estudios teológicos. Lo que interesaba no era tomar posiciones sobre cuestiones propiamente filosóficas, ni imponer la adhesión a tesis particulares. La intención del Magisterio era, y continúa siendo, la de mostrar cómo santo Tomás es un auténtico modelo para cuantos buscan la verdad. En efecto, en su reflexión la exigencia de la razón y la fuerza de la fe han encontrado la síntesis más alta que el pensamiento haya alcanzado jamás, ya que supo defender la radical novedad aportada por la Revelación sin menospreciar nunca el camino propio de la razón." (...)

"El Magisterio no se ha limitado sólo a mostrar los errores y las desviaciones de las doctrinas filosóficas. Con la misma atención ha querido reafirmar los principios fundamentales para una genuina renovación del pensamiento filosófico, indicando también las vías concretas a seguir. En este sentido, el Papa León XIII con su Encíclica Æterni Patris dio un paso de gran alcance histórico para la vida de la Iglesia. Este texto ha sido hasta hoy el único documento pontificio de esa categoría dedicado íntegramente a la filosofía. El gran Pontífice recogió y desarrolló las enseñanzas del Concilio Vaticano I sobre la relación entre fe y razón, mostrando cómo el pensamiento filosófico es una aportación fundamental para la fe y la ciencia teológica. Más de un siglo después, muchas indicaciones de aquel texto no han perdido nada de su interés tanto desde el punto de vista práctico como pedagógico; sobre todo, lo relativo al valor incomparable de la filosofía de santo Tomás. El proponer de nuevo el pensamiento del Doctor Angélico era para el Papa León XIII el mejor camino para recuperar un uso de la filosofía conforme a las exigencias de la fe. Afirmaba que santo Tomás, «distinguiendo muy bien la razón de la fe, como es justo, pero asociándolas amigablemente, conservó los derechos de una y otra, y proveyó a su dignidad».

Son conocidas las numerosas y oportunas consecuencias de aquella propuesta pontificia. Los estudios sobre el pensamiento de santo Tomás y de otros autores escolásticos recibieron nuevo impulso. Se dio un vigoroso empuje a los estudios históricos, con el consiguiente descubrimiento de las riquezas del pensamiento medieval, muy desconocidas hasta aquel momento, y se formaron nuevas escuelas tomistas. Con la aplicación de la metodología histórica, el conocimiento de la obra de santo Tomás experimentó grandes avances y fueron numerosos los estudiosos que con audacia llevaron la tradición tomista a la discusión de los problemas filosóficos y teológicos de aquel momento. Los teólogos católicos más influyentes de este siglo, a cuya reflexión e investigación debe mucho el Concilio Vaticano II, son hijos de esta renovación de la filosofía tomista. La Iglesia ha podido así disponer, a lo largo del siglo XX, de un número notable de pensadores formados en la escuela del Doctor Angélico."

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OBRAS.

COMENTARIOS  TEOLÓGICOS

Sobre las Sentencias de Pedro Lombardo. ( París, 1252-1254).

Sobre "La Trinidad" de Boecio ( París, 1256-1257).

Sobre "Las Semanas" de Boecio ( París, 1257). "El título del libro comentado no es "Las semanas", sino "Cómo las substancias sean buenas no siéndolo substancialmente"; se trata de una carta de Boecio a Juan Diácono sobre la participación del bien, en cuya primera frase aparece la palabra "hebdomadibus" , literalmente "semanas"; se trataría de temas tratados semanalmente entre el autor y su destinatario" (PONFERRADA, op. cit., p. 50).

Sobre "Los nombres divinos" de Dionisio. (1259).

Exposición del primer decreto (del Concilio IV de Letrán sobre la fe católica). Dirigida al Archidiácono de Todi. 1260.

Exposición del segundo decreto (idem). La reprobación de los errores de Joaquín de Fiore en el mismo Concilio.

 

COMENTARIOS BÍBLICOS.

Sobre Isaías ( París, 1256-1257).

Sobre Mateo (1258).

Lecciones sobre la Carta a los Romanos. (Nápoles, 1273).

Catena Aurea, comentario a los cuatro Evangelios compuesto con citas de los Padres. (1261 - 1268).

Exposición de las Lamentaciones. (1268-1269).

Exposición del Libro de Job (1269 - 1272).

Exposición del Libro de Jeremías (1268 - 1270).

Exposición del Evangelio de Juan (1269 - 1272).

Exposición de la 10 Carta a los Corintios. (1259 - 1265).

Exposición de la 20 Carta a los Corintios. Apuntes de clase de Reginaldo de Piperno.

Exposición de la Carta a los Hebreos. Idem.

Lecciones sobre los Salmos. (1272 - 1273).

Sobre el Cantar de los Cantares. Hoy perdido.

 

COMENTARIOS FILOSÓFICOS.

Sobre "Los sentidos", de Aristóteles. (1266). Comienza a comentar a Aristóteles sobre la base de las traducciones de Guillermo de Moerbeke.

Sobre "La memoria", de Aristóteles. (1266 - 1267).

Sobre "El alma" , de Aristóteles. Crucial en la controversia con los averroístas sobre la unicidad del intelecto agente. Santo Tomás interpreta a Aristóteles en el sentido de un intelecto individual para cada hombre, siguiendo a los comentaristas griegos Temistio y Simplicio. (1268 - 1269).

Sobre la "Física", de Aristóteles. (1268).

Sobre la "Metafísica", de Aristóteles. (1269 - 1272).

Sobre la "Ética", de Aristóteles. Misma fecha.

Sobre la "Meteorología", de Aristóteles. Misma fecha. Continúa el tema cosmológico, recogiendo concepciones científicas de la época, pero con principios filósoficos de validez perenne.

Sobre "La interpretación" (Peri Hermeneias), de Aristóteles. Doctrina del juicio lógico, en las que Santo Tomás, al hablar de la función del verbo "ser", introduce su propia noción del "esse" o acto de ser, yendo así más allá de Aristóteles. (1269 - 1272).

Sobre los "Analíticos Posteriores", la obra lógica de Aristóteles en la que se estudia el silogismo en cuanto demostrativo y científico (Lógica Material). Misma fecha.

Sobre la "Política", de Aristóteles. La sociedad doméstica, la sociedad civil, y el Estado. (1269 - 1272).

Sobre "El cielo", de Aristóteles. (1272).

Sobre "La generación", de Aristóteles.

Sobre "Las causas" (Liber de Causis), atribuído a Aristóteles, en realidad, resumen de la "Elementatio Theologica", (Elementos teológicos) de Proclo, filósofo neoplatónico del siglo V: Sto. Tomás fue el primero en descubrir su autoría. (1272 - 1273).

 

OBRAS PROPIAS.

 

SUMMAS.

Summa Theologiae (Suma de Teología, no "Suma Teológica" como habitualmente se dice). (1266 - 1273).

Summa de la verdad católica (Summa catholicae veritatis, llamada también "Suma contra Gentiles"). Según algunos, manual para los misioneros en España, en una cultura influída por siglos por la filosofia árabe. Desarrolla ampliamente la argumentación filosófica, y muestra su acuerdo con la Escritura. Tres libros dedicados a lo que la fe enseña y la razón demuestra, el cuarto, dedicado a lo que la fe enseña y la razón no puede demostrar (los misterios revelados). (1258 - 1263).

 

CUESTIONES DISPUTADAS.

Sobre la verdad (De veritate). (París, 1256 - 1257).

Sobre el alma (De Anima). (Italia, 1265 - 1266).

Sobre la potencia (De Potentia). (Italia, 1265, 1266).

Sobre las creaturas espirituales (De Spiritualibus Creaturis). (París, 1269).

Sobre el mal (De Malo). (París, 1269 - 1271).

Sobre las virtudes (De virtutibus). (París, 1271 - 1272).

Sobre el Verbo Encarnado (De unione Verbi Incarnati). (París, 1271 - 1272).

Sobre la caridad (De Caritate). (París, 1269 - 1272).

Sobre la esperanza (De Spe). (París, 1269 - 1272).

Sobre las virtudes cardinales (De virtutibus cardinalibus). (París, 1269 - 1272).

Sobre la corrección fraterna (De correctione fraterna). (París, misma fecha).

Sobre los atributos divinos (Utrum in Deo sint plura attributa). (París, 1256).

Los sentidos de la Biblia (De sensibus Sacrae Scripturae). (París, 1256).

Sobre el trabajo manual (De opere manuali religiosorum). (1257).

Sobre el ingreso en la vida religiosa (De pueris admittendis in religione). (París, 1271).

 

CUESTIONES QUODLIBETALES.

Son 12 disputas quodlibetales entre el año 1256 y el año 1273.

 

OPÚSCULOS FILOSÓFICOS.

Los principios de la naturaleza (De principiis naturae) (1252-1253)

El ser y la esencia (De ente et essentia)

Respuesta a Juan de Vercelli (Responsio ad Ioannem Vercellensem). 42 preguntas de Filosofía de la Naturaleza planteadas por el Maestro General de los Dominicos. (1265 - 1266).

Sobre el Reino (De Regno, posteriormente titulada De regimine principum). Consulta del rey de Chipre Hugo II. Filosofía política.

Sobre las operaciones ocultas de la naturaleza (1269 - 1272).

Respuesta a un profesor veneciano (Responsio ad lectorem venetum): sobre temas de Filosofía de la Naturaleza. (1270).

Mismo título. Respuesta a una nueva consulta. (1270 - 1271).

Sobre las suertes (De sortibus). (1269 - 1272).

Sobre la unidad del intelecto (De unitate intellectus). Contra Siger de Brabante. (París, 1270)

El movimiento del corazón (De motu cordis). (1273).

La combinación de los elementos (De mixitione elementorum). (1273).

 

OPÚSCULOS TEOLÓGICOS.

Contra los que impugnan la vida religiosa (Contra impugnantes Dei cultum et religionem). (1256-1257).

Los errores de los griegos (Contra errores graecorum) (1263).

Las razones de la fe (De rationibus fidei). Sobre los puntos doctrinales erróneos de los musulmanes y los cristianos disidentes griegos y armenios, respuesta a una consulta llegada de Antioquía. (1264 - 1265).

Los artículos de la fe (De articulis fidei). Respuesta a una consulta del arzobispo Leonardo Panormitano, que pedía una breve síntesis de los dogmas de la fe católica.(1266 - 1268).

La venta a crédito. (De emptione et venditione ad tempus): sobre la moralidad de lo cobrado como rédito, consulta. (1265 - 1266).

El trato debido a los judíos (De regimine iudaeorum). Respuesta a una serie de preguntas de la Duquesa de Brabante sobre el modo de tratar a sus súbditos judíos (1269 - 1272).

La fórmula de la absolución (De formula absolutionis): respuesta a una consulta teológica del Maestro General de la Orden. (1269 - 1272).

La perfección de la vida espiritual (De perfectione vitae spirituali). (1269).

Respuesta a Juan de Vercelli (Responsio ad Ioannem Vercellensem): segunda respuesta al Maestro General; 108 preguntas teológicas suscitadas por algunas ideas dudosas de Pedro de Tarantasia (más tarde Papa Inocencio IV). (1270).

Respuesta a un profesor de Beçancon (Responsio ad lectorem Bisuntinum): Breve contestación al profesor Gerard, sobre curiosidades teológicas, algunas bastante triviales, como con delicadeza lo hace notar (1271).

Los juicios astrológicos (De indiciis astrorum). Respuesta a una consulta sobre la astrología hecha por su "socius" Reginaldo de Piperno. (entre 1269 y 1272).

Las suertes (De sortibus). Respuesta extensa a una consulta de Jacobo de Burgo sobre las personas que "echan suertes" para predecir el futuro. (entre 1269 y 1272).

Contra los que impiden el ingreso a la vida religiosa (Contra retrahentes homines a religionis ingressu). Escrito polémico. (1270 - 1271).

La eternidad del mundo (De aeternitate mundi contra murmurantes). Defensa de su ortodoxia frente a los agustinianos. (París, 1271).

Sobre las sustancias separadas (De substantiis separatis). Sobre los seres espirituales en los presocráticos, Platón, Aristóteles, Plotino, Orígenes, Avicebrón y los maniqueos, y los ángeles del cristianismo. (1272).

El precepto de la caridad y los diez mandamientos (De praecepto caritatis et decem praeceptis). Sermones a estudiantes universitarios. (1273).

El Credo (In Symbolum apostolicum): Misma ocasión, misma fecha.

El Padre Nuestro. (In orationem dominicam). Misma ocasión, misma fecha.

El Ave María (In salutationem angelicam). Misma ocasión, misma fecha.

Elogio de la Sagrada Escritura. (De commendatione Sacrae Scripturae). Discurso inaugural como Maestro de Teología. París. 1252.

Oficio de Corpus Christi (Officium de Corpore Christi). (1264).

Compendio de Teología (Compendium theologiae). A pedido de Reginaldo de Piperno. (1273).

Respuesta al Abad de Montecasino (Responsio ad Bernardum Ayglieremi abbatem Cassiniensem). Consulta sobre un pasaje de San Gregorio Magno. (1274).

 

DOCTRINA.

 

FE Y RAZÓN.

Frente a los que oponen la fe y la razón, ya sea fideístas como Tertuliano o racionalistas como Sigerio de Brabante, Santo Tomás es partidario de la armonía entre ambas. Esa armonía se puede buscar por el camino de la separación entre fe y razón, como será el caso de Guillermo de Ockham, o de confusión entre fe y razón, como es por lo menos el riesgo del "Creer para entender" agustiniano. Manser señala los aspectos de esta confusión entre las dos esferas en el "credo ut intelligam" (San Anselmo):

En el origen de ambas. La tendencia propia del "credo ut intelligam" es a poner un único origen de la fe y la razón: la Revelación. Todo conocimiento de la verdad presupone la fe. Teoria del "robo de los filósofos": Platón habría plagiado a Moisés. Así en la primera época de la Escolástica. En tiempos de San Anselmo y Abelardo se lo restringue al plano de la teología, pero entonces la tendencia es transformar lo creído en saber. Raíz del planteo: Teoria de la iluminación: el último fundamento del conocimiento filosófico es una iluminación divina actual, igual que para la fe. Juan de Salisbury y Enrique de Gante consideran esa iluminación como sobrenatural y debida a la gracia.

En el concepto de ambas. El conocimiento intelectual se basa en la evidencia, la fe tiene por objeto lo inevidente, por eso en la Carta a los Hebreos se la llama "argumento de lo que no se ve" (Heb. 2, 1). Esta definición dio mucho trabajo a los partidarios del "credo ut intelligam". Algunos la consideran incompleta, en cuanto la fe perfecta, según ellos, iría acompañada de la ciencia de lo creído, y Ricardo de San Víctor, por ejemplo, llega a intentar una demostración apodíctica de la Trinidad. Algo parecido sucede con San Anselmo y suss "razones necesarias" y Abelardo, que dice que "no se puede creer una cosa sin haberla entendido previamente"

En las esferas respectivas de ambas. De esto se sigue la confusión en cuanto a la delimitación de los campos propios de la fe y el saber. Todo el mundo sabía que hay cosas que no pueden ser entendidas, pero de hecho no se ponía ningún límite a la capacidad de transformar la fe en saber racional. Cfr. lo ya dicho de Ricardo de san Víctor, San Anselmo, Abelardo. Algunos agustinianos del siglo XIII llegan a poner la iluminacion divina como base para una demostración racional de los misterios.

"Las tres confusiones de que hemos hablado están causalmente muy íntimamente concatenadas. En la primera, la confusión de las fuentes, va ya implícita la segunda, la confusión de los conceptos. En la primera y segunda va implícita la tercera. Y todas tres tienden a la identificacion de la fe y el saber".

Por su parte, Santo Tomás es partidario de la armonía entre fe y razón basada en la distinción de ambas, sin separación y sin confusión.

Combate la oposición entre fe y razón al combatir la doctrina averroísta de la "doble verdad": una tesis puede ser verdadera en filosofía y falsa en teología, y viceversa. Santo Tomás responde que tanto la fe como la razón nos han sido dadas por Dios, que no se contradice a Sí mismo. La verdad es una sola, lo que para nosotros son dos formas de acceder a ella, en Dios es una sola y simple Verdad que no puede contradecirse a Sí misma. Es absurdo decir, como los averroístas, que una verdad es contraria a otra verdad, ya que sólo lo falso es lo contrario de lo verdadero. Las oposiciones surgen solamente cuando la razón yerra su camino, o cuando la fe no es bien interpretada.

Frente a la separación entre fe y razón, Santo Tomás enseña que hay dos clases de verdades reveladas: las que pueden ser demostradas por la sola razón, porque no sobrepasan su capacidad, ( ej.: las verdades filosóficas como la existencia de Dios, espiritualidad e inmortalidad del alma humana, etc.) y las que sobrepasan totalmente esa capacidad, y sólo pueden ser conocidas por la fe en la Revelación (los misterios sobrenaturales como el de la Sma. Trinidad, la Encarnación, etc.) Eso quiere decir, por un lado, que hay un terreno común a la fe y a la razón, contra la tesis de la separación, y por otro lado, que hay un territorio al que sólo se accede por la fe, con lo cual se aparta de ciertas formas de confusión entre la fe y la razón, la filosofía y la teología.

Respecto de la confusión entre ambos saberes es que se pone directamente la tesis tomista. Afirma la distinción entre fe y razón en los tres órdenes:

En el origen de ambas. La fe es un don gratuito de Dios que supone una moción y una iluminación divina. Aún reconociendo el papel de los motivos racionales de credibilidad, cada artículo de fe sobrepasa la capacidad de la razón humana, de modo que no la determina, como lo hace la evidencia, sino que hace falta un acto de la voluntad para asentir a la fe (por eso es libre y meritoria) y ese acto necesita la ayuda de la gracia. En cuanto al saber, despuès de ciertas vacilaciones al comienzo de su carrera, sustituye la iluminación agustiniana por la abstracción aristotélica. Ya algunos agustinianos habían recurrido a la abstracción para explicar el conocimiento de las cosas temporales, propio de la "ratio inferior", mientras que explicaban el conocimento de las cosas eternas, propio de la "ratio superior", por la iluminación divina. Para Santo Tomás, todo conocimiento humano es en principo una pasividad ante el objeto, tamhién el intelectual, de donde la inteligencia es una potencia pasiva, "intellectus posibilis", respecto de toda verdad. Y es actualizada "desde fuera", por el influjo sincronizado de las cosas reales (experiencia) y el "intellectus agens", que opera la abstracción de los inteligibles a partir de los datos empíricos.

En los conceptos de ambas. De aquí se sigue la clara distinción entre el campo propio del saber racional y el campo propio de la fe sobrenatural: no tiene sentido intentar la demostración racional de los misterios de la fe, pues se trata de dos órdenes diferentes. el natural y el sobrenatural.

Existen dos órdenes de verdades reveladas: 1) Aquellas que la sola razón natural puede conocer y demostrar . Son los "preambula fidei" 2) Aquellas que sólo por la Revelación y la fe pueden ser conocidas Éstos son los misterios propiamente dichos (Trinidad, Encarnación, Iglesia, Sacramentos, Gracia, Escatología, etc.). Todo intento de demostrar racionalmente éstos últimos es absurdo.

A falta de evidencia, el motivo formal por el que el intelecto asiente a la verdad de la fe es la autoridad divina (porque ha sido revelada por Dios), completamente distinto del motivo de asentimiento en el saber racional (la evidencia).

El asentimiento racional, científico, es necesario, ya que la evidencia se impone a la intelgencia, mientras que el asentimiento de la fe es libre, pues debe intervenir la voluntad, y por tanto, meritorio.

Una misma verdad no puede a la vez ser creída y sabida por el mismo sujeto. Muy discutido en tiempos de Santo Tomás y después, para Santo Tomás es imposible, por contradictorio, que algo sea a la vez visto y no visto, libre y necesario. De ahí se sigue que el creyente que entiende una demostración concluyente de la existencia de una Causa Primera, ya no asiente a esa verdad por fe, sino por ciencia.

En las esferas propias de ambas. Santo Tomás pone un límite claro a la posibilidad de avanzar demostrativamente con la razón en el terreno de lo creído. Rechaza las "razones necesarias" con que algunos querían probar la Trinidad. Y distingue entre las verdades de fe que pueden ser demostradas y las que no. Lo que la razón natural puede saber demostrativamente de Dios es lo que de Él se puede alcanzar a partir de las cosas sensibles (de nuevo, la abstracción como opuesta a la iluminación platónico - agustiniana). Es claro que estos seres reflejan muy imperfectamente lo que Dios es. Luego, hay muchas verdades sobre Dios que exceden la capacidad de la razón natural humana y no pueden ser demostradas por ella. En concreto, lo que pertenece al misterio son aquellas verdades que se basan en la manifestación "ad extra" de la vida trinitaria, que, siendo lo propiamente divino, no puede ser reflejado por las creaturas ni conocido a partir de ellas.

De ahí también la distinción entre Filosofía y Teología. Ambas, a diferencia de la fe, son ciencias. Eso quiere decir que razonan a partir de ciertos principios. Los principios de la filosofía son los axiomas evidentes de la razón natural, como el principio de no - contradicción, razón de ser, etc., que se obtienen por abstracción a partir de la experiencia. La filosofía, por tanto, es una ciencia puramente racional. Los principios de la Teología son las verdades reveladas, los artículos de fe, que sólo pueden ser creídos, y eso gracias a una moción divina sobrenatural. La Teología los toma como punto de partida, y razona sobre ellos con la ayuda de los principios naturales de la razón, para llegar a sus conclusiones propias, no para demostrar las verdades de fe. Por ejemplo, del hecho de que Cristo es Dios verdadero y hombre verdadero (verdad de fe), y del hecho de que a la naturaleza divina corresponde una voluntad divina, y a la humana, una voluntad humana (verdad filósofica), se concluye que en Cristo hay dos voluntades, la divina y la humana (conclusión teológica - al menos, así en abstracto considerada, de hecho, es dogma de fe). Las verdades de fe no necesitan ser demostradas, porque son màs seguras que las demostradas, pues se apoyan en la autoridad divina. El argumento de autoridad basado en la autoridad humana es el más débil, el que se basa en la autoridad divina es el más fuerte.

En definitiva, la diferencia está en que la filosofía conoce a Dios en cuanto reflejado en y por las creaturas sensibles (abstracción - analogía - participación), mientras que la Teologia es una participaciòn en el conocimiento que Dios mismo tiene de Sí mismo y que nos comunica en parte a nosotros por la Revelación.

"Nullus philosophorum ante adventum Christi cum toto conatu suo potuit tantum scire de Deo et de necessariis ad vitam aeternam, quantum post adventum Christi scit vetula per fidem". ("In Symbolorum Apostolorum Expositio", a. 1)

"Ninguno de los filósofos pudo, antes de la venida de Cristo, con todo su esfuerzo, saber tanto acerca de Dios, y de lo necesario para la vida eterna, cuanto sabe cualquier viejecita por la fe, después de la venida de Cristo". 

Por fin, la armonía entre la fe y la razón. Que se basa en una armonía más profunda: la armonía, supuesta su distinción, entre el orden natural y el sobrenatural. Aquí es fundamental la doctrina del acto y la potencia. La potencia puede ser de dos clases: natural y obediencial. La primera es la que es actualizada por un agente natural, que produce por tanto efectos en el orden natural. La segunda es aquella que sólo puede ser actualizada por el Creador de la naturaleza. Ya en el plano natural, un bloque de mármol y un cincel tienen una potencialidad que sólo puede ser actualizada por un genio como Miguel Ángel y no por cualquier ser humano. Mucho más la creatura ha recibido del mismo Creador la capacidad de ser elevada a un grado de ser y actuación superior al natural. Este orden es sobrenatural y gratuito, pero no antinatural, pues la disposición a recibir la acción del Creador es lo más profundo del ser de la creatura. De ahí que el orden sobrenatural incluso perfecciona el orden natural. Por eso Santo Tomás establece la audaz afirmación, clave en toda su obra, de que en toda creatura racional hay un deseo natural del fin sobrenatural, o sea, de ver a Dios, con lo cual lo sobrenatural aparece como la coronación (gratuita e indebida, por otra parte) de la naturaleza.

Esa armonía entre fe y razón, filosofía y teología implica la clara distinción e independencia de ambas: cada una (filosofía y teología) tiene sus propios principios que no dependen de los de la otra. Pero forman juntas una síntesis vital. Ése es el sentido de la frase "philosophia ancilla theologiae". la filosofia es dueña y señora en su propio campo; es cuando se pone al servicio de la sabiduría superior que es la teología que pasa a ser "ancilla", pero eso no significa ninguna rebaja, sino un ennoblecimiento: el que vive como servidor en el palacio del rey vive mejor que el que es señor de su propia choza. Del mismo modo, la naturaleza humana ha sido elevada a una altura inefable al perder su independencia y ser asumida por el Verbo encarnado. Al servicio de la teología, la filosofía se hace instrumento del conocimiento de verdades luminosas y sublimes que la sola razón no puede alcanzar. De ahí, por fin, la mutua colaboración y el mutuo enriquecimiento de la filosofía y la teología: La fe abre a la razón nuevos y más amplios horizontes, y robustece su fuerza natural. Incluso para el conocimiento de todas las verdades filosóficas naturalmente accesibles, la Revelación es moralmente necesaria, en el estado actual de la humanidad después de la Caída . Por su parte, la filosofía permite demostrar los preámbulos de la fe. Ilustra incluso los misterios indemostrables con analogías tomadas de las creaturas (ej: la "explicación" teológica de la Trinidad basada en la analogía con el verbo mental humano). Defiende a la fe, no demostrando lo creído, que es imposible y llevaria a la incredulidad, ante la ineficacia de tales razones, sino saliendo al paso de las objeciones contrarias a la fe.

SÍNTESIS DE SAN AGUSTÍN Y ARISTÓTELES. La inspiración platónica del agustinismo lo llevaba a descuidar un poco el valor y la consistencia propios de lo creado. Aquí venía bien el correctivo aristotélico: Aristóteles, que "mete" la Idea platónica en las cosas mismas, como su forma sustancial, es el hombre de este mundo, que conoce y aprecia el valor de los seres naturales. Por su parte, la filosofía aristotélica, que, según algunos, hacía de Dios la pieza suprema de la máquina cósmica, desconocía la verdadera trascendencia divina, y con su doctrina del desconocimiento del mundo por parte de Dios, negaba la Providencia y todo el orden de la salvación cristiana. Estos escollos estaban ampliamente superados en la síntesis agustiniana, con su doctrina de la Creación ex - nihilo y las Ideas divinas. En buena medida la misión de Santo Tomás fue la de realizar el encuentro armonioso entre lo mejor de ambas doctrinas. abrir el aristotelismo hacia la verdadera trascendencia del Dios Creador, Personal y Providente, con la ayuda de San Agustín, y arraigar fuertemente el agustinismo en la realidad y autonomía propia de las cosas creadas, con la ayuda de Aristóteles. Pero para poder hacer eso, tuvo que profundizar en lo más hondo de la metafísica, y hacer un aporte fundamental que no es agustiniano ni aristotélico, sino propiamente tomista: su doctrina del ser como acto.

METAFÍSICA. EL SER COMO ACTO.

Heidegger ha acusado a la filosofía occidental desde Sócrates hasta nuestros días de "olvido del ser". Fascinados con los entes, los filósofos habrían olvidado el ser por el cual los entes son, y la ontología, en vez de ser la doctrina del ser, habría sido la doctrina del ente. Al parecer, según Gilson, Maritain y otros, algo de verdad hay en la acusación heideggeriana, en cuanto en la mayoría de las filosofías antiguas y modernas el puesto central lo ocupa la esencia, que es justamente aquello por lo que el ente es lo que es, lo que define y distingue a unos entes de otros. Así ocurre sobre todo en las filosofías que carecen de la noción de creación ex - nihilo, como la de Platón y la de Aristóteles. Ya que la creación ex - nihilo hace referencia inevitablemente al otro polo del ser, complementario de la esencia: la existencia. La consecuencia del esencialismo suele ser el idealismo: si el ser se define por la esencia, parece que fuese indiferente que exista o no, y, entonces, bastaría con que fuese pensado por un pensamiento que contemplase sus atributos esenciales.

Entre los árabes, ya vimos que Al Farabi y Avicena distinguían en la realidad la esencia de la existencia, con lo cual lograban definir claramente la contingencia propia de los seres creados, en el contexto de un pensamiento monoteísta y creacionista. Pero ambos sostenían además que la existencia es un accidente de la esencia, lo cual no deja de ser una recaída en el esencialismo: lo fundamental del ser sigue siendo la esencia.

Aquí es donde se sitúa el descubrimiento filosófico fundamental de Santo Tomás. Él parte de la doctrina aristotélica fundamental, que es la teoría del acto y la potencia. En Aristóteles, el acto y la potencia tienen dos formas de realización: 1) como forma y materia 2) como accidente y sustancia. La innovación de Santo Tomás consiste en agregar una nueva forma de realización de los conceptos fundamentales: el ser como acto, el acto fundamental; la esencia como potencia receptora de ese acto. En Aristóteles, el acto fundamental es la forma sustancial, que da a la cosa el ser lo que es. Para Santo Tomás, la misma forma sustancial está a su vez en potencia, en los seres finitos, respecto de un acto más fundamental y profundo: el ESSE o acto de ser, que da a la cosa el ser simplemente.

Dada la primacía que en el aristotelismo tiene el acto sobre la potencia, esto quiere decir que lo fundamental del ser ya no es la esencia, sino el esse, acto de la misma esencia, que algunos traducen por "existencia" y otros por "acto de ser". Y esto quiere decir que lo fundamental del ser ya no es lo posible, y en última instancia, lo pensable, sino lo actual, lo existente. Se puede decir que Santo Tomás ha llevado el amor aristotélico por la realidad concreta más allá del mismo Aristóteles.

Las tesis tomistas en este punto son las siguientes:

El ser es acto, y es el acto fundamental. "...el esse es la actualidad de toda forma o naturaleza: pues la bondad o la humanidad no se significan en acto, sino en cuanto significamos que ellas son ". (I., q. 3, a. 4, c.). Ser en acto es ante todo ser, existir, y en la medida en que se es o existe, se es en acto todo lo demás.

El acto de ser en las creaturas está compuesto con la potencia, y esa potencia es la esencia. Toda esencia que podemos pensar puede ser pensada sin su esse, sin su existencia, salvo que se identifique con el esse. En este caso, es el esse puro, porque es el esse. Si es el esse puro, sólo puede ser una, porque nada se diversifica a sí mismo, sino por adición de otra cosa, y el puro esse no tiene adición de nada, de lo contrario no sería el puro esse, sino en composición con otra cosa. Luego, en toda otra cosa existente, es distinta la esencia y el esse. En estos casos, el esse no es tampoco una parte de la esencia, como un accidente necesario, porque los accidentes necesarios o propiedades son causados por los principios esenciales, y nada puede causar su propia existencia. Además, se puede pensar la esencia de estos seres finitos sin incluir la existencia, sin que ello sea contradictorio, lo cual no sucede con aquello que es parte necesaria de la esencia. Luego, en estos seres, la esencia no posee el esse por sí misma, puesto que le ha de venir de fuera. Además, si lo tuviese por sí misma, entonces existiría por sí misma, y lo que existe por sí mismo es el Esse imparticipado, subsistente, y en éste, hay identidad de esencia y esse, ya que es el esse puro y no se compone con nada. Luego, en estos seres la esencia ha recibido de otro el esse. Pero lo que recibe algo está en potencia respecto de ese algo. Luego, la potencia que recibe y limita el esse en los seres finitos y creados es la esencia.

Distinción real de esencia y acto de ser. Es la primer consecuencia de esta afirmación del ser como acto, dada la distinción real que existe en el aristotelismo entre el acto y la potencia. Santo Tomás retoma aquí la tesis de Al Farabi y Avicena, pero lejos de hacer de la existencia (el esse) un accidente de la esencia, reconoce en ella el acto de la misma esencia, la perfección fundamental gracias a la cual la esencia existe y es lo que es. Por el contrario, el accidente supone la esencia y no puede ser su acto fundamental.

VISION TOMISTA DE LA REALIDAD.

IDENTIDAD DE ESENCIA Y ESSE. Dios, Acto Puro de Ser, "Ipsum Esse Subsistens", el Ser mismo subsistente. Infinito, único, trascendente. Cfr. Summa Theol. I, q. 3, a. 4.

Su existencia. Cfr. Summa Theol. I, q. 2, a. 1, 2, y 3.

Su naturaleza. El conocimiento analógico de Dios. Cfr. Summa Theol. 1. q. 13, a. 5, y por ejemplo, I, q. 3, a. 1.

PARTICIPACION = CREACIÓN EX - NIHILO

Cfr. Summa Theol., I, q. 44, a. 1 y 2; q. 45, a. 1, 2 y 5.

Con la distinción real de esencia y "esse", basada en la teoría aristotélica del acto y la potencia, Santo Tomás está expresando la doctrian platónica de la "participación": toda perfección subsistente es simple, pues es sólo ella misma, mientras que toda perfección no subsistente existe en un sujeto que la participa de su realización simple, y es por tanto compuesta. Todo compuesto es lo que es por participación de lo simple, ya que no es subsistente, y es por ello particular y limitado. La teoría platónica y la aristotélica, que se referían solamente a la esencia, son llevadas al plano del "esse" o acto de ser. Y entonces, desembocan en la doctrina bíblica de la creación "ex - nihilo", porque el Esse subsistente es necesariamente el principio del cual participa todo "esse" finito. Y entonces, la misma materia prima recibe su "esse" de Dios, por lo cual nada se presupone a la acción creadora divina.

Cuestión de la posibilidad del mundo "ab aeterno". Cfr. Summa Theol., I, q. 46, a. 1 (posibilidad de la creación en el tiempo) y 2 (posibilidad de la creación "ab aeterno") . Cfr. también "De aeternitate mundi contra murmurantes". Santo Tomás dice allí que negar que Dios pueda hacer algo que en sí mismo no es contradictorio es derogar la omnipotencia divina.

DISTINCIÓN REAL DE ESENCIA Y ESSE. Los seres creados, compuestos siempre de ACTO y POTENCIA, al menos en la forma de ESSE y ESENCIA.

FORMA PURA. Los ángeles, espíritus puros, totalmente inmateriales.

NEGACIÓN DEL HILEMORFISMO UNIVERSAL. Los agustinianos no veían otra forma de distinguir a la creatura del Creador que afirmar que sólo Dios es Forma Pura, y que toda creatura es compuesta de materia y forma. En esto seguían a Ibn Gabirol más que a San Agustín. Para ello, debían hacer compuestos de materia y forma a los ángeles, y como todos admitían que los ángeles son incorpóreos, debían recurrir a una "materia espiritual". Para Santo Tomás, el concepto de "materia espiritual" es contradictorio. La materia y la forma no son el único caso de realización de la potencia y el acto. La forma es acto respecto de la materia, pero a su vez es potencia respecto del "esse", que es su acto. Por tanto, es posible que el ángel sea forma pura, y aún esa forma esté en potencia respecto del acto de ser, que recibe en participación del Creador. Esa composición de acto y potencia basta para distinguir al ángel del Acto Puro. Dios no es solamente Forma Pura, sino sobre todo Esse Puro y subsistente. Cfr. Summa Theol., I, q. 50, a. 1 y 2, especialmente ad 3um. Los Padres y los doctores escolásticos se esforzaron por encontrar la fórmula que permitiese afirmar la existencia de los ángeles sin caer en el politeísmo. Desde este punto de vista, la tesis tomista se integra en esa tradición de reafirmación cristiana de la Unicidad y Trascendencia de Dios.

INDIVIDUACIÓN POR LA MATERIA. La forma es el principio determinante de la esencia, y la esencia es la misma para todos los individuos de la misma especie. De ahí se sigue que lo que distingue a los individuos entre sí no es la forma, sino la materia, que los ubica en un tiempo y un lugar. Pero en los ángeles no hay materia. Luego, en los ángeles no hay varios individuos para una misma especie, sino que cada uno de ellos es una especie diferente. Cfr. Summa Theol. I, q. 50, a .4.

MATERIA Y FORMA. UNICIDAD DE LA FORMA SUSTANCIAL. La tesis más discutida en vida de Santo Tomás por los agustinianos. Cfr. Summa Theol., I, q. 76, a. 4.

FORMA PRINCIPIO VITAL (ALMA). "Anima" es la forma específica de los seres "animados", es decir, vivientes. La forma sustancial da el ser (tal) a las cosas, pero "la vida es el ser del viviente" (Aristóteles), luego, en el viviente la forma sustancial es principio vital, o sea, alma.

ALMA INMATERIAL Y SUBSISTENTE. Es el alma humana.

Su inmaterialidad y subsistencia. Cfr. Summa Theol. I, q. 75, a. 2.

Su incorruptibilidad. Cfr. Summa Theol., I, q. 75, a. 6.

Su unión con el cuerpo. Cfr. Summa Theol. I, q. 76, a. 1.

Sus operaciones propias, y concretamente, el conocimiento.


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