FE Y RAZÓN

"Omne verum, a quocumque dicatur, a Spiritu Sancto est"

Toda verdad, dígala quien la diga, viene del Espíritu Santo

(Santo Tomás de Aquino)


JACQUES MARITAIN

La búsqueda incesante de la verdad en uno de los más grandes filósofos católicos del siglo XX.

(Lic. Néstor Martínez.)

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BIBLIOGRAFÍA.

BLOY, León, La mujer pobre, Ed. Mundo Moderno, Buenos Aires, 1946.

MARITAIN, Raissa, Las aventuras de la gracia. Las grandes amistades. t. II, Ed. Desclée de Browuer, Buenos Aires, 1945.

MARITAIN, Jacques, De Bergson a Tomás de Aquino,  Ed. Club de Lectores, Buenos Aires, 1946.  

URDANOZ, Teófilo, O.P., Historia de la Filosofía, t. VIII, B.A.C., Madrid, 1985.

CALO, J., y BARCALA, D., El pensamiento de Jacques Maritain, Ed. Cincel, Madrid, 1987.

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1882- Nacimiento de Jacques Maritain. Sus padres, Paul Maritain, abogado, y Geneviéve Fabre, protestantes liberales y republicanos.

El abuelo de Maritain, Jules Favre, de la Academia francesa, de gran influencia política en la época de Napoleón III, se casó en segundas nupcias con una protestante, y se adhirió al protestantismo liberal, que trasmitió a su hija Genoveva, la madre de Maritain, junto con su "indomable espíritu de libertad". Péguy, que la conocía, la llamó "pequeña republicana , de gran corazón y cabeza obstinada". Los padres de Maritain estaban separados desde la infancia de Jacques, que quedó al cuidado de su madre junto con su hermana. Jacques era un niño casero y de salud delicada, dedicado a los libros, pero también con un carácter muy fuerte.

1883 . Nacimiento de Raissa Oumansouff, de una familia judía, en Rusia. Raissa también tenía grandes dotes intelectuales pero su temperamento era muy gentil. Muy dotada para la danza.

A los 13 años Maritain se hace "socialista".

"Seré socialista y viviré para la revolución."

Hacia 1900 va a estudiar a la Sorbona, como bachiller especializado en retórica. Allí conoce a Raissa, que estudia biología, cuando va a pedirle su firma para una protesta contra la persecución de los estudiantes socialistas rusos por la policía del Zar. Conoce también allí a Peguy, que será el que lo lleve más adelante a los cursos del filósofo Henri Bergson en el "Collège de France".

1904 – Casamiento de Jacques Maritain y Raissa Oumansouff.

Raissa describe así a la Sorbona de aquel tiempo, en su libro "Las Grandes Amistades", t. I. (citado por Calo y Barcala, op. cit.)

"Los maestros de aquel tiempo, por buenos, abnegados, y competentes que fuesen, parecían haberlo olvidado todo...De generación en generación se habían alejado cada vez más de las grandes exigencias del espíritu humano. El desarrollo deslumbrador de las ciencias de la naturaleza física y las esperanzas infinitas que esas ciencias al desarrollarse habían despertado hicieron menospreciar las disciplinas de la sabiduría...profesaban más o menos conscientemente una metafísica informe y simplista."

"Los sabios, cuando no filosofan, se atienen por lo general al simple buen sentido empírico, pero ¿se puede ser hombre y no filosofar de alguna manera? En la Sorbona tal y como nosotros la conocimos, los sabios en cuanto filosofaban eran en general partidarios de teorías filosóficas como el mecanicismo y el epifenomenismo, del determinismo absoluto, del monismo evolucionista, doctrinas que niegan la realidad del espíritu y la objetividad de todo saber que rebase el conocimiento de los fenómenos sensibles. Todas estas teorías formaban una especie de sistema más o menos confesado que Jacques debería algunos años más tarde designar, en uno de sus primeros libros, con el nombre de "cientifismo". Para el más brillante de sus profesores, "la inteligencia no era más que una materia blanda que vive a 38 grados", y la conciencia un "epifenómeno".

"Ya en los tiempos en seguía en el Liceo Enrique IV el curso de filosofía de Dereux...el joven Jacques de dieciséis años se desesperaba en su habitación porque no obtenía respuesta a ninguna de sus interrogaciones. La misma decepción en la Sorbona. Nuestros maestros, filósofos, a decir verdad desesperaban de la filosofía...La única lección práctica que se podía en definitiva recibir de su enseñanza concienzuda y desinteresada era una lección de relativismo integral, de escepticismo intelectual".

Y relaciona esto con el nazismo posterior:

"Los jóvenes salían de sus estudios filosóficos instruídos e inteligentes, sin confianza en las ideas, si no era como instrumentos de retórica, y perfectamente desarmados para las luchas del espíritu y para los conflictos del mundo. Fue entonces sin duda cuando comenzamos invisiblemente a perder las batallas de la humanidad y de la Francia contra la nueva barbarie presagiada durante algún tiempo todavía con los prestigios de una cultura adulterada ya, hipócrita, y dispuesta también a la adoración de la fuerza."

El Mercurio de Francia aseguraba en 1911: "Pronto llegará un día en que el mapa de la Francia católica corresponderá exactamente a la de la Francia analfabeta".

"Ciertos profesores eran creyentes, pero nada de su fe aparecía en su enseñanza. Este era el caso de Víctor Delbos, eminente historiador de la filosofía, pero cuya enseñanza anodina deja la impresión de una cuidadosa vista de bellas ruinas."

"...en aquella época sólo nos venía alguna alegría y algún bienestar espiritual de Spinoza y de Nietzsche...Lo que nos acercaba a Nietzsche era su pasión desesperada por aquella verdad cuya muerte se desvivía por proclamar, la potencia con que barría los prejuicios de la mediocridad instalada en el vacío, arrancando todas las máscaras y desvelando lo trágico de la vida (aunque) las alegrías que Spinoza y Nietzsche nos habían dispensado un momento nos dejaban más vacíos y desesperados."

Los Maritain llegaron a hacer un pacto de quitarse juntos la vida si al cabo de un año no habían descubierto el significado de la existencia.

"...lo que nos salvó entonces, lo que hizo de nuestra real desesperación una desesperación todavía condicional, fue justamente nuestro sufrimiento...Fue entonces cuando la piedad de Dios nos hizo encontrar a Henri Bergson."

"...a través de una crítica maravillosamente penetrante, Bergson disipaba los prejuicios antimetafísicos del positivismo seudocientífico y devolvía al espíritu su función real, su esencial libertad".

"No éramos nosotros los únicos a quienes devolvía Bergson la alegría del espíritu al establecer la metafísica en sus derechos..., Poco nos importaba entonces que la creencia de que podíamos conocer verdaderamente, absolutamente, lo que es, fuese por la intuición que trasciende los conceptos, o por la inteligencia que los forma; lo importante, lo esencial, era el resultado posible: alcanzar lo absoluto...Jacques fue pronto reputado en la Universidad como un discípulo de Bergson. Paseaba por las salas de curso la llama revolucionaria de un socialismo ardiente y de la filosofía de la intuición. "

Dice Jacques en su obra "De Bergson a Santo Tomás de Aquino":

"En el tiempo en que seguíamos con entusiasmo, en el pequeño grupo de Péguy y Georges Sorel, los cursos de Bergson en el Colegio de Francia, esperábamos de él la revelación de una nueva metafísica, y era esto lo que él parecía prometernos.

En realidad no era así. Bergson no nos dio tal metafísica, ni en momento alguno tuvo la intención de dárnosla. Para muchos de nosotros, la decepción fue muy viva; nos parecía que una promesa sobre la cual contábamos no había sido cumplida.

A la distancia, cuando hoy pensamos de nuevo en todo eso, las cosas nos aparecen bajo una luz diferente: cuando Bergson realzaba el valor y la dignidad de la metafísica en los espíritus que lo escuchaban, a los cuales el agnosticismo o el materialismo llenaban de su tristeza; cuando a esos espíritus, alimentados en el más deprimente relativismo pseudo-científico, con un acento inolvidable les decía: "estamos, nos movemos y vivimos en lo absoluto", era suficiente que así despertase en ellos el deseo metafísico, el eros metafísico.Era ésta una obra muy grande. Y quizás nada emociona más que el desprendimiento con que él dejaba que, ese deseo, una vez despertado, siguiera su propio camino en los unos y en los otros, y condujera a algunos a una metafísica que no era la suya, más aún, que luchaba contra la suya, a la espera de que, alrededor de puntos más secretos, referentes no tanto a la conceptualización filosófica cuanto a las directivas espirituales de la filosofía, nuevos encuentros se preparasen.

Si la filosofía bergsoniana nunca se ha confesado por completo la metafísica que implicaba y a la cual habría podido producir a plena luz. Si quedó mucho más estrechamente enclavada en la ciencia positiva y más dependiente de ella de lo que había dejado suponer su fuerte reacción contra la pseudo-metafísica cientista; ello ocurrió porque esa reacción, desde sus orígenes, fue efectuada por virtud de un empirismo radical."

Otra influencia importante fue la de Charles Péguy, un poco mayor que ellos, que consideraba también a la Sorbona como "ciudadela de los errores del mundo moderno", director de la revista "Cahiers de la Quinzaine", que más tarde tuvo desavenencias con Maritain. Por medio de Péguy, Maritain conoció a E. Mounier, más joven que él, con el cual colaboró un tiempo en la revista "Esprit", órgano del personalismo.

La conversión de los Maritain al catolicismo se hace mediante la lectura de algunas novelas y otras obras de León Bloy, entre ellas "La mujer pobre" y "La salvación por los judíos".

Dice Raissa:

"Nos procuramos y leímos inmediatamente esta extraña novela que no se parecía a ninguna otra novela. Por primera vez nos encontramos ante la realidad del cristianismo".

Hasta ese momento el cristianismo le había parecido indigno de ser tomado en cuenta, y la Iglesia, una aliada de los poderosos y nada más. La fe ardiente de Bloy y su inclemencia para denunciar la tibieza de los católicos de su tiempo les abrió un mundo nuevo.

Algunos fragmentos de "La mujer pobre":

La protagonista, Clotilde, le pregunta al pintor Gaucugnol qué es la Edad Media.

"La Edad Media, hija mía, fue una inmensa iglesia, tal como no se verá otra hasta que Dios vuelva a la tierra; un lugar de plegarias tan vasto como todo el Occidente y edificado por diez siglos de éxtasis que hacen pensar en los Diez Mandamientos del Sabaoth. Era el arrodillamiento universal en la adoración o en el terror. Los mismos blasfemos y los sanguinarios estaban prosternados, porque no había otra actitud posible en presencia del temible Crucificado que debía juzgar a todos los hombres. Fuera de ella todo era tinieblas llenas de dragones y de ceremonias infernales. Se estaba siempre en el momento de la muerte de Cristo, y el sol no aparecía. Los pobres campesinos labraban la tierra temblando, como si temieran despertar a los difuntos antes de la hora. Los caballeros y sus servidores de guerra cabalgaban silenciosamente en el crepúsculo, a lo lejos, sobre los horizontes. Todo el mundo gemía pidiendo gracia. De cuando en cuando, una súbita ráfaga abría las puertas, empujando las sombrías figuras del exterior hasta el fondo del santuario, donde todas las antorchas se apagaban, y no se oía más que un largo grito de espanto que repercutía en los dos mundos angélicos, esperando que el Vicario del Redentor elevara sus terribles manos conjuradoras. Los mil años de la Edad Media fueron el período del gran duelo cristiano, desde su patrona, Santa Clotilde, hasta Cristóbal Colón, que llevó el entusiasmo de la caridad a su tumba, pues sólo los Santos, o los antagonistas de los Santos son capaces de fijar límites a la historia."

Antes, Clotilde ha preguntado qué es la filosofía. León Bloy era creyente y literato, pero nunca fue filósofo, ni llegó a entender la filosofía. Era además un católico radical e intransigente, sediento del Absoluto, marcado por una vida de miseria y horrorizado por lo que él consideraba la mediocridad de los católicos modernos y su amor al dinero. Su mentalidad estaba en las antípodas de la mentalidad ecuménica post-conciliar, y respecto de los alemanes su actitud no era muy amigable, no sólo por causa del protestantismo, sino porque había peleado en la guerra de 1870 en que Alemania derrotó a Francia. Esto puede ayudarnos, tal vez, a ubicar el fragmento que sigue, que transcribimos con la única intención de dar una idea fiel del singular estilo de Bloy:

"No hay más que dos filosofías, si hemos de atenernos a esta innoble palabra, vale decir, la teología del Papa y la del "papel higiénico", la una para el mediodía, y la otra para el norte. ¿Quiere usted que le diga en dos palabras esta historia fastidiosa? Antes de su Lutero, no hubo nada brillante en el mundo germánico. Al decir su, me refiero al Lutero de ese pueblo relajado. Era una ingobernable mezcolanza de quinientos o seiscientos estados, en la que cada uno representaba un hormiguero de cabezas oscuras, impenetrables a la luz, a cuyos descendientes no posible orientar o disciplinar sino a golpes de matraca. La autoridad espiritual actúa sobre ellos como la abeja sobre el estiércol. Lutero tuvo la suprema ventaja de ser el Indecente esperado por los patriarcas de la mendicidad septentrional. Encarnaba a las mil maravillas la bestialidad, la ininteligencia de las cosas profundas y el maloliente orgullo de todos los bebedores de orines de vaca. Naturalmente, fue adorado, y todo el norte de Europa se apresuró a olvidar a la Madre Iglesia, para acudir al estiércol de ese marrano. El movimiento continuó durante cerca de cuatro siglos y la filosofía alemana, a la que acabo de calificar exactamente, es la más copiosa inmundicia surgida del protestantismo."

Entre los católicos de entonces y de hoy, su figura ha suscitado adhesiones y rechazos igualmente apasionados. Como escritor, es sin duda uno de los grandes escritores cristianos del siglo XX. Los Maritain no fueron los únicos convertidos por la lectura de sus obras, que aparentemente deberían provocar rechazo en los no creyentes por la intransigencia absoluta del autor, y el lenguaje agresivo e insultante que emplea para con los adversarios del catolicismo, y aún para con los mismos católicos de su tiempo.

Fue central en la vida de Bloy su adhesión apasionada a la aparición de la Virgen en La Salette, de la cual se constituyó apóstol con la radicalidad , entrega y violencia verbal usuales en él. Esa devoción a Nuestra Señora de la Salette la trasmitió a los Maritain.

Por fin,  el final del último capítulo del libro "La mujer pobre": "Sólo hay una tristeza":

"Clotilde tiene hoy cuarenta y ocho años, aunque demuestra no menos de un siglo. Más hermosa que antes, se parece a una columna de plegarias, la última columna de un templo derruido por los cataclismos...Casi nunca se la ve sentarse. Siempre en camino de una iglesia a otra, de uno a otro cementerio, no se detiene sino para arrodillarse, y se diría que no conoce otra actitud...No pide limosna. Se limita a recibir con una dulce sonrisa lo que le ofrecen, y lo da en secreto a los desdichados...Los cristianos cómodos y bien vestidos a quienes molesta lo Sobrenatural y "dicen a la Prudencia: Tú eres mi hermana", la consideran trastornada, pero el pueblo humilde es respetuoso con ella y algunas pordioseras de iglesia la creen una santa..."Todo lo que sucede es digno de adoración" – dice frecuentemente, con el aire de una criatura mil veces colmada que no encontrase otra fórmula para expresar los movimientos de su corazón o de su mente, sea en la ocasión de una peste universal, sea en el momento de verse devorada por las fieras...Muerto Leopoldo, cuyo cuerpo no fue encontrado entre los anónimos y espantosos escombros, Clotilde trató de ajustar su vida a aquel precepto evangélico cuya observancia rigurosa es considerada más intolerable que el suplicio mismo del fuego. Vendió cuanto poseía y donó el importe a los pobres, convirtiéndose de la noche a la mañana en una mendiga...-Debe ser usted muy desdichada, mi pobre señora – le dijo una vez un sacerdote, que por fortuna era un verdadero padre, al verla anegada en lágrimas junto al Santo Sacramento expuesto. – Soy completamente dichosa – le contestó ella - . No se entra en el Paraíso mañana, ni pasado mañana, ni dentro de diez años, se entra hoy, cuando se es pobre y se está crucificada...Un solo testigo de su pasado, Lázaro Druida, la ve todavía algunas veces. Es el único vínculo que no ha roto. El alto pintor...es demasiado grande para que lo visitara la fortuna, cuya práctica secular es hacer girar su rueda entre las inmundicias...De tanto en tanto va a poner en el alma del profundo artista un poco de su paz, de su grandeza misteriosa; luego vuelve a su inmensa soledad, en medio de las calles llenas de gente. – Sólo hay una tristeza – le dijo la última vez - , y es la de no ser santos...

Tras la lectura de estas obras, los Maritain escriben una carta a Bloy, y habiendo oído que el escritor vive acosado por la pobreza, le envían unos francos. En respuesta, Bloy los invita a que lo visiten en su casa. Años más tarde Maritain recuerda.

"Una vez cruzado el umbral de esa casa, todos los valores quedaban dislocados como por un toque invisible. Uno sabía, o adivinaba, que allí había sólo una tristeza: la de no ser santos. Y todo lo demás retrocedía hacia la medialuz".

Comienza así una amistad y una paternidad espiritual de Bloy para ellos que durará toda la vida.

Por su parte, la lectura de "La salvación por los judíos", libro que Bloy escribe contra la campaña antisemita de un tal Drumond, que se hacía pintar en carteles como un cruzado con el pie sobre Moisés, y donde Bloy no escatima las palabras duras contra los mismos judíos que está defendiendo, los lleva a leer la Biblia y a descubrir la armonía entre los dos Testamentos.

En casa de Bloy Maritain conoce al pintor G. Rouault, pensando en el cual escibirá después "Arte y Escolástica".

1906 – Conversión al catolicismo de Jacques y Raissa Maritain. León Bloy, padrino de bautismo de ambos.

Causó gran impacto en la Francia católica, así como la enfurecida reacción de las familias de ambos, judía la de Raissa, republicana y protestante liberal la de Jacques. Posteriormente, los padres de Raissa se convirtieron al catolicismo, primero el padre, en su lecho de muerte, y años después, la madre. No me consta que los padres de Jacques lo hayan hecho. Vera, la hermana de Raissa, acompañará al matrimonio constantemente, cuidando a Raissa en sus frecuentes enfermedades.

El descubrimiento de Santo Tomás.

Parece que todo empieza cuando Jacques se traslada a Heidelberg con una beca para estudiar biología con Hans Driesch, el cual a lo largo de sus estudios de embriología se había visto obligado a reintroducir conceptos aristotélicos, especialmente el de "entelequia" o forma sustancial, contrariando así el mecanicismo común en su tiempo.

Dice Raissa en su libro "Las aventuras de la gracia", continuación del anterior, en el capítulo "El doctor Angélico", que el encuentro con el padre dominico Humberto Clérissac, que fue director espiritual de ambos por mucho tiempo y la otra gran influencia religiosa junto a León Bloy, fue la ocasión de conocer a Santo Tomás, ya que este padre les recomendó su lectura. La primera que siguió ese consejo fue Raissa, debido a una enfermedad que la tuvo recluida unos días. Jacques estaba ocupado por entonces en otros trabajos y sólo más tarde tuvo tiempo de leer al Aquinate.

"Temblando de curiosidad y temor abrí por primera vez la Suma Teológica en el "Tratado de Dios". ¿No era la escolástica, según la reputación que le habían dado, un sepulcro de sutilidades convertidas en polvo? Y el mismo Príncipe de la escolástica, ¿no iría a echar un poco de aquel polvo en el hogar de nuestra joven fe?

Desde las primeras páginas comprendí la vanidad y puerilidad de mis aprensiones. Todo era, allí, libertad de espíritu, pureza de fe, integridad del intelecto iluminado por la ciencia y el genio.

La serenidad del estilo, impersonal en apariencia, el caminar tranquilo de la razón dando a cada palabra su sentido más próximo a la intuición intelectual con que ha nacido, y por lo mismo la plenitud de su sabor, una potencia intelectual casi angélica, que permite a Santo Tomás sostener en las más breves proposiciones, verdades sin número encadenándose unas con otras según la misma jerarquía de los seres reales, todo era para mí luz en lo que leía, y continuaba la lectura con incesantes acciones de gracias.

Escribiendo estas páginas me encuentro de nuevo en la feliz emoción de aquel primer contacto con el pensamiento de Santo Tomás. Tanta luz afluía a la vez al corazón y a la inteligencia que me sentía embriagada de una especie de alegría paradisíaca. Orar y comprender era para mí una sola y misma cosa, lo uno daba sed de lo otro, y me sentía sedienta y jamás saciada. En los mismos días leía yo a Santa Gertrudis, benedictina alemana del siglo XIII y repetía con frecuencia una de sus oraciones preferidas: "Gloria a vos muy dulce, muy benigna, muy noble y excelente, feliz y gloriosa y resplandeciente y siempre tranquila Trinidad...", y el texto de Santo Tomás estaba en maravilloso acuerdo con aquellas alabanzas.

Esta primera lectura de la Suma Teológica fue para mí un don muy puro. En ella recibí de una vez para siempre la certidumbre de las verdades primeras concerniente a la inteligencia y la alegría de ver a ésta bastante fuerte para conducir hasta el seno de la noche estrellada de la fe los principios de la razón...

Interrumpo un momento estas memorias para rendir a Santo Tomás el débil tributo de mi alabanza. Porque es justo alabar lo que se ama. Me preguntaba yo antes de conocerlo cómo nacían las devociones "particulares." Esas particularidades me parecían extrañas, como una disminución del amor comprometido en la inmensidad de la única devoción debida a Dios. Aprendí por experiencia que esas devociones nacen como nace la admiración y la amistad. Y en ningún caso la amistad, que es una virtud muy dulce, puede disminuir el amor a Dios.

Nosotros estamos, pues, unidos a Santo Tomás de Aquino como a un verdadero amigo, por simpatía, por amor, por gratitud. Es bien cierto que no puede conocérsele sin amarle, y enormemente deplorable que sea ignorado en su vida de santo más todavía que en su obra monumental."

Por su parte, Jacques anota en su diario, un año después (1910), que su primer encuentro con Santo Tomás fue

"una liberación, una inundación de luz. El intelecto encuentra su patria".

"Yo, que había recorrido con tanta pasión las doctrinas de los filósofos modernos y no había encontrado más que decepción e incertidumbres, experimenté entonces como una iluminación de la razón; mi vocación filosófica me volvía plenamente".

A partir de ahí, Maritain, parafraseando a San Pablo (1 Cor. 9, 16), formula su famoso lema:

"Vae mihi si non thomistizaverunt".

(¡Ay de mí si no tomistizase!)

En el prefacio a la segunda edición de "La filosofía bergsoniana", en la que realiza la crítica de Bergson desde una óptica tomista, Jacques dice:

"La reflexión filosófica...se apoya en nosotros, para restaurar el mismo orden natural de la inteligencia en el ser, y para reconocer la inclinación ontológica del trabajo de la razón, en la indestructible verdad de los objetos presentados por la fe. Al afirmarnos por ello en nosotros mismos, sin sutileza ni disminución, el auténtico valor de realidad de nuestros instrumentos humanos de conocimiento, somos ya tomistas sin saberlo. Cuando algunos meses más tarde volviéramos a encontrarnos con la Suma Teológica, ya no opondríamos obstáculo a su raudal de luz."

Es decir, Maritain reconoce aquí que tras su conversión, al apoyarse en la fe católica para conocer la capacidad de verdad y de realidad de la inteligencia (el realismo filosófico) ya era sin saberlo tomista, de modo que al leer después la Suma, encontró en ella explicitado y desarrollado el núcleo fundamental de verdad filosófica que le había aportado su fe cristiana. La fe católica ha curado la inteligencia de Maritain del morbo inmanentista y subjetivista moderno, y al hacerlo, la ha preparado para comprender, valorar, y aceptar, la filosofía tomista.

En 1907, al anunciar su conversión a su amigo Péguy, éste le contesta: "Yo también estoy en eso".

En 1909, conflicto con Péguy, que no puede practicar la fe por la negativa de su mujer, socialista como era él cuando se casaron, a dejar bautizar a sus hijos. Maritain ha ido imprudentemente a hablar con ella y se ha armado un gran lío.

Por esa época tiene violentas tentaciones contra la fe, de las cuales sale fortalecido, pero habiendo "perdido la infancia", según sus palabras.

En el ínterin, Maritain ha renunciado a su derecho de enseñar filosofía en un instituto del Estado, por temor a que el laicismo estatal no le permita ser fiel a su conciencia en la enseñanza. Pero es nombrado profesor de filosofía moderna en el Instituto Católico de Paris. También da clases de filosofía en el Colegio Stanislas, donde sorprende por su decisión de basar su enseñanza en Aristóteles y Santo Tomás y empezar todas las clases rezando un Avemaría en latín.

A los pocos años de casados, Jacques y Raissa deciden, con permiso de su director espiritual, vivir el celibato en el matrimonio por amor a Dios.

"En aquella misma época, cediendo al profundo atractivo que sobre nosotros ejercía, nos decidimos a orientar más netamente nuestra vida hacia la obra de la contemplación, y a sacrificar en su obsequio muchas cosas y esperanzas que ocupan lugar normalmente en la vida del mundo. Durante varios años, entonces en que nuestra soledad no estaba todavía turbada por la acción exterior, y que podíamos disponer ampliamente del tiempo, hubimos de vivir los tres como una pequeña comunidad, en la cual el aprendizaje de las cosas espirituales ocupaba lugar preferente." (Raissa en "Las aventuras de la gracia", cap. VIII).

La referencia a "los tres" se debe a la presencia de la hermana de Raissa, Vera, que desde 1906 vivió con ellos formando "una pequeña comunidad. Vera había decidido vivir con ellos por vocación religiosa".

En 1911 escribe su artículo sobre "Los dos bergsonismos", donde distingue el bergsonismo de intención, al cual admira, y el bergsonismo como sistema, al cual condena, y dice:

"Si alguna vez se tratase de aislar y liberar este bergsonismo de intención, parece natural que pasando al acto iría a liberar y ordenar sus potencias en la gran sabiduría de Santo Tomás de Aquino".

Desarrolla ampliamente esta tesis en su libro "De Bergson a Santo Tomás de Aquino", que es posterior.

Muchos años después Raissa visita a Bergson, el cual le dice:

"Usted sabe, que cuando su marido oponía a mi filosofía "de hecho" mi filosofía "de intención" como conteniendo ciertas virtualidades no desarrolladas – tenía razón...Después hemos ido el uno contra el otro, y nos hemos encontrado en medio del camino". (Raissa, op. cit.).

Bergson se convirtió al catolicismo al final de su vida, pero no quiso bautizarse para no dar la impresión de que abandonaba a su pueblo judío en tiempos de la persecución hitleriana. Un poco antes de su muerte había escrito que, poco familiarizado con la obra de Santo Tomás,

" se había encontrado, no obstante, cada vez que tropezó con un texto suyo, de acuerdo con él, y que admitía perfectamente que se situase su filosofía en la prolongación de la de Santo Tomás" (Raissa).

Luego vienen, en 1913, las conferencias de Maritain sobre el bergsonismo, en un contexto en que los discípulos católicos de Bergson, desarrollando lo que Raissa llama un "bergsonismo barato", se encaminaban hacia un irracionalismo sentimentalista y pragmático que desembocaba en el modernismo. Decía entonces Maritain:

"No existe más que un solo medio para que el alma y la inteligencia puedan vivir en la paz de Dios, y crecer en gracia y en verdad: ese medio es la luz tomista...Al destruir la Inteligencia y la Razón, y la Verdad natural, se destruyen los cimientos de la Fe. Por esa razón una filosofía que blasfema de la inteligencia nunca será católica."

Grandes discusiones en todo París después de cada una de estas conferencias de los martes. Dice Raissa: "Aquellas conferencias de 1913 fueron la primera manifestación del renacimiento tomista en Francia". Después de que la renovación de León XIII había sido llevada a cabo ante todo por teólogos, dice Raissa,

"ahora salía Santo Tomás del círculo de las controversias eclesiásticas. Por primera vez el pensamiento tomista reclamaba sus derechos en la existencia profana y la cultura profana, penetraba en el campo cerrado de las filosofías contemporáneas, entraba en competencia con ellas en su propio terreno, tan joven y más viviente que las doctrinas del día.

Era una gran novedad para la época, y Jacques no se preocupaba de la opinión ni del resultado inmediato; pensaba con angustia en el porvenir de la inteligencia, y sabía que la excesivamente alta sabiduría de Santo Tomás estaba hecha para ser en el primer momento desconocida. Quería servirla si es preciso como solitario y desesperado; pensaba que algunas raras inteligencias tal vez se interesasen en el asunto, y que su trabajo, oculto primeramente en la tierra, prepararía nuevas germinaciones que surgirían mucho más tarde. Han surgido antes de lo que él pensaba; pero Jacques no esperaba para sí mismo sino la contradicción, la cual por lo demás nunca le ha faltado". (Raissa, op. cit.) 

1913 - MARITAIN, Jacques: La philosophie bergsonienne.

1914 – Maritain acepta la cátedra de Filosofía Moderna en el Instituto Católico de París, donde permanece hasta 1939. Reconciliación con Péguy, que morirá ese año en el campo de batalla, luego de haber pasado la noche rezando ante un altar de la Virgen.

1914 – Primera Guerra Mundial. Maritain se presentó tres veces al servicio militar, pero fue rechazado por una afección de pleuresía que tenía desde su infancia. Durante la guerra mueren Charles Péguy, Ernest Psichari, el P. Clérissac, y Pierre Villard, joven acaudalado a quien Maritain, sin conocerlo, había tratado de ayudar espiritualmente con sus cartas y que a su muerte dona la mitad de su fortuna (50.000 francos) a los Maritain "para mantener el patrimonio intelectual y moral de su país". La otra mitad va para Charles Maurras, de quien hablaremos enseguida. Con ese dinero comienza la fundación de los Círculos de Estudios Tomistas en la casa de los Maritain en Meudon.

Ernesto Psichari, amigo de adolescencia de Maritain, es el nieto de Renán, criado en el culto a su abuelo y a su liberalismo filosófico y religioso. Un desengaño amoroso en su juventud lo había llevado primero a la vida disipada, y luego, a la carrera militar como forma de conquistarse a sí mismo. En el desierto del Sahara, representando al imperialismo francés ante los beduinos, siente progresivamente el llamado de Dios, y termina convirtiéndose al catolicismo y entrando en la tercera orden dominicana con la intención de expiar por los pecados de su abuelo. Al comenzar la guerra es enviado al frente con su unidad de artillería, al mando de la cual y con el rosario en la mano muere como un héroe en 1914.

En 1918 Maritain tiene una audiencia con Benedicto XV acerca de un manuscrito que ha escrito en defensa de la aparición de María Virgen en La Salette. Se le aconseja no publicarlo y queda inédito.

De 1919 a 1939, fecha en que el gobierno francés envía a Maritain a EE.UU. ante la perspectiva de la invasión alemana, los Círculos de Estudios Tomistas de Meudon fueron uno de los centros intelectuales más brillantes de Francia, por el que pasaron estudiantes y profesores, seglares y religiosos, filósofos profesionales, médicos, poetas y artistas de todo género, incrédulos, judíos y protestantes.

1919 - MARITAIN, Jacques: Arte y Escolástica.

1920 - MARITAIN, Jacques: Introducción general a la filosofía.

Este libro y "El orden de los conceptos", clásico manual de lógica formal, son los dos primeros tomos de un proyectado curso completo de filosofía tomista en forma manualística y didáctica, "trabajo abrumador, del cual desistió", dice Urdanoz. Las siguientes obras de Maritain son monografías y ensayos más originales , siempre dirigidos a la difusión y defensa del tomismo. Consisten generalmente en colecciones de ensayos sobre diversos temas reunidos por un cierto hilo conductor. Sorprende la variedad de los intereses de Maritain, que van desde las ciencias experimentales y la biología a la mística, pasando por la política, la estética, la lógica, la filosofía en todas su partes, siempre en diálogo y confrontación con los más nuevos hallazgos de la ciencia y la filosofía de su tiempo, cumpliendo su programa de integrarlo y discernirlo todo a la luz de los principios de Santo Tomás.

1920 – Auge de la Action Française, de Charles Maurras, entre los intelectuales. Movimiento opuesto al secularismo y anticlericalismo de entonces, y pro – monárquico, en el que muchos católicos, entre ellos el P. Clérisac, veían más o menos desde 1908 la oportunidad de una vuelta al orden amenazado por el liberalismo. Maurras, sin embargo, era ateo y su lema, "Politique d’abord", contemplaba la utilización del catolicismo como simple medio de pacificación y regulación social. Raissa reconoce que ella y su esposo, demasiado obedientes a las consignas de su director espiritual, el P. Clérissac, que en esto habría según ella extralimitado su función, pospusieron demasiado el examen de los principios filosóficos de la Action Française. Para el P. Clérissac las tendencias democráticas y socializantes de Maritain eran "restos del hombre antiguo que había que arrancar". Maritain esperaba, ingenuamente según dice él después, influir en la filosofía del movimiento en un sentido católico y tomista.

1921 – MARITAIN, Jacques, Theonas ou les entretiens d’un sage et de deux philosophes.

1992 – MARITAIN, Jacques, Antimoderne. En el prefacio, Maritain escribe:

"Excesiva ingenuidad, sería abordar el pensamiento moderno y simpatizar con todo lo que de bueno tiene, sin antes tomar las precaucionies de discernir sus principios espirituales...Por el contrario, una vez hecha esta discriminación, una vez asegurado el trabajo de precisión que garantice, si se me permite, la especificidad de nuestra vida intelectual, entonces, y solamente entonces, podremos y deberemos permitir que opere libremente la tendencia universalista, tan admirablemente manifestada en un Santo Tomás de Aquino, la cual, benévola y pacífica, obliga al pensamiento católico a buscar en todo las concordancias más bien que las oposiciones, los fragmentos de verdad más bien que sus privaciones y desviaciones, a salvar y retomar más bien que a derribar, a edificar más bien que a destruir. En realidad, no falta trabajo a los católicos; y halla suficiente materia su espíritu de iniciativa. A ellos les incumbe hacer frente a una tarea de integración universal..."

Y en el mismo lugar dice:

"si somos antimodernos no es ciertamente por antojo personal, sino por cuanto lo moderno, nacido de la revolución anticristiana, nos obliga con su espíritu a serlo, ya que opone su propia especificación al patrimonio humano, odia, desprecia el pasado y se adora; y por cuanto odiamos y despreciamos ese odio, ese desprecio y esa impureza espiritual; mas si se trata de salvaguardar y asimilar toda la riqueza de ser, acumulada en los tiempos modernos, y de amar el esfuerzo investigador y de anhelar las renovaciones, en verdad optaríamos entonces por ser ultramodernos. ¿Acaso los cristianos no suplican al Espíritu Santo que renueve la faz de la tierra? ¿No esperan ellos la vida del siglo futuro? Allí se hallará la renovación, y para todo el mundo. Nos admira el arte de las catedrales, Giotto y el Angélico; pero detestamos el neogótico y el prerrafaelismo. Sabemos que el curso de los tiempos es irreversible; por más que admiremos el siglo de San Luis, no por eso queremos regresar a la Edad Media, según la absurda aspiración que ciertos críticos agudos con tanta generosidad nos atribuyen; lo que nosotros esperamos es ver restituídos en un mundo nuevo, para informar una materia nueva, los principios espirituales de los cuales la civilización medieval no nos presenta, en sus épocas mejores, más que una realización histórica particular de superior calidad, a pesar de sus enormes deficiencias, pero definitivamente pretérita."

Según Urdanoz, esta obra aún se resiente algo del lenguaje autoritario propio de la época de la adhesión de Maritain a la "Action Française".

1923 - MARITAIN, Jacques: El orden de los conceptos.

1924 – MARITAIN, Jacques: Réflexions sur l’intelligence et sur sa vie propre.

Aquí Maritain desarrolla su posición epistemológica fundamental: el realismo tomista.

La verdad como "adecuación de la mente con las cosas". "La mente , o la inteligencia, no se conforma con alguna imagen, o modelo preexistente en la conciencia o formado en ella, sino con el objeto exterior" (Urdanoz).

El conocimiento como un "hacerse intencionalmente o de un modo inmaterial con la cosa conocida".

La primera aprehensión ya es conformación intencional de la inteligencia con algún aspecto del ser extramental, que es la esencia abstraída de la experiencia sensible.

El acto de juicio, en que se formaliza la verdad, expresa la identidad de esa forma con la cosa existente: "Esa rosa es roja" significa que la "rojez" está en la cosa.

El realismo tomista expresa "la dependencia fundamental del conocimiento del ser independiente de nuestra mente" (Maritain).

"Nuestras ideas no se resuelven en Dios, como creía Descartes, sino en las cosas". El resultado de este realismo inteligible es "el retorno a lo real y a lo absoluto por las vías de la inteligencia, por el primado del espíritu".

Esta obra contiene uno de los más profundos y detallados análisis que conozco del acto de conocimiento intelectual fundamentando su alcance realista.

1924 - 1925 - MARITAIN, Jacques: Trois Reformateurs: Luther, Descartes, Rousseau.

Por esta época funda la colección "Rosseau d’or". Entra en relacion con N. Berdiaeff. Se funda en Río de Janeiro un centro "J. Maritain". En Brasil, uno de sus partidarios más notables ha sido Alceu Amoroso Lima, seudónimo Tristán de Athayde, patriarca de la filosofía católica brasileña de este siglo. En Argentina, junto con la oposición del P. Meinvielle, Maritain gozó del apoyo y fidelidad del P. Octavio Nicolás Derisi y un grupo grande de sacerdotes y laicos. En Chile, más adelante, el presidente Eduardo Frei será lector y amigo personal, si no me equivoco, de Maritain.

1926 – Condenación de la Action Française por el Arzobispo de Bordeaux, y luego por el Papa Pío XI. El periódico y varios libros de Maurras son colocados en el Índice.

1927 - MARITAIN, Jacques: Primacía de lo espiritual. Con este libro y otros, Maritain trata de ayudar a los católicos franceses que habían apoyado a Maurras a comprender y aceptar la decisión de Roma. Todavía en la línea del rechazo al liberalismo político, según Urdanoz, se aparta de Maurras y sus seguidores al afirmar la primacía de la religión sobre la política, y por tanto, de la Iglesia sobre el Estado.

1928 – En los Círculos Tomistas de Meudon Maritain conoce a Emmanuel Mounier, futuro fundador del "personalismo". Maritain colabora al comienzo con la revista "Esprit" de Mounier, pero luego se separa de ella debido a la cercanía de Mounier con los comunistas.

En esta época ocupa la cátedra de Lógica y Cosmología en el Instituto Católico de París.

1930 – MARITAIN, Jacques: Le Docteur Angélique.

La obra se divide en cuatro partes: 1) Una biografía de Santo Tomás. 2) "El sabio arquitecto", cap. 2, donde se estudia la obra de síntesis de todo el saber humano filosófico y teológico que Santo Tomás realizó en su tiempo, "estructurándola sobre las evidencias del ser y dándole un carácter de perennidad y universalidad de que carecen los demás sistemas (Urdanoz) 3) "El apóstol de los tiempos modernos", cap. 3, una de las más profundas exposiciones que conozco de las razones para ser tomista en nuestro tiempo, y 4) "El Doctor Común", "donde recoge abundante acopio de los textos pontificios para mostrar su singular situación de privilegio sobre las demás filosofías y doctores católicos y la prescripción de la Iglesia de seguir su doctrina" (Urdanoz").

Dice Maritain en el Prefacio de la obra:

"A decir verdad, en el fondo de cuanto ordinariamente se suele oponer al actual renacimiento de la filosofía de Santo Tomás, hay un prejuicio único: uno de nuestros críticos lo sacaba a relucir ingenuamente cuando hablaba de ese "autor del siglo XIII" a quien "se quiere realzar por encima de la historia."

La cuestión estriba en saber si hay o no derecho a admitir algo por encima de la historia, y si pueden existir valores suprahistóricos. ¡No!, responden nuestros censores. Ellos están dispuestos a reconocer que Tomás de Aquino fue una gran luz, tan grande como se quiera, sublime, inmensa: pero con la condición de que esa luz haya brillado pero que ya no brille, con la condición de que de Santo Tomás subsista tan sólo aquello que pudo sobrevivirle, de ola en ola, en el flujo de lo sucesivo. Lo que les ofende, indigna, escandaliza, es el pensamiento de que subsista siempre, él, Tomás de Aquino, que domine la historia, que su luz, porque es espiritual, que su pensamiento, porque es verdadero, perduren hoy, como en tiempos de San Luis, con su grandeza esencial y su esencial eficacia. Sumergiendo toda realidad, aún la espiritual, en el flujo del tiempo, considerando la misma substancia de la sabiduría como esencialmente determinada por el tiempo y por la historia, piensan que reconocer una inmutabilidad cualquiera que por sí misma se impone , es detener el tiempo, inmovilizar la historia, intentar la solidificación del flujo mismo de la sucesión; no entienden que la inmutabilidad de lo adquirido por la sabiduría , no está en el tiempo sino sobre él, y lejos de paralizar la historia acelera su curso y el progreso del saber. Su filosofía, con visos de brillantez, es la miseria misma, una carencia de intelectualidad, un profundo materialismo. Contra ellos sostenemos que la verdad no pasa, que no se diluye con la historia; que el espíritu no fluye, que hay estabilidades no de inercia sino de espiritualidad y de vida; valores que no son temporales; adquisiciones eternas; que el tiempo está en lo eterno como un trozo de oro apretado en una mano, y que la inteligencia es trascendental con respecto al tiempo."

1930 – MARITAIN, Jacques: Religion et culture.

1931 - Con ocasión del centenario de la muerte de San Agustín. Discusión acerca de la Filosofía Cristiana en la Sociedad Francesa de Filosofía: BRÉHIER, BRUNSCHVICG, GILSON, MARITAIN.

1932 - MARITAIN, Jacques: Los grados del saber.

Ha sido denominada la "Summa" del pensamiento de Maritain. Obra de unas 750 páginas en su versión castellana, en las que expone toda su filosofía sobre la base de una consideración integral del conocimiento humano.

La obra tiene una Introducción donde explica el sentido del subtítulo: "Distinguir para unir".

En oposición al univocismo moderno, sea en su vertiente idealista, que abandona el ser, sea en su vertiente materialista, que abandona el espíritu, y que coinciden en elegir un cierto tipo de ciencias para construir según el toda la filosofía del saber, el tomismo, gracias a su comprensión analógica del ser y por tanto del conocimiento, permite integrar en una síntesis unitaria las diferentes formas, jerárquicamente organizadas, del ser y del conocer, sin atentar contra la especificidad y diversidad propia de cada una. "Distinguir para unir", porque "nadie conoce verdaderamente la unidad si ignora la distinción".

Después del Cap. I, cuya lectura recomiendo, sobre la "Grandeza y miseria de la metafísica", se divide en dos grandes partes: 1) Los grados del saber racional (cap. II – V) y 2) Los grados del saber suprarracional (cap. I – III), con una Conclusión sobre "Todo y nada", y una serie de apéndices sobre diversos temas tratados en la obra.

La primera parte trata sobre todo de la filosofía, pero también de las ciencias experimentales, y algo de la teología. La segunda parte trata de la relación entre la mística y la filosofía (cap. I) , de la comparación entre la sabiduría agustiniana y la sabiduría tomista (cap. II, excelente paralelo cuya lectura jamás será suficientemente recomendada, y que muestra la diferente vocación de los dos más grandes pensadores del cristianismo) y de la contemplación en San Juan de la Cruz (cap. III). Maritain y su esposa fueron siempre atraídos por la vida mística y contemplativa y en esta obra coloca la "ciencia de los santos" como la cumbre del conocimiento posible en esta vida, superada solamente por la visión beatífica. La conclusión trata de la doctrina de la "nada" en San Juan de la Cruz.

La primera parte del libro está dedicada a cuatro grandes temas: la relación entre filosofía y ciencia experimental (cap. II), el "realismo crítico" (cap. III), la filosofía de la naturaleza (cap. IV), y la metafísica (cap. V).

En esta obra Maritain acepta la legitimidad de un "realismo crítico", distinguiéndose así de E. Gilson, que en "El Realismo metódico" (1932) había afirmado que un "realismo crítico" era un círculo cuadrado. Lo que interesaba a Gilson sobre todo era poner en claro la inviabilidad de los intentos del Cardenal Mercier y otros de Lovaina de acceder a la metafísica tomista a partir de la duda metódica de Descartes. Estos intentos fueron continuados después por el P. Joseph Marechal S.J., esta vez respecto del pensamiento de Kant, en "El punto de partida de la metafísica", obra que a su vez inspiró el "tomismo trascendental" de Karl Rahner.

En general Gilson condena con gran lucidez en esta obra todo intento de pasar del pensamiento al ser. La duda cartesiana, en efecto, nos priva de todo apoyo ontológico inicial, pues acerca de cualquier afirmación ontológica plantea la incertidumbre de si la realidad corresponderá realmente o no a nuestra afirmación. Si nos recluimos así inicialmente en la pura inmanencia del conocimiento, dice Gilson, jamás podremos obtener a partir de ahí la trascendencia del ser.

Maritain está de acuerdo con esto, pero por otra parte cree que la expresión "realismo crítico" no está necesariamente ligada a ese tipo de especulación, sino que puede usarse para designar la conciencia reflexiva de la evidencia del ser como punto de partida, indemostrable y no necesitado de demostración, de la filosofía. En el fondo reconoce que su diferencia con Gilson es más que nada verbal.

Según Maritain, el punto de partida del conocimiento no es, como para Descartes y los modernos en general, "yo tengo conciencia del conocer", sino "yo tengo conciencia de conocer al menos una cosa: que algo es". Según Urdanoz, la "intencionalidad" del conocimiento en Maritain es distinta de la de Husserl: para éste, se trata de que todo conocimiento apunta a un objeto que no es más que eso: objeto de conocimiento; para Maritain, el objeto sólo es tal porque es la cosa real. Por eso la duda cartesiana es imposible. La "universalis dubitatio de veritate" de Aristóteles y Santo Tomás no es una duda real previa a todo conocimiento, sino una hipótesis que se examina para llegar a la conclusión de su imposibilidad absoluta.

En el análisis del proceso del conocimiento, Maritain insiste mucho, contra Descartes, en que el objeto de conocimiento no es la idea de la cosa , sino la cosa misma, a través de la idea o concepto. Es decir, el concepto no es "obiectum quod" del conocimiento, lo que se conoce, sino "medium quo", aquello mediante lo cual se conoce, y que sólo por una reflexión, que es una segunda intención, se hace objeto de conocimiento él mismo.

Para Maritain, el error fundamental de Descartes y con él de toda la filosofía moderna ha sido tomar las "ideas" por objetos de conocimiento. Una vez hecho esto, la pregunta acerca de si a esos objetos inmanentes corresponden otros objetos trascendentes que serían las cosas reales está naturalmente destinada a una respuesta negativa. Si el punto de partida es inmanente, no puede llevarnos a lo trascendente, porque no se da lo que no se tiene, y la filosofía no es más que la explicitación de su punto de partida. Pero la experiencia nos muestra que lo que inicialmente conocemos no son nuestras ideas, sino las cosas, y sólo por reflexión podemos llegar al concepto del concepto.

Para estructurar los diversos grados del saber, Maritain recurre a la doctrina escolástica y tomista de los tres grados de abstracción, entendida como abstracción formal. Es decir, una abstracción en la cual, en vez de irnos alejando hacia generalidades cada vez más vagas, lo que hacemos es ir pasando de un nivel a otro, específicamente diverso, de la realidad.

Maritain insiste en este carácter específicamente diverso de cada grado del saber, que implica también una metodología propia e intransferible para cada uno. Agrega que esto da lugar a una ordenación jeráquica, "pues los objetos de la ciencia superior son como una forma o un tipo regulador con respecto a los objetos de la ciencia inferior".

Primer grado de abstracción: de la materia individual. Las ciencias y la filosofía de la naturaleza.

Segundo grado de abstracción: de la materia sensible: Las matemáticas, su objeto es la cantidad imaginaria y de mensurabilidad abstracta. Se considera que aquí hay "materia inteligible", por su vinculación a la cantidad, separada sin embargo de toda materia sensible.

Tercer grado de abstracción: de toda materia. El ser puramente inteligible de la metafísica. Este es inmaterial en dos sentidos: negativamente, es el caso del ser en general, que es inmaterial porque no exige necesariamente la materia, ya que puede realizarse tanto en entes materiales como inmateriales, o positivamente, que es el caso de las sustancias espirituales como Dios y los ángeles, que rechazan necesariamente toda materialidad.

No se dice en ninguna parte, que yo sepa, que son tres grados de abstracción sucesivos, uno montado sobre el otro, en el sentido de una progresión lineal y sin diferencias cualitativas, sino que son tres grados de abstracción distintos, o sea, que la mente, al enfocar la realidad, puede proceder, según el caso, según una de estas tres "visualizaciones abstractivas" (término de Maritain) de la realidad. Lo que sí parece decir Maritain es que normalmente la inteligencia realiza esas tres miradas distintas sobre la realidad en el orden que va de la primera a la tercera, como una serie de profundizaciones sucesivas sobre la realidad, hasta llegar a la metafísica, que culmina en el conocimiento natural de Dios. O sea, que si es cierto que una se desarrolla o puede desarrollarse a partir de la otra, también es cierto que para cada una hace falta un punto de partida nuevo y específicamente diferente del de la anterior.

Es interesante la distinción entre "ciencias de explicación" y "ciencias de verificación": la ciencia tiene siempre por único objeto, de acuerdo con Aristóteles, las estructuras necesarias, invariables, de la realidad, pero mientras que las primeras contemplan abiertamente esas necesidades inteligibles y encuentran en ellas las "causas" o las razones o explicaciones de lo real (de modo diverso, la matemática y la filosofía, ciencias deductivas, cada una a su modo), las segundas sólo logran verificar por los efectos sensibles la existencia de esas necesidades, sin poder trascender lo sensible hacia lo inteligible para contemplarlas en sí mismas. Sabemos, por ejemplo, que es una ley natural que el agua hierve a 100º, pero no contemplamos la necesidad inteligible de ello, es decir, no entendemos porqué es así, sino que nos vemos llevados a ello por la experiencia. Esto último es lo que pasa con las ciencias experimentales.

En esta obra se desarrolla ante todo una de las preocupaciones características de Maritain que es el de la relación entre la filosofía tomista y la ciencia experimental moderna, y por tanto, el de la filosofía de la naturaleza o "cosmología". Se aparta aquí de la tradición escolástica al afirmar una diferencia específica entre las ciencias experimentales y la filosofía natural. Según Maritain, una de las causas del descrédito del aristotelismo en el Renacimiento fue la obstinación de los aristotélicos de entonces en querer aplicar la metodología filosófica de Aristóteles para responder a cuestiones sobre la naturaleza que no eran filosóficas, sino propias del nuevo modo de interrogar propio de la ciencia experimental. No puede haber oposición, piensa Maritain, entre la física de Aristóteles y la física de los modernos, y ambas pueden ser verdaderas, puesto que enfocan aspectos diferentes de la realidad.

Se plantea también el problema del estatuto epistemológico de las ciencias experimentales, y lo resuelve acudiendo a la noción escolástica de las "ciencias intermedias", que los medievales aplicaban a la astronomía, que en el esquema de los tres grados de abstracción se situaba entre la física y la matemática: "formalmente matemática, y materialmente física". Maritain habla así de la "matematización de lo real" producida por la nueva ciencia.

Y en cuanto a la relación de estas ciencias con la realidad, Maritain toma una postura distinta de la de otros tomistas contemporáneos, por cuanto afirma, bajo la impresión causada por la relatividad de Einstein, las geometrías no euclidianas, el indeterminismo cuántico, etc., que son más bien interpretaciones simbólicas en las que ante todo cuenta la formulación matemática de las leyes en orden a la predicción de los fenómenos, y no la adecuación a la realidad propia de la verdad en el realismo.

El interés fundamental de Maritain está en fundamentar la filosofía de la naturaleza como ámbito privilegiado de diálogo entre la filosofía tomista y el pensamiento moderno dominado por la fascinación de las ciencias experimentales. Según Maritain, la tentación constante de los científicos modernos está en completar la ciencia experimental con una metafísica por lo general inconsciente y aberrante, como el mecanicismo, el idealismo, el materialismo evolucionista, que nada tiene que ver con los datos científicos. Esa tendencia metafísica incoercible de la mente sólo puede satisfacerse legítimamente en una filosofía realista, una filosofía del ser que muestre el lugar de las ciencias entre los diversos grados del saber y del ser. La tesis fundamental de esta filosofía de la naturaleza es el hilemorfismo aristotélico – tomista.

La metafísica o filosofía del ser es para Maritain la auténtica sabiduría humana, a la cual se subordina la filosofía de la naturaleza, ocupada solamente del "ente móvil" o "ente sensible".

La metafísica se ocupa del "ser en cuanto ser", que abarca absolutamente todo lo que es, si bien a Dios sólo lo alcanza de manera analógica, pero verdadera.

En el ser distinge "lo que es", el ente, sujeto del ser, constituido por la "esencia", que lo que hace que el ente sea lo que es, y el acto de ser o "existencia". En esta obra el acento cae sobre las esencias como principio de inteligibilidad de lo real. En obras posteriores el acento caerá sobre la existencia y en tiempo del auge de Heidegger y Sartre llegará a decir "Corto tratado sobre la existencia y el existente" que Santo Tomás es el único auténtico existencialista, que no cae en el absurdo de rechazar las esencias como los modernos, pero que reconoce como momento básico de toda la realidad no a la esencia sino al "esse" o acto de ser.

La tesis fundamental de esta metafísica es la distinción real de esencia y "esse" en los seres finitos, lo que exige la existencia de un Ser Necesario cuya Esencia es idéntica al Esse mismo subsistente, como Causa Primera de todos los seres contingentes. Esta tesis es negada por otros escolásticos como los suarecianos o los escotistas, que sólo admiten una distinción de razón entre ambos aspectos del ente.

En "Los grados del saber" se preocupa ante todo por la perspectiva epistemológica de la estructura de la metafísica. Analiza el ser como inteligible supremo que reúne en sí a todos los otros inteligibles por el cáracter especial de su abstracción "imperfecta", que no puede dejar fuera, a diferencia de la "abstracción perfecta" propia de géneros y especies, ninguna diferencia, pues todas son. Por eso el ser es un trascendental, no es un género, y es analógico, ya que se predica en cada caso incluyendo la diferencia propia de ese caso junto con el significado común a todos.

En "Siete lecciones sobre el ser" defiende la "intuición abstractiva" como el medio para nuestro primer contacto con el ser como tal en toda su generalidad, sin limitación a este o aquel modo particular de ser, bajo la forma del concepto generalísimo de "lo que es", que es según Santo Tomás lo primero conocido por la inteligencia humana, ya que todo lo que ésta conoce lo conoce como un modo del ser, y por tanto, presupone la noción de ser.

Del ser así entendido derivan los trascendentales, o aspectos inmediatamente derivados de la noción de "ser" en cuanto tal, y que por tanto se encuentran en todo ente: unidad, verdad y bondad, al cual Maritain, siguiendo la tendencia moderna, añade la belleza, contra el sentir tradicional que rechazaba que la belleza fuese un trascendental porque la vinculaba esencialmente a lo sensible.

La metafisica culmina para Maritain con el estudio de los seres espirituales, Dios y los ángeles, que son positiva y no sólo negativamente inmateriales. Se trata de un conocimiento imperfecto, analógico, contra toda tentación racionalista, pero verdadero y que llega a la misma realidad de Dios, contra los agnosticismos que deforman la noción de "teología negativa".

Hacia el final de su vida, Maritain, tal vez bajo el influjo del dolor por la muerte de su esposa, y el recuerdo de ciertas afirmaciones exaltadas de León Bloy, elaboró una teoría del "dolor de Dios" que hoy día es invocada por algunos teólogos que intentan de algún modo negar la inmutabilidad e impasibilidad propias de la naturaleza divina como tal.

También, y quizás por la misma razón, en "Y Dios permite el mal" defiende una teoría de la relación entre gracia y libertad que trata de hallar una especie de vía media entre Báñez y Molina, y que se aparta en algo de la doctrina tomista, luminosamente expuesta por Garrigou Lagrange en "La predestinación de los santos y la gracia".

Por esa época se funda la colección "Les Iles". Comienza a dar un curso cada año en el "Medieval Institute" de Toronto (Canadá).

1932 - Se declara la independencia mutua entre Maritain y el movimiento Esprit.

"Mounier se dedicó a romper ese tópico (que consideraba a las convicciones religiosas como indisolublemente ligadas a las posiciones políticas y sociales más conservadoras y reaccionarias) cuando fundó Esprit. Le animé mucho entonces. Posteriormente he sentido la carencia doctrinal de Esprit y el hecho de que Mounier se interesase menos en profundizar ideas que en agrupar amigos, y sobre todo en ensayar un diálogo imposible con los comunistas. Lo que le protegió siempre fue la admirable rectitud de su fe teologal. Pero filosóficamente había en Esprit mucha debilidad. Sin embargo, Mounier ha hecho una tarea útil y alcanzado su primera meta: desolidarizar al catolicismo de los partidos de derechas y del régimen social del capitalismo"

(Carta de Maritain a Peces-Barba, en Peces-Barba: 1972, pp. 313-314, citado por Calo, J., y Barcala, D., El pensamiento de Jacques Maritain, Cincel, Madrid, 1987.)

Estos autores, representantes del personalismo español y dirigidos por Carlos Díaz, solo ven a Maritain a través de E. Mounier, su maestro (de ellos), lo cual les impide hacer una valoración justa de una figura de filósofo que en su íntima entraña se les escapa, preocupados como están ante todo por la política. Su distinción entre un "gran Maritain", el de los principios, y un "pequeño Maritain", el de las aplicaciones prácticas, cuya pequeñez se debe sobre todo al hecho de haberse negado a hacer concesiones doctrinales y estratégicas al marxismo, debe entenderse en este contexto, poco apto para apreciar a un grande como Maritain.

Ellos mismos se encargan de decirnos cuál era la diferencia radical entre Maritain y Mounier:

"Ésta es la clave de la radical discrepancia entre Maritain y Mounier. Porque éste último, que acepta la metafísica del ser con poco entusiasmo y grandes reservas en el "Manifiesto al servicio del personalismo" (1936), catorce años después se decide abiertamente en "El personalismo" por la metafísica del devenir. Y en la metafísica del devenir la persona no puede ser ontológicamente incomunicable..." (p. 17).

"Ontológicamente incomunicable" quiere decir simplemente que la persona es lo que Kierkegaard llamaba un "singular", es decir, un individuo único e irrepetible que no puede comunicarse como el universal se comunica a los universales inferiores o a los individuos. Lo que la "metafísica del ser" afirma, entonces, es simplemente que nada ni nadie más que yo es yo, y es extraño que el "personalismo" encuentre dificultad en aceptar esta tautología.

Lo que pasa es que para ellos "la persona no es un ser, sino un hacerse...la integración comunitaria de la persona es un postulado de la metafísica del devenir" (p. 17). Si "no un ser sino un hacerse" quiere decir que el ser sustancial de la persona debe completarse en lo accidental (que tiene que ver con la consecución del fin último, por lo que no es nada "accidental" en el sentido vulgar del término) por su acción libre, es lo que dice la "metafísica del ser". Si quiere decir que no hay ser sustancial de la persona, recordamos la melancólica observación de Aristóteles acerca del vuelo sin ave que vuele como expresión de la filosofía heraclitiana.

Del mismo modo, si "integración comunitaria de la persona" quiere decir "naturaleza social del ser sustancial humano", volvemos a la "metafísica del ser". Si quiere decir que en la sociedad humana hay relaciones interpersonales pero no sustancias personales en relación, hace pensar en aquella cadena que era tan firme y fuerte que no necesitaba eslabones. Parece que al pequeño Maritain su "pequeñez" no le quitaba el olfato ni el sentido común, y que 18 años antes de la plena realización movilística de Mounier ya había visto, como buen filósofo, las conclusiones en los principios.

1933 - MARITAIN, Jacques: De la philosophie Chrétienne.

Maritain intenta resolver el problema planteado por la expresión "filosofía cristiana", mediante la distinción entre la esencia (orden de la especificación) y el estado (orden del ejercicio, existencial) de la filosofía: en su esencia la filosofía no es cristiana ni judía sino sólo verdadera o falsa, en su estado existencial, se realiza siempre en un cierto contexto histórico, cultural, existencial y religioso del filósofo, lo cual no puede dejar de influenciarla.

En el plano especulativo, mantiene el carácter puramente racional de la filosofía, aún confortada extrínsecamente por la luz de la fe cristiana, pero en el plano práctico, afirma su famosa tesis de la "filosofía moral adecuadamente tomada": de hecho sólo existe el fin sobrenatural para todo hombre, por lo que la filosofía moral, cuyo fin es enseñar el recto camino en la vida, no puede ser válida sino se subordina y subalterna explícitamente a la teología sobrenatural.

Los teólogos dominicos Th. Deman O.P. y Santiago Ramírez O.P. entablaron con este motivo una larga polémica con Maritain, que queda reflejada en "Ciencia y Sabiduría" (1935), donde responde a las objeciones de éstos sin lograr convencerlos.

Tal vez sea posible ver aquí, junto con las posiciones de Blondel en torno a la "Acción" y la filosofía cristiana, o mejor, "católica", una de las fuentes de la confusión entre filosofía y teología que se ha desarrollado posteriormente. Cfr. también algunos aspectos de la postura de E. Gilson sobre la relación entre filosofía y teología, fe y razón. Esa confusión procede en estos casos de una desconfianza mayor o menor respecto de la razón humana, a la que no se cree capaz de desempeñar correctamente su papel y se la intenta sustituir por la fe religiosa.

1933 - MARITAIN, Jacques: Du Regime Temporel et de la liberté. Según Urdanoz, es aquí donde Maritain se aparta de las tendencias conservadoras y monárquicas de la "Action Française" y vuelve al liberalismo de su tradición familiar, cada vez más acentuado por el progresivo enfrentamiento entre las democracias occidentales y el nazismo.

En algún lugar Maritain reconoce que él mismo es temperamentalmente un "hombre de izquierda", es decir, según sus palabras, un espíritu con tendencia a la negación y al subjetivismo. Es posible que el lema "Vae mihi si non thomistizaverunt" sea la expresión de una lúcida percepción, ayudada por la gracia, de las necesidades y peligros de su condición espiritual.

Aquí avanza las tesis que desarrollará más tarde en "Humanismo integral": Pasaje de la libertad "inicial" a la libertad "terminal", el bien común temporal como "fin intermediario o infravalente", de naturaleza no sólo material sino también moral, por lo que la finalidad de la política es en definitiva el progreso de las personas en libertad interior. Es la filosofía política "comunitaria y personalista" (Mounier), basada según Maritain en su conocida distinción entre "persona" e "individuo": la persona es un todo espiritual, mientras que el individuo es una parte material de la sociedad; el individuo se subordina a la sociedad, pero la sociedad se subordina a la persona. De aquí la estructura pluralista de la sociedad, orientada a garantizar la libertad de autonomía de las personas, y por tanto, la famosa tesis del "Estado laico (no confesional) vitalmente cristiano", así como la de la "Nueva cristiandad" ya no de tipo sacral, como la medieval, sino profana. Abandona la distinción tradicional de "tesis" e "hipótesis" (la "tesis" expresa el ideal ético absolutamente considerado, según el cual el Estado debe ser oficialmente católico, la "hipótesis" expresa la realización posible en una época histórica dada, que puede ser diferente de la "tesis") por la noción de "ideal histórico concreto" de naturaleza analógica: el Estado católico sería solamente una de las realizaciones analógicas posibles, para una época histórica dada, del ideal ético cristiano.

Contradice así la definición boeciana y tomista de la persona: sustancia individual de naturaleza racional, donde se ve que la persona es el mismo individuo, cuando éste es de naturaleza racional. Intenta, al parecer, sintetizar y contrarrestar a la vez el liberalismo (primado de la persona sobre la sociedad) y el socialismo (primado de la sociedad sobre el individuo). Ese es el sentido de la concepción "personalista y comunitaria", lema que al parecer ideó Maritain pero que luego fue adoptado sobre todo por Mounier.

En Santo Tomás, la naturaleza social del hombre está al servicio de la consecución del fin último, que es fin de la persona individual en primer lugar, ya que ella es sustancia, y no la sociedad, que es un entramado relacional de sustancias, en sí mismo de naturaleza accidental. La sociedad y su autoridad están al servicio, en definitiva, del individuo-persona, de donde la sumisión de éste a la sociedad como la parte al todo sólo es legítima en el contexto de esta primacía última del individuo-persona como destinatario inmediato del fin último. Éste es a mi parecer el sentido de la crítica que hace J. Meinvielle en su segunda obra citada más abajo.

1934 – MARITAIN, Jacques: Pour le bien commun. Se trata de un manifiesto que él firma y que levanta revuelo en su tiempo por su aplicación de la doctrina social de la Iglesia expresada en la "Rerum Novarum" y otros documentos posteriores.

1934 - MARITAIN, Jacques: Sept leçons sur l´etre et les premiers principes de la raison especulative.

1935 - Publicación en Madrid de "Problemas espirituales y temporales de una nueva cristiandad". ("Humanismo integral"). Violenta reacción de algunos sectores católicos. Algunos llegan a asociar a Maritain con los comunistas.

1935 – MARITAIN, Jacques: Frontières de la poésie et autres essais.

1935 – MARITAIN, Jacques: La philosophie de la nature. Essai critique.

1935 – MARITAIN, Jacques: Science et Sagesse.

1936 - MARITAIN, Jacques: Humanisme intégral.

Distingue aquí entre humanismo antropocéntrico y humanismo teocéntrico, ideal histórico de la cristiandad medieval e ideal histórico de la nueva cristiandad. "Si la Iglesia es inmutable, la ciudad terrena vitalmente cristiana representa un concepto analógico que puede realizarse en modos esencialmente diversos" (Urdanoz explicando a Maritain).

A propósito del "humanismo antropocéntrico", Maritain hace un análisis del comunismo ruso, en el que ve un dogmatismo metafísico materialista de significado religioso y mesiánico, y cree que en su seno es fácil que la gracia haga surgir muchos "cristianos anónimos" (expresión de Urdanoz), abrigando la ilusión de que un renacer el cristianismo en la Rusia marxista a través de una heroica lucha que abriera el camino al humanismo integral, humano y divino.

Por esta época Maritain decía que el marxismo era la última herejía cristiana, mientras que el nazismo era ya totalmente pagano y anticristiano.

La cristiandad medieval, según Maritain, tenía como principio fundamental una actitud ingenua e irrefleja del hombre medieval que va directamente al objeto y a Dios olvidándose de sí mismo. Concepción sacral de lo temporal, unidad máxima, poder supremo del Papa en lo espiritual y del Emperador en lo temporal. Función sólo ministerial o instrumental de la ciudad terrena respecto de lo espiritual, el bien común temporal como fin infravalente subordinado al fin espiritual de la bienventuranza eterna.

La "nueva cristiandad", por el contrario, tendrá como principio fundamental la actitud refleja y crítica del hombre moderno, que toma su yo como punto de partida. Concepción profana de lo temporal. Autonomía del régimen temporal en cualidad de fin intermedio o infravalente. El "Estado laico sólo vitalmente cristiano". Pluralismo: administrativo, juridico (libertad religiosa), económico: cierta copropiedad y socialización de los bienes, sin llegar al colectivismo estatal.

La tesis de Maritain provocó fuertes polémicas entre los católicos. Entre otros, lo criticaron MEINVIELLE, Julio, De Lammenais a Maritain , Buenos Aires, 1945, Crítica de la concepción de Maritain sobre la persona humana, Buenos Aires, 1948, PALACIOS, Leopoldo Eulogio, El mito de la nueva cristiandad , Madrid, 1951, y varios más. Por aquellas épocas los gobiernos de Franco en España y de Salazar en Portugal intentaban aplicar prácticamente una concepción de la sociedad cristiana diametralmente opuesta a la que expone Maritain en esta obra. En general se veía en Maritain un intento imposible de mediar entre dos bandos antagónicos como el catolicismo y el socialismo, que no conformaría a ninguno de los dos. Por otra parte, los cristianos socializantes reprocharían a Maritain no haberse despojado del todo de las concepciones medievales.

Dice Urdanoz que

"El Concilio Vaticano II, en su declaración de la libertad religiosa, no abrogó (ni pudo hacerlo) la obligación de un pueblo y gobernantes en gran mayoría creyentes de que reconocieran y dieran culto público a Dios." (p. 447).

1937 - Maritain firma el manifiesto de protesta de los escritores católicos contra el bombardeo de Guernica. Según él, se coloca solamente del lado de los que sufren en esa guerra.

Por esa época se reanudan las relaciones de Maritain y su esposa con Henri Bergson, que también por ese año se adhiere al catolicismo.

1938 – MARITAIN, Jacques: Questions de conscience.

1938 – MARITAIN, Jacques: Situation de la poésie.

Visita Brasil y Argentina. También estuvo por entonces, al parecer, en Uruguay. Me han mostrado o he oído hablar de la pieza en que estuvo durante su estancia entre nosotros.

También en 1938 se encuentra con Thomas Merton en Nueva York.

1939 - Bernanos y Claudel atacan a Maritain, que se exilia a EE.UU. El gobierno francés ha preferido que él y su esposa actúen desde el exilio. Ha sido también una forma de proteger a Raissa, que es de raza judía.

Maritain tuvo siempre una visión muy positiva de los Estados Unidos, en donde veía encarnado su ideal de un sistema democrático, a pesar de que condenaba el capitalismo como un régimen contrario a la visión cristiana del hombre. Para Maritain, por el contrario, el sistema estadounidense era la superación del capitalismo (¡!). Por supuesto que Díaz, Calo y Barcala no dejan de reprochárselo.

1940 - MARITAIN, Jacques: A través del desastre.

1942 – MARITAIN, Jacques: Les droits de l’homme et la loi naturelle.

1942 – MARITAIN, Jacques: Confession de foi.

Participa en la fundación en Nueva York de la Escuela Libre de Altos Estudios, especie de Universidad francesa en el exilio.

El general De Gaulle le pide que forme parte del Comité Nacional para la Francia Libre, pero rehusa atentamente.

Desde 1943 hasta el desembarco de Normandía se dirige semanalmente por radio a sus compatriotas para animar la Resistencia por las ondas de la La voz de América.

En 1943 muere su madre, Geneviéve Fabre.

1943 - MARITAIN, Jacques: Christianisme et démocratie.

Aquí Maritain vuelve sobre el tema del comunismo. Recuerda su condenación por Pio XII y su incompatibilidad con la fe cristiana. Reitera su actitud simpatizante con los "heroicos" esfuerzos de los comunistas de la Resistencia francesa. Exhorta a la cooperación con ellos y augura su conversión a la fe. La máxima perversión es para él el nazismo y el fascismo. Dice Urdanoz:

"Maritain siguió ciego respecto del peligro máximo que representaba el comunismo y su poder destructor. Su inclinación política hacia la izquierda se manifestó, sobre todo, cuando la guerra de España, redactando manifiestos o firmando otros a favor de los republicanos y en contra de los nacionales. Fue reprendido por el P. Garrigou, su maestro, a quien replicó que dejara también él su intromisión política a favor de Franco y se dedicara a la teología."

1943 – MARITAIN, Jacques: Education at the crossroads.

1943 – MARITAIN, Jacques: Art and Poetry.

1944 - MARITAIN, Jacques: Principes d’une politique humaniste.

1944 - MARITAIN, Jacques: De Bergson à Thomas d’Aquin.

1944 - Maritain embajador de Francia ante la Santa Sede. Allí coincide con el Nuncio papal en Francia, Angelo Roncalli, futuro Papa Juan XXIII, y con Mons. Giovanni Battista Montini, futuro Papa Pablo VI, que en su tiempo escribió el prólogo de la versión italiana de "Tres Reformadores". El Papa Pablo VI se referirá a Maritain como a uno de sus "maestros". Díaz, Calo y Barcala encuentran influencia maritainiana en "Mater et Magistra", "Pacem in terris", "Gaudium et Spes", la formulación de los Derechos del Hombre proclamados en París en 1948, y la "Populorum progressio":

"El desarrollo de las naciones, si ha de ser auténtico, tiene que ser completo: de todo el hombre y de todos los hombres. Responde al propósito de Dios. Y es el hombre el responsable y el artífice principal del éxito o el fracaso de su propio desarrollo.

Este desarrollo es obligatorio, resume todos los deberes del hombre y, por la inserción en Cristo, tiene abierto el camino hacia un humanismo trascendente que se alza como finalidad suprema del desarrollo personal". (Pablo VI).

1947 - MARITAIN, Jacques: Court traité de l'existence et de l'existent.

1947 - MARITAIN, Jacques: La personne et le bien commun.

1947 - Maritain es presidente de la delegación francesa a la Segunda Conferencia General de la UNESCO. Pronuncia el discurso de apertura.

1947 – MARITAIN, Jacques: Raison et raisons. Según Urdanoz, aquí Maritain expone una tesis que dará luego origen a la tesis de Rahner sobre los "cristianos anónimos".

"Partiendo de una interpretación desviada de una doctrina de Santo Tomás sobre la obligación de ordenarse a Dios desde el uso de la razón (...) sostiene que el hombre no creyente que desde lo profundo de un acto de libertad auténtico y expresivo de su personalidad, hace su opción por el bien honesto, ya se ordenó debidamente a Dios y recibió la gracia y justificación; tal dirección al bien conllevaría un acto de fe "virtualmente implícito", aunque desconozca o niegue expresamente a Dios. Sería pues, un cristiano inconsciente, por lo que los ateos propiamente tales serían muy pocos. Es la idea de los cristianos anónimos y en realidad ateos, tan aireada por Rahner y desprovista de fundamento sólido." (Urdanoz, op. cit.)

Nos parece que la tesis de Rahner se apoya también en su doctrina del "existencial sobrenatural", con la que intenta hallar una vía media entre De Lubac y la teología tradicional.

1948 - Maritain profesor en la Universidad de Princeton, EE.UU.

1949 – MARITAIN, Jacques: La signification de l’athéisme.

1951 - MARITAIN, Jacques: Neuf leçons sur les notions premières de la philosophie morale.

1951 - MARITAIN, Jacques: Man and the State.

1953 - MARITAIN, Jacques: Approches de Dieu.

1953 - MARITAIN, Jacques: Creative intuition in art and poetry.

En 1954 Maritain sufre un ataque al corazón del que se recuperó lentamente.

1957 - MARITAIN, Jacques: On the philosophy of history.

1958 - MARITAIN, Jacques: América.

G. Phelan, antiguo colaborador, junto con E. Gilson, en Toronto, funda en Indiana el "Jacques Maritain Institute" en la Universidad de Notre Dame. Desde entonces, han surgido otros en otras partes del mundo.

Ya que nombramos a Gilson, digamos que su forma de seguir a Santo Tomás fue muy diferente de la de Maritain. Éste es ante todo un filosófo, que habla de lo real, y que sólo se sirve de la historia de la filosofía de un modo instrumental. Su adhesión a Santo Tomás se realiza mediante la adhesión a la escuela tomista clásica, especialmente a Juan de Santo Tomás, comentarista portugués del siglo XVI. El horizonte de interpretación de Santo Tomás es aquí la metafísica tomista tal como se ha ido elaborando desde el siglo XIII por el Santo y sus comentadores más fieles.

Gilson, por su parte, es un historiador de la filosofía, que llega a ser filósofo y a hablar de lo real sólo a través del estudio de lo que otros filósofos han dicho sobre la realidad. Su enfoque de Santo Tomás es más histórico y crítico en ese sentido de la escuela tomista, a la cual considera culpable, empezando por Cayetano, de deformar el pensamiento del maestro. En general Gilson tiene menos confianza que Maritain en la capacidad de la inteligencia humana y tiende a no distinguir tan claramente entre la fe y la razón, la teología y la filosofía. El horizonte de interpretación de Santo Tomás aquí concede la primacía al análisis de los textos con voluntad de evitar apriorismos en la lectura de los mismos. En estas corrientes, se suele evitar eficazmente el influjo del tomismo tradicional, pero parece que eso se logra sólo al precio de ser a su vez influidos, tal vez inconscientemente, por la filosofía moderna, que es lógico suponer más alejada de Santo Tomás que sus comentaristas. También Chenu y Congar, por nombrar los más conocidos, pertenecen a esta corriente.

Los "tomistas trascendentales" salidos de Marechal y Rahner saludan incluso en Gilson el momento en que el proyecto de León XIII de vuelta a la escolástica, por el impulso que dio a los estudios históricos, se empezó a destruir a sí mismo, mientras que Maritain habría permanecido en la órbita leonina. Parece ser por la correspondencia Maritain-Gilson que el mismo Gilson al final de sus días logró infundir en Maritain disgusto por Cayetano y Juan de Santo Tomás, lo que lo llevó a acercarse a Domingo Báñez, el adversario de Molina, considerado por Gilson como uno de los más fieles comentaristas del Aquinate.

Lo cierto es que Gilson, con su acentuamiento del "esse" por encima de la esencia, a veces se va al extremo y bordea el antiintelectualismo y el fideísmo. La crítica que algunos de sus seguidores hacen de la escuela tomista, (han inventado el adjetivo "tomasiano" o "tomano" (!) para poder hablar del pensamiento de Santo Tomás sin correr el riesgo de confundirlo con sus comentaristas, los "tomistas"...) hace pensar muchas veces que lo que en el fondo buscan es dejar a Santo Tomás desarmado ante la metodología "crítica" de seleccionar los textos apropiados y luego interpretarlos de acuerdo con la filosofía moderna. Rahner, Metz, y muchos otros se han mostrado maestros en este arte "histórico" de sacar a Santo Tomás de su propio contexto para encajarlo a la fuerza en un contexto moderno o contemporáneo, y hacerle decir lo que evidentemente no pudo querer decir.

La fidelidad a la escuela tomista, que obviamente participa del molde mental propio de Santo Tomás mucho más que los kantianos modernos, preservó a Maritain bastante de este tipo de aberraciones, aún cuando su empeño propio era precisamente iluminar con los principios tomistas los hallazgos de los nuevos tiempos.

Por su parte, según M. Sacchi, los "tomistas trascendentales" siguen una doctrina gilsoniana que dice que lo esencial del conocimiento no se da en el concepto, que nos da la esencia, sino en el juicio, que se refiere a la existencia ("El ser y los filósofos"). Combinan esto con la doctrina de Marechal retomada por Rahner según la cual, siguiendo a Kant y a Heidegger, la inteligencia posee un conocimiento apriórico del ser, no obtenido de la experiencia y por tanto no conceptual, "atemático", que recibe su objetividad no de las cosas, sino de su orientación constitutiva al Absoluto, Dios. De ahí derivan la consecuencia del pluralismo teológico, eclesial y religioso: los conceptos no son expresión de la esencia de las cosas obtenida por abstracción de la experiencia, sino del dinamismo apriórico de la mente humana al contacto con la experiencia. Por ello no tienen valor absoluto, y ninguna doctrina filosófica puede pretender un valor de verdad universal e intemporal, por lo que todas en principo están en igualdad de condiciones. El mismo dogma, por tanto, será diversamente intepretado según filosofías diversas, todas igualmente legítimas. Además, esa orientación constitutiva de la inteligencia humana a Dios (esto empalma con De Lubac), hace que todo hombre esté ya en relación con Dios por el solo hecho de ser hombre, lo cual lleva a la doctrina de los "cristianos anónimos", y a situar a las otras religiones en un plano de igualdad con la Iglesia. Cfr. SACCHI, Mario Enrique, El destino de la vida del espíritu bajo el dominio del pensamiento trascendental contemporáneo, en "Ciencia Tomista", 125 (1998), Nº 1, pp. 139 – 156.

En estos días se publicita en Internet una tesis doctoral de un autor evangélico, Ronald McCamy, que analiza una correspondencia entre Maritain y el P. Marechal, donde se discute justamente el intento de este último de llegar a Santo Tomas partiendo de Kant. El libro se llama "Out of a Kantian chrysalis?" (¿De una crisálida kantiana?) y alude a la frase de Maritain en esa correspondencia, de que era escéptico respecto de la posibilidad de ver salir una mariposa tomista de una crisálida kantiana. La historia le ha dado, a mi juicio, y al de McCamy, la razón.

1959 – Muerte de Vera, hermana de Raissa, que vive con ellos desde hace años y sufre de cáncer desde 1956.

1960 – MARITAIN, Jacques: Le philosophe dans la cité.

1960 – MARITAIN, Jacques: La philosophie morale. Examen historique et critique des grands systémes.

1960 – Muerte de Raissa. "Todo ha quedado en mí descoyuntado y roto". Maritain se retira al convento de los dominicos en Touluse, donde se encuentran los restos de Santo Tomás de Aquino. Allí se encuentran también los Hermanitos de Jesús (de Foucauld), a quienes imparte cursos.

1963 – MARITAIN, Jacques: Dieu et la permission du mal.

1965 – MARITAIN, Jacques: Carnet de notes.

1966 - MARITAIN, Jacques: Le paysan de la Garonne.

En este libro, Maritain, que tanto ha influido en la preparación del Concilio Vaticano II, ve en el postconcilio la acción disolvente de la ideología progresista en los medios católicos. Según Urdanoz, dirige acusaciones de

"neomodernismo, reducción de la fe a mitologías, cronolatría, o adoración del tiempo actual y de la moda; de postrarse en adoración ante el mundo y la materia, de olvido de Santo Tomás y, en definitiva, de gran debilidad y decadencia mental. Quizás debiera también preguntarse si no ha tenido, a su vez, parte en tal estado de crisis y decadencia, si sus teorías de una cristiandad secular, profana y que destierra todo lo sacral de la vida pública no han llevado, asimismo, a ese secularismo radical y negador del contenido sobrenatural de la fe cristiana" (Urdanoz, op. cit. ).

En la misma obra Maritain se refiere a los progresistas como "Borregos de Panurgo", y a los conservadores como "Rumiantes de la Santa Alianza". Dice que tratándose de cuestiones socio-políticas se siente más cerca de los primeros, y de cuestiones espirituales y religiosas, de los segundos.

También dice que en ciertos ambientes clericales y laicales del post-concilio alcanza con pronunciar la palabra "mundo" para producir el éxtasis.

1970 - MARITAIN, Jacques: De l’Eglise du Christ.

1971 – Maritain profesa en los Hermanitos de Jesús.

1973 - Muerte de Jacques Maritain. Es enterrado junto a su esposa en el pequeño cementerio de Kolsbheim (Alsacia). En la alocución de ese día, Pablo VI, su gran amigo, le dedicó un sentido recuerdo .

"Sus escritos y su figura – dijo el Papa, que ya lo había elogiado en el discurso de clausura del Concilio Vaticano II - permanecerán en el pensamiento filosófico y de la meditación católica. Fue un gran maestro en el arte de pensar, vivir y orar."

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Por nuestra parte, lo que rescatamos sobre todo de Maritain, en el plano especulativo, es su adhesión incondicional a la verdad católica, y a su más fiel expositor, Santo Tomás de Aquino, a cuyo servicio puso una de las más grandes inteligencias verdaderamente especulativas que se han dado en el catolicismo de este siglo. Maritain nunca se conformó con repetir lo que todos dicen, ni siquiera dentro de la Iglesia, sino que siempre buscó una comprensión personal, clara y rigurosa, profunda, de la verdad revelada, sin concesiones al verbalismo, ni al romanticismo, ni a la retórica piadosa superficial, ni a la diplomacia intelectual, que tanto predominan hoy día.

Hay que decir también que estuvo felizmente libre del prejuicio, lamentablemente tan extendido después de él, sistemáticamente contrario a la escuela tomista, lo cual, si bien no lo ayudó a profundizar en el conocimiento histórico de la doctrina de Santo Tomás, le permitió mantener la comunión intelectual profunda con el Santo, que no se realiza a nivel de la erudición histórica, sino al de las opciones gnoseológicas y metafísicas básicas de una sana filosofía realista que sabe basarse en las intuiciones evidentes y naturales del sentido común.

Es cierto que, según el auténtico espíritu tomista, buscó la verdad encerrada en todo error, pero no lo hizo ante todo por consideración o estrategia respecto de las personas y los grupos, sino por un amor ardiente a la verdad, a la única que hay. No conoció la rutina, y ante cada novedad que le presentó el espíritu de su tiempo lanzó el cable de sonda de la sabiduría del Aquinate en la esperanza de integrarlo todo en Cristo mediante el ministerio intelectual del Doctor Angélico. Pero no fue un "progresista", porque amó la verdad, y sólo acompañó a los más heréticos y nefastos pensadores en tanto ellos siguieron en compañía de la Verdad que ilumina a todo hombre que viene a este mundo.

Al menos, esa fue sin duda su intención, y su realización en la gran mayoría de los casos. En el orden práctico, sobre todo, Maritain, como no podía tal vez ser de otro modo, sufrió las consecuencias de querer pescar verdades, todas las verdades, en los revueltos mares espirituales y sociales del siglo XX. No quedó sin salpicaduras, aunque por supuesto que de ningún modo suponemos que haya claudicado en su inquebrantable adhesión a la fe católica y a la filosofía perenne. Incluso en sus excesos a nivel social y político no podemos dejar de admirar la sed de justicia y la valentía con que se adentró en el terreno quizás más espinoso de todos: el de las tremendas injusticias sociales del siglo que termina, que lamentablemente no han terminado con el siglo.

Por sobre todo, nos deja el mensaje del joven universitario francés, de tradición liberal, socialista y casado con una mujer judía, que ante la suma estupidez y tristeza de la enseñanza positivista oficial llega a pensar en el suicidio, y que descubre en Cristo y en Santo Tomás de Aquino la salvación, respectivamente, para su alma y para su inteligencia. A él, uno de los más grandes luchadores cristianos y católicos de este siglo, nuestro saludo respetuoso y emocionado. Que junto con su maestro Tomás, y su esposa Raissa, interceda ante el Padre, por Jesucristo, en el Espíritu, por el futuro de la inteligencia católica en este tercer milenio del peregrinar de la Iglesia que estamos por comenzar. Así sea.


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