FE Y RAZON
"Omne verum, a quocumque dicatur, a Spiritu Sancto est"
Toda verdad, dígala quien la diga, viene del Espíritu Santo
Los milagros de Jesús como signos reveladores de su identidad
Estudio bíblico-teológico de la multiplicación de los panes
Daniel Iglesias Grèzes
1. Introducción.
Las
razones que me movieron a elegir como tema principal de mi tesina el milagro de
la multiplicación de los panes son en síntesis las siguientes:
·
Los
milagros son rechazados fuertemente por la mentalidad racionalista y
secularista, que intenta eliminar a Dios de la escena del mundo; sin embargo
ellos "son signos certísimos de la revelación y adaptados a la
inteligencia de todos" (Concilio Vaticano I, DS 3009, FIC 46), mediante los
cuales Dios Todopoderoso nos manifiesta su voluntad de compartir con nosotros su
Ser, su Vida, su Sabiduría y su Amor.
·
Jesucristo,
"con su presencia y manifestación, con sus palabras y obras, signos y
milagros,... lleva a plenitud toda la revelación y la confirma con testimonio
divino" (DV 4a). Él "apoyó y confirmó su predicación con milagros
para excitar y robustecer la fe de los oyentes" (DH 11). Los numerosos
milagros de Jesucristo tienen una importancia fundamental para la comprensión
de su Evangelio. Ellos son signos reveladores de la identidad de Jesucristo:
Hijo de Dios encarnado, autorrevelación de Dios y salvación del hombre.
·
El
milagro de la multiplicación de los panes es uno de los acontecimientos
decisivos de la vida pública de Jesús y tiene una gran riqueza de
significados, especialmente por ser la prefiguración del sacramento de la
eucaristía, "fuente y cumbre de toda la vida cristiana" (LG 11a).
Abordaré
este estudio desde las perspectivas correspondientes a las siguientes
disciplinas:
1.
Filosofía:
Intentaré fundamentar racionalmente la posibilidad del milagro.
2.
Teología
Fundamental: Procuraré poner de relieve cómo los milagros de Jesús en general
y la multiplicación de los panes en particular permiten afirmar la credibilidad
de la fe cristiana.
3.
Teología
Bíblica: Presentaré una exégesis (en español) de las narraciones evangélicas
de la multiplicación de los panes y del discurso sobre el pan de vida.
4.
Teología
Dogmática: Expondré brevemente los misterios de la fe cristiana a la luz de
estas reflexiones sobre los milagros de Jesús y la multiplicación de los
panes.
2.1.
La noción católica de milagro.
2.1.1.
El milagro en la teología anterior al Concilio Vaticano II.
Según San
Agustín, la creación incluye dos aspectos: la naturaleza corriente y el
milagro excepcional. Esos dos aspectos corresponden a dos tipos de
"semillas". Las semillas corrientes producen la naturaleza corriente.
Pero la creación contiene también unas "semillas de las semillas",
es decir, unas virtualidades misteriosas que dan origen a transformaciones
incomprensibles.
Santo Tomás
de Aquino distingue dos aspectos en los milagros:
"El
primero, la acción misma que supera la capacidad de la naturaleza: es lo que
hace definir los milagros como `actos de poder´; el segundo es la finalidad de
los milagros, o sea, la manifestación de algo sobrenatural: es lo que hace
denominarlos corrientemente `signos´." (Suma Teológica, II-II, q.
178, a. 1, ad 3).
La teología
escolástica fue dejando caer en el olvido el aspecto de los milagros como
"signos" y los presentó sobre todo como "actos de poder".
La definición del milagro de R. Garrigou-Lagrange expresa la concepción clásica:
"Un
hecho producido por Dios en el mundo y fuera del curso ordinario de toda la
naturaleza creada." (De revelatione per Ecclesiam catholicam proposita,
Roma, 1950, II, 40).
La
renovación de la teología del milagro recibió un fuerte impulso por medio de
las reflexiones de Maurice Blondel, quien volvió a destacar el carácter del
milagro como signo revelador.
2.1.2.
El milagro en la teología contemporánea.
La teología
contemporánea integra en el concepto de milagro tres datos esenciales de la
Revelación:
·
Un
aspecto ontológico: El milagro es una obra trascendente, es decir, imposible a
las criaturas, que supone necesariamente una intervención especial de la
causalidad divina.
·
Un
aspecto psicológico: El milagro es un hecho insólito, un prodigio que provoca
el asombro y la admiración del hombre.
·
Un
aspecto intencional: El milagro es un signo que Dios dirige a los hombres para
manifestarles la sobreabundancia y gratuidad de su amor y conducirlos a un
encuentro con Él.
A partir
de allí, R. Latourelle propone la siguiente definición:
"El milagro es un prodigio religioso, que expresa en el orden cósmico
(el hombre y el universo) una intervención especial y gratuita del Dios de
poder y de amor, que dirige a los hombres un signo de la presencia
ininterrumpida en el mundo de una palabra de salvación".
La
definición del milagro de K. Rahner y H. Vorgrimler se refiere también a los
tres aspectos mencionados:
·
En
primer término mira al aspecto ontológico y lo expresa con precisión:
"Se llama milagro a un suceso que podemos encontrar en el horizonte
de nuestra experiencia humana y que no puede explicarse esencialmente partiendo
de las leyes propias de ese ámbito de experiencia, en principio
conocidas".
·
En
cuanto a los aspectos psicológico e intencional, añade que el milagro es un
suceso que interpela al hombre en el fondo de su existencia y lo llama a un diálogo
con Dios. El hombre creyente acepta con sumisa admiración como inmediatamente
venidos de Dios los sucesos que, después de un serio examen, resultan
inexplicables (no meramente inexplicados de hecho). El milagro es una acción
histórica y libre de Dios que levanta las barreras de la ley natural
introduciendo la naturaleza material en la ley suprema de la economía salvífica.
Por medio de esa obra histórica Dios llama al hombre a un consorcio de vida con
Él. El milagro es la autotestificación histórica de la voluntad salvífica
universal de Dios y de su actuación histórica en los profetas y sobre todo en
Jesucristo.
·
Por
último destaca el aspecto escatológico del milagro, que queda especialmente
claro en el más importante de los milagros: La resurrección de Cristo. Ésta
testifica al hombre la consumación prometida por Dios, como fuerza salvífica
que opera en las sombras en la situación presente.
2.2.
La posibilidad del milagro.
2.2.1.
Fundamentación desde la filosofía cristiana.
Dios es
causa universal y no ha creado el mundo por una necesidad de su naturaleza. La
libertad de Dios no se agota en el solo acto de la primera creación. Es
infinita, imprevisible e inagotable en la gratuidad de sus iniciativas. El
universo está abierto y subordinado a la acción trascendente de Dios. Por lo
tanto, Dios puede sobrepasar libremente las causalidades naturales,
interviniendo en la red de causas particulares; pero sólo Él es capaz de
hacerlo y, propiamente hablando, no hay milagro que no provenga de Dios. El
milagro es una intervención de Dios en el mundo situada entre la primera creación
y la transformación final de todo.
El hecho
milagroso tiene su lugar en el orden providencial. Es compatible con el plan
providencial según el cual Dios ordena todas las criaturas a su fin último.
Supera todo el orden de la naturaleza creada, pues proviene de un orden más
elevado, el de la gracia sobrenatural, que tiende a manifestar. El milagro es,
pues, un signo perceptible, en el cual el orden de la naturaleza es superado en
vista del orden de la gracia. Es un signo de la gracia de la salvación dentro
del cosmos.
2.2.2.
Respuesta a las objeciones racionalistas.
Hoy en día
muchos rechazan a priori la idea misma de milagro, la credibilidad de esa
intervención de Dios en un universo autosuficiente. El racionalismo,
pretendiendo apoyarse en la ciencia, declara que el milagro es imposible o
inconveniente. No hay nada más indigno de Dios que violar las leyes que él
mismo ha establecido. La actitud racionalista es una visión totalitaria que
hace de la razón humana árbitro de todo, incluso de la acción divina, de lo
que Dios puede o debe hacer. Elimina todo lo sobrenatural: encarnación,
milagros, redención, resurrección, gracia, sacramentos, etc.
La postura
racionalista ante el milagro queda de manifiesto en las siguientes citas:
"Si
en la naturaleza ocurriera algo que contradijera sus leyes universales, estaría
también en contradicción con el decreto, con el entendimiento y con la
naturaleza de Dios" (B. Spinoza).
"Al
ser todo milagro una infracción de las leyes de la naturaleza, y estando estas
leyes establecidas sobre una experiencia firme inalterable, la naturaleza misma
del hecho ofrece aquí, en contra de los milagros, una prueba de experiencia tan
completa como es posible imaginar" (D. Hume).
"Atreverse
a suponer milagros en Dios es realmente insultarle... Es decirle: `Eres débil e
inconsecuente´. Por tanto, es absurdo creer en los milagros; es injuriar en
cierto modo a la divinidad" (Voltaire).
"Si...
el milagro es una cosa inadmisible, he acertado al tratar los libros que
contienen relatos de milagros como historias mezcladas con ficciones, como
leyendas llenas de inexactitudes, de errores y de ideas preconcebidas." La
negación de la posibilidad del milagro y de la inspiración divina de la Biblia
"no son en mí el resultado de la exégesis; son anteriores a la exégesis.
Son el fruto de una experiencia que no ha sido desmentida. Los milagros son
cosas que no ocurren jamás; sólo las gentes crédulas creen verlos; no se
puede citar ni uno solo que haya ocurrido delante de testigos capaces de
constatarlo... Por el solo hecho de admitir lo sobrenatural estamos ya fuera de
la ciencia puesto que admitimos una explicación que no es científica".
(E. Renan).
E. Kant no
niega la posibilidad teórica del milagro, pero considera fútil o absurdo empeñarse
en establecer la autenticidad histórica de los milagros de Jesús o de
cualquier otro milagro.
R.
Bultmann distingue entre milagro y prodigio y declara que los milagros son
ininteligibles en un mundo moderno sometido a la ciencia.
Estos filósofos
generalizaron indebidamente su experiencia, limitada en el tiempo y en el
espacio. Incluso si su experiencia hubiese sido universal y exhaustiva, esto no
probaría que el milagro es imposible. De que no haya habido milagros en el
pasado no se puede inferir que no los habrá en el futuro. E incluso si no
hubiese habido ningún milagro en el pasado y se pudiese saber que en el futuro
tampoco lo habrá, esto no prueba que sea imposible. Sólo es imposible lo que
implica contradicción. Pero el milagro no implica contradicción; no es en modo
alguno absurdo. Para probar la imposibilidad del milagro habría que demostrar
antes que Dios no existe. Tampoco es válido el argumento basado en que los
milagros no han sido probados. Aunque esto fuera verdad, no permitiría
considerar como cierto que los milagros no pueden existir.
Dios no es
objeto de experiencia sensible. Pero de ahí no se deduce que no exista el orden
sobrenatural. La existencia de Dios no implica contradicción alguna con las
ciencias cuyo objeto es lo que existe en nuestra experiencia. Negar la
existencia del orden sobrenatural porque no lo hemos visto nunca constituye un
positivismo grosero.
3.1.
Historicidad de los milagros de Jesús.
3.1.1.
Valor histórico del conjunto de la tradición evangélica.
A este
respecto citaré simplemente la enseñanza del Concilio Vaticano II acerca del
carácter histórico de los Evangelios:
"La
santa madre Iglesia ha defendido siempre y en todas partes, con firmeza y máxima
constancia, que los cuatro Evangelios mencionados, cuya historicidad afirma sin
dudar, narran fielmente lo que Jesús, el Hijo de Dios, viviendo entre los
hombres, hizo y enseñó realmente para la eterna salvación de los mismos hasta
el día de la ascensión." (DV 19).
3.1.2. Criterios de autenticidad histórica.
Es posible
aplicar a los relatos de milagros los siguientes criterios de autenticidad
utilizados por la ciencia histórica:
·
Testimonio
múltiple:
"Un
testimonio concordante, que procede de fuentes diversas y no sospechosas de
estar intencionalmente relacionadas entre sí, merece reconocerse como auténtico."
(R. Latourelle, Milagros de Jesús y teología del milagro, p. 71).
·
Interpretación
diversa, acuerdo en el fondo:
"La
diversidad de la interpretación y las divergencias de detalle proceden de la
actividad redaccional, mientras que el peso y la presión de la tradición se
hacen sentir en el acuerdo de fondo sobre la realidad del hecho conservado y
reconocido por todos. Este acuerdo en la substancia del hecho, coexistiendo con
ciertas fluctuaciones en la redacción y hasta en la interpretación, constituye
un sólido indicio de historicidad." (R. Latourelle, o.c., p. 81).
·
Discontinuidad:
"Se
puede considerar como auténtico un dato evangélico que no puede reducirse bien
a las concepciones del judaísmo, bien a las concepciones de la Iglesia
primitiva, o mejor aún a las dos simultáneamente". (R. Latourelle, o.c.,
p. 73).
·
Conformidad:
"La
venida decisiva del reino de Dios es el tema fundamental de la enseñanza de Jesús...
Se pueden considerar como auténticos los dichos y los gestos de Jesús íntimamente
ligados a este tema." (R. Latourelle, o.c., p. 75).
·
Estilo
de Jesús:
"El
estilo de Jesús es el sello inimitable de su persona sobre todo lo que dice y
lo que hace;... en sus milagros, es idéntico al de su enseñanza; está a la
vez impregnado de sencillez, de sobriedad y de autoridad." (R. Latourelle,
o.c., p. 76).
·
Inteligibilidad
interna del relato:
"Cuando
un dato evangélico está perfectamente inserto en su contexto inmediato o
mediato y es además perfectamente coherente en su estructura interna (en todos
los elementos que la componen), se puede presumir que se trata de un dato auténtico."
(R. Latourelle, o.c., p. 79).
·
Explicación
necesaria:
"Si
ante un conjunto considerable de hechos o de datos, que exigen una explicación
coherente y suficiente, se ofrece una explicación que ilumina y armoniza todos
estos elementos (que de otro modo seguirían siendo un enigma), podemos concluir
que estamos en presencia de un dato auténtico" (R. Latourelle, o.c., p.
82).
3.1.3.
Indicios de historicidad global.
Hay un
conjunto de indicios muy favorables a la historicidad global de los milagros
evangélicos:
·
Los
relatos de milagros ocupan un lugar tan considerable en los evangelios y están
tan íntimamente ligados a su trama que no es posible rechazarlos sin rechazar
los evangelios. Son un dato insoslayable, que exige una explicación. Los
milagros y la predicación de Jesús constituyen una unidad indisoluble, ya que
ambos manifiestan la venida del Reino de Dios.
·
Gran
número de relatos mencionan el carácter público de los milagros de Jesús. Sólo
los milagros explican el entusiasmo que Jesús suscitó en el pueblo y la
presentación de Jesús como taumaturgo en la primera predicación apostólica.
·
Ni
los enemigos más encarnizados de Jesús negaron que Jesús hiciera milagros. No
discuten su actividad de exorcista y taumaturgo, sino la autoridad que
reivindica apoyándose en ella. Jn 11,45-54 indica como causa directa de la
decisión de las autoridades judías de dar muerte a Jesús sus muchos milagros,
y especialmente la resurrección de Lázaro. Esto es tanto más significativo
cuanto que muchos de los grupos judíos de la época rechazaban los milagros o
desconfiaban de ellos. Los milagros de Jesús fueron malinterpretados por las
multitudes y por los dirigentes. El poder humano de producir fenómenos de
apariencia milagrosa podía atribuirse a conocimientos mágicos. Un texto del
Talmud babilonio alude a la actividad taumatúrgica de Jesús, interpretándola
como una acción mágica:
"En
la víspera de la fiesta de pascua se colgó a Jesús. Cuarenta días antes, el
heraldo había proclamado: `Es conducido fuera para ser lapidado, por haber
practicado la magia y haber seducido a Israel y haberle hecho apostatar. El que
tenga algo que decir en su defensa, que venga y lo diga´. Como nadie se presentó
para defenderle, se le colgó la víspera de la fiesta de pascua" (Sanhedrin
43a).
San
Justino atestigua que los judíos del siglo II atribuyeron a Jesús un poder
extraordinario, pero de carácter mágico (cf. Diálogo con Trifón, 69,
6).
3.1.4.
Los milagros de Jesús según Jesús.
Jesús
mismo indica el sentido de sus milagros en tres textos que muy probablemente
pertenecen a la Quelle, fuente hipotética que habría conservado la más
arcaica de las tradiciones sobre los dichos de Jesús. El estudio de esos textos
permite concluir que los milagros de Jesús están sólidamente atestiguados por
una tradición muy antigua que nos da acceso a la vox Jesu. Jesús
relaciona íntimamente sus milagros con la llegada del reino que inaugura con su
persona.
3.1.4.1. La embajada de Juan Bautista y la respuesta de Jesús.
"Juan,
que en la cárcel había oído hablar de las obras de Cristo, envió a sus discípulos
a decirle: `¿Eres tú el que ha de venir, o debemos esperar a otro?´ Jesús
les respondió: `Id y contad a Juan lo que oís y veis: los ciegos ven y los
cojos andan, los leprosos quedan limpios y los sordos oyen, los muertos
resucitan y se anuncia a los pobres la Buena Nueva; ¡y dichoso aquel que no
halle escándalo en mí!´" (Mt 11,2-6; cf. Lc 7,18-23).
·
Es
verosímil que Juan Bautista se haya informado de la actividad de Jesús desde
la cárcel, puesto que su decapitación no tuvo lugar inmediatamente. El
ascendiente de que gozaba Juan sobre Herodes Antipas y varias personas de su
entorno (cf. Mc 6,20; Lc 8,2-3; 24,10; Hch 13,1) permiten pensar que el tetrarca
autorizó a sus discípulos a visitarlo en prisión. El envío de dos discípulos
(Lc) corresponde a la práctica de los maestros del judaísmo.
·
La
comunidad primitiva no habría creado este episodio, poniendo en labios de Juan
una pregunta formulada en tono vacilante y preocupado. Debe tenerse en cuenta
que la Iglesia primitiva presenta al Bautista como aquel que atestigua
abiertamente a Cristo (cf. Jn 1,7.15). Tampoco habría utilizado un título
cristológico tan impreciso ("el que ha de venir"), inusitado en el
judaísmo y en el cristianismo (doble discontinuidad). Finalmente, no habría
omitido los exorcismos ni pasado por alto la respuesta del Bautista.
·
La
referencia a los milagros se comprende mejor en tiempos de Jesús, mientras es
posible constatarlos, que en tiempos de la Iglesia. Después de pascua la apologética
se apoya ante todo en la resurrección de Jesús.
·
En
la respuesta de Jesús nos encontramos con su estilo: se oculta detrás de sus
obras, enfatiza el anuncio de la buena nueva a los pobres y establece un vínculo
entre sus actos y los signos de la llegada del reino. Jesús recurre con
preferencia a Isaías, pero usa los textos proféticos con libertad. No hay
alusión a la venganza que acompaña a los oráculos de Isaías.
3.1.4.2. Invectivas contra las ciudades del Lago.
"Entonces
se puso a maldecir a las ciudades en las que se habían realizado la mayoría de
sus milagros, porque no se habían convertido: `¡Ay de ti, Corazín! ¡Ay de
ti, Betsaida! Porque si en Tiro y Sidón se hubieran hecho los milagros que se
han hecho en vosotras, tiempo ha que en sayal y ceniza se habrían convertido.
Por eso os digo que el día del Juicio habrá menos rigor para Tiro y Sidón que
para vosotras. Y tú, Cafarnaúm, ¿hasta el cielo te vas a encumbrar? ¡Hasta
el Hades te hundirás! Porque si en Sodoma y Gomorra se hubieran hecho los
milagros que se han hecho en ti, aún subsistiría el día de hoy. Por eso os
digo que el día del Juicio habrá menos rigor para la tierra de Sodoma que para
ti´." (Mt 11,20-24; cf. Lc 10,12-16).
·
Según
J. Jeremias, el pasaje presenta varios rasgos típicos del arameo. El término dynameis,
empleado para designar los milagros de Jesús, es característico de la tradición
más antigua.
·
El
nombre de Corazín no se menciona nunca en el resto de los evangelios.
·
El
tono de estos reproches contra tres ciudades determinadas induce a pensar que
Jesús hizo en ellas grandes signos públicos. El juicio sobre Tiro y Sidón,
ciudades paganas, sólo se comprende en labios del mismo Jesús. Su severidad
con las ciudades del lago se basa en su actitud frente a su persona, signo de la
llegada del reino.
·
El
texto reconoce el fracaso de los milagros de Jesús, actitud que contrasta con
la de la Iglesia primitiva (cf. Hch 2,22; 10,38).
·
El
texto manifiesta varias características del mensaje prepascual de Jesús:
llamada a la conversión, recurso a los milagros más que a la resurrección.
3.1.4.3. Logion sobre los exorcismos.
"Él,
conociendo sus pensamientos, les dijo: `Todo reino dividido contra sí mismo
queda asolado, y toda ciudad o casa dividida contra sí misma no podrá
subsistir. Si Satanás expulsa a Satanás, contra sí mismo está dividido: ¿cómo,
pues, va a subsistir su reino? Y si yo expulso a los demonios por Beelzebul, ¿por
quién lo expulsan vuestros hijos? Por eso, ellos serán vuestros jueces. Pero
si por el Espíritu de Dios expulso yo los demonios, es que ha llegado a
vosotros el Reino de Dios´." (Mt 12,25-28; cf. Lc 11,17-20).
·
Los
enemigos de Jesús reconocen sus exorcismos pero los interpretan como una acción
diabólica. Semejante acusación en contra de Jesús no pudo ser inventada por
la comunidad cristiana.
·
Jesús
tiene conciencia de ser el vencedor de Satanás (cf. Mc 3,22-27; Lc 10,18). La
presencia del "yo" es típica de Jesús, lo mismo que el vínculo que
establece entre el reino de Dios y su acción liberadora. La mención del
"reino", concepto arcaico en los evangelios, se expresa aquí en términos
emparentados con los del kerygma primitivo (cf. Mc 1,15). La actividad de
Jesús como exorcista corresponde a su misión mesiánica, ya que en el tiempo
mesiánico se debía manifestar la victoria suprema de Dios sobre el mal.
3.1.5.
Historicidad de los relatos particulares.
Al aplicar
los criterios de historicidad antes enunciados a cada uno de los relatos evangélicos
de milagros es posible concluir que la convergencia y coherencia de esos
criterios constituye una prueba de solidez histórica difícilmente rechazable
(cf. R. Latourelle, o.c., pp. 87-261).
3.2. Teología de los milagros
de Jesús.
3.2.1. Visión cristocéntrica del milagro.
·
Lo
que caracteriza al estudio de los milagros de Jesús en la teología actual es
la preocupación por vincularlos a la persona de Cristo. Del siglo XIX al siglo
XX se pasó de una perspectiva de objeto a una perspectiva de sujeto, de
persona. Antes del Concilio Vaticano II, los milagros y las profecías de
Cristo, los profetas y los apóstoles eran considerados como pruebas externas
aptas para establecer sólidamente el origen divino de la religión cristiana.
El Vaticano II personalizó la revelación y la presentación de los signos. En
una sola frase, la constitución dogmática Dei Verbum relaciona decididamente
los signos con la persona de Cristo, presentando a Cristo a la vez como la
plenitud de la revelación y como el signo por excelencia de la misma: el signo
que manifiesta a Dios y se atestigua como Dios entre nosotros.
"Por
tanto, es él -verlo a él es ver al Padre (cf. Jn 14,9)- el que, por toda su
presencia y por la manifestación que hace de sí mismo, por sus palabras y sus
obras, por sus signos y sus milagros, y más particularmente por su muerte y su
gloriosa resurrección de entre los muertos, y finalmente por el envío del Espíritu
de verdad, da a la revelación su pleno cumplimiento y la confirmación de un
testimonio divino atestiguando que Dios mismo está con nosotros para librarnos
de las tinieblas del pecado y resucitarnos a la vida eterna" (DV 4a).
·
Los
milagros de Jesús son la irradiación multiforme de la epifanía del Hijo de
Dios entre los hombres. Cristo mismo, por entero, es el signo enigmático que
pide ser descifrado, el signo único y total de credibilidad. Él es el signo
primero que incluye y fundamenta todos los demás. Los milagros de Jesús se
presentan como una irradiación de su ser y plantean la cuestión de su
identidad:
"¿Quién
es éste, que hasta el viento y el mar le obedecen?" (Mc 4,41; cf. Mt 8,27;
Lc 8,25).
·
El
Concilio Vaticano II presenta también a los milagros de Jesús como un anuncio
de la llegada del Reino de Dios que se manifiesta en la persona de Jesucristo:
"El
Señor Jesús dio origen a su Iglesia predicando la buena nueva, la llegada del
reino prometido desde hacía siglos en las Escrituras... Este reino brilla a los
ojos de los hombres en la palabra, las obras y la presencia de Cristo... Los
milagros de Jesús atestiguan igualmente que el reino ha venido ya a la tierra:
`Si por el dedo de Dios expulso los demonios, entonces es que el reino de Dios
ha llegado entre vosotros´(Lc 11,20; Mt 12,28). Sin embargo, el reino se
manifiesta ante todo en la persona misma de Cristo, Hijo de Dios e Hijo de
hombre, que ha venido a salvar y a dar su vida como rescate de muchos (Mc
10,45)" (LG 5).
"Cristo
recorría todas las ciudades y aldeas, curando todas las enfermedades y
debilidades, como signo de la llegada del reino de Dios" (AG 2).
·
El
Vaticano II subraya que, si bien Dios ha multiplicado los indicios de su
intervención en la historia, le dejó al hombre la libertad de responder al
mensaje y los signos de la salvación. Los signos no son constrictivos; son
dones y ayudas de Dios que solicitan y sostienen al hombre en su libre decisión
de fe:
"Cristo...
invitó y atrajo a los discípulos con paciencia. Apoyó y confirmó ciertamente
su predicación por medio de milagros, pero era para suscitar y robustecer la fe
de sus oyentes, no para ejercer sobre ellos una constricción" (DH 11).
Este texto remite al siguiente:
"El
diálogo de la salvación no obliga a nadie a acogerlo; fue una formidable
petición de amor que, si constituyó una tremenda responsabilidad para aquellos
a los que iba dirigida, los dejó sin embargo libres para corresponder o para
negarse a ella" (Pablo VI, encíclica Ecclesiam Suam, AAS 56 (1964)
642).
·
Los
milagros de Jesús son el lugar privilegiado de toda teología del milagro, ya
que son los arquetipos de todo milagro verdadero: los del Antiguo Testamento,
los de la vida de los santos y los de la Iglesia universal.
·
El
milagro evangélico tiene un aspecto apologético que precede a la fe y un
aspecto teológico que sigue a la fe. Los dos aspectos son mostrados claramente
por los siete signos narrados en el evangelio de Juan. Si Jesús resucita un
muerto es porque Él es la Resurrección y la Vida; si da de comer a la
muchedumbre es porque Él es verdadero alimento; si da la vista a un ciego es
porque Él es la luz del mundo (cf. C. González, Él es nuestra salvación,
pp. 132-133; X. Léon-Dufour, o.c., pp. 272-273).
·
Siguiendo
la doctrina expuesta en DV 4a podemos atribuir a los milagros una doble función:
la de testimoniar y revelar.
·
Por
una parte, los milagros manifiestan la verdad de la revelación de Cristo.
·
Por
otra parte, los milagros son expresión de la revelación igual que las palabras
de Cristo; no es menos importante conocer los milagros de Jesús que sus
palabras. Podemos recordar aquí la frase de B. Pascal:
"Los
milagros disciernen la doctrina, y la doctrina discierne los milagros"
(Pensamientos, nº 749).
3.2.2. El milagro como testimonio.
El milagro
garantiza la autenticidad de la revelación de Cristo con el poder infinito y la
autoridad de Dios. Este testimonio divino interpela al hombre, invitándolo a
responder a Dios por medio de la fe. Jesucristo confirma su doctrina por medio
de prodigios y signos que disponen al alma a la escucha de la buena nueva y son
llamamientos a la comunión con Dios y al seguimiento de Jesús. Los milagros
que Jesús realiza en su nombre propio son signos de misión divina: atestiguan
que Cristo es un enviado de Dios y, más aún, la verdad de su condición de
Hijo enviado por el Padre. Son testimonios del Espíritu de Dios, que lo revelan
y acreditan como Hijo de Dios, Dios-entre-nosotros (cf. Jn 2,23; 3,2; 7,31).
Si Jesús
es el Hijo de Dios, los signos que permiten identificarlo como tal tienen que
aparecer como una irrupción de Dios en la historia de los hombres. La soberanía,
santidad y sabiduría de Dios hacen estallar nuestras categorías. Los signos de
la gloria de Jesús son signos de poder (milagros y resurrección), santidad y
sabiduría. La resurrección es el signo de los signos, el signo supremo.
Desarrollaremos
la dimensión jurídica del milagro siguiendo la doctrina expuesta por Santo Tomás
de Aquino (cf. Suma Teológica, III, qq. 43-44):
·
El
milagro tiene dos finalidades: el testimonio de la doctrina y de la persona.
Cristo hizo milagros para confirmación de su doctrina y para manifestación del
poder divino que en Él había (cf. Ga 3,5; Jn 5,36; 10,38; 1 Co
14,22).
·
La
naturaleza divina resplandece en los milagros, pero en comunicación con la
naturaleza humana, instrumento de la acción divina (cf. Papa San León, Epístola
a Flaviano, DS 294, FIC 287).
·
Los
milagros de Cristo fueron suficientes para demostrar su divinidad bajo tres
aspectos:
o
por
la especie de las obras (cf. Jn 9,32-33; 15,24).
o
por
el modo de hacer los milagros (cf. Lc 6,19; Mt 8,16; Jn 5,19-21).
o
por
la misma doctrina en que se declaraba Dios (cf. Mc 1,27).
·
Cristo
hizo los milagros con poder divino (cf. Jn 14,10).
·
El
poder divino obraba en Cristo según era necesario para la salud humana. Los
milagros de Jesús se ordenaban a manifestar su divinidad para la gloria de Dios
y para la salud de los hombres, sobre todo la salud del alma (cf. Jn 12,31; Mc
7,37).
·
Cristo
vino a salvar al mundo con el poder de su divinidad y por el misterio de su
encarnación. Curando milagrosamente a los hombres Cristo se mostró como
Salvador universal y espiritual de todos los hombres.
3.2.3.
El milagro como revelación.
El milagro
es un signo que responde a una intención de comunicación con vistas a una
comunión. Considerado como revelación, el milagro es un encuentro personal
entre Dios y el hombre, encuentro que es capaz de transformar y promover al
hombre, liberándolo del pecado y llevándolo a una verdadera conversión.
El milagro
visibiliza y manifiesta en ejercicio el evangelio de la salvación, hablando a
los sentidos y al espíritu. El milagro muestra claramente que la palabra de
Dios es eficaz, haciendo presente el reino de Dios, que es para el hombre la
salvación total. Como transformación del cosmos, el milagro es una figura del
mundo que viene.
El milagro
es un signo polivalente, que apunta simultáneamente hacia diversas direcciones.
Analizaremos los principales valores significativos del milagro según el Nuevo
Testamento:
·
Signos
del amor omnipotente de Dios.
Los
milagros de Jesús son manifestaciones del poder universal y absoluto de Dios;
pero son obras de poder al servicio del amor, que revelan que Dios es amor, rico
en misericordia y cariño. Ese amor toma forma humana en Cristo haciendo visible
al hombre la intensidad del amor divino. Los milagros son signos de la
misericordia de Dios para con los afligidos y doloridos (Lc).
·
Signos
de la llegada del reino mesiánico.
Los
milagros de Jesús son signos de que el Reino de Dios ha llegado (Mc), signos
del cumplimiento de las promesas de Dios (Mt). Significan que en Cristo se han
cumplido por fin las profecías de las Escrituras. Jesús de Nazaret es el Mesías
que trae la salvación esperada, triunfando sobre la enfermedad, la muerte, el
pecado y el diablo. Por medio de sus milagros, Jesús anuncia la buena nueva a
los pobres (cf. Is 42,1-4; 61,1s; Mt 11,4s; 12,17-21; Lc 7,22s).
·
Revelación
del misterio trinitario.
Los
milagros de Jesús son obras comunes del Padre y del Hijo (el Padre realiza esas
obras en el Hijo). Manifiestan la gloria del Padre y del Hijo (el Padre
glorifica al Hijo y es glorificado en Él) y revelan que entre el Padre y el
Hijo hay un misterio de Amor; ambos están unidos por un mismo Espíritu (Jn
10,37-38; 14,10-11).
·
Símbolos
de la economía sacramental.
El
milagro es un signo de la gracia de Dios; expresa los dones espirituales
ofrecidos a los hombres por la gracia de Cristo. En el evangelio de Juan los
milagros de Cristo revelan el misterio de la economía de los sacramentos,
particularmente del bautismo (curación del paralítico y del ciego de
nacimiento) y la eucaristía (multiplicación de los panes).
·
Signos
de las transformaciones del mundo perecedero.
La
transformación del cosmos por el milagro y la transformación del hombre por la
santidad son los signos del orden escatológico. El milagro es signo de una
salvación escatológica y universal, de la liberación y glorificación de los
cuerpos; prefigura las transformaciones que se efectuarán al final de los
tiempos. Esto se aplica sobre todo a la resurrección de Cristo.
·
Signos
de la gloria de Cristo.
Los
milagros de Jesús son cristológicos. No lo acreditan como un simple profeta o
mesías humano, sino que manifiestan su gloria de Hijo único de Dios. Todos los
valores significativos del milagro están unidos a Jesús, el signo por
excelencia (cf. Mt 12,38-42). Él es el reino de Dios que ha llegado, el
cumplimiento de las promesas, la presencia de la misericordia de Dios. En el
evangelio de Juan, los milagros de Jesús están ordenados a revelar y hacer creíble
el misterio de la persona de Cristo, que es el misterio de su origen en Dios
Padre, de su unidad con Él y de la misión que el Padre le encomendó (cf. Jn
10,34-38). Los milagros de Jesús son signos de la presencia salvífica del
reino en Jesús, en relación íntima con su predicación del reino de Dios,
hecho presente por Jesús entre los hombres.
"El
milagro es el signo de la persona de Cristo, la revelación de su identidad...
(Mc 2,8-11). El milagro pertenece a la obra reveladora de Jesús: está
destinado a revelar el poder de salvación que tiene en sus manos el Hijo del
Hombre. Con todo, no atestigua solamente la misión de Cristo, sino también su
misteriosa identidad; el nombre del Hijo del Hombre expresa, en términos
velados, la personalidad divina del Hijo en su condición humana" (J.
Galot, Problemi di Cristologia, Roma, 1977, p. 84).
3.2.4.
Clasificación de los relatos de milagros.
La
clasificación más aceptada hoy es la propuesta por G. Theissen. Está basada
en la naturaleza de las relaciones establecidas entre el taumaturgo y el
beneficiario del milagro y en las motivaciones del milagro. Así se distinguen:
·
Los
exorcismos: manifiestan el aspecto interior del reino de Dios, que es liberación
del pecado y de Satanás.
·
Las
curaciones: manifiestan el aspecto exterior del reino de Dios, que es liberación
de la enfermedad y de la muerte; incluyen las tres resurrecciones.
·
Los
milagros de donación: En estos milagros Jesús interviene en beneficio de la
gente, que experimenta la carencia de un elemento material.
·
Los
milagros de salvamento: En estos milagros Jesús interviene para salvar a uno o
más hombres en una situación todavía más dramática que la de los milagros
de donación.
·
Los
milagros de legitimación: son curaciones que justifican el comportamiento de
Jesús y tienen un carácter de controversia.
·
Las
epifanías: por ejemplo, la transfiguración de Jesús y las apariciones del
Resucitado.
3.2.5.
Originalidad de los milagros de Jesús.
La tradición
evangélica permite descubrir los rasgos específicos (positivos y negativos) de
los milagros de Jesús.
Entre los
rasgos negativos podemos citar los siguientes:
·
Jesús
se niega a hacer milagros en su propio provecho o para la exaltación de sí
mismo (tentaciones de Jesús).
·
Jesús
rechaza la afición por lo maravilloso y todo triunfo fácil que rechace la cruz
(tentaciones, Mc 8,11-12; Jn 6,30-31; Mt 16,4; Lc 23,8).
·
Jesús
se niega a hacer milagros cuando choca contra la falta de fe (Mc 6,1-6; Mt
13,54-58; Mt 16,20; Mc 9,29).
Entre los
rasgos positivos podemos citar los siguientes:
·
El
milagro está destinado a la salvación de todo el hombre, en su unidad de
cuerpo material y alma espiritual.
·
El
milagro se realiza con vistas a una vocación al reino de Dios (cf. Mc 5,1-20).
Tiene una función de liberación y cumplimiento del hombre.
·
El
milagro establece una relación personal con Jesús, transformadora para el
beneficiario. El hombre tiene una participación en el milagro, mediante una
actitud de fe en Jesús (cf. Lc 17,19; 18,39).
·
El
milagro es el lugar de una opción: el hombre puede acoger a Jesús y
convertirse o cerrarse al signo. Es inseparable de la cruz (cf. Jn 9; 11,53).
·
Los
milagros de Jesús tienen carácter eclesial. Jesús trae una salvación
universal (cf. Hch 5,12). Por eso da a sus discípulos el poder de hacer
milagros (cf. Mt 10,8; Mc 16,15-18).
·
Por
los milagros de Jesús el futuro invade el presente. Jesús une en su persona la
espera de la salvación escatológica y su realización presente. Con Jesús el
reino de Dios irrumpe en la historia (cf. Mt 12,28).
·
Los
milagros de Jesús manifiestan el misterio de su persona. Si Jesús trae el
reino de Dios, la razón última de ello está en su misma persona.
4.
El milagro de la multiplicación de los panes.
4.1.
Historicidad de la multiplicación de los panes.
4.1.1. Diversas explicaciones.
La mayor
parte de los exegetas reconocen en el milagro de la multiplicación de los
panes, que tuvo un relieve muy destacado en la predicación apostólica
primitiva, uno de los acontecimientos principales (o incluso críticos) del
ministerio de Jesús. Más adelante trataremos acerca del contenido teológico
de este milagro, que tiene un rico conjunto de significaciones. En relación a
la historicidad de la multiplicación de los panes se han dado diversas
explicaciones:
·
La
explicación natural (Paulus, Holtzmann, Evely) ve en este acontecimiento el
ejemplo de un reparto fraternal.
·
La
explicación existencial (Strauss, Bornkamm, Schweizer, Sölle) considera el
relato como una construcción mítica que resalta la providencia de Dios, sobre
la base de relatos similares del Antiguo Testamento y de otras religiones.
·
La
mayoría de los exegetas contemporáneos admite que en el inicio de la tradición
hubo un acontecimiento misterioso, de alcance mesiánico y escatológico, aunque
algunos se niegan a hablar de milagro.
·
La
exégesis católica tradicional ha visto siempre en este relato (como en tantos
otros) el testimonio de un milagro realmente acontecido.
La
aplicación de los criterios de historicidad enunciados en 3.1.2 a los relatos
de la multiplicación de los panes nos permitirá concluir que verdaderamente
Jesús dio de comer en el desierto a una gran muchedumbre con un número muy
pequeño de panes y de peces (cf. R. Latourelle, Milagros de Jesús y teología
del milagro, pp. 92-95).
4.1.2. Aplicación de los criterios de historicidad.
·
Testimonio
múltiple.
Este
criterio se cumple de forma eminente en la multiplicación de los panes, único
milagro que está narrado en los cuatro evangelios, en seis relatos diferentes.
Como se verá en 4.2, hay muy buenas razones para pensar que las dos
multiplicaciones de los panes de los evangelios de Mateo y de Marcos
corresponden a dos versiones de un mismo acontecimiento. Los relatos de Mt 14,
Mc 6 y Lc procederían de una tradición palestina, mientras que los relatos de
Mt 15 y Mc 8 procederían de una tradición helenista. El relato de Jn, que
incluye un amplio conjunto de detalles que le son propios (p. ej. el discurso
sobre el pan de vida), parece provenir de una tradición joánica relativamente
independiente de las otras dos.
·
Interpretación
diversa, acuerdo en el fondo.
Como
se verá en 4.3, cada evangelista narra el hecho desde su propia perspectiva,
dando detalles levemente diferentes y aportando matices complementarios a su
interpretación teológica.
·
Discontinuidad.
La
multiplicación de los panes evoca diversos episodios del Antiguo Testamento
(cf. 4.3.8) y hace surgir la cuestión del Reino y del Mesías. Los judíos del
tiempo de Jesús esperaban a un nuevo Moisés que habría de renovar el gran
prodigio de la época del Éxodo. No obstante, Jesús rompe con la idea
corriente en Israel de un Mesías político y de un Reino mundano al sustraerse
a los intentos de la gente que quiere nombrarlo rey, suscitando incluso la
incomprensión de sus discípulos (cf. 4.4). Después de la multiplicación de
los panes se pone en evidencia que Jesús pretende liberar a Israel por un
camino totalmente inesperado para sus contemporáneos (anuncios de la Pasión).
·
Conformidad.
El
sentido del signo de la multiplicación de los panes está en concordancia con
el resto de la Revelación cristológica (cf 4.5; 4.6) y tiene funciones y
significados análogos a los del resto de los milagros de Jesús (cf. 3.2).
·
Estilo
de Jesús.
A
pesar del carácter singularmente maravilloso de este prodigio, no pertenece al
terreno de la magia. Jesús actúa, como en los demás milagros, con sencillez y
por su propia autoridad. La sobriedad de los relatos hace eco a la del propio
Jesús: No dicen cómo se obró el prodigio, sino que todos los invitados
comieron hasta saciarse y que se recogieron restos en abundancia.
·
Inteligibilidad
interna del relato.
Los
relatos de la multiplicación de los panes tienen una estructura interna
coherente, se insertan adecuadamente en el contexto de la crisis de la misión pública
de Jesús y se relacionan perfectamente con otros misterios de la vida de Jesús
(como se verá en adelante).
·
Explicación
necesaria.
Sólo
la realidad histórica del milagro es capaz de explicar y armonizar los
siguientes elementos:
o
Como
consecuencia de aquel suceso, Jesús fue considerado como el profeta esperado y
se le quiso proclamar rey (Jn 6,14-15). Jesús se rehusó a ser rey, lo cual
decepcionó a muchos de sus discípulos, que dejaron de seguirlo (Jn 6,66).
o
Después
de la multiplicación de los panes recrudecieron las discusiones de Jesús con
los fariseos y saduceos, quienes le pedían que hiciera una señal (Mt 16,1-4;
Mc 8,11-13; Lc 11,29-32; Jn 6,30-31).
o
Este
episodio, al principio incomprendido por los apóstoles (Mt 16,5-12; Mc 8,14-21;
Lc 12,1), resultó sin embargo fundamental en su camino hacia la fe en la
mesianidad de Jesús (Mt 16,13-20; Mc 8,27-30; Lc 9,18-21; Jn 6,69).
o
El
episodio, único en su género, tuvo gran importancia en la tradición litúrgica,
en la redacción de los cuatro evangelios, en la iconografía de los primeros
siglos y en la tradición patrística.
4.2.
Unicidad de la multiplicación de los panes.
Los
evangelios de Mateo y Marcos refieren dos
multiplicaciones de los panes, mientras que los de Lucas y Juan refieren sólo
una (similar a la primera de Mateo y Marcos). Hoy casi todos los exegetas están
de acuerdo en reconocer un solo suceso milagroso (y no dos), narrado en Mateo y
Marcos según dos tradiciones diferentes.
·
Mt
14 y Mc 6 reflejarían la tradición más arcaica, de origen palestino. Esta
tradición parece situar el suceso en la orilla occidental del lago y habla de
doce canastos, número de las tribus de Israel y de los Apóstoles.
·
Mt
15 y Mc 8 reflejarían una tradición procedente de ambientes cristianos de
origen pagano. Esta tradición sitúa el acontecimiento en la orilla oriental
(pagana) del lago y habla de siete espuertas, número de las naciones de Canaán
(cf. Hch 13,19) y de los diáconos helenistas (cf. Hch 6,5; 21,8).
Esta
explicación parece la más sencilla y coherente, por las siguientes razones:
·
Los
dos relatos presentan gran similitud en cuanto a la estructura externa, el
contenido y varias expresiones:
o
En
ambos casos Jesús da de comer a una multitud, atraviesa el lago, desembarca y
sostiene una controversia con los fariseos.
o
En
ambos casos Jesús siente compasión de la multitud (Mt 14,4; 15,32; Mc 6,34;
8,2); Jesús incluso hace las dos veces la misma pregunta (Mc 6,38; 8,5); etc.
·
En
ambos relatos los apóstoles se muestran perplejos. ¿Cómo explicar esa
sorpresa en el segundo relato si Jesús ya había realizado el prodigio en otra
ocasión?
·
Las
diferencias más notables entre las dos narraciones se refieren a cantidades:
o
El
tiempo que pasó la multitud con Jesús antes del milagro (un día en el primer
relato; tres días en el segundo).
o
La
cantidad de comida disponible antes del milagro (cinco panes y dos peces en el
primer relato; siete panes y unos pocos pececillos en el segundo).
o
El
número de personas alimentadas (cinco mil en el primer relato y cuatro mil en
el segundo).
o
La
cantidad de trozos sobrantes después del milagro (doce canastos en el primer
relato y siete espuertas en el segundo).
·
Los
duplicados de este tipo, comunes en la Biblia, se encuentran con frecuencia en
los Evangelios, y son característicos en Mateo (Mt 4,23; 9,35; Mt 9,27-31;
20,29-34; Mt 9,32-34; 12,22-24; etc.). Son un indicio, probablemente, del
cuidado de los evangelistas por conservarlo todo y de su respeto por la tradición.
·
Si
bien el evangelio de Lucas sigue al de Marcos, no menciona más que una sola
multiplicación de los panes, sin duda porque ha reconocido en los dos relatos
de Marcos la doble recensión de un único suceso.
4.3.1.1. La ejecución del Bautista.
Tanto
Mateo como Marcos colocan la primera multiplicación de los panes inmediatamente
después de la ejecución de Juan el Bautista por orden del rey Herodes (Mt
14,3-12; Mc 6,17-29). Según Mt 14,1-2 (cf. Mc 6,14-16; Lc 9,7-9), Herodes se
enteró de la fama de Jesús y de sus milagros y opinó que Jesús era Juan
resucitado. Cabe pensar que quería dar a Jesús el mismo tratamiento que había
dado a Juan. Ya antes los herodianos se habían confabulado con los fariseos
para eliminar a Jesús (cf. Mc 3,6). Y posteriormente unos fariseos aconsejaron
a Jesús que se fuera porque Herodes quería matarlo (cf. Lc 13,31).
En el
evangelio de Mateo la conexión entre la muerte del Bautista y la multiplicación
de los panes es reforzada por un detalle: Según Mt 14,12-13, los discípulos de
Juan, después de sepultar a su maestro, fueron a informar a Jesús. La noticia
de la muerte del Bautista fue la razón por la cual Jesús se retiró a un lugar
solitario antes del milagro.
Jesús
continuará y consumará la obra comenzada por Juan. La muerte del Bautista
permite inferir que Jesús será entregado al mismo destino de muerte de los
profetas. El martirio del precursor y las dos multiplicaciones de los panes
preanuncian el misterio de la pasión.
4.3.1.2.
La misión de los Doce.
Según
Marcos, la primera multiplicación de los panes fue precedida por la misión de
los Doce (Mc 6,6b-13.30; cf. Lc 9,1-6.10). El deseo de descansar con los apóstoles
que volvían de su misión es aquí la razón por la cual Jesús se retiró con
ellos a un lugar solitario antes del milagro. El éxito de la misión apostólica
permite considerar el momento del milagro como el apogeo del ministerio de Jesús
en Galilea (cf. Lc 10,18).
4.3.1.3. Jesús camina sobre el mar.
En los
evangelios de Mateo, Marcos y Juan, la multiplicación de los panes es seguida
inmediatamente por otro milagro: Jesús caminando sobre el mar (Mt 14,22-31; Mc
6,45-52; Jn 6,16-21). Es muy probable que ambos relatos se transmitieran unidos
ya en la tradición anterior a Marcos, dado que en Marcos y Mateo la perícopa
de la caminata sobre el mar comienza con unas palabras que no se explican más
que por la escena precedente:
"Inmediatamente
obligó a sus discípulos a subir en la barca" (Mc 6,45; cf. Mt 14,22).
La
multiplicación de los panes evoca la institución de la eucaristía y la
entrega de Jesús en la Cruz. El milagro de la caminata sobre las aguas tiende a
ser una epifanía de la gloria de Jesús; evoca la Resurrección. Se anuncian así
los diversos aspectos del misterio pascual. Las numerosas curaciones que se
narran a continuación (cf. Mt 14,34-36; Mc 6,53-56) manifiestan el poder que
tendrá Cristo resucitado.
4.3.1.4.
La crisis del ministerio de Jesús.
Los cuatro
evangelios ubican cronológicamente el milagro de la multiplicación de los
panes en el contexto de un período crítico de la misión mesiánica de Jesús.
Después de ese milagro decrece el entusiasmo del pueblo de Israel, decepcionado
por el sentido espiritual que Jesús da al reino. Jesús se queda con pocos discípulos,
se dedica más a la formación de los Doce apóstoles y realiza viajes a tierras
paganas. La primavera del ministerio de Jesús se va borrando poco a poco para
dejar lugar al fracaso y a las primeras sombras de la pasión. Los indicios de
esta crisis del ministerio de Jesús son numerosos:
·
El
evangelio de Juan es el que describe en forma más aguda esa crisis y el que la
relaciona más directamente con la incomprensión del signo que Jesús realizó
en la multiplicación de los panes. Refiere las divisiones y deserciones que
ocurrieron entre los discípulos después de la multiplicación de los panes y
estrecha más que los sinópticos la relación entre el prodigio y la confesión
de Pedro:
"Desde
entonces muchos de sus discípulos se volvieron atrás y ya no andaban con él.
Jesús dijo entonces a los Doce: `¿También vosotros queréis marcharos?´ Le
respondió Simón Pedro: `Señor, ¿donde quién vamos a ir? Tú tienes palabras
de vida eterna, y nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo de Dios.´
Jesús les respondió: `¿No os he elegido yo a vosotros, los Doce? Y uno de
vosotros es un diablo.´ Hablaba de Judas, hijo de Simón Iscariote, porque éste
le iba a entregar, uno de los Doce. Después de esto, Jesús andaba por Galilea,
y no podía andar por Judea, porque los judíos buscaban matarle" (Jn
6,66-7,1; cf. Mt 16,16s y paralelos).
·
En
los evangelios sinópticos el prodigio de la multiplicación de los panes
prepara otros episodios que le siguen casi inmediatamente: la profesión de fe
de Pedro, el primer anuncio de la Pasión, la Transfiguración de Jesús y el
segundo anuncio de la Pasión.
·
Lucas
sigue la misma secuencia que Mateo y Marcos, omitiendo lo comprendido entre la
primera multiplicación de los panes y la profesión de fe de Pedro, e
intercalando la subida a Jerusalén entre el segundo y el tercer anuncio de la
Pasión:
"Sucedió
que como se iban cumpliendo los días de su asunción, él se afirmó en su
voluntad de ir a Jerusalén" (Lc 9,51).
Jesús
busca a menudo el silencio de la soledad o de la noche para orar (cf. Lc 5,16).
Le vemos dar gracias en el momento de las comidas y orar en acontecimientos
importantes: en el Bautismo (cf. Lc 3,21), antes de la elección de los Doce
(cf. Lc 6,12), en la Transfiguración (cf. Lc 9,28-29), antes de la enseñanza
del Padrenuestro (cf. Lc 11,1), en Getsemaní (cf. Lc 22,41-44), en la cruz (cf.
Lc 23,34.46). Estas oraciones particulares señaladas por los evangelistas,
sobre todo por Lucas, manifiestan la comunicación permanente del Hijo con el
Padre, quien nunca lo abandona y lo escucha siempre. Con su ejemplo, Jesús
inculca a sus discípulos la necesidad y el modo de orar.
La oración
de Jesús a solas en el monte después de la multiplicación de los panes insinúa
la importancia de ese episodio de la vida pública de Jesús.
·
En
Mateo y Marcos esta oración precede a la caminata de Jesús sobre las aguas
(cf. Mt 16,23; Mc 6,46-47).
·
En
Lucas la oración precede a la confesión de Pedro (cf. Lc 9,18).
·
Juan
deja constancia de que Jesús huyó solo al monte, pero no menciona la oración
(cf. Jn 6,15).
Los
protagonistas del hecho son Jesús, los discípulos y la gente.
·
Las
gentes siguieron a Jesús viniendo a pie de las ciudades.
·
En
Mt 14, Mc 6 y Lc la atención se centra sobre todo en los discípulos:
o
Ellos
se acercan a Jesús, le plantean el problema del hambre de la multitud y le
piden que la despida (cf. Mt 14,15; Mc 6,35-36; Lc 9,12).
o
Ellos
reciben de Jesús el mandato de alimentar a la multitud ("Dadles vosotros
de comer"; Mt 14,16; Mc 6,37; Lc 9,13) e insinúan a su Maestro que no
pueden cumplirlo. En la narración de Lucas se preanuncia la función litúrgica
de los Apóstoles en la Iglesia.
·
En
Mt 14 se subraya más aún el papel mediador de los discípulos:
"Se
los dio a los discípulos y los discípulos a la gente." (Mt 14,19; cf. Mt
15,36; Mc 6,41; 8,6; Lc 9,16).
·
En
los seis relatos Jesús toma la iniciativa de dar de comer a las multitudes que
le siguen. Esa iniciativa está más destacada en Mc 15, Mc 8 y Jn.
o
En
Mt 15 y Mc 8 Jesús congrega a los discípulos y plantea él mismo el problema
del hambre de la multitud (cf. Mt 15,32; Mc 8,1-3).
o
En
Jn la atención se centra todavía más en Jesús, quien no sólo plantea el
problema referido (cf. Jn 6,5) sino que distribuye los panes a la multitud y da
la orden de recoger los restos (cf. Jn 6,11-12).
·
La
pregunta que Jesús hace a sus discípulos ("¿Cuántos panes tenéis?";
Mt 15,34; Mc 6,38; 8,5) muestra que el conocimiento humano de Cristo era de por
sí limitado, lo cual correspondía al anonadamiento voluntario que asumió por
la Encarnación (cf. CICa 472).
Según los
evangelios sinópticos, el milagro ocurrió en un "lugar deshabitado"
(cf. Mt 14,15; Mc 6,35; Lc 9,12), un "desierto" (cf. Mt 15,33; Mc
8,4). Mt 14 y Mc 6 enfatizan este hecho indicando al principio del relato que
Jesús se retiró con sus discípulos a "un lugar solitario" (cf. Mt
14,13; Mc 6,31.32). Jesús se complace en retirarse al desierto para orar.
En la
Biblia el desierto tiene dos significados: es un lugar de proximidad con Dios y
un lugar de tentación. Representa simbólicamente la intimidad de la
conciencia, donde Dios habla al corazón del hombre y éste, solo ante Dios,
elige obedecer o desobedecer la voz de Dios.
El tema
del desierto evoca sobre todo dos episodios de la historia de salvación:
·
Los
40 años de peregrinación de Israel por el desierto, entre la primera Pascua y
la entrada en la Tierra Prometida.
·
Los
40 días de ayuno de Jesús en el desierto, después de su Bautismo en el Jordán.
Las tentaciones de Jesús en el desierto se refieren al carácter que habrá de
asumir su misión mesiánica, lo cual permite establecer una clara relación
entre ese episodio y lo ocurrido en la multiplicación de los panes (cf. 4.4.4).
Jesús,
nuevo Moisés y nuevo Elías, enseña a sus seguidores que toda la vida se pasa
en un desierto, en el cual se ha de esperar el pan cotidiano. El marco del
desierto y el recuerdo del maná subrayan que Jesús es el dispensador de la
salvación definitiva.
El
evangelio de Juan no menciona explícitamente al desierto. El milagro se realiza
en las inmediaciones de un monte, al que Jesús sube antes y después del
milagro (cf Jn 6,3.15). Podemos ver en este detalle una alusión a la celebración
de ratificación de la Alianza, que es precedida y seguida por una subida de
Moisés al monte Sinaí (cf. Ex 24). Después del prodigio hecho por Jesús, la
gente lo reconoce como el profeta anunciado por Moisés (cf. Jn 6,14; Dt 18,15).
Sólo el
evangelio de Juan indica la época del año en que ocurrió el prodigio:
"estaba próxima la Pascua, la fiesta de los judíos" (Jn 6,4). El
milagro y el discurso que le sigue adquieren por eso un carácter pascual: El
pan dado por Jesús será la Pascua nueva. Algunos autores señalan que el
detalle de la "verde hierba" (Mc 6,39; cf. Jn 6,10) estaría indicando
que el milagro ocurrió en primavera, es decir en el tiempo pascual.
Acerca de
la hora del prodigio, la tradición sinóptica de la primera multiplicación de
los panes indica que ocurrió "al atardecer"; "la hora -de comer-
es ya pasada" (Mt 14,15; cf. Mc 6,35; Lc 9,12). En tiempos de Jesús los
judíos tomaban la comida principal a media tarde. Sólo en los acontecimientos
solemnes la comida se prolongaba hasta la noche. Esto permite vincular la
multiplicación de los panes con la otra comida nocturna de Jesús mencionada
por los Evangelios: la Última Cena (cf. J. Jeremias, o.c., pp. 45-47).
En todo
relato de milagro se presenta un obstáculo que impone un límite y Jesús
supera el límite por su poder divino. En este caso tenemos a una gran multitud
hambrienta en el desierto. Doscientos denarios no bastarían para darle de comer
y sólo se tienen cinco panes y dos peces. La multitud podría haber sido
distribuída por toda la orilla del lago, aunque no sin grave inconveniente.
4.3.4.
"Sintió compasión de ellos".
Los
relatos de Mt 14, Mt 15, Mc 6 y Mc 8 mencionan que Jesús sintió compasión de
la gente. Las motivaciones y las consecuencias inmediatas de esta compasión de
Jesús son sin embargo diferentes:
·
En
Mt 14 no se explicita el motivo de la compasión; como consecuencia, Jesús curó
a sus enfermos (cf. Mt 14,14).
·
En
Mt 15 y Mc 8 el motivo de la compasión es el hambre física y la falta de
alimentos de la multitud; la consecuencia es que Jesús no quiere despedirlos en
ayunas, para que no se agoten y desfallezcan en el camino (cf. Mt 15,32; Mc
8,2-3).
·
En
Mc 6 Jesús sintió compasión de la gente porque estaban como ovejas sin
pastor; la consecuencia es que Jesús se puso a enseñarles muchas cosas (cf. Mc
6,34). Se subraya así el carácter cristológico del suceso. Los invitados se
recuestan sobre la "hierba verde" (Mc 6,39), expresión que evoca Sal
23,2. Jesús es el buen pastor que alimenta a su pueblo con el pan material y el
pan de la palabra.
Si bien ni
Lucas ni Juan mencionan este sentimiento de Jesús, dejan constancia del modo en
que recibió a la multitud:
·
Lucas
introduce el relato del milagro diciendo:
"Y
él, acogiéndolas, les hablaba acerca del reino de Dios, y curaba a los que tenían
necesidad de ser curados" (Lc 9,11).
De
este modo el prodigio se presenta como un signo de la llegada del reino.
·
Juan
subraya la iniciativa absoluta de Jesús, quien ve a la multitud hambrienta en
el desierto como Yahveh había visto la aflicción de su pueblo en Egipto (cf.
Ex 3,7):
"Al
levantar Jesús los ojos y ver que venía hacia él mucha gente" (Jn 6,5).
·
Según
J. Jeremias (cf. o.c., p. 48), Jesús solía comer con el gran círculo de sus
oyentes. Pero en esta ocasión la comida tiene rasgos muy particulares. Jesús
manda a la gente recostarse sobre el suelo. En aquella época los comensales
estaban sentados durante las comidas ordinarias. Sólo comían recostados en los
banquetes y especialmente en la cena pascual, donde ese gesto, símbolo de
libertad, era una obligación ritual (cf. J. Jeremias, o.c., pp. 49-50).
·
En
Lc y en Jn la orden de Jesús se cumple a través de los discípulos (cf. Lc
9,14; Jn 6,10). El cumplimiento de esta orden da prueba de la fidelidad de los
discípulos, que evidencia su fe incipiente en Jesucristo, y de su capacidad de
mando.
·
En
Mc 6,40 se menciona que la multitud se acomodó en grupos de cien y de
cincuenta; en Lc 9,14 Jesús mismo manda a sus discípulos acomodar a la
multitud en grupos de cincuenta. De este modo se introduce un orden en la
multitud y se crea una gran expectación.
·
Jesús
multiplica los panes y la muchedumbre come hasta saciarse.
El
carácter prodigioso del acontecimiento es subrayado por la detallada referencia
de las cantidades de pedazos sobrantes y de personas alimentadas. La
extraordinaria cantidad de sobras recogidas enfatiza la sobrabundancia
inagotable del don divino. Los discípulos han de recoger las sobras, ya que la
vida no es una serie de milagros ininterrumpidos. Han de tomar precauciones
humanas, aun cuando estén, por la fe, bajo la protección divina.
Jesús
alimenta a las multitudes dándoles panes y peces.
·
El
pan era el alimento por excelencia. Será uno de los dos elementos materiales
que Jesucristo elegirá para constituir el sacramento de la eucaristía.
·
Los
peces son el fruto del trabajo de los discípulos, muchos de los cuales eran
pescadores. Serán la materia de otro milagro de donación (la pesca milagrosa).
El pez fue luego el signo que utilizaron los primeros cristianos para simbolizar
a Jesucristo.
Según J.
Jeremias (cf. o.c., p. 54), la escasez de las provisiones de Jesús y los discípulos
indica que sus comidas cotidianas eran frugales.
Los números
suelen tener un sentido simbólico en la Biblia. Los Padres de la Iglesia
interpretaron en sentido espiritual los cinco o siete panes, los dos peces, los
cinco mil hombres y las doce o siete cestas llenas de los trozos sobrantes (cf.
Santo Tomás de Aquino, La cadena de oro, II, pp. 293-301; 347-353):
o
Los
cinco panes son los cinco libros de la Ley.
o
Los
dos peces son las predicaciones de los profetas y de Juan (o bien los profetas y
los salmos).
o
"El
número de los convidados es el de los futuros creyentes. Porque se dice en el
libro de los Hechos de los Apóstoles (cap. 4) que del gran número del pueblo
de Israel que se hallaba presente, sólo creyeron cinco mil hombres" (San
Hilario; en Santo Tomás de Aquino, o.c., p. 301).
o
Las
doce canastas representan a las tribus de Israel y a los Apóstoles, es decir a
todo el pueblo de Dios. El nuevo Israel en su totalidad ha quedado saciado y la
abundancia permanece.
o
Los
siete panes y las siete espuertas representan a los días de la obra creadora de
Dios. También en este caso se pretende señalar una plenitud o abundancia.
4.3.8.
La multiplicación de los panes y el Antiguo Testamento.
Los
evangelios describen el suceso a la luz de precedentes vetero-testamentarios, en
particular la multiplicación de aceite (2R 4,1-7) y de pan (2R 4,42-44) por el
profeta Eliseo y el episodio del maná y de las codornices (Ex 16; Nm 11).
4.3.8.1.
La multiplicación de pan por Eliseo.
"Vino
un hombre de Baal Salisa y llevó al hombre de Dios primicias de pan, veinte
panes de cebada y grano fresco en espiga; y dijo Eliseo: `Dáselo a la gente
para que coman.´ Su servidor dijo: `¿Cómo voy a dar esto a cien hombres?´ Él
dijo: `Dáselo a la gente para que coman, porque así dice Yahveh: Comerán y
sobrará.´ Se lo dio, comieron y dejaron de sobra, según la palabra de
Yahveh." (2R 4,42-44).
Aunque los
significados de los milagros de Eliseo y de Jesús son distintos, ambos relatos
presentan grandes analogías:
·
Reina
el hambre: los hijos de los profetas no tienen qué comer (2R 4,38); Jesús está
en un lugar desierto; ¿cómo dar de comer a la multitud? (Mt 14,13-15;
15,32-33; Mc 6,32-36; 8,1-3; Lc 9,10-12; Jn 6,1-6).
·
Eliseo
desatiende las objeciones de su criado y ordena dar los panes a la gente (2R
4,42-43); Jesús, sin tener en cuenta las objeciones de los discípulos, ordena
dar los panes a la multitud (Mt 14,16-19; 15,33-36; Mc 6,37-41; 8,4-7; Lc
9,13-16).
·
Todos
comieron y sobró alimento (2R 4,44; Mt 14,20; 15,37; Mc 6,42-43; 8,8; Lc 9,17;
Jn 6,12-13).
·
En
el evangelio de Juan, la semejanza con el milagro de Elías se ve reforzada por
dos coincidencias más entre Jn 6,9 y 2R 4,42:
o
Los
"panes de cebada", donde los sinópticos dicen simplemente panes.
o
La
referencia al "muchacho".
4.3.8.2.
El episodio del maná y de las codornices.
El relato
de la multiplicación de los panes del evangelio de Juan, seguido por el
discurso de la sinagoga de Cafarnaúm, evidencia múltiples contactos con las
narraciones de uno de los milagros grandiosos del Éxodo: El episodio del maná
y de las codornices (Ex 16; Nm 11).
·
Las
menciones del maná (Jn 6,31a.49s) evocan la narración de este episodio en Ex
16.
·
Las
expresiones "pan de Dios" (Jn 6,33) y "pan del cielo" (Jn
6,50) aluden a una gran cantidad de textos bíblicos (Ex 16,4; Ne 9,15; Sal
78,24-25; 105,40; Sb 16,20). Por medio del tema del pan, Juan destaca la
diferencia entre las dos alianzas. El pan de la antigua alianza es alimento
perecedero, que no preserva de la muerte (Jn 6,27.49), mientras que el pan de la
nueva alianza es pan de vida, alimento que permanece para la vida eterna
(6,27.35.48.51). No es Moisés sino el Padre quien da el verdadero pan del
cielo, y el pan bajado del cielo es el mismo Jesús (Jn 6,32b.41).
·
En
Juan hallamos dos citas de la Escritura:
o
La
primera aparece en boca de los judíos que dudan de Jesús:
"Nuestros
padres comieron el maná en el desierto, como está escrito: `Pan del cielo les
dio a comer’" (Jn 6,31b).
Esta
cita no es literal, pero se aproxima a varios textos (Ex 16,4.15; Ne 9,15; Sal
78,24s). No se precisa quién es el donante ni qué es el pan del cielo. En la
continuación del diálogo, Jesús precisa que para sus interlocutores el
donante era Moisés y el pan del cielo era el maná, pero en realidad el donante
era Dios y Jesús es el pan de vida (Jn 6,32-35).
o
La
segunda es una cita libre de Is 54,13 según los LXX:
"En
los profetas está escrito: `Todos serán instruidos por Dios’" (Jn
6,45b).
Jesús
precisa que el doctor de los hombres es Dios, que instruye sin intermediarios.
·
La
disposición y el vocabulario del texto del evangelio de Juan muestran varios
contactos con Nm 11,4-23:
o
"¿Dónde
compraremos panes para que coman?" (Jn 6,5).
"¿Dónde
encontraré carne para dársela a todo el pueblo?" (Nm 11,13).
o
"¿Bastarían
doscientos denarios?" (Jn 6,7).
"¿Bastaría
acaso?" (Nm 11,22).
o
El
tema de las murmuraciones contra Yahveh y Moisés (Ex 16,2.7.8.9.12) es retomado
por Jn 6,41.43. La pregunta de Jn 6,52 ("¿Cómo puede éste darnos a comer
su carne?") es similar a la queja de Nm 11,18: "¿Quién nos dará
carne para comer?".
·
La
conexión entre el maná (pan) y las codornices (carne) en Nm 11 ha podido
influir en la conexión pan-carne de Jn 6,52-58, reinterpretación teológica
del tema eucarístico.
4.3.9.
La multiplicación de los panes y la Última Cena.
Los
propios evangelistas, y posteriormente los Padres de la Iglesia, vieron en el
pan multiplicado por Jesús una prefiguración y preparación de la Eucaristía.
El evangelio de Juan desarrolla esta idea en el discurso sobre el pan de vida
(cf. 4.5.2). Los evangelios sinópticos, en cambio, relacionan la multiplicación
de los panes y la Última Cena por medio de un rito común a ambos
acontecimientos: La fracción del pan.
La acción
de partir el pan era entre los judíos un rito doméstico que inauguraba la
comida familiar. El padre de familia tomaba el pan, recitaba la bendición, lo
partía con las manos y distribuía los trozos a los comensales. Se constituía
así la comunidad de mesa: Los comensales formaban una unidad y Dios se
consideraba presente. La bendición manifestaba que se recibía de Dios el
alimento necesario para la vida. Era una oración de acción de gracias. En los
evangelios se narran los gestos sucesivos de este rito inaugural de la comida en
los relatos de la multiplicación de los panes (Mt 14,19; 15,36; Mc 6,41; 8,6-7;
Lc 9,16; Jn 6,11), de la Última Cena (Mt 26,26; Mc 14,22; Lc 22,19; 1 Co
11,23-24) y de la aparición del Resucitado a los discípulos de Emaús (Lc
24,30). De ahí podemos deducir que:
·
En
la multiplicación de los panes Jesús actúa como padre de todo el pueblo.
·
Hay
un estrecho paralelismo entre la multiplicación de los panes y la Última Cena.
o
La
Iglesia reconoce ese paralelismo al tomar de las narraciones de Mt 14, Mc 6 y Lc
9 un detalle que introduce en las rúbricas de la Misa: "levantando los
ojos al cielo". Mirar al cielo es siempre postura de oración.
o
La
referencia a la institución de la eucaristía está más marcada en Mt 14,
puesto que no explicita la fracción ni la distribución de los peces (que no
tienen significado eucarístico) y da a entender que son sólo los trozos
sobrantes de pan los que se recogen al final del hecho.
En la Última
Cena Jesús dio un significado nuevo a ese rito tradicional, al instituir el
sacramento de la eucaristía, memorial de la Pascua cristiana, sacrificio de la
Nueva Alianza y prenda de la gloria futura. La "fracción del pan"
pasa a significar que todos los que comen de este único pan roto y entregado,
que es Cristo, entran en comunión con Él y forman un solo cuerpo con Él (cf.
1 Co 10,16-17).
El pan
multiplicado en el milagro y el pan del sacrificio cristiano se relatan como
tipo y antitipo. La multiplicación de los panes prefigura la abundancia del único
pan de la eucaristía. Tanto Jesús como los evangelistas son conscientes de
esta relación. Jesús quiso que el reparto gratuito de alimentos que realizó
en la multiplicación de los panes fuera una preparación del alimento celestial
por excelencia, la eucaristía (que será al principio conocida como "la
fracción del pan"). El alimento que da a la multitud es un pan material
que significa la voluntad de Jesús de entregar su cuerpo hasta la muerte para
la salvación de los hombres. La fórmula de la celebración eucarística puede
haber influído en la narración de los sucesos que la prefiguraron.
"El
primer anuncio de la eucaristía dividió a los discípulos, igual que el
anuncio de la pasión los escandalizó: `Es duro este lenguaje, ¿quién puede
escucharlo?´ (Jn 6,60). La eucaristía y la cruz son piedras de tropiezo. Es el
mismo misterio, y no cesa de ser ocasión de división. `¿También vosotros
queréis marcharos?´(Jn 6,67): esta pregunta del Señor resuena a través de
las edades, como invitación de su amor a descubrir que sólo Él tiene
`palabras de vida eterna´ (Jn 6,68), y que acoger en la fe el don de su
eucaristía es acogerlo a Él mismo." (CICa 1336).
4.4.1.
Incomprendida por la multitud.
Los
relatos de la primera multiplicación de los panes de Mateo y Marcos contienen
un detalle llamativo, y a primera vista enigmático:
"Inmediatamente
obligó a los discípulos a subir a la barca y a ir por delante de él a la otra
orilla, mientras él despedía a la gente. Después de despedir a la gente, subió
al monte a solas para orar; al atardecer estaba solo allí." (Mt 14,22-23;
cf. Mc 6,45-47).
Sólo el
evangelio de Juan esclarece el motivo por el cual Jesús se comportó de esa
manera extraña. Jesús
rechazó un intento de hacerlo rey:
"Al
ver la gente la señal que había realizado, decía: `Éste es verdaderamente el
profeta que iba a venir al mundo.´ Dándose cuenta Jesús de que intentaban
venir a tomarle por la fuerza para hacerle rey, huyó de nuevo al monte él
solo." (Jn 6,14-15).
El
prodigio ha encendido un ansia popular de mesianismo temporal. Para preservar a
sus discípulos de esa peligrosa tentación, Jesús les ordena que abandonen el
sitio sin retraso alguno. Hay varias razones que contribuyen a dar verosimilitud
histórica a la interpretación de este hecho como un intento de insurrección
frenado por Jesús:
·
La
expectativa mesiánica más difundida entre los judíos contemporáneos de Jesús
era la que visualizaba al Mesías como un Rey que liberaría a Israel del
dominio de los romanos. Era normal que el pueblo judío viera en los milagros
obrados por Jesús otros tantos signos de la proximidad de esa liberación (cf.
Jn 11,47-48; 12,13).
·
Las
circunstancias del acontecimiento ofrecen indicios favorables a esta
interpretación: Jesús se reúne en el desierto con una gran multitud de
partidarios suyos que han venido a pie desde varias ciudades. Están
entusiasmados con él y lo escuchan durante todo un día, por lo menos. Es
probable que los allí reunidos fueran exclusiva o mayoritariamente hombres. Según
Jn 6,4 estaba próximo el tiempo de pascua, en el que solían producirse las
insurrecciones contra la ocupación romana (cf. Mt 26,5; Lc 13,1-3; 23,19;
etc.).
·
Mateo
y Marcos añaden otro dato que podría favorecer esta tesis al vincular la
multiplicación de los panes con la ejecución de Juan el Bautista por orden del
tetrarca de Galilea. Juan era un profeta muy popular y es natural pensar que su
muerte injusta generó un gran descontento en la población y que ese
descontento se canalizó en torno a Jesús, de quien Juan dio testimonio
asegurando que era el Mesías.
La
multiplicación de los panes representa la coronación y el fracaso de la
actividad de Jesús en Galilea. Al liberar a algunos hombres del mal terreno del
hambre, Jesús realizó un signo mesiánico. Pero la multitud a la que Jesús
alimentó milagrosamente no comprendió que él no vino para abolir todos los
males terrenos, sino para liberar a los hombres de la esclavitud del pecado, que
es el obstáculo en su vocación de hijos de Dios y causa de todas sus
servidumbres humanas. La aclamación de las multitudes
galileas refleja su equívoco sobre la persona de Jesús y sobre la naturaleza
de su mesianismo. No admitían a Jesús, tal como era, sino sus milagros y sus
posibilidades políticas. No deseaban tener parte en un reino de santidad.
4.4.2.
Incomprendida por los fariseos.
En los
evangelios de Mateo y Marcos la segunda multiplicación de los panes es seguida
inmediatamente por una discusión con los fariseos:
"Y
salieron los fariseos y comenzaron a discutir con él, pidiéndole una señal
del cielo, con el fin de ponerle a prueba. Dando un profundo gemido desde lo íntimo
de su ser, dice: `¿Por qué esta generación pide una señal? Yo os aseguro: no
se dará a esta generación ninguna señal.´ Y, dejándolos, se embarcó de
nuevo, y se fue a la orilla opuesta." (Mc 8,11-13; cf. Mt 16,1-4).
La versión
de Mateo tiene algunas diferencias con la de Marcos:
·
Jesús
discute con los fariseos y saduceos.
·
En
lugar de responder con un "profundo gemido desde lo íntimo de su
ser", Jesús reprocha a sus interlocutores que no sepan discernir las señales
de los tiempos mesiánicos, es decir los milagros que Él obra.
·
A
"esta generación" se le dará una sola señal: "La señal de Jonás".
Se puede interpretar esta expresión como una alusión a la muerte y resurrección
de Jesucristo.
4.4.3.
Incomprendida por los discípulos.
A continuación de la mencionada discusión con los fariseos, los
evangelios de Mateo y Marcos narran un episodio que muestra que tampoco los discípulos
de Jesús habían comprendido el signo hecho por su Maestro:
"Los
discípulos, al pasar a la otra orilla, se habían olvidado de tomar panes. Jesús
les dijo: `Abrid los ojos y guardaos de la levadura de los fariseos y saduceos.´
Ellos hablaban entre sí diciendo: `Es que no hemos traído panes.´ Mas Jesús,
dándose cuenta, dijo: `Hombres de poca fe, ¿por qué estáis hablando entre
vosotros de que no tenéis panes? ¿Aún no comprendéis, ni os acordáis de los
cinco panes de los cinco mil hombres, y cuántos canastos recogisteis? ¿Ni de
los siete panes de los cuatro mil, y cuántas espuertas recogisteis? ¿Cómo no
entendéis que no me refería a los panes? Guardaos, sí, de la levadura de los
fariseos y saduceos.´ Entonces comprendieron que no había querido decir que se
guardasen de la levadura de los panes, sino de la doctrina de los fariseos y
saduceos." (Mt 16,5-13; cf. Mc 8,14-21).
·
En
Lc 12,1 hay una advertencia similar contra la levadura de los fariseos, que allí
se identifica con la hipocresía.
·
En
la narración de Marcos, Jesús advierte a los discípulos que se guarden de la
levadura de los fariseos y la levadura de Herodes. La incomprensión de los discípulos
y su educación progresiva (uno de los temas predilectos del evangelista) está
subrayada por una pregunta de Jesús que se corresponde con la frase final de la
narración de la caminata de Jesús sobre el lago:
"¿Es
que tenéis la mente embotada?" (Mc 8,17).
"Pues
no habían entendido lo de los panes, sino que su mente estaba embotada"
(Mc 6,52).
4.4.4.
La multiplicación de los panes y las tentaciones de Jesús.
Es posible
relacionar la multiplicación de los panes con el relato de las tres tentaciones
de Jesús en el desierto (Mt 4,1-11; Lc 4,1-13). Seguiremos el orden de Mateo:
·
En
la primera tentación reaparece el tema de los panes. El diablo pretende inducir
a Jesús a obrar un milagro cuya única finalidad es calmar su hambre física.
En la multiplicación de los panes la gente, los fariseos y los discípulos
cometen este error al no trascender el plano material del prodigio (Mt 16,8-12;
Mc 8,17-21; Jn 6,26-27).
·
En
la segunda tentación el diablo pretende inducir a Jesús a realizar un milagro
meramente espectacular (casi violento) en el sitio más público de todo Israel.
La multiplicación de los panes es quizás el milagro de Jesús más asombroso,
pero Jesús no pretendió la espectacularidad en sí misma sino que la utilizó
al servicio del signo que quiso realizar. Este gran signo fue el resultado de la
situación de penuria de la muchedumbre.
·
En
la tercera tentación reaparece el tema del poder y la gloria de este mundo. El
diablo tienta a Jesús para que desvíe su misión mesiánica convirtiéndose en
un rey mundano. Jesús rechaza esta tentación en la multiplicación de los
panes y en los acontecimientos de la Pasión (cf. Jn 18,36). Cristo desecha la
tentación de un mesianismo político como el que esperaban los judíos y decide
ser fiel a la voluntad del Padre eligiendo ser el siervo sufriente de Yahveh.
La señal
del cielo que pidieron los fariseos y saduceos después de la segunda
multiplicación de los panes es una tentación análoga a estas tres.
4.5.1.
Un milagro de donación.
Se suele
clasificar a la multiplicación de los panes entre los milagros de donación,
junto con la conversión del agua en vino en las bodas de Caná y la pesca
milagrosa. En los tres casos falta un alimento y Jesús interviene espontáneamente.
El milagro se realiza casi sin palabras. No se describe sino que se deduce
claramente del resultado: saturación de la muchedumbre y sobras del pan, pesca
abundante y red que se rompe, abundancia de vino de gran calidad. La conversión
del agua en vino y la multiplicación de los panes simbolizan la nueva Alianza
sellada en la Pascua de Cristo. Entre ambos milagros se completa el simbolismo
de la eucaristía: El pan multiplicado evoca el cuerpo de Jesús; el vino mejor
que corre a raudales evoca la sangre derramada por Jesús. La pesca milagrosa
simboliza la misión de la Iglesia.
Los
"milagros de donación" simbolizan la extraordinaria sobreabundancia
de la vida divina. Sólo Juan narra los tres milagros de donación. Juan subraya
que para estos milagros no se exige la fe como requisito previo. La iniciativa
corresponde a Jesús. El hombre debe reconocer la gratuidad divina en Jesús.
La
multiplicación de los panes, en particular, ilustra la universalidad de los
beneficiarios de los dones sobreabundantes otorgados por el Mesías. Este
aspecto se subraya en Mt y Mc por la presencia de dos multiplicaciones.
4.5.2.
Un signo del Pan de Vida.
El relato
de la Última Cena del evangelio de Juan no menciona la institución de la
eucaristía, aunque el clima de la Cena tiene como fondo la realidad del
misterio eucarístico. La revelación de ese misterio está contenida
esencialmente en el discurso de Jesús en la sinagoga de Cafarnaúm (Jn
6,22-66), que prepara la institución de la eucaristía. En ese discurso el
propio Jesucristo explica el sentido profundo del signo de la multiplicación de
los panes: El don del pan multiplicado anuncia el don del verdadero pan de vida,
bajado del cielo para dar al mundo la vida eterna. Ese don permanente del Padre
es el propio Jesucristo, en su cuerpo entregado y su sangre derramada en la
cruz.
Jesucristo
alimenta a la comunidad que ha fundado con el pan de vida y le enseña a
distribuir ese pan a las multitudes hambrientas. El pan de vida que es Cristo
admite dos interpretaciones complementarias:
·
Es
la Palabra de Dios (perspectiva catequética, espiritualista o sapiencial). En
esta perspectiva "comer" a Jesús es una metáfora que indica la
apropiación, por la fe en Cristo, de la Palabra de Dios, que es verdadero
alimento (cf. Dt 8,2-3; Sb 16,26; Sal 119,103; Pr 9,1-5; Am 8,11; Ez 3,3; Jn
4,32-34).
·
Es
también la Eucaristía (perspectiva eucarística, litúrgica o sacramental). En
esta perspectiva "comer" a Jesús significa apropiarse, por la fe en
Cristo y la participación en la eucaristía, del valor salvífico de su muerte.
Analizaremos
el texto, distinguiendo una introducción, dos partes centrales y una conclusión:
·
Introducción
(Jn 6,22-34).
La
multitud buscaba a Jesús por la utilidad material del milagro que había hecho,
pero se había cerrado a su significado trascendente como señal de la misión
de Jesús (v. 26). Jesús se niega a hacer meros prodigios para satisfacer los
deseos del hombre. El pan multiplicado en la víspera era figura de un alimento
imperecedero. Los milagros de Jesús son la marca del sello del Padre -el Espíritu
Santo-, la señal de que el Padre lo ha enviado (v. 27). Los judíos piden a Jesús
una señal análoga a la del maná que Moisés hizo llover en el desierto (vv.
30-31). Según la creencia judía, el Mesías debía realizar signos y
prodigios. Los judíos que exigen señales no están en marcha hacia la
verdadera fe en Jesucristo. El maná dado por Moisés era sólo una figura del
verdadero pan del cielo dado por el Padre (v. 32). El pan que Dios da tiene un
origen celestial y una eficacia salvífica (v. 33). Los judíos piden a Jesús
que les dé siempre de ese pan (v. 34).
·
Primera
parte (Jn 6,35-47).
Jesucristo
responde que Él es el pan vivo bajado del cielo. Ese pan es asimilable por la
fe y da la vida eterna (vv. 35.40.47). El objetivo que persigue el Padre al
enviar a su Hijo es dar la vida (vv. 38-40). El que cree en Cristo tiene vida
eterna y Él lo resucitará en el último día (v. 40). Los judíos murmuraban
contra Jesús como los israelitas habían murmurado contra Moisés (v. 41; cf.
Ex 16,2; 17,3; Nm 11,1; 14,27). Jesús responde que el Padre es el origen de la
fe en la persona del Hijo venido al mundo (vv. 44-45).
·
Segunda
parte (Jn 6,48-58):
Jesucristo
identifica el pan vivo con su carne, dada como alimento vivificador, para que el
mundo tenga vida eterna (v. 51). Tras la exigencia de la fe en Jesús enviado
por el Padre (encarnación) aparece la fe en Jesús salvador del mundo (redención)
como requisito para obtener la vida eterna. La carne de Jesús es comida que
calma el hambre y su sangre es bebida que calma la sed (v. 55). Adherirse
totalmente a Jesús es entrar en la plena comunión con Dios, consumar la
Alianza con Él (v. 56). El Padre es la fuente de la vida que ha traído el
Salvador (v. 57). El que vive por excelencia es el Padre, de quien el mismo Jesús
recibe la vida continuamente, haciendo de Él su alimento (cf. Jn 4,34). En el
v. 58 Jesús sintetiza el discurso.
·
Conclusión
(Jn 6,59-66): Jesús invita a contemplar el misterio de su exaltación (v. 62).
Sólo el Espíritu de Dios puede dar la vida sobrenatural a través de las
palabras de Jesús y de la práctica eucarística. El poder humano natural no
puede nada en ese orden (v. 63). Los judíos no aceptan la enseñanza de Jesús
y se apartan de él (vv. 60.66).
4.6. Elementos de Teología
Dogmática.
4.6.1.La multiplicación de los panes y el misterio de Cristo.
El milagro
de la multiplicación de los panes revela que Jesús no es sólo un mediador o
un profeta, como Moisés, sino que es el Verbo encarnado, sacramento fundamental
de Dios y dador de la vida eterna. Jesucristo es el signo y el cumplimiento
supremos del amor de Dios a la humanidad. Al apropiarse de nuestra existencia
mortal, el Hijo de Dios se hizo solidario con la comunidad humana y la incorporó
en el misterio de su unión personal con Dios. Quedó destinado a sufrir y morir
como nosotros, pero la muerte no podía ser la etapa definitiva del ser humano
del Hijo de Dios. La resurrección de Cristo, fundada en su carácter personal
divino, llevó a su plenitud la divinización de la humanidad de Cristo.
Por medio
del gesto profético de la multiplicación de los panes, Jesús anticipa el don
de su vida humano-divina en su pasión, muerte y resurrección e invita a los
hombres a participar de esa vida por medio de la fe, el amor y la eucaristía.
Jesús se orienta hacia un momento ulterior de su existencia, en el cual dará
un pan que es su cuerpo, roto y entregado para la salvación de todos los
hombres. Sobre el Verbo encarnado se proyecta la luz y la fuerza del misterio
pascual. Para acercarse a Jesús, para creer en su palabra y acoger su presencia
en la eucaristía, se necesita la gracia de la fe.
4.6.2.La multiplicación de los panes y el misterio de Dios.
El milagro
de la multiplicación de los panes ilustra la infinita misericordia y la
providencia de Dios Padre. Dios es amigo de los hombres, se compadece de ellos y
cuida amorosamente de su pueblo. Su ser mismo es amor todopoderoso y eterno.
Por otra
parte el milagro ilustra la maravillosa fecundidad del amor de Dios. Al dar los
panes y darse a sí mismo en el amor, Jesucristo no experimenta una pérdida ni
una división, sino una ganancia y una multiplicación.
Por último
es posible encontrar en ese prodigio una enseñanza sobre el carácter
trinitario del don de la gracia divina: El pan dado por el Padre es la carne de
Cristo, vivificada por el Espíritu Santo.
4.6.3.La multiplicación de los panes y el misterio del
hombre.
En el
milagro de la multiplicación de los panes Jesús se muestra como el único que,
mediante el don superabundante de su amor, puede saciar el hambre de todos los
hombres, satisfaciendo todas sus necesidades (materiales y espirituales). Los
cristianos se alimentan con el pan de vida sobreabundante; así Jesús está con
ellos y nada les falta.
La Tradición
de la Iglesia ha extraído también de ese prodigio una enseñanza moral. Los
cristianos deben vivir como Jesús, amando y dando su vida por los demás:
"El
ejemplo de los discípulos debe enseñarnos que, aunque sea poco lo que
poseamos, conviene que lo distribuyamos entre los necesitados" (San Juan
Crisóstomo; en Santo Tomás de Aquino, La cadena de oro, II, p. 296).
Jesús no
produce el alimento que da a la multitud "por creación -de la nada- sino
por adición de una materia extraña convertida en pan" (Santo Tomás de
Aquino, Suma Teológica, III, q. 44, a. 4, ad 4). Multiplica los escasos
panes y peces aportados por sus discípulos. Lo sobrenatural supone y
perfecciona lo natural. Para poder recibir y transmitir la salvación obtenida y
ofrecida por Cristo el hombre debe realizar libremente su propia contribución,
entregándose a Dios y a los hombres en la fe y el amor. Dios hace fructificar
las buenas acciones humanas más allá de lo previsible.
4.6.4.La multiplicación de los panes y el misterio de la
Iglesia.
La
multiplicación de los panes es también una imagen de la Iglesia. Jesucristo
está en el centro como el dador de la palabra y el pan y da a sus discípulos
una misión que en apariencia los sobrepasa: alimentar a una multitud en un
desierto. Ellos están ante el pueblo con las manos vacías. Muy poco es lo que
ellos pueden hacer por sí mismos. Pero cuentan con la ayuda de la gracia de
Dios. Su mirada debe dirigirse a Jesús, el único que puede alimentar a la
multitud. Los pastores sólo pueden entregar al pueblo el pan que Jesús les
ofrece. Como el pan multiplicado, los discípulos deben repartir a los hombres
la palabra de Dios y la eucaristía. Ambas tienen una fuerza expansiva que viene
de Dios y está al servicio de todos los pueblos.
La Iglesia
es el sacramento primordial de Cristo, signo eficaz de su mediación salvífica
universal (cf. LG 1.3.9c.48b). Es un pueblo reunido en virtud de la unidad del
Padre, el Hijo y el Espíritu Santo (LG 4b). Cristo nos constituyó místicamente
su cuerpo, comunicándonos su Espíritu (LG 7a). Participando realmente del
Cuerpo de Cristo en la eucaristía, somos elevados a una comunión con Él y
entre nosotros (LG 7b).
4.6.5.La multiplicación de los panes y el misterio de la
Eucaristía.
La
multiplicación de los panes es esencialmente una profecía plástica que
anuncia el sacramento de la eucaristía, manantial y vértice de la vida
cristiana (cf. LG 11a; SC 10). Es Cristo mismo quien se hace personalmente
presente en el sacramento eucarístico mediante la conversión de los frutos de
la tierra, transformados por el trabajo del hombre, en su cuerpo resucitado y
realiza una entrega sacerdotal de sí mismo a Dios por el mundo. Su ofrenda
invisible ante Dios se hace presente y visible en la oblación de la Iglesia,
que actualiza el sacrificio de Cristo.
El
prodigio anticipa la experiencia de la Iglesia cuando se reúne para celebrar la
eucaristía. El pastor y el pueblo están unidos y Dios habita en el corazón de
los suyos. La participación de todos en el pan de vida crea en todos la misma
vida. En la eucaristía, síntesis del ser de la Iglesia, se verifica plenamente
la sacramentalidad de la Iglesia: Ella es, en Cristo, signo eficaz de la unión
íntima con Dios y de la unidad de la familia humana. Por eso es el principal
entre los sacramentos eclesiales.
La
eucaristía es la carne ofrecida y gloriosa del Hijo de Dios. La comunión en el
banquete de la carne y la sangre de Cristo es en realidad comunión de vida que
nos lleva hasta la fuente de la vida que es el Padre. Jesús pone a la eucaristía
como una opción fundamental y decisiva de fe en Él en el tiempo de la Iglesia.
4.6.6.La multiplicación de los panes y el misterio del fin de
los tiempos.
El milagro
de la multiplicación de los panes, por su relación con el misterio pascual, es
también signo del tiempo futuro. La resurrección de Cristo fue un
acontecimiento escatológico, porque en su corporeidad, que constituye su vínculo
con los demás hombres y con el mundo, Cristo pasó a la participación en la
vida inmortal de Dios. La resurrección de Cristo, primogénito de la familia
humana, es anticipación y garantía de la nuestra. Con la resurrección de
Cristo ha comenzado ya "el fin de los tiempos". La historia tiende a
su plenitud definitiva, a su integración en la gloria de Cristo.
Jesús en
el desierto prepara el banquete mesiánico para su pueblo. El banquete mesiánico
es un signo de lo que serán las bodas regias en el Reino de Dios. La eucaristía
es la prenda de nuestra esperanza y la anticipación de la salvación futura.
·
Frente
a la visión modernista que tiende a reducir los milagros a simples prodigios,
la teología católica mantiene la convicción de que el milagro es un hecho
sobrenatural en sentido estricto.
·
Frente
al racionalismo que rechaza el milagro, la filosofía cristiana sostiene que
Dios, Creador y Señor del universo, puede intervenir libremente en los
acontecimientos del mundo, superando las potencialidades del orden de la
naturaleza creada.
·
La
aplicación de los criterios de autenticidad histórica a los relatos de
milagros de Jesús permite concluir que dichos relatos tienen valor histórico.
·
El
sentido de los relatos evangélicos de milagros es prepascual y procede del
mismo Jesús. Los milagros son signos visibles del Reino de Dios que se hace
presente en Jesucristo y son llamadas a la fe en Él y a la conversión,
condiciones indispensables para acceder al Reino.
·
Los
seis relatos evangélicos de la multiplicación de los panes narran un único
milagro de Jesús, realmente acontecido.
·
Jesús
sintió compasión de la multitud hambrienta en el desierto y la alimentó por
medio de un milagro que es figura del banquete mesiánico anunciado por los
profetas, cuyo cumplimiento pleno ocurrió en la Última Cena.
·
En
la multiplicación de los panes Jesús rechazó la tentación de convertirse en
un rey mundano, provocando así la decepción de la gente que malinterpretó su
signo viendo en él sólo un prodigio espectacular y la oportunidad de
satisfacer sus necesidades materiales.
·
El
pan multiplicado por Jesús prefigura el sacramento de la eucaristía, incluso
en su abundancia. Jesús es el verdadero pan de vida bajado del cielo que el
Padre nos da a comer para que tengamos vida eterna. Ese pan vivo es su carne
(cuerpo) entregada en la cruz para la salvación del mundo.
·
La
multiplicación de los panes nos revela que el amor de Dios a los hombres es tan
grande que entrega a su Hijo a la muerte y lo resucita para liberar a los
hombres del pecado y la muerte y para darles la posibilidad de vivir en comunión
con Él. Esta comunión con Dios (Reino de Dios) es ya plena en Jesucristo y por
el don del Espíritu Santo se dilata en el mundo, haciéndose visible en la
Iglesia alimentada por la eucaristía, hasta que llegue a la consumación
definitiva en el fin de los tiempos.
6.1.
Narraciones evangélicas de la multiplicación de los panes.
Mt 14,
13-21:
13Al
oírlo Jesús, se retiró de allí en una barca, aparte, a un lugar solitario.
En cuanto lo supieron las gentes, salieron tras él viniendo a pie de las
ciudades. 14Al desembarcar, vio mucha gente, sintió compasión de
ellos y curó a sus enfermos.
15Al
atardecer se le acercaron los discípulos diciendo: "El lugar está
deshabitado, y la hora es ya pasada. Despide, pues, a la gente, para que vayan a
los pueblos y se compren comida." 16Mas Jesús les dijo:
"No tienen por qué marcharse; dadles vosotros de comer." 17Dícenles
ellos: "No tenemos aquí más que cinco panes y dos peces." 18Él
dijo: "Traédmelos acá." 19Y ordenó a la gente reclinarse
sobre la hierba; tomó luego los cinco panes y los dos peces, y levantando los
ojos al cielo, pronunció la bendición y, partiendo los panes, se los dio a los
discípulos y los discípulos a la gente. 20Comieron todos y se
saciaron, recogieron de los trozos sobrantes doce canastos llenos. 21Y
los que habían comido eran unos cinco mil hombres, sin contar mujeres y niños.
Mt 15,
32-39:
32Jesús
llamó a sus discípulos y les dijo: "Siento compasión de la gente, porque
hace ya tres días que permanecen conmigo y no tienen qué comer. Y no quiero
despedirlos en ayunas, no sea que desfallezcan en el camino." 33Le
dicen los discípulos: "¿Cómo hacernos en un desierto con pan suficiente
para saciar a una multitud tan grande?" 34Díceles Jesús:
"¿Cuántos panes tenéis?" Ellos dijeron: "Siete, y unos pocos
pececillos." 35Él mandó a la gente acomodarse en el suelo. 36Tomó
luego los siete panes y los peces y, dando gracias, los partió e iba dándolos
a los discípulos, y los discípulos a la gente. 37Comieron todos y
se saciaron, y de los trozos sobrantes recogieron siete espuertas llenas. 38Y
los que habían comido eran cuatro mil hombres, sin contar mujeres y niños. 39Despidiendo
luego a la muchedumbre, subió a la barca, y se fue al término de Magadán.
Mc
6,30-44:
30Los
apóstoles se reunieron con Jesús y le contaron todo lo que habían hecho y lo
que habían enseñado. 31Él, entonces, les dice: "Venid también
vosotros aparte, a un lugar solitario, para descansar un poco." Pues los
que iban y venían eran muchos, y no les quedaba tiempo ni para comer. 32Y
se fueron en la barca, aparte, a un lugar solitario. 33Pero les
vieron marcharse y muchos cayeron en cuenta; y fueron allá corriendo, a pie, de
todas las ciudades y llegaron antes que ellos. 34Y al desembarcar,
vio mucha gente, sintió compasión de ellos, pues estaban como ovejas que no
tienen pastor, y se puso a enseñarles muchas cosas. 35Era ya una
hora muy avanzada cuando se le acercaron sus discípulos y le dijeron: "El
lugar está deshabitado y ya es hora avanzada. 36Despídelos para que
vayan a las aldeas y pueblos del contorno a comprarse de comer." 37Él
les contestó: "Dadles vosotros de comer." Ellos le dicen: "¿Vamos
nosotros a comprar doscientos denarios de pan para darles de comer?" 38Él
les dice: "¿Cuántos panes tenéis? Id a ver." Después de haberse
cerciorado, le dicen: "Cinco, y dos peces." 39Entonces les
mandó que se acomodaran todos por grupos sobre la verde hierba. 40Y
se acomodaron por grupos de cien y de cincuenta. 41Y tomando los
cinco panes y los dos peces, y levantando los ojos al cielo, pronunció la
bendición, partió los panes y los iba dando a los discípulos para que se los
fueran sirviendo. También repartió entre todos los dos peces. 42Comieron
todos y se saciaron. 43Y recogieron las sobras, doce canastos llenos
y también lo de los peces. 44Los que comieron los panes fueron cinco
mil hombres.
Mc 8,
1-10:
1Por
aquellos días, habiendo de nuevo mucha gente y no teniendo qué comer, llama
Jesús a sus discípulos y les dice: 2"Siento compasión de esta
gente, porque hace ya tres días que permanecen conmigo y no tienen qué comer. 3Si
los despido en ayunas a sus casas, desfallecerán en el camino, y algunos de
ellos han venido de lejos." 4Sus discípulos le respondieron:
"¿Cómo podrá alguien saciar de pan a éstos aquí en el desierto?" 5Él
les preguntaba: "¿Cuántos panes tenéis?" Ellos le respondieron:
"Siete." 6Entonces él mandó a la gente acomodarse sobre
la tierra y, tomando los siete panes y dando gracias, los partió e iba dándolos
a sus discípulos para que los sirvieran, y ellos los sirvieron a la gente. 7Tenían
también unos pocos pececillos. Y, pronunciando la bendición sobre ellos, mandó
que también los sirvieran. 8Comieron y se saciaron, y recogieron de
los trozos sobrantes siete espuertas. 9Fueron unos cuatro mil; y Jesús
los despidió. 10Subió a continuación a la barca con sus discípulos
y se fue a la región de Dalmanutá.
Lc 9,
10-17:
10Cuando
los apóstoles regresaron, le contaron cuanto habían hecho. Y él, tomándolos
consigo, se retiró aparte, hacia una ciudad llamada Betsaida. 11Pero
las gentes lo supieron, y le siguieron; y él, acogiéndolas, les hablaba acerca
del Reino de Dios, y curaba a los que tenían necesidad de ser curados.
12Pero
el día había comenzado a declinar, y acercándose los Doce, le dijeron:
"Despide a la gente para que vayan a los pueblos y aldeas del contorno y
busquen alojamiento y comida, porque aquí estamos en un lugar
deshabitado." 13Él les dijo: "Dadles vosotros de
comer." Pero ellos respondieron: "No tenemos más que cinco panes y
dos peces; a no ser que vayamos nosotros a comprar alimentos para toda esta
gente." 14Pues había como cinco mil hombres. Él dijo a sus
discípulos: "Haced que se acomoden por grupos de unos cincuenta." 15Lo
hicieron así, e hicieron acomodarse a todos. 16Tomó entonces los
cinco panes y los dos peces, y levantando los ojos al cielo, pronunció sobre
ellos la bendición y los partió, y los iba dando a los discípulos para que
los fueran sirviendo a la gente. 17Comieron todos hasta saciarse. Se
recogieron los trozos que les habían sobrado: doce canastos.
Jn 6,
1-15:
1Después
de esto, se fue Jesús a la otra ribera del mar de Galilea, el de Tiberíades, 2y
mucha gente le seguía porque veían las señales que realizaba en los enfermos.
3Subió Jesús al monte y se sentó allí en compañía de sus discípulos.
4Estaba próxima la Pascua, la fiesta de los judíos.
5Al
levantar Jesús los ojos y ver que venía hacia él mucha gente, dice a Felipe:
"¿Dónde vamos a comprar panes para que coman éstos?" 6Se
lo decía para probarle, porque él sabía lo que iba a hacer. 7Felipe
le contestó: "Doscientos denarios de pan no bastan para que cada uno tome
un poco." 8Le dice uno de sus discípulos, Andrés, el hermano
de Simón Pedro: 9"Aquí hay un muchacho que tiene cinco panes
de cebada y dos peces; pero ¿qué es eso para tantos?" 10Dijo
Jesús: "Haced que se recueste la gente." Había en el lugar mucha
hierba. Se recostaron, pues, los hombres en número de cinco mil. 11Tomó
entonces Jesús los panes y, después de dar gracias, los repartió entre los
que estaban recostados y lo mismo los peces, todo lo que quisieron. 12Cuando
se saciaron, dice a sus discípulos: "Recoged los trozos sobrantes para que
nada se pierda." 13Los recogieron, pues, y llenaron doce
canastos con los trozos de los cinco panes de cebada que sobraron a los que habían
comido. 14Al ver la gente la señal que había realizado, decía:
"Éste es verdaderamente el profeta que iba a venir al mundo." 15Dándose
cuenta Jesús de que intentaban venir a tomarle por la fuerza para hacerle rey,
huyó de nuevo al monte él solo.
6.2.
Discurso sobre el Pan de Vida.
Jn
6,22-66:
22Al
día siguiente, la gente que se había quedado al otro lado del mar, vio que allí
no había más que una barca y que Jesús no había montado en la barca con sus
discípulos, sino que los discípulos se habían marchado solos. 23Pero
llegaron barcas de Tiberíades cerca del lugar donde habían comido pan. 24Cuando
la gente vio que Jesús no estaba allí, ni tampoco sus discípulos, subieron a
las barcas y fueron a Cafarnaúm, en busca de Jesús. 25Al
encontrarle a la orilla del mar, le dijeron: "Rabbí, ¿cuándo has llegado
aquí?" 26Jesús les respondió:
"En
verdad, en verdad os digo: vosotros me buscáis, no porque habéis visto señales,
sino porque habéis comido de los panes y os habéis saciado. 27Obrad,
no por el alimento perecedero, sino por el alimento que permanece para vida
eterna, el que os dará el Hijo del hombre, porque a éste es a quien el Padre,
Dios, ha marcado con su sello."
28Ellos
le dijeron: "¿Qué hemos de hacer para obrar las obras de Dios?" 29Jesús
les respondió: "La obra de Dios es que creáis en quien él ha
enviado." 30Ellos entonces le dijeron: "¿Qué señal haces
para que viéndola creamos en ti? ¿Qué obra realizas? 31Nuestros
padres comieron el maná en el desierto, según está escrito: Pan del cielo
les dio a comer."
32Jesús
les respondió: "En verdad, en verdad os digo: No fue Moisés quien os dio
el pan del cielo; es mi Padre el que os da el verdadero pan del cielo; 33porque
el pan de Dios es el que baja del cielo y da la vida al mundo."
34Entonces
le dijeron: "Señor, danos siempre de ese pan." 35Les dijo
Jesús: "Yo soy el pan de la vida. El que venga a mí, no tendrá hambre, y
el que crea en mí, no tendrá nunca sed. 36Pero ya os lo he dicho:
Me habéis visto y no creéis. 37Todo lo que me dé el Padre vendrá
a mí, y al que venga a mí no lo echaré fuera; 38porque he bajado
del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me ha enviado. 39Y
ésta es la voluntad del que me ha enviado: que no pierda nada de lo que él me
ha dado, sino que lo resucite el último día. 40Porque ésta es la
voluntad de mi Padre: que todo el que vea al Hijo y crea en él, tenga vida
eterna y que yo le resucite el último día."
41Los
judíos murmuraban de él, porque había dicho: "Yo soy el pan que ha
bajado del cielo." 42Y decían: "¿No es éste Jesús, hijo
de José, cuyo padre y madre conocemos? ¿Cómo puede decir ahora: He bajado del
cielo?" 43Jesús les respondió: "No murmuréis entre
vosotros. 44Nadie puede venir a mí si el Padre que me ha enviado no
lo atrae; y yo le resucitaré el último día. 45Está escrito en los
profetas: Serán todos enseñados por Dios. Todo el que escucha al Padre
y aprende, viene a mí. 46No es que alguien haya visto al Padre; sino
aquel que ha venido de Dios, ése ha visto al Padre. 47En verdad, en
verdad os digo: el que cree, tiene vida eterna. 48Yo soy el pan de la
vida. 49Vuestros padres comieron el maná en el desierto y murieron; 50éste
es el pan que baja del cielo, para que quien lo coma no muera. 51Yo
soy el pan vivo, bajado del cielo. Si uno come de este pan, vivirá para
siempre; y el pan que yo le voy a dar, es mi carne por la vida del mundo."
52Discutían
entre sí los judíos y decían: "¿Cómo puede éste darnos a comer su
carne?" 53Jesús les dijo: "En verdad, en verdad os digo:
si no coméis la carne del Hijo del hombre, y no bebéis su sangre, no tenéis
vida en vosotros. 54El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida
eterna, y yo le resucitaré el último día. 55Porque mi carne es
verdadera comida y mi sangre verdadera bebida. 56El que come mi carne
y bebe mi sangre, permanece en mí, y yo en él. 57Lo mismo que el
Padre, que vive, me ha enviado y yo vivo por el Padre, también el que me coma
vivirá por mí. 58Éste es el pan bajado del cielo; no como el que
comieron vuestros padres, y murieron; el que coma este pan vivirá para
siempre."
59Esto
lo dijo enseñando en la sinagoga, en Cafarnaúm. 60Muchos de sus
discípulos, al oírle, dijeron: "Es duro este lenguaje. ¿Quién puede
escucharlo?" 61Pero sabiendo Jesús en su interior que sus discípulos
murmuraban por esto, les dijo: "¿Esto os escandaliza? 62¿Y cuándo
veáis al Hijo del hombre subir adonde estaba antes?... 63El espíritu
es el que da vida; la carne no sirve para nada. Las palabras que os he dicho son
espíritu y son vida. 64Pero hay entre vosotros algunos que no
creen." Porque Jesús sabía desde el principio quiénes eran los que no
creían y quién era el que lo iba a entregar. 65Y decía: "Por
esto os he dicho que nadie puede venir a mí si no se lo concede el Padre."
66Desde entonces muchos de sus discípulos se volvieron atrás y ya
no andaban con él.
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Editorial Herder, Barcelona, 1980.
Ex = Éxodo
Nm = Números
Dt =
Deuteronomio
2 R = 2º Reyes
Ne = Nehemías
Sal = Salmos
Pr =
Proverbios
Sb = Sabiduría
Is = Isaías
Ez = Ezequiel
Am = Amós
Jon = Jonás
Mi =
Miqueas
Mt =
Evangelio según San Mateo
Mc = Evangelio según San Marcos
Lc =
Evangelio según San Lucas
Jn = Evangelio según San Juan
Hch =
Hechos de los Apóstoles
Ga = Carta a los Gálatas
1 Co = 1ª
Carta a los Corintios
8.2.
Documentos del Concilio Vaticano II.
LG =
Constitución dogmática sobre la Iglesia, Lumen Gentium.
DV =
Constitución dogmática sobre la divina revelación, Dei Verbum.
SC =
Constitución sobre la sagrada liturgia, Sacrosanctum Concilium.
AG =
Decreto sobre la actividad misionera de la Iglesia, Ad Gentes.
DH =
Declaración sobre la libertad religiosa, Dignitatis Humanae.
FIC = La
Fe de la Iglesia Católica, J. Collantes (ed.).
CICa = Catecismo
de la Iglesia Católica.
9. Notas
1.
R.
Latourelle, Milagros de Jesús y teología del milagro, Ediciones Sígueme,
Salamanca, 1990, p. 309.
2.
El
término "milagro" es empleado a menudo de forma equívoca. A modo de
ejemplo cito las siguientes definiciones o descripciones del milagro, que
considero insuficientes o incorrectas:
"Un
milagro es Dios presente en un hecho que sorprende, es el Dios de la alianza que
interviene en favor de su pueblo." (X. Léon-Dufour, Los milagros de Jesús,
p. 34).
"Todo
lo que conduce a la salvación es milagro, siempre inesperado, siempre poderoso
y gratuito... Según el Antiguo Testamento, el milagro es una acción de Dios,
acción admirable y omnipotente, que sobrepasa las fuerzas efectivas del hombre,
sin violar para nada ninguna ley de la naturaleza." (X. Léon-Dufour, o.c.,
p. 35).
"El
milagro es un hecho físico relativo a la salvación terrena de uno o varios
individuos que parece sorprendente a los espectadores y es interpretado como una
acción religiosa que supera las fuerzas efectivas del hombre." (X. Léon-Dufour,
o.c., p. 43).
3.
K.
Rahner-H. Vorgrimler, Diccionario teológico, Editorial Herder,
Barcelona, 1970, p. 427.
6.
En
el evangelio de Marcos los relatos de milagros representan 209 versículos sobre
un total de 666, es decir, el 31% del texto. Excluyendo los capítulos de la
Pasión la proporción se eleva al 47%. En el evangelio de Juan, los doce
primeros capítulos descansan por entero sobre siete "signos" de Jesús.
Eliminar los milagros equivaldría a destruir el cuarto evangelio. X. Léon-Dufour
distingue en los cuatro evangelios 67 relatos de milagros (correspondientes a 34
milagros diferentes), 28 sumarios de milagros y 51 discusiones y alusiones
referentes a los milagros (X. Léon-Dufour (ed.), Los milagros de Jesús,
pp. 362-363). R. Latourelle distingue 28 milagros diferentes (R. Latourelle,
o.c., pp. 380-381).
7.
Varios
historiadores de las religiones han intentado explicar los milagros de Jesús
vinculándolos a la noción helenista del theios anèr. Esta teoría está
completamente desacreditada. Emitir un juicio de valor sobre el contenido histórico
de los relatos evangélicos de milagros a partir de algunas similitudes
literarias es un procedimiento ilegítimo.
8.
En
su presentación de Jesús como Mesías en Pentecostés, Pedro apela al carácter
público de los milagros de Jesús (cf. Hch 2,22).
9.
Los
herodianos desconfiaban de todas las acciones extraordinarias. Los saduceos
rechazaban los milagros y las ideas mesiánicas. Los fariseos procuraban
eliminar toda huella de apocalíptica.
10.Mc 3,23-26 es un texto parcialmente
paralelo a éste. Pero Mt 12,28 y Lc 11,20 no tienen paralelo en Mc. Ese versículo
provendría de la fuente Q.
11.Cf. Pío IX, encíclica Qui Pluribus,
DS 2779, FIC 18; Concilio Vaticano I, DS 3009.3033-3034, FIC 46.54-55; Juramento
antimodernista, DS 3539, FIC 78; Pío XII, encíclica Humani Generis,
DS 3876, FIC 92.
12.En el Antiguo Testamento, el milagro es
un signo de la presencia salvífica del Dios omnipotente de la alianza, hecho en
favor su pueblo o en circunstancias particulares. El primer milagro es la Creación
y el milagro fundamental es el Éxodo. El milagro posee un cierto valor jurídico
pues es la "carta credencial" de los enviados de Dios. Mi 7,15 anuncia
los milagros de los tiempos mesiánicos, los cuales son por excelencia tiempos
de milagros y prodigios. Se esperaba del Mesías que hiciera signos y prodigios;
así el pueblo podría entender que había llegado cierta y definitivamente la
aurora de los tiempos mesiánicos.
13.Aunque sin duda las epifanías son un
tipo de milagro muy especial, no creo que se los deba considerar "milagros
impropiamente dichos", ni mucho menos que se les deba restar "densidad
histórica" (cf. la opinión contraria de X. Léon-Dufour, o.c., pp.
352-353).
14.En relación con esta explicación
comparto las opiniones de S. Légasse y X. Léon-Dufour:
"En
cuanto al intento de desmitologizar el prodigio viendo en su origen un simple
reparto de provisiones, lo único que debemos desear es que esta torpe explicación
desaparezca para siempre de la literatura." (S. Légasse, en X. Léon-Dufour
(ed.), Los milagros de Jesús, p. 120).
"Este
milagro no tiene nada que ver con una excursión en la que se reparte la
merienda, sino que tiene como punto de referencia la figura de Dios alimentando
a su pueblo en el desierto." (X. Léon-Dufour, o.c., pp. 321-322).
15.Ilustraremos este punto con dos citas:
"En
aquel tiempo el maná guardado en reserva volverá a caer y comerán de él
durante años, ya que todos han llegado al final de los tiempos" (Apocalipsis
de Baruc).
"¿Qué
signos quieres hacernos para que te creamos? ¿Qué obra vas a hacer? Nuestros
padres comieron el maná en el desierto" (Jn 6,30-31).
16.En el evangelio de Marcos, la
perplejidad de los discípulos sobre cómo afrontar la situación podría ser un
caso más de sistematización de la ignorancia prepascual de los discípulos.
17.Es evidente la importancia de Juan el
Bautista en la vida de Jesús. Prescindiendo de los evangelios de la infancia de
Mateo y Lucas y del prólogo de Juan, los cuatro evangelios comienzan hablando
de la misión del Bautista y del Bautismo de Jesús en el Jordán.
18.Éste es el único milagro común a Mt,
Mc y Jn (exceptuando la multiplicación de los panes, que también está en Lc).
La perícopa formada por la multiplicación de los panes y la caminata sobre el
lago es una de las cuatro (aparte de algunas sentencias y contactos esporádicos)
en las que coinciden Juan y los sinópticos antes del relato de la pasión (cf.
J. Jeremias, La Última Cena. Palabras de Jesús, p. 93).
19.Si, como sostiene la gran mayoría de
los exegetas, el evangelio de Juan fue el último en ser redactado, bastante
después de la destrucción de Jerusalén a manos de los romanos, se comprende
por qué Juan podría haber sido más explícito al referirse a la componente
política de la crisis del ministerio de Jesús, y que los sinópticos hayan
aludido a ella de forma más discreta.
20.Según J. Jeremias, eran integrantes de
una caravana de peregrinos pascuales (o.c., p. 48).
21.En Lc 9,12-13 los interlocutores de Jesús
no son sus discípulos en general sino más concretamente "los Doce"
(apóstoles).
22.Se trata de la Pascua anterior a la de
la Pasión (o sea, probablemente la del año 29).
24.En Jn 6,7-11 es Jesús mismo el que
reparte los panes a la multitud.
25.Cf. X. Léon-Dufour, La fracción del
pan. Culto y existencia en el Nuevo Testamento, p. 37.
26.Sólo la narración de Jn da testimonio
de la admiración suscitada por el prodigio. Sin embargo esa admiración no
condujo a una verdadera fe en Jesús.
27.En Mc 6, Lc y Jn se refiere que los que
comieron los panes fueron cinco mil hombres. Mc 8 dice que fueron "cuatro
mil", sin especificar su sexo. La expresión de Mateo "sin contar
mujeres y niños" (Mt 14,21; 15,38) podría reflejar la conciencia de los
primeros cristianos de que todos estaban llamados a participar del banquete
eucarístico.
28."Dispuso Yahveh un gran pez que se
tragase a Jonás, y Jonás estuvo en el vientre del pez tres días y tres
noches." (Jon 2,1).
29.Cf. R. Latourelle, o.c., p. 274; X. Léon-Dufour,
Los milagros de Jesús, pp. 297-298.
30.El evangelio de Juan sitúa los dos
episodios, como la última cena, en relación con la Pascua (cf. Jn 2,13; 6,4;
13,1).
31.El relato del evangelio de Juan permite
establecer una relación entre este milagro, la multiplicación de los panes y
la Pascua: Cristo resucitado se aparece a los discípulos al amanecer, a orillas
del mar de Tiberíades (donde había tenido lugar la multiplicación de los
panes y los peces), y prepara para ellos una comida: un pez y pan. "Jesús,
toma el pan y se lo da; y de igual modo el pez" (Jn 21,13; cf. Jn 6,11).
32.Una lectura espontánea del discurso
tiende a una interpretación exclusivamente eucarística. Una lectura crítica
del mismo tiende a una interpretación exclusivamente espiritualista o bien a
distinguir dos partes: una primera parte con sentido espiritualista y una
segunda parte (añadida posteriormente) con sentido eucarístico. Siguiendo a X.
Léon-Dufour, proponemos una lectura simbólica, que da a todo el discurso un
significado a la vez espiritualista y eucarístico (cf. X. Léon-Dufour, La
fracción del pan, pp. 316-339).
33.La expresión "Yo soy" evoca
el nombre divino revelado a Moisés (cf. Ex 3,14).