FE Y RAZÓN
"Omne verum, a quocumque dicatur, a Spiritu Sancto est"
Toda verdad, dígala quien la diga, viene del Espíritu Santo
La
liturgia: entrada, acogida y obediencia al "Misterio"
(Diác.
Jorge Novoa)
El
papa Juan Pablo II se ha caracterizado por impulsar a la Iglesia hacia el
encuentro del tercer milenio, con una fortaleza y un amor a Cristo, que no
apreciamos suficientemente los católicos. La impronta que Juan Pablo II ha dado
a la Iglesia, será reconocida por los católicos del siglo XXI con admiración. El
Santo Padre se ha preocupado no solo por consolidar las enseñanzas del Concilio
Vaticano II, también ha instado a profundizarlas. Ha enumerado en la Tertio
Millennio Adveniente, un elenco de aspectos a través de los cuales la Iglesia
debe hacer un serio examen de conciencia.
"El
examen de conciencia debe mirar también hacia la recepción del Concilio, este
gran don del Espíritu a la Iglesia al final del segundo milenio"(TM 36).
La
exhortación que el Papa, ha repetido y hoy nos convoca, es la realizada en torno
a la Liturgia. El Papa ha recordado, el arduo y alentador camino por el cual se
fueron poniendo en práctica las decisiones conciliares con relación a la
Liturgia. En su mensaje dirigido a la Asamblea Plenaria de la Congregación para
el Culto divino y la disciplina de los Sacramentos, destacó que una verdadera
"renovación litúrgica" abarca y va más allá de una "reforma litúrgica"
Advirtiendo sobre la necesidad de llegar al corazón de la reforma, lo que
Guardini llamó "El espíritu de la Liturgia".
La
Iglesia expresa su fe en la liturgia, "la ortodoxia del culto"(LRI 27) no es
solamente "para evitar los errores, sino para trasmitir la fe en su integridad,
pues la ley de la oración ( lex orandi) de la Iglesia corresponde a su ley de la
fe (lex credendi)" (LRI 27). El Santo Padre en la visita (28/IX/95)"ad limina",
de los obispos del nordeste brasileño, profundizaba en sus reflexiones en torno
a este tema:
Permitidme
proponeros algunos elementos de reflexión ante todo acerca del "verdadero y
auténtico espíritu de la liturgia". Es indudable que el Vaticano II quería
referirse a una realidad siempre presente en la Iglesia, aunque no siempre
vivida con igual acentuación. Una cosa son las acentuaciones vitales que, dentro
de un mismo espíritu la Iglesia Occidental y la Iglesia Oriental, en las
diferentes épocas culturales, destacaron y favorecieron en el pueblo de Dios, y
otra es el espíritu de la liturgia en su núcleo fundamental y original. Este
espíritu no deriva de las formas exteriores que, en su mayor parte, provienen de
las culturas en las que el cristianismo se difundía, sino que subyace a ellas
como lo que les confiere su ser, como instrumento y manifestación exterior de
convergencia de la acción de Cristo y de su Iglesia en el ámbito de la gracia
invisible.
Es
claro de apreciar que el Santo Padre distingue, por un lado las "acentuaciones
vitales"; ellas, evidentemente están influidas fuertemente por las épocas
culturales, pero, lo que se quiere destacar, para una renovación litúrgica es el
"núcleo fundamental y original".No está el núcleo ordenado por las forma
exteriores, es decir, no son las culturas con sus acentuaciones las que lo
producen. Este núcleo "subyace a ellas como lo que les confiere su ser, como
instrumento y manifestación exterior de convergencia de la acción de Cristo y
de su Iglesia en el ámbito de la gracia invisible"..
Además
de esto, es preciso recordar que los padres conciliares, cuando se referían al
"auténtico y verdadero espíritu litúrgico (SC 37), tenían presente lo que la
constitución sobre la sagrada liturgia anuncia en el Proemio (nn 1-4) y en la
primera parte del primer capítulo (nn 5-13). Aunque la reforma litúrgica creó
las condiciones y los medios para fomentar en el Pueblo de Dios el
restablecimiento de un sentido más profundo de la "Iglesia en oración" y de la
"oración de la Iglesia", queda todavía mucho por hacer para alcanzar ese
objetivo, que sensibilice a todos los fieles, de cualquier cultura que sean.
Han
transcurrido treinta y cinco años del Concilio, a primera vista este lapso de
tiempo parece breve, de cualquier forma lo transcurrido nos permite hacer un
alto en el camino y mirar lo recorrido. Esto sería objeto de un serio y extenso
estudio, cosa que no pretende este aporte, y que algunos especialistas en la
materia han emprendido. Pero, podemos a la luz de nuestra vida de fe, intentar
poner sobre la mesa algunos aspectos luminosos y otros sombríos. Desde nuestra
pequeñez, miramos esta realidad de la vida cristiana, que hace a la esencia de
todo católico, pues, por su medio "se ejerce la obra de nuestra redención" (SC
2).
Todo
el pueblo, (laicos-clerigos-consagrados) es asociado a esta obra, "por la que
Dios es perfectamente glorificado y los hombres santificados"(SC 7). Como pueblo
sacerdotal todos estamos invitados a penetrar en esta realidad, que es "la
cumbre a la cual tiende toda la actividad de la Iglesia y, al mismo tiempo, la
fuente de donde mana toda su fuerza" (SC 10).
"¿Se
vive la liturgia como fuente y culmen de la vida eclesial, según las enseñanzas
de la Sacrosanctum Concilium? "(TM 36).
El
Papa esta pregunta la realiza a la luz de la afirmación que él mismo hizo en mil
novecientos ochenta; "existe en efecto, un vínculo estrechísimo y orgánico entre
la renovación de la liturgia y la renovación de toda la vida de la Iglesia. La
Iglesia no solo actúa, sino que se expresa también en la liturgia, vive la
liturgia y saca de la liturgia las fuerzas para la vida "(DC 13). Hay una
relación directa entre la profundización de la fe en la comunidad eclesial en su
totalidad, como fruto de una vivencia más profunda de la liturgia. La Iglesia
alimentada por la Palabra de Dios y la Tradición, en la liturgia nos introduce
en las verdades de fe, mostrándonos la belleza de la vida cristiana vivida como
testimonio.
Asumamos
tres grandes aspectos que parecen iluminar toda la Liturgia, hay una estructura
interna, que podríamos describirla con estas tres palabras; entrada, acogida
y obediencia.
ENTRADA
En
ella todo es sencillez, simplicidad y belleza, no hay estridencias, ni abruptas
rupturas entre sus oraciones y sus gestos. El presidente y la asamblea se
disponen con sobriedad en sus lugares, no hay entradas triunfalistas, ni
dispersiones. Nos disponemos a entrar en la presencia del Señor invocando su
nombre.
"En la
Liturgia, pues, yo entro no la creo. La creatividad de la Liturgia
es, como en la música, una variación sobre un tema impuesto: el tema me lo dan
no nace de mí"
La
creatividad
En el
post-concilio se ha invocado la creatividad, como la forma apropiada para avivar
"algo" (las celebraciones litúrgicas) que resulta a veces poco atrayente a los
alejados y si bien, "en esta etapa de renovación, se ha admitido la posibilidad
de una cierta creatividad, sin embargo, ella misma debe respetar estrictamente
las exigencias de la unidad substancial"(DC 12). La naturaleza misma de la
liturgia es el espacio a partir del cual se debe pensar creativamente. Ella es
"el lugar privilegiado del encuentro de los cristianos con Dios y con su
enviado; Jesucristo "(VQA 7). "La naturaleza de la liturgia está íntimamente
ligada a la naturaleza de la Iglesia, hasta el punto que es sobre todo en la
liturgia donde la naturaleza de la Iglesia se manifiesta"(VQA
9).
Max
Thurian realiza otro diagnóstico que apunta en esta misma dirección; dice: "el
gran problema de la vida litúrgica de hoy ( desafección del culto, tedio, falta
de vida y de participación) proviene de que la celebración ha perdido a veces su
carácter de misterio". Tal vez la creatividad deba ser orientada a un fin bien
concreto, hacia el misterio. Hacia esa realidad impregnada de la presencia de
Dios, y por consiguiente, de tal naturaleza que admite siempre nuevos y cada
vez más profundos encuentros, en los que somos elevados por la gracia al
ejercicio de la filiación adoptiva. Hay, a partir de este siglo una renovada
visión del cristianismo " entendido no principalmente como un sistema de
verdades que se asumen y se confiesan, ni como un código de normas éticas" (CP
5,62). ¿Cuál es el punto a partir del cuál se justifica lo cristiano?.
El
cristianismo es primero y fundamentalmente un "hecho", Jesucristo, es la forma
que asumió la iniciativa favorable del Dios que nos ama; es la forma del SÍ de
María, como respuesta a esa iniciativa amorosa de Dios. El "plan salvador de
Dios, escondido en él desde la eternidad, es un Misterio; su realización en
Cristo, en la plenitud de los tiempos, es un Misterio" (CP 5,62). Hay una
presencia salvífica, permanente y eficaz de Cristo, que se nos comunica por las
acciones litúrgicas.
En
ningún momento con el término "misterio", se designó lo desconocido. Ya san
Pablo (Rom 16,25-27)en sus cartas nos anuncia el misterio de Dios dado a conocer
en su revelación. Este proyecto progresivo al llegar la "Plenitud de los
tiempos", toma rostro concreto en el "acontecimiento Jesucristo", el Hijo
unigénito del Padre. Su testimonio revela e interpreta a Dios de modo
definitivo. Esta acción en el Espíritu es entregada por Cristo a sus discípulos.
"A ustedes se les ha dado a conocer los misterios……. les he dado a conocer todo
lo que el Padre me ha dicho". Cristo realiza la exégesis del misterio de Dios en
su vida-muerte-resurrección y ascensión pero, la voluntad de Dios, no es sólo
dar a conocer algo sino darse. Como
obra de su amor, se inclina sobre la historia del hombre dándole a conocer su
intención última, el designio oculto desde la eternidad, la obra de la
redención. La obediencia a la voluntad de Dios es la clave por la que Cristo nos
invita a "morir a nosotros mismos, para vivir en Él ". Esta muerte que da vida,
no es ausencia de libertad, sino, el modo de ser libre según Jesucristo. El
grito de libertad de san Pablo expresa este don de Dios,"ya no soy yo es Cristo
quien vive en mí". Santa Teresita, al comprender la distancia que hay entre su
pobre disposición para amar y la que Jesús le pide, descubre que ella "nunca
podría amar a sus hermanas como Jesús las ama, si Jesús mismo, no las amara
también en ella". Toda vida de fe, al abismarse en el amor de Dios es conducida
hacia la liturgia, los santos son "locos por la eucaristía". La Iglesia en su
liturgia celebra el misterio del amor Dios, la fe penetra esta realidad y en su
camino se muestra como entrada, acogida y obediencia al misterio de Dios que se
revela. "Los sacramentos de la Iglesia y su culto en general contienen realmente
el Misterio de Cristo, el Urmysterium, y lo ponen al alcance de todos los
hombres a través del signo de sus ritos y símbolos" "Te hallo y te siento vivo
en tus misterios" (San Ambrosio)
ACOGIDA
Acción
única
Cristo
asocia a su Esposa amada en la acción de gracias al Padre. Esta acción
compartida por Cristo, sumo y eterno sacerdote y la Iglesia, como su esposa
amada, no es independiente, por un lado Cristo y por el otro la comunidad. Es
una única acción, que expresa la eterna realidad del Verbo Encarnado y su Esposa
la Iglesia; se debe visualizar en la liturgia esta tensión, entre la historia y
la eternidad; el hoy eterno y el aquí y ahora; entre el peregrinar y su destino
definitivo. Es necesario acoger esta tensión real para celebrar con profundidad.
Toda reducción mutiladora atenta contra la naturaleza de la liturgia y de la
Iglesia, iconos del misterio del Verbo encarnado. Si no acogemos ésta acción en
su unidad interior; corremos el riesgo de instrumentalizarla poniéndola a
nuestro servicio. Es fundamental no edificar la acogida en la liturgia como una
acción privada, fruto del subjetivismo imperante, "cuando una iglesia particular
reza, la iglesia universal reza". Toda celebración "por ser obra de Cristo
sacerdote y de su Cuerpo, que es la Iglesia, es acción sagrada por
excelencia, cuya eficacia, con el mismo título y en el mismo grado, no la iguala
ninguna otra acción de la Iglesia"(SC 7).
Acción
sagrada
No
entro en el debate entre lo sagrado y lo profano, entre su distinción,
comprensión y otros elementos que han estado presentes en la reflexión teológica
desde las primeras décadas de este siglo.
No hay
menosprecio, ni infravaloración, evitamos caer en un desdoblamiento de la
realidad, como sagrada y como profana. Apunto a la grave ceguera que sufre la
humanidad, por la cual es incapaz de ver en medio del mundo, en medio de lo
cotidiano, a nuestro alcance; "al Dios con nosotros. El término profano
significa etimológicamente (Pro= delante; Fanus= templo), el hombre se encuentra
en este templo (fanus) maravilloso de la creación, delante (pro) de su Creador y
no alcanza a verlo. "Profano no significa de ninguna manera no santo, aún cuando
existe naturalmente lo no santo ", hoy, el término está cargado de una gran
negatividad pero aquí lo tomamos en una de sus acepciones según el diccionario
"persona no iniciada". Esto no se opone a esa otra experiencia que no se mueve
en lo cotidiano y por la cual somos arrebatados a la presencia de Dios
(sagrado). Hay en realidad gestos y ritos que ordenan nuestras acciones a lo
divino, porque son espacio, lenguaje y símbolos de la presencia de Dios. Es Dios
quien los toma, haciéndonos pasar por esa línea imperceptible en dónde dejo de
poder hacer, para dejar que Dios haga, dejo de "entrar" para ser introducido,
esa ruptura (frontera) es la que permite entrar desde el atrio hacia la
catedral.
Cuando
celebramos y pretendemos evitar esta situación, introducimos lo cotidiano, su
lenguaje, sus modos de comportamiento, su ritmo y desde luego advertimos la
presencia de una comunidad de hermanos, pero, no dejamos hablar a Dios, no lo
dejamos introducirnos, la dimensión vertical desaparece en una horizontal que
quiere pero no puede ser presencia de lo sagrado. Dice a este respecto Max
Thurian, hablando de la misa: " una celebración sana, en la que se tenga en
cuenta la preeminencia del altar, la discreción del ministerio de los
celebrantes, la orientación de todos hacia el Señor y la adoración de su
presencia significada por los símbolos y realizada por el sacramento, confiere a
la liturgia esa oración contemplativa sin la cual corre el riesgo de resultar
una fatigosa charla religiosa, una vana agitación comunitaria "una specie di
filastrocca" (CP 77,p.39).
La
experiencia de Moisés es sugestiva y reveladora en este sentido, la tierra que
pisas es "santa", y allí solo Dios lo puede introducir, "quítate las sandalias";
todo ese camino recorrido, ahora sufre una ruptura fruto de la presencia de
Dios, desde que percibió la zarza hasta este instante, Moisés sigue algo que ha
cautivado su vista, ahora ese algo se le muestra como alguien, Comprende que
sólo puede seguir si es introducido, Dios crea el espacio e introduce al hombre
en EL. El culto católico esta lleno de ésta belleza, así lo describe J. Pieper
es "un acontecimiento real que tiene lugar en formas visibles, en el lenguaje
perceptible de las invitaciones y respuestas, en acciones corporales y gestos
simbólicos, en proclamaciones y cantos, en vestidos e instrumentos singulares ".
Llamada-respuesta
En su
origen el Pueblo de Dios, nace como respuesta a una llamada. Una llamada que lo
convoca, lo congrega y fundamentalmente lo constituye como Pueblo. Cuando se
habla de la elección de Dios, se debe primero afirmar la voluntad de
constituirlo como su Pueblo, con la característica particular, de ser un Pueblo
sacerdotal, nacido al pie de la Cruz. Si como dicen los Padres, la Nueva Eva
nació del segundo Adán dormido en la Cruz, cuando brotó del costado traspasado
de Cristo en el Calvario, sangre y agua. Si ello es así, entonces la verdadera
naturaleza e identidad de la Iglesia es inseparable de la noción del sacrificio
de Cristo. Con una misión universal, propia de la misión de su Señor, que debe
perpetuar en la historia la entrega, una y única de Jesucristo el Salvador que
anunciamos. La invitación que Jesús hace en el evangelio de Juan, a los que
hasta ese momento eran discípulos de Juan Bautista, Ven y verás,
se renueva permanentemente por la acción del Espíritu Santo en la
Iglesia. La liturgia es un encuentro íntimo, la Iglesia primitiva sabía que era
necesaria una iniciación, los catecúmenos eran introducidos poco a poco. Para
gustar de la presencia del Señor, se necesitan sentidos aptos, es decir
iluminados por la fe, para reconocer esa realidad. Estar con ÉL, sentarse a sus
pies para escuchar su enseñanza, es patrimonio de los que habían sido llamados,
siguiendo el lenguaje de san Juan, para "permanecer en Él". La liturgia rechaza
la actitud curiosa, también rechaza la pregunta de san Pablo, ¿quién eres?. Ella
obedece a un estamento anterior, no se puede celebrar sin haber
confesado.
Presidente-pueblo
La
preparación es un aspecto que ha entrado en crisis, prepararse para una
celebración supone, colocarla en el centro, en esta vida agitada y cronometrada
es necesario tener un control real del tiempo. Nosotros podemos prepararnos "por
medio de un estilo de vida más calmado, más propicio a la escucha y a la
disponibilidad del corazón"(CP 77 p 28). San Juan Crisóstomo, hablando con
relación a la eucaristía, destacaba una serie de elementos a considerar para
prepararse adecuadamente. Consideraba cuatro exámenes:
"Examínate
a ti mismo……. con que fe, con que amor, con que intención y porque te acercas".
(Tratado de la preparación para la Santa Misa).
El
Concilio advirtió sobre la necesaria participación de los fieles, mostró la
necesidad de las disposiciones personales (SC 11) hablando; de la recta
disposición de ánimo, de la colaboración con la gracia divina, y de la necesaria
unidad entre lo que la voz expresa y el corazón siente, todo ello, en orden al
bien de los fieles, para que puedan participar consciente, activa y
fructuosamente. Volvamos con Crisóstomo; "Recógete totalmente, para que ni
las acciones ni los pensamientos se derramen en otra cosa". Vamos a
encontrarnos con el Señor, lo hacemos en comunidad, debemos conscientemente
disponernos para dirigir nuestras intenciones y deseos a Dios. Santa Edith Stein
antes de su conversión, se sintió conmovida ante una mujer sencilla que se
arrodillaba a rezar. Algo tan sencillo, pero tan lleno de misterio, del
misterio de Dios, ella lo vislumbra en la actitud del orante, está abismado en
Otro. La liturgia de la Iglesia es un himno de esperanza, nacido del anhelo
del corazón creado por Dios, a imagen del de Cristo. Diría Agustín "nos hiciste
para ti".
Lo
dicho para los fieles, adquiere mayor intensidad al aplicarlo a los que
presiden. Cristo está presente en la persona del ministro, ejerce el Único
sacerdocio del cual participan de modo esencialmente distinto, fieles (Bautismo)
y ordenados (Orden Sagrado).
Promover
la participación, no debe ser a costa de cambios arbitrarios, la desorientación
en el pueblo nace cuando los ministros o el equipo de liturgia, apropiándose de
ella en forma indebida,le rinden culto a lo "novedoso".Y así permanentemente
viven cambiando alguna parte en las celebraciones "El verdadero cambio
provechoso es el del corazón "( CP 77,43). Un Credo adaptado, un
Padrenuestro modificado, un Gloria arreglado, etc., etc., etc. ¡Alto!. El
Concilio advierte, "las acciones litúrgicas no son acciones privadas, sino
celebraciones de la Iglesia, que es sacramento de unidad"(SC 26).
Lamentablemente en estos puntos, el Concilio no ha sido obedecido, y con ello se
ha desorientado sobre el modo propio y específico de participación de cada uno
(fieles y ordenados) "en las celebraciones litúrgicas, cada cual, ministro o
simple fiel, al desempeñar su oficio, hará todo y sólo aquello que le
corresponde por la naturaleza de la acción y las normas litúrgicas" (SC 28).
Decía el Papa a los obispos brasileños "muchos, tal vez, se han lanzado con
ardor a lo nuevo, olvidándose de lo antiguo. Otros han permanecido atados a las
formas exteriores, poniendo en duda la necesidad de renovación, que era muy
evidente y no podía confundirse con las desviaciones rechazadas no sólo por la
autoridad competente sino también por la mayoría de los fieles".
¿Se ha
incurrido en un error menor?. ¿O hay detrás una eclesiología que niega la
estructura jerárquica de la Iglesia? y que, subrepticiamente cree que en esto,
el Concilio se quedó corto. Para lo cual selecciona los textos a partir de un
presupuesto. Y así para favorecer la participación de los laicos, se violenta el
modo propio de cada uno según su estado. Se percibe una clericalización del
laicado en el modo de participar en la liturgia, avalada en algunos sectores
eclesiales por los clérigos, que optan por secularizar sus opciones.
Tan
negativo como el camino anterior, es la repetición mecánica. No se trata
solamente de repetir fórmulas, aún cuando estén en perfecto acuerdo con las que
la Iglesia propone, es especialmente cuestión de elevación de la mente y el
corazón a Dios, de tal modo que unidos a Cristo y los hermanos, podamos elevar a
Dios Padre en el Espíritu nuestras oraciones. Es grave también esa especia de
participación individual en donde todo se hace desde un Yo, que se resiste a
abrirse al Nosotros eclesial.
OBEDIENCIA
La
Pascua es la máxima expresión de la obediencia del Hijo, la voluntad del Padre
es lo que Jesús vino a cumplir, la Iglesia nacida de la pascua, participa y
actualiza esta obediencia en los sacramentos y de modo particular en la
Eucaristía. Ella nace misteriosamente en el silencio que se percibe en la Cruz,
silencio que genera cierto pavor y que será esclarecido a la luz de la Palabra
definitiva en la Resurrección del Hijo. De cualquier modo ambos elementos son
vitales a la celebración. Silencio que introduce en la búsqueda de la voluntad
de Dios, para escucharla y seguirla y Palabra abundante y desbordante del Padre,
en la respuesta dada con la Resurrección del Hijo.
SILENCIO
El
abba Arsenio dice: "Muchas veces me he arrepentido de haber hablado pero nunca
de haber guardado silencio". El silencio es imprescindible para la vida
espiritual, la vida litúrgica que supone ponerse ante Dios, ante su acción, lo
necesita imperiosamente. El Concilio Vaticano II, en el documento sobre la
Liturgia, al proponer la participación activa de los fieles, establece que se
fomenten las " aclamaciones del pueblo, las respuestas, la salmodia, las
antífonas, los cantos y también las acciones o gestos y posturas corporales.
Guárdese, además, a su debido tiempo, un silencio sagrado" (SC 30). En el
mundo actual el silencio es considerado un espacio inútil, los hombres viven
bombardeados por los medios de comunicación, sofocados por una cultura llena de
palabras. "Ellas forman el suelo, las paredes y el techo de nuestra existencia".
A esta masiva invasión de palabras, se le agrega con gravedad, que muchas de
ellas están vacías; por tener un contenido lights o por ser parte de un culto
que contemporáneamente se le da a la palabra. Dice Josef Pieper: la palabra
tiene dos aspectos; que siendo distinguibles no son separables. El primer valor
de la palabra es que ella hace patente la realidad; el segundo valor es el
carácter comunicativo de la palabra. La corrupción actual de la palabra, ataca,
o a su relación con la realidad o a su comunicación. Este decir la realidad, va
dirigiéndose hacia alguien para quien se expone. Esto impulsaba a Sócrates a
criticar a los sofistas: "El lenguaje que se emancipa del objeto es por eso,
necesariamente, un lenguaje sin destinatario". La emancipación del objeto
supone una indiferencia con respecto a la verdad.
¿Hemos
perdido la capacidad de expresar el misterio en el lenguaje que le es propio?.
Los creyentes son agredidos, y en muchos casos, han cedido a la tentación de
creer que se puede en medio de la vorágine contemporánea hacer convivir esta
realidad externa con las disposiciones necesarias para celebrar en la
fe.
Enumeramos
algunos ejemplos prácticos de esta problemática en las celebraciones
litúrgicas.¿Cuál es el resultado de ésta participación desenfrenada y
anárquica?, es un creyente que siente el peso de los silencios en las
celebraciones y que ha resuelto dar los avisos parroquiales en la acción de
gracias luego de la comunión; realizar todo tipo de explicaciones sobre los
signos, descartando la capacidad de comunicación que ellos tienen. En las
exposiciones del Santísimo Sacramento, se abusa de las reflexiones, haciendo que
las miradas de los fieles sean acaparadas demasiado por los
ministros..
CONCLUSIÓN
¿Puede
la cultura actual, en el creyente o el alejado, favorecer o disponer al espíritu
de la liturgia? ¿Sus pilares; el hedonismo, consumismo, secularismo y activismo,
favorecen el espíritu de la liturgia? ¿Se puede establecer una especia de
"commercium" entre las dos realidades?
Esta
cultura no solo no dispone, ni prepara al creyente para las celebraciones, lo
que es más grave, las quiere distorsionar en su mismo centro. Las quiere
convertir en celebraciones útiles y reivindicativas, vaciándolas de la
gratuidad, único eje posible de las celebraciones de fe. La liturgia es un
camino, el creyente escucha y obedece. La realidad es Dios, todo mi ser queda
iluminado por su presencia. La comunidad cristiana en la Liturgia, puede vivir y
expresar el encuentro gratuito entre Dios y el hombre en Cristo, y, desde allí
interpelar a la cultura actual. Para iluminarla en su oscuridad y para invitarla
como a Lázaro que se encuentra en el sepulcro; "sal afuera". Sal a la luz de la
gratuidad de Dios, sal a la luz de la gratuidad del hombre, sal a la luz de la
gratuidad de la vida y celébralo. La liturgia es un oasis de verdad, un remanso
en el camino, la voz dulce del Señor invitándonos a ir con ÉL nos alienta,
"vayamos a un lugar tranquilo". Si sólo por un instante cayera ante nuestra
mirada toda esa realidad sobrenatural que está presente en la Liturgia, nos
cubriríamos el rostro, la fe está llamada a la visión, ella se nutre de este
modo de ver, consolada y gozando, adora y espera a su
Señor.
Las
categorías; entrada, acogida y obediencia nos parecen adecuadas al misterio que
celebramos, ellas expresan la fe del creyente ante la irrupción de Dios. Podemos
perfectamente aplicar lo expresado por von Balthasar en la Estética Teológica,
la belleza (la liturgia es belleza) se expresa maravillosamente en la
encrucijada que se da, entre el esplendor y la forma, para entrar, acoger y
obedecer, es necesario percibir, pero, "nadie puede percibir sin ser arrebatado
ni ser arrebatado si no percibe". El olvido del "pulchrum" ha vaciado a la
Liturgia de su expresión más adecuada. Esa suerte de amnesia metafísica, de la
que tanto ha sufrido la Filosofía y la Teología ha afectado también a la
Liturgia, la invitación que el Santo Padre realiza en la Fides et Ratio ( en
relación a la búsqueda que se debe hacer), nos puede ser de mucha utilidad para
la Liturgia. Si los atributos trascendentales del Ser son; uno, bueno, verdadero
y bello, y si ellos trascendiendo las esencias son coextensivos a todo ser, la
liturgia debe profundizar los caminos que expresan a esos atributos
trascendentales del Ser. Un itinerario posible estaría dado por esta frase del
Santo Padre "vayamos desde el fenómeno al fundamento" (FR. 83).
El
camino para despertar esta percepción es arduo, pero, el Señor en su infinita
misericordia nos lleva hasta el Tabor, y sin dejar de ser nosotros, somos
introducidos en su presencia gloriosa. Recuperar lo mistérico supone una
búsqueda amorosa, hay que encontrar el camino perdido, para ello debemos
rastrear en la Tradición y los santos, ellos son liturgos por excelencia.
Acudamos con humildad a la fuente de la sabiduría, invoquemos su ayuda para que
guíe nuestra búsqueda, pongamos nuestros oídos atentos al Espíritu Santo y
digámosle confiadamente: "habla Señor que tu siervo
escucha".
Siglas
Utilizadas
SC-
Sacrosanctum Concilium, Concilio Vaticano II, Constitución sobre la Sagrada
Liturgia, 1963.
DC-
Dominiae Cenae, Carta apostólica de Juan Pablo II 1980.
VQA-
Vicesimus quintus annus, Carta apostólica de Juan Pablo
II,1988.
TM-
Tertio Millennio Adveniente, Carta apostólica de Juan Pablo II,
1994.
LRI- La
liturgia Romana y la inculturación, Congregación para el culto y la disciplina
de los sacramentos, 1995
FR-
Fides et ratio, Carta encíclica de Juan Pablo II, 1998.
CP-
Cuadernos Phase. Centro de Pastoral litúrgico.
Pieper
Josef, La fe ante el reto de la cultura contemporánea (Sobre la dificultad de
creer hoy). Rialp, Madrid, 1980.
(Este
material obedece a una charla dada en la parroquia San Juan Bautista, en mayo
del 97, fue arreglado para su publicación, incluyendo algunos documentos
posteriores del magisterio. No pretende ser un escrito científico, ni pretende
ser novedoso, intenta recrear y recoger la enseñanza de la Iglesia y de su
Tradición; yo sólo me he remitido a unir estos fragmentos dispersos, pensando en
algún corazón creyente que los necesite. Que todo sea para la gloria de Dios).