FE Y RAZÓN
"Omne verum, a quocumque dicatur, a Spiritu Sancto est"
Toda verdad, dígala quien la diga, viene del Espíritu Santo
Sal
fuera…(Jn 11,43)
Una reflexión
cuaresmal
Diác. Jorge Novoa
Cada año recibimos la llegada de la
Cuaresma con renovada esperanza, pero en muchas ocasiones pensamos que esta
palabra obrará en nosotros mágicamente,
y esperamos que cual artilugio de mago, por el solo hecho de pronunciarla
nos dispondrá a recibir frutos
abundantes. La Cuaresma es un tiempo de decisión que expresa la
invitación de Dios a abandonar la vida de pecado.
Hay que aceptar partir de la tierra del egoísmo, la injusticia,
la ambición desmedida, la explotación, el orgullo, la vanidad, la lujuria y
tantas otras manifestaciones del pecado en la vida de los hombres. Hay que
partir y abandonarlo todo. En realidad, la vida que llevamos alejados de Dios,
es un "espejismo vital", una forma aparente de vida que no sacia y que
conduce lenta y paulatinamente a la desolación, más que vida es muerte y por
ello parece ser que el sepulcro es el lugar escogido para
habitar.
Cuántos sepulcros culturales son propuestos
como verdaderos palacios. Cuántos compramos en cuotas, e incluso, de cuántos somos arquitectos nosotros
mismos. Nuestros sepulcros se
fueron construyendo a partir de
esas realidades que nos han ido encerrando, aislando, incomunicando y
debilitando, y así, poco a poco, hemos ido entrando en ellos.
El pecado comunica
únicamente la muerte, pues no da ningún signo vital, en el venial será preparación para ella o
participación y en el mortal experiencia de oscuridad y desesperanza. Nosotros
por la vida de pecado nos vamos introduciendo lentamente en el sepulcro, y el
mal espíritu nos susurra al final
de nuestro camino, que corramos la loza que lo cierra definitivamente.
Hay lozas en nuestros sentidos y en nuestro corazón que nosotros mismos ponemos
a veces sin darnos cuenta. El pecado claramente se manifiesta claramente como un suicidio
espiritual…
El Señor se detiene delante de nuestros
sepulcros para liberarnos de la loza que nos impide ver la luz y desde la puerta
grita nuestros nombres.
Para
nosotros el sepulcro es también toda situación límite. El temor a la muerte, el
desaliento, el sentir que nos han dejado de lado, la falta de afecto, la
ausencia de diálogo, la soledad, y tantas otras situaciones que nos van
debilitando. La vida vivida así, queda reducida a la espera de la muerte. Este
sepulcro condiciona toda nuestra vida, la llena de angustia, pesimismo e intranquilidad. De ese sepulcro nos
viene a liberar el Señor.
Jesús es el único que con voz potente anuncia una palabra de vida en todas las
situaciones de muerte, solo su voz potente resquebraja las densas oscuridades
que se nos presentan como límites, para iluminar nuestra existencia.
Su
Palabra nos invita a partir. Sal de esta tierra de pecado y muerte, y dirígete
hacia una que mana leche y miel. La Cuaresma es un tiempo de "escucha" de la
Palabra del Señor destinada a ser la luz que ilumina este caminar. Este camino que comienza en la oscuridad y
llega hasta la luz; "comienza con pensamientos melancólicos sobre la muerte y la
destrucción aparente del hombre (recuerda que eres polvo y al polvo regresarás)
y arriba al anuncio de la vida resucitada que iluminará de alegría y de
esperanza la noche de pascua; un camino que en la partida nos ofrece el camino
áspero de nuestro interior, como reflejo de la transformación de los corazones y
del universo obtenida para nosotros por la entrega de Cristo" (G.
Biffi).
Les
propongo como ejercicio
cuaresmal;
leer, meditar y orar el pasaje que se encuentra en el Evangelio según San Juan
11,1-44:
1-Leer
1 Había un cierto enfermo, Lázaro, de
Betania, pueblo de María y de su hermana Marta. 2 María era la que ungió al Señor con
perfumes y le secó los pies con sus cabellos; su hermano Lázaro era el enfermo.
3 Las hermanas enviaron a decir a Jesús:
«Señor, aquel a quien tú quieres, está enfermo.»
4 Al oírlo Jesús, dijo: «Esta enfermedad no
es de muerte, es para la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea
glorificado por ella.» 5 Jesús amaba a Marta, a su hermana y a
Lázaro. 6 Cuando se enteró de que estaba enfermo,
permaneció dos días más en el lugar donde se encontraba. 7 Al cabo de ellos, dice a sus discípulos:
«Volvamos de nuevo a Judea.»
8 Le dicen los discípulos: «Rabbí, con que
hace poco los judíos querían apedrearte, ¿y vuelves allí?» 9 Jesús respondió: «¿No son doce las horas
del día? Si uno anda de día, no tropieza, porque ve la luz de este mundo;
10 pero si uno anda de noche, tropieza, porque
no está la luz en él.»
11 Dijo esto y añadió: «Nuestro amigo Lázaro
duerme; pero voy a despertarle.» 12 Le dijeron sus discípulos: «Señor, si
duerme, se curará.» 13 Jesús lo había dicho de su muerte, pero
ellos creyeron que hablaba del descanso del sueño. 14 Entonces Jesús les dijo abiertamente:
«Lázaro ha muerto, 15 y me alegro por vosotros de no haber estado
allí, para que creáis. Pero vayamos donde él.»
16 Entonces Tomás, llamado el Mellizo, dijo a
los otros discípulos: «Vayamos también nosotros a morir con él.»
17 Cuando llegó Jesús, se encontró con que
Lázaro llevaba ya cuatro días en el sepulcro. 18 Betania estaba cerca de Jerusalén como a
unos quince estadios, 19 y muchos judíos habían venido a casa de
Marta y María para consolarlas por su hermano.
20 Cuando Marta supo que había venido Jesús,
le salió al encuentro, mientras María permanecía en casa. 21 Dijo Marta a Jesús: «Señor, si hubieras
estado aquí, no habría muerto mi hermano. 22 Pero aun ahora yo sé que cuanto pidas a
Dios, Dios te lo concederá.» 23 Le dice Jesús: «Tu hermano resucitará.»
24 Le respondió Marta: «Ya sé que resucitará
en la resurrección, el último día.» 25 Jesús le respondió: «Yo soy la resurrección
El que cree en mí, aunque muera, vivirá; 26 y todo el que vive y cree en mí, no morirá
jamás. ¿Crees esto?»
27 Le dice ella: «Sí, Señor, yo creo que tú
eres el Cristo, el Hijo de Dios, el que iba a venir al mundo.» 28 Dicho esto, fue a llamar a su hermana María
y le dijo al oído: «El Maestro está ahí y te llama.» 29 Ella, en cuanto lo oyó, se levantó
rápidamente, y se fue donde él.
30 Jesús todavía no había llegado al pueblo;
sino que seguía en el lugar donde Marta lo había encontrado.
31 Los judíos que estaban con María en casa
consolándola, al ver que se levantaba rápidamente y salía, la siguieron pensando
que iba al sepulcro para llorar allí. 32 Cuando María llegó donde estaba Jesús, al
verle, cayó a sus pies y le dijo: «Señor, si hubieras estado aquí, mi hermano no
habría muerto.» 33 Viéndola llorar Jesús y que también
lloraban los judíos que la acompañaban, se conmovió interiormente, se turbó
34 y dijo: «¿Dónde lo habéis puesto?» Le
responden: «Señor, ven y lo verás.» 35 Jesús se echó a llorar. 36 Los judíos entonces decían: «Mirad cómo le
quería.»
37 Pero algunos de ellos dijeron: «Este, que
abrió los ojos del ciego, ¿no podía haber hecho que éste no muriera?»
38 Entonces Jesús se conmovió de nuevo en su
interior y fue al sepulcro. Era una cueva, y tenía puesta encima una piedra.
39 Dice Jesús: «Quitad la piedra.» Le responde
Marta, la hermana del muerto: «Señor, ya huele; es el cuarto día.»
40 Le dice Jesús: «¿No te he dicho que, si
crees, verás la gloria de Dios?» 41 Quitaron, pues, la piedra. Entonces Jesús
levantó los ojos a lo alto y dijo: «Padre, te doy gracias por haberme escuchado.
42 Ya sabía yo que tú siempre me escuchas;
pero lo he dicho por estos que me rodean, para que crean que tú me has enviado.»
43 Dicho esto, gritó con fuerte voz: «¡Lázaro,
sal fuera!» 44 Y salió el muerto, atado de pies y manos
con vendas y envuelto el rostro en un sudario. Jesús les dice: «Desatadlo y
dejadle andar.»
2- Meditar
Jesús visita a sus amigos que sufren, no se
desentiende del sufrimiento de ellos. Tampoco se desentiende de nuestros
sufrimientos ¿Recurrimos a él como Marta y María? ¿Le pedimos que nos ayude a
salir de éstas situaciones de muerte?¿Oramos con fe? La única oración que se
pierde es aquella que no se realiza, aún aquella que hacemos distraídos o
cansados la recoge el Señor.
Reconocemos su voz que nos invita a salir
de nuestros sepulcros? Estamos dispuestos a partir en la dirección que nos
envíe? La Cuaresma es un tiempo de limosna, ayuno y oración, estas acciones no
son un fin en sí mismo, son medios para ayudarnos a salir de nuestros sepulcros.
Son caminos por los que transita el corazón que quiere volverse a su Señor
rechazando el pecado y sus consecuencias. La Cuaresma es peregrinación en
dirección del Señor. Ayudamos a otros a quitar las piedras que cubren la salida
del sepulcro? Grita el Señor en nosotros a otros, Sal
fuera……..?
3-Orar
San Ignacio nos invita a contemplar la
escena por medio de una composición de lugar, con ello evitamos ser solamente
contemplativos pasivos, al entrar en la escena que meditamos la contemplación se
actualiza en nosotros. Para ello, nos preparamos pidiendo al Espíritu Santo que
venga a orar en nosotros. Si esto lo hacemos en grupo, podemos incluir un gesto,
poniéndonos delante de nuestros hermanos (que deben estar sentados con los ojos
cerrados y los brazos extendidos) pronunciamos las palabras de Jesús incluyendo
su nombre (………………………Sal fuera). Si lo hacemos individualmente, esta es la
palabra que debemos pedir al Espíritu Santo nos deje oír de labios de Jesús
(…………………………..Sal fuera).
Que Dios los bendiga.