FE Y RAZÓN
"Omne verum, a quocumque dicatur, a Spiritu Sancto est"
Toda verdad, dígala quien la diga, viene del Espíritu Santo
SI DIOS NO EXISTE TODO ESTÁ
PERMITIDO
Diác. Jorge Novoa
Les propongo una historia para que dejemos volar un
poco la imaginación. Si al entrar en este mundo Dios enviara un ángel para
entregarnos, a cada uno, un pequeño boleto en cual se nos pidiera que
escribiéramos los años que queremos vivir. La mayor parte de nosotros, en esos
primeros años de nuestra vida pondríamos 60, o tal vez algunos 65 años, creyendo
que son suficientes. El mensajero divino, además de llevarse nuestro boleto, nos
informaría que la puerta para el encuentro con Dios es la muerte, pero que la
hora quedaba librada a nuestra elección. Y si cada diez años, Dios enviara a ese
mismo emisario para que nos recordara la fecha puesta en el boleto, veríamos
como luego de los 30, es decir al
cumplir 40, comenzaríamos a pedir autorización para modificar la fecha que
colocamos al entrar en este mundo. Y ciertamente que luego de modificada, y
adentrándonos en la nueva década, estaríamos esperando que llegara ese nuevo encuentro con el mensajero de
Dios, que trae nuestro boleto, para prorrogar un poco más el tiempo de nuestra
partida.
Y si nos adentráramos un poco más en la historia
que venimos desarrollando, veríamos que muchos, a pesar de conocer que la muerte
es la puerta que nos lleva al encuentro con Dios, iríamos interminablemente
corrigiendo el boleto.
Gracias a Dios y conociendo el deseo insatisfecho
que reside en el corazón del hombre, únicamente saciado por el Encuentro
definitivo con ÉL, decidió conocer ÉL únicamente el día y la hora nuestra
partida. Que bondadoso y sabio es nuestro Dios que nos libró de una carga tan
pesada.
Dios sabe el apego que tenemos a los bienes
materiales, y cuanto lamentablemente nos esclavizan impidiéndonos volar al
encuentro de su Amor. Ellos entablan en el corazón del hombre una batalla contra
Dios, pues quieren ocupar su lugar. Pero este "golpe de estado" que dan en el
corazón de los hijos de Dios, es progresivo y lento, con la intención de que sea
imperceptible. El Enemigo quiere ganar la guerra en pequeñas
batallas.
Y muchos de los males que nos afligen tienen su
origen en la relación que tenemos con Dios. El apego desordenado a los bienes o
personas; el desconocimiento de nuestros desordenes y sus causas o el diálogo
que se ha establecido con el Enemigo por la cultura imperante sin capacidad de
discernimiento, son algunas realidades, que entre otras, nos van
debilitando.
En la primera batalla el Enemigo tratará de
desterrar a Dios, es necesario ponerlo lejos del corazón del
hombre, su objetivo será que aceptes para tu vida; que Dios existe pero esta muy
lejos de ti y de tus cosas. Dios ha sido desterrado del corazón de los hombres,
las familias, las casas, las leyes, los hospitales, los colegios y para la New
Age de la Iglesia. Dios ha sido desterrado de su Creación y muchos quieren que
lo destierres de las cosas de tu vida social, especialmente si eres creyente.
Porque Dios es causa de conflictos, de allí que conviene que no pongas tus
creencias en las cosas del Mercado. Supongo que el día del juicio particular, el
alma creyente que actúe así, le dirá al Señor: este era tu mundo y todo es tuyo;
pero para vender mis productos TÚ
eras un obstáculo.
Muchos han impulsado la secularización, no la
secularidad, pero en realidad el impulsor de la secularización es un espíritu
que con (por y en) ella congrega y descalifica a Dios proponiéndolo como el
principal obstáculo para la concordia social. Acusar a Dios de obstáculo es un
pecado gravísimo, es compartir la misma visión que nos trasmiten los Evangelios
cuando algunos acusaban a Jesús de obrar por el poder del
Enemigo.
En la segunda batalla el Enemigo tratará de
matar a Dios en el corazón de los hombres. Así lo anunciaba el
profeta de Baal de los tiempos modernos Nietzsche: "Dios ha muerto". Se nos va
ofreciendo, poco a poco, como telón de fondo de la sociedad de consumo, en la
cultura imperante, el pensamiento de que con Él o sin Él nada cambia. Estos y otros axiomas, cual decálogo del
Enemigo, va matando a Dios en tu corazón. Ya lo decía F.Dostoievski: "Si Dios
no existe está todo permitido".
El bienestar es la felicidad.
Tanto tienes tanto vales.
Un regalo tiene que materializarse, si no, no
existe.
La fama
a cualquier precio es las meta más preciada.
El porvenir es de los fuertes, los débiles son un
obstáculo.
La virtud aburre y el vicio
divierte.
No hay nada, ni nadie más importante que uno
mismo.
Frente a una cultura de mercaderes, los creyentes
debemos trabajar por una cultura de la gratuidad, en la cual son profetas los santos y solamente
ellos pueden indicarnos claramente caminos liberadores para el "hombre de hoy".
El mundo necesita santos, la Iglesia nos invita insistentemente a recorrer los
caminos de la santidad. En nosotros está ser servidores de una cultura de
mercaderes o servir a la cultura de la gratuidad.
Si ahora continuáramos con la historia narrada al
principio y nos preguntáramos: ¿qué harían lo santos con ese boleto que trae el
emisario divino?. Podemos suponer que siempre lo entregarían en blanco, y le comunicarían al ángel el
deseo de que sea Dios quien ponga la fecha de la partida.
Por ello pidámosle al Señor nos conceda Sabiduría,
que es la capacidad de
penetrar en el sentido profundo del ser, de la vida y de la historia,
traspasando la superficie de las cosas y de los acontecimientos para descubrir
en ellos el significado último, querido por el Señor.