FE Y RAZÓN
"Omne verum, a quocumque dicatur, a Spiritu Sancto est"
Toda verdad, dígala quien la diga, viene del Espíritu Santo
San
Juan Bautista: Una voz grita en el tercer milenio. "Preparen el camino del
Señor...
Diác. Jorge
Novoa
24 de
junio es sinónimo de san Juan Bautista, recordarlo y profundizar en su misión
profética, iluminará los caminos de la evangelización del tercer milenio.
Recorramos la Escritura con una mirada contemplativa, hurgando en los distintos
pasajes bíblicos donde aparece esta emblemática figura, para "gustar y ver que
bueno es el Señor". "Contemplar significa mirar prolongada y detenidamente un
objeto o un paisaje, experimentando con ello admiración, asombro, fascinación,
interés". La mirada creyente no busca solamente altura sino profundidad,
descubre una realidad que al tiempo de trascenderlo lo atrae con irresistible
fuerza. El que contempla no es un espectador pasivo, aquello que lo atrae, le
manifiesta una verdad que lo convoca desde lo profundo de su
ser.
Juan
Bautista es un santo,
agrega San Jerónimo, "también sacerdote", era de linaje sacerdotal (Lc 1,5-8).
Su padre Zacarías, oficiaba en el Templo de Jerusalén cuando el arcángel Gabriel
le anunció que su oración había sido escuchada.¿Cuál sería la oración de
Zacarías?¿Qué deseos abrigaría en su corazón?
Es de
suponer que la oración de un
sacerdote del Pueblo de Israel, pediría la llegada del Mesías, o tal vez, dado
que Isabel era estéril, le pediría a Dios. Para los israelitas la esterilidad
era humillante. Si esta era su oración, ella se cumpliría plenamente, Isabel iba
a dar a luz un hijo que sería el precursor del Mesías.
Isabel,
su madre, es al igual que su padre de la tribu sacerdotal, ambos son presentados
en la Sagrada Escritura como justos (dikaioi). A ellos, el salmo 1 los llama
bienaventurados, su actitud frente al Señor queda maravillosamente descrita por
estos tres verbos: halak (caminar),'amad (estarse) y yashab (sentarse).
"Feliz
el hombre que no camina según el consejo de los
impíos
y
en el sendero de los pecadores no se detiene
y
en la reunión de los depravados no se sienta
mas
se complace en la Ley de Yahveh
su
ley susurra día y noche.
Es
como un árbol plantado
Junto
a corrientes de agua
Que
da a su tiempo fruto
Y
jamás se amustia su follaje
Todo
lo que hace sale bien…"(Sal 1)
Los
justos viven con una gran rectitud de corazón bajo la ley del Señor alabándolo,
"aclamad, justos, al Señor, que merece la alabanza de los buenos"(Sal 32) ."La
conducta del justo consiste en una gran rectitud interior que se manifiesta en
la vida exterior; el justo se complace en la Ley (Torah), la lee (medita)
asiduamente, de día y de noche". La existencia de los justos, como el árbol
plantado junto a la acequia, tendrá una fecundidad oportuna; un vigor perenne y
bendición en sus empresas. Evidentemente que las raíces de Juan son profundas,
su vida, como la del árbol plantado junto al río, será fecunda (Sal 1),
arraigado en Dios se nutre del "río de agua viva" que es la ley del
Señor.
En los
santos, Dios corona su propia obra, lo primero que reconocemos en ellos, es el
proyecto de Dios que se manifiesta en todas las dimensiones de su existencia. Al
tiempo que también descubrimos, el Sí de estos hombres a Dios, un sí provocado y
acompañado por la gracia. Cuando ambas coordenadas se encuentran, Dios se
manifiesta con tal profundidad, que si nos encontrásemos con estos hombres, le
rogaríamos como en la ciudad de Gadara, le rogaron a Jesús, "retírate". Dios se
manifiesta en ellos con sencillez y profundidad, a través de ellos y de su
mirada limpia, penetra nuestra existencia cuestionándola. Dios por ellos,
oportuna e inoportunamente nos manifiesta la "primacía de la gracia. El velo del
vientre materno de Isabel no impidió el saludo de aquel que había sido
presentado por el Ángel, como "lleno del Espíritu Santo desde el seno" de su
madre.
El
Bautista es un mártir
La
Palabra de Dios en los mártires es
rechazada violentamente, hasta el extremo de mostrarse aparentemente vencida. La
sangre derramada no silencia el Eco de la Voz de Dios que se da por sus
testigos. En su sentido etimológico, el mártir es un testigo. El Bautista es
mártir, no ha medido las consecuencias de su compromiso en favor de la Palabra.
Juan es la Voz, el Señor la Palabra. Ignacio de Antioquía, exclama poco antes de
morir" trigo soy de Dios y por los dientes de las fieras he de ser molido, a fin
de ser presentado como limpio pan de Cristo".
El
Bautista nos habla de un Testimonio que se torna molesto para los "poderosos de
este mundo". Herodes es demasiado pequeño para enfrentar un instante tan
medular, es un hombre "disoluto, violento, corrompido por el poder y la falta de
fortaleza espiritual", su imagen aparentemente poderosa se debilita ante la
danza insinuante de Salomé (Mc 6,21-29). Herodes no está a la altura del momento
histórico, el poder arbitrario y demagógico, siempre queda enredado en su propia
vanidad.
La voz
de Dios en el Bautista está encarcelada, pero no silenciada, ella como el grano
de trigo debe morir y caer en la tierra para producir vida abundantemente.. Dios
recoge la fidelidad de esta entrega y espera el tiempo en que se cosechará lo
que se ha sembrado. La sangre "derramada" por los mártires se convierte en
semilla de cristianos
El
martirio es una gracia, una verdad solamente comprensible desde el interior de
la vida cristiana. Cuando aceptan ser "llevados a donde no quieren ir", se
apoyan en la solidez del amor del Señor. Las preguntas que Jesús realiza a Pedro luego de la
traición, no son únicamente reveladoras del corazón de Pedro, son reveladoras
del Corazón de Jesús. Canta la Santa Iglesia, en la celebración del martirio de
Juan el Bautista:
Varón
feliz de méritos excelsos,
que
mantienes sin mancha tu pureza
santo
eremita, mártir esforzado,
magno
profeta.
Hoy,
cuando triunfas valeroso, arranca
de
nuestro pecho el corazón de piedra
el
camino torcido guía, allana las asperezas.
Juan
es receptor de la gran tradición de Israel, en él, se concentra toda la
expectativa de la Antigua Alianza. "Está destinado a personificar de forma
concentrada el núcleo ardiente de la primera Alianza, cuando se le preguntó,
quién era, no pudo identificarse ni con "el profeta" (semejante a Moisés Dt
18,15), ni con Elías(Ml 3,23), ni con el Mesías, al que tenía que preparar el
sendero (Ml 3,1 según Is 40,3)". Como todo enviado en la historia de la
salvación, apenas sabe el lugar que ocupa. Dios lo dispone en su tablero de
ajedrez, según el plan de la partida en su totalidad, que solo ÉL conoce. Su
misión es la más grande que haya recibido ningún nacido de mujer(Mt 11,11), y
por tanto la más difícil de comprender.
El
Pueblo de Israel, tras la caída del Templo de Jerusalén y el destierro, percibe
un gran silencio, hay como "un vacío" de quinientos años. Este silencio parece
ser la respuesta de Dios a su Pueblo. Para algunos autores como J. Jeremías (el
Espíritu se ha extinguido), el pueblo siente nostalgia por la voz profética que
está ausente. El espíritu profético que se había extinguido, retorna después de
una larga interrupción, Dios rompe su silencio y vuelve a hablar como antaño en
día de los profetas. Con la aparición del Bautista la Historia de la salvación
recobra su curso con un arranque imprevisto.
La
experiencia religiosa del resto fiel, se hace carne en la persona y las obras
del Bautista. ÉL es, la imagen de la humanidad en total apertura a Dios, a quien
es necesario ir descubriendo, rastreando e intuyendo. "Juan apareció, nuestro
Dios existía" (S. Jerónimo)
La
Iglesia universal contempla a esta figura paradigmática. Su puesto es central en
la historia de la salvación, porque allí, todo lo prometido se vuelve realidad.
En la solemnidad de San Juan Bautista, la Iglesia nos invita a mirar esta
realidad y sus repercusiones para nosotros.
Hay
muchas características para destacar de este profeta privilegiado, otros
anunciaron en la alborada del día, lo que Juan iba a contemplar con sus propios
ojos. Así, este "más que un profeta", no solo debe anunciar, sino señalar al
"cordero de Dios".
Se
puso delante de mí...(Jn 1,30)
La
representación que habitualmente nos hacemos de la misión de Juan es simplista.
Muchos piensan que fue sencillo para Juan. Se adjudica al profeta una especie de
clarividencia, una intuición tan luminosa que, "gracias a ella, él recibe la
ciencia inmutable del Espíritu como si éste se apoderase de él en tal forma que
desapareciera por completo toda vacilación". Según este modelo, habría un camino
en el cual se deben ir preparando las cosas; dígase actitudes, realidades
sociales, estructuras etc...para que al llegar el Salvador camine por el.
Esta
percepción inadecuada tiene algo de cierto, pero, vista la misión de Juan en su
totalidad, esto resulta un tanto insignificante. Lo que hay que preparar es a
una humanidad abierta a la irrupción de Dios en la historia. Un Dios que está a
la puerta. Esto dimensiona la imagen de Juan Bautista en ese aspecto vital que
es la fe, Juan prepara un camino que conduce hacia Jesús. No es un camino por el
cual vaya a transitar el Salvador, sino, un camino que tiene como destino al
Señor. La meta del pueblo que camina es Jesús, ante quien, el Bautista debe
"desaparecer" para que Jesús "crezca". Juan hace un camino de fe en el
conocimiento y la adhesión al proyecto de Dios. Que incluso ya en el final de su
existencia deberá acrisolarse, cuando desde la cárcel manda que sus discípulos
pregunten a Jesús; "Eres tú el que ha de venir o hemos de esperar a
otro?".
Debe
estar atento a la irrupción de Dios, pero siempre a oscuras. Surgen así
preguntas existenciales. ¿Por donde vendrá? ¿Dónde aparecerá? ¿Cómo lo
reconoceremos? Este moverse intuitivamente, tras las huellas de Dios en la
historia de su Pueblo, le permite reconocer la libertad de Dios. Aunque hasta
ahora ha hablado por los profetas hoy lo realiza en su Hijo. La fe se deja
sorprender por Dios, para Él, no hay imposibles, sus caminos no son los
nuestros.
Juan
habrá escuchado las alabanzas que su padre y su madre dirigían a Dios,
descubriéndole lo favorecidos que eran por esta elección, le habrán recordado,
el trance misterioso y maravilloso del anuncio de su nacimiento y lo que
vivieron a la hora de ponerle su nombre. Si hay algo, firmemente aceptable y
constatable en la vida de Juan, es la libertad de Dios. ÉL camina en medio de
ellos, interviniendo en la historia de su Pueblo para consolarlo con la
salvación que ya llega.
Juan
acepta ser en la melodía de Dios, solamente un acorde, tal como Moisés ve "la
tierra prometida" pero no entra en ella. Ha percibido que Dios los quiere
liberar de esas falsas seguridades, como lo hizo con Abraham, "sal de tu tierra,
de la casa de tu padre y ve a una que yo te daré". ¿Dónde esta?, no hay
respuesta. Así, Juan debe descubrir el proyecto de Dios tal como se le
manifiesta e ir recorriendo el camino de la confianza, en el Dios que es Fiel a
la Alianza. Por él, se pide "la antigua fidelidad a Dios, al sentido original de
esa lealtad que revela la autenticidad de una conversión a Dios en el dar
frutos(Mt 3,8) y una renuncia a toda seguridad frente a Dios.
Su
figura austera se presenta en las afueras de la ciudad. No es una "caña que se
lleva el viento". Anuncia y vive la posibilidad real de la salvación que ya
llega, y de la cual ninguno queda excluido. La Palabra de Dios lo conduce al
desierto, al comienzo recordábamos que el Bautista era de linaje sacerdotal,
siendo que es sacerdote, y sabiendo que llega el Mesías, no lo busca en el
Templo. Se deja conducir por la Verdad, puesto que la verdad que él profundiza y
comunica, es la verdad revelada en la plenitud de los
tiempos.
El sacerdocio antiguo ha pasado, el
Mesías trae un sacerdocio nuevo y eterno. De la esterilidad de Israel (Isabel) y
su silencio (Zacarías) Dios suscita un clamor fecundo que anuncia la llegada del
Mesías. "El que me envió", no la carne estéril ni la mudez provocada por la
falta de fe, sino Dios, el Dios de nuestros Padres, el que Es eternamente me
conduce hacia Jesús.
El
Bautista y la evangelización...
¿Puede
este hombre de Dios, ayudarnos a encontrar pistas para la Nueva Evangelización?
¿Puede haber un punto de contacto, entre dos culturas que parecen tan
diametralmente opuestas? Una voz clama en el tercer milenio, en continuidad con
todas las voces que a lo largo de la historia han clamado, anunciando la
necesidad de preparar los caminos del Señor. Una voz que anuncia el misterio
oculto en Dios desde la eternidad, y ahora manifestado en Jesucristo. Señalando
a nuestra sociedad, la plenitud de la Revelación de Dios en el Señor. Una
plenitud que trae la Verdad; sobre Dios, el mundo y el hombre.
El
Bautista sabe lo que ocurre en Jerusalén, conoce las ambiciones y mezquindades
del poder político y religioso de su tiempo, no está al margen del camino como
el ciego del Evangelio, esta en el camino que conduce a la salvación. La verdad
que proclama golpea con tal intensidad los corazones de sus oyentes,
invitándolos a abandonar la vida antigua de pecado, que acude mucha gente al
lugar donde se encuentra. Ni el número de los que se convierten, ni las lindas
intenciones, lo mueven a seguir en su misión. Se encuentra en el lugar apropiado
a la hora justa para cumplir la voluntad de Dios. Esa voluntad que no busca el
halago fácil ni el reconocimiento masivo, vivida por Juan en la soledad del
desierto, lo ha templado en una vida recta delante de Dios y los hombres.
Solamente
bosquejamos algunas pistas para la Nueva Evangelización, creo, que ellas pueden
ayudarnos. No cabe duda que el Bautista comprende y vive en profundidad
la
hora que
le toca vivir. Un segundo aspecto a contemplar, es apreciar como esta hora del
Bautista lo ubica en un
cruce de caminos singular, es
decir un lugar para el encuentro. Ambos aspectos pueden orientarnos al meditar
en la vida de Juan dándonos pistas para la Nueva Evangelización.
Las
dos pistas que hemos tomado expresan claramente los motivos que fueron causa de
gozo para su padre Zacarías (Lc 1,68-79) y por lo tanto son causa de alegría
para nosotros.
"
y será lleno del Espíritu Santo, aún desde el vientre de su madre. Y a
muchos de los hijos de Israel convertirá al Señor, que es el Dios de ellos.
Y marchará delante de Él con el espíritu y la virtud de Elías, para convertir el
corazón de los padres a los hijos, y los incrédulos a la prudencia de los
justos, para preparar al Señor un Pueblo perfecto" ( Lc
1,15-17)
El
Bautista será portador de una santidad extraordinaria, estará lleno del Espíritu
profético de la Antigua Alianza ( es más que profeta), asemejándose a Elías,
convirtiendo a muchos israelitas al Señor, para preparar un Pueblo que acoja al
Mesías.
La
hora presente
Juan
tenía conciencia de haber sido enviado en la última hora, antes del inminente
juicio de Dios (Mt 3,10), para exhortar a la penitencia (Mt 3,8) y para bautizar
a los penitentes. Es el pregonero de la salvación de Dios que en camino está a
punto de irrumpir, en una última posibilidad de conversión radical, en la
imposibilidad de subsistir delante de Dios por medio de algo que no sea esta
radical conversión que transforme, desde su raíz, la totalidad de la vida humana
hasta el presente.
En
nuestras vidas, hay horas buenas y malas, momentos difíciles y otros sencillos,
alegrías y tristezas, hay encuentros y desencuentros. Experimentamos, cuanta
verdad encierra aquel pasaje bíblico, "todo tiene un momento, y cada cosa su
tiempo bajo el cielo" como dice el "Cohélet"(Qo 3,1).
Frente
a las cuales, podemos tener dos actitudes; vivir o vivirla(s). El infinitivo en
los verbos nunca determina al sujeto en su ubicación histórica, no se pude
enunciar una frase como esta; yo morir de pena. El depositario de esta confesión
no sabría, si consolar, aconsejar o lamentarse con su confidente, pues la acción
no declara si le ocurrió en el pasado, si aún está presente, o si (cree que)le
ocurrirá en el futuro. No debemos vivir en infinitivo nuestra existencia, con
ello corremos el riesgo de estar, como dice el Concilio Vaticano II, presentes
físicamente pero no con el corazón. En el lenguaje del Evangelio más atrayente,
"viendo no ven y oyendo no oyen".
Juan
es un hombre de su tiempo, su vida está arraigada en Dios, y por ello es un
hombre de su tiempo, ve el tiempo según el designio de Dios. Ello capacita su
mirada para reconocer la presencia o ausencia de Dios en la vida de su Pueblo.
Anunciar
que el hacha esta puesta en la raíz (Mt 3,10), descarta cualquier pensamiento
superficial que quiera justificar una especie de misión llevada adelante
inconscientemente. Para poder gritar sobre la inconsciencia de su Pueblo,
primero debe gritar sobre sus ambigüedades e incoherencias. Debe primero recibir
la Palabra que Dios le dirige evidenciándole la necesidad de recibir el "perdón
de los pecados" por medio del arrepentimiento. Esa pesada responsabilidad es
mayor aún, cuanto el Bautista, no reniega de su Pueblo, sufre con Él. Su palabra
quiere rescatar cualquier signo de vida por frágil e insignificante que sea, no
viene a apagar "la mecha humeante, ni a quebrar la caña cascada". Cualquier
indicio de dignidad puede ser una realidad potencial para la conversión. Su
propuesta no nace de una debilidad, nace de la experiencia de Dios en su Pueblo
Israel.
"Los
tiempos de crecimiento y de progreso en la vida de la salvación son
infinitamente diversos. Algunas cosas que unos entienden inmediatamente, otros
la entienden después de muchos años, después de decenios.
En
todo hay una extraña Sabiduría, que hasta nos podría parecer fatalismo; y, sin
embargo, el hecho de que Jesús vivió y aceptó estas maduraciones lentas nos debe
hacer reflexionar: ¡cada cosa a su debido tiempo! No por esto debemos
intencionalmente retardar los tiempos y evitar un compromiso total, si no que se
trata de reconocer que hay leyes misteriosas que gobiernan el desarrollo, en la
naturaleza como en el espíritu, como en los pueblos y en las sociedades. Y hay
que poner atención a estas leyes, para que, por una parte, no se nos escape el
tiempo justo a causa de su propia pereza, sino que, por otra, ni siquiera
creamos poder apresurar y producir rápidamente lo que, en cambio, requiere
madurez profunda y personal. Lo que se realiza fuera del tiempo, será siempre
algo artificial y postizo, que no podrá menos de ser rechazado, antes o después,
por aquel organismo que lo ha integrado en sí mismo. Es cierto que, adhiriendo
al designio de Dios, se hace infinitamente más de lo que no se haría si los
tiempos fueran establecidos por nosotros". Basta pensar en ese período oculto,
pero sumamente fecundo, tanto del Bautista, como de Jesús en
Nazaret.
En un
cruce de caminos
Los
caminos de Dios en Cristo se hacen caminos para el hombre, todo cruce se vuelve
lugar para el encuentro, porque, Él camina con nosotros. Juan se encuentra en un
cruce singular, en su existencia hay dos polos que están ordenados el uno al
otro atrayéndose mutuamente.
Uno de
los polos es Dios; quien funda toda la experiencia de Juan, es el "que lo envió"
y le dijo "cuando veas". Una serie de signos evidentes le indicarían al
destinatario de su confesión, ciertamente que no lo conoce, pero, Aquel que lo
envió le aseguró una asistencia especial para que pudiera reconocerlo. La misión
recibida de "lo alto" debe ser realizada en "lo bajo". No hay misiones que no
tengan nada que ver con el hombre. "Por consiguiente, la "misión" y la
"donación" en Dios son exclusivamente temporales(Santo Tomás). La misión que
cada uno de nosotros deba realizar tiene su origen en la prolongación de las
misiones del Hijo y del Espíritu. Estas misiones son siempre eclesiales, no
somos nosotros enviados aisladamente, brota en nosotros por nuestra pertenencia
al cuerpo de Cristo que es la Iglesia.
El
otro polo; esta dado por esas palabras que volaron permanentemente sobre la
cabeza de Juan, "Este es… " .Esta destinado a Jesús, toda su existencia pende de
aquel instante, está totalmente orientado hacia ÉL. Permanentemente ha vivido
deseoso de cumplir con este designio, es la Hora del gran consuelo, no se trata
de protagonismos menores, es la hora definitiva, Dios visita a su Pueblo.
Nosotros
somos portadores de una Buena Noticia. Podemos reconocer al Señor, vivimos
permanentemente en medio de lo cotidiano con la capacidad de reconocer al Señor,
de reconocer su Reino o las semillas del Verbo presentes en nuestra cultura.
Nosotros estamos en ese cruce de caminos de Juan Bautista, entre el que nos
"envió" con la posibilidad de "indicar" a otros al Cordero de Dios. Nos nutrimos
de una vida que no tiene su origen en nosotros, y que esta destinada, por y en
nosotros a comunicarse, a darse a conocer. Somos Testigo y servidores del Reino,
como Juan, nuestra vida esta toda orientada por el anuncio explícito y el
ejemplo, hacia el que nos rescató de la muerte.
El
Papa Juan Pablo II, desgrana una serie de elementos en la encíclica "Redenptoris
missio", que nos permiten reflexionar sobre lo que supone servir al
Reino
Estamos
al servicio del Reino, en nosotros y por nosotros para el prójimo (que somos
Iglesia)cuando encarnamos en nosotros y exhortamos a todos a la conversión. La
salvación empieza, ya desde ahora, con la novedad de vida en Cristo. Servimos al
reino, difundiendo los valores evangélicos que son expresión del Reino,
reconociendo que la realidad incipiente del Reino puede hallarse fuera de los
confines de la Iglesia. "La Iglesia, finalmente, sirve también al Reino con su
intercesión, al ser este por su naturaleza don y obra de Dios. Nosotros debemos
pedirlo, hacerlo crecer dentro de nosotros; pero también debemos cooperar para
que el reino sea acogido y crezca entre los hombres". (Juan Pablo
II)
Cuanta
enseñanza para nosotros, que cantidad de proyectos desearíamos ver con mayor
claridad. Cuantas veces nos asalta la tentación de querer ver o conocer el
desenlace final de nuestras vivencias para resolver si debemos hacer tal o cual
cosa.
Conclusión
La
Nueva Evangelización exige una aguda mirada sobre la realidad, que penetre hasta
los mismos fundamentos culturales que la dirigen, para reconocer su orientación
medular. Una mirada creyente, que busque otear en la civilización actual las
huellas del Señor. Que busque en la identidad fundacional del pueblo, la matriz
cristiana que poseen la mayoría de nuestros pueblos latinoamericanos.
Preguntaban
a Hans Urs von Balthasar como definía su Teología, éste respondía, es "como el
dedo indicador de Juan Bautista que remite a la plenitud de la Revelación en
Jesucristo".Podemos apropiándonos de esta frase responder; la Iglesia levanta
una y otra vez, a tiempo y a destiempo, el dedo indicador de la fe para confesar
a Jesucristo, alfa y omega; el mismo ayer, hoy y siempre. Ante algunas
vacilantes preguntas que surgen muchas veces en nuestro horizonte, debemos con
Juan Pablo II indicar:
"No
se trata, de inventar un nuevo programa. El programa ya existe. Es el de
siempre, recogido por el Evangelio y la Tradición viva. Se centra, en
definitiva, en Cristo mismo, al que hay que conocer, amar e imitar para vivir en
él la vida trinitaria y transformar con él la historia, hasta su
perfeccionamiento en la Jerusalén celestial. Es un programa que no cambia al
variar los tiempos y las culturas, aunque tiene cuenta del tiempo y la cultura
para un verdadero diálogo y una comunicación eficaz" (TMI
29)
Textos
utilizados
Teología
del Nuevo Testamento; J. Jeremías.
Suma
Teológica, Tomo II,1q.43 a.1 Santo Tomás.
Gloria
Vol.7 ; Hans Urs von Balthasar.
El
Evangelio según San Juan; Carlo María Martini.
Pan
para el pueblo; Carlo María Martini.
Los
salmos ;Horacio Bojorge SJ.
Evangelio
según San Marcos ;San Jerónimo.