FE Y RAZON
"Omne verum, a quocumque dicatur, a Spiritu Sancto est"
Toda verdad, dígala quien la diga, viene del Espíritu Santo
Ascetismo y Herejía
Un escritor tan moderno como James
Joyce tuvo durante toda su vida el acto carnal por vergonzoso, según se
desprende de la bien documentada biografía de Richard Ellmann. A ninguno de los
grandes doctores de la cristiandad se le ocurrió jamás tal cosa. Para Tomás
de Aquino, por ejemplo, resulta evidentísimo (tanto que apenas hace falta
recalcárselo todavía a algunos supuestos entendidos, aunque de todas maneras
creemos oportuno recordarlo aquí) que el impulso sexual no es un mal necesario,
sino un bien. Siguiendo en esto las huellas de Aristóteles, llega incluso a
decir que en el semen humano hay algo divino. Igualmente obvio le parece a Tomás
que, como el comer y el beber, la satisfacción del instinto natural de la
sexualidad y el deseo carnal que de ella se deriva nada tienen de pecaminoso (absque
omni peccato), con tal que se preserven la moderación y el orden. En
efecto, el sentido intrínseco del apetito sexual, procrear hijos que sigan
poblando la tierra y el reino de Dios, no es ni siquiera un bien como cualquier
otro, sino, al decir del propio Tomás, "un bien eminente". Por si
esto fuera poco, la indiferencia apática (insensibilitas) frente a todo
deseo carnal, que más de uno podría verse tentado a considerar como ideal de
perfección cristiana, se califica en la Suma Teológica no sólo de defecto,
sino de positiva imperfección moral (vitium).
Aquí mismo debemos hacer notar que
la procreación no es el único y exclusivo sentido del apetito sexual, así
como tampoco los hijos son la única y exclusiva razón de existir del
matrimonio. Éste, en cambio, es la plenitud o consumación propia del instinto
carnal. De los tres "bienes" del matrimonio (fides, proles,
sacramentum: comunidad de vida, hijos, sacramentalidad), la fides, o
sea la comunidad íntima e inviolable de vida, constituye, según Tomás, el
"bien" ordenado al hombre "en cuanto hombre".
Si Tomás se muestra tan claro en
este punto y lo afirma sin la menor sombra de duda, es porque, más que ningún
otro doctor cristiano, ha tomado en serio y calado a fondo el pensamiento
original de la revelación: Omnis creatura Dei bona est, "todo
cuanto Dios ha creado es bueno". Estas palabras proceden del apóstol
Pablo, quien con el mismo argumento, es decir, la misma referencia a la creación,
fustiga "la hipocresía de algunos embaucadores que tienen marcada a fuego
su propia conciencia" y "prohiben el matrimonio y el uso de ciertos
manjares..." (1 Tim 4,2s). Herejía e hiperascetismo son y fueron siempre
parientes próximos. El Padre de la Iglesia Juan Crisóstomo lo proclamó ya enérgicamente
hace siglos; interpretando en uno de sus sermones la frase bíblica "dos en
una sola carne" como unión corporal de los esposos, añade: "¿Por qué
has de sonrojarte ante lo que es puro? ¡Tal es lo propio de los herejes!"
Josef Pieper ("Antología",
Editorial Herder, Barcelona, 1984; pp. 87-88).