FE Y RAZÓN
"Omne verum, a quocumque dicatur, a Spiritu Sancto est"
Toda verdad, dígala quien la diga, viene del Espíritu Santo
LA SUBSTANCIA Y EL ACCIDENTE
Hablando
con propiedad, el número de esencias reales y posibles es inmenso. Podemos, sin
embargo, clasificarlas por géneros según los caracteres comunes que pueden
ofrecer. De género según los caracteres comunes que pueden ofrecer. De género
en género, llegamos a diez géneros supremos de ser, a los cuales Aristóteles ha
dado el nombre de categorías.
El
estudio de las categorías forma parte del objeto de la Ontología, porque los
géneros supremos son también los diversos modos de ser entre los cuales se
distribuyen todas las cosas creadas. Dios se halla fuera y por encima de las
categorías; y no debemos maravillarnos de ello, puesto que ya las divisiones
del ser en acto y potencia, esencia y existencia, no le convienen y solo los trascendentales
pueden propiamente serle aplicados. El posee un modo de ser que le es
absolutamente propio. En cuanto a las cosas creadas, no ofrece una indefinida
cantidad de modos de ser: o bien son en sí, esto es, subsisten en sí mismas,
sin hallarse en sujeto alguno, o bien aparecen en otro ser donde subsisten como
en su propio sujeto. En el primer caso, tenemos una substancia. Ejemplos: un
ángel, un hombre, un caballo, una piedra. En el segundo caso tenemos un
accidente.. Ejemplos: una latitud, un color, una semejanza, una acción, un
movimiento, una emoción, un recuerdo, una virtud, un vicio, una situación.
La
substancia y el accidente son seres, pero la substancia es en sí, esto es, no
tiene necesidad del accidente para subsistir; ella es, por tanto, de una manera
más perfecta que el accidente. Es evidente que un cuerpo es de una manera más
perfecta que el accidente. Es evidente que un cuerpo es de una manera más
perfecta que sus cualidades físicas, las cuales son el él transitorias. Un
espíritu es de una manera más perfecta que los fenómenos de conciencia de que
es sujeto. El accidente tiene más necesidad de la substancia para subsistir; él
es en ella y por ella y no podría existir solo[1].
Así el color en el sujeto colorado y la sensación de color en el que ve.
La
substancia constituye una sola categoría, porque no hay más que una manera de
ser en sí para las cosas creadas, al paso que hay nueve categorías de
accidentes que constituyen nueve maneras de ser en otra cosa, nueve modos de
ser accidental diferentes.
La
substancia es en sí, y se define: una esencia a la cual es propio existir en sí
y no en otro. Tiene dos caracteres distintivos: el primero es el de subsistir
(subsistire en latín), esto es, de ser en sí; el segundo es ser sujeto de
accidentes, de llevarlos, de soportarlos, de comunicarles en cierto modo su
existencia real, de ser su raíz y su principio, de ser -para expresarnos
mediante una imagen- detrás de ellos o bajo ellos (en latín substare, estar
debajo).
En
esta segunda propiedad de la substancia de donde proviene su nombre y con todo
la primera es aún más importante, porque ¿quién no comprende que la substancia
no podría ser sujeto de accidentes, si no subsistiese en sí misma? Sería
entonces necesario que de sí fuese ya accidente con referencia a un sujeto
primero, mas tal sujeto sería la verdadera substancia. Porque nosotros llamamos
substancia al sujeto primero de los accidentes, subsistente en sí.
La
propiedad que tiene la substancia de ser sujeto de los accidentes es, con todo,
muy digna de ser considerada, en razón a que ella nos conduce a la comprensión
del procedimiento mediante el cual nos elevamos a la idea de substancia: o sea,
comprendiendo que lo transitorio se funda en lo estable y lo permanente, e
investigando el fondo de las cosas, porque los accidentes que, de buen
principio, impresionan a nuestros sentidos, pueden ser considerados
constituyendo en cierto modo la periferia de lo real. Pero esas modalidades
importan una realidad más fundamental, más profunda, que no varía cuando ellas
varían , que permanece, que subsiste en sí: la substancia: La substancia no
puede, pues, ser alcanzada por los sentidos, ni aún la de las cosas corpóreas:
ella, de sí, no es visible ni tangible, por más que nosotros veamos y toquemos
una cosa que es una substancia. La substancia no puede, pues, ser alcanzada por
los sentidos, ni aún la de las cosas corpóreas; ella, de sí, no es visible ni
tangible, por más que nosotros veamos y toquemos una cosa que es una
substancia. Porque mientras decimos que la vemos y la tacamos, en realidad de
verdad no vemos más que colores y figuras y no tocamos otra cosa que una
periferia subsistente o suave, sólida o líquida; es nuestro espíritu que, a
partir de esos antecedentes percibidos, concibe su fundamento como una realidad
substancial- Concepción tan rápida, razonamiento tan simple, que basta para él
el sentido común.
Algunos
filósofos han negado la substancia, pero ¿acaso puede darse algo más
incoherente que esto? Ellos no se han dado cuenta de que al decir. "No hay
más que cualidades, y conjuntos de cualidades, fenómenos y conjuntos de
fenómenos" atribuían, sin darse cuenta, a las cualidades y a los
fenómenos, en una palabra, a los accidentes, la propiedad fundamental de la
substancia, que es la de subsistir.
Creyendo
negar la substancia, la ponían en todas partes y no hacían otra cosa que negar
los accidentes. Es que el espíritu no puede prescindir de la noción de
substancia que en él se halla cuando decimos: "una cosa, alguna cosa, esta
cosa" . La substancia puede, por tanto, ser fácilmente concebida: en
cambio, no lo es ya tanto una perfecta comprensión de los accidentes.
En
efecto, contrariamente a la substancia, el accidente es una esencia a la cual
conviene existir en otra cosa. El completa y acaba a la substancia. Más que un
ser, él es "de un ser", dicen los escolásticos; pero esto no le
imposibilita para ser real, bien que con una realidad relativa, en cierto modo.
Entre
las nueve categorías de accidentes, las más importantes son: la cantidad,
que presta a la substancia corpórea sus propiedades de ser extensa,
mensurable,etc; la relación, por la cual una cosa es realmente puesta en
relación con otra cosa; la acción , por la cual obra; la pasión,
por la cual recibe; y final y principalmente la cualidad, cuyas naturalezas,
indefinidamente variadas, adjudican a cada cosa su fisonomía propia; porque la
cualidad aporta a la substancia una determinación y un modo particular, tanto
si se trata de cualidades innatas como de cualidades adquiridas.
[1] A no ser milagrosamente sostenido por la omnipotencia divina, como acontece en los accidentes eucarísticos.