FE Y RAZÓN
"Omne verum, a quocumque dicatur, a Spiritu Sancto est"
Toda verdad, dígala quien la diga, viene del Espíritu Santo
EL PRINCIPIO DE NO CONTRADICCIÓN
O DE IDENTIDAD
LEY FUNDAMENTAL D ELO REAL
Hemos
insistido, de manera especial, sobre las propiedades fundamentales del ser o
trascendentales, unidad, verdad, bondad y belleza, no solamente a causa del
interés que cada una de ellas ofrece en particular, sino principalmente para
habituar el espíritu a considerar el ser bajo aspectos diferentes, y a distinguir bien su universalidad. Es por
analogía, hemos dicho, que el ser se aplica a la vez a Dios, a un árbol, a una
virtud; es también por analogía que la verdad se aplica a una cosa verdadera, a
un juicio y a un razonamiento verdadero, a una teoría y a una palabra
verdadera. Es aún por analogía que yo llamaré bien, con referencia al pájaro, a
la semilla que va a nutrirle; y bien, para el hombre, el hecho de sacrificarse
por la justicia, o todavía, llamaré bello a un monumento hábilmente construido,
a un canto, y a un procedimiento demostrativo. Hay una multitud de modos de ser
uno: los miembros de un viviente no son uno de la misma manera que una
sociedad, que una sinfonía, o que un sistema de filosofía. Existe, por tanto,
un número indefinido de modos de ser verdadero, bueno, bello. Pero todo ser
tiene esas propiedades en la medida en que es: en estado rudimentario si es
rudimentario, y en estado perfecto si es perfecto.
Una
vez bien entendido esto, podemos comprender asimismo que el ser, por diverso
que sea, se opone siempre, igualmente, y en todas partes, a su negación: el ser
o la nada. La nada no es un espacio vacío, ni algo que pueda ser imaginado aún
vagamente; es, simplemente, negación del ser: es decir, que no es en manera
alguna. La idea que nosotros nos formamos de la nada tiene como punto de apoyo
el ser que ella niega.
La
nada no es, pues, contraria al ser como lo cálido es contrario a lo frío, o el
día a la noche, sino que es su contradictorio, es decir, la negación pura y
absoluta del ser, sin adición de otra cosa, e incompatible con él.
Así,
de la consideración de la primera idea: el ser, y de su negación: la nada, el
espíritu deduce inconscientemente el primer juicio, que es también el primero
de todos los principios, el cual consiste en afirmar la incompatibilidad
absoluta del ser y del no-ser. Se llama principio de no-contradicción. Este
principio es, de sí, evidente aunque los filósofos lo hayan formulado con
alguna diferencia unos de otros. Podemos enunciarlo así:"El ser no es el
no-ser: una misma cosa no puede, a un mismo tiempo y bajo un mismo aspecto, ser
y no ser". Por consiguiente,"todo ser es idéntico a sí mismo";
"todo ser es uno y el mismo".
Este
principio es absolutamente cierto, ya que no podemos negarle sin
contradecirnos, lo cual es propio del absurdo. Así el espíritu humano se
adhiere a él naturalmente. El es, por otra parte, ley fundamental del pensamiento:
un pensamiento cesa por el hecho de contradecirse identificando, así, el ser
con el no-ser. Mas, lo que precisa ver con claridad es que ese principio siendo
ley del pensamiento, es también, y ante todo, ley de lo real, porque como decía
un antiguo filósofo griego, Parménides: "El ser es, y la nada no es".