FE Y RAZÓN
"Omne verum, a quocumque dicatur, a Spiritu Sancto est"
Toda verdad, dígala quien la diga, viene del Espíritu Santo
LA ESENCIA Y LA EXISTENCIA
Partiendo
de un hecho, el cambio, hemos llegado a dividir el ser en ser en acto y ser en
potencia. Partiendo de la consideración de otro hecho, la multiplicidad,
podemos llegar a otra división, también fundamental, aunque menos universal que
la primera. En efecto, el mundo se ofrece como múltiple a nuestra
consideración; si todo ser es uno y el mimo, el ser considerado en conjunto,
por lo menos según nuestra experiencia, no es ni uno ni el mismo. La idea de
unidad se identifica, por otra parte, con
la de indivisión y nosotros la deducimos de la idea de división, que
adquirimos desde el momento en que, puestos en contacto con las cosas,
constatamos que difieren y se distinguen unas de otras. Bajo cierto aspecto,
ellas se parecen, esto es, en cuanto son o existen. Mas lo que es la una no es
lo que es la otra; ellas, pues, difieren por lo que son.
A
es a, A no es B. Estas simple afirmaciones determinan ya la idea de ser, como
implicando, una diversidad de esencias. La existencia es el hecho de ser, el
acto de ser; la esencia es aquello que existe, lo que es la cosa, y, por tanto,
su naturaleza íntima expresada por su definición, cuando esta es posible. La
esencia es diferente y la segunda semejante en los seres diferentes.
Conviene
tener una idea bien precisa de la esencia y de sus caracteres. Consideremos el
ser de un hombre real. En tal ser, nuestra inteligencia, procediendo por
análisis, puede determinar dos elementos; la existencia por la cual la
naturaleza humana es en tal hombre realizada, y esa misma naturaleza que
constituye la esencia. La esencia responde a la cuestión.¿Qué es esto?, a la
cual en el caso presente debe responderse: " Un hombre".
Ahora
bien:¿qué es un hombre? La filosofía contesta: "Un animal
racional", y esta definición es
excelente, porque ella sitúa a la especie humana en un género más extenso:
animal y la caracteriza por lo que propiamente la distingue: la razón, raíz en
ella de todos los caracteres específicos. El contenido de la esencia del hombre
es, pues, animal racional.¿Y quién no ve que modificando ese contenido, esos
caracteres esenciales se obtiene otro ser, del todo diferente al primero? Tal
es lo que se afirma cuando se dice que la esencia, de sí, es necesaria e
inmutable, porque al modificarla la destruimos y obtenemos otra esencia, del
mismo modo que sumando a un número una sola unidad, tenemos ya otro número. Al
afirmar que la esencia es necesaria, no queremos, a la verdad, dar a entender que ella exista necesariamente, sino
que ella es necesaria como esencia. Así puede o no existir tal animal que es el
hombre, tal metaloide que es el fósforo, mas para que exista un hombre, para
que el fósforo exista es preciso que todos los caracteres esenciales de la
naturaleza humana o de la naturaleza fosfórica se hallen a la vez realizados;
esta verdad, atentamente considerada, aparece como simple consecuencia o
aplicación del principio de no-contradicción. Se dice también en el mismo
sentido que la esencia es indivisible.
La
esencia es concebida por nuestro espíritu como un conjunto de notas
harmonizables entre sí y ofreciéndose como un todo. En este sentido, se dice
que es inteligible. Hemos dicho ya que el objeto primero de la inteligencia es
el ser, pero el ser al cual la inteligencia principalmente se siente atraída,
aquello a que la misma se dirige hasta el punto de constituirlo el objeto mismo
de la ciencia, es la esencia, determinación propia del ser de cada cosa.
Nosotros no conocemos perfectamente las esencias; hasta existen algunas que del
todo ignoramos; pero sabemos que todos los seres tienen su naturaleza, y que
hay en todos los seres un elemento, la esencia, la cual de sí, es posible e
inteligible, esto es, que puede existir por que no implica contradicción alguna
intrínseca y que, por la misma razón, puede ser conocida y comprendida.
Resumiendo
lo dicho, podemos decir que damos el nombre de esencia toda determinación de la
idea de ser que, conforme al principio de no-contradicción, puede existir y ser
alcanzado por la inteligencia. Es claro que entre las esencias, las hay que
existen de hecho, y otras que tan sólo son posibles.
Para
simplificar, llamamos posibles a estas últimas. Ellas no tienen existencia
alguna real, mas son únicamente en el espíritu.
Aquí
no podemos hacer sino indicar una tesis rigurosamente demostrable, a saber, que
nuestro espíritu, que concibe los posibles, no puede por sí, ni causarlos ni
ponerlos como tales posibles, y que, por consiguiente, tiene cierta entidad en
el seno mismo de la Inteligencia divina que los piensa, y de la Esencia divina
de la cual no son sino participación.
En
cuanto a la esencia real, si existe, se debe a que es en cierto modo
actualizada por el hecho de poseer una existencia. La esencia real, de una
parte, y la esencia que la actúa y le presta el ser, de otra parte, son, pues,
dos elementos bien distintos en las cosas. La esencia no puede tener el
carácter real sino unida a la existencia, ella continúa siendo la que es y
conserva su naturaleza. Y prueba de ello es que todas las esencias difieren, al
paso que la existencia es solamente el acto de ser común a todas ellas.. Es,
pues, evidente que la esencia y la existencia son dos elementos metafísicos,
uno potencial y otro actual, inseparablemente unidos, pero que no pueden
confundirse, como lo son siempre un potencia y el acto que la completa y
termina. La esencia es lo que existe; de sí, no podría tener existencia real,
pues ella no es la existencia.
Al
llegar a la Teodicea, comprenderemos toda la importancia de esa tesis. Dios,
que es el Acto puro, es también el solo ser que no tiene en sí una esencia
potencial, porque su Esencia se identifica con la existencia sin límites. Al
contrario, la existencia creada es limitada por la esencia potencial que le es
unida. Es por l esencia que ella es tal y no cual cosa, que tiene una
naturaleza reducida a ciertas determinaciones particulares. Mas la existencia
pura, no hallándose limitada por la esencia, es infinita.
Todas
las criaturas se hallan, pues, compuestas de potencia y acto. Dios solo es acto
puro. Más entre las criaturas las hay más o menos simples. Los ángeles, por
ejemplo, importan una composición de esencia y de existencia; ellos son, por
tanto, menos simples que Dios y cada uno de los mismo tiene una naturaleza
limitada. Pero son más simples que los cuerpos porque, según veremos en la
Cosmología, la esencia corpórea se halla en ellos integrada de un elemento
potencial: la materia, y de un elemento actual: la forma; resultando de esto
que en el mundo corpóreo la esencia no se identifica con la forma, como en el
mundo de los espíritus. Es la forma quien determina la especie, la naturaleza
específica de un ser, pero la matera potencial con la que se halla unida es el
principio de la pluralidad de individuos. De donde resulta que en el mundo
corpóreo puede haber pluralidad de individuos de una misma especie, lo cual es
imposible que acontezca en el mundo de los espíritus puros donde cada ángel
constituye, de por sí, una especie: porque no diversificándose por la materia,
difieren solamente por la forma que, por sí sola, constituye su esencia, al
paso que una misma naturaleza específica puede ser participada por varios
sujetos materiales distintos.
Llamamos
supuesto a la esencia considerada como lo que es, es decir, como sujeto
concreto de la existencia. En el mundo corpóreo, el supuesto incluye materia y
forma, es individualidad, al paso que la palabra esencia designa más
frecuentemente de una manera abstracta, la naturaleza específica.
Cuando
un supuesto se halla dotado de inteligencia, de voluntad, y, por tanto, de una
perfecta conciencia de sí mismo, recibe el nombre de persona.