En un reportaje publicado el día 28/02/1999 en
el diario "El País", el periodista Carlos Pauletti preguntó al Presidente de
la República Julio María Sanguinetti lo siguiente:
"El Arzobispo de Montevideo, Mons. Nicolás Cotugno, afirmó
recientemente "yo no voy a acompañar -como creyente- a la Presidencia de la
República a un futuro gobernante que no me ayude a hacer efectiva una educación de
acuerdo a los valores del Evangelio." ¿Cuál es su reflexión sobre esta afirmación
categórica?"
La respuesta del Presidente Sanguinetti fue la siguiente:
"Al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios."
¿Cuál es el sentido que tienen estas palabras de Jesucristo en los
labios del Presidente Sanguinetti? A mí me parece que, aunque el Dr. Sanguinetti pretenda
evitar un matiz de agresividad, sus palabras suenan más o menos equivalentes al antiguo
refrán: "Zapatero, a tus zapatos". Es decir: "Usted es obispo; por lo
tanto, no haga declaraciones públicas sobre temas políticos."
Si esto fuera así, ¿cuál podría ser la respuesta de un católico?
Pienso que esa respuesta podría abarcar varios aspectos diferentes:
- Aunque resulte obvio, vale la pena destacar que Mons. Cotugno como persona goza del
derecho a la libertad de expresión, que abarca también los temas políticos. Las normas
que excluyen al clero de la participación en las actividades políticas partidarias
provienen del derecho canónico, que es una ley interna de la Iglesia, no del derecho
civil. Por lo tanto, si algún miembro del clero infringiera dichas normas, éste debería
ser juzgado por las autoridades eclesiásticas, no por un gobernante agnóstico: "Al
César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios".
- Por otra parte, es preciso subrayar que el Magisterio de la Iglesia se refiere a los
asuntos de fe y costumbres. Su función es proponer y defender la doctrina cristiana no
sólo en sus aspectos teóricos, sino también en sus aspectos prácticos. La fe cristiana
implica necesariamente la moral cristiana, la vida en Cristo; y esta moral cristiana no
está limitada a los aspectos individuales de la vida humana, sino que incluye también
los aspectos sociales.
- Ahora bien, la declaración de Mons. Cotugno citada por el Sr. Pauletti cae
indudablemente dentro del ámbito de la doctina social de la Iglesia, por lo cual no debe
ser considerada como una mera opinión personal sino como una expresión del Magisterio
ordinario de la Iglesia.
- El Arzobispo de Montevideo ha planteado una clara defensa de la libertad de la Iglesia
en el ámbito de la educación: La Iglesia ha recibido de Cristo la misión de
evangelizar; y esta misión no puede ser cumplida debidamente descuidando un ámbito de la
vida tan fundamental como la educación. En este ámbito, como en todos los demás, la
Iglesia no pide al Estado privilegios, sino sólo libertad para cumplir su misión ("a
Dios lo que es de Dios"). Esta libertad no debe ser entendida sólo
negativamente, como ausencia de prohibiciones, sino también positivamente. No basta
declarar la existencia de una libertad si no se garantizan las condiciones necesarias para
su ejercicio por parte de todos. En el caso concreto de la situación de la libertad de
enseñanza en el Uruguay, no es correcto contentarse con el hecho de que la educación
cristiana está permitida, porque existen situaciones que hacen inviable para muchos
uruguayos el acceso a esa forma de educación que desearían para sus hijos o para sí
mismos.
- El Magisterio de la Iglesia no ocupa el lugar de la conciencia del cristiano, sino que
la orienta certeramente hacia la verdad. La Iglesia no ordena a sus fieles lo que deben
votar, sino que les enseña una doctrina revelada por Dios que les proporciona luces
valiosísimas a la hora de tomar decisiones referidas a cuestiones políticas concretas.
- La cuestión de la libertad de enseñanza, evocada una vez más por Mons. Cotugno, tiene
una importancia tan grande que es justo que un católico (como lo ha hecho el propio
Arzobispo) condicione su apoyo a un determinado candidato o partido político en función
de la postura que éste adopte en torno a dicha cuestión.