FE Y RAZON
"Omne verum, a quocumque dicatur, a Spiritu Sancto est"
Toda verdad, dígala quien la diga, viene del Espíritu Santo
Los milagros de Jesús como signos reveladores de su identidad
Estudio bíblico-teológico de la multiplicación de los panes
Daniel Iglesias Grèzes
1. Introducción.
Las
razones que me movieron a elegir como tema principal de mi tesina el milagro de
la multiplicación de los panes son en síntesis las siguientes:
·
Los
milagros son rechazados fuertemente por la mentalidad racionalista y
secularista, que intenta eliminar a Dios de la escena del mundo; sin embargo
ellos "son signos certísimos de la revelación y adaptados a la
inteligencia de todos" (Concilio Vaticano I, DS 3009, FIC 46), mediante los
cuales Dios Todopoderoso nos manifiesta su voluntad de compartir con nosotros su
Ser, su Vida, su Sabiduría y su Amor.
·
Jesucristo,
"con su presencia y manifestación, con sus palabras y obras, signos y
milagros,... lleva a plenitud toda la revelación y la confirma con testimonio
divino" (DV 4a). Él "apoyó y confirmó su predicación con milagros
para excitar y robustecer la fe de los oyentes" (DH 11). Los numerosos
milagros de Jesucristo tienen una importancia fundamental para la comprensión
de su Evangelio. Ellos son signos reveladores de la identidad de Jesucristo:
Hijo de Dios encarnado, autorrevelación de Dios y salvación del hombre.
·
El
milagro de la multiplicación de los panes es uno de los acontecimientos
decisivos de la vida pública de Jesús y tiene una gran riqueza de
significados, especialmente por ser la prefiguración del sacramento de la
eucaristía, "fuente y cumbre de toda la vida cristiana" (LG 11a).
Abordaré
este estudio desde las perspectivas correspondientes a las siguientes
disciplinas:
1.
Filosofía:
Intentaré fundamentar racionalmente la posibilidad del milagro.
2.
Teología
Fundamental: Procuraré poner de relieve cómo los milagros de Jesús en general
y la multiplicación de los panes en particular permiten afirmar la credibilidad
de la fe cristiana.
3.
Teología
Bíblica: Presentaré una exégesis (en español) de las narraciones evangélicas
de la multiplicación de los panes y del discurso sobre el pan de vida.
4.
Teología
Dogmática: Expondré brevemente los misterios de la fe cristiana a la luz de
estas reflexiones sobre los milagros de Jesús y la multiplicación de los
panes.
2.1.
La noción católica de milagro.
2.1.1.
El milagro en la teología anterior al Concilio Vaticano II.
Según San
Agustín, la creación incluye dos aspectos: la naturaleza corriente y el
milagro excepcional. Esos dos aspectos corresponden a dos tipos de
"semillas". Las semillas corrientes producen la naturaleza corriente.
Pero la creación contiene también unas "semillas de las semillas",
es decir, unas virtualidades misteriosas que dan origen a transformaciones
incomprensibles.
Santo Tomás
de Aquino distingue dos aspectos en los milagros:
"El
primero, la acción misma que supera la capacidad de la naturaleza: es lo que
hace definir los milagros como `actos de poder´; el segundo es la finalidad de
los milagros, o sea, la manifestación de algo sobrenatural: es lo que hace
denominarlos corrientemente `signos´." (Suma Teológica, II-II, q.
178, a. 1, ad 3).
La teología
escolástica fue dejando caer en el olvido el aspecto de los milagros como
"signos" y los presentó sobre todo como "actos de poder".
La definición del milagro de R. Garrigou-Lagrange expresa la concepción clásica:
"Un
hecho producido por Dios en el mundo y fuera del curso ordinario de toda la
naturaleza creada." (De revelatione per Ecclesiam catholicam proposita,
Roma, 1950, II, 40).
La
renovación de la teología del milagro recibió un fuerte impulso por medio de
las reflexiones de Maurice Blondel, quien volvió a destacar el carácter del
milagro como signo revelador.
2.1.2.
El milagro en la teología contemporánea.
La teología
contemporánea integra en el concepto de milagro tres datos esenciales de la
Revelación:
·
Un
aspecto ontológico: El milagro es una obra trascendente, es decir, imposible a
las criaturas, que supone necesariamente una intervención especial de la
causalidad divina.
·
Un
aspecto psicológico: El milagro es un hecho insólito, un prodigio que provoca
el asombro y la admiración del hombre.
·
Un
aspecto intencional: El milagro es un signo que Dios dirige a los hombres para
manifestarles la sobreabundancia y gratuidad de su amor y conducirlos a un
encuentro con Él.
A partir
de allí, R. Latourelle propone la siguiente definición:
"El milagro es un prodigio religioso, que expresa en el orden cósmico
(el hombre y el universo) una intervención especial y gratuita del Dios de
poder y de amor, que dirige a los hombres un signo de la presencia
ininterrumpida en el mundo de una palabra de salvación".
La
definición del milagro de K. Rahner y H. Vorgrimler se refiere también a los
tres aspectos mencionados:
·
En
primer término mira al aspecto ontológico y lo expresa con precisión:
"Se llama milagro a un suceso que podemos encontrar en el horizonte
de nuestra experiencia humana y que no puede explicarse esencialmente partiendo
de las leyes propias de ese ámbito de experiencia, en principio
conocidas".
·
En
cuanto a los aspectos psicológico e intencional, añade que el milagro es un
suceso que interpela al hombre en el fondo de su existencia y lo llama a un diálogo
con Dios. El hombre creyente acepta con sumisa admiración como inmediatamente
venidos de Dios los sucesos que, después de un serio examen, resultan
inexplicables (no meramente inexplicados de hecho). El milagro es una acción
histórica y libre de Dios que levanta las barreras de la ley natural
introduciendo la naturaleza material en la ley suprema de la economía salvífica.
Por medio de esa obra histórica Dios llama al hombre a un consorcio de vida con
Él. El milagro es la autotestificación histórica de la voluntad salvífica
universal de Dios y de su actuación histórica en los profetas y sobre todo en
Jesucristo.
·
Por
último destaca el aspecto escatológico del milagro, que queda especialmente
claro en el más importante de los milagros: La resurrección de Cristo. Ésta
testifica al hombre la consumación prometida por Dios, como fuerza salvífica
que opera en las sombras en la situación presente.
2.2.
La posibilidad del milagro.
2.2.1.
Fundamentación desde la filosofía cristiana.
Dios es
causa universal y no ha creado el mundo por una necesidad de su naturaleza. La
libertad de Dios no se agota en el solo acto de la primera creación. Es
infinita, imprevisible e inagotable en la gratuidad de sus iniciativas. El
universo está abierto y subordinado a la acción trascendente de Dios. Por lo
tanto, Dios puede sobrepasar libremente las causalidades naturales,
interviniendo en la red de causas particulares; pero sólo Él es capaz de
hacerlo y, propiamente hablando, no hay milagro que no provenga de Dios. El
milagro es una intervención de Dios en el mundo situada entre la primera creación
y la transformación final de todo.
El hecho
milagroso tiene su lugar en el orden providencial. Es compatible con el plan
providencial según el cual Dios ordena todas las criaturas a su fin último.
Supera todo el orden de la naturaleza creada, pues proviene de un orden más
elevado, el de la gracia sobrenatural, que tiende a manifestar. El milagro es,
pues, un signo perceptible, en el cual el orden de la naturaleza es superado en
vista del orden de la gracia. Es un signo de la gracia de la salvación dentro
del cosmos.
2.2.2.
Respuesta a las objeciones racionalistas.
Hoy en día
muchos rechazan a priori la idea misma de milagro, la credibilidad de esa
intervención de Dios en un universo autosuficiente. El racionalismo,
pretendiendo apoyarse en la ciencia, declara que el milagro es imposible o
inconveniente. No hay nada más indigno de Dios que violar las leyes que él
mismo ha establecido. La actitud racionalista es una visión totalitaria que
hace de la razón humana árbitro de todo, incluso de la acción divina, de lo
que Dios puede o debe hacer. Elimina todo lo sobrenatural: encarnación,
milagros, redención, resurrección, gracia, sacramentos, etc.
La postura
racionalista ante el milagro queda de manifiesto en las siguientes citas:
"Si
en la naturaleza ocurriera algo que contradijera sus leyes universales, estaría
también en contradicción con el decreto, con el entendimiento y con la
naturaleza de Dios" (B. Spinoza).
"Al
ser todo milagro una infracción de las leyes de la naturaleza, y estando estas
leyes establecidas sobre una experiencia firme inalterable, la naturaleza misma
del hecho ofrece aquí, en contra de los milagros, una prueba de experiencia tan
completa como es posible imaginar" (D. Hume).
"Atreverse
a suponer milagros en Dios es realmente insultarle... Es decirle: `Eres débil e
inconsecuente´. Por tanto, es absurdo creer en los milagros; es injuriar en
cierto modo a la divinidad" (Voltaire).
"Si...
el milagro es una cosa inadmisible, he acertado al tratar los libros que
contienen relatos de milagros como historias mezcladas con ficciones, como
leyendas llenas de inexactitudes, de errores y de ideas preconcebidas." La
negación de la posibilidad del milagro y de la inspiración divina de la Biblia
"no son en mí el resultado de la exégesis; son anteriores a la exégesis.
Son el fruto de una experiencia que no ha sido desmentida. Los milagros son
cosas que no ocurren jamás; sólo las gentes crédulas creen verlos; no se
puede citar ni uno solo que haya ocurrido delante de testigos capaces de
constatarlo... Por el solo hecho de admitir lo sobrenatural estamos ya fuera de
la ciencia puesto que admitimos una explicación que no es científica".
(E. Renan).
E. Kant no
niega la posibilidad teórica del milagro, pero considera fútil o absurdo empeñarse
en establecer la autenticidad histórica de los milagros de Jesús o de
cualquier otro milagro.
R.
Bultmann distingue entre milagro y prodigio y declara que los milagros son
ininteligibles en un mundo moderno sometido a la ciencia.
Estos filósofos
generalizaron indebidamente su experiencia, limitada en el tiempo y en el
espacio. Incluso si su experiencia hubiese sido universal y exhaustiva, esto no
probaría que el milagro es imposible. De que no haya habido milagros en el
pasado no se puede inferir que no los habrá en el futuro. E incluso si no
hubiese habido ningún milagro en el pasado y se pudiese saber que en el futuro
tampoco lo habrá, esto no prueba que sea imposible. Sólo es imposible lo que
implica contradicción. Pero el milagro no implica contradicción; no es en modo
alguno absurdo. Para probar la imposibilidad del milagro habría que demostrar
antes que Dios no existe. Tampoco es válido el argumento basado en que los
milagros no han sido probados. Aunque esto fuera verdad, no permitiría
considerar como cierto que los milagros no pueden existir.
Dios no es
objeto de experiencia sensible. Pero de ahí no se deduce que no exista el orden
sobrenatural. La existencia de Dios no implica contradicción alguna con las
ciencias cuyo objeto es lo que existe en nuestra experiencia. Negar la
existencia del orden sobrenatural porque no lo hemos visto nunca constituye un
positivismo grosero.
3.1.
Historicidad de los milagros de Jesús.
3.1.1.
Valor histórico del conjunto de la tradición evangélica.
A este
respecto citaré simplemente la enseñanza del Concilio Vaticano II acerca del
carácter histórico de los Evangelios:
"La
santa madre Iglesia ha defendido siempre y en todas partes, con firmeza y máxima
constancia, que los cuatro Evangelios mencionados, cuya historicidad afirma sin
dudar, narran fielmente lo que Jesús, el Hijo de Dios, viviendo entre los
hombres, hizo y enseñó realmente para la eterna salvación de los mismos hasta
el día de la ascensión." (DV 19).
3.1.2. Criterios de autenticidad histórica.
Es posible
aplicar a los relatos de milagros los siguientes criterios de autenticidad
utilizados por la ciencia histórica:
·
Testimonio
múltiple:
"Un
testimonio concordante, que procede de fuentes diversas y no sospechosas de
estar intencionalmente relacionadas entre sí, merece reconocerse como auténtico."
(R. Latourelle, Milagros de Jesús y teología del milagro, p. 71).
·
Interpretación
diversa, acuerdo en el fondo:
"La
diversidad de la interpretación y las divergencias de detalle proceden de la
actividad redaccional, mientras que el peso y la presión de la tradición se
hacen sentir en el acuerdo de fondo sobre la realidad del hecho conservado y
reconocido por todos. Este acuerdo en la substancia del hecho, coexistiendo con
ciertas fluctuaciones en la redacción y hasta en la interpretación, constituye
un sólido indicio de historicidad." (R. Latourelle, o.c., p. 81).
·
Discontinuidad:
"Se
puede considerar como auténtico un dato evangélico que no puede reducirse bien
a las concepciones del judaísmo, bien a las concepciones de la Iglesia
primitiva, o mejor aún a las dos simultáneamente". (R. Latourelle, o.c.,
p. 73).
·
Conformidad:
"La
venida decisiva del reino de Dios es el tema fundamental de la enseñanza de Jesús...
Se pueden considerar como auténticos los dichos y los gestos de Jesús íntimamente
ligados a este tema." (R. Latourelle, o.c., p. 75).
·
Estilo
de Jesús:
"El
estilo de Jesús es el sello inimitable de su persona sobre todo lo que dice y
lo que hace;... en sus milagros, es idéntico al de su enseñanza; está a la
vez impregnado de sencillez, de sobriedad y de autoridad." (R. Latourelle,
o.c., p. 76).
·
Inteligibilidad
interna del relato:
"Cuando
un dato evangélico está perfectamente inserto en su contexto inmediato o
mediato y es además perfectamente coherente en su estructura interna (en todos
los elementos que la componen), se puede presumir que se trata de un dato auténtico."
(R. Latourelle, o.c., p. 79).
·
Explicación
necesaria:
"Si
ante un conjunto considerable de hechos o de datos, que exigen una explicación
coherente y suficiente, se ofrece una explicación que ilumina y armoniza todos
estos elementos (que de otro modo seguirían siendo un enigma), podemos concluir
que estamos en presencia de un dato auténtico" (R. Latourelle, o.c., p.
82).
3.1.3.
Indicios de historicidad global.
Hay un
conjunto de indicios muy favorables a la historicidad global de los milagros
evangélicos:
·
Los
relatos de milagros ocupan un lugar tan considerable en los evangelios y están
tan íntimamente ligados a su trama que no es posible rechazarlos sin rechazar
los evangelios. Son un dato insoslayable, que exige una explicación. Los
milagros y la predicación de Jesús constituyen una unidad indisoluble, ya que
ambos manifiestan la venida del Reino de Dios.
·
Gran
número de relatos mencionan el carácter público de los milagros de Jesús. Sólo
los milagros explican el entusiasmo que Jesús suscitó en el pueblo y la
presentación de Jesús como taumaturgo en la primera predicación apostólica.
·
Ni
los enemigos más encarnizados de Jesús negaron que Jesús hiciera milagros. No
discuten su actividad de exorcista y taumaturgo, sino la autoridad que
reivindica apoyándose en ella. Jn 11,45-54 indica como causa directa de la
decisión de las autoridades judías de dar muerte a Jesús sus muchos milagros,
y especialmente la resurrección de Lázaro. Esto es tanto más significativo
cuanto que muchos de los grupos judíos de la época rechazaban los milagros o
desconfiaban de ellos. Los milagros de Jesús fueron malinterpretados por las
multitudes y por los dirigentes. El poder humano de producir fenómenos de
apariencia milagrosa podía atribuirse a conocimientos mágicos. Un texto del
Talmud babilonio alude a la actividad taumatúrgica de Jesús, interpretándola
como una acción mágica:
"En
la víspera de la fiesta de pascua se colgó a Jesús. Cuarenta días antes, el
heraldo había proclamado: `Es conducido fuera para ser lapidado, por haber
practicado la magia y haber seducido a Israel y haberle hecho apostatar. El que
tenga algo que decir en su defensa, que venga y lo diga´. Como nadie se presentó
para defenderle, se le colgó la víspera de la fiesta de pascua" (Sanhedrin
43a).
San
Justino atestigua que los judíos del siglo II atribuyeron a Jesús un poder
extraordinario, pero de carácter mágico (cf. Diálogo con Trifón, 69,
6).
3.1.4.
Los milagros de Jesús según Jesús.
Jesús
mismo indica el sentido de sus milagros en tres textos que muy probablemente
pertenecen a la Quelle, fuente hipotética que habría conservado la más
arcaica de las tradiciones sobre los dichos de Jesús. El estudio de esos textos
permite concluir que los milagros de Jesús están sólidamente atestiguados por
una tradición muy antigua que nos da acceso a la vox Jesu. Jesús
relaciona íntimamente sus milagros con la llegada del reino que inaugura con su
persona.
3.1.4.1. La embajada de Juan Bautista y la respuesta de Jesús.
"Juan,
que en la cárcel había oído hablar de las obras de Cristo, envió a sus discípulos
a decirle: `¿Eres tú el que ha de venir, o debemos esperar a otro?´ Jesús
les respondió: `Id y contad a Juan lo que oís y veis: los ciegos ven y los
cojos andan, los leprosos quedan limpios y los sordos oyen, los muertos
resucitan y se anuncia a los pobres la Buena Nueva; ¡y dichoso aquel que no
halle escándalo en mí!´" (Mt 11,2-6; cf. Lc 7,18-23).
·
Es
verosímil que Juan Bautista se haya informado de la actividad de Jesús desde
la cárcel, puesto que su decapitación no tuvo lugar inmediatamente. El
ascendiente de que gozaba Juan sobre Herodes Antipas y varias personas de su
entorno (cf. Mc 6,20; Lc 8,2-3; 24,10; Hch 13,1) permiten pensar que el tetrarca
autorizó a sus discípulos a visitarlo en prisión. El envío de dos discípulos
(Lc) corresponde a la práctica de los maestros del judaísmo.
·
La
comunidad primitiva no habría creado este episodio, poniendo en labios de Juan
una pregunta formulada en tono vacilante y preocupado. Debe tenerse en cuenta
que la Iglesia primitiva presenta al Bautista como aquel que atestigua
abiertamente a Cristo (cf. Jn 1,7.15). Tampoco habría utilizado un título
cristológico tan impreciso ("el que ha de venir"), inusitado en el
judaísmo y en el cristianismo (doble discontinuidad). Finalmente, no habría
omitido los exorcismos ni pasado por alto la respuesta del Bautista.
·
La
referencia a los milagros se comprende mejor en tiempos de Jesús, mientras es
posible constatarlos, que en tiempos de la Iglesia. Después de pascua la apologética
se apoya ante todo en la resurrección de Jesús.
·
En
la respuesta de Jesús nos encontramos con su estilo: se oculta detrás de sus
obras, enfatiza el anuncio de la buena nueva a los pobres y establece un vínculo
entre sus actos y los signos de la llegada del reino. Jesús recurre con
preferencia a Isaías, pero usa los textos proféticos con libertad. No hay
alusión a la venganza que acompaña a los oráculos de Isaías.
3.1.4.2. Invectivas contra las ciudades del Lago.
"Entonces
se puso a maldecir a las ciudades en las que se habían realizado la mayoría de
sus milagros, porque no se habían convertido: `¡Ay de ti, Corazín! ¡Ay de
ti, Betsaida! Porque si en Tiro y Sidón se hubieran hecho los milagros que se
han hecho en vosotras, tiempo ha que en sayal y ceniza se habrían convertido.
Por eso os digo que el día del Juicio habrá menos rigor para Tiro y Sidón que
para vosotras. Y tú, Cafarnaúm, ¿hasta el cielo te vas a encumbrar? ¡Hasta
el Hades te hundirás! Porque si en Sodoma y Gomorra se hubieran hecho los
milagros que se han hecho en ti, aún subsistiría el día de hoy. Por eso os
digo que el día del Juicio habrá menos rigor para la tierra de Sodoma que para
ti´." (Mt 11,20-24; cf. Lc 10,12-16).
·
Según
J. Jeremias, el pasaje presenta varios rasgos típicos del arameo. El término dynameis,
empleado para designar los milagros de Jesús, es característico de la tradición
más antigua.
·
El
nombre de Corazín no se menciona nunca en el resto de los evangelios.
·
El
tono de estos reproches contra tres ciudades determinadas induce a pensar que
Jesús hizo en ellas grandes signos públicos. El juicio sobre Tiro y Sidón,
ciudades paganas, sólo se comprende en labios del mismo Jesús. Su severidad
con las ciudades del lago se basa en su actitud frente a su persona, signo de la
llegada del reino.
·
El
texto reconoce el fracaso de los milagros de Jesús, actitud que contrasta con
la de la Iglesia primitiva (cf. Hch 2,22; 10,38).
·
El
texto manifiesta varias características del mensaje prepascual de Jesús:
llamada a la conversión, recurso a los milagros más que a la resurrección.
3.1.4.3. Logion sobre los exorcismos.
"Él,
conociendo sus pensamientos, les dijo: `Todo reino dividido contra sí mismo
queda asolado, y toda ciudad o casa dividida contra sí misma no podrá
subsistir. Si Satanás expulsa a Satanás, contra sí mismo está dividido: ¿cómo,
pues, va a subsistir su reino? Y si yo expulso a los demonios por Beelzebul, ¿por
quién lo expulsan vuestros hijos? Por eso, ellos serán vuestros jueces. Pero
si por el Espíritu de Dios expulso yo los demonios, es que ha llegado a
vosotros el Reino de Dios´." (Mt 12,25-28; cf. Lc 11,17-20).
·
Los
enemigos de Jesús reconocen sus exorcismos pero los interpretan como una acción
diabólica. Semejante acusación en contra de Jesús no pudo ser inventada por
la comunidad cristiana.
·
Jesús
tiene conciencia de ser el vencedor de Satanás (cf. Mc 3,22-27; Lc 10,18). La
presencia del "yo" es típica de Jesús, lo mismo que el vínculo que
establece entre el reino de Dios y su acción liberadora. La mención del
"reino", concepto arcaico en los evangelios, se expresa aquí en términos
emparentados con los del kerygma primitivo (cf. Mc 1,15). La actividad de
Jesús como exorcista corresponde a su misión mesiánica, ya que en el tiempo
mesiánico se debía manifestar la victoria suprema de Dios sobre el mal.
3.1.5.
Historicidad de los relatos particulares.
Al aplicar
los criterios de historicidad antes enunciados a cada uno de los relatos evangélicos
de milagros es posible concluir que la convergencia y coherencia de esos
criterios constituye una prueba de solidez histórica difícilmente rechazable
(cf. R. Latourelle, o.c., pp. 87-261).
3.2. Teología de los milagros
de Jesús.
3.2.1. Visión cristocéntrica del milagro.
·
Lo
que caracteriza al estudio de los milagros de Jesús en la teología actual es
la preocupación por vincularlos a la persona de Cristo. Del siglo XIX al siglo
XX se pasó de una perspectiva de objeto a una perspectiva de sujeto, de
persona. Antes del Concilio Vaticano II, los milagros y las profecías de
Cristo, los profetas y los apóstoles eran considerados como pruebas externas
aptas para establecer sólidamente el origen divino de la religión cristiana.
El Vaticano II personalizó la revelación y la presentación de los signos. En
una sola frase, la constitución dogmática Dei Verbum relaciona decididamente
los signos con la persona de Cristo, presentando a Cristo a la vez como la
plenitud de la revelación y como el signo por excelencia de la misma: el signo
que manifiesta a Dios y se atestigua como Dios entre nosotros.
"Por
tanto, es él -verlo a él es ver al Padre (cf. Jn 14,9)- el que, por toda su
presencia y por la manifestación que hace de sí mismo, por sus palabras y sus
obras, por sus signos y sus milagros, y más particularmente por su muerte y su
gloriosa resurrección de entre los muertos, y finalmente por el envío del Espíritu
de verdad, da a la revelación su pleno cumplimiento y la confirmación de un
testimonio divino atestiguando que Dios mismo está con nosotros para librarnos
de las tinieblas del pecado y resucitarnos a la vida eterna" (DV 4a).
·
Los
milagros de Jesús son la irradiación multiforme de la epifanía del Hijo de
Dios entre los hombres. Cristo mismo, por entero, es el signo enigmático que
pide ser descifrado, el signo único y total de credibilidad. Él es el signo
primero que incluye y fundamenta todos los demás. Los milagros de Jesús se
presentan como una irradiación de su ser y plantean la cuestión de su
identidad:
"¿Quién
es éste, que hasta el viento y el mar le obedecen?" (Mc 4,41; cf. Mt 8,27;
Lc 8,25).
·
El
Concilio Vaticano II presenta también a los milagros de Jesús como un anuncio
de la llegada del Reino de Dios que se manifiesta en la persona de Jesucristo:
"El
Señor Jesús dio origen a su Iglesia predicando la buena nueva, la llegada del
reino prometido desde hacía siglos en las Escrituras... Este reino brilla a los
ojos de los hombres en la palabra, las obras y la presencia de Cristo... Los
milagros de Jesús atestiguan igualmente que el reino ha venido ya a la tierra:
`Si por el dedo de Dios expulso los demonios, entonces es que el reino de Dios
ha llegado entre vosotros´(Lc 11,20; Mt 12,28). Sin embargo, el reino se
manifiesta ante todo en la persona misma de Cristo, Hijo de Dios e Hijo de
hombre, que ha venido a salvar y a dar su vida como rescate de muchos (Mc
10,45)" (LG 5).
"Cristo
recorría todas las ciudades y aldeas, curando todas las enfermedades y
debilidades, como signo de la llegada del reino de Dios" (AG 2).
·
El
Vaticano II subraya que, si bien Dios ha multiplicado los indicios de su
intervención en la historia, le dejó al hombre la libertad de responder al
mensaje y los signos de la salvación. Los signos no son constrictivos; son
dones y ayudas de Dios que solicitan y sostienen al hombre en su libre decisión
de fe:
"Cristo...
invitó y atrajo a los discípulos con paciencia. Apoyó y confirmó ciertamente
su predicación por medio de milagros, pero era para suscitar y robustecer la fe
de sus oyentes, no para ejercer sobre ellos una constricción" (DH 11).
Este texto remite al siguiente:
"El
diálogo de la salvación no obliga a nadie a acogerlo; fue una formidable
petición de amor que, si constituyó una tremenda responsabilidad para aquellos
a los que iba dirigida, los dejó sin embargo libres para corresponder o para
negarse a ella" (Pablo VI, encíclica Ecclesiam Suam, AAS 56 (1964)
642).
·
Los
milagros de Jesús son el lugar privilegiado de toda teología del milagro, ya
que son los arquetipos de todo milagro verdadero: los del Antiguo Testamento,
los de la vida de los santos y los de la Iglesia universal.
·
El
milagro evangélico tiene un aspecto apologético que precede a la fe y un
aspecto teológico que sigue a la fe. Los dos aspectos son mostrados claramente
por los siete signos narrados en el evangelio de Juan. Si Jesús resucita un
muerto es porque Él es la Resurrección y la Vida; si da de comer a la
muchedumbre es porque Él es verdadero alimento; si da la vista a un ciego es
porque Él es la luz del mundo (cf. C. González, Él es nuestra salvación,
pp. 132-133; X. Léon-Dufour, o.c., pp. 272-273).
·
Siguiendo
la doctrina expuesta en DV 4a podemos atribuir a los milagros una doble función:
la de testimoniar y revelar.
·
Por
una parte, los milagros manifiestan la verdad de la revelación de Cristo.
·
Por
otra parte, los milagros son expresión de la revelación igual que las palabras
de Cristo; no es menos importante conocer los milagros de Jesús que sus
palabras. Podemos recordar aquí la frase de B. Pascal:
"Los
milagros disciernen la doctrina, y la doctrina discierne los milagros"
(Pensamientos, nº 749).
3.2.2. El milagro como testimonio.
El milagro
garantiza la autenticidad de la revelación de Cristo con el poder infinito y la
autoridad de Dios. Este testimonio divino interpela al hombre, invitándolo a
responder a Dios por medio de la fe. Jesucristo confirma su doctrina por medio
de prodigios y signos que disponen al alma a la escucha de la buena nueva y son
llamamientos a la comunión con Dios y al seguimiento de Jesús. Los milagros
que Jesús realiza en su nombre propio son signos de misión divina: atestiguan
que Cristo es un enviado de Dios y, más aún, la verdad de su condición de
Hijo enviado por el Padre. Son testimonios del Espíritu de Dios, que lo revelan
y acreditan como Hijo de Dios, Dios-entre-nosotros (cf. Jn 2,23; 3,2; 7,31).
Si Jesús
es el Hijo de Dios, los signos que permiten identificarlo como tal tienen que
aparecer como una irrupción de Dios en la historia de los hombres. La soberanía,
santidad y sabiduría de Dios hacen estallar nuestras categorías. Los signos de
la gloria de Jesús son signos de poder (milagros y resurrección), santidad y
sabiduría. La resurrección es el signo de los signos, el signo supremo.
Desarrollaremos
la dimensión jurídica del milagro siguiendo la doctrina expuesta por Santo Tomás
de Aquino (cf. Suma Teológica, III, qq. 43-44):
·
El
milagro tiene dos finalidades: el testimonio de la doctrina y de la persona.
Cristo hizo milagros para confirmación de su doctrina y para manifestación del
poder divino que en Él había (cf. Ga 3,5; Jn 5,36; 10,38; 1 Co
14,22).
·
La
naturaleza divina resplandece en los milagros, pero en comunicación con la
naturaleza humana, instrumento de la acción divina (cf. Papa San León, Epístola
a Flaviano, DS 294, FIC 287).
·
Los
milagros de Cristo fueron suficientes para demostrar su divinidad bajo tres
aspectos:
o
por
la especie de las obras (cf. Jn 9,32-33; 15,24).
o
por
el modo de hacer los milagros (cf. Lc 6,19; Mt 8,16; Jn 5,19-21).
o
por
la misma doctrina en que se declaraba Dios (cf. Mc 1,27).
·
Cristo
hizo los milagros con poder divino (cf. Jn 14,10).
·
El
poder divino obraba en Cristo según era necesario para la salud humana. Los
milagros de Jesús se ordenaban a manifestar su divinidad para la gloria de Dios
y para la salud de los hombres, sobre todo la salud del alma (cf. Jn 12,31; Mc
7,37).
·
Cristo
vino a salvar al mundo con el poder de su divinidad y por el misterio de su
encarnación. Curando milagrosamente a los hombres Cristo se mostró como
Salvador universal y espiritual de todos los hombres.
3.2.3.
El milagro como revelación.
El milagro
es un signo que responde a una intención de comunicación con vistas a una
comunión. Considerado como revelación, el milagro es un encuentro personal
entre Dios y el hombre, encuentro que es capaz de transformar y promover al
hombre, liberándolo del pecado y llevándolo a una verdadera conversión.
El milagro
visibiliza y manifiesta en ejercicio el evangelio de la salvación, hablando a
los sentidos y al espíritu. El milagro muestra claramente que la palabra de
Dios es eficaz, haciendo presente el reino de Dios, que es para el hombre la
salvación total. Como transformación del cosmos, el milagro es una figura del
mundo que viene.
El milagro
es un signo polivalente, que apunta simultáneamente hacia diversas direcciones.
Analizaremos los principales valores significativos del milagro según el Nuevo
Testamento:
·
Signos
del amor omnipotente de Dios.
Los
milagros de Jesús son manifestaciones del poder universal y absoluto de Dios;
pero son obras de poder al servicio del amor, que revelan que Dios es amor, rico
en misericordia y cariño. Ese amor toma forma humana en Cristo haciendo visible
al hombre la intensidad del amor divino. Los milagros son signos de la
misericordia de Dios para con los afligidos y doloridos (Lc).
·
Signos
de la llegada del reino mesiánico.
Los
milagros de Jesús son signos de que el Reino de Dios ha llegado (Mc), signos
del cumplimiento de las promesas de Dios (Mt). Significan que en Cristo se han
cumplido por fin las profecías de las Escrituras. Jesús de Nazaret es el Mesías
que trae la salvación esperada, triunfando sobre la enfermedad, la muerte, el
pecado y el diablo. Por medio de sus milagros, Jesús anuncia la buena nueva a
los pobres (cf. Is 42,1-4; 61,1s; Mt 11,4s; 12,17-21; Lc 7,22s).
·
Revelación
del misterio trinitario.
Los
milagros de Jesús son obras comunes del Padre y del Hijo (el Padre realiza esas
obras en el Hijo). Manifiestan la gloria del Padre y del Hijo (el Padre
glorifica al Hijo y es glorificado en Él) y revelan que entre el Padre y el
Hijo hay un misterio de Amor; ambos están unidos por un mismo Espíritu (Jn
10,37-38; 14,10-11).
·
Símbolos
de la economía sacramental.
El
milagro es un signo de la gracia de Dios; expresa los dones espirituales
ofrecidos a los hombres por la gracia de Cristo. En el evangelio de Juan los
milagros de Cristo revelan el misterio de la economía de los sacramentos,
particularmente del bautismo (curación del paralítico y del ciego de
nacimiento) y la eucaristía (multiplicación de los panes).
·
Signos
de las transformaciones del mundo perecedero.
La
transformación del cosmos por el milagro y la transformación del hombre por la
santidad son los signos del orden escatológico. El milagro es signo de una
salvación escatológica y universal, de la liberación y glorificación de los
cuerpos; prefigura las transformaciones que se efectuarán al final de los
tiempos. Esto se aplica sobre todo a la resurrección de Cristo.
·
Signos
de la gloria de Cristo.
Los
milagros de Jesús son cristológicos. No lo acreditan como un simple profeta o
mesías humano, sino que manifiestan su gloria de Hijo único de Dios. Todos los
valores significativos del milagro están unidos a Jesús, el signo por
excelencia (cf. Mt 12,38-42). Él es el reino de Dios que ha llegado, el
cumplimiento de las promesas, la presencia de la misericordia de Dios. En el
evangelio de Juan, los milagros de Jesús están ordenados a revelar y hacer creíble
el misterio de la persona de Cristo, que es el misterio de su origen en Dios
Padre, de su unidad con Él y de la misión que el Padre le encomendó (cf. Jn
10,34-38). Los milagros de Jesús son signos de la presencia salvífica del
reino en Jesús, en relación íntima con su predicación del reino de Dios,
hecho presente por Jesús entre los hombres.
"El
milagro es el signo de la persona de Cristo, la revelación de su identidad...
(Mc 2,8-11). El milagro pertenece a la obra reveladora de Jesús: está
destinado a revelar el poder de salvación que tiene en sus manos el Hijo del
Hombre. Con todo, no atestigua solamente la misión de Cristo, sino también su
misteriosa identidad; el nombre del Hijo del Hombre expresa, en términos
velados, la personalidad divina del Hijo en su condición humana" (J.
Galot, Problemi di Cristologia, Roma, 1977, p. 84).
3.2.4.
Clasificación de los relatos de milagros.
La
clasificación más aceptada hoy es la propuesta por G. Theissen. Está basada
en la naturaleza de las relaciones establecidas entre el taumaturgo y el
beneficiario del milagro y en las motivaciones del milagro. Así se distinguen:
·
Los
exorcismos: manifiestan el aspecto interior del reino de Dios, que es liberación
del pecado y de Satanás.
·
Las
curaciones: manifiestan el aspecto exterior del reino de Dios, que es liberación
de la enfermedad y de la muerte; incluyen las tres resurrecciones.
·
Los
milagros de donación: En estos milagros Jesús interviene en beneficio de la
gente, que experimenta la carencia de un elemento material.
·
Los
milagros de salvamento: En estos milagros Jesús interviene para salvar a uno o
más hombres en una situación todavía más dramática que la de los milagros
de donación.
·
Los
milagros de legitimación: son curaciones que justifican el comportamiento de
Jesús y tienen un carácter de controversia.
·
Las
epifanías: por ejemplo, la transfiguración de Jesús y las apariciones del
Resucitado.
3.2.5.
Originalidad de los milagros de Jesús.
La tradición
evangélica permite descubrir los rasgos específicos (positivos y negativos) de
los milagros de Jesús.
Entre los
rasgos negativos podemos citar los siguientes:
·
Jesús
se niega a hacer milagros en su propio provecho o para la exaltación de sí
mismo (tentaciones de Jesús).
·
Jesús
rechaza la afición por lo maravilloso y todo triunfo fácil que rechace la cruz
(tentaciones, Mc 8,11-12; Jn 6,30-31; Mt 16,4; Lc 23,8).
·
Jesús
se niega a hacer milagros cuando choca contra la falta de fe (Mc 6,1-6; Mt
13,54-58; Mt 16,20; Mc 9,29).
Entre los
rasgos positivos podemos citar los siguientes:
·
El
milagro está destinado a la salvación de todo el hombre, en su unidad de
cuerpo material y alma espiritual.
·
El
milagro se realiza con vistas a una vocación al reino de Dios (cf. Mc 5,1-20).
Tiene una función de liberación y cumplimiento del hombre.
·
El
milagro establece una relación personal con Jesús, transformadora para el
beneficiario. El hombre tiene una participación en el milagro, mediante una
actitud de fe en Jesús (cf. Lc 17,19; 18,39).
·
El
milagro es el lugar de una opción: el hombre puede acoger a Jesús y
convertirse o cerrarse al signo. Es inseparable de la cruz (cf. Jn 9; 11,53).
·
Los
milagros de Jesús tienen carácter eclesial. Jesús trae una salvación
universal (cf. Hch 5,12). Por eso da a sus discípulos el poder de hacer
milagros (cf. Mt 10,8; Mc 16,15-18).
·
Por
los milagros de Jesús el futuro invade el presente. Jesús une en su persona la
espera de la salvación escatológica y su realización presente. Con Jesús el
reino de Dios irrumpe en la historia (cf. Mt 12,28).
·
Los
milagros de Jesús manifiestan el misterio de su persona. Si Jesús trae el
reino de Dios, la razón última de ello está en su misma persona.
4.
El milagro de la multiplicación de los panes.
4.1.
Historicidad de la multiplicación de los panes.
4.1.1. Diversas explicaciones.
La mayor
parte de los exegetas reconocen en el milagro de la multiplicación de los
panes, que tuvo un relieve muy destacado en la predicación apostólica
primitiva, uno de los acontecimientos principales (o incluso críticos) del
ministerio de Jesús. Más adelante trataremos acerca del contenido teológico
de este milagro, que tiene un rico conjunto de significaciones. En relación a
la historicidad de la multiplicación de los panes se han dado diversas
explicaciones:
·
La
explicación natural (Paulus, Holtzmann, Evely) ve en este acontecimiento el
ejemplo de un reparto fraternal.
·
La
explicación existencial (Strauss, Bornkamm, Schweizer, Sölle) considera el
relato como una construcción mítica que resalta la providencia de Dios, sobre
la base de relatos similares del Antiguo Testamento y de otras religiones.
·
La
mayoría de los exegetas contemporáneos admite que en el inicio de la tradición
hubo un acontecimiento misterioso, de alcance mesiánico y escatológico, aunque
algunos se niegan a hablar de milagro.
·
La
exégesis católica tradicional ha visto siempre en este relato (como en tantos
otros) el testimonio de un milagro realmente acontecido.
La
aplicación de los criterios de historicidad enunciados en 3.1.2 a los relatos
de la multiplicación de los panes nos permitirá concluir que verdaderamente
Jesús dio de comer en el desierto a una gran muchedumbre con un número muy
pequeño de panes y de peces (cf. R. Latourelle, Milagros de Jesús y teología
del milagro, pp. 92-95).
4.1.2. Aplicación de los criterios de historicidad.
·
Testimonio
múltiple.
Este
criterio se cumple de forma eminente en la multiplicación de los panes, único
milagro que está narrado en los cuatro evangelios, en seis relatos diferentes.
Como se verá en 4.2, hay muy buenas razones para pensar que las dos
multiplicaciones de los panes de los evangelios de Mateo y de Marcos
corresponden a dos versiones de un mismo acontecimiento. Los relatos de Mt 14,
Mc 6 y Lc procederían de una tradición palestina, mientras que los relatos de
Mt 15 y Mc 8 procederían de una tradición helenista. El relato de Jn, que
incluye un amplio conjunto de detalles que le son propios (p. ej. el discurso
sobre el pan de vida), parece provenir de una tradición joánica relativamente
independiente de las otras dos.
·
Interpretación
diversa, acuerdo en el fondo.
Como
se verá en 4.3, cada evangelista narra el hecho desde su propia perspectiva,
dando detalles levemente diferentes y aportando matices complementarios a su
interpretación teológica.
·
Discontinuidad.
La
multiplicación de los panes evoca diversos episodios del Antiguo Testamento
(cf. 4.3.8) y hace surgir la cuestión del Reino y del Mesías. Los judíos del
tiempo de Jesús esperaban a un nuevo Moisés que habría de renovar el gran
prodigio de la época del Éxodo. No obstante, Jesús rompe con la idea
corriente en Israel de un Mesías político y de un Reino mundano al sustraerse
a los intentos de la gente que quiere nombrarlo rey, suscitando incluso la
incomprensión de sus discípulos (cf. 4.4). Después de la multiplicación de
los panes se pone en evidencia que Jesús pretende liberar a Israel por un
camino totalmente inesperado para sus contemporáneos (anuncios de la Pasión).
·
Conformidad.
El
sentido del signo de la multiplicación de los panes está en concordancia con
el resto de la Revelación cristológica (cf 4.5; 4.6) y tiene funciones y
significados análogos a los del resto de los milagros de Jesús (cf. 3.2).
·
Estilo
de Jesús.
A
pesar del carácter singularmente maravilloso de este prodigio, no pertenece al
terreno de la magia. Jesús actúa, como en los demás milagros, con sencillez y
por su propia autoridad. La sobriedad de los relatos hace eco a la del propio
Jesús: No dicen cómo se obró el prodigio, sino que todos los invitados
comieron hasta saciarse y que se recogieron restos en abundancia.
·
Inteligibilidad
interna del relato.
Los
relatos de la multiplicación de los panes tienen una estructura interna
coherente, se insertan adecuadamente en el contexto de la crisis de la misión pública
de Jesús y se relacionan perfectamente con otros misterios de la vida de Jesús
(como se verá en adelante).
·
Explicación
necesaria.
Sólo
la realidad histórica del milagro es capaz de explicar y armonizar los
siguientes elementos:
o
Como
consecuencia de aquel suceso, Jesús fue considerado como el profeta esperado y
se le quiso proclamar rey (Jn 6,14-15). Jesús se rehusó a ser rey, lo cual
decepcionó a muchos de sus discípulos, que dejaron de seguirlo (Jn 6,66).
o
Después
de la multiplicación de los panes recrudecieron las discusiones de Jesús con
los fariseos y saduceos, quienes le pedían que hiciera una señal (Mt 16,1-4;
Mc 8,11-13; Lc 11,29-32; Jn 6,30-31).
o
Este
episodio, al principio incomprendido por los apóstoles (Mt 16,5-12; Mc 8,14-21;
Lc 12,1), resultó sin embargo fundamental en su camino hacia la fe en la
mesianidad de Jesús (Mt 16,13-20; Mc 8,27-30; Lc 9,18-21; Jn 6,69).
o
El
episodio, único en su género, tuvo gran importancia en la tradición litúrgica,
en la redacción de los cuatro evangelios, en la iconografía de los primeros
siglos y en la tradición patrística.
4.2.
Unicidad de la multiplicación de los panes.
Los
evangelios de Mateo y Marcos refieren dos
multiplicaciones de los panes, mientras que los de Lucas y Juan refieren sólo
una (similar a la primera de Mateo y Marcos). Hoy casi todos los exegetas están
de acuerdo en reconocer un solo suceso milagroso (y no dos), narrado en Mateo y
Marcos según dos tradiciones diferentes.
·
Mt
14 y Mc 6 reflejarían la tradición más arcaica, de origen palestino. Esta
tradición parece situar el suceso en la orilla occidental del lago y habla de
doce canastos, número de las tribus de Israel y de los Apóstoles.
·
Mt
15 y Mc 8 reflejarían una tradición procedente de ambientes cristianos de
origen pagano. Esta tradición sitúa el acontecimiento en la orilla oriental
(pagana) del lago y habla de siete espuertas, número de las naciones de Canaán
(cf. Hch 13,19) y de los diáconos helenistas (cf. Hch 6,5; 21,8).
Esta
explicación parece la más sencilla y coherente, por las siguientes razones:
·
Los
dos relatos presentan gran similitud en cuanto a la estructura externa, el
contenido y varias expresiones:
o
En
ambos casos Jesús da de comer a una multitud, atraviesa el lago, desembarca y
sostiene una controversia con los fariseos.
o
En
ambos casos Jesús siente compasión de la multitud (Mt 14,4; 15,32; Mc 6,34;
8,2); Jesús incluso hace las dos veces la misma pregunta (Mc 6,38; 8,5); etc.
·
En
ambos relatos los apóstoles se muestran perplejos. ¿Cómo explicar esa
sorpresa en el segundo relato si Jesús ya había realizado el prodigio en otra
ocasión?
·
Las
diferencias más notables entre las dos narraciones se refieren a cantidades:
o
El
tiempo que pasó la multitud con Jesús antes del milagro (un día en el primer
relato; tres días en el segundo).
o
La
cantidad de comida disponible antes del milagro (cinco panes y dos peces en el
primer relato; siete panes y unos pocos pececillos en el segundo).
o
El
número de personas alimentadas (cinco mil en el primer relato y cuatro mil en
el segundo).
o
La
cantidad de trozos sobrantes después del milagro (doce canastos en el primer
relato y siete espuertas en el segundo).
·
Los
duplicados de este tipo, comunes en la Biblia, se encuentran con frecuencia en
los Evangelios, y son característicos en Mateo (Mt 4,23; 9,35; Mt 9,27-31;
20,29-34; Mt 9,32-34; 12,22-24; etc.). Son un indicio, probablemente, del
cuidado de los evangelistas por conservarlo todo y de su respeto por la tradición.
·
Si
bien el evangelio de Lucas sigue al de Marcos, no menciona más que una sola
multiplicación de los panes, sin duda porque ha reconocido en los dos relatos
de Marcos la doble recensión de un único suceso.
4.3.1.1. La ejecución del Bautista.
Tanto
Mateo como Marcos colocan la primera multiplicación de los panes inmediatamente
después de la ejecución de Juan el Bautista por orden del rey Herodes (Mt
14,3-12; Mc 6,17-29). Según Mt 14,1-2 (cf. Mc 6,14-16; Lc 9,7-9), Herodes se
enteró de la fama de Jesús y de sus milagros y opinó que Jesús era Juan
resucitado. Cabe pensar que quería dar a Jesús el mismo tratamiento que había
dado a Juan. Ya antes los herodianos se habían confabulado con los fariseos
para eliminar a Jesús (cf. Mc 3,6). Y posteriormente unos fariseos aconsejaron
a Jesús que se fuera porque Herodes quería matarlo (cf. Lc 13,31).
En el
evangelio de Mateo la conexión entre la muerte del Bautista y la multiplicación
de los panes es reforzada por un detalle: Según Mt 14,12-13, los discípulos de
Juan, después de sepultar a su maestro, fueron a informar a Jesús. La noticia
de la muerte del Bautista fue la razón por la cual Jesús se retiró a un lugar
solitario antes del milagro.
Jesús
continuará y consumará la obra comenzada por Juan. La muerte del Bautista
permite inferir que Jesús será entregado al mismo destino de muerte de los
profetas. El martirio del precursor y las dos multiplicaciones de los panes
preanuncian el misterio de la pasión.
4.3.1.2.
La misión de los Doce.
Según
Marcos, la primera multiplicación de los panes fue precedida por la misión de
los Doce (Mc 6,6b-13.30; cf. Lc 9,1-6.10). El deseo de descansar con los apóstoles
que volvían de su misión es aquí la razón por la cual Jesús se retiró con
ellos a un lugar solitario antes del milagro. El éxito de la misión apostólica
permite considerar el momento del milagro como el apogeo del ministerio de Jesús
en Galilea (cf. Lc 10,18).
4.3.1.3. Jesús camina sobre el mar.
En los
evangelios de Mateo, Marcos y Juan, la multiplicación de los panes es seguida
inmediatamente por otro milagro: Jesús caminando sobre el mar (Mt 14,22-31; Mc
6,45-52; Jn 6,16-21). Es muy probable que ambos relatos se transmitieran unidos
ya en la tradición anterior a Marcos, dado que en Marcos y Mateo la perícopa
de la caminata sobre el mar comienza con unas palabras que no se explican más
que por la escena precedente:
"Inmediatamente
obligó a sus discípulos a subir en la barca" (Mc 6,45; cf. Mt 14,22).
La
multiplicación de los panes evoca la institución de la eucaristía y la
entrega de Jesús en la Cruz. El milagro de la caminata sobre las aguas tiende a
ser una epifanía de la gloria de Jesús; evoca la Resurrección. Se anuncian así
los diversos aspectos del misterio pascual. Las numerosas curaciones que se
narran a continuación (cf. Mt 14,34-36; Mc 6,53-56) manifiestan el poder que
tendrá Cristo resucitado.
4.3.1.4.
La crisis del ministerio de Jesús.
Los cuatro
evangelios ubican cronológicamente el milagro de la multiplicación de los
panes en el contexto de un período crítico de la misión mesiánica de Jesús.
Después de ese milagro decrece el entusiasmo del pueblo de Israel, decepcionado
por el sentido espiritual que Jesús da al reino. Jesús se queda con pocos discípulos,
se dedica más a la formación de los Doce apóstoles y realiza viajes a tierras
paganas. La primavera del ministerio de Jesús se va borrando poco a poco para
dejar lugar al fracaso y a las primeras sombras de la pasión. Los indicios de
esta crisis del ministerio de Jesús son numerosos:
·
El
evangelio de Juan es el que describe en forma más aguda esa crisis y el que la
relaciona más directamente con la incomprensión del signo que Jesús realizó
en la multiplicación de los panes. Refiere las divisiones y deserciones que
ocurrieron entre los discípulos después de la multiplicación de los panes y
estrecha más que los sinópticos la relación entre el prodigio y la confesión
de Pedro:
"Desde
entonces muchos de sus discípulos se volvieron atrás y ya no andaban con él.
Jesús dijo entonces a los Doce: `¿También vosotros queréis marcharos?´ Le
respondió Simón Pedro: `Señor, ¿donde quién vamos a ir? Tú tienes palabras
de vida eterna, y nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo de Dios.´
Jesús les respondió: `¿No os he elegido yo a vosotros, los Doce? Y uno de
vosotros es un diablo.´ Hablaba de Judas, hijo de Simón Iscariote, porque éste
le iba a entregar, uno de los Doce. Después de esto, Jesús andaba por Galilea,
y no podía andar por Judea, porque los judíos buscaban matarle" (Jn
6,66-7,1; cf. Mt 16,16s y paralelos).
·
En
los evangelios sinópticos el prodigio de la multiplicación de los panes
prepara otros episodios que le siguen casi inmediatamente: la profesión de fe
de Pedro, el primer anuncio de la Pasión, la Transfiguración de Jesús y el
segundo anuncio de la Pasión.
·
Lucas
sigue la misma secuencia que Mateo y Marcos, omitiendo lo comprendido entre la
primera multiplicación de los panes y la profesión de fe de Pedro, e
intercalando la subida a Jerusalén entre el segundo y el tercer anuncio de la
Pasión:
"Sucedió
que como se iban cumpliendo los días de su asunción, él se afirmó en su
voluntad de ir a Jerusalén" (Lc 9,51).
Jesús
busca a menudo el silencio de la soledad o de la noche para orar (cf. Lc 5,16).
Le vemos dar gracias en el momento de las comidas y orar en acontecimientos
importantes: en el Bautismo (cf. Lc 3,21), antes de la elección de los Doce
(cf. Lc 6,12), en la Transfiguración (cf. Lc 9,28-29), antes de la enseñanza
del Padrenuestro (cf. Lc 11,1), en Getsemaní (cf. Lc 22,41-44), en la cruz (cf.
Lc 23,34.46). Estas oraciones particulares señaladas por los evangelistas,
sobre todo por Lucas, manifiestan la comunicación permanente del Hijo con el
Padre, quien nunca lo abandona y lo escucha siempre. Con su ejemplo, Jesús
inculca a sus discípulos la necesidad y el modo de orar.
La oración
de Jesús a solas en el monte después de la multiplicación de los panes insinúa
la importancia de ese episodio de la vida pública de Jesús.
·
En
Mateo y Marcos esta oración precede a la caminata de Jesús sobre las aguas
(cf. Mt 16,23; Mc 6,46-47).
·
En
Lucas la oración precede a la confesión de Pedro (cf. Lc 9,18).
·
Juan
deja constancia de que Jesús huyó solo al monte, pero no menciona la oración
(cf. Jn 6,15).
Los
protagonistas del hecho son Jesús, los discípulos y la gente.
·
Las
gentes siguieron a Jesús viniendo a pie de las ciudades.
·
En
Mt 14, Mc 6 y Lc la atención se centra sobre todo en los discípulos:
o
Ellos
se acercan a Jesús, le plantean el problema del hambre de la multitud y le
piden que la despida (cf. Mt 14,15; Mc 6,35-36; Lc 9,12).
o
Ellos
reciben de Jesús el mandato de alimentar a la multitud ("Dadles vosotros
de comer"; Mt 14,16; Mc 6,37; Lc 9,13) e insinúan a su Maestro que no
pueden cumplirlo. En la narración de Lucas se preanuncia la función litúrgica
de los Apóstoles en la Iglesia.
·
En
Mt 14 se subraya más aún el papel mediador de los discípulos:
"Se
los dio a los discípulos y los discípulos a la gente." (Mt 14,19; cf. Mt
15,36; Mc 6,41; 8,6; Lc 9,16).
·
En
los seis relatos Jesús toma la iniciativa de dar de comer a las multitudes que
le siguen. Esa iniciativa está más destacada en Mc 15, Mc 8 y Jn.
o
En
Mt 15 y Mc 8 Jesús congrega a los discípulos y plantea él mismo el problema
del hambre de la multitud (cf. Mt 15,32; Mc 8,1-3).
o
En
Jn la atención se centra todavía más en Jesús, quien no sólo plantea el
problema referido (cf. Jn 6,5) sino que distribuye los panes a la multitud y da
la orden de recoger los restos (cf. Jn 6,11-12).
·
La
pregunta que Jesús hace a sus discípulos ("¿Cuántos panes tenéis?";
Mt 15,34; Mc 6,38; 8,5) muestra que el conocimiento humano de Cristo era de por
sí limitado, lo cual correspondía al anonadamiento voluntario que asumió por
la Encarnación (cf. CICa 472).
Según los
evangelios sinópticos, el milagro ocurrió en un "lugar deshabitado"
(cf. Mt 14,15; Mc 6,35; Lc 9,12), un "desierto" (cf. Mt 15,33; Mc
8,4). Mt 14 y Mc 6 enfatizan este hecho indicando al principio del relato que
Jesús se retiró con sus discípulos a "un lugar solitario" (cf. Mt
14,13; Mc 6,31.32). Jesús se complace en retirarse al desierto para orar.
En la
Biblia el desierto tiene dos significados: es un lugar de proximidad con Dios y
un lugar de tentación. Representa simbólicamente la intimidad de la
conciencia, donde Dios habla al corazón del hombre y éste, solo ante Dios,
elige obedecer o desobedecer la voz de Dios.
El tema
del desierto evoca sobre todo dos episodios de la historia de salvación:
·
Los
40 años de peregrinación de Israel por el desierto, entre la primera Pascua y
la entrada en la Tierra Prometida.
·
Los
40 días de ayuno de Jesús en el desierto, después de su Bautismo en el Jordán.
Las tentaciones de Jesús en el desierto se refieren al carácter que habrá de
asumir su misión mesiánica, lo cual permite establecer una clara relación
entre ese episodio y lo ocurrido en la multiplicación de los panes (cf. 4.4.4).
Jesús,
nuevo Moisés y nuevo Elías, enseña a sus seguidores que toda la vida se pasa
en un desierto, en el cual se ha de esperar el pan cotidiano. El marco del
desierto y el recuerdo del maná subrayan que Jesús es el dispensador de la
salvación definitiva.
El
evangelio de Juan no menciona explícitamente al desierto. El milagro se realiza
en las inmediaciones de un monte, al que Jesús sube antes y después del
milagro (cf Jn 6,3.15). Podemos ver en este detalle una alusión a la celebración
de ratificación de la Alianza, que es precedida y seguida por una subida de
Moisés al monte Sinaí (cf. Ex 24). Después del prodigio hecho por Jesús, la
gente lo reconoce como el profeta anunciado por Moisés (cf. Jn 6,14; Dt 18,15).
Sólo el
evangelio de Juan indica la época del año en que ocurrió el prodigio:
"estaba próxima la Pascua, la fiesta de los judíos" (Jn 6,4). El
milagro y el discurso que le sigue adquieren por eso un carácter pascual: El
pan dado por Jesús será la Pascua nueva. Algunos autores señalan que el
detalle de la "verde hierba" (Mc 6,39; cf. Jn 6,10) estaría indicando
que el milagro ocurrió en primavera, es decir en el tiempo pascual.
Acerca de
la hora del prodigio, la tradición sinóptica de la primera multiplicación de
los panes indica que ocurrió "al atardecer"; "la hora -de comer-
es ya pasada" (Mt 14,15; cf. Mc 6,35; Lc 9,12). En tiempos de Jesús los
judíos tomaban la comida principal a media tarde. Sólo en los acontecimientos
solemnes la comida se prolongaba hasta la noche. Esto permite vincular la
multiplicación de los panes con la otra comida nocturna de Jesús mencionada
por los Evangelios: la Última Cena (cf. J. Jeremias, o.c., pp. 45-47).