FE Y RAZON

"Omne verum, a quocumque dicatur, a Spiritu Sancto est"

Toda verdad, dígala quien la diga, viene del Espíritu Santo

(Santo Tomás de Aquino) 


Los milagros de Jesús como signos reveladores de su identidad

Estudio bíblico-teológico de la multiplicación de los panes

Daniel Iglesias Grèzes

1. Introducción.

Las razones que me movieron a elegir como tema principal de mi tesina el milagro de la multiplicación de los panes son en síntesis las siguientes:

·         Los milagros son rechazados fuertemente por la mentalidad racionalista y secularista, que intenta eliminar a Dios de la escena del mundo; sin embargo ellos "son signos certísimos de la revelación y adaptados a la inteligencia de todos" (Concilio Vaticano I, DS 3009, FIC 46), mediante los cuales Dios Todopoderoso nos manifiesta su voluntad de compartir con nosotros su Ser, su Vida, su Sabiduría y su Amor.

·         Jesucristo, "con su presencia y manifestación, con sus palabras y obras, signos y milagros,... lleva a plenitud toda la revelación y la confirma con testimonio divino" (DV 4a). Él "apoyó y confirmó su predicación con milagros para excitar y robustecer la fe de los oyentes" (DH 11). Los numerosos milagros de Jesucristo tienen una importancia fundamental para la comprensión de su Evangelio. Ellos son signos reveladores de la identidad de Jesucristo: Hijo de Dios encarnado, autorrevelación de Dios y salvación del hombre.

·         El milagro de la multiplicación de los panes es uno de los acontecimientos decisivos de la vida pública de Jesús y tiene una gran riqueza de significados, especialmente por ser la prefiguración del sacramento de la eucaristía, "fuente y cumbre de toda la vida cristiana" (LG 11a).

Abordaré este estudio desde las perspectivas correspondientes a las siguientes disciplinas:

1.    Filosofía: Intentaré fundamentar racionalmente la posibilidad del milagro.

2.    Teología Fundamental: Procuraré poner de relieve cómo los milagros de Jesús en general y la multiplicación de los panes en particular permiten afirmar la credibilidad de la fe cristiana.

3.    Teología Bíblica: Presentaré una exégesis (en español) de las narraciones evangélicas de la multiplicación de los panes y del discurso sobre el pan de vida.

4.    Teología Dogmática: Expondré brevemente los misterios de la fe cristiana a la luz de estas reflexiones sobre los milagros de Jesús y la multiplicación de los panes.

 

2. El milagro.

2.1. La noción católica de milagro.

2.1.1. El milagro en la teología anterior al Concilio Vaticano II.

Según San Agustín, la creación incluye dos aspectos: la naturaleza corriente y el milagro excepcional. Esos dos aspectos corresponden a dos tipos de "semillas". Las semillas corrientes producen la naturaleza corriente. Pero la creación contiene también unas "semillas de las semillas", es decir, unas virtualidades misteriosas que dan origen a transformaciones incomprensibles.

Santo Tomás de Aquino distingue dos aspectos en los milagros:

"El primero, la acción misma que supera la capacidad de la naturaleza: es lo que hace definir los milagros como `actos de poder´; el segundo es la finalidad de los milagros, o sea, la manifestación de algo sobrenatural: es lo que hace denominarlos corrientemente `signos´." (Suma Teológica, II-II, q. 178, a. 1, ad 3).

La teología escolástica fue dejando caer en el olvido el aspecto de los milagros como "signos" y los presentó sobre todo como "actos de poder". La definición del milagro de R. Garrigou-Lagrange expresa la concepción clásica:

"Un hecho producido por Dios en el mundo y fuera del curso ordinario de toda la naturaleza creada." (De revelatione per Ecclesiam catholicam proposita, Roma, 1950, II, 40).

La renovación de la teología del milagro recibió un fuerte impulso por medio de las reflexiones de Maurice Blondel, quien volvió a destacar el carácter del milagro como signo revelador.

 

2.1.2. El milagro en la teología contemporánea.

La teología contemporánea integra en el concepto de milagro tres datos esenciales de la Revelación:

·         Un aspecto ontológico: El milagro es una obra trascendente, es decir, imposible a las criaturas, que supone necesariamente una intervención especial de la causalidad divina.

·         Un aspecto psicológico: El milagro es un hecho insólito, un prodigio que provoca el asombro y la admiración del hombre.

·         Un aspecto intencional: El milagro es un signo que Dios dirige a los hombres para manifestarles la sobreabundancia y gratuidad de su amor y conducirlos a un encuentro con Él.

A partir de allí, R. Latourelle propone la siguiente definición:

      "El milagro es un prodigio religioso, que expresa en el orden cósmico (el hombre y el universo) una intervención especial y gratuita del Dios de poder y de amor, que dirige a los hombres un signo de la presencia ininterrumpida en el mundo de una palabra de salvación".

La definición del milagro de K. Rahner y H. Vorgrimler se refiere también a los tres aspectos mencionados:

·         En primer término mira al aspecto ontológico y lo expresa con precisión:

      "Se llama milagro a un suceso que podemos encontrar en el horizonte de nuestra experiencia humana y que no puede explicarse esencialmente partiendo de las leyes propias de ese ámbito de experiencia, en principio conocidas".

·         En cuanto a los aspectos psicológico e intencional, añade que el milagro es un suceso que interpela al hombre en el fondo de su existencia y lo llama a un diálogo con Dios. El hombre creyente acepta con sumisa admiración como inmediatamente venidos de Dios los sucesos que, después de un serio examen, resultan inexplicables (no meramente inexplicados de hecho). El milagro es una acción histórica y libre de Dios que levanta las barreras de la ley natural introduciendo la naturaleza material en la ley suprema de la economía salvífica. Por medio de esa obra histórica Dios llama al hombre a un consorcio de vida con Él. El milagro es la autotestificación histórica de la voluntad salvífica universal de Dios y de su actuación histórica en los profetas y sobre todo en Jesucristo.

·         Por último destaca el aspecto escatológico del milagro, que queda especialmente claro en el más importante de los milagros: La resurrección de Cristo. Ésta testifica al hombre la consumación prometida por Dios, como fuerza salvífica que opera en las sombras en la situación presente.

 

2.2. La posibilidad del milagro.

2.2.1. Fundamentación desde la filosofía cristiana.

Dios es causa universal y no ha creado el mundo por una necesidad de su naturaleza. La libertad de Dios no se agota en el solo acto de la primera creación. Es infinita, imprevisible e inagotable en la gratuidad de sus iniciativas. El universo está abierto y subordinado a la acción trascendente de Dios. Por lo tanto, Dios puede sobrepasar libremente las causalidades naturales, interviniendo en la red de causas particulares; pero sólo Él es capaz de hacerlo y, propiamente hablando, no hay milagro que no provenga de Dios. El milagro es una intervención de Dios en el mundo situada entre la primera creación y la transformación final de todo.

El hecho milagroso tiene su lugar en el orden providencial. Es compatible con el plan providencial según el cual Dios ordena todas las criaturas a su fin último. Supera todo el orden de la naturaleza creada, pues proviene de un orden más elevado, el de la gracia sobrenatural, que tiende a manifestar. El milagro es, pues, un signo perceptible, en el cual el orden de la naturaleza es superado en vista del orden de la gracia. Es un signo de la gracia de la salvación dentro del cosmos.

 

2.2.2. Respuesta a las objeciones racionalistas.

Hoy en día muchos rechazan a priori la idea misma de milagro, la credibilidad de esa intervención de Dios en un universo autosuficiente. El racionalismo, pretendiendo apoyarse en la ciencia, declara que el milagro es imposible o inconveniente. No hay nada más indigno de Dios que violar las leyes que él mismo ha establecido. La actitud racionalista es una visión totalitaria que hace de la razón humana árbitro de todo, incluso de la acción divina, de lo que Dios puede o debe hacer. Elimina todo lo sobrenatural: encarnación, milagros, redención, resurrección, gracia, sacramentos, etc.

La postura racionalista ante el milagro queda de manifiesto en las siguientes citas:

"Si en la naturaleza ocurriera algo que contradijera sus leyes universales, estaría también en contradicción con el decreto, con el entendimiento y con la naturaleza de Dios" (B. Spinoza).

"Al ser todo milagro una infracción de las leyes de la naturaleza, y estando estas leyes establecidas sobre una experiencia firme inalterable, la naturaleza misma del hecho ofrece aquí, en contra de los milagros, una prueba de experiencia tan completa como es posible imaginar" (D. Hume).

"Atreverse a suponer milagros en Dios es realmente insultarle... Es decirle: `Eres débil e inconsecuente´. Por tanto, es absurdo creer en los milagros; es injuriar en cierto modo a la divinidad" (Voltaire).

"Si... el milagro es una cosa inadmisible, he acertado al tratar los libros que contienen relatos de milagros como historias mezcladas con ficciones, como leyendas llenas de inexactitudes, de errores y de ideas preconcebidas." La negación de la posibilidad del milagro y de la inspiración divina de la Biblia "no son en mí el resultado de la exégesis; son anteriores a la exégesis. Son el fruto de una experiencia que no ha sido desmentida. Los milagros son cosas que no ocurren jamás; sólo las gentes crédulas creen verlos; no se puede citar ni uno solo que haya ocurrido delante de testigos capaces de constatarlo... Por el solo hecho de admitir lo sobrenatural estamos ya fuera de la ciencia puesto que admitimos una explicación que no es científica". (E. Renan).

E. Kant no niega la posibilidad teórica del milagro, pero considera fútil o absurdo empeñarse en establecer la autenticidad histórica de los milagros de Jesús o de cualquier otro milagro.

R. Bultmann distingue entre milagro y prodigio y declara que los milagros son ininteligibles en un mundo moderno sometido a la ciencia.

Estos filósofos generalizaron indebidamente su experiencia, limitada en el tiempo y en el espacio. Incluso si su experiencia hubiese sido universal y exhaustiva, esto no probaría que el milagro es imposible. De que no haya habido milagros en el pasado no se puede inferir que no los habrá en el futuro. E incluso si no hubiese habido ningún milagro en el pasado y se pudiese saber que en el futuro tampoco lo habrá, esto no prueba que sea imposible. Sólo es imposible lo que implica contradicción. Pero el milagro no implica contradicción; no es en modo alguno absurdo. Para probar la imposibilidad del milagro habría que demostrar antes que Dios no existe. Tampoco es válido el argumento basado en que los milagros no han sido probados. Aunque esto fuera verdad, no permitiría considerar como cierto que los milagros no pueden existir.

Dios no es objeto de experiencia sensible. Pero de ahí no se deduce que no exista el orden sobrenatural. La existencia de Dios no implica contradicción alguna con las ciencias cuyo objeto es lo que existe en nuestra experiencia. Negar la existencia del orden sobrenatural porque no lo hemos visto nunca constituye un positivismo grosero.

 

3. Los milagros de Jesús.

3.1. Historicidad de los milagros de Jesús.

3.1.1. Valor histórico del conjunto de la tradición evangélica.

A este respecto citaré simplemente la enseñanza del Concilio Vaticano II acerca del carácter histórico de los Evangelios:

"La santa madre Iglesia ha defendido siempre y en todas partes, con firmeza y máxima constancia, que los cuatro Evangelios mencionados, cuya historicidad afirma sin dudar, narran fielmente lo que Jesús, el Hijo de Dios, viviendo entre los hombres, hizo y enseñó realmente para la eterna salvación de los mismos hasta el día de la ascensión." (DV 19).

 

3.1.2. Criterios de autenticidad histórica.

Es posible aplicar a los relatos de milagros los siguientes criterios de autenticidad utilizados por la ciencia histórica:

·         Testimonio múltiple:

"Un testimonio concordante, que procede de fuentes diversas y no sospechosas de estar intencionalmente relacionadas entre sí, merece reconocerse como auténtico." (R. Latourelle, Milagros de Jesús y teología del milagro, p. 71).

·         Interpretación diversa, acuerdo en el fondo:

"La diversidad de la interpretación y las divergencias de detalle proceden de la actividad redaccional, mientras que el peso y la presión de la tradición se hacen sentir en el acuerdo de fondo sobre la realidad del hecho conservado y reconocido por todos. Este acuerdo en la substancia del hecho, coexistiendo con ciertas fluctuaciones en la redacción y hasta en la interpretación, constituye un sólido indicio de historicidad." (R. Latourelle, o.c., p. 81).

·         Discontinuidad:

"Se puede considerar como auténtico un dato evangélico que no puede reducirse bien a las concepciones del judaísmo, bien a las concepciones de la Iglesia primitiva, o mejor aún a las dos simultáneamente". (R. Latourelle, o.c., p. 73).

·         Conformidad:

"La venida decisiva del reino de Dios es el tema fundamental de la enseñanza de Jesús... Se pueden considerar como auténticos los dichos y los gestos de Jesús íntimamente ligados a este tema." (R. Latourelle, o.c., p. 75).

·         Estilo de Jesús:

"El estilo de Jesús es el sello inimitable de su persona sobre todo lo que dice y lo que hace;... en sus milagros, es idéntico al de su enseñanza; está a la vez impregnado de sencillez, de sobriedad y de autoridad." (R. Latourelle, o.c., p. 76).

·         Inteligibilidad interna del relato:

"Cuando un dato evangélico está perfectamente inserto en su contexto inmediato o mediato y es además perfectamente coherente en su estructura interna (en todos los elementos que la componen), se puede presumir que se trata de un dato auténtico." (R. Latourelle, o.c., p. 79).

·         Explicación necesaria:

"Si ante un conjunto considerable de hechos o de datos, que exigen una explicación coherente y suficiente, se ofrece una explicación que ilumina y armoniza todos estos elementos (que de otro modo seguirían siendo un enigma), podemos concluir que estamos en presencia de un dato auténtico" (R. Latourelle, o.c., p. 82).

 

3.1.3. Indicios de historicidad global.

Hay un conjunto de indicios muy favorables a la historicidad global de los milagros evangélicos:

·         Los relatos de milagros ocupan un lugar tan considerable en los evangelios y están tan íntimamente ligados a su trama que no es posible rechazarlos sin rechazar los evangelios. Son un dato insoslayable, que exige una explicación. Los milagros y la predicación de Jesús constituyen una unidad indisoluble, ya que ambos manifiestan la venida del Reino de Dios.

·         Gran número de relatos mencionan el carácter público de los milagros de Jesús. Sólo los milagros explican el entusiasmo que Jesús suscitó en el pueblo y la presentación de Jesús como taumaturgo en la primera predicación apostólica.

·         Ni los enemigos más encarnizados de Jesús negaron que Jesús hiciera milagros. No discuten su actividad de exorcista y taumaturgo, sino la autoridad que reivindica apoyándose en ella. Jn 11,45-54 indica como causa directa de la decisión de las autoridades judías de dar muerte a Jesús sus muchos milagros, y especialmente la resurrección de Lázaro. Esto es tanto más significativo cuanto que muchos de los grupos judíos de la época rechazaban los milagros o desconfiaban de ellos. Los milagros de Jesús fueron malinterpretados por las multitudes y por los dirigentes. El poder humano de producir fenómenos de apariencia milagrosa podía atribuirse a conocimientos mágicos. Un texto del Talmud babilonio alude a la actividad taumatúrgica de Jesús, interpretándola como una acción mágica:

"En la víspera de la fiesta de pascua se colgó a Jesús. Cuarenta días antes, el heraldo había proclamado: `Es conducido fuera para ser lapidado, por haber practicado la magia y haber seducido a Israel y haberle hecho apostatar. El que tenga algo que decir en su defensa, que venga y lo diga´. Como nadie se presentó para defenderle, se le colgó la víspera de la fiesta de pascua" (Sanhedrin 43a).

San Justino atestigua que los judíos del siglo II atribuyeron a Jesús un poder extraordinario, pero de carácter mágico (cf. Diálogo con Trifón, 69, 6).

3.1.4. Los milagros de Jesús según Jesús.

Jesús mismo indica el sentido de sus milagros en tres textos que muy probablemente pertenecen a la Quelle, fuente hipotética que habría conservado la más arcaica de las tradiciones sobre los dichos de Jesús. El estudio de esos textos permite concluir que los milagros de Jesús están sólidamente atestiguados por una tradición muy antigua que nos da acceso a la vox Jesu. Jesús relaciona íntimamente sus milagros con la llegada del reino que inaugura con su persona.

3.1.4.1. La embajada de Juan Bautista y la respuesta de Jesús.

"Juan, que en la cárcel había oído hablar de las obras de Cristo, envió a sus discípulos a decirle: `¿Eres tú el que ha de venir, o debemos esperar a otro?´ Jesús les respondió: `Id y contad a Juan lo que oís y veis: los ciegos ven y los cojos andan, los leprosos quedan limpios y los sordos oyen, los muertos resucitan y se anuncia a los pobres la Buena Nueva; ¡y dichoso aquel que no halle escándalo en mí!´" (Mt 11,2-6; cf. Lc 7,18-23).

·         Es verosímil que Juan Bautista se haya informado de la actividad de Jesús desde la cárcel, puesto que su decapitación no tuvo lugar inmediatamente. El ascendiente de que gozaba Juan sobre Herodes Antipas y varias personas de su entorno (cf. Mc 6,20; Lc 8,2-3; 24,10; Hch 13,1) permiten pensar que el tetrarca autorizó a sus discípulos a visitarlo en prisión. El envío de dos discípulos (Lc) corresponde a la práctica de los maestros del judaísmo.

·         La comunidad primitiva no habría creado este episodio, poniendo en labios de Juan una pregunta formulada en tono vacilante y preocupado. Debe tenerse en cuenta que la Iglesia primitiva presenta al Bautista como aquel que atestigua abiertamente a Cristo (cf. Jn 1,7.15). Tampoco habría utilizado un título cristológico tan impreciso ("el que ha de venir"), inusitado en el judaísmo y en el cristianismo (doble discontinuidad). Finalmente, no habría omitido los exorcismos ni pasado por alto la respuesta del Bautista.

·         La referencia a los milagros se comprende mejor en tiempos de Jesús, mientras es posible constatarlos, que en tiempos de la Iglesia. Después de pascua la apologética se apoya ante todo en la resurrección de Jesús.

·         En la respuesta de Jesús nos encontramos con su estilo: se oculta detrás de sus obras, enfatiza el anuncio de la buena nueva a los pobres y establece un vínculo entre sus actos y los signos de la llegada del reino. Jesús recurre con preferencia a Isaías, pero usa los textos proféticos con libertad. No hay alusión a la venganza que acompaña a los oráculos de Isaías.

3.1.4.2. Invectivas contra las ciudades del Lago.

"Entonces se puso a maldecir a las ciudades en las que se habían realizado la mayoría de sus milagros, porque no se habían convertido: `¡Ay de ti, Corazín! ¡Ay de ti, Betsaida! Porque si en Tiro y Sidón se hubieran hecho los milagros que se han hecho en vosotras, tiempo ha que en sayal y ceniza se habrían convertido. Por eso os digo que el día del Juicio habrá menos rigor para Tiro y Sidón que para vosotras. Y tú, Cafarnaúm, ¿hasta el cielo te vas a encumbrar? ¡Hasta el Hades te hundirás! Porque si en Sodoma y Gomorra se hubieran hecho los milagros que se han hecho en ti, aún subsistiría el día de hoy. Por eso os digo que el día del Juicio habrá menos rigor para la tierra de Sodoma que para ti´." (Mt 11,20-24; cf. Lc 10,12-16).

·         Según J. Jeremias, el pasaje presenta varios rasgos típicos del arameo. El término dynameis, empleado para designar los milagros de Jesús, es característico de la tradición más antigua.

·         El nombre de Corazín no se menciona nunca en el resto de los evangelios.

·         El tono de estos reproches contra tres ciudades determinadas induce a pensar que Jesús hizo en ellas grandes signos públicos. El juicio sobre Tiro y Sidón, ciudades paganas, sólo se comprende en labios del mismo Jesús. Su severidad con las ciudades del lago se basa en su actitud frente a su persona, signo de la llegada del reino.

·         El texto reconoce el fracaso de los milagros de Jesús, actitud que contrasta con la de la Iglesia primitiva (cf. Hch 2,22; 10,38).

·         El texto manifiesta varias características del mensaje prepascual de Jesús: llamada a la conversión, recurso a los milagros más que a la resurrección.

3.1.4.3. Logion sobre los exorcismos.

"Él, conociendo sus pensamientos, les dijo: `Todo reino dividido contra sí mismo queda asolado, y toda ciudad o casa dividida contra sí misma no podrá subsistir. Si Satanás expulsa a Satanás, contra sí mismo está dividido: ¿cómo, pues, va a subsistir su reino? Y si yo expulso a los demonios por Beelzebul, ¿por quién lo expulsan vuestros hijos? Por eso, ellos serán vuestros jueces. Pero si por el Espíritu de Dios expulso yo los demonios, es que ha llegado a vosotros el Reino de Dios´." (Mt 12,25-28; cf. Lc 11,17-20).

·         Los enemigos de Jesús reconocen sus exorcismos pero los interpretan como una acción diabólica. Semejante acusación en contra de Jesús no pudo ser inventada por la comunidad cristiana.

·         Jesús tiene conciencia de ser el vencedor de Satanás (cf. Mc 3,22-27; Lc 10,18). La presencia del "yo" es típica de Jesús, lo mismo que el vínculo que establece entre el reino de Dios y su acción liberadora. La mención del "reino", concepto arcaico en los evangelios, se expresa aquí en términos emparentados con los del kerygma primitivo (cf. Mc 1,15). La actividad de Jesús como exorcista corresponde a su misión mesiánica, ya que en el tiempo mesiánico se debía manifestar la victoria suprema de Dios sobre el mal.

     

3.1.5. Historicidad de los relatos particulares.

Al aplicar los criterios de historicidad antes enunciados a cada uno de los relatos evangélicos de milagros es posible concluir que la convergencia y coherencia de esos criterios constituye una prueba de solidez histórica difícilmente rechazable (cf. R. Latourelle, o.c., pp. 87-261).

3.2. Teología de los milagros de Jesús.

3.2.1. Visión cristocéntrica del milagro.

·         Lo que caracteriza al estudio de los milagros de Jesús en la teología actual es la preocupación por vincularlos a la persona de Cristo. Del siglo XIX al siglo XX se pasó de una perspectiva de objeto a una perspectiva de sujeto, de persona. Antes del Concilio Vaticano II, los milagros y las profecías de Cristo, los profetas y los apóstoles eran considerados como pruebas externas aptas para establecer sólidamente el origen divino de la religión cristiana. El Vaticano II personalizó la revelación y la presentación de los signos. En una sola frase, la constitución dogmática Dei Verbum relaciona decididamente los signos con la persona de Cristo, presentando a Cristo a la vez como la plenitud de la revelación y como el signo por excelencia de la misma: el signo que manifiesta a Dios y se atestigua como Dios entre nosotros.

"Por tanto, es él -verlo a él es ver al Padre (cf. Jn 14,9)- el que, por toda su presencia y por la manifestación que hace de sí mismo, por sus palabras y sus obras, por sus signos y sus milagros, y más particularmente por su muerte y su gloriosa resurrección de entre los muertos, y finalmente por el envío del Espíritu de verdad, da a la revelación su pleno cumplimiento y la confirmación de un testimonio divino atestiguando que Dios mismo está con nosotros para librarnos de las tinieblas del pecado y resucitarnos a la vida eterna" (DV 4a).

·         Los milagros de Jesús son la irradiación multiforme de la epifanía del Hijo de Dios entre los hombres. Cristo mismo, por entero, es el signo enigmático que pide ser descifrado, el signo único y total de credibilidad. Él es el signo primero que incluye y fundamenta todos los demás. Los milagros de Jesús se presentan como una irradiación de su ser y plantean la cuestión de su identidad:

"¿Quién es éste, que hasta el viento y el mar le obedecen?" (Mc 4,41; cf. Mt 8,27; Lc 8,25).

·         El Concilio Vaticano II presenta también a los milagros de Jesús como un anuncio de la llegada del Reino de Dios que se manifiesta en la persona de Jesucristo:

"El Señor Jesús dio origen a su Iglesia predicando la buena nueva, la llegada del reino prometido desde hacía siglos en las Escrituras... Este reino brilla a los ojos de los hombres en la palabra, las obras y la presencia de Cristo... Los milagros de Jesús atestiguan igualmente que el reino ha venido ya a la tierra: `Si por el dedo de Dios expulso los demonios, entonces es que el reino de Dios ha llegado entre vosotros´(Lc 11,20; Mt 12,28). Sin embargo, el reino se manifiesta ante todo en la persona misma de Cristo, Hijo de Dios e Hijo de hombre, que ha venido a salvar y a dar su vida como rescate de muchos (Mc 10,45)" (LG 5).

"Cristo recorría todas las ciudades y aldeas, curando todas las enfermedades y debilidades, como signo de la llegada del reino de Dios" (AG 2).

·         El Vaticano II subraya que, si bien Dios ha multiplicado los indicios de su intervención en la historia, le dejó al hombre la libertad de responder al mensaje y los signos de la salvación. Los signos no son constrictivos; son dones y ayudas de Dios que solicitan y sostienen al hombre en su libre decisión de fe:

"Cristo... invitó y atrajo a los discípulos con paciencia. Apoyó y confirmó ciertamente su predicación por medio de milagros, pero era para suscitar y robustecer la fe de sus oyentes, no para ejercer sobre ellos una constricción" (DH 11). Este texto remite al siguiente:

"El diálogo de la salvación no obliga a nadie a acogerlo; fue una formidable petición de amor que, si constituyó una tremenda responsabilidad para aquellos a los que iba dirigida, los dejó sin embargo libres para corresponder o para negarse a ella" (Pablo VI, encíclica Ecclesiam Suam, AAS 56 (1964) 642).

·         Los milagros de Jesús son el lugar privilegiado de toda teología del milagro, ya que son los arquetipos de todo milagro verdadero: los del Antiguo Testamento, los de la vida de los santos y los de la Iglesia universal.

·         El milagro evangélico tiene un aspecto apologético que precede a la fe y un aspecto teológico que sigue a la fe. Los dos aspectos son mostrados claramente por los siete signos narrados en el evangelio de Juan. Si Jesús resucita un muerto es porque Él es la Resurrección y la Vida; si da de comer a la muchedumbre es porque Él es verdadero alimento; si da la vista a un ciego es porque Él es la luz del mundo (cf. C. González, Él es nuestra salvación, pp. 132-133; X. Léon-Dufour, o.c., pp. 272-273).

·         Siguiendo la doctrina expuesta en DV 4a podemos atribuir a los milagros una doble función: la de testimoniar y revelar.

·         Por una parte, los milagros manifiestan la verdad de la revelación de Cristo.

·         Por otra parte, los milagros son expresión de la revelación igual que las palabras de Cristo; no es menos importante conocer los milagros de Jesús que sus palabras. Podemos recordar aquí la frase de B. Pascal:

"Los milagros disciernen la doctrina, y la doctrina discierne los milagros" (Pensamientos, nº 749).

 

3.2.2. El milagro como testimonio.

El milagro garantiza la autenticidad de la revelación de Cristo con el poder infinito y la autoridad de Dios. Este testimonio divino interpela al hombre, invitándolo a responder a Dios por medio de la fe. Jesucristo confirma su doctrina por medio de prodigios y signos que disponen al alma a la escucha de la buena nueva y son llamamientos a la comunión con Dios y al seguimiento de Jesús. Los milagros que Jesús realiza en su nombre propio son signos de misión divina: atestiguan que Cristo es un enviado de Dios y, más aún, la verdad de su condición de Hijo enviado por el Padre. Son testimonios del Espíritu de Dios, que lo revelan y acreditan como Hijo de Dios, Dios-entre-nosotros (cf. Jn 2,23; 3,2; 7,31).

Si Jesús es el Hijo de Dios, los signos que permiten identificarlo como tal tienen que aparecer como una irrupción de Dios en la historia de los hombres. La soberanía, santidad y sabiduría de Dios hacen estallar nuestras categorías. Los signos de la gloria de Jesús son signos de poder (milagros y resurrección), santidad y sabiduría. La resurrección es el signo de los signos, el signo supremo.

Desarrollaremos la dimensión jurídica del milagro siguiendo la doctrina expuesta por Santo Tomás de Aquino (cf. Suma Teológica, III, qq. 43-44):

·         El milagro tiene dos finalidades: el testimonio de la doctrina y de la persona. Cristo hizo milagros para confirmación de su doctrina y para manifestación del poder divino que en Él había (cf. Ga 3,5; Jn 5,36; 10,38; 1 Co 14,22).

·         La naturaleza divina resplandece en los milagros, pero en comunicación con la naturaleza humana, instrumento de la acción divina (cf. Papa San León, Epístola a Flaviano, DS 294, FIC 287).

·         Los milagros de Cristo fueron suficientes para demostrar su divinidad bajo tres aspectos:

o        por la especie de las obras (cf. Jn 9,32-33; 15,24).

o        por el modo de hacer los milagros (cf. Lc 6,19; Mt 8,16; Jn 5,19-21).

o        por la misma doctrina en que se declaraba Dios (cf. Mc 1,27).

·         Cristo hizo los milagros con poder divino (cf. Jn 14,10).

·         El poder divino obraba en Cristo según era necesario para la salud humana. Los milagros de Jesús se ordenaban a manifestar su divinidad para la gloria de Dios y para la salud de los hombres, sobre todo la salud del alma (cf. Jn 12,31; Mc 7,37).

·         Cristo vino a salvar al mundo con el poder de su divinidad y por el misterio de su encarnación. Curando milagrosamente a los hombres Cristo se mostró como Salvador universal y espiritual de todos los hombres.

 

3.2.3. El milagro como revelación.

El milagro es un signo que responde a una intención de comunicación con vistas a una comunión. Considerado como revelación, el milagro es un encuentro personal entre Dios y el hombre, encuentro que es capaz de transformar y promover al hombre, liberándolo del pecado y llevándolo a una verdadera conversión.

El milagro visibiliza y manifiesta en ejercicio el evangelio de la salvación, hablando a los sentidos y al espíritu. El milagro muestra claramente que la palabra de Dios es eficaz, haciendo presente el reino de Dios, que es para el hombre la salvación total. Como transformación del cosmos, el milagro es una figura del mundo que viene.

El milagro es un signo polivalente, que apunta simultáneamente hacia diversas direcciones. Analizaremos los principales valores significativos del milagro según el Nuevo Testamento:

·         Signos del amor omnipotente de Dios.

Los milagros de Jesús son manifestaciones del poder universal y absoluto de Dios; pero son obras de poder al servicio del amor, que revelan que Dios es amor, rico en misericordia y cariño. Ese amor toma forma humana en Cristo haciendo visible al hombre la intensidad del amor divino. Los milagros son signos de la misericordia de Dios para con los afligidos y doloridos (Lc).

·         Signos de la llegada del reino mesiánico.

Los milagros de Jesús son signos de que el Reino de Dios ha llegado (Mc), signos del cumplimiento de las promesas de Dios (Mt). Significan que en Cristo se han cumplido por fin las profecías de las Escrituras. Jesús de Nazaret es el Mesías que trae la salvación esperada, triunfando sobre la enfermedad, la muerte, el pecado y el diablo. Por medio de sus milagros, Jesús anuncia la buena nueva a los pobres (cf. Is 42,1-4; 61,1s; Mt 11,4s; 12,17-21; Lc 7,22s).

·         Revelación del misterio trinitario.

Los milagros de Jesús son obras comunes del Padre y del Hijo (el Padre realiza esas obras en el Hijo). Manifiestan la gloria del Padre y del Hijo (el Padre glorifica al Hijo y es glorificado en Él) y revelan que entre el Padre y el Hijo hay un misterio de Amor; ambos están unidos por un mismo Espíritu (Jn 10,37-38; 14,10-11).

·         Símbolos de la economía sacramental.

El milagro es un signo de la gracia de Dios; expresa los dones espirituales ofrecidos a los hombres por la gracia de Cristo. En el evangelio de Juan los milagros de Cristo revelan el misterio de la economía de los sacramentos, particularmente del bautismo (curación del paralítico y del ciego de nacimiento) y la eucaristía (multiplicación de los panes).

·         Signos de las transformaciones del mundo perecedero.

La transformación del cosmos por el milagro y la transformación del hombre por la santidad son los signos del orden escatológico. El milagro es signo de una salvación escatológica y universal, de la liberación y glorificación de los cuerpos; prefigura las transformaciones que se efectuarán al final de los tiempos. Esto se aplica sobre todo a la resurrección de Cristo.

·         Signos de la gloria de Cristo.

Los milagros de Jesús son cristológicos. No lo acreditan como un simple profeta o mesías humano, sino que manifiestan su gloria de Hijo único de Dios. Todos los valores significativos del milagro están unidos a Jesús, el signo por excelencia (cf. Mt 12,38-42). Él es el reino de Dios que ha llegado, el cumplimiento de las promesas, la presencia de la misericordia de Dios. En el evangelio de Juan, los milagros de Jesús están ordenados a revelar y hacer creíble el misterio de la persona de Cristo, que es el misterio de su origen en Dios Padre, de su unidad con Él y de la misión que el Padre le encomendó (cf. Jn 10,34-38). Los milagros de Jesús son signos de la presencia salvífica del reino en Jesús, en relación íntima con su predicación del reino de Dios, hecho presente por Jesús entre los hombres.

"El milagro es el signo de la persona de Cristo, la revelación de su identidad... (Mc 2,8-11). El milagro pertenece a la obra reveladora de Jesús: está destinado a revelar el poder de salvación que tiene en sus manos el Hijo del Hombre. Con todo, no atestigua solamente la misión de Cristo, sino también su misteriosa identidad; el nombre del Hijo del Hombre expresa, en términos velados, la personalidad divina del Hijo en su condición humana" (J. Galot, Problemi di Cristologia, Roma, 1977, p. 84).

 

3.2.4. Clasificación de los relatos de milagros.

La clasificación más aceptada hoy es la propuesta por G. Theissen. Está basada en la naturaleza de las relaciones establecidas entre el taumaturgo y el beneficiario del milagro y en las motivaciones del milagro. Así se distinguen:

·         Los exorcismos: manifiestan el aspecto interior del reino de Dios, que es liberación del pecado y de Satanás.

·         Las curaciones: manifiestan el aspecto exterior del reino de Dios, que es liberación de la enfermedad y de la muerte; incluyen las tres resurrecciones.

·         Los milagros de donación: En estos milagros Jesús interviene en beneficio de la gente, que experimenta la carencia de un elemento material.

·         Los milagros de salvamento: En estos milagros Jesús interviene para salvar a uno o más hombres en una situación todavía más dramática que la de los milagros de donación.

·         Los milagros de legitimación: son curaciones que justifican el comportamiento de Jesús y tienen un carácter de controversia.

·         Las epifanías: por ejemplo, la transfiguración de Jesús y las apariciones del Resucitado.

3.2.5. Originalidad de los milagros de Jesús.

La tradición evangélica permite descubrir los rasgos específicos (positivos y negativos) de los milagros de Jesús.

Entre los rasgos negativos podemos citar los siguientes:

·         Jesús se niega a hacer milagros en su propio provecho o para la exaltación de sí mismo (tentaciones de Jesús).

·         Jesús rechaza la afición por lo maravilloso y todo triunfo fácil que rechace la cruz (tentaciones, Mc 8,11-12; Jn 6,30-31; Mt 16,4; Lc 23,8).

·         Jesús se niega a hacer milagros cuando choca contra la falta de fe (Mc 6,1-6; Mt 13,54-58; Mt 16,20; Mc 9,29).

Entre los rasgos positivos podemos citar los siguientes:

·         El milagro está destinado a la salvación de todo el hombre, en su unidad de cuerpo material y alma espiritual.

·         El milagro se realiza con vistas a una vocación al reino de Dios (cf. Mc 5,1-20). Tiene una función de liberación y cumplimiento del hombre.

·         El milagro establece una relación personal con Jesús, transformadora para el beneficiario. El hombre tiene una participación en el milagro, mediante una actitud de fe en Jesús (cf. Lc 17,19; 18,39).

·         El milagro es el lugar de una opción: el hombre puede acoger a Jesús y convertirse o cerrarse al signo. Es inseparable de la cruz (cf. Jn 9; 11,53).

·         Los milagros de Jesús tienen carácter eclesial. Jesús trae una salvación universal (cf. Hch 5,12). Por eso da a sus discípulos el poder de hacer milagros (cf. Mt 10,8; Mc 16,15-18).

·         Por los milagros de Jesús el futuro invade el presente. Jesús une en su persona la espera de la salvación escatológica y su realización presente. Con Jesús el reino de Dios irrumpe en la historia (cf. Mt 12,28).

·         Los milagros de Jesús manifiestan el misterio de su persona. Si Jesús trae el reino de Dios, la razón última de ello está en su misma persona.

4. El milagro de la multiplicación de los panes.

4.1. Historicidad de la multiplicación de los panes.

4.1.1. Diversas explicaciones.

La mayor parte de los exegetas reconocen en el milagro de la multiplicación de los panes, que tuvo un relieve muy destacado en la predicación apostólica primitiva, uno de los acontecimientos principales (o incluso críticos) del ministerio de Jesús. Más adelante trataremos acerca del contenido teológico de este milagro, que tiene un rico conjunto de significaciones. En relación a la historicidad de la multiplicación de los panes se han dado diversas explicaciones:

·         La explicación natural (Paulus, Holtzmann, Evely) ve en este acontecimiento el ejemplo de un reparto fraternal.

·         La explicación existencial (Strauss, Bornkamm, Schweizer, Sölle) considera el relato como una construcción mítica que resalta la providencia de Dios, sobre la base de relatos similares del Antiguo Testamento y de otras religiones.

·         La mayoría de los exegetas contemporáneos admite que en el inicio de la tradición hubo un acontecimiento misterioso, de alcance mesiánico y escatológico, aunque algunos se niegan a hablar de milagro.

·         La exégesis católica tradicional ha visto siempre en este relato (como en tantos otros) el testimonio de un milagro realmente acontecido.

La aplicación de los criterios de historicidad enunciados en 3.1.2 a los relatos de la multiplicación de los panes nos permitirá concluir que verdaderamente Jesús dio de comer en el desierto a una gran muchedumbre con un número muy pequeño de panes y de peces (cf. R. Latourelle, Milagros de Jesús y teología del milagro, pp. 92-95).

 

4.1.2. Aplicación de los criterios de historicidad.

·         Testimonio múltiple.

Este criterio se cumple de forma eminente en la multiplicación de los panes, único milagro que está narrado en los cuatro evangelios, en seis relatos diferentes. Como se verá en 4.2, hay muy buenas razones para pensar que las dos multiplicaciones de los panes de los evangelios de Mateo y de Marcos corresponden a dos versiones de un mismo acontecimiento. Los relatos de Mt 14, Mc 6 y Lc procederían de una tradición palestina, mientras que los relatos de Mt 15 y Mc 8 procederían de una tradición helenista. El relato de Jn, que incluye un amplio conjunto de detalles que le son propios (p. ej. el discurso sobre el pan de vida), parece provenir de una tradición joánica relativamente independiente de las otras dos.

·         Interpretación diversa, acuerdo en el fondo.

Como se verá en 4.3, cada evangelista narra el hecho desde su propia perspectiva, dando detalles levemente diferentes y aportando matices complementarios a su interpretación teológica.

·         Discontinuidad.

La multiplicación de los panes evoca diversos episodios del Antiguo Testamento (cf. 4.3.8) y hace surgir la cuestión del Reino y del Mesías. Los judíos del tiempo de Jesús esperaban a un nuevo Moisés que habría de renovar el gran prodigio de la época del Éxodo. No obstante, Jesús rompe con la idea corriente en Israel de un Mesías político y de un Reino mundano al sustraerse a los intentos de la gente que quiere nombrarlo rey, suscitando incluso la incomprensión de sus discípulos (cf. 4.4). Después de la multiplicación de los panes se pone en evidencia que Jesús pretende liberar a Israel por un camino totalmente inesperado para sus contemporáneos (anuncios de la Pasión).

·         Conformidad.

El sentido del signo de la multiplicación de los panes está en concordancia con el resto de la Revelación cristológica (cf 4.5; 4.6) y tiene funciones y significados análogos a los del resto de los milagros de Jesús (cf. 3.2).

·         Estilo de Jesús.

A pesar del carácter singularmente maravilloso de este prodigio, no pertenece al terreno de la magia. Jesús actúa, como en los demás milagros, con sencillez y por su propia autoridad. La sobriedad de los relatos hace eco a la del propio Jesús: No dicen cómo se obró el prodigio, sino que todos los invitados comieron hasta saciarse y que se recogieron restos en abundancia.

·         Inteligibilidad interna del relato.

Los relatos de la multiplicación de los panes tienen una estructura interna coherente, se insertan adecuadamente en el contexto de la crisis de la misión pública de Jesús y se relacionan perfectamente con otros misterios de la vida de Jesús (como se verá en adelante).

·         Explicación necesaria.

Sólo la realidad histórica del milagro es capaz de explicar y armonizar los siguientes elementos:

o        Como consecuencia de aquel suceso, Jesús fue considerado como el profeta esperado y se le quiso proclamar rey (Jn 6,14-15). Jesús se rehusó a ser rey, lo cual decepcionó a muchos de sus discípulos, que dejaron de seguirlo (Jn 6,66).

o        Después de la multiplicación de los panes recrudecieron las discusiones de Jesús con los fariseos y saduceos, quienes le pedían que hiciera una señal (Mt 16,1-4; Mc 8,11-13; Lc 11,29-32; Jn 6,30-31).

o        Este episodio, al principio incomprendido por los apóstoles (Mt 16,5-12; Mc 8,14-21; Lc 12,1), resultó sin embargo fundamental en su camino hacia la fe en la mesianidad de Jesús (Mt 16,13-20; Mc 8,27-30; Lc 9,18-21; Jn 6,69).

o        El episodio, único en su género, tuvo gran importancia en la tradición litúrgica, en la redacción de los cuatro evangelios, en la iconografía de los primeros siglos y en la tradición patrística.

 

4.2. Unicidad de la multiplicación de los panes.

Los evangelios de Mateo y Marcos refieren dos multiplicaciones de los panes, mientras que los de Lucas y Juan refieren sólo una (similar a la primera de Mateo y Marcos). Hoy casi todos los exegetas están de acuerdo en reconocer un solo suceso milagroso (y no dos), narrado en Mateo y Marcos según dos tradiciones diferentes.

·         Mt 14 y Mc 6 reflejarían la tradición más arcaica, de origen palestino. Esta tradición parece situar el suceso en la orilla occidental del lago y habla de doce canastos, número de las tribus de Israel y de los Apóstoles.

·         Mt 15 y Mc 8 reflejarían una tradición procedente de ambientes cristianos de origen pagano. Esta tradición sitúa el acontecimiento en la orilla oriental (pagana) del lago y habla de siete espuertas, número de las naciones de Canaán (cf. Hch 13,19) y de los diáconos helenistas (cf. Hch 6,5; 21,8).

Esta explicación parece la más sencilla y coherente, por las siguientes razones:

·         Los dos relatos presentan gran similitud en cuanto a la estructura externa, el contenido y varias expresiones:

o        En ambos casos Jesús da de comer a una multitud, atraviesa el lago, desembarca y sostiene una controversia con los fariseos.

o        En ambos casos Jesús siente compasión de la multitud (Mt 14,4; 15,32; Mc 6,34; 8,2); Jesús incluso hace las dos veces la misma pregunta (Mc 6,38; 8,5); etc.

·         En ambos relatos los apóstoles se muestran perplejos. ¿Cómo explicar esa sorpresa en el segundo relato si Jesús ya había realizado el prodigio en otra ocasión?

·         Las diferencias más notables entre las dos narraciones se refieren a cantidades:

o        El tiempo que pasó la multitud con Jesús antes del milagro (un día en el primer relato; tres días en el segundo).

o        La cantidad de comida disponible antes del milagro (cinco panes y dos peces en el primer relato; siete panes y unos pocos pececillos en el segundo).

o        El número de personas alimentadas (cinco mil en el primer relato y cuatro mil en el segundo).

o        La cantidad de trozos sobrantes después del milagro (doce canastos en el primer relato y siete espuertas en el segundo).

·         Los duplicados de este tipo, comunes en la Biblia, se encuentran con frecuencia en los Evangelios, y son característicos en Mateo (Mt 4,23; 9,35; Mt 9,27-31; 20,29-34; Mt 9,32-34; 12,22-24; etc.). Son un indicio, probablemente, del cuidado de los evangelistas por conservarlo todo y de su respeto por la tradición.

·         Si bien el evangelio de Lucas sigue al de Marcos, no menciona más que una sola multiplicación de los panes, sin duda porque ha reconocido en los dos relatos de Marcos la doble recensión de un único suceso.

 

4.3. Exégesis de los relatos.

4.3.1. El contexto.

4.3.1.1. La ejecución del Bautista.

Tanto Mateo como Marcos colocan la primera multiplicación de los panes inmediatamente después de la ejecución de Juan el Bautista por orden del rey Herodes (Mt 14,3-12; Mc 6,17-29). Según Mt 14,1-2 (cf. Mc 6,14-16; Lc 9,7-9), Herodes se enteró de la fama de Jesús y de sus milagros y opinó que Jesús era Juan resucitado. Cabe pensar que quería dar a Jesús el mismo tratamiento que había dado a Juan. Ya antes los herodianos se habían confabulado con los fariseos para eliminar a Jesús (cf. Mc 3,6). Y posteriormente unos fariseos aconsejaron a Jesús que se fuera porque Herodes quería matarlo (cf. Lc 13,31).

En el evangelio de Mateo la conexión entre la muerte del Bautista y la multiplicación de los panes es reforzada por un detalle: Según Mt 14,12-13, los discípulos de Juan, después de sepultar a su maestro, fueron a informar a Jesús. La noticia de la muerte del Bautista fue la razón por la cual Jesús se retiró a un lugar solitario antes del milagro.

Jesús continuará y consumará la obra comenzada por Juan. La muerte del Bautista permite inferir que Jesús será entregado al mismo destino de muerte de los profetas. El martirio del precursor y las dos multiplicaciones de los panes preanuncian el misterio de la pasión.

 

4.3.1.2. La misión de los Doce.

Según Marcos, la primera multiplicación de los panes fue precedida por la misión de los Doce (Mc 6,6b-13.30; cf. Lc 9,1-6.10). El deseo de descansar con los apóstoles que volvían de su misión es aquí la razón por la cual Jesús se retiró con ellos a un lugar solitario antes del milagro. El éxito de la misión apostólica permite considerar el momento del milagro como el apogeo del ministerio de Jesús en Galilea (cf. Lc 10,18).

 

4.3.1.3. Jesús camina sobre el mar.

En los evangelios de Mateo, Marcos y Juan, la multiplicación de los panes es seguida inmediatamente por otro milagro: Jesús caminando sobre el mar (Mt 14,22-31; Mc 6,45-52; Jn 6,16-21). Es muy probable que ambos relatos se transmitieran unidos ya en la tradición anterior a Marcos, dado que en Marcos y Mateo la perícopa de la caminata sobre el mar comienza con unas palabras que no se explican más que por la escena precedente:

"Inmediatamente obligó a sus discípulos a subir en la barca" (Mc 6,45; cf. Mt 14,22).

La multiplicación de los panes evoca la institución de la eucaristía y la entrega de Jesús en la Cruz. El milagro de la caminata sobre las aguas tiende a ser una epifanía de la gloria de Jesús; evoca la Resurrección. Se anuncian así los diversos aspectos del misterio pascual. Las numerosas curaciones que se narran a continuación (cf. Mt 14,34-36; Mc 6,53-56) manifiestan el poder que tendrá Cristo resucitado.

 

4.3.1.4. La crisis del ministerio de Jesús.

Los cuatro evangelios ubican cronológicamente el milagro de la multiplicación de los panes en el contexto de un período crítico de la misión mesiánica de Jesús. Después de ese milagro decrece el entusiasmo del pueblo de Israel, decepcionado por el sentido espiritual que Jesús da al reino. Jesús se queda con pocos discípulos, se dedica más a la formación de los Doce apóstoles y realiza viajes a tierras paganas. La primavera del ministerio de Jesús se va borrando poco a poco para dejar lugar al fracaso y a las primeras sombras de la pasión. Los indicios de esta crisis del ministerio de Jesús son numerosos:

·         El evangelio de Juan es el que describe en forma más aguda esa crisis y el que la relaciona más directamente con la incomprensión del signo que Jesús realizó en la multiplicación de los panes. Refiere las divisiones y deserciones que ocurrieron entre los discípulos después de la multiplicación de los panes y estrecha más que los sinópticos la relación entre el prodigio y la confesión de Pedro:

"Desde entonces muchos de sus discípulos se volvieron atrás y ya no andaban con él. Jesús dijo entonces a los Doce: `¿También vosotros queréis marcharos?´ Le respondió Simón Pedro: `Señor, ¿donde quién vamos a ir? Tú tienes palabras de vida eterna, y nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo de Dios.´ Jesús les respondió: `¿No os he elegido yo a vosotros, los Doce? Y uno de vosotros es un diablo.´ Hablaba de Judas, hijo de Simón Iscariote, porque éste le iba a entregar, uno de los Doce. Después de esto, Jesús andaba por Galilea, y no podía andar por Judea, porque los judíos buscaban matarle" (Jn 6,66-7,1; cf. Mt 16,16s y paralelos).

·         En los evangelios sinópticos el prodigio de la multiplicación de los panes prepara otros episodios que le siguen casi inmediatamente: la profesión de fe de Pedro, el primer anuncio de la Pasión, la Transfiguración de Jesús y el segundo anuncio de la Pasión.

·         Lucas sigue la misma secuencia que Mateo y Marcos, omitiendo lo comprendido entre la primera multiplicación de los panes y la profesión de fe de Pedro, e intercalando la subida a Jerusalén entre el segundo y el tercer anuncio de la Pasión:

"Sucedió que como se iban cumpliendo los días de su asunción, él se afirmó en su voluntad de ir a Jerusalén" (Lc 9,51).

 

4.3.1.5. La oración de Jesús.

Jesús busca a menudo el silencio de la soledad o de la noche para orar (cf. Lc 5,16). Le vemos dar gracias en el momento de las comidas y orar en acontecimientos importantes: en el Bautismo (cf. Lc 3,21), antes de la elección de los Doce (cf. Lc 6,12), en la Transfiguración (cf. Lc 9,28-29), antes de la enseñanza del Padrenuestro (cf. Lc 11,1), en Getsemaní (cf. Lc 22,41-44), en la cruz (cf. Lc 23,34.46). Estas oraciones particulares señaladas por los evangelistas, sobre todo por Lucas, manifiestan la comunicación permanente del Hijo con el Padre, quien nunca lo abandona y lo escucha siempre. Con su ejemplo, Jesús inculca a sus discípulos la necesidad y el modo de orar.

La oración de Jesús a solas en el monte después de la multiplicación de los panes insinúa la importancia de ese episodio de la vida pública de Jesús.

·         En Mateo y Marcos esta oración precede a la caminata de Jesús sobre las aguas (cf. Mt 16,23; Mc 6,46-47).

·         En Lucas la oración precede a la confesión de Pedro (cf. Lc 9,18).

·         Juan deja constancia de que Jesús huyó solo al monte, pero no menciona la oración (cf. Jn 6,15).

 

4.3.2. Los protagonistas.

Los protagonistas del hecho son Jesús, los discípulos y la gente.

·         Las gentes siguieron a Jesús viniendo a pie de las ciudades.

·         En Mt 14, Mc 6 y Lc la atención se centra sobre todo en los discípulos:

o        Ellos se acercan a Jesús, le plantean el problema del hambre de la multitud y le piden que la despida (cf. Mt 14,15; Mc 6,35-36; Lc 9,12).

o        Ellos reciben de Jesús el mandato de alimentar a la multitud ("Dadles vosotros de comer"; Mt 14,16; Mc 6,37; Lc 9,13) e insinúan a su Maestro que no pueden cumplirlo. En la narración de Lucas se preanuncia la función litúrgica de los Apóstoles en la Iglesia.

·         En Mt 14 se subraya más aún el papel mediador de los discípulos:

"Se los dio a los discípulos y los discípulos a la gente." (Mt 14,19; cf. Mt 15,36; Mc 6,41; 8,6; Lc 9,16).

·         En los seis relatos Jesús toma la iniciativa de dar de comer a las multitudes que le siguen. Esa iniciativa está más destacada en Mc 15, Mc 8 y Jn.

o        En Mt 15 y Mc 8 Jesús congrega a los discípulos y plantea él mismo el problema del hambre de la multitud (cf. Mt 15,32; Mc 8,1-3).

o        En Jn la atención se centra todavía más en Jesús, quien no sólo plantea el problema referido (cf. Jn 6,5) sino que distribuye los panes a la multitud y da la orden de recoger los restos (cf. Jn 6,11-12).

·         La pregunta que Jesús hace a sus discípulos ("¿Cuántos panes tenéis?"; Mt 15,34; Mc 6,38; 8,5) muestra que el conocimiento humano de Cristo era de por sí limitado, lo cual correspondía al anonadamiento voluntario que asumió por la Encarnación (cf. CICa 472).

 

4.3.3. Las circunstancias.

4.3.3.1. El lugar.

Según los evangelios sinópticos, el milagro ocurrió en un "lugar deshabitado" (cf. Mt 14,15; Mc 6,35; Lc 9,12), un "desierto" (cf. Mt 15,33; Mc 8,4). Mt 14 y Mc 6 enfatizan este hecho indicando al principio del relato que Jesús se retiró con sus discípulos a "un lugar solitario" (cf. Mt 14,13; Mc 6,31.32). Jesús se complace en retirarse al desierto para orar.

En la Biblia el desierto tiene dos significados: es un lugar de proximidad con Dios y un lugar de tentación. Representa simbólicamente la intimidad de la conciencia, donde Dios habla al corazón del hombre y éste, solo ante Dios, elige obedecer o desobedecer la voz de Dios.

El tema del desierto evoca sobre todo dos episodios de la historia de salvación:

·         Los 40 años de peregrinación de Israel por el desierto, entre la primera Pascua y la entrada en la Tierra Prometida.

·         Los 40 días de ayuno de Jesús en el desierto, después de su Bautismo en el Jordán. Las tentaciones de Jesús en el desierto se refieren al carácter que habrá de asumir su misión mesiánica, lo cual permite establecer una clara relación entre ese episodio y lo ocurrido en la multiplicación de los panes (cf. 4.4.4).

Jesús, nuevo Moisés y nuevo Elías, enseña a sus seguidores que toda la vida se pasa en un desierto, en el cual se ha de esperar el pan cotidiano. El marco del desierto y el recuerdo del maná subrayan que Jesús es el dispensador de la salvación definitiva.

El evangelio de Juan no menciona explícitamente al desierto. El milagro se realiza en las inmediaciones de un monte, al que Jesús sube antes y después del milagro (cf Jn 6,3.15). Podemos ver en este detalle una alusión a la celebración de ratificación de la Alianza, que es precedida y seguida por una subida de Moisés al monte Sinaí (cf. Ex 24). Después del prodigio hecho por Jesús, la gente lo reconoce como el profeta anunciado por Moisés (cf. Jn 6,14; Dt 18,15).

La interpretación misional de la multiplicación de los panes está basada en la región donde tuvo lugar del prodigio. Dado que Mt 15 y Mc 8 parecen situar el acontecimiento en la orilla oriental (pagana) del lago, algunos exegetas han visto en el prodigio un símbolo de la Palabra destinada a los no judíos.

 

4.3.3.2. El tiempo.

Sólo el evangelio de Juan indica la época del año en que ocurrió el prodigio: "estaba próxima la Pascua, la fiesta de los judíos" (Jn 6,4). El milagro y el discurso que le sigue adquieren por eso un carácter pascual: El pan dado por Jesús será la Pascua nueva. Algunos autores señalan que el detalle de la "verde hierba" (Mc 6,39; cf. Jn 6,10) estaría indicando que el milagro ocurrió en primavera, es decir en el tiempo pascual. 

Acerca de la hora del prodigio, la tradición sinóptica de la primera multiplicación de los panes indica que ocurrió "al atardecer"; "la hora -de comer- es ya pasada" (Mt 14,15; cf. Mc 6,35; Lc 9,12). En tiempos de Jesús los judíos tomaban la comida principal a media tarde. Sólo en los acontecimientos solemnes la comida se prolongaba hasta la noche. Esto permite vincular la multiplicación de los panes con la otra comida nocturna de Jesús mencionada por los Evangelios: la Última Cena (cf. J. Jeremias, o.c., pp. 45-47).

 

4.3.3.3. La situación. </