En este año dedicado a la familia, queremos estrechar la mano de todos los uruguayos para compartir en fraterna solidaridad nuestro caminar como familia humana que refleja la unidad, la bondad y la felicidad de la Familia Divina que nos ha hecho a su imagen. Dios que es amor, principio y fin de todas nuestras aspiraciones hace de nuestras familias, cunas de vida humana con sabor a vida divina.

Contemplamos en nuestras familias esa Iglesia de la casa, la iglesia doméstica, en la que experimentamos a diario el realismo de la Pascua. Ella nos hace asumir los “dolores de parto” de cada integrante de la sociedad que anhela una vida más justa y fraterna en un país más unido y solidario.

Como Iglesia de Cristo aportamos lo típico nuestro, nuestra fe. Somos conscientes de que, como nos dice el Concilio Vaticano II, el ser humano se descubre a sí mismo a la luz del Verbo Encarnado. Y así como Dios al encarnarse se hace familia, del mismo modo la familia sólo podrá descubrirse a sí misma a la luz de Jesús, el Hijo de María de la estirpe de David, y de José su esposo, el carpintero de Nazaret.

En estos tiempos en que los vientos desestabilizadores en contra de la familia soplan más fríos y fuertes que nunca, queremos aferrarnos de la Roca-Cristo que nos asegura que ellos no podrán contra ella. Es Cristo quien edifica a la familia y la cimienta en El.

Todos nosotros estamos hechos por Dios-Amor que ha puesto en nuestros corazones el deseo de la Verdad y de la Bondad, de la Felicidad y de la Paz, de la Luz y de la Vida. La familia es el camino natural por el que todo ser humano, hombres y mujeres, niños y adultos, ancianos y jóvenes, pueden alcanzar todo lo que sienten vivir en lo más profundo de su ser.

Quisiera animarlos a vivir, en sintonía con la invitación de nuestra Conferencia Episcopal, este año 2003, como AÑO DE LA FAMILIA. La CEU está abocada a promover la familia humana según el designio de Dios y en octubre celebraremos el Congreso Nacional de la Familia. La Comisión Nacional de Pastoral Familiar dará las orientaciones pertinentes. Recuerdo simplemente el mensaje maravilloso y desafiante que nos dirigió Juan Pablo II a los Obispos uruguayos en nuestra visita ad limina de setiembre de 2001. Recogiendo el enfoque de la Pastoral familiar del CELAM nos pidió “promover a los padres como pastores de la Iglesia doméstica, de la familia”.
El Santo Rosario que este año recibimos enriquecido por el Papa por los “misterios de la luz”, será un medio privilegiado para hacer de cada familia: casa y escuela de oración y de comunión.

Que Jesús, el Señor Resucitado, presente y vivo de una forma especial entre nosotros en este tiempo pascual, nos siga acompañando y bendiciendo regalándonos su Espíritu.

+ Nicolás Cotugno, sdb.
Arzobispo de Montevideo
Presidente del Departamento Familia de la CEU