Habituados a un bombardeo de noticias sobre conflictos, guerras, violencias de todos los colores, rupturas, hipocresías, discursos y pactos que pronto se olvidan, los cristianos podemos perder sensibilidad y pensar que frente a este mundo, del que nos sentimos muy adentro, poco podemos hacer.

El Espíritu de Jesús Resucitado, sin embargo, sigue soplando. Vayan, anuncien, testimonien... Un modo diferente de relacionarnos es posible. Pero no con nuestras fuerzas carentes de una energía nueva que las sostenga desde adentro.

La «comunión» es eso: Es posible un modo distinto de vincularnos los unos con los otros, en todos los lugares y rincones. Porque la fuerza que crea nuevos vínculos es el Espíritu de Jesús que trabaja a través de nuestras manos y mentes, de nuestra fe y de nuestro coraje.

Esa «comunión» es posible porque su raíz última es el Amor que late en el Corazón de Dios, ya que Dios es Amor. Desde allí el mundo se mira con otros ojos.

Hoy queremos volver a empezar desde abajo, desde los vínculos del espacio familiar, donde aprendemos a reconocernos iguales y diferentes, hijos, padres y hermanos. Y cuando la familia está modelada por las luces y el aliento de la Familia de Nazaret, donde Jesús niño crecía bajo la mirada cariñosa de María y la protección de José, entonces se hace posible rehacernos cada día, volver a empezar cuando todo parece perdido y lejano.

A veces queremos que todo salga bien de primera. Los discípulos de Jesús sabemos que el Reino de Dios es una semilla eficaz y, si no la ahogamos, su pujanza se hace ver. Ese aprendizaje invita a que hagamos de nuestras familias una escuela a tiempo completo, donde aprendemos unos de otros y donde todos somos enseñados por la Palabra viva de Dios que resuena de mil modos en la vida cotidiana de un hogar que acepta el reto de ser escuela de nuevos vínculos de comunión plena en todas las direcciones. La comunión es como una gran Hostia consagrada colocada en una custodia. Irradia, sus rayos alcanzan a todos los que la miran y se dejan mirar.

Monseñor Pablo Galimberti, Obispo de San José de Mayo.
Secretario General de la Conferencia Episcopal Uruguaya (CEU).
Presidente del Departamento de Comunicación Social de la CEU.