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Esposo, padre de 4 hijos, |
| Iglesia y Familia |
Por Igino Giordani |
No es casual que el primer milagro de Jesús -con el cual anticipa los tiempos y se manifiesta como Mesías- se haya realizado en las bodas de Caná por expreso pedido de María, madre de familia. Al cambiar el agua en vino, Jesús anticipó el milagro de la Eucaristía que cambia el vino en la sangre de Cristo.
También el último milagro -la institución
de la Eucaristía- está en relación con el matrimonio. En
efecto, como nos enseñan los teólogos, el misterio de las bodas
está en relación con el misterio pascual, cuyo punto esencial
es la institución de la Eucaristía. En la noche pascual, la Iglesia
expresa su alegría cantando la inefable unión nupcial de Cristo
con la Iglesia: Ésta es la noche del Cordero. La noche luminosa,
en la que el cortejo nupcial entra en la gloria... Ésta es la noche en
que las cosas celestiales se unen a las cosas terrestres y las cosas divinas
a las cosas humanas... la tierra está unida al cielo, y el hombre y Dios
están unidos por siempre.
Se realiza el objetivo de la encarnación, que es el de reunir al hombre
con Dios. Las divinas personas son tres y forman un solo Dios: así en
la familia son varias personas -padre, madre, prole- y forman una unidad inseparable.
Aquellos y éstos están unidos por
el amor: por el Espíritu Santo. Como la Iglesia.
En el matrimonio los cónyuges actúan como órganos
y ministros de Cristo y de la Iglesia. Como tales, ellos deben amarse
con un amor sobrenatural y amar a los hijos, no solamente como frutos de su
carne, sino también como flores del cuerpo místico, como hijos
de Dios.
La paternidad y la maternidad constituyen también una expansión
de la Iglesia, un crecimiento de ella, que es la Esposa del Hijo de Dios.
Ahora bien, para poder cumplir con su cometido
y desempeñar bien el propio rol, los cónyuges cristianos han de
recurrir a la Eucaristía, así como se alimentan flsicamente. La
Eucaristía es el alimento de la Iglesia: es Cristo entre nosotros, en
nosotros y para nosotros. Y Cristo es la Vida.
Para la familia, la Eucaristía es la arteria que la une al corazón
-al corazón de Dios- donde encuentra la divina sangre, mediante la cual
la criatura humana nace a la vida y a la relación con Dios: es generada
a la vida terrena para alcanzar la eterna.
La Iglesia y, dentro de ella, la familia son las
dos comunidades del sacrificio, porque son las dos comunidades de amor y de
fe de los discípulos de Cristo; cuya aventura, de alguna manera, repiten.
Y están relacionadas. No existe Iglesia sin familia cristiana, ni familia
cristiana sin Iglesia. Las familias dan vida a las parroquias, las parroquias
a las diócesis, las diócesis a la Iglesia. Una defiende a la otra.
Por otra parte, la parroquia vive si las familias van a misa y se acercan a
la comunión. Donde ello no ocurre decaen parroquia y familia.
Hoy depende de la familia que la Iglesia pueda existir en muchas naciones, la familia convertida en pequeña Iglesia.