Fábula con moraleja
Por Bonifacio Rey
En el
país de Urulandia el mercado de la prensa escrita es disputado por una
decena de diarios. Uno de ellos (el Diario Oficial) es administrado por una
agencia estatal y expresa la corriente de pensamiento predominante en dicha
agencia; todos los demás son gestionados por entidades privadas y responden
a diversas corrientes filosóficas, políticas o religiosas. El
Estado subsidia totalmente los costos del Diario Oficial, por lo cual éste
es entregado gratuitamente a sus lectores. Los llamados diarios privados,
en cambio, no reciben ningún subsidio del Estado, por lo cual les resulta
imposible competir en precio con el Diario Oficial; no obstante apuestan a una
mayor calidad informativa y a un enfoque distinto de la información.
Por otra parte, aunque la Constitución de la República de Urulandia
garantiza la libertad de prensa, el Diario Oficial es también el órgano
regulador de la prensa escrita, de manera que controla a sus competidores y
no es controlado por ningún otro organismo.
Los partidarios de este estado de cosas intentan justificarlo de dos maneras: Por una parte, sostienen que el Estado debe intervenir en el mercado de la prensa escrita para asegurar que una información adecuada llegue a toda la población; por otra parte, sostienen que el Estado es filosóficamente neutral, por lo cual no debe apoyar económicamente a los diarios privados sino gestionar su propio diario, perfectamente objetivo.
Como resultado de esta curiosa organización de la prensa escrita nacional, el 80% de los habitantes de Urulandia lee el Diario Oficial y todos los demás diarios reunidos llegan apenas al restante 20%. Además, el porcentaje de lectores del Diario Oficial supera el 95% en el sector más pobre de la población, mientras que no alcanza al 5% en el sector más rico. En consecuencia la mayoría de los urulandeses (sobre todo los más pobres) dependen de una información de calidad cuestionable y están fuertemente influidos por las opiniones perfectamente objetivas difundidas por el Diario Oficial.
Si esta fábula fuera verdad, inmediatamente surgirían en el país y en el mundo muchas voces indignadas para protestar contra este atropello del Estado a la libertad de información. ¿Por qué, en cambio, tantos se quedan tan tranquilos cuando la fábula se verifica exactamente cambiando Urulandia por Uruguay, prensa escrita por educación primaria y secundaria, Diario Oficial por ANEP y diarios privados por escuelas y liceos privados? ¿Acaso la libertad de educación no es al menos tan importante como la libertad de información?