II Congreso Nacional
de la Familia
Mensaje final
1.
Una buena noticia sobre la familia.
Las familias católicas del Uruguay, congregadas junto a nuestros Pastores,
nos dirigimos a todos nuestros conciudadanos a fin de:
anunciarles la buena noticia sobre la familia revelada por Jesucristo,
el Señor Resucitado;
invitarlos a colaborar en la defensa y la promoción
de la familia, base de nuestra sociedad (Artículo
40 de la Constitución de la República), a fin de que la familia
sea el corazón de una cultura del amor;
transmitirles algunas conclusiones extraídas de las múltiples
reflexiones y experiencias compartidas durante el Congreso.
2. Los derechos y deberes de las familias.
Por el hecho de haber dado la vida a sus hijos, los padres tienen el derecho
originario, primario e inalienable de educarlos; por esta razón ellos
deben ser reconocidos como los primeros y principales educadores de sus hijos.1
La libertad de elegir la clase de educación que queremos para nuestros
hijos es un derecho humano fundamental. La organización del sistema educativo
uruguayo no respeta este derecho básico, contrariando lo garantizado
por el Artículo 68 de la Constitución y discriminando injustamente
a quienes no están de acuerdo con el tipo de educación brindado
en los establecimientos de enseñanza del Estado. Nos comprometemos a
trabajar para cambiar esta situación inconstitucional y antidemocrática,
a fin de que el Estado asuma plenamente su deber de ayudar a los padres a
ejercer su derecho de educar a sus hijos conforme a sus propias convicciones.
Las familias tienen el derecho de poder contar con una adecuada política
familiar por parte de las autoridades públicas en el terreno jurídico,
económico, social y fiscal, sin discriminación alguna2.
La crisis de la familia no es sólo una consecuencia sino también
una causa de la pobreza. El fortalecimiento de la familia debe ser un objetivo
central de verdaderas políticas de Estado, en esencia independientes
de los vaivenes electorales. La familia debe ser asumida como sujeto y objeto
político y no como la destinataria de una mera sumatoria de políticas
que no la consideran en su unidad. Se debe prestar particular atención
a las políticas de empleo.
La vida humana debe ser respetada y protegida absolutamente desde el
momento de la concepción.3
El Uruguay vive un momento crítico de su historia en lo que respecta
al primero de los derechos humanos, el derecho a la vida. Exhortamos a todos
los uruguayos a unir sus fuerzas para:
Rechazar la legalización del aborto voluntario.
Brindar alternativas válidas a las madres que esperan hijos no
deseados.
Modificar la normativa vigente en materia de adopciones, a fin de facilitarlas.
Prohibir la clonación humana y toda forma de reproducción
humana asistida que no respete la dignidad esencial del ser humano.
Nos comprometemos a ser, en estos asuntos fundamentales, la voz y el voto de
aquellos que no tienen ni voz no voto.
3.
La familia es un capital social.
La familia es la expresión fundamental de la naturaleza social del ser
humano. Es una comunidad de personas basada en la alianza conyugal, por la cual
un hombre y una mujer se entregan y aceptan mutuamente, estableciendo
entre sí una comunión íntima de vida y de amor ordenada
al bien de ambos y a la procreación y la educación de los hijos.
El matrimonio es una institución natural dotada por el Creador de una
muy alta dignidad, que debe ser amparada por la ley civil. No corresponde equiparar
el matrimonio con ninguna forma de unión de hecho.
El desarrollo económico de un país depende crucialmente de su
capital humano. La familia tiene un rol fundamental en la
formación de este capital, por lo que una estructura familiar débil
atenta gravemente contra la economía de una sociedad. La familia educa
en virtudes fundamentales para la economía tales como honestidad, responsabilidad,
laboriosidad, austeridad y solidaridad.
Nuestra civilización, afectada por ideologías materialistas, secularistas,
racionalistas, relativistas y utilitaristas, vive una época de crisis
moral y espiritual. A menudo los medios de comunicación social transmiten
estas ideologías negativas hacia las familias. En este contexto no es
fácil para las familias cumplir su misión de ser transmisoras
de los valores humanos y cristianos. Las comunidades cristianas (parroquias,
colegios, movimientos etc.) deben apoyar a las familias en esta difícil
tarea.
4. La familia es el primer camino de la Iglesia.
La familia es una prioridad pastoral para toda la Iglesia. Dado que la familia
forma parte del ser del hombre, toda acción pastoral de la Iglesia incide
también sobre la familia. Las distintas ramas de la pastoral de conjunto
deben ser coordinadas con la pastoral familiar. Por ejemplo, es imprescindible
un trabajo conjunto entre la pastoral juvenil y la pastoral familiar en el área
del noviazgo. La pastoral familiar debe llegar a todos los integrantes de la
familia y tener en cuenta las situaciones de todas las familias (por ejemplo,
los problemas propios de las familias rurales, el drama de la emigración
que sufren tantas familias uruguayas, etc.).
La crisis de fe que afecta a muchas familias dificulta los procesos de iniciación
cristiana realizados en parroquias o colegios. La catequesis familiar
es una nueva metodología catequética que apunta a apoyar a la
familia cristiana para que pueda cumplir eficazmente su misión de educar
en la fe. Alentamos a los catequistas del Uruguay a conocer, experimentar y
evaluar esta metodología.
La Iglesia comparte las alegrías y tristezas de las familias de nuestro
país y quiere estar a su lado, ayudarlas a resolver sus problemas en
distintos órdenes de la vida y transmitirles el misterio de la fe en
el Dios revelado por Cristo. A la miríada de obras sociales eclesiásticas
o civiles de inspiración católica de nuestro país se podrían
sumar con fruto centros especializados en los problemas de la familia
(consultorios familiares, centros de escucha y acogida, pastoral de acompañamiento,
etc.)
5. La familia cristiana, iglesia doméstica.
La familia cristiana está fundada sobre el sacramento del matrimonio,
que hace a los esposos partícipes del misterio de la alianza de amor
entre Cristo y la Iglesia. Como Cristo amó a la Iglesia hasta el
extremo y entregó su vida por ella, así los esposos deben amarse
y entregarse recíprocamente.
Hay una vocación cristiana a la santidad en la vida matrimonial.
Es preciso reconocer su altísima dignidad e impulsar a los novios y esposos
a cumplir siempre la voluntad de Dios, viviendo lo ordinario de manera extraordinaria.
Los padres, fortalecidos por la gracia del sacramento del matrimonio, son los
pastores de la familia, iglesia doméstica. Han de ayudar a sus hijos
a crecer en santidad y a descubrir y vivir su propia vocación particular,
siguiendo a Cristo como María.
La familia cristiana participa de la misión de todo el Pueblo de Dios. Debe anunciar el Evangelio de Jesucristo con palabras y obras, sobre todo con el testimonio de una vida familiar ejemplar, yendo al encuentro de los otros y acogiéndolos con calidez, especialmente a las familias en situaciones difíciles o irregulares.
Al concluir este mensaje nos dirigimos especialmente a todos los matrimonios del Uruguay, llamando a cada esposo y esposa a renovar la entrega sincera de sí mismo, a construir entre ambos un amor fiel, fecundo, paciente, solidario y misericordioso y a vivir la paternidad responsable con generosidad.
Por la intercesión de la Bienaventurada Virgen María, Madre de Dios y Madre de la Iglesia, ama de casa y sede de la Sabiduría, rogamos a nuestro Padre Dios que bendiga a todas las familias del Uruguay y las colme de su gracia, por medio de su Hijo Jesucristo, nuestro único Salvador, en el Espíritu Santo. Amén.
1 Pontificio Consejo para la Familia, Carta de
los Derechos de la Familia, Art. 5.
2 Idem, Art. 9.
3 Idem, Art. 4.