El
error que consiste en considerar que sólo el Padre es Dios, mientras
que el Hijo y el Espíritu Santo son criaturas excelsas, pero no divinas
en sentido propio, se llama subordinacionismo. Fue sostenido en
el siglo IV por herejes como Arrio y Macedonio. Este grave error tiene su origen
en el intento de dominar racionalmente el misterio de Dios, lo cual lleva a
aceptar algunos de sus aspectos y a rechazar otros. Así la teología
se vuelve más comprensible, pero se traiciona el misterio de Dios revelado
por Cristo.
El subordinacionismo se da actualmente en cierto modo en la religión de los Testigos de Jehová (TJ): Ellos creen que el Hijo de Dios es un ser divino, pero no es Dios, sino el arcángel San Miguel, la principal creatura de Dios. Y también creen que el Espíritu Santo no es una persona, sino la fuerza activa de Dios.
Ambas afirmaciones de los TJ son contrarias a la razón:
Si el Hijo es verdaderamente un ser divino, entonces su esencia es la
esencia divina y por lo tanto es Dios. La idea de un ser divino distinto
de Dios es autocontradictoria.
Si el Espíritu Santo es verdaderamente el Espíritu de Dios,
entonces no puede ser una fuerza impersonal. Toda persona es espíritu
y todo espíritu es persona. La idea de un espíritu impersonal
es autocontradictoria.
Con respecto a la divinidad de Jesucristo, hay muchas formas de mostrar que
está implícita en todo el Nuevo Testamento. Por ejemplo:
La resurrección de Jesús confirmó con testimonio
divino su pretensión, corroborada también por sus obras y palabras,
de ser el portador absoluto de la salvación (o Reino de Dios)
y de ser igual a Dios.
Los milagros de Jesús proporcionan una perspectiva privilegiada
para reconocer su divinidad.
Ahora bien, ya que los TJ aceptan la ine-rrancia de la Biblia, el camino más simple en este caso es la prueba escriturística directa. Los siguientes nueve textos del Nuevo Testamento explicitan claramente que el Hijo es Dios: Juan 1,1; Juan 1,18; Juan 20,28; Romanos 9,5; Filipenses 2,5-11; Tito 2,13; Hebreos 1,8; 2 Pedro 1,1; Apocalipsis 1,8.
A fin de eludir las consecuencias dogmáticas de estos textos, los TJ
proponen nuevas traducciones o nuevas interpretaciones del texto sagrado.
En lo que respecta a las traducciones, hay un amplio consenso entre los
expertos acerca de que la versión de la Biblia utilizada por los TJ (la
Traducción del Nuevo Mundo) ha introducido numerosas adulteraciones
y tergiversaciones del texto bíblico, para tratar de ocultar las discordancias
entre éste y la doctrina de la secta.
En cuanto a la exégesis, cabe subrayar que los TJ interpretan
la Biblia fuera de toda la Sagrada Tradición de la Iglesia, guiados únicamente
por las autoridades de la secta, las cuales desde Charles Russell en adelante
se han considerado a sí mismas (sin ningún fundamento) como únicos
intérpretes autorizados de la Palabra de Dios.