¿Por qué es importante
el tiempo pascual?

Jesús resucitado es la fuente de nuestra plenitud.
Su victoria sobre el pecado y sobre la muerte debe renovar nuestro espíritu cristiano.

El tiempo pascual comprende cincuenta días vividos y celebrados como un solo día: “los cincuenta días que median entre el domingo de la Resurrección hasta el domingo de Pentecostés se han de celebrar con alegría y júbilo, como si se tratara de un solo y único día festivo, como un gran domingo” (Normas Universales del Año Litúrgico, n 22).

¿Qué celebramos en el tiempo de Pascua?
La pascua ha quedado definida como la fiesta del “paso” o del “tránsito”. Es el momento clave, crucial, en que termina la espera por la dramática desaparición del Señor -arrebatado por la muerte (cf. Mt 9,15)- y comienza la gran fiesta. Una fiesta que se prolongará por espacio de cincuenta días.
A este período de cincuenta días se le llamó en los primeros siglos “Pentecostés” y posteriormente “tiempo pascual”.
Son los cincuenta días más importantes del año, los cincuenta días que van desde la Vigilia Pascual al domingo de Pentecostés, los cincuenta días del Señor resucitado y de su Espíritu derramado en nuestro interior. Es un acontecimiento central y único que recorre esta cincuentena: Jesús vive y su vida actúa en cualquier persona.
Durante estas siete semanas celebramos la Pascua (el paso) de Cristo, del Señor, que ha pasado de la muerte a la vida, a su existencia definitiva y gloriosa.
Es la pascua también de la Iglesia que es introducida en la Vida Nueva de su Señor por medio del Espíritu que Cristo le dio el día del primer Pentecostés.

¿Qué acento tiene la liturgia en estos días?
La unidad de la cincuentena queda también subrayada por la presencia del Cirio Pascual encendido en todas las celebraciones, hasta el domingo de Pentecostés. Los varios domingos no se llaman, como antes, por ejemplo, “domingo III después de Pascua”, sino “domingo III de Pascua”. Las celebraciones litúrgicas de esa cincuentena expresan y nos ayudan a vivir el misterio pascual comunicado a los discípulos del Señor Jesús.
Las lecturas de la Palabra de Dios de los ocho domingos de este Tiempo en la Santa Misa están organizadas con esa intención. La primera lectura es siempre de los Hechos de los Apóstoles, la historia de la primitiva Iglesia, que en medio de sus debilidades, vivió y difundió la Pascua del Señor Jesús. La segunda lectura cambia según los tres ciclos: la primera carta de San Pedro, la primera carta de San Juan y el libro del Apocalipsis.

¿Cómo debemos vivir este tiempo de Pascua?
Jesús resucitado es el centro de nuestra felicidad. Su victoria sobre el pecado y sobre la muerte debe renovar nuestro espíritu cristiano. En Él encontramos el modelo perfecto de fidelidad, coherencia y perseverancia. Así como el Señor ha cumplido todas sus promesas nosotros debemos poner los medios concretos para reflejar en nuestra vida cotidiana las mismas virtudes del Señor Jesús.
La experiencia de Jesús resucitado en medio de nosotros es la experiencia de recibir un Espíritu nuevo, un Espíritu que nos transforma y nos hace vivir lo mismo que Jesús vivió: nos hace continuadores de la obra del Señor.
La Iglesia es el lugar donde nos encontramos con Jesús resucitado, donde experimentamos su Espíritu, donde lo vivimos a través de sus sacramentos, donde sentimos la llamada a ser testimonios de esta Buena Noticia a través de nuestra manera de vivir.

Fuente: www.feyfamilia.com, Edición Nº 219, Domingo 11/05/2003.