La laicidad del Estado
y el aborto

Pascual Santos

En esta ocasión presentaremos y refutaremos el argumento a favor de la legalización del aborto con base en la laicidad del Estado.

1. Presentación del argumento.
· En un estado laico no debe haber leyes fundadas en dogmas religiosos.
· La ley que prohibe y penaliza el aborto está fundada en los dogmas de la fe católica.
· En un estado laico se debe despenalizar y legalizar el aborto.

2. Refutación del argumento.
La premisa mayor de este silogismo debe ser matizada y la premisa menor es falsa, por lo cual el razonamiento carece de validez.
• Habría mucho para decir acerca de la premisa mayor, pero aquí no podemos detenernos en ella. Bástenos decir lo siguiente: La Constitución de la República establece que el Estado no profesa religión alguna; pero no es lícito identificar la no confesionalidad del Estado con un laicismo hostil a la religión, que procura suprimir su influencia en los asuntos públicos y reducirla a la esfera puramente privada. Con esta importante salvedad, podemos dejar la premisa mayor y concentrarnos en la menor, lo cual será suficiente a los efectos de este artículo.
• La ley que prohíbe y penaliza el aborto no está fundada en los dogmas de la fe católica, sino en el orden moral objetivo, que todo ser humano (cualquiera que sea su postura ante la religión) puede conocer por medio de la recta razón.

Una de las estrategias favoritas de los proabortistas es la de «confesionalizar» el debate sobre el aborto, catalogando a los antiabortistas como católicos intolerantes, que pretenden imponer sus creencias religiosas a toda la sociedad. Esto es una profunda tergiversación. La oposición católica a la legalización del aborto no brota únicamente de dogmas religiosos sino ante todo de dos verdades evidentes: una verdad científica (el embrión humano es un ser humano desde su concepción) y una verdad moral (no se debe matar a ningún ser humano inocente), ambas compartibles y compartidas por muchas personas no católicas, no cristianas y no creyentes. Para reconocer la inmoralidad del aborto no es necesario profesar la fe cristiana, sino que basta reconocer la ley moral natural inscrita en la conciencia de cada hombre, uno de cuyos preceptos fundamentales es amar y respetar la vida humana.

Los católicos tienen tanto derecho y tanto deber como cualquier otro ciudadano de combatir la gravísima injusticia del aborto. El hecho de que su fe sobrenatural los impulse a reconocer a los niños no nacidos no sólo como animales racionales sino también como seres creados a imagen y semejanza de Dios y llamados a ser hijos de Dios, no suprime en modo alguno la racionalidad de sus demás argumentos antiabortistas sino que la complementa y perfecciona. Negar esto equivaldría a sostener que un católico, por el mismo hecho de ser católico, quedaría incapacitado para intervenir en los debates políticos acerca de cualquier asunto con profundas implicaciones éticas.

Si algunos de los proabortistas tienen ese absurdo prejuicio anticatólico, sería bueno que se sinceraran y se animaran a expresarlo claramente.