La vida, el primero de los derechos

El pasado 4 de mayo, el Senado de la República, después de muchos meses de estudio y de debate, tomó una decisión muy trascendente, al rechazar el proyecto de ley «de Defensa de la Salud Reproductiva», que proponía legalizar el aborto por la sola voluntad de la madre durante las doce primeras semanas del embarazo.
Nos corresponde en primer lugar agradecer a los legisladores que votaron en contra del citado proyecto de ley, impidiendo un gravísimo atentado contra el derecho a la vida y otros derechos humanos básicos, como, por ejemplo, el derecho a la objeción de conciencia.

Ha pasado ya la hora de la polémica. Ahora es la hora de la unidad. Todos los uruguayos deberíamos unir nuestras fuerzas en procura de una disminución de la cantidad de abortos realizados en nuestro país y de los daños físicos y psíquicos que el aborto causa a las madres que lo han cometido.

Esta tarea tiene ante todo una dimensión educativa. La solución no está en brindar una educación sexual de orden meramente biológico. Se necesita principalmente una firme educación moral, centrada en el valor de la castidad, la virginidad, el matrimonio, la fidelidad, etc. Se debe enseñar claramente que el aborto no es un método anticonceptivo, ya que no impide la concepción, sino que elimina a un ser humano ya concebido.

Otra dimensión de este esfuerzo consiste en ayudar a las familias numerosas y a las madres solteras, especialmente a las más carenciadas, que han concebido hijos no esperados. Además de darles educación, los agentes públicos y privados pueden colaborar mediante subsidios y asistencia profesional.

Hay una dimensión más, una especie de último recurso: cuando, a pesar de la educación y las ayudas brindadas, las familias o las madres no quieren o no pueden hacerse cargo del hijo que viene en camino, existe siempre la salida de darlo en adopción. El instituto de la adopción está poco extendido en nuestro país, debido a la extrema lentitud de los trámites correspondientes. Sería oportuno exigir insistentemente una reforma de las normas y procedimientos vigentes, a fin de fomentar un aumento razonable del número de adopciones.

Hermanas y hermanos: Es la hora de perseverar en la defensa y la promoción de la vida y la familia, especialmente sirviendo a nuestros hermanos más necesitados; y es también la hora de un atento y cristiano discernimiento de las propuestas electorales de los distintos candidatos, para asegurarnos de que nuestros votos contribuyan a que el Uruguay continúe transitando por la senda del respeto a la vida y a la familia.