Deseados» o «no deseados»:
ésa es la cuestión

Álvaro Fernández

Quienes promueven proyectos de ley de fecundación artificial, hacen hincapié en el presunto derecho de los padres a tener hijos. Los especialistas en estas técnicas, salen a los medios de comunicación a mostrar hermosos niños de mejillas rosadas y le preguntan a la audiencia: «¿acaso él (o ella) no tenía derecho a nacer?»; «¿acaso los padres no tenían derecho a tener a este/a hermoso/a niño/a?»(1)

Por su parte, quienes elaboran proyectos de ley de aborto, hacen hincapié en el presunto «derecho» de la mujer a decidir sobre su cuerpo. Aquí ya no se habla de los derechos de los padres, pues no conviene que la mujer sea vista como «madre». Al padre, jamás se lo toma en cuenta.

En síntesis, según convenga, se habla del «derecho de los padres a tener hijos» o del «derecho de la mujer a interrumpir su embarazo», porque hablar del derecho de las madres a matar a sus hijos, queda feo. Lo que es claro es que para algunos, los padres y las madres tienen derecho a hacer lo que se les antoje con sus hijos.

DERECHOS y “derechos”...
Los padres tienen derecho a criar a sus hijos, pero no tienen derecho a tenerlos, pues los hijos son un don, no un derecho. Las mujeres-madres tienen derecho a decidir sobre su cuerpo. Pero no tienen derecho a decidir sobre la vida de sus hijos: al hablar de «mujer» y no de «madre», se omite la referencia al «hijo». Y descartado el hijo, se concluye falsamente, que la mujer (madre), no decide sobre el cuerpo de su hijo/a, sino sobre su propio cuerpo.

Es verdad que la mujer puede tomar muchas decisiones lícitas sobre su cuerpo: ¡cuánto se gasta en tratamientos y productos de belleza! Pero no toda decisión sobre el propio cuerpo es lícita: en Uruguay, el intento de suicidio está penalizado, pues el derecho a decidir sobre la propia vida no es absoluto. Y si el derecho a decidir sobre la vida propia no es absoluto, menos lo será el derecho a decidir sobre la vida de otro/a: las madres no tienen derecho a decidir sobre la vida de sus hijos/as.

Lo que olvidan con frecuencia quienes claman por estos falsos “derechos”, es el derecho legítimo de los hijos a ser concebidos naturalmente y a nacer en una familia formada por un padre y una madre.

El tratamiento del hijo como “objeto” o como “bien” sobre el que los padres tienen “derecho”, se deriva de ideologías en las que el embrión y el feto humanos no se consideran dignos de ser protegidos por la ley. Ideologías que se oponen frontalmente a la Constitución de la República y al Pacto de San José de Costa Rica.
 
La clave del problema
 En Uruguay, los mismos legisladores(2) que promovieron el proyecto de ley de fecundación artificial (donde se penaliza a quienes causen daño o maten a los embriones recién concebidos), terminaron apoyando otro proyecto de ley que admite el aborto hasta las 12 semanas de gestación.

¿Qué pasa con estos políticos? ¿Cómo admiten contradicciones tan exentas de lógica? La única explicación posible, es que para algunos de ellos, los seres humanos valen o no valen según el “deseo” / “no deseo” de sus padres de que vengan al mundo. Y esto, independientemente de que hayan sido o no concebidos.

La diferencia entre un hijo que viene al mundo por fecundación «in vitro» y otro al que lo echan del mundo antes de nacer, está en que el primero es un hijo “deseado”, y el segundo es un hijo “no deseado”. La lógica subyacente, es que los padres tienen derecho absoluto a decidir sobre la vida de los hijos: si no pueden tenerlos, los mandan fabricar; si no quieren tenerlos, los llevan a abortar. Esta lógica es el paradigma de la tiranía (siempre deciden los fuertes sobre los débiles); de la intolerancia (al que molesta se le mata); y de la discriminación (se discrimina ¡a los hijos! según el criterio «te deseo» / »no te deseo»(3). 

Alerta Roja
Llevada esta lógica a la convivencia diaria, las consecuencias son tremendas: pero explica en parte, por qué el mundo está como está: «yo no deseo que tu existas; luego, te mato»; “si vienes en un momento inoportuno, te quito de mi camino»; «si fui irresponsable al concebirte, tengo “derecho” a abortarte». 

Así crecen los índices de violencia y se critica a la juventud, pobre víctima de quienes «hacen la cultura». Así se explica que los niños lleven armas a la escuela y terminen a balazos. Así se explica que tantos recurran al alcohol y a las drogas, para olvidar que sus padres los tratan “como si no los desearan”...

Parece claro entonces que no podemos incorporar el criterio “deseados / no deseados” a nuestra escala de valores, sin convertir a nuestra sociedad en una selva. Nada impediría por ejemplo, elaborar proyectos de ley que autorizaran a brindar “una muerte dulce” a toda madre mayor de 75 años que, a criterio de sus hijos, se vuelva una carga insoportable.

Ahora bien: el criterio “deseado / no deseado”, está en la cultura porque se usa corrientemente en el lenguaje vulgar: está de moda4. Pero a pesar de su aparente inocuidad, termina calando en la conciencia de las personas, al punto que hay quienes piensan que es lícito decidir sobre la vida de otros según el criterio “deseo / no deseo”. 
 
La cultura del amor
 El reciente rechazo por parte del Senado de un funesto proyecto de ley de aborto, es sólo un mojón en el camino. Vendrán otros, y debemos tener claro el fondo del problema.

Todos hablamos de tolerancia, de respeto, de diálogo, de entendimiento, de solidaridad, de preocupación por los más débiles, pobres y desamparados.

Pero para que haya tolerancia, diálogo, entendimiento, solidaridad... ¡debe existir el otro! ¡No podemos llenarnos la boca con bellas palabras, si nos referimos a otro ser humano como «no deseado»! ¿De qué tolerancia hablan quienes entienden que todo «hijo inesperado» es un “hijo no deseado»? ¿A que solidaridad se refieren quienes al punto de enterarse que Fulanita quedó embarazada de su sexto hijo piensan: «¡Pobre!, ¡qué macana!»? ¿De que ayuda a los pobres hablan quienes no comprenden -con la Beata Madre Teresa-, que “los más pobres entre los pobres son los niños por nacer”? ¿Es que acaso no se nos ha ocurrido que es mucho mejor hablar de «hijos inesperados»?

No seguiremos la corriente de quienes pretenden cambiar nuestro lenguaje y nuestra cultura, al punto de discriminar entre hijos “deseados” y “no deseados”. ¡Son seres humanos! ¡Podrán ser inesperados, «no planificados», o fruto de la imprevisión, de la irresponsabilidad y... hasta de una violación! ¿Pero... por qué tenemos que llamarlos «no deseados»? ¿Cómo sabemos que nosotros fuimos “deseados”? ¿No será que, deseados o no, fuimos RESPETADOS? ¿No será que, aunque no “planificados”, fuimos ACEPTADOS? ¿No será que nuestros padres, en lugar de pensar en los mil sufrimientos, gastos e incomodidades que les causamos, nos ACOGIERON? ¿No será que en lugar de rechazarnos, nos AMARON?

Los cristianos -me parece- no deberíamos hablar de «hijos no deseados». El Hijo del Padre, «no deseado» por el mundo, nos dejó un mandamiento nuevo: “que os améis unos a otros; como yo os he amado, amaos también unos a otros. En esto conocerán todos que sois mis discípulos: si os tenéis amor entre vosotros” (Juan 13,34-35).
Convocamos a una serena pero perseverante campaña con el fin de borrar de nuestra cultura un término tan infeliz. Para que cada hijo/a inesperado/a, para que cada hombre o mujer marginado/a, sea hoy y siempre, RESPETADO, ACEPTADO, ACOGIDO y AMADO. Con GENEROSIDAD, CON VALENTÍA, con la CONCIENCIA de que esperado o inesperado, todo niño por nacer es un hijo de Dios. El mandamiento es claro. No dice “deseaos los unos a los otros”... Dice: “amaos los unos a los otros”.

Notas
1 Los especialistas no revelan que el costo de cada niño nacido vivo, es de unos 8 a 12 embriones producidos, de los cuales, los que no mueren, quedan congelados.

2 El Senador Dr. Alberto Cid fue el principal impulsor del denominado “Proyecto de Ley de Reproducción Humana Asistida”, y aún reconociendo la existencia de vida humana en los embriones y fetos de 12 semanas de vida, votó a favor de la ley de aborto. Este último proyecto de ley fue impulsado por la Senadora Mónica Xavier y apoyado en todo momento por el Senador Cid.

3 Es lícito plantearse el dilema «deseo» / «no deseo» hijos cuando aún no han sido concebidos. Los padres tienen derecho a espaciar los nacimientos y a elegir el número de hijos. Pero no tienen derecho a plantearse ese dilema una vez concebido el niño, porque ahí prima el derecho del hijo a nacer sobre el derecho de los padres a elegir el número de hijos.
4 Veinte años atrás, nadie hablaba de hijos “no deseados”