Dios es uno y trino
Ezequiel Reyes
Los Testigos de Jehová (TJ) rechazan el dogma de la Santísima Trinidad, negando la divinidad del Hijo y del Espíritu Santo. Enseñan que el Hijo es el arcángel San Miguel, la principal creatura de Dios y que el Espíritu Santo no es una persona divina, sino la fuerza activa de Dios. En el artículo titulado «El Hijo es Dios» (publicado en el Nº 7 de «Pastoral Familiar»), refuté con argumentos bíblicos la doctrina de los TJ acerca del Hijo. Ahora, de un modo similar, refutaré su doctrina sobre el Espíritu Santo y la Santísima Trinidad.
Acerca del Espíritu Santo, afirmamos en síntesis lo siguiente:
Su divinidad se manifiesta por ejemplo en 1 Corintios 2,10: «el
Espíritu todo lo sondea, hasta las profundidades de Dios». Esto
es algo que sólo Dios puede hacer.
Su personalidad se manifiesta por ejemplo en Hechos 15,28: «Que
hemos decidido el Espíritu Santo y nosotros no imponeros más cargas
que éstas indispensables». Las fuerzas impersonales no pueden tomar
decisiones.
Él es el «otro Paráclito» enviado por
el Padre (Juan 14,16). Si el primer Paráclito (el Hijo) es una persona
divina, como demostramos antes, el segundo también lo es.
Acerca de la Trinidad, nos limitaremos a analizar la principal de las fórmulas
trinitarias del Nuevo Testamento: «Id, pues, y haced discípulos
a todas las gentes bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y
del Espíritu Santo» (Mateo 28,19).
Se trata precisamente del final del Evangelio según San Mateo. Cristo
resucitado manda a sus discípulos ir por todo el mundo, predicar el evangelio
a todos los hombres y bautizarlos «en el nombre del Padre y del Hijo
y del Espíritu Santo». Es inconcebible que en este final solemne,
en esta fórmula que enseguida empezó a ser utilizada en la liturgia
bautismal, se haya asociado a Dios con dos simples creaturas. Esta fórmula
ubica al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo en el mismo nivel. Los tres
(evidentemente distintos entre sí) pertenecen igualmente a la realidad
de Dios.
El dogma trinitario está contenido implícitamente en la Biblia. En la revelación bíblica aparecen tres «personas» vinculadas a la realidad de Dios. No cabe ninguna duda de que el Padre es Dios. Y hemos probado a partir del Nuevo Testamento que el Hijo es Dios y que el Espíritu Santo es Dios. Por lo tanto, Dios se manifiesta en la historia de salvación como Padre, Hijo y Espíritu Santo (tres personas divinas y un solo Dios vivo y verdadero). Esto implica necesariamente que Dios es en Sí mismo Padre, Hijo y Espíritu Santo, porque de lo contrario no habría verdadera autorrevelación y autocomunicación de Dios al hombre. Inversamente, si Dios, que es eternamente Padre, Hijo y Espíritu Santo, decide libremente manifestarse en la historia, necesariamente debe manifestarse como lo que Él es en Sí mismo: El Dios uno y trino.
El dogma de la Santísima Trinidad pertenece a la revelación de
Dios en Cristo. Si alguien, como los TJ, no cree en la Trinidad, no es cristiano
en sentido objetivo.