El Dr. Briozzo y el origen
de la vida humana

Néstor Martínez

En el Nº 19 de la Revista Médica Uruguaya, año 2003, de las páginas 188 a la 200, se encuentra un artículo del Dr. Leonel Briozzo en el cual el autor, entre otras cosas, argumenta acerca del comienzo de la vida humana, en el sentido de que ésta no se daría antes de las 12 semanas de embarazo, es decir, justo el plazo que señalaba el difunto proyecto de legalización del aborto. Algunos de los argumentos aportados por el Dr. Briozzo son los que siguen, en cursiva, acompañados de nuestras reflexiones críticas.

1) El nuevo «genoma» no necesariamente equivale a un nuevo individuo, porque: a) Puede dar lugar a un cáncer o una «mola hidatiforme», en vez de un feto normal; b) Puede dar lugar a individuos humanos con anormalidades y deformidades; c) Puede dar lugar a más de un individuo

Respecto del punto a), la «mola», por lo que hemos podido informarnos, es una degeneración cancerígena del huevo fecundado. Es claro, entonces, que en ese caso, si bien conserva el genoma de la especie humana, no es un individuo humano vivo, porque la enfermedad le ha quitado la posibilidad que todo embrión normal tiene de desarrollarse hasta ser un humano adulto.

Por tanto, quitar una mola del vientre materno, no es aborto, aunque el ente tenga completo el genoma humano. Tampoco es aborto quitar un riñón enfermo del cuerpo, aunque en cada una de sus células se encuentre completo el genoma humano. Pero un riñón, no es un embrión. Un embrión es en acto, un ser humano, porque tiene toda la potencialidad de transformarse en adulto (no tiene la potencialidad de transformarse en ser humano, puesto que ya lo es en acto).

Respecto al punto b), el hecho de que un individuo humano sea anormal o deforme, no quiere decir que no sea individuo humano. Un individuo que usa lentes, por ejemplo, no tiene visión “normal” o “perfectamente formada”; pero ello no significa que no sea humano.

Respecto al punto c) habrá que preguntarse que pasaría en una eventual clonación de un individuo adulto: el hecho de que se le saquen unas células con su genoma para dar otro individuo, no lleva a que ese individuo deje de ser quien era antes de que le sacaran sus células, aunque luego tenga una copia de sí mismo en otra etapa de desarrollo.

De un individuo han surgido dos individuos, y eso no es nada nuevo, en realidad, pues un padre o una madre pueden tener muchos hijos, y entonces, ese padre o esa madre serán también individuos de los cuales han salido muchos individuos, y no por eso perderán, ese padre ni esa madre, su individualidad.

Por tanto, el caso de un embrión que da lugar a más de un individuo, no es tampoco argumento suficiente para decir que antes de la división no había un individuo humano solitario. Es cierto que estos dos individuos van a tener el mismo genoma, y en ese sentido, no es verdad, concedemos, que a un genoma corresponda siempre un individuo, si miramos al resultado final. Pero de ahí no se sigue que a un genoma no corresponda un individuo, si miramos el comienzo.

El genoma, entonces, es condición necesaria, pero no suficiente, de la individualidad. Hace falta además la existencia concreta individual de ese genoma, en un ente capaz de autodesarrollarse para que haya un individuo: por eso, después de la división de un cigoto, tenemos un mismo genoma, pero no un solo individuo.
Pero felizmente, antes de la división, y también si no hay división, tenemos también una existencia concreta individual: la de ese genoma en cuestión, en ese embrión particular. Y por tanto, tenemos también un individuo, que en el caso de nuestra especie, es, claro, un individuo humano, pues nuestra especie es la humana.

2) Para la vida propiamente humana, es necesario lo definitorio de lo humano, es decir, el pensamiento, más precisamente, la base neurofuncional que hará posible, en el futuro, el pensamiento, y que no está constituida antes de las doce semanas de embarazo.

«El pensamiento es nuestra bendición y maldición y nos hace ser lo que somos» (Carl Sagan).

El cigoto tiene lo necesario, pero no lo suficiente, para convertirse en un ser humano.

Antes de eso, habría vida humana «en potencia» solamente, no ya desarrollada.

«La vida humana comienza cuando el embrión de nuestra especie, desarrollado morfológica y funcionalmente y con una base neurofisiológica que lo habilita para el futuro desarrollo del pensamiento (...) se encuentra transitando el proceso hacia la conformación de un embrión-feto (...)».

Aquí llama la atención que primero se diga que para la vida humana es necesario el pensamiento, y luego se diga que es necesaria la base neurofisiológica que hará posible en el futuro el pensamiento.

Lo que pasa es que si se aplica con coherencia el criterio de que lo definitorio de lo humano es la posesión actual de la capacidad de pensar (porque el acto mismo del pensamiento podemos tenerlo o no incluso ya siendo adultos, por ejemplo, al dormir, o en desmayo o coma, etc.), la conclusión inevitable es que el recién nacido, y hasta bastante después del nacimiento, no es humano, y podría ser también sacrificado.

Por eso se pasa en la argumentación, de la capacidad actual de pensar, a la capacidad de desarrollar en el futuro dicha capacidad, es decir, a la capacidad presente de una capacidad futura.
Pero es claro que antes de tener dicha base cerebral del futuro pensamiento, el embrión tuvo la capacidad de desarrollarla, tuvo la capacidad biológica de desarrollar la capacidad cerebral de desarrollar en un futuro la capacidad propiamente intelectual del pensamiento. ¿Porqué la capacidad de la capacidad es ya propiamente humana, y no lo es la capacidad de la capacidad de la capacidad?

Además, y por la misma razón, es extraño el concepto de la capacidad de desarrollar en el futuro el pensamiento. ¿No está esa capacidad presente desde la misma concepción? Es cierto que un cierto desarrollo cerebral es indispensable para tener la capacidad de pensar actualmente. Pero ya vimos que eso nos llevaría a justificar el «aborto» hasta después del nacimiento. Se recurre entonces a la capacidad de desarrollar «en el futuro» la actividad pensante, pero ahora resulta que eso se aplica también al fruto inmediato de la concepción.

Parafraseando al propio Briozzo, diremos que el feto, a las doce semanas, tiene lo necesario, no lo suficiente, para pensar. Pero así también es a las treinta y seis semanas, es decir, a los nueve meses, y aún a las cuarenta semanas, es decir, al mes de nacido, y aún por un tiempo después de esa fecha.

3) La falta de evidencias contundentes en este tema obliga a ser tolerantes con la diversidad presente en la sociedad.

Por el contrario, si alguien duda de si el aborto es o no un homicidio, su falta de certeza, lo único que impone, es la abstención de abortar y de cualquier acción permisiva o legalizadora del aborto.