Familia
Evangelizadora

Por Silvia Ourthe-Cabalé
de Tarragó

El cometido que la familia cristiana “por vocación de Dios está llamada a desempeñar en la historia, brota de su mismo ser “.. que es “ íntima comunidad de vida y de amor”, y “ por esto recibe la misión de custodiar, revelar y comunicar el amor” (FC, l7), amor fecundo que se transforma en vida.
La familia, como “Iglesia doméstica” participa de la misión de la Iglesia de ser Sacramento universal de salvación.
Es la primera e insustituible escuela de socialización, donde aprender en un clima de convivencia fraterna, el estilo de relaciones comunitarias basadas en el respeto, el diálogo, la justicia y el amor.
Desde su propia experiencia de comunión y participación y desde la gratuidad de la vida que se comparte, respeta y favorece la dignidad y originalidad personal de cada uno, como “único título de valor” (FC,43) en las relaciones humanas.
Gestora de la personalidad moral de hombres y mujeres y lugar natural de humanización, en tanto eficaz trasmisora de virtudes, educación y valores.
Pero aunque la función social de la familia, se manifiesta, por excelencia, en la acción procreadora y educativa, no se reduce ciertamente a ella, sino que está llamada a ser verdaderamente protagonista de la “política familiar” y “asumir la responsabilidad de transformar la sociedad” (FC, 44).
Familias verdaderamente cristianas constituyen un caudal de energía que se expande e irradia como vasos comunicantes, de fraternidad y paz, de justicia y reconciliación entre los hombres.
Esta “pequeña Iglesia” está llamada a semejanza de la “gran Iglesia”, a ser signo de unidad para el mundo y ejercer de ese modo su función profética, dando testimonio del Reino y de la paz de Cristo.(Cfr. FC,48).
Signos de unidad para un mundo tan dividido y enfrentado. Profetas del amor y de la vida en una cultura de la muerte.
Así, la familia al servicio de la edificación del Reino de Dios en la historia, participa en la vida y misión de la Iglesia. Por eso es, a su manera, imagen viva del misterio mismo de la Iglesia.
“ En la medida en que la familia cristiana acoge el Evangelio y madura en la fe, se hace comunidad evangelizadora... donde todos los miembros de la misma evangelizan y son evangelizados”(FC,52).
Y “la futura evangelización depende en gran parte de la Iglesia doméstica” afirmaba ya en Puebla Juan Pablo II.
Familias testigos de Cristo, misioneros del amor y de la vida, desde la catequesis familiar que aprovecha los hechos de la existencia diaria, hasta su función transformadora de la sociedad actual según el proyecto de Dios.
“Corazón de la nueva evangelización” (Juan Pablo II), “la familia debe mantener viva la sensibilidad del don que recibe... con objeto de experimentar la urgencia y la alegría del anuncio de la Buena Nueva de que es portadora” (“Familia, vida nueva y evangelización” Card. Alfonso López Trujillo).