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Marcelo Fontona
Muzikantas SDB Tareas desarrolladas anteriormente: |
| El reto de transmitir la fe y los valores
del evangelio ante los cambios que experimenta la familia |
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| Por P. Marcelo Fontona |
Nunca fue fácil vivir la fe y los valores
evangélicos. Hoy experimentamos dificultades serias para transmitir la
fe y los valores cristianos, particularmente a las generaciones jóvenes.
Es algo que preocupa a los padres, a los educadores, a los catequistas y a los
pastores.
¿Qué es lo que hace que en ésta época sintamos como
más difícil o trabajoso transmitir o comunicar valores, criterios,
referencias, tradiciones o costumbres de una persona a otra, de un grupo a otro
y de una generación a otra?
Es cierto que la sociedad esta cambiando, como también las personas y
los colectivos sociales: la familia, la escuela, la empresa, los organismos
públicos, los partidos políticos y la misma Iglesia.
La familia vive inserta en una sociedad que está cambiando: (1) vivimos
de prisa y las relaciones interpersonales son más funcionales; (2) el
pluralismo y la tolerancia lleva en algunos casos a la prescindencia del otro;
(3) la globalización debilita las identidades culturales; (4) el futuro
perdió gravitación, vivimos lo inmediato y el presente; (5) experimentamos
la inseguridad económica y laboral; (6) vemos el descrédito de
las instituciones que nos han de brindar seguridad y garantía; (7) los
valores y las normas son inciertos, se están redefiniendo; (8) la lógica
social nos lleva a ser más competitivos y consumistas; (9) hay nuevos
parámetros de comportamiento sexual; (10) hay una resistencia y rechazo
hacia lo tradicional como el catolicismo.
La estructuración de la familia ha ido cambiando, los hogares nucleares
disminuyeron dando lugar a hogares unipersonales y monoparentales.
Estos cambios alcanzan principalmente a las relaciones interpersonales de sus
miembros. Los lazos y relaciones familiares han mejorado en espontaneidad, libertad,
sinceridad, y perdido en densidad, hondura y estabilidad. Cada uno de los miembros
de la familia desde temprana edad- tiene mayor margen de autonomía
e independencia personal en sus opciones y decisiones.
La crisis social de transmisión de valores y referencias es un signo
inequívoco de que nuestra fe de siempre tiene que ser repensada,
reinterpretada y reformulada a la luz de las circunstancias actuales.
Para cada uno de los creyentes y para nuestra Iglesia es el momento de preguntarnos
nuevamente en qué creemos, qué es lo que vale para nosotros. Es
el momento de recuperar la fe que subyace a los ritos, normas y compromisos,
y de reactivar el sentido del misterio que late en lo más auténtico
y profundo de nuestra vida creyente. Es el momento de reconsiderar nuestro lugar
en el mundo de hoy como testigos y mensajeros de la fe.