Ficha Nº 8:
La familia y el amor por los más débiles
Canto inicial.
Oración del Padre Nuestro.
Lectura de la Biblia:

«Pasando de allí Jesús vino junto al mar de Galilea; subió al monte y se sentó allí. Y se le acercó mucha gente trayendo consigo cojos, lisiados, ciegos, mudos y otros muchos; los pusieron a sus pies, y él los curó. De suerte que la gente quedó maravillada al ver que los mudos hablaban, los lisiados quedaban curados, los cojos caminaban y los ciegos veían; y glorificaron al Dios de Israel. Jesús llamó a sus discípulos y les dijo: “Siento compasión de la gente, porque hace ya tres días que permanecen conmigo y no tienen qué comer. Y no quiero despedirlos en ayunas, no sea que desfallezcan en el camino.” Le dicen los discípulos: “¿Cómo hacernos en un desierto con pan suficiente para saciar a una multitud tan grande?”. Díceles Jesús: “¿Cuántos panes tenéis?”. Ellos dijeron: “Siete, y unos pocos pececillos.” El mandó a la gente acomodarse en el suelo. Tomó luego los siete panes y los peces y, dando gracias, los partió e iba dándolos a los discípulos, y los discípulos a la gente. Comieron todos y se saciaron, y de los trozos sobrantes recogieron siete espuertas llenas. Y los que habían comido eran cuatro mil hombres, sin contar mujeres y niños. Despidiendo luego a la muchedumbre, subió a la barca, y se fue al término de Magadán» (Mt 15, 29-39).

Reflexión:
La función social de la familia no puede ciertamente reducirse a la acción procreadora y educativa, aunque encuentra en ella su primera e insustituible forma de expresión. Las familias, tanto solas como asociadas, pueden y deben por tanto dedicarse a muchas obras de servicio social, especialmente en favor de los pobres y de todas aquellas personas y situaciones, a las que no logra llegar la organización de previsión y asistencia de las autoridades públicas. La aportación social de la familia tiene su originalidad, que exige se la conozca mejor y se la apoye más decididamente, sobre todo a medida que los hijos crecen, implicando de hecho lo más posible a todos sus miembros.

Apertura solidaria a todos los hombres como hermanos.
Animada y sostenida por el mandamiento nuevo del amor, la familia cristiana vive la acogida, el respeto, el servicio a cada hombre, considerado siempre en su dignidad de persona y de hijo de Dios. La caridad va más allá de los propios hermanos en la fe, ya que «cada hombre es mi hermano»; en cada uno, sobre todo si es pobre, débil, si sufre o es tratado injustamente, la caridad sabe descubrir el rostro de Cristo y un hermano a amar y servir. La familia cristiana se pone al servicio del hombre y del mundo, actuando de verdad aquella «promoción humana»: otro cometido de la familia es el de formar los hombres al amor y practicar el amor en toda relación humana con los demás, de tal modo que ella no se encierre en sí misma, sino que permanezca abierta a la comunidad, consiguiente en practicar la acogida del hermano necesitado, imitando el ejemplo y compartiendo la caridad de Cristo: «El que diere de beber a uno de estos pequeños sólo un vaso de agua fresca porque es mi discípulo, en verdad os digo que no perderá su recompensa» (Mt 10, 42). La injusta distribución del bienestar entre los países desarrollados y aquellos en vías de desarrollo, entre ricos y pobres al interior de una misma nación, el uso de los recursos naturales a favor de unos pocos, el analfabetismo masivo, la permanencia y el resurgimiento del racismo, el nacimiento de conflictos étnicos y conflictos armados tienen, por lo general, un efecto devastador sobre la familia.

El servicio a los pequeños, débiles y pobres.
El servicio al Evangelio de la vida se expresa en la solidaridad. Una expresión particularmente significativa de solidaridad entre las familias es la disponibilidad a la adopción o a la acogida temporal de niños abandonados por sus padres o en situaciones de grave dificultad. El verdadero amor paterno y materno va más allá de los vínculos de carne y sangre acogiendo incluso a niños de otras familias, ofreciéndoles todo lo necesario para su vida y pleno desarrollo.

Los Padres de la Iglesia han hablado de la familia como «iglesia doméstica», como «pequeña iglesia». «Estar juntos» como familia, ser los unos para los otros, crear un ámbito comunitario para la afirmación de cada hombre como tal, de «este» hombre concreto. A veces puede tratarse de personas con limitaciones físicas o psíquicas, de las cuales prefiere liberarse la sociedad llamada «progresista». Incluso la familia puede llegar a comportarse como dicha sociedad. De hecho lo hace cuando se libra fácilmente de quien es anciano o está afectado por malformaciones o sufre enfermedades. Se actúa así porque falta la fe en aquel Dios por el cual «todos viven» (Lc 20, 38) y están llamados a la plenitud de la vida.

Reflexiones del sacerdote o del animador.

Diálogo:

· ¿En qué modo la apertura de la familia contribuye a la madurez del hogar?
· ¿En qué modos se puede realizar la efectiva solidaridad, en la caridad?

Compromisos.
Ave María.
Canto final.
Fuente: Pontificio Consejo para la Familia, Temas de reflexión y diálogo como preparación al IV Encuentro Mundial de las Familias, n. 10.