Ficha Nº 7:
La familia y la comunión de los bienes.
Canto inicial.
Oración del Padre Nuestro.
Lectura de la Biblia:

“La multitud de los creyentes tenían un solo corazón y una sola alma y nadie consideraba como propio lo que tenia, sino que todo estaba en común entre ellos” (Hechos 4, 32).

Reflexión:
La Providencia.
“El misterio de la providencia material en la vida cristiana siempre ha sido de lo más insondable, porque forma parte de la manifestación de Dios como nos ha sido revelada por Jesús: La Paternidad.

Todos estamos afligidos por las manifestaciones materiales, los padres y madres de familia que tienen que llegar a fin de mes, los dirigentes de asociaciones religiosas u otros responsables que tienen que contener los gastos dentro de los límites de sus presupuestos. Y cada día se desencadenan revoluciones, cambios de pueblos y naciones para encontrar nuevas estructuras económicas.

En general en el plano de las cosas económicas, aquello que se tiene presente es la “fría ley” de la competencia. La economía es como la física, hemos sentido decir muchas veces, es como la matemática: Tiene sus ciclos y sus recursos necesarios y determinados, tiene sus previsiones y sus inevitables crisis. Poco se puede cambiar, se enseña en muchos libros de economía. Nunca por el contrario encontramos la verdadera ley que regula los acontecimientos económicos sobre la tierra. Aquella ley que Jesús ha proclamado: “Busquen primero el Reino de Dios y su justicia y el resto se les dará por añadidura” (Mt. 6, 33). En esta ley descubrimos el misterio de la conjunción entre lo humano y lo divino. Las leyes económicas seguramente tienen su valor, pero si no se tiene en cuenta que existe la Divina Providencia que regula también los hechos económicos, no se logrará nunca comprender el por qué de muchos de los grandes acontecimientos.

Mas allá de la tierra, existe el Cielo. El Cielo ha prometido intervenir para ayudar a los pequeños hombres de la tierra si ellos trataran de mirar a Él. No es un cuento. Es la experiencia diaria de muchos padres de familia cristianos. Es la experiencia de la Iglesia y de los apóstoles de la caridad. Dios interviene en los hechos humanos todas las veces que el hombre desea que Él intervenga adecuando a esto su vida. Es una experiencia que todas las familias cristianas podemos hacer”. (P. Pascual Foresi).

Educación para la comunión.
A la familia se la puede ver como una comunidad de personas que educa pero que, al mismo tiempo, aprende a educar; porque una comunidad que educa es también, esencialmente, una comunidad que se educa. En efecto, todos sus miembros están implicados profundamente en la comunión. Tal comunión es:

Comunión de bienes espirituales.
· Es importante que haya confidencia espiritual entre los esposos.
· Los padres deben mostrar apertura hacia los hijos, haciéndolos partícipes de las cosas más profundas de la familia.
· El diálogo con los hijos no se despliega tanto en las palabras, cuanto en la vida. Se debe “ser” y no sólo “estar” junto a los hijos, en la actitud de quien no pretende la confidencia y al mismo tiempo sabe acoger toda confidencia y de quien trata de comprender las causas de su comportamiento, sus motivos, no sólo sus efectos exteriores.

Comunión de bienes materiales.
· Es importante que los bienes materiales de los esposos sean considerados como bienes comunes. Toda decisión u opción (como por ejemplo el balance familiar o las adquisiciones) tiene que ser plenamente compartida.
· Es conveniente que los padres hagan gradualmente partícipes a los hijos de la situación económica y de la conducción material de la familia.
· La comunión de bienes atrae a la Providencia.
· La familia cristiana busca el justo uso de sus bienes. La adhesión al Evangelio impulsa a la familia hacia un estilo de vida en el que los hijos se educan en la generosidad, la sobriedad, la coparticipación, la superación de las influencias negativas del consumismo, el cuidado de las cosas propias y de la comunidad. La caridad cristiana conduce a la solidaridad con otras familias (por ejemplo, vecinas) e incluso, en una perspectiva universal, con los países en vías de desarrollo, con quienes sufren hambre en cualquier parte del mundo, etc.

En la familia se aprende a trabajar.
· El trabajo es una actividad humana que abarca la doble dimensión (espiritual y material) de los bienes.
· El hijo comprende el valor del trabajo viendo trabajar a sus padres. Se debe educar para la constancia en el trabajo, con miras a superar cansancios y aburrimientos.
· El primer “trabajo” del niño es el juego. Es importante que los padres participen en el juego de su hijo y que éste pueda jugar con sus hermanos; así los hijos aprenden a compartir, a ganar y perder, a actuar juntos. La emulación puede ser estímulo para el crecimiento.
· Es bueno que los hijos, ya de pequeños, aprendan a hacer algunos trabajos. De este modo gradualmente experimentarán la gratuidad de un servicio hecho al otro por amor, tomarán conciencia de que la ganancia está vinculada al trabajo y de que cualquier trabajo honesto, aunque sea humilde, tiene un gran valor si se lo realiza como un acto de amor.

Reflexiones del sacerdote o del animador.

Diálogo:

· Al elegir y organizar su trabajo, ¿los padres tienen en cuenta las exigencias de la familia?
· ¿Es bueno compensar económicamente a los hijos por su trabajo doméstico?

Compromisos.
Ave María.
Canto final.
Fuente: Comisión Nacional de Pastoral Familiar, Materiales preparatorios de la Semana de la Familia 2001, La Familia tiene que ver con la Economía y la Providencia.