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Ficha
Nº 6
El derecho de los niños a ser amados, acogidos y educados en familia |
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| Canto
inicial. Oración del Padre Nuestro. Lectura de la Biblia: |
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Reflexión. La tarea educativa de la familia tiene sus raíces en la participación en la obra creadora de Dios. Puesto que han dado la vida a los hijos, tienen la gravísima obligación de educar a la prole, y por tanto hay que reconocerlos como primeros y principales educadores de sus hijos. Este deber de la educación familiar es de tanta trascendencia que difícilmente puede suplirse. Es, pues, deber de los padres crear un ambiente de familia animado por el amor, por la piedad hacia Dios y hacia los hombres, que favorezcan la educación íntegra personal y social de los hijos. La familia es la primera escuela de las virtudes sociales y del más rico humanismo, que todas las sociedades necesitan. Primeros
y principales educadores. Para los padres cristianos la misión educativa tiene una fuente nueva y específica en el sacramento del matrimonio que los consagra a la educación propiamente cristiana de los hijos, es decir los llama a participar de la misma autoridad y amor de Dios Padre y de Cristo Pastor, así como también del amor materno de la Iglesia para ayudar en el crecimiento humano y cristiano de los hijos. Los padres son, pues, los primeros y principales educadores de sus propios hijos, y en este campo tienen incluso una competencia fundamental: son educadores por ser padres. Comparten su misión educativa con otras personas e instituciones, como la Iglesia y el Estado. Sin embargo, esto debe hacerse siempre aplicando correctamente el principio de subsidiariedad. Esto implica la legitimidad e incluso el deber de una ayuda a los padres. En efecto, los padres no son capaces de satisfacer por sí solos las exigencias de todo el proceso educativo, especialmente lo que atañe a la instrucción y al amplio sector de la socialización. Cualquier otro colaborador en el proceso educativo debe actuar en nombre de los padres, con su consentimiento y, en cierto modo, incluso por encargo suyo. Valores esenciales. Reflexiones del sacerdote o del animador. |
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Compromisos.
Ave María. Canto final. |
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| Nota: Esta ficha fue tomada de: Pontificio Consejo para la Familia, Temas de reflexión y de diálogo en preparación al III Encuentro Mundial del Santo Padre con las Familias, n. 10. | ||