Pregunta:
“Estamos casados desde hace 14 años y tenemos dos hijos. Hasta una semana atrás todo parecía tranquilo en nuestra vida hasta que, bajo la cama, encontré oculto un cd de mi esposo con imágenes pornográficas. Siempre quisimos formar una familia sana, comprometida también en nuestra comunidad parroquial.
¿Qué habrá empujado a mi marido hacia eso? ¿La curiosidad? ¿Quizás yo no tengo suficiente fantasía en nuestras relaciones sexuales? ¿O hay algo más profundo?”
M. D. A.

Respuesta:
La pornografía se está transformando en un hecho social, con consecuencias negativas particularmente entre los jóvenes, que todavía están en una etapa de maduración psicoafectiva. Como tal, es la negación de la dimensión relacional de la sexualidad, al centrarse completamente en el cuerpo como objeto de placer y no en la persona. Y las causas que motivan el atractivo por la pornografía, también en personas adultas y casadas, son múltiples: desde la simple curiosidad, a razones más complejas que radican en el inconsciente de la persona.

A menudo, cuando dos esposos seriamente enamorados comienzan su vida matrimonial, también la sexualidad, bajo el impulso de la fuerte atracción física típica de los primeros años, aparece como satisfactoria y fuente de entusiasmo. Pero, luego, probados por las vicisitudes cotidianas, por la rutina, ese clima de a poco se empaña y nacen las primeras señales de alerta. Ahora bien, esas señales son importantes, porque sacuden a la pareja, la llevan a cuestionarse y, a menudo, a un necesario cambio de rumbo.

La situación que está viviendo, en realidad, puede ser una oportunidad preciosa para volver a enfocar la sustancia de la relación de pareja y cuestionarse: ¿Logramos dar prioridad al diálogo entre nosotros? ¿O nos dejamos tomar por el cansancio, las preocupaciones, confiando en aquellas seguridades ya adquiridas?
En la relación de pareja nunca hay etapas definitivas; siempre es necesario buscar nuevos caminos para conocer al otro profundamente, y cada día hay algo nuevo para descubrir y valorar.

Es importante pues recuperar o crecer en el diálogo entre ambos; un diálogo franco y libre, que permita hablar con sinceridad y comprensión hasta de las propias dificultades en la esfera sexual. Nos gustaba leer que en su carta no aparece una actitud crítica o de juicio hacia su marido. Esta comprensión es importante, pues todos tenemos fallas o cosas que no nos atrevemos a confesar .

Pero para lograr el diálogo es fundamental acrecentar el amor entre ambos, desarrollando cada vez más la ternura y la atención al otro en sus deseos más pequeños.

La experiencia nos dice que cuando la relación sexual es expresión plena del amor entre los esposos, el placer sexual pierde su monotonía, es siempre nuevo y creativo, precisamente porque atento a los continuos cambios en el otro.
Tampoco es secundario tener una vida espiritual rica y constante, como el abrir nuestro corazón a personas maduras, que comparten nuestros ideales de vida.

Todo esto puede ayudar a vencer aquellos aspectos negativos presentes en el corazón de cada uno.


María y Raimundo Scotto
(Ciudad Nueva, Sección Familia).

Complementamos los aportes de los autores de este artículo citando el nº 2354 del Catecismo de la Iglesia Católica: «La pornografía consiste en dar a conocer actos sexuales, reales o simulados, puesto que queda fuera de la intimidad de los protagonistas, exhibiéndolos ante terceras personas de manera deliberada. Ofende la castidad porque desnaturaliza la finalidad del acto sexual. Atenta gravemente a la dignidad de quienes se dedican a ella (actores, comerciantes, público), pues cada uno viene a ser para otro objeto de un placer rudimentario y de una ganancia ilícita. Introduce a unos y otros en la ilusión de un mundo ficticio. Es una falta grave. Las autoridades civiles deben impedir la producción y la distribución de material pornográfico.»

(Nota del Equipo de Redacción).