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«Conoció el hombre a
Eva, su mujer, la cual concibió y dio a luz a Caín,
y dijo: « He adquirido un varón con el favor de Yahveh.
» Volvió a dar a luz, y tuvo a Abel su hermano. Fue
Abel pastor de ovejas y Caín labrador. Pasó algún
tiempo, y Caín hizo a Yahveh una oblación de los frutos
del suelo. También Abel hizo una oblación de los primogénitos
de su rebaño, y de la grasa de los mismos. Yahveh miró
propicio a Abel y su oblacíon, mas no miró propicio
a Caín y su oblación, por lo cual se irritó
Caín en gran manera y se abatió su rostro. Yahveh
dijo a Caín: « ¿Por qué andas irritado,
y por qué se ha abatido tu rostro? ¿No es cierto que
si obras bien podrás alzarlo? Mas, si no obras bien, a la
puerta está el pecado acechando como fiera que te codicia,
y a quien tienes que dominar. » Caín, dijo a su hermano
Abel: « Vamos afuera. » Y cuando estaban en el campo,
se lanzó Caín contra su hermano Abel y lo mató.
Yahveh dijo a Caín: « ¿Dónde está
tu hermano Abel? Contestó: « No sé. ¿Soy
yo acaso el guarda de mi hermano? » Replicó Yahveh:
« ¿Qué has hecho? Se oye la sangre de tu hermano
clamar a mí desde el suelo. Pues bien: maldito seas, lejos
de este suelo que abrió su boca para recibir de tu mano la
sangre de tu hermano. Aunque labres el suelo, no te dará
más su fruto. Vagabundo y errante serás en la tierra.
» Entonces dijo Caín a Yahveh: « Mi culpa es
demasiado grande para soportarla. Es decir que hoy me echas de este
suelo y he de esconderme de tu presencia, convertido en vagabundo
errante por la tierra, y cualquiera que me encuentre me matará.
» Respondióle Yahveh: « Al contrario, quienquiera
que matare a Caín, lo pagará siete veces. »
Y Yahveh puso una señal a Caín para que nadie que
le encontrase le atacara. Caín salió de la presencia
de Yahveh, y se estableció en el país de Nod, al oriente
de Edén.
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Reflexión:
De lo que decíamos en la ficha anterior
podemos concluir entonces que el primero de todos los derechos humanos
es el derecho a la vida. En efecto, la vida es el don básico y
fundamental que Dios nos ha hecho, sin el cual ninguno de los otros dones
es posible ni tiene sentido, lo primero que hemos de presuponer para poder
tender al fin para el que Dios nos ha creado. Queda claro también
que el derecho a la vida y el servicio a la vida
de que hablamos se refiere ante todo, específicamente, a la vida
humana, pues sólo ella ha recibido en este mundo la altísima
vocación y dignidad a la que hacíamos referencia en la ficha
anterior.
Así, dice el Papa Juan Pablo
II en la Encíclica «Evangelium Vitae»:
«La vida que Dios da al hombre es original y diversa de la de las
demás criaturas vivientes, ya que el hombre, aunque proveniente
del polvo de la tierra (cf. Gn 2, 7; 3, 19; Jb 34, 15; Sal 103(102),14;
104(103),29), es manifestación de Dios en el mundo, signo de su
presencia, resplandor de su gloria (cf. Gn 1, 26-27; Sal 8, 6). (...)»La
capacidad de conocer la verdad y la libertad son prerrogativas del hombre
en cuanto creado a imagen de su Creador, el Dios verdadero y justo (cf.
Dt 32, 4). Sólo el hombre, entre todas las criaturas visibles,
tiene « capacidad para conocer y amar a su Creador ».(24)
La vida que Dios da al hombre es mucho más que un existir en el
tiempo. Es tensión hacia una plenitud de vida, es germen de una
existencia que supera los mismos límites del tiempo: «Porque
Dios creó al hombre para la incorruptibilidad, le hizo imagen de
su misma naturaleza » (Sb 2, 23).» (n. 34).
En conformidad con lo anterior,
el Papa expresa en esta misma Encíclica:
Por tanto, con la autoridad conferida por Cristo a Pedro y a sus
Sucesores, en comunión con los Obispos de la Iglesia católica,
confirmo que la eliminación directa y voluntaria de un ser humano
inocente es siempre gravemente inmoral. Esta doctrina, fundamentada en
aquella ley no escrita que cada hombre, a la luz de la razón, encuentra
en el propio corazón (cf. Rm 2, 14-15), es corroborada por la Sagrada
Escritura, transmitida por la Tradición de la Iglesia y enseñada
por el Magisterio ordinario y universal. (n. 57).
Y el Papa agrega:
La decisión deliberada de privar a un ser humano inocente
de su vida es siempre mala desde el punto de vista moral y nunca puede
ser lícita ni como fin, ni como medio para un fin bueno. En efecto,
es una desobediencia grave a la ley moral, más aún, a Dios
mismo, su autor y garante; y contradice las virtudes fundamentales de
la justicia y de la caridad. «Nada ni nadie puede autorizar la muerte
de un ser humano inocente, sea feto o embrión, niño o adulto,
anciano, enfermo incurable o agonizante. Nadie además puede pedir
este gesto homicida para sí mismo o para otros confiados a su responsabilidad
ni puede consentirlo explícita o implícitamente. Ninguna
autoridad puede legítimamente imponerlo ni permitirlo.» (n.
52).
Pero ¿qué pasa con la
vida humana apenas esbozada en sus etapas iniciales de desarrollo, o gravemente
impedida, por alguna enfermedad o defecto, de realizarse en alguna de
las áreas básicas de la existencia, o moribunda, sufriente,
etc.? ¿Existe también en este caso la obligación
absoluta de respetarla y no suprimirla?
El Papa ya ha contestado en lo esencial a esta pregunta en la cita anterior.
No hay dos clases de vida humana: la que es personal y la que no lo es,
la que tiene derecho a ser respetada y la que no lo tiene. El ser persona
y sujeto de derechos es esencial a lo humano como tal. ¿Qué
«humanidad» sería la que no es personal? ¿Y
cómo no ha de ser humano, y por tanto, persona, desde la concepción
hasta la muerte, el que es concebido de un padre y una madre humanos?
«En realidad, «desde el
momento en que el óvulo es fecundado, se inaugura una nueva vida
que no es la del padre ni la de la madre, sino la de un nuevo ser humano
que se desarrolla por sí mismo. Jamás llegará a ser
humano si no lo ha sido desde entonces. A esta evidencia de siempre...
la genética moderna otorga una preciosa confirmación. Muestra
que desde el primer instante se encuentra fijado el programa de lo que
será ese viviente: una persona, un individuo con sus características
ya bien determinadas. Con la fecundación inicia la aventura de
una vida humana, cuyas principales capacidades requieren un tiempo para
desarrollarse y poder actuar ».(57) Aunque la presencia de un alma
espiritual no puede deducirse de la observación de ningún
dato experimental, las mismas conclusiones de la ciencia sobre el embrión
humano ofrecen « una indicación preciosa para discernir racionalmente
una presencia personal desde este primer surgir de la vida humana: ¿cómo
un individuo humano podría no ser persona humana?». (n. 60).
Reflexiones del sacerdote o del animador.
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