Ficha Nº 12
El derecho a la vida
Canto inicial.
Oración del Padre Nuestro.
Lectura de la Biblia:

«Conoció el hombre a Eva, su mujer, la cual concibió y dio a luz a Caín, y dijo: « He adquirido un varón con el favor de Yahveh. » Volvió a dar a luz, y tuvo a Abel su hermano. Fue Abel pastor de ovejas y Caín labrador. Pasó algún tiempo, y Caín hizo a Yahveh una oblación de los frutos del suelo. También Abel hizo una oblación de los primogénitos de su rebaño, y de la grasa de los mismos. Yahveh miró propicio a Abel y su oblacíon, mas no miró propicio a Caín y su oblación, por lo cual se irritó Caín en gran manera y se abatió su rostro. Yahveh dijo a Caín: « ¿Por qué andas irritado, y por qué se ha abatido tu rostro? ¿No es cierto que si obras bien podrás alzarlo? Mas, si no obras bien, a la puerta está el pecado acechando como fiera que te codicia, y a quien tienes que dominar. » Caín, dijo a su hermano Abel: « Vamos afuera. » Y cuando estaban en el campo, se lanzó Caín contra su hermano Abel y lo mató. Yahveh dijo a Caín: « ¿Dónde está tu hermano Abel? Contestó: « No sé. ¿Soy yo acaso el guarda de mi hermano? » Replicó Yahveh: « ¿Qué has hecho? Se oye la sangre de tu hermano clamar a mí desde el suelo. Pues bien: maldito seas, lejos de este suelo que abrió su boca para recibir de tu mano la sangre de tu hermano. Aunque labres el suelo, no te dará más su fruto. Vagabundo y errante serás en la tierra. » Entonces dijo Caín a Yahveh: « Mi culpa es demasiado grande para soportarla. Es decir que hoy me echas de este suelo y he de esconderme de tu presencia, convertido en vagabundo errante por la tierra, y cualquiera que me encuentre me matará. » Respondióle Yahveh: « Al contrario, quienquiera que matare a Caín, lo pagará siete veces. » Y Yahveh puso una señal a Caín para que nadie que le encontrase le atacara. Caín salió de la presencia de Yahveh, y se estableció en el país de Nod, al oriente de Edén.

Reflexión:
De lo que decíamos en la ficha anterior podemos concluir entonces que el primero de todos los derechos humanos es el derecho a la vida. En efecto, la vida es el don básico y fundamental que Dios nos ha hecho, sin el cual ninguno de los otros dones es posible ni tiene sentido, lo primero que hemos de presuponer para poder tender al fin para el que Dios nos ha creado. Queda claro también que el “derecho a la vida” y el “servicio a la vida” de que hablamos se refiere ante todo, específicamente, a la vida humana, pues sólo ella ha recibido en este mundo la altísima vocación y dignidad a la que hacíamos referencia en la ficha anterior.

Así, dice el Papa Juan Pablo II en la Encíclica «Evangelium Vitae»:
«La vida que Dios da al hombre es original y diversa de la de las demás criaturas vivientes, ya que el hombre, aunque proveniente del polvo de la tierra (cf. Gn 2, 7; 3, 19; Jb 34, 15; Sal 103(102),14; 104(103),29), es manifestación de Dios en el mundo, signo de su presencia, resplandor de su gloria (cf. Gn 1, 26-27; Sal 8, 6). (...)»La capacidad de conocer la verdad y la libertad son prerrogativas del hombre en cuanto creado a imagen de su Creador, el Dios verdadero y justo (cf. Dt 32, 4). Sólo el hombre, entre todas las criaturas visibles, tiene « capacidad para conocer y amar a su Creador ».(24) La vida que Dios da al hombre es mucho más que un existir en el tiempo. Es tensión hacia una plenitud de vida, es germen de una existencia que supera los mismos límites del tiempo: «Porque Dios creó al hombre para la incorruptibilidad, le hizo imagen de su misma naturaleza » (Sb 2, 23).» (n. 34).

En conformidad con lo anterior, el Papa expresa en esta misma Encíclica:
“Por tanto, con la autoridad conferida por Cristo a Pedro y a sus Sucesores, en comunión con los Obispos de la Iglesia católica, confirmo que la eliminación directa y voluntaria de un ser humano inocente es siempre gravemente inmoral. Esta doctrina, fundamentada en aquella ley no escrita que cada hombre, a la luz de la razón, encuentra en el propio corazón (cf. Rm 2, 14-15), es corroborada por la Sagrada Escritura, transmitida por la Tradición de la Iglesia y enseñada por el Magisterio ordinario y universal.” (n. 57).

Y el Papa agrega:
“La decisión deliberada de privar a un ser humano inocente de su vida es siempre mala desde el punto de vista moral y nunca puede ser lícita ni como fin, ni como medio para un fin bueno. En efecto, es una desobediencia grave a la ley moral, más aún, a Dios mismo, su autor y garante; y contradice las virtudes fundamentales de la justicia y de la caridad. «Nada ni nadie puede autorizar la muerte de un ser humano inocente, sea feto o embrión, niño o adulto, anciano, enfermo incurable o agonizante. Nadie además puede pedir este gesto homicida para sí mismo o para otros confiados a su responsabilidad ni puede consentirlo explícita o implícitamente. Ninguna autoridad puede legítimamente imponerlo ni permitirlo.» (n. 52).

Pero ¿qué pasa con la vida humana apenas esbozada en sus etapas iniciales de desarrollo, o gravemente impedida, por alguna enfermedad o defecto, de realizarse en alguna de las áreas básicas de la existencia, o moribunda, sufriente, etc.? ¿Existe también en este caso la obligación absoluta de respetarla y no suprimirla?
El Papa ya ha contestado en lo esencial a esta pregunta en la cita anterior. No hay dos clases de vida humana: la que es personal y la que no lo es, la que tiene derecho a ser respetada y la que no lo tiene. El ser persona y sujeto de derechos es esencial a lo humano como tal. ¿Qué «humanidad» sería la que no es personal? ¿Y cómo no ha de ser humano, y por tanto, persona, desde la concepción hasta la muerte, el que es concebido de un padre y una madre humanos?

«En realidad, «desde el momento en que el óvulo es fecundado, se inaugura una nueva vida que no es la del padre ni la de la madre, sino la de un nuevo ser humano que se desarrolla por sí mismo. Jamás llegará a ser humano si no lo ha sido desde entonces. A esta evidencia de siempre... la genética moderna otorga una preciosa confirmación. Muestra que desde el primer instante se encuentra fijado el programa de lo que será ese viviente: una persona, un individuo con sus características ya bien determinadas. Con la fecundación inicia la aventura de una vida humana, cuyas principales capacidades requieren un tiempo para desarrollarse y poder actuar ».(57) Aunque la presencia de un alma espiritual no puede deducirse de la observación de ningún dato experimental, las mismas conclusiones de la ciencia sobre el embrión humano ofrecen « una indicación preciosa para discernir racionalmente una presencia personal desde este primer surgir de la vida humana: ¿cómo un individuo humano podría no ser persona humana?». (n. 60).

Reflexiones del sacerdote o del animador.

Diálogo:

  • ¿En qué basa el Papa Juan Pablo II la diferencia esencial entre el hombre y los demás seres vivos?
  • ¿Puede una ley humana ser válida, si va en contra de la ley divina?
  • ¿Qué puede decirse a la luz de estos textos, sobre las leyes de los Estados que despenalizan, permiten o autorizan el aborto o la eutanasia?
Compromisos.
Ave María.
Canto final.

Autor: Licenciado en Filosofía Néstor Martínez.