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Ficha
Nº 11
Dios nuestro Padre |
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| Canto
inicial. Oración del Padre Nuestro. Lectura de la Biblia: |
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Reflexión: La ley moral no es ni puede ser otra cosa que el «señalador» que nos marca el camino por el cual esa tendencia de nuestro ser profundo a la felicidad puede efectivamente alcanzar su objetivo. Un «señalador» que curiosamente, al mismo tiempo que expresa lo más profundo de nuestro ser y de nuestros deseos, no depende de nosotros, sino del Plan eterno del Creador y Redentor, anterior a nuestra misma existencia. Y que sin embargo, requiere todo nuestro compromiso libre y responsable para poder guiarnos hasta la meta. Tanto lo requiere, que lo exige absolutamente y así es que experimentamos, junto con todos los seres humanos, el hecho de la obligación moral, la llamada irrenunciable del bien, de los valores, mediante la voz de nuestra conciencia, que exige absolutamente nuestra respuesta libre. Y que podríamos expresarla así: Dios es firme, inamovible, no cambia ni puede cambiar, en su voluntad de llevarnos a nuestra plenitud en Él. La
lectura de ese «señalador» es tarea de la razón
y la fe: Ambas juntas deben leerlo en la estructura misma de nuestro ser
personal y humano, que lleva en sí mismo, naturalmente, y sobre
todo, leído a la luz de la Revelación, la impronta imborrable
del Plan eterno de Dios. Una de las pautas que ese «señalador» nos marca como irrenunciables, desde la misma constitución natural de nuestro ser, es la «socialidad» o «sociabilidad» de nuestra naturaleza de personas humanas. Nadie puede vivir humanamente en soledad absoluta. Desde el comienzo de nuestra existencia estamos implicados en relaciones interpersonales, como que venimos justamente de la relación entre nuestros padres. Ni siquiera seríamos capaces de hablar si no nos hubiesen enseñado otras personas. Esto quiere decir que junto con la relación con Dios, con nosotros mismos, y con el resto de la Creación, la relación con los demás seres humanos es una parte esencial del camino que debemos recorrer en nuestra vida, y por tanto, la ley moral, natural y evangélica, nos marca entre otras cosas también nuestros deberes respecto del prójimo. En este caso, esos deberes hacen surgir los correspondientes «derechos» de la otra parte. Los «derechos» que tenemos los seres humanos proceden de los deberes en que otros seres humanos incurren ante nosotros, por el hecho, ante todo, de que nosotros somos seres humanos como ellos. Nuestra época se gloría de haber finalmente definido y aprobado la Declaración de los Derechos Humanos. Pero dicha Declaración corre el riesgo de quedar como letra muerta si no se le da el fundamento apropiado, que a la luz de la razón y de la fe podemos expresar así, sintetizando un poco todo lo dicho más arriba: Todo ser humano debe ser reconocido activamente por sus semejantes como persona, creada por Dios en orden a participar de la misma vida divina, y no subordinable, por tanto, a ninguna otra realidad creada, sino sólo a Dios mismo. Es desde este contexto que queremos reflexionar, en la ficha siguiente, sobre el derecho a la vida. Reflexiones del sacerdote o del animador. |
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Compromisos.
Ave María. Canto final. |
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Autor: Licenciado en Filosofía Néstor Martínez. |
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